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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.21 no.45 México may./ago. 2009

 

Artículos

 

Desarrollo humano en el noroeste de México: un análisis comparativo de los estados de Sonora, Baja California y Baja California Sur, 1995–2005

 

Francisco José Zamudio Sánchez* José Luis Romo Lozano** Florencio C. Santiago Santiago***

 

* Profesor–investigador de la Universidad Autónoma Chaprngo (UACH). Director del Programa de Investigación en Demomensura. Correo electrónico: fjzams@yahoo.com.

** Profesor–investigador de la UACH. Integrante del Programa de Investigación en Demomensura. Correo electrónico: jlromo@aya.yale.edu.

*** Licenciado en estadística, UACH.

 

Recibido en agosto de 2007
Revisado en febrero de 2008

 

Resumen

Este artículo aborda el desarrollo humano en Sonora, Baja California y Baja California Sur. Se estimaron los valores de cuatro índices: desarrollo humano con producto interno bruto, desarrollo humano con servicios, con género e inequidad; además de curvas de calidad estatal y municipal. Aunque los valores ubican a Baja California Sur en la mejor posición de los indicadores de desarrollo humano y después a Sonora; Baja California ocupa el mejor sitio en equidad en el país.

Palabras clave: desarrollo humano, desarrollo regional, género, inequidad, calidad de vida.

 

Abstract

This article deals with human development within the Mexican states of Sonora, Baja California and Baja California Sur. Four indexes were estimated: human development with gross domestic product, services, gender, and inequity. In addition, quality curves were calculated for states and municipalities. Although Baja California Sur shows the best results in terms of human development indicators, followed by Sonora, Baja California ranks highest in the country in terms of equity.

Key words: human development, regional development, gender, inequity, quality of life.

 

Introducción

Desde su publicación, en 1990, por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) , el índice de desarrollo humano (IDH) ha ido ocupando espacios cada vez más importantes en la definición, evaluación y monitoreo de políticas públicas. Entre las razones que explican su aceptación creciente están su claridad conceptual; un nivel razonable de agregación, al emplear sólo cuatro indicadores en las tres dimensiones que lo definen y que su estimación se edifica en criterios aceptados universalmente por su importancia en el logro de objetivos de desarrollo, lo que permite comparaciones a diferentes escalas geopolíticas.

La definición del concepto de desarrollo humano (DH) considera de manera fundamental la generación de capacidades y oportunidades, para que las personas puedan lograr el tipo de existencia que más valoran: una vida larga y saludable, tener los conocimientos necesarios para comprender y relacionarse con el entorno social y poseer los ingresos suficientes para acceder a una vida digna. Es decir, el IDH mide los avances de una sociedad determinada en materia de salud, educación e ingresos.

Las aportaciones de Amartya Sen a la ciencia económica sirven de fundamento principal en el concepto de DH. Entre ellas destacan la crítica filosófica a la economía del bienestar; la conceptualización filosófica y metodológica de las titularidades y capacidades y la aplicación de la teoría de las capacidades a la medición del DH.

Las críticas de Sen, a la economía del bienestar, estriban en rechazar la suposición de que las acciones raelizadas por los sujetos económicos están dirigidas por el dictado racional de maximizar los beneficios personales. Por el contrario, para Sen en la toma de decisiones hay elementos sociales e interpersonales que están al margen de la utilidad racional.

El enfoque de capacidades recoge ideas de varios pensadores en la historia de las ciencias sociales, como Aristóteles, Adam Smith, John Stuart Mill y Carlos Marx, a partir de las cuales Amartya Sen elaboró un marco evaluativo. Desde su perspectiva, la calidad de vida de una persona debe valorarse en términos de sus capacidades, es decir, de la habilidad o potencial para hacer o ser algo o más técnicamente, para lograr cierto funcionamiento:

Cuando se aplica el enfoque sobre capacidades a la ventaja de una persona, lo que interesa es evaluarla en términos de su habilidad real para lograr funcionamientos valiosos como parte de la vida. El enfoque correspondiente en el caso de la ventaja social —para la evaluación totalizadora, así como la elección de las instituciones y de la política— considera los conjuntos de capacidades individuales como si constituyeran una parte indispensable y central de la base de información pertinente de tal evaluación (Sen 1993, 55).

Los funcionamientos son los "seres y haceres" de una persona, mientras que la capacidad consiste en combinaciones distintas que puede lograr con ellos. De este modo, la capacidad es un vector de funcionamientos que reflejan la libertad de una persona para conducirla de un tipo de vida a otro: "Un funcionamiento es un logro, mientras que una capacidad es la habilidad para lograrlo. Los funcionamientos están, en un sentido, más directamente relacionados con las condiciones de vida. En contraste, las capacidades, son nociones de libertad, en el sentido positivo: las oportunidades reales que uno tiene con respecto a la vida que uno podría llevar" (Sen 1987, 36).

En Korsgaard (1996), Pressman (2000), Aguirre (2004), Programa Regional para el Fortalecimiento de la Formación Profesional y Técnica de Mujeres de Bajos Ingresos, FORMUJER (2003) y Zamudio et al. (2006) se puede consultar una discusión amplia sobre las ideas de Sen acerca de las titularidades y capacidades.

Una fuente importante de críticas sobre el IDH proviene de las imprecisiones en la estimación del producto interno bruto per capita (PIBp), como no contabilizar el trabajo doméstico femenino y la omisión de las externalidades generadas en los procesos productivos y de consumo, entre otras. La ausencia en valor de ambos componentes resulta en una subrepresentación de esta categoría, que busca significar el acceso de la población a condiciones de vida decorosas. Una alternativa que pretende reflejar las mismas dimensiones que el IDH, aquí llamado IDHP, para indicar que en su cálculo se utiliza el PIB, es el índice de desarrollo humano con servicios (IDHS). La diferencia de este indicador con respecto al IDHP es que se eliminan los problemas derivados del uso del producto interno bruto per capita, al sustituirlo por información sobre tres servicios fundamentales: drenaje, agua entubada y electricidad (Ramírez 1999, 16). En este trabajo también se estimó el IDHS, para comparar los resultados de ambas representaciones.

