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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.21 no.44 Hermosillo ene./abr. 2009

 

Reseñas

 

Los jornaleros agrícolas, invisibles productores de riqueza. Nuevos procesos migratorios en el noroeste de México

 

Pablo Wong–González*

 

María Isabel Ortega Vélez, Pedro Alejandro Castañeda Pacheco y Juan Luis Sariego Rodríguez (coordinadores) (2007), México, Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A. C. (CIAD, A. C.), Fundación Ford y Plaza y Valdés Editores. 251 pp.

 

* Profesor–investigador de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD. Correspondencia: Carretera al ejido La Victoria km. 0.6, apartado postal 1735, C. P. 83000, Hermosillo, Sonora, México. Correo electrónico: pwong@ciad.mx.

 

Introducción

El libro trata un tema de gran trascendencia en la vida económica del noroeste de México: los jornaleros agrícolas. Ellos son, en la mayoría de los casos, un "proletariado numeroso, complejo y casi desconocido", según lo expresan Sariego y Castañeda (p. 120) y, se podría agregar que, por su origen geográfico, considerado ajeno. En los distintos capítulos se señala que los jornaleros agrícolas, con su trabajo, sintetizan una de las contradicciones más grandes del proceso de desarrollo del México contemporáneo: dan viabilidad económica a la operación de un sector muy tecnificado, moderno, productivo, rentable y destinado fundamentalmente a los mercados de exportación, a la vez que sobreviven en condiciones laborales deplorables. Así lo subraya Hubert C. de Grammont (p. 43), mientras se ha incrementado la productividad de los jornaleros, los salarios reales han bajado.

Los 11 artículos de la obra abordan aristas diversas, aunque complementarias, de los trabajadores en el noroeste del país. Se tocan aspectos económicos, de empleo y productividad (Hubert C. de Grammont y Maren Von der Borch); asentamientos, campamentos y trabajo agrícola (Laura Velasco Ortiz, María Eugenia Anguiano Téllez y Sara María Lara Flores); bienestar, pobreza, nutrición y salud (José A. Moreno Mena y Lya Margarita Niño y María Isabel Ortega Vélez y Pedro Alejandro Castañeda Pacheco); derechos lingüísticos y educativos (Georganne Weller Ford) y trayectorias migratorias y laborales (Kim Sánchez Sal daña y Martha Judith Sánchez Gómez). Asimismo, se incluye un artículo sobre la "cuestión" de los jornaleros en Sonora, desde una experiencia de investigación. Este último es un ensayo diferente a los anteriores, con un enfoque más analítico y propositivo de investigación–acción. En el aspecto geográfico, los trabajos presentan un abanico de las distintas zonas: valles agrícolas de Hermosillo, Guaymas–Empalme, Caborca y Pesqueira, en Sonora; valles de San Quintín y Mexicali, en Baja California; estado de Morelos en el sureste de México y los valles de Napa y Sonoma, en California, Estados Unidos.

Aunque el libro es una compilación de experiencias derivadas de proyectos de investigación independientes, todos muestran una homogeneidad relativa en cuanto a la calidad del análisis, el manejo de la información y la discusión de este tema complejo. En la sección introductoria se integran los puntos comunes a la migración de los jornaleros agrícolas, y se identifican las tendencias más relevantes desde los contextos de la región noroeste, la dinámica de la economía nacional y las implicaciones de un entorno cada vez más globalizado. Aquí se pondrá énfasis en las líneas de argumentación sobre las alternativas planteadas en el libro acerca de la relación compleja entre las condiciones de vida y trabajo de los jornaleros, la responsabilidad social corporativa (RSC) y las perspectivas de la certificación social.

