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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.22 no.47 México ene./abr. 2010

 

Reseñas

 

Alejandro Covarrubias V. (2009), Orientaciones laborales y orientaciones políticas en obreros de América Latina: ¿crisis o reconfiguración de identidades? Evidencia en obreros de Argentina, Brasil, México y Venezuela

 

Arnulfo Arteaga García*

 

Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Agencia Sueca de Desarrollo Internacional, 272 pp.

 

* Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa. Correo electrónico: arnulfo.arteaga.garcia@gmail.com

 

Orientaciones laborales y orientaciones políticas en obreros de América Latina es resultado del trabajo realizado gracias a una beca, obtenida por el autor de la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (ADSI) y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) en 2001, para abordar el tema fragmentación social y crisis política e institucional en América Latina y el Caribe. En la obra, que consta de una introducción y seis capítulos, Covarrubias plantea, de manera provocativa, posturas emanadas de fuentes distintas acerca de las percepciones y valoraciones sobre la democracia, de la población de los países de la región. Por un lado se da la señal de alarma sobre la disminución de su valoración, y por otro se asume como un proceso irreversible, por ser un valor arraigado en las sociedades de América Latina.También establece el objetivo de la investigación, la metodología empleada en el trabajo de campo y un esbozo del contenido.

En el primer capítulo propone "un modelo conceptual para el estudio de las orientaciones laborales y políticas"; en el segundo, "los regímenes políticos y los sistemas de relaciones industriales (SRI)"; en el tercero se centra en "la transformación del modelo económico: cursos, resistencias y lucha política"; en el cuarto aborda "los números de la transición económica y las relaciones laborales"; en el quinto muestra "la evidencia; perfiles y orientaciones laborales y políticas" y el sexto trata "las orientaciones valorativas y sus determinantes. Análisis y conclusiones."

Para evidenciar la paradoja aparente, Covarrubias hace un recuento sucinto de las transiciones recientes en los países que sirven de referencia a su estudio. Empieza con Venezuela, cuyo proceso ha estado marcado por la polarización social, y está caminando sobre una línea delgada entre los rasgos autoritarios y la movilización de los partidarios de Hugo Chávez, para sostener el proceso de la "revolución bolivariana"; en tanto que enArgentina, después de la debacle del gobierno de De la Rúa en medio de una crisis económica y política profunda y la elección posterior de Néstor Kirchner, anunciaba el retorno a una nueva normalidad democrática y de crecimiento económico. En Brasil, el ascenso de Luiz Inacio Lula da Silva, cuyo tormentoso inicio estuvo marcado por la corrupción de algunos de sus colaboradores cercanos, lo que generó un descenso rápido de su popularidad; recupera no sólo su imagen frente al electorado —de hecho es reelecto en 2006—, sino que la economía más grande de la región parece recuperar el crecimiento en un contexto global de crisis. Por último, el caso mexicano, cuyo rasgo principal es la salida del poder del partido de Estado más longevo de la historia, por la vía de las elecciones, que en el año 2000 marcó el ascenso de la derecha, con Vicente Fox. Su pobre desempeño muy pronto generó un desencanto profundo en la población, debido a la efectividad escasa del gobierno "del cambio". Se trata de procesos contradictorios en la construcción de la democracia, que calan profundo en cada una de estas sociedades y repercuten de maneras diversas en América Latina.

La comprensión de este fenómeno es el objetivo central de la obra; el autor parte de dos premisas: a) entender para actuar y b) constatar cómo se expresa el fenómeno en los distintos estratos sociales, que le permite ubicar a la población objeto de estudio, los trabajadores asalariados, en el lugar estratégico que ocupan en el proceso productivo y por tanto en la creación de la riqueza social. A partir de este actor social plantea dos preguntas que orientan su indagación: ¿qué ocurre con las percepciones políticas dentro de este sector? y ¿comparten con otros sectores de la población la insatisfacción y el desencanto con la democracia?

