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Región y sociedad

versão impressa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.24 no.53 México Jan./Abr. 2012

 

Artículos

 

Interacciones de pesquerías ribereñas en Bahía Magdalena–Almejas, Baja California Sur

 

Miguel A. Ojeda Ruiz de la Peña* Mauricio Ramírez Rodríguez**

 

* Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) . La Paz, Baja California Sur, México. Teléfono (612) 123 8800, extensión 4300. Correo electrónico: maojeda@uabcs.mx

** Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) . Av. IPN s/n, colonia Playa Palo de Sta. Rita, C. P. 23096, La Paz, Baja California Sur, México. Correo electrónico: mramirr@ipn.mx

 

Recibido en noviembre de 2010.
Aceptado en abril de 2011.

 

Resumen

Con el fin de aportar al desarrollo de un modelo conceptual sobre la pesca ribereña o artesanal en el área de Bahía Magdalena–Almejas, Baja California Sur, se jerarquizó la importancia de 14 pesquerías de la región. La calificación se basó en un análisis cualitativo por puntos y en la estimación de un índice de importancia relativa, con indicadores como los promedios de captura, valor y frecuencia de registro de especies objetivo en desembarcos de embarcaciones menores, de 1998 a 2009; entre ellas están: almeja catarina, escama, camarón, callo de hacha, tiburón, jaiba, calamar, almeja pata de mula, rayas, lisa, pulpo, abulón, langosta y caracol chino. La interacción temporal entre varias de ellas es controlada por vedas oficiales, pero cuando ocurre se reconocen posibles efectos por pesca incidental e ilegal y modificaciones al ecosistema.

Palabras clave: pesca artesanal, interacción, pesquerías, indicadores de pesca, modelo conceptual, México.

 

Abstract

To contribute to the development of a conceptual model of small scale fisheries operating inside the Magdalena–Almejas Bay area in Baja California Sur, Mexico, the relative importance of 14 fisheries was ranked. The rating was based on two methods: 1) qualitative analysis by points, and 2) an index of relative importance. Both use indicators such as average catch, catch value and frequency of target species reported on fishing trip tickets registered from 1998 to 2009. Fisheries that contribute to the development of fishing activity in the region are: scallops, fin–fish, shrimp, shark, crab, squid, clams, ray, mullet, octopus, abalone, lobster and pink–mouthed murex. The temporal interaction between some of them is controlled by official seasonal bans, but when it does occur, possible effects are by–catch, illegal fishing and ecosystem changes.

Key words: small–scale fisheries, fisheries interaction, fishing indicators, conceptual model, Mexico.

 

Introducción

En el estado de Baja California Sur (BCS), con 2 705 kilómetros de litorales, situado en el noroeste de México, la pesca es fundamental porque emplea a más de 10 700 personas, y cuyo volumen de captura promedio anual es de 155 mil toneladas de especies marinas; 11 por ciento del total de la producción pesquera nacional (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, SAGARPA 2007).

La economía de BCS se considera diversificada, con diez ramas de actividades en sus cinco municipios (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI 2006), pero en Comondú prevalecen las relacionadas con la pesca y la acuacultura, en especial en el sistema lagunar Bahía Magdalena–Almejas (BMA), el ecosistema de humedales más extenso de la costa occidental de la península (24° 16' N – 25° 45' N y 111°20' W – 112° 18' W) (García y Chávez 2007, 278).

La región pesquera de BMA destaca por su alta productividad y riqueza en fauna marina y aves acuáticas (Funes et al. 2007), es la más importante de BCS; ahí sobresale la explotación industrial de sardina y la pesca ribereña, artesanal o de pequeña escala de diversas especies de peces, tiburones, moluscos y crustáceos. Según datos del INEGI (2009), las localidades principales de BMA agrupan a 7 728 habitantes; 35.5 por ciento corresponde a la población económicamente activa. En Puerto San Carlos, con 4 716 habitantes, la industria pesquera (captura y proceso) aporta 80 por ciento de los ingresos, el comercio 15 y 5 el turismo, en época de observación de ballenas (García y Chávez2007, 278).