Una vez publicado el primer informe del IDH en 1990, a escala nacional y prácticamente mundial, los análisis y reportes de los años siguientes dieron lugar al surgimiento de indicadores y mediciones complementarias. En este contexto, Anand y Sen (1995) propusieron la construcción del índice de desarrollo humano relativo al género (IDG), porque el IDHP ignora las diferencias intergrupales, y asume que todos los habitantes del país tienen el logro promedio alcanzado en cada una de las variables que lo conforman, por lo que no es posible elaborar análisis sobre las diferencias entre hombres y mujeres en la consecución de tales logros. De este modo, la integración del idg busca reconocer la base social del concepto género como una construcción social/histórica/cultural, y la relación entre la clasificación de nacimiento y la asignación de roles, modos de estar, atributos, habilidades y actitudes esperables.

Género es un concepto de base social, una construcción social/histórica/cultural, distinta al de sexo, el cual se remite estrictamente a lo biológico, y esta relación entre la clasificación de nacimiento y la asignación de roles, modos de estar, atributos, habilidades y actitudes esperables es la que construye identidad de género y "produce" pertenencia o membresía a un grupo social (FORMUJER 2003, 20). El paradigma del DH debe considerar los principios siguientes: a) la igualdad de derechos entre mujeres y hombres debe ser preservada como principio fundamental; b) la mujer debe ser considerada como agente y beneficiaria del cambio y c) el modelo de desarrollo debe buscar la ampliación de la capacidad de decisión, tanto de mujeres como de hombres (PNUD 1995, 87). La desigualdad de género es tratada por Anand y Sen (1995) como una de las diferencias posibles entre grupos, y basan su análisis en el supuesto económico común de que tanto los individuos como las sociedades en general tienen aversión a la desigualdad. El IDG usa los mismos indicadores y dimensiones que el IDHP, pero toma nota sobre la inequidad en los logros entre mujeres y hombres (Bardhan y Klasen 1999, 986).

La inequidad observada en el DH es otra de las preocupaciones que motivan el análisis, cuando se habla del bienestar de las personas. Con el fin de medir la variación de la distribución del DH dentro de un estado, se considera la construcción de un índice de inequidad (INQIDHP) igual a 1 menos el índice de Gini sobre el IDHP. Este INQIDHP es una medida de la dispersión o variabilidad del índice de desarrollo que considera al PIB, donde la dispersión equivale a inequidad y la concentración a equidad. Si los valores del IDHP se concentran alrededor de un punto determinado, significa que todos son más o menos iguales, lo que determina una situación de equidad. De este modo, un índice de inequidad igual a 0 es una condición de equidad perfecta, pero eso no significa que el IDHP se encuentre en niveles altos, sino que los factores comprendidos están distribuidos en forma equitativa, aunque es posible que lo estén en valores bajos.

Por último, en este trabajo también se analiza la calidad municipal mediante la construcción de curvas de calidad. Zamudio et al. (2001) introdujeron la propuesta de curvas de calidad municipal, y la idea fue tomada de la curva de calidad de sitio, definida como la capacidad de un área determinada para permitir el crecimiento de árboles de algunas especies, y que se utiliza en dasonomía. Lo mismo puede decirse de la capacidad de los gobiernos en el uso del ingreso (captado a través del PIB per capita), para traducirlo en desarrollo de la gente (medido por el IDHS). Las curvas de calidad municipal permiten entender los aspectos relacionados con la calidad de un municipio específico, mostrando cómo su ingreso se ha empleado para mejorar los aspectos de salud, educación y servicios.

Por otro lado, aquí se ha denominado región noroeste a la porción territorial de México comprendida por Sonora (SON), Baja California (BC) y Baja California Sur (BCS). En principio, se reconoce que las exigencias teóricas del concepto región, sobre todo desde la perspectiva social, son más estrictas y complejas. Las contribuciones al estudio de éste incluyen las formulaciones convencionales, cuyo rasgo característico es el de hacer abstracción de toda consideración histórico–social, y postulan conceptos que se pretende sean universales. Otro grupo de elaboraciones del término parte del reconocimiento de la vigencia de un sistema social históricamente determinado, el cual da origen a toda concepción regional en la medida en que sostiene que la ocupación de un territorio está condicionada por el tipo de relaciones sociales prevalecientes entre los grupos humanos, que se asientan en partes específicas del continuo geográfico (Palacios 1983).

La regionalización utilizada aquí fue propuesta por la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados, COPLAMAR (1983), a partir del análisis de un conjunto de indicadores con los que se buscó calificar la marginación en el país. Además de éstos se agregaron tres criterios: a) mantener el más alto grado de homogeneidad posible entre los niveles de marginación de las entidades integrantes de cada región; b) establecer regiones geográficamente continuas y c) que éstas tengan la mayor homogeneidad posible en cuanto a las características físico–geográficas y económicas de los estados que las integran. De este modo, SON, BC y BCS resultaron agrupados en lo que se llamó región Pacífico norte, caracterizada con un grado medio de marginación.

 

Metodología

Para calcular el IDHP e IDHS, la metodología sigue, con estricto apego, la propuesta del PNUD contenida en los reportes anuales sobre desarrollo humano. Una explicación específica del cálculo de estos indicadores puede consultarse en Zamudio et al. (2006). Asimismo, para abundar en los detalles, que explican todos los indicadores aquí abordados, se recomienda visitar: http://www.chapingo.mx/dicifo/demyc/idh/bases/memo/memoria.html, donde se encuentra la memoria técnica en la cual se presentan de manera exhaustiva las metodologías correspondientes.