Para decantar a la población estudiada, destaca dos aspectos, el práctico y el metodológico. El primero se refiere a las restricciones de tiempo y recursos para cubrir al grueso de los asalariados. El segundo, de orden conceptual, pero sin duda corresponde al enfoque teórico–metodológico, se refiere al papel que tienen los segmentos de empleados calificados en ramas industriales estratégicas del aparato productivo, para comprender lo que sucede en el resto de la clase trabajadora. Covarrubias expone que su pertenencia a industrias de punta —como la automotriz y la electrónica—, intensivas en capital y conocimiento, entre otros factores, los ha llevado a organizarse y establecer patrones de sindicalización y reivindicaciones que alcanzan a todo el conjunto. Nos remite a su papel como vanguardia de las clases trabajadoras y poten–cialmente de otros sectores de la sociedad.

Un aspecto central para comprender el fenómeno, es su análisis de los resultados de las políticas neoliberales y de los efectos de los programas de ajuste económico en la región; sus consecuencias en la calidad de vida de los empleados y en la transformación de los lugares de trabajo. Este es un espacio privilegiado para recuperar desde el nivel micro social las manifestaciones a nivel meso y macro, de los comportamientos y las orientaciones laborales y políticas de las clases trabajadoras. Se trata de interpretar el efecto de las estrategias de flexibilización, precarización, subcontratación y pérdida de represen–tatividad de las organizaciones sindicales, no como expresiones aisladas, sino como factores explicativos de la conducta de los trabajadores. En este recuento es relevante la crisis del sindicato, como resultado de tres procesos convergentes: a) incapacidad para representar a los segmentos emergentes de la fuerza laboral, ubicada en la economía nueva, y tampoco de las capas cada vez más amplias del llamado sector informal; b) desgaste de sus formas de representación y pérdida de dinamismo en la vida interna y c) desplazamiento como interlocutor con otros actores sociales, con los partidos políticos y en la relación con el Estado, en la definición de las políticas nacionales.

Con base en este planteamiento, reformula sus preguntas iniciales: ¿cuál es la situación actual de las orientaciones laborales y políticas de los obreros de vanguardia de la región? ¿continúan siendo un baluarte de las identidades colectivas de los diversos segmentos de asalariados?, pero en particular destaca ¿puede ser la identidad colectiva de estos obreros calificados un valladar contra el desencanto por el funcionamiento de la democracia y las oscilaciones sociales que permean en sus países?

De aquí desprende la hipótesis: "pese a las caídas y retrocesos, las identidades colectivas de estos obreros se mantienen al lado de un conjunto de capitales políticos y sociales que son mayores que los del resto de sus sociedades," cuyo corolario es la afirmación de que esas identidades pueden ser el soporte para consolidar las transiciones productivas y políticas que requiere el desarrollo moderno de nuestros países. Pero también cabe preguntarnos acerca del concepto de "moderno", que propondría el autor.

La estrategia metodológica incluye herramientas cualitativas y cuantitativas; entre las primeras destacan las entrevistas con dirigentes sindicales, la observación directa en asambleas y en interacciones sindicales y discusiones con académicos especialistas de los cuatro países. En términos cuantitativos, levantó una encuesta sin representación estadística, que cubrió zonas industriales de los países considerados. Esta aproximación metodológica le da a los casos considerados la validez de un estudio cuyos resultados, si bien no se pueden expandir y por lo tanto no son estadísticamente representativos, permiten, con la rigurosidad teórica, inferir algunas tendencias en relación con el problema de investigación y sobre todo abrir preguntas desde la teoría para investigaciones ulteriores.

Debido a la complejidad del objeto de estudio, Covarrubias utiliza varias herramientas de análisis que hacen pertinente los contenidos de los capítulos II, III y IV. Su indagación histórica (capítulo II) es un recurso que permite recuperar factores explicativos del presente y su capacidad para inferir tendencias; en tanto que el III echa mano de una interpretación política de los efectos diferenciados de la aplicación de lo que él llama "las olas del liberalismo económico"; en el IV se centra en una perspectiva económica que recupera indicadores macro, agregados para la región y por país, para mostrar el desempeño de las economías estudiadas. Recupera enfoques diferentes y fuentes de información, así como referentes teóricos para la interpretación de sus datos, base de sus conclusiones. En cada capítulo, él abstrae aspectos específicos de la realidad que van de los niveles macro y meso, para aterrizar en los capítulos V y VI, donde sistematiza y analiza los datos recabados a nivel micro con base en el cuestionario y la entrevista.Aquí borda fino en la interpretación de éstos y genera una gama amplia de indicadores cualitativos.