La información detallada sobre la pesca en BMA es limitada, pero en el municipio de Comondú, en 2007 se registraron 101 unidades económicas o empresas pertenecientes al sector social (sociedades cooperativas de producción pesquera y otras asociaciones) y 52 al privado. Se otorgaron 1 543 permisos de pesca; 89 por ciento para el sector social y 11 para el privado, que representaron 32 por ciento del total de permisos concedidos en BCS.

En la zona de BMA, excepto la pesquería de sardina, que opera con una flota de seis barcos cerqueros (Felix et al. 2007), el resto es ribereña y se basa en la operación de 720 embarcaciones de capacidad menor a 10 t (pangas); genera alrededor de 2 502 empleos directos, una cuarta parte de los relacionados con la pesca en BCS.

En general, los estudios sobre la operación de pesquerías en BMA son pocos (Casasy Ponce 1996; De la Rosa 2005; García 2005; Felix et al. 2007; García y Chávez 2007; García 2009), y no consideran el enfoque de pesquerías múltiples en un área determinada para valorar sus impactos ambientales, biológicos, sociales, económicos y políticos, aspectos básicos para planear el manejo de la pesca sustentable (Pelletier y Mahévas 2005; Accadia y Franquesa 2006; Tzanatos et al. 2006; Salas et al. 2007).

Al igual que en otras regiones de México, el manejo de la pesca en BMA se refiere a normas oficiales mexicanas como las relacionadas con la del camarón y tiburón (SAGARPA 1993) y a las observaciones de la Carta Nacional Pesquera (CNP) (SAGARPA 2004 y 2006a). En la mayoría de los casos, las reglas no consideran diferencias regionales en la dinámica de las flotas, la distribución de los recursos y los impactos sobre ellos y el ecosistema, derivados de interacciones por la coexistencia espacial y temporal de las pesquerías. De acuerdo con Jennings (2005), para asistir a los procesos de planificación, ordenamiento y manejo pesquero se requieren indicadores que permitan medir esas interacciones.

En este sentido, el objetivo del presente estudio es jerarquizar las pesquerías ribereñas en BMA, y determinar posibles interacciones, en busca de aportar al desarrollo de un modelo conceptual que ayude al planteamiento de objetivos y metas de programas de ordenamiento pesquero, que reconozcan la contribución de cada pesquería al desarrollo económico y social de la región, sus posibles efectos en la estructura de las comunidades y del ecosistema, así como los requerimientos de investigación en el marco del desarrollo costero integral (Ramírez et al. 2009).

 

Materiales y métodos

Con base en la información bibliográfica relacionada con la operación de la pesca en Bahía Magdalena–Almejas la proporcionada por la Secretaría de Pesca y Acuacultura de BCS y por la Subdelegación de Pesca de la SAGARPA, se determinó la operación de 16 pesquerías ribereñas en BMA: almeja catarina, escama, calamar, tiburón, camarón, almeja pata de mula, jaiba, rayas, lisa, callo de hacha, langosta, caracol chino, pulpo, abulón, almeja roñosa y almeja generosa (véase figura 1).

El análisis se basó en datos sobre captura por especie o por grupo de ellas y por lugar, registrados de 1998 a 2009, en "avisos de arribo de embarcaciones menores" facilitados por la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA). La base de datos se manejó con el "sistema automatizado para el manejo de avisos de arribo", que utiliza códigos propios para especies, lugares de pesca y desembarque, y facilita el arreglo de datos por especie o grupos, por área y temporada (Ramírez et al. 2005; 2006). Se excluyeron la almeja roñosa y generosa, porque los datos fueron insuficientes. Tampoco se tomó en cuenta la estimación de la pesca ilegal, no declarada o reglamentada en la región en estudio, con ello se dejó fuera parte de las interacciones sociales.