 

Estimaciones del IDHP

Contexto regional, nacional e internacional

Los estados del noroeste de México representan 16.91 por ciento de la extensión del país. Sus habitantes sumaron 5.6 por ciento del total en 2005 y en 2004 generaron 6.8 por ciento del PIB nacional (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI 2005). En términos de DH, un porcentaje mayor en PIB que en población indica condiciones promedio de ingresos favorables para una vida digna en la región, además de contar con un territorio amplio para sus actividades.

En 1995, las tres entidades formaron parte de las mejor calificadas en DH en el país, BCS en el lugar 4, BC en el 9 y SON en el 11. Como todo crecimiento, conforme es mayor, sus incrementos decrecen, lo que se manifiesta en los avances1 mostrados en el cuadro 1. Las posiciones de los tres estados para 2005 eran 8, 12 y 10, respectivamente. Mientras que las Californias perdieron lugares en el decenio, SON avanzó uno; en BCS hubo un retroceso de 2000 a 2005. Los tres estados ahora se encuentran en la categoría de DH alto.2

A pesar de la mejor condición en DH de la región, hay muestras del efecto de las políticas liberales sobre las opciones para aumentar las capacidades de la gente, además de otros rasgos específicos en las componentes que lo constituyen.

Es destacable que la esperanza de vida de BC haya estado casi dos años por abajo del promedio nacional en 2005 y siempre fue menor durante el decenio, hay una condición desfavorable permanente en su longevidad, son en 1995 tenía un diferencial con la longevidad del país de 0.64 años, en 2000 de 0.7 y en 2005 de 0.77, dinámica que por el tamaño de la diferencia puede ser despreciada, pero que señala un deterioro consistente en la salud de los sonorenses y en consecuencia en sus condiciones de desarrollo.

En educación, la alfabetización de los niños y niñas muestra resultados contrapuestos. Los tres estados tuvieron progresos en el decenio, sin embargo, mientras el país avanzó 12.85 por ciento respecto a la meta de alfabetizar a todos sus niños, SON lo hizo en 1.95, BC en 2.75 y BCS en 17.06 por ciento. Estos incrementos son totalmente comparables, porque al inicio del periodo las tres entidades tenían indicadores de alfabetización infantil similares. Si bien hubo cierta mejoría en el decenio, los quinquenios 1995–2000 y 2000–2005 ofrecieron desempeños contrarios, mientras que en el primero se avanzó, en el segundo se retrocedió, a diferencia del nacional, que fue creciente. A pesar de que las tasas de alfabetización infantil muestran que un número considerable de niños en estas entidades no ha tenido acceso a la educación básica, en el último quinquenio las políticas y programas educativos resultaron contrarios al propósito de superar este rezago. En cuanto a los adultos, hubo avances y logros similares, y superiores a los del país. Para 2005, las diferencias de la alfabetización adulta e infantil fueron de 0.08485 para SON, 0.08406 para BC y 0.06431 para BCS, las cuales representan las proporciones respectivas de las personas en condiciones de analfabetismo, durante el lapso de vida en que están más aptos para el aprendizaje, y que son incorporados al alfabetismo más tarde en condiciones menos favorables y por ende a mayor costo.

Respecto al ingreso, medido por el PIBp, es notable el repunte que tuvo del 1995 a 2000 y el estancamiento–retroceso de 2000 a 2005, los porcentajes de cambio SON, comparados con el año de inicio del quinquenio y para uno y otro periodo en el país, de 21.85 y 0.51 por ciento, en SON de 20.82 y 0.70, en BC de 24.95 y –4.44 y en BCS de 10.68 y –3.56. De este modo, los recursos para tener acceso a una vida digna se vieron, en el mejor de los casos, estancados en el sexenio pasado. Ni la insurgencia, ni el error de diciembre de 1994 fueron contrapeso para tener un crecimiento en el PIBp de 21.85 por ciento de 1995 a 2000, como tampoco fueron coadyuvantes el precio elevado del petróleo y la democracia para mejorar el crecimiento exiguo del ingreso en el quinquenio siguiente. El comentario no pretende evidenciar las contradicciones que se dan en la economía, sino ver el efecto que producen en su relación con el DH, pues el PIBp es uno de los tres factores sustantivos en su medición, los resultados inextricables para los legos de la economía dan al traste con las mediciones que comparan, a escala global, el desarrollo humano de los mexicanos con el de otros países.

En la clasificación mundial, donde se analizan alrededor de 177 países, SON en el 2000 registró un desarrollo ligeramente superior al de Croacia (0.8090), que estaba en la posición 48, mientras que en 2005 era semejante al de Antigua y Barbados (0.815) en el lugar 57. El de BC en 2000 fue ligeramente superior al de Trinidad y Tobago (0.8050), ubicado en el sitio 50 y, en 2005, similar al de Malasia, en el 63. BCS en 2000, estuvo a la par de Costa Rica, que ocupó el puesto 43 y, en 2005, ligeramente debajo de Bulgaria, en el 53 (UNDP 2002; 2007/2008). De lo anterior, a escala mundial y para el quinquenio 2000–2005, SON perdió 9 posiciones, BC 13 y BCS 10.

 

Contexto estatal

En cuanto al DH, la variabilidad de los municipios es mayor, debido a que constituyen entidades más pequeñas dentro de los estados. Significa que la inequidad entre ellos es mayor; así, existen algunos con opciones suficientes y otros no tienen ni las indispensables. La cantidad de municipios es un factor importante en la asignación racional de los recursos, a mayor número la complejidad administrativa crece en forma exponencial. El cuadro 2 presenta a los más desarrollados de la zona y la dinámica de crecimiento de los estados y de Oaxaca.