En el primer capítulo, Covarrubias construye un modelo conceptual para el estudio de las orientaciones laborales y políticas de la clase obrera, comienza con una discusión basada en las visiones sobre el proceso de integración de las clases trabajadoras en diversas etapas del capitalismo. Su conclusión es que en los hechos existe una tensión permanente que oscila entre el consenso y el conflicto, pero que es importante rescatar y analizar cómo se dan "las relaciones entre las orientaciones laborales de los trabajadores (su visión normativa y explicativa de lo que ocurre en sus centros de trabajo) y sus orientaciones políticas (su visión normativa y explicativa de la sociedad y sus grupos, de la forma y los medios de producción de la riqueza y el poder)" (p. 31).

Por lo tanto, para el autor lo importante es captar las relaciones entre ambas orientaciones, para descubrir la naturaleza y la manera en que sus determinantes se expresan en los comportamientos. Para ello define los componentes de cada una; de las laborales plantea cuatro: a) ingreso, ingreso subjetivo y percepciones de bienestar personal y familiar; b) satisfacción laboral; c) compromiso organizacional y d) compromiso sindical. En el caso de las políticas, también son cuatro: a) satisfacción y preferencia por la democracia; b) los capitales políticos; c) redes de acción y participación de los obreros y d) unidad comunitaria (p. 50).

Otro elemento fundamental para la comprensión de la relación micro–macro en las expresiones de las orientaciones valorativas, así como las identidades colectivas, es analizar los lugares de trabajo, a partir de los aspectos siguientes: el ejercicio de la autoridad, la autonomía de las tareas, el control sobre el trabajo, las oportunidades de crecimiento y desarrollo personal y la motivación; determinantes a su vez en los compromisos organizacional (CO) y sindical (CS).

Incorpora al modelo el peso de los isomorfismos de instituciones sociales–laborales y políticas existentes, a partir del cual la clase trabajadora se relaciona socialmente. Al final de este capítulo incluye un cuadro resumen didáctico que sintetiza al modelo y sus componentes.

En el capítulo II incorpora una retrospectiva de la relación compleja entre regímenes políticos y los SRI. En términos metodológicos, plantea una visión histórica de largo plazo para explicar la forma que asumieron los SRI, resultado de la institucionalización de los conflictos de clase en el ámbito laboral. Los casos abordados dan cuenta de matrices institucionales y políticas de la condición actual imperante en cada país. Destaca una politización temprana de los SRI, originada por los procesos endebles de institucionalización y del peso político de los actores.

Esta revisión histórica permitiría desmentir, si es que cabe, la afirmación infancia es destino. La conclusión del autor es que pese a provenir de matrices distintas, Brasil y México confluyen y presentan una similitud mayor en los años recientes. En el primer caso, su origen es más de polarización, y en México de integración, expresado para ambos hoy día en la funcionalidad con los gobiernos. En tanto que Argentina y Venezuela han pasado de "la integración a la polarización y parálisis política y laboral".

En el capítulo III da cuenta de la manera en que las políticas neoliberales y de ajuste han incidido en la condición de las clases trabajadoras. Pone de relieve los rasgos del nuevo modelo instrumentado, con variaciones en el tiempo (véase cuadro p. 71) y en la profundidad (p. 72). Estos comportamientos diferenciados se explican por la modificación permanente de la correlación de fuerzas sociales que determinan la direccionalidad a las medidas aplicadas por los gobiernos. Para llevar a cabo esta revisión analiza cada país, para mostrar los alcances de las medidas (p. 102).