Para determinar la importancia de cada pesquería en BMA, se realizó un análisis cualitativo por puntos (Baca 2001, 99), con indicadores como la captura y su valor, y el número de avisos de arribo, que incluyen el registro de las especies de interés (Ramírez et al. 2009). Para cada indicador se estimaron los promedios (19982009), se ordenaron de mayor a menor, y de acuerdo a su posición, se calificó parcialmente cada pesquería, en la escala de 1 a 14 (de la menos a la más importante). Después, sin ponderar diferencias en el peso relativo de cada indicador (por ejemplo, el valor económico es tan importante como el volumen capturado y la frecuencia con que ocurre la captura), se sumaron las calificaciones parciales; el resultado se ordenó de mayor a menor y definió la importancia de las pesquerías, que también se consideró en términos de su aportación a los totales de captura (C), valor (V) y frecuencia de registro en avisos (F), y se calculó el índice de importancia relativa (IIR) como: IIR=%C+%V+%F.

Para determinar la temporalidad de las pesquerías en BMA, se integró un cuadro de periodos de no actividad (vedas), definidos en las normas oficiales de México, para las de abulón, almeja catarina, lisa–liseta, langosta, tiburones y camarón, o en propuestas de vedas para almeja pata de mula y caracol chino.

 

Resultados

Conforme al método cualitativo por puntos, de las 14 pesquerías consideradas destacan las de almeja catarina y escama, porque sus calificaciones parciales por captura, valor de captura y frecuencia de registro las colocan entre los tres primeros lugares. La de camarón ocupa el quinto lugar por captura, pero por valor y frecuencia está entre las tres primeras. En el cuarto sitio está la de tiburón, y en el quinto la de callo de hacha (véase figura 2).

Los resultados del IIR muestran un rango más amplio y mayores diferencias que evitan empates (véase figura 3). Las tres primeras pesquerías coinciden con la clasificación anterior, y las otras varían de lugar por uno o dos espacios, pero básicamente guardan su sitio en el cuadro. Al considerar el promedio de lugares otorgados por método, la almeja catarina, escama y camarón encabezan el cuadro de importancia relativa. En la parte media están el callo de hacha, tiburón, jaiba, calamar, almeja pata de mula y rayas. Y en la baja la lisa, pulpo, abulón, langosta y caracol chino.

En el calendario de operación, en nueve de las pesquerías se reflejan medidas oficiales de restricción temporal (véase anexo). Sin embargo, casi todas presentan posibilidad de interacción en algún momento del año; la de camarón tiene el mayor grado, seguida por las de escama, almeja catarina, lisa–liseta, tiburón y rayas. La de camarón, debido al uso de redes de arrastre, perjudicaría a las demás por la fauna de acompañamiento y daño al hábitat (De la Rosa 2005).

 

Discusión y conclusiones

Actualmente, el manejo de pesquerías en México está experimentando cambios tendientes a cumplir con los principios establecidos en la Ley de Pesca y Acuacultura Sustentable y sus relaciones con la Ley General de Equilibrio de Ecología y Protección del Ambiente y la Ley General de Vida Silvestre, para regular y administrar las actividades del sector induciendo el aprovechamiento sustentable de los recursos pesqueros y acuícolas, en forma congruente con el ordenamiento ecológico del territorio en un área, a través del desarrollo integral y sustentable de la pesca, con base en el conocimiento de los aspectos biológicos, ecológicos, pesqueros, ambientales, económicos, culturales y sociales. En este sentido, se reconoce la necesidad de incorporar diferencias espacio–temporales de la actividad, derivadas de la importancia relativa de las pesquerías y las interacciones entre usuarios y flotas en cada región.

Jerarquizar las pesquerías que operan en un área establece un orden de prioridad, que debiera considerarse al momento de ordenarlas según la importancia de cada una en términos productivos, sociales y económicos. En BMA habría que poner especial atención en las de almeja catarina, escama y camarón pues, en términos de los indicadores analizados, son las que más aportan al desarrollo de la pesca en la región, seguidas por las de callo de hacha, tiburón, jaiba, calamar, almeja pata de mula y rayas.

Hay que tener presente que la posición de cada pesquería en el cuadro de importancia relativa (al inicio, al medio o al final) se estableció con los valores promedio de captura, valor y frecuencia del periodo 1998–2009, correspondientes a registros en BMA. Esto causa diferencias en la calificación otorgada por otros autores, por ejemplo, Casas y Ponce (1996) consideran que las de camarón, abulón y langosta son las más importantes, por su valor en el mercado y la generación de ingresos para el grupo de productores. Sin embargo, para la región de BMA la frecuencia de registro de abulón y langosta fue baja. En todo caso, al considerar sólo su aportación al volumen y valor de la captura de todas las pesquerías, su posición permanece al final del cuadro.