En la región centro de Sonora en 2005 se encontraban los municipios con IDHP más alto y el segundo más bajo: San Javier (0.85751) y San Miguel de Horcasitas (0.75623), sólo delante de Quiriego (0.75572), en el territorio mayo y yaqui del sureste. Además, son los que tienen menos habitantes: 242, 6 036 y 3 049, respectivamente.

Las oportunidades de San Javier, intrínsecas en su IDHP, son consecuencia de su actividad ganadera, que es la principal generadora de empleos e ingresos. Su explotación es la tradicional de carácter extensivo, basada en la cría de ganado bovino a partir de la vegetación existente en el agostadero, la cual ocupa una superficie de 65 200 hectáreas y en ella pastorean 6 700 cabezas (27.7 por habitante), de las que se extrae un promedio de 800 al año, para enviar al mercado de Estados Unidos (Gobierno de Sonora 2007). El DH alcanzado por San Javier ocupó el sitio 19 entre los 2 454 municipios de México, y fue ligeramente inferior al de Estonia (0.860), ubicado en el lugar 44 entre los 177 países clasificados en el mundo (UNDP 2007/2008).

Por razones opuestas, San Miguel de Horcasitas estuvo en la penúltima posición en el IDHP del estado. Como municipio de mayor rezago, ocupó el sitio 997 entre los municipios del país, y se compara con Paraguay, en el lugar 95 en la clasificación mundial (Ibid.). Las actividades económicas principales son la agricultura y ganadería, a las que se dedica 79 por ciento de la población empleada. A la agricultura, de riego en su totalidad, se destinan 5 250 has (60 mil has menos que San Javier, con una población 25 veces mayor); con 67 por ciento de pequeña propiedad y el resto en régimen ejidal (Gobierno de Sonora 2007).

Las Californias cuentan con cinco municipios cada una, lo que les da una ventaja en la administración de sus recursos públicos, y las diferencias son insignificantes entre los de mayor y menor desarrollo; en 2005, en BC fueron Playas de Rosarito3 (0.8153 7) y Ensenada4 (0.80307), mientras que en BCS Los Cabos5 (0.83672) y Mulegé6 (0.79148). Los municipios de BC se clasifican, a escala nacional, entre los lugares 178 y 299; y global entre 57 (Antigua y Barbados) y 66 (Bosnia y Herzegovina). Por su parte, los de BCS entre 65 y 460, y entre 51 (Cuba) y 75 (Colombia), respectivamente.

La dinámica del desarrollo humano en los municipios y la población que en ellos vive, proyectada en el cuadro 2, también exhibe las ventajas operativas de una administración pública con pocas células políticas. Mientras que los estados de la región trasiegan porcentajes considerables de población del nivel medio al alto, Oaxaca lo hace lentamente. La razón de su dinámica no sólo se debe a que tiene muchos municipios, sino a su condición estructural que determina una inequidad sustantiva, que se ve potenciada por la dificultad de administrarlos, que disminuye drásticamente el desarrollo de la población en su conjunto.

 

Índice de desarrollo humano modificado con servicios

Contexto nacional y estatal

Los servicios básicos representan una alternativa para valorar los recursos de las personas para tener una vida digna, en contraste el PIBp constituye sólo una medición indirecta. Tener la posibilidad de acceder a los servicios públicos, de modo directo, informa sobre los recursos de las personas y su condición de vida. También, son evidencias objetivas de las políticas públicas aplicadas durante los diferentes periodos de gobierno.

En el cuadro 3 se presentan resultados relevantes del IDHS durante el decenio que ocupa al estudio, de modo que se aprecia la evolución de los servicios básicos en la región, así como su desarrollo humano a través de ellos. Proporciona, además de los incrementos logrados en los índices, las posiciones relativas de los estados, que hablan de sus avances en correspondencia a los de las otras entidades del país.

Lo más relevante del cuadro es que ninguno de los tres estados mejoró su clasificación en desarrollo medido por el IDHS, y varios de sus indicadores también retrocedieron a escala nacional. De hecho, los IDHS de SON y BCS lo hicieron en cuatro posiciones y el de BC en dos. También es notoria una mejoría o menor pérdida de la región de 1995 a 2000, que el descenso experimentado de 2000 a 2005.

En la clasificación de todos los servicios básicos, son no mejoró o descendió, BC bajó en electricidad y drenaje y BCS lo hizo de manera importante en agua y electricidad. Es notorio que las administraciones de SON han dirigido más recursos a dotar de agua y electricidad a sus habitantes, mientras que las de BC lo han hecho en agua y las de BCS en drenaje. Un contraste en el año 2005 con la mejor entidad en servicios del país, el Distrito Federal, puede ubicar mejor a los estados de la región: índice de agua =0.97436, índice de electrificación =0.98531, índice de drenaje =0.98447 e IDHS=0.89043, que señala al drenaje como el servicio más rezagado. A pesar del deterioro en agua y electricidad de BCS, ocupa la mejor posición en desarrollo de la región, porque su condición de salud es superior, y también la educación comparadas con las de los otros dos estados, además de que en drenaje se encuentra mejor ubicado.

Para 2005, en los estados, las características del desarrollo eran las siguientes: en SON los extremos se daban entre dos lugares pequeños: Huépac (IDHS=0.90499) y Quiriego (IDHS=0.73716). La condición más crítica de este municipio es la del servicio de drenaje, que se proporciona sólo a 37.13 por ciento de los habitantes, por la dispersión de los núcleos de población. Mientras la primera ha sobrepasado las opciones mínimas de desarrollo (0.8), la segunda ni siquiera está cerca de lograrlo. El último lugar de Quiriego (72) podría no decir mucho; sin embargo, su diferencial en la medición del IDHS con Huépac habla de las condiciones en las que vive su gente, de su poco acceso a las opciones de crecimiento, de su escaso control sobre las decisiones que le conciernen y la marginación severa en la que está respecto a los otros municipios. Sin duda, requieren de programas de desarrollo comunitario que detonen procesos para revertir esta situación.