El capítulo IV incluye información y análisis de resultados de la evolución económica y de las relaciones laborales, por lo que merece examinarlo con mayor detenimiento. Con base en una revisión sistemática de los datos macroeconómicos, el autor presenta la transformación productiva de los países. Incluye un cuadro resumen con años e indicadores seleccionados que muestran los desempeños entre 1970 y 1980, y 1980 y 1990; constata la diversidad de dinámicas en el contexto de los procesos de ajuste. Más adelante, presenta los resultados de la evolución del producto interno bruto real entre 1998 y 2003, según las fuentes, así como el agregado para los cuatro países, que refleja un desempeño pobre a pesar de haber estado sometidos a las políticas de ajuste, aunque con sus particularidades. Otro indicador es la inversión extranjera directa, que refleja la preferencia hacia Brasil sobre los otros países. Un dato que es revelador de la situación actual, sobre todo para comprender el caso mexicano y brasileño, es el indicador de importaciones y exportaciones. Si bien la economía nacional ha mostrado mayor dinamismo de 1998 a 2003 en estos rubros (véase cuadro 14), ha tenido un déficit en la balanza comercial entre 5 mil 500 y 9 mil 700 millones de dólares (mdd), en tanto que Brasil (véase cuadro 15) logra un superávit importante. Esto refleja a grosso modo el modelo de integración subordinada de México a Estados Unidos, que concentra entre 80 y 90 por ciento de comercio, en tanto que Brasil, por su posición geopolítica y las decisiones económicas tiene mercados diversificados y su superávit actual es de cerca de 22 mil mdd. Un indicador revelador es el empleo–desempleo e ingresos per cápita, así como de salarios y marginalidad que refieren también a la población por debajo de la línea de la pobreza, como resultado de las políticas aplicadas en los años de análisis.

Otros indicadores laborales dan cuenta de la tendencia a la descentralización de las relaciones de trabajo y de la contratación colectiva. Con base en el índice de rigidez laboral de Heckman y Pagés, México destaca como el que tiene más obstáculos para el proceso de despido e indemnización, supera incluso a la media latinoamericana (p. 130). Pero también sabemos que esa rigidez es aparente, ya que la realidad muestra una laxitud enorme en la aplicación de las regulaciones laborales.

También se incluye un indicador de recurrencia a las huelgas, que muestra claramente su declive justo en el periodo de mayor beligerancia estatal y de las empresas en contra de las condiciones laborales y de contratación. Covarrubias refiere también un aspecto central en el rubro laboral; la adhesión a los principios de la Organización Internacional del Trabajo y su conexión con los SRI, así como la aplicación del concepto de trabajo decente. La revisión de estos indicadores "duros" llevan al autor a concluir que Argentina y Venezuela padecen mayor deterioro social y humano, y pese a las trayectorias económicas divergentes de liberalismo, radical en México y de contenido en Brasil, estas naciones han sorteado con mayor ventura los efectos más nocivos de la evolución económica, entre los últimos años del siglo pasado y los primeros del presente. Sin duda, hoy habría que volver a revisar estas conclusiones.

En el capítulo V, el autor operacionaliza el modelo propuesto en el primero dando pie a una construcción metodológica sólida de indicadores basados en la recabación de información a partir del instrumento diseñado para tal objetivo, y que constituye el soporte de la encuesta aplicada e incorpora las entrevistas y observaciones. Es destacable también el uso de modelos de interpretación para algunas de las dimensiones. Es pues un ejercicio trasparente de elaboración de resultados en las dimensiones propuestas en el modelo de Covarrubias: ingresos, ingreso subjetivo y bienestar; satisfacción con el trabajo; compromiso organizacional y compromiso sindical; satisfacción y preferencia por la democracia; capitales políticos y las redes de acción y participación (los capitales sociales).