El IIR se limita a ponderar la contribución de cada pesquería a la pesca de la región con información y valor de la captura, pero incluye como proxy de la presión de pesca, el número de avisos de arribo para cada una. La calificación por puntos abre la posibilidad de añadir otras variables de interés, como el número de empleos directos e indirectos, o incluir proxys sobre los efectos negativos asociados a pesca incidental e ilegal y cambios al ecosistema explotado, así como los positivos relacionados con el cumplimiento de principios del código de pesca responsable (Ramírez y Hernández 2010), pero desafortunadamente la información de estas variables no está disponible para BMA.

Por otra parte, la identificación de interacciones temporales de las pesquerías en una región abre la posibilidad de contemplar efectos no previstos de medidas de manejo, diseñadas para una en específico. Tal es el caso de la de camarón en BMA que, por su importancia económica, llega a definir los patrones de actividad de las otras generando conflictos sociales y económicos, por la aplicación del esfuerzo de pesca y ambientales, por los efectos de las redes de arrastre en el ecosistema (García y Chávez 2007).

Reconocer la importancia de estas interacciones es el primer paso; medirlas requiere saber más sobre el funcionamiento espacial y temporal de las pesquerías, conforme a la experiencia y conocimiento de las unidades económicas para decidir sobre aquéllas en que participan, tipo de artes de pesca, áreas y tiempos, siempre tratando de maximizar la rentabilidad (Daw 2008; Dalzell 2001; Ulrich et al. 2001). En este contexto, los resultados indican la relevancia en BMA de las pesquerías de almeja catarina, escama, camarón y tiburón. Con referencia a las localizadas en el medio del cuadro de importancia relativa (callo de hacha, tiburón, calamar, jaiba, almeja pata de mula y rayas), la de calamar es un caso especial pues sólo se presenta cuando las condiciones climáticas–oceanográficas en el golfo de California modifican el comportamiento del calamar gigante Dosidicusgigas (Luna et al. 2009).

Que el abulón y langosta se encuentren en la parte baja del cuadro sugiere que, en términos del manejo integral de las pesquerías de BMA, las decisiones que influyen en su desarrollo deberían tener menor peso en relación con las que perjudican la pesca en la región. Sin embargo, es conocido que los involucrados de forma directa en ellas reciben ganancias importantes por la venta de los productos, y buscan proteger de manera legal sus derechos de explotación, y evitar problemas de captura ilegal por la presencia de otras pesquerías en sus áreas de pesca.

La aplicación de los métodos de calificación por puntos y el IIR proporciona información similar y evita introducir subjetividad al análisis, elemento clave en los estudios expertos. La inclusión de estos métodos a la evaluación de pesquerías es novedosa e incorpora criterios sugeridos por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) (2005). Sin embargo, hay que considerar las limitaciones derivadas de la calidad de los datos registrados en los avisos de arribo; por ejemplo, la identificación de la especie puede agrupar a varias, los lugares de pesca hacen referencia a sitios localizados en la línea de costa y los montos de captura son aproximaciones relacionadas con el proceso de desembarco de las especies de mayor interés económico.

Estas y otras posibles fuentes de error limitan el análisis para la identificación de tendencias en los indicadores, suponiendo que los pescadores mantienen alguna regularidad en el registro de los avisos de arribo, como medida obligatoria para renovar sus permisos de pesca. En el caso de BMA, la variabilidad en ese proceso estaría expresada en los promedios estimados para el periodo de 1998 a 2009. El análisis sólo se refiere a la captura registrada para fines comerciales; no incluye la utilizada para autoconsumo ni la generada por pescadores sin permiso.

En este sentido, la jerarquización obtenida y las interacciones identificadas son parte de un proceso de planificación, que requiere ser complementado con estudios socioeconómicos de tipo cualitativo, que valoren la opinión de pescadores, permisionarios y autoridades.

 

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Figura 4