En BC, el orden de los municipios por concepto del IDHS fue: Mexicali (0.86448), Tijuana (0.86410), Tecate (0.84015), Ensenada (0.83642) y Playas de Rosarito (0.82915). Las diferencias entre ellos son relativamente pequeñas, y oscilan alrededor de un mismo valor, y señalan un desarrollo conjunto. Los resultados obtenidos en la entidad por este índice muestran un contraste interesante, Playas de Rosarito presenta el valor más alto en el PIBp, pero tiene el IDHS más bajo, esto pone en evidencia que el municipio que más producto interno bruto per capita genera en el estado es el que cuenta con los peores servicios públicos básicos.

Por último, en BCS el orden de los municipios en el IDHS fue el siguiente: La Paz (0.87875), Los Cabos (0.86093), Comondú (0.85466), Loreto (0.84680) y Mulegé (0.83463). Sin duda, el desarrollo entre ellos es homogéneo, tanto económico como social. Lo que destaca es el drenaje de Comondú y Mulegé, sólo 78.51 y 73.64 por ciento de la población, respectivamente, cuenta con él.

 

Estimaciones del índice de desarrollo relativo al género

La información relevante sobre la desigualdad de género7 se muestra en el cuadro 4; es notorio que se haya reducido mucho en el último decenio, en el país y en la región, como se ve su medición en el renglón de diferencia %. En SON y BCS la reducción fue de un tercio y en BC, en contraste, sólo fue de la mitad. Al inicio del periodo la situación de la región era más favorable que al final, si se consideran las posiciones de los estados que la componen respecto al promedio nacional, lo cual se aprecia claramente en la pérdida de lugares a través del tiempo y señaladas entre paréntesis. Si bien sobresale el avance en la igualdad de opciones de desarrollo de hombres y mujeres, también es patente que otros estados lograron progresos mayores. La estimación de la desigualdad de género adoptada en el trabajo hace evidente el punto señalado, puesto que es por razón de género que se pierde la distancia porcentual en desarrollo respecto al DH general medido por el IDHP, y que los valores del IDHP son altos en la región (lo que atempera la medición de la pérdida de desarrollo por género), las caídas que dichos estados tuvieron en la clasificación nacional deben ser motivo de atención.

Respecto a las componentes que se consideran en el DH y su contraste entre mujeres y hombres, la situación de las entidades estudiadas muestra cierta similitud con lo que ocurre a escala nacional: ingreso y alfabetización adulta favorable a los hombres, y esperanza de vida y alfabetización infantil a las mujeres. La componente que determina la desigualdad a favor de los hombres es el ingreso, y la que trata de compensarlo es la esperanza de vida. Para 2005, cada año de vida adicional de las mujeres representaba para los hombres 1 428.28 dólares PPA anuales en el país, 1 656.95, 1 301.21 y 1 549.96 para SON, BC y BCS, respectivamente. Es decir, por cada año de vida adicional de las mujeres en el país, en cada año de vida los hombres generan 1 428.28 dólares PPA o 103 323.19 dólares PPA durante toda su vida. La conversión más débil se da en BC, más baja que la del promedio nacional, como resultado de una mayor diferencia en la esperanza de vida entre mujeres y hombres, 6.44 años en 2005 contra 5.1 en SON y 5.04 en BCS. Hasta dónde pueden ser comparables estas dos componentes es un asunto de controversia obvia, sin embargo, en la medición del DH, así lucen en su inserción dentro del IDHP. La componente educacional, en comparación, ofrece variantes menores entre hombres y mujeres.

En cada componente se observan rasgos peculiares a través del decenio; la brecha de ingreso entre mujeres y hombres se ha reducido; al inicio del periodo, el de las mujeres estaba en 23.85 y 28.84 por ciento el de los hombres, y en 2005 entre 44.02 y 47.63, un avance considerable, que en el quinquenio 1995–2000 se debió a los incrementos mayores en el ingreso de las mujeres que los conseguidos por los hombres, mientras que en la segunda mitad del periodo a los aumentos marginales de las mujeres contra retrocesos en los hombres, es decir, en el país y la región hubo una regresión en el PIBp de los hombres a la par de un alza pequeña en el de las mujeres. La esperanza de vida muestra para los estados de la región brechas mayores que la nacional, los hombres de BC son los más desfavorecidos, de manera tan consistente que debiera ser motivo de estudios específicos. Es inaceptable que los hombres de BC vivan 1.4 años menos que los de BCS y SON. En Tijuana, donde está asentada la mitad de la población, la esperanza de vida para los hombres fue de 68.94 años en 2005, ocupó la posición 2 276 de 2 454 municipios. Es claro que hay elementos extraordinarios que determinan estas estimaciones. Por otro lado, el factor educativo es el más equitativo entre los dos grupos, a escala nacional y regional. Se puede considerar que prácticamente existen oportunidades iguales para hombres y mujeres en la educación elemental, aunque los niveles alcanzados por la población total muestran rezagos críticos, a escala nacional 7 de cada 100 adultos no saben leer ni escribir, mientras que en las entidades estudiadas son de tres a cuatro; los niños están en una situación semejante, en comparación con los países avanzados, donde no hay analfabetismo. Por último, respecto a la distribución de los municipios y la población en el nivel no significativo, significativo o altamente significativo hay un flujo que se ubica en el primero, haciendo patente la mejora en opciones educativas para una cierta equidad, BC está muy cerca de colocar a toda su población en condiciones que pueden considerarse de igualdad en opciones de desarrollo para ambos grupos, y BCS y SON aún mantenían en 2005 a la quinta y cuarta parte de sus habitantes, respectivamente, en desventaja para las mujeres, situación que debe corregirse.