En el capítulo VI, al operacionalizar su planteamiento de los determinantes de las orientaciones obreras, elabora una enorme cantidad de indicadores que van dando cuenta del proceso de su construcción; por ejemplo, las culturas nacionales y los perfiles de modernidad y tradicionalidad; de racionalidad y autoexpresión, economía y percepciones sobre evolución del bienestar; los capitales laborales, el locus de control, las relaciones de poder, la confianza en los sindicatos y los SRI; la confianza sindical y SRI; los capitales políticos y sociales y sus determinantes: la confianza en las instituciones y los sistemas políticos. La confianza interpersonal, la unidad social, los órdenes de la confianza y sus determinantes; los capitales sociales y políticos, la elección racional y los isomorfismos de identidades.

Para no extenderme mucho más, invito al lector a revisar con detenimiento este gran caudal de datos "duros", para que haga sus propias reflexiones y ahora me centraré en algunas de las conclusiones. En primer lugar, destaca que las generalizaciones sobre las señales de alarma acerca del peligro que vive la democracia en la región, o por el contrario, que el arraigo de los valores democráticos previenen contra cualquier retorno a regímenes autoritarios están desterrados, es importante no aceptarlas como hechos dados y abre la necesidad de enfocarse de manera más específica en segmentos de la población, como la muestra del estudio, para comprender con mayor profundidad los alcances de dichas generalizaciones.

En ese sentido, afirma que los obreros calificados "constituyen un valladar a los desencantos con la política y la economía que viven las sociedades latinoamericanas; desarrollan una identidad con las empresas donde laboran, sin perder sus valores y proyectos laborales propios. Sus capitales sociales y políticos son apreciablemente más robustos que los que presentan el resto de sus sociedades y poseen perfiles de modernidad," resultado de sus trayectorias históricas particulares.

Según el autor, no obstante estos rasgos generales, se tiene que matizar, cuando se analizan con más cuidado las particularidades en los indicadores construidos para la identificación de sus orientaciones políticas y laborales, en particular las de autoexpresión y racionalidad, de los capitales sociales y políticos y el reconocimiento de la prevalencia de valores tradicionales, resultado de la condición precaria en ciertos segmentos de la población de las clases trabajadoras. Ante esto, el autor destaca la relevancia de las redes sociales y políticas de acción y participación que implican el involucramien–to y la acción organizada que le "dan un sentido valorativo a su voz".A partir de ello, señala que las identidades de los obreros en cuestión no están en crisis, han sido reconfiguradas y mantienen su capacidad para emprender acciones colectivas, pero concluye con una pregunta: "¿En qué medida estas identidades son extendibles a otros grupos de trabajadores y a grupos sociales vulnerables, ante las promesas incumplidas de las transiciones democráticas y económicas de la región?", pertinente sobre todo cuando constatamos que el mundo laboral, entre la precarización, informalidad y desmaterialización de las relaciones de trabajo da cuenta de una gran diversidad de clases trabajadoras, cuyos referentes difieren de los de esta eventual vanguardia obrera.

Para concluir, apunto sólo algunos temas, abiertos por la lectura de esta obra, que en su conjunto cerraría de manera más sólida si incluyera en las conclusiones o en un capítulo aparte: a) la articulación de los niveles macro y meso (capítulos I, III y IV) y micro (V y VI), para restablecer en el aspecto teórico–metodológico la complejidad del problema de investigación; b) la discusión sobre la rigidez contra flexibilidad en los modelos de relaciones laboral y el SRI, en particular lo denominado por los europeos flexiguridad, como parte del acervo que debe incluir el segmento más avanzado de la clase trabajadora. Para el caso mexicano la obligada reforma a la Ley Federal del Trabajo, pareciera que así lo exige; c) la necesidad de incluir los modelos de organización del trabajo, basados en la participación responsable de la fuerza laboral y su efecto isomórfico en los referentes de las organización que dan sentido a la participación comunitaria, así como su efecto en el compromiso organizacional y sindical y la satisfacción con el trabajo y d) la urgencia de llevar a cabo una investigación profunda en los sindicatos que articulan a estos segmentos modernos de la clase trabajadora, en particular sobre los mecanismos de participación, ejercicio del poder y ciudadanización de su presencia en la sociedad. Por último, celebro que Covarrubias traiga de regreso a la clase obrera, y se atreva a mirarla de manera regional y en particular en su papel protagónico en la construcción de la democracia en cada país.