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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad v.21 n.46 México sep./dic. 2009

 

Reseñas

 

Claudia Espejel Carbajal (2008), La justicia y el fuego. Dos claves para leer la Relación de Michoacán

 

Ramón Manuel Pérez M.*

 

Zamora, El Colegio de Michoacán, 2 tomos, 729 pp.

 

* El Colegio de México. Correo electrónico: rmperez@colmex.mx

 

Jean Marie Le Clézio, premio nobel de literatura 2008 y traductor al francés de la Relación de Michoacán, considera esta magnífica y paradigmática historia a la altura de las grandes obras fundadoras de cultura de la humanidad, junto al Poema de Gilgamesh, los textos bíblicos, los homéricos o bien al de otros similares de la América indígena como el Popol–Vuh o el Chilam Balam. No es lisonja menor, aunque quizá no le falte justicia y sí en cambio contribuya a concederle el lugar que le corresponde en el canon de la literatura universal y en el corazón de los michoacanos; no obstante, conviene señalar que no se trata de una obra que reproduzca con exactitud la cosmovisión y la memoria del pueblo purépecha, sino acaso la perspectiva europea del misionero quien dirigió su escritura. Ese es el acierto de las claves de lectura que propone Claudia Espejel para esta crónica digamos mestiza, que no por valiosa debería escapar al análisis inteligente y a las interpretaciones nuevas, sino todo lo contrario.

Aunque Le Clézio siga convencido de que "los verdaderos autores fueron indígenas (purépechas), quienes trabajaron bajo la dirección de los religiosos españoles", y que simultáneamente la considere "la primera novela latinoamericana",1 sabemos por el historiador estadounidense Benedict Warren que fue escrita alrededor de 1540 por el joven franciscano Jerónimo de Alcalá, quien recopilaría información histórica y etnográfica de boca de viejos purépechas para entregarla al virrey Antonio de Mendoza, quien había ordenado la investigación. La obra resultante es un compendio interesantísimo de historia y mitología prehispánica, y gracias a que amanuenses purépechas participaron en su composición, podemos encontrar la visión de mundo, poesía e incluso pintura indígenas. Por todo ello, es necesario insistir en que la importancia de este documento, cuyo original se encuentra en El Escorial, no es menor desde ningún punto de vista, pues tal vez todo lo que se sabe sobre el antiguo reino purépecha tiene como base la información proporcionada por la Relación de Michoacán.

El propósito del libro de Espejel (cuya primera versión fue presentada como tesis de doctorado en El Colegio de Michoacán en 2004)2 ha sido analizar la composición interna de la Relación, explorar las características del texto y evaluar el modo de lectura conveniente; en este sentido, ella ha intentado reconstruir la lectura del documento (y con ello la del mundo prehispánico aparentemente contenido) a partir de un eje distinto al recurrente, uno interpretativo que comunica en forma directa con la visión de mundo original, y que otorga una coherencia inesperada a la narración en su conjunto: la idea del fuego como principio cosmogónico, ordenador del mundo y del relato.

Para Claudia Espejel, la contaminación europea de la Relación es clara, el hallazgo de ciertas similitudes entre esta obra y las Siete partidas de Alfonso X dio sustento textual a esta interpretación y le permitió hacer una lectura comparada muy puntual, para llegar a la conclusión de que los temas y el orden de composición no fueron por supuesto arbitrarios, aunque tampoco responden a un concepto purépecha sino a la rectoría de uno medieval castellano de la justicia: "de tal forma que la imagen de la sociedad tarasca construida por el fraile resulta ser una monarquía esencialmente igual a la castellana" (p. 17).

Aquí debe señalarse que esta circunstancia nueva no demerita la naturaleza del texto, sino en todo caso corregiría nuestra lectura y la haría más coherente con lo que sucedió en general con las producciones culturales prehispánicas, que fueron absorbidas y reescritas por la cultura española dominante. Lo mismo ocurrió, por ejemplo, con las gramáticas de lenguas indígenas elaboradas por los misioneros más como herramientas para la evangelización que como estudio lingüístico en sí, pues intentaron "reducirlas a arte", y calcar las categorías gramaticales del latín, aunque no por ello dejan de prestar ahora una ayuda muy valiosa a los lingüístas contemporáneos; y lo mismo con el Popol–Vuh, cuya primera versión se escribió en lengua quiché con caracteres del alfabeto latino a mediados del siglo XVI, donde se mezcló más de un elemento idiosincrático europeo.

La lectura comparada de la Relación con la obra de Alfonso X, a decir de la autora, permitió advertir con mayor volumen la voz oculta del fraile y también la de los purépechas y, sobre todo, que los hechos narrados tendrían para éstos un significado distinto al que atribuye el texto en sí. Pues mientras en el pensamiento medieval cristiano la noción de justicia como el medio para mantener el orden creado por Dios ocupaba un lugar central, y ello parece reflejarse en la obra michoacana, en ésta en cambio al parecer las prácticas narradas se articulaban alrededor de la idea de que los hombres debían alimentar a los dioses con el sacrificio de los enemigos hecho en el nombre de Curicaueri o "el gran fuego", dios guerrero ligado al fuego o el fuego mismo.

Es una propuesta interesante y útil sin duda, que abre puertas a la interpretación del texto y a lo que sabemos en general de la cultura prehispánica, conocimiento contaminado por las expectativas y necesidades gnoseológicas de nuestra propia lengua e historia mestiza. Además, la dimensión comparada y el método en sí resultan deliciosos y aleccionadores, verdadero paradigma de estudio y ejemplo de disciplina, pues aunque se trata de una historia que abarca casi tres siglos, que transcurre en más de trescientos lugares y en la que participan alrededor de doscientos sesenta personajes, de los cuales setenta son dioses, la autora ha emprendido la clasificación, organización e interpretación de ese contenido complejo, diseñando y presentando para ello una base de datos que con generosidad se ofrece en internet,3 incluye además un segundo tomo con un glosario exhaustivo, que en sí mismo es un apoyo valioso para la investigación.

Por último, aunque podría señalarse la ausencia de una comunicación de sus reflexiones y resultados, también con lo que al respecto tendría que decir la antropología y la lingüística contemporánea (o el pueblo purépecha), que sin duda aportaría algo sobre la idea de la rectoría civilizacional del fuego en su cultura contemporánea, debe decirse que no fue la intención del estudio; es algo que en principio la autora no ofreció. Quede esto más como una puerta abierta que como una deficiencia, pues el análisis de Espejel es claro, redondo, bien documentado y sin duda científicamente bello, si ello es algo que aun pueda conservar algún valor.

 

Notas

1 En una conferencia dictada en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el 9 de septiembre de 2009.

2 El estudio está basado en la Relación de Michoacán de Moisés Franco, editado por El Colegio de Michoacán–Gobierno de Michoacán, en 2000.

3 http://etzakutarakua.colmich.edu.mx/proyectos/relaciondemichoacan/default.asp