Los municipios en los estados presentan asimetrías más pronunciadas que las advertidas entre las entidades de la región. Es una condición frecuente en el estudio de características a escalas distintas, porque las diferencias en elementos de una escala mayor (en este caso estados) se presentan menores a las de una menor (municipios); es decir, hay mayor variabilidad de los factores de desarrollo entre los municipios que entre los estados, la cual se traslada a los géneros en las escalas correspondientes. De estas asimetrías se tienen avances mayores en la reducción de la inequidad de género dentro de los estados, como se ve en el cuadro 5.

En Sonora, los municipios muestran los avances mayores por ser los más rezagados al inicio del periodo y BC los menores, por tener menos rezago. Esta condición aparentemente sin importancia, exhibe que es más equitativa la condición de género entre estados que entre municipios, de modo que si se observan condiciones y funcionamientos diferenciales entre hombres y mujeres a través de los estados, se agudizan dentro de ellos, o de otra manera, el orden jerárquico de las poblaciones guarda una relación inversa con la equidad de género. De ahí resulta obvia la necesidad de un empoderamiento, no sólo de la mujer sino de las células básicas de la organización social, para suavizar distintos tipos de inequidades que alivien la existente entre géneros. Lo anterior es más visible en SON que en las Californias, porque los municipios de BC y BCS son menos de 10 por ciento que los de SON. En 1995 son presentaba una desigualdad de género de 2.54 por ciento, mientras que en su municipio con mayor inequidad, Nácori Chico, era de 12.53 (4.93 veces); en BC era de 1.98, donde Tecate era de 2.22 por ciento (1.12 veces) y en BCS era de 2.24, y en Mulegé la desigualdad era de 3.62 por ciento (1.62 veces). Para 2005 estos valores eran 3.81 veces para SON–Nácori Chico, 1.33 para BC–Tecate y 1.96 para BCS–Mulegé. Mientras que son disminuyó esta relación, las otras entidades se movieron alrededor de un cociente deseable de 1, sin dejar de notar el deterioro que hubo en los diez años anteriores entre los municipios de estas dos últimas entidades. De estos contrastes entre los estados y municipios y las diferencias entre hombres y mujeres en los factores del desarrollo observados antes para los estados, se aprecia cómo se magnifican las desigualdades injustas, cuando se dan, entre los municipios.

Para exhibir las mayores asimetrías entre municipios dentro de los estados, en el cuadro 6 se muestra un comparativo de las dimensiones del desarrollo entre hombres y mujeres para el año 2005, cuando se redujeron sustancialmente las inequidades.

 

Estimaciones del índice de inequidad

El INQIDHP es una medida de la inequidad con la que se distribuye el DH en los municipios, estimado por el IDHP, dentro de una entidad federativa. Una de las formas de medirla es el complemento a 1 del índice de Gini aplicado a los valores del IDHP.8 El cuadro 7 presenta la información sobre los estados estudiados y la referente a Oaxaca, la entidad con la mayor inequidad en el país.

Si la inequidad del DH disminuyera a través del tiempo, los valores del IDHP de los estados deberían mostrar una tendencia decreciente en él, lo que no se cumple para ninguno según se muestra en el cuadro 7, donde hay avances y retrocesos, aunque estos últimos son menores. En 2005, los índices de DH de las entidades de estudio eran semejantes y altos, como se puede apreciar en el cuadro 4, a diferencia de Oaxaca cuyo IDHP era de 0.71968, y exhibía la asociación perniciosa de mayor inequidad de desarrollo, donde éste es menor, lo que habla de sus problemas ancestrales asociados al multiculturalismo en el que viven sus habitantes. En la región, a pesar de compartir desarrollos medios comparables, la distribución de ellos entre los municipios de los estados es desigual, BC es el más equitativo, seguido por BCS y SON se ubica en la condición de mayor inequidad. El área de los estados y el número de municipios son, en buena medida, causas de esta situación, ya que, el territorio de SON no es comparable con el de las Californias.

Otra forma de ver la distribución desigual del desarrollo entre municipios es observar el rango en el que oscilan los valores del IDHP de ellos en un estado. En el cuadro 7, para el año 2005, se puede ver la diferencia porcentual entre los IDHP del municipio con mejor desarrollo y el más atrasado dentro de cada estado, desde 1.53 por ciento en BC hasta 66.01 en Oaxaca. Así, entre Playas de Rosarito y Ensenada sólo hay una diferencia porcentual de 1.53 entre sus desarrollos, y entre Los Cabos y Mulegé en BCS, de 5.72. Los municipios correspondientes en SON exhiben un diferencial de 13.47. Dentro de los estados no deja de ser notable el acercamiento porcentual, a través del tiempo, de los extremos de desarrollo cuando son distantes.

Por último, una tercera forma de ver la distribución del DH se observa al granear la proporción de la población del estado con un valor determinado del IDHP o menor (véase gráfica 1).

Una línea horizontal indica una condición de equidad perfecta, mientras que la de 45° señala la inequidad mayor. Baja California está más cerca de la mejor equidad, de hecho es el más equitativo del país, le sigue BCS, y SON presenta la mayor inequidad. En la parte izquierda de la gráfica 1 puede observarse cómo en los sitios con menor desarrollo se da la mayor inequidad, indicada por las pendientes mayores de las diversas gráficas, lo contrario ocurre en la parte derecha. No obstante, en comparación con Oaxaca, que tiene la mayor diferencia injusta, las de dichos estados parecen insignificantes, lo que puede verse en la grafica 2. En este caso, las desigualdades de desarrollo de SON pueden quedar soslayadas y ubicadas en el primer decil de la población con desarrollo más bajo, lo que se suma a las formas innumerables de rezago que muestra Oaxaca, donde se localizan municipios con un crecimiento comparable a países atrasados de África, y municipios equiparables a naciones desarrolladas de Europa.

En Oaxaca, el abismo entre el municipio más desarrollado y el de mayor rezago alcanza 66 por ciento. Al ritmo de reducción de tal inequidad, serían necesarios 25 años para alcanzar el lugar de SON en 2005 o 35 en el caso de BCS.

 

Calidad estatal y municipal

Aquí, el concepto de calidad en el DH trata de captar dos aspectos relevantes de cualquier proceso: el logro alcanzado y la eficiencia para conseguirlo. En las curvas de calidad de 2005, presentadas en la gráfica 3, aparece: a) el desarrollo humano obtenido, según el IDHS, del país, los estados de la región y sus municipios y b) la eficiencia para tal logro, al asociar el desarrollo con los recursos económicos de las entidades o municipios correspondientes. Las cinco curvas de la gráfica 3 son parte de otras 26 que caracterizan la calidad de desarrollo conseguido por las entidades políticas de la región. La curva inferior (30) es la peor y la superior (1) es la mejor.9 Curvas semejantes se pueden construir para los años de 1995 y 2000. De modo que a un mismo ingreso se puede ver el desarrollo esperado (IDHS) en cada calidad o en cada calidad se puede observar el desarrollo esperado en cada ingreso. Estas curvas señalan situaciones donde dos municipios con un mismo ingreso, como Huépac, SON (13 162.78 pesos en 1993) y San Ignacio Río Muerto, SON (13 200.90) tienen calidades muy diferentes, 7 y 23, respectivamente, porque sus desarrollos medidos por el IDHS son también muy distintos, 0.90499 y 0.79730. De otro modo, municipios con ingresos diferentes en BCS, como Comondú (12 253.65) y La Paz (18 128.61) tienen calidades iguales (15), porque sus desarrollos diferentes están en congruencia con el esperado para esa curva de calidad, 0.85466 y 0.87875, respectivamente. De este modo, se tiene una valoración del desarrollo respecto a la circunstancia económica de los espacios territoriales donde se ubica la gente.

De la gráfica 3 hay resultados inmediatos. Casi el total de los municipios de la región, así como sus estados y el país caen entre las curvas 6 y 26. Hay excepciones en SON, como Tepache, ubicado en la 5 (PIBp=6 829.76 pesos en 1993, IDHS=0.89123) y Quiriego, en la 26 (10 419.18 y 0.73716), ejemplos opuestos de calidad. Los municipios de BC están debajo de la curva guía, mientras que los de BCS y SON se dispersan alrededor de ésta o el promedio.

Para comparar las curvas, cualquiera que sea la forma que se siga, se requiere fijar un PIBp base, del mismo modo que se hace para su construcción; el seleccionado en 2005 fue de 2 342.11 pesos de 1993, ya que alrededor de esa cantidad se localiza la mayor dispersión de ingresos en los municipios del país, y por ende donde se puede captar toda la variabilidad existente. Estar sobre la curva 26 significa un retraso en desarrollo de 17.34 por ciento (respecto al esperado dado por la curva guía), mientras que estar sobre la 6 significa tener 10.07 por ciento de mayor desarrollo.

La dinámica de las calidades del país, los estados de la región y sus municipios correspondientes se muestra en el cuadro 8. A excepción de BC en la calidad inferior 19, SON y BCS están a la par del país en la 18, justo un nivel debajo de la zona de la curva guía. La 18, donde se ubica el país, BCS y SON, determina un rezago de 4.31 por ciento en DH, mientras que la 19 donde está BC representa uno de 5.57.

Respecto a la curva guía que señala calidades superiores e inferiores a ella, los municipios y sus poblaciones correspondientes que están por arriba, sobre o debajo de ella se muestran en la parte inferior del cuadro 8. Una inspección breve exhibe que BC se ha mantenido siempre en una calidad baja al igual que todos sus municipios. La dinámica de BCS es totalmente distinta, de tener condiciones iguales a las de BC en 1995, tanto municipios como población mejoraron su situación para 2005, más de 50 por ciento de los habitantes viven en territorios con uso enciente y eficaz de sus bienes y servicios generados, para mejorar su DH. En cuanto a SON muestra una dinámica contrastada, de l995 a 2000 casi 34 por ciento de la población que había alcanzado una calidad promedio, presentó rezago en DH, mientras que 16 por ciento sobre la curva guía alcanzó calidades superiores de DH, es decir, fue un periodo de polarización en cuanto a la provisión de opciones para que la gente se desarrollara. Tal situación se vio paliada de 2000 a 2005, lapso en el cual alrededor de 30 por ciento de calidades con rezago regresó a las promedio de DH, aunque también 2 por ciento logró superiores.

 

Conclusiones

El desarrollo humano en la región, a pesar de las desigualdades entre los estados, presenta cierta homogeneidad a escala estatal, tanto en su medición por ingreso como en servicios. Hubo diferencias significativas en los municipios, básicamente en Sonora y de modo comprensible por la cantidad de ellos. Sin embargo, es necesario hacer varias observaciones.

En general, los factores más sensibles del desarrollo humano, educación e ingreso exhiben un deterioro en el quinquenio 2000–2005, sean o no atribuibles al modelo neoliberal, requieren atención para proporcionar a la población condiciones y formas de acceso a las opciones que mejoren sus capacidades, y en consecuencia logren posiciones mejores, y eso les permita controlar su bienestar y vida.

Hay situaciones de alerta en los factores de desarrollo regional; en salud, BC sufre de manera permanente de condiciones de vida que empobrecen su longevidad promedio, donde la infraestructura física y recursos médicos, por un lado, y la inseguridad pública, por otro, son elementos visibles que deberían revisarse. En SON, el deterioro observado en los últimos diez años, también debería ser un indicador para diseñar políticas de salud física y social, además de fortalecer las medidas de seguridad para proteger a la población. Respecto a la educación básica, se requiere reestructurar los programas, sobre todo de SON y BC. Los índices de analfabetismo infantil tan altos indican la poca relevancia concedida por los gobiernos al hecho de que las personas sepan leer y escribir desde temprana edad, para que los niños se incorporen a la vida social y después a la económica.

La magnitud del deterioro de los servicios de agua y electricidad en BCS requiere la atención de las administraciones presentes. El caso del agua es más crítico, pues de 2000 a 2005, 5 de cada 100 personas en el estado dejaron de tener agua entubada.

Los lugares retrocedidos en la clasificación nacional por los estados de la región en cuanto a la desigualdad de género, señalan con cierta verosimilitud que la competencia entre hombres y mujeres, por espacios en las opciones de crecimiento, se ha atenuado más lentamente a pesar de tener mayor DH. Señala que los desarrollos generales de estas entidades aumentan con más rapidez de lo que disminuyen las pérdidas de ellos por diferencias de género. Si bien es cierto que se abate la desigualdad de género, se tiene que hacer a menor velocidad que con la que crece el DH general al de la población. Al estar en un nuevo esquema de mercado a partir de los años noventa, se podría afirmar que ha alentado la igualdad de género, pero en menor medida que el desarrollo general, sin decir con ello que este último ha sido adecuado.

Compensar años de vida por ingreso es un asunto que presenta a futuro, al menos, un aspecto de inequidad, porque reducir la diferencia en ingreso es una cuestión exclusiva de orden cultural, mientras que la esperanza de vida puede tener causales biológicos. Incluso si no fuera así, la corrección del ingreso se da a una tasa mucho mayor que la de la esperanza de vida. La inequidad surgirá por comparar factores directos del DH, como lo es la salud, con otros indirectos como el ingreso.

Respecto a este último, de 2000 a 2005 cuando se agudizaron las consecuencias de la globalización y sus tratados de libre comercio, la mejoría que se observa en el de las mujeres parece ser, al menos parcialmente, a expensas del de los hombres.

Las oportunidades en el desarrollo de las capacidades se han venido equilibrando durante el decenio 1995–2005; sin embargo las ocasiones que tienen las mujeres de contribuir a la vida económica, social y participativa del país es un asunto pendiente en el desarrollo general.

Sonora, en promedio, presenta un DH medido por el IDHP y el IDHS comparable al de BC y BCS, es dentro de él donde se observan diferencias injustas entre sus habitantes; aunque sin ser tan críticas como las de Oaxaca, requieren atención, porque será difícil alcanzar un desarrollo pleno si se albergan municipios tan desiguales en sus opciones para crecer en sus capacidades. El DH estará ausente mientras haya quienes no lo alcancen, porque el atraso de unos detiene el crecimiento de otros.

Por ser las curvas de calidad una expresión de la capacidad social y gubernamental para convertir el ingreso en el mejoramiento del bienestar humano relacionado con la salud, educación y servicios, se enfatiza el hecho de que las tres entidades exhiben deficiencias en esta capacidad: BC con calidad 19 y BCS y SON con 18; los tres por debajo de la curva guía promedio. Las etiquetas de calidad son muy sensibles a cambios en las políticas de gobierno, y las poblaciones de los estados se mueven rápidamente entre ellas, ya sea a calidades menores cuando las opciones ofrecidas se rezagan respecto a lo que hacen otros gobiernos, o en caso contrario a mejores, por ello ofrecen una estimación confiable y discriminante de las políticas públicas.

 

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Notas

1 Los avances en los índices son porcentuales respecto a lo que le falta al índice en mención para alcanzar su valor máximo de 1. En esperanza de vida en años, es respecto a lo que le falta para llegar a los 90 años.

2 Un índice menor a 0.5 se clasifica como bajo, mayor o igual a 0.5 y menor a 0.8 como medio y mayor o igual a 0.8 como alto.

3 Aquí la inversión de capital extranjero es significativa en conjuntos habitacionales y establecimientos de hospedaje. El turismo es el centro de gravitación de las actividades económicas, con su extenso y bello litoral, sus playas arenosas y cantiles, clima, hoteles modernos y restaurantes de primera clase, que conforman desarrollos turísticos a la altura de cualquier centro vacacional.

4 Como destino turístico se ve beneficiado por la derrama económica de los visitantes.

5 Se destaca por el turismo y servicios asociados, donde se concentra 68.4 por ciento de la población económicamente activa.

6 Su economía es diversa; su sector agrícola es razonable, la actividad pecuaria es importante, su producción minera es muy significativa en Guerrero Negro y tiene potencial turístico.

7 La desigualdad de género se mide como 100(|IDHP–IDG|/IDHP). Cuando esta distancia porcentual es menor a 1 por ciento se dice que la desigualdad no es significativa, si está entre 1 y menor a 5 se dice que sí lo es y si es de 5 por ciento o mayor se concluye que es altamente significativa.

8 Un valor INQIDHP igual a 0 significa equidad perfecta en el estado. Mientras más se acerque a 0, los factores de salud, educación e ingreso están distribuidos más equitativamente, y corresponden a un cierto valor entre los municipios, aunque éste puede ser desde alto hasta bajo.

9 Se utilizan tres curvas indicadoras: calidad 1, curva guía (entre la calidad 16 y 17) y 30, correspondientes a los niveles máximo, medio y mínimo para el IDHS. La calidad municipal puede determinarse por el área que hay entre una curva y otra; de tal manera que en el área por encima de la curva guía (cg) es donde se ubican los municipios que mejor han convertido sus ingresos en servicios públicos.