 

Aportaciones principales de la obra

Además de la presentación de experiencias de los trabajadores agrícolas en el noroeste del país, tanto en la introducción sustantiva de Sariego, como en los artículos, aparecen y se señalan elementos que constituyen contribuciones importantes para avanzar en el estudio de este tema, como las siguientes:

• La complejidad y heterogeneidad crecientes del fenómeno ya no permite abordarlo desde una sola disciplina o dimensión; por el contrario, se requiere del análisis inter y transdisciplinario, así como de enfoques nuevos. Se sugiere que además de la antropología deberían concurrir áreas como la sociología, derecho laboral, nutrición, salud y economía, entre otras, como muestran los estudios del CIAD sobre las condiciones laborales, de nutrición y salud de los jornaleros en campos agrícolas de Sonora, Sariego y Castañeda (pp. 119–144); Ortega y Castañeda (pp. 145–173).

• Las categorías y tipologías tradicionales utilizadas en las investigaciones para explicar la realidad, sobre todo en relación con las trayectorias migratorias y laborales, ya no son las adecuadas, pues más bien son de carácter estático y homogéneo, Martha Judith Sánchez Gómez (pp. 197–226).

• El uso de tecnologías nuevas y los procesos de calidad de la producción han fortalecido la tendencia hacia la flexibilidad laboral y la definición de perfiles de especialización y calificación de la mano de obra, según el tipo de cultivo, Sariego y Castañeda (pp. 119–144); De Grammont (pp. 15–46) y Velasco (pp. 57–78). En palabras de Sariego y Castañeda (p. 132), "las inercias derivadas de un largo pasado en el que las condiciones del mercado internacional de alimentos permitían operar con un modelo tradicional de relaciones laborales parecen estar llegando a su fin". En ese sentido, así como décadas atrás se experimentó un proceso de "reconversión industrial", después se inició una "reconversión agropecuaria" (Wong–González y Salido 1992).

• Sariego y Castañeda (pp. 119–144) plantean un esquema integral de desarrollo y bienestar de los jornaleros agrícolas, a partir de un programa de certificación social y laboral de la producción agroindustrial de Sonora. Esta propuesta se sustenta en la lógica de la globalización, en función de la ventaja competitiva que brinda colocar en el mercado productos acreditados, por la responsabilidad social de la empresa, en cuanto a sistemas de trabajo y condiciones laborales. Para alcanzar este objetivo, se proponen tres paquetes de estrategias: mecanismos de certificación, como la SA 8000,1 la normalización del mercado laboral y la implementación de programas específicos de acción e intervención social. Esta es una contribución novedosa y avanzada que intenta mejorar la situación de condiciones de vida y empleo.

Llama la atención un señalamiento, incluido en gran parte de los ensayos, relativo a la comparación de las condiciones de vida de los jornaleros, así como al entorno laboral, legal y de políticas públicas entre la época pos–revolucionaria del siglo XX y los albores del XXI. Una primera lectura parece sugerir que el tiempo pasado fue mejor para ellos, y que en la etapa actual de una "agricultura neoliberal y globalizada", las condiciones han empeorado en todos los sentidos. Por ejemplo, Sariego dice en la p. 13:

En contraste con el legado posrevolucionario del siglo XX que proyectó una imagen de un México agrario profundamente corporativizado y dependiente de la acción del Estado, este otro mundo agrario de los albores del siglo XXI mexicano ofrece una visión descarnada de los graves problemas sociales que derivan de una agricultura neoliberal y globalizada regida por la ley implacable del mercado.

La ausencia de mecanismos de regulación laboral, las bajas tasas de sindicalización, la carencia de contratos laborales y salarios profesionales, las deficiencias de la seguridad social y en fin, los graves déficits de bienestar colectivo en materia de vivienda, salud, educación, higiene y seguridad en el trabajo indican sobradamente hasta qué grado han quedado relegados los viejos preceptos de la legislación laboral mexicana. Por el contrario, lo que priva es una notable carencia de políticas públicas, estrategias empresariales y movilizaciones sindicales que den respuesta a los graves problemas sociales que conlleva este modelo de desarrollo agrícola.

Sin embargo, al reconocer la mayor incertidumbre e inestabilidad del mercado laboral del modelo económico actual, así como la prevalencia de carencias enormes en las condiciones de seguridad social de los jornaleros, puede argumentarse que el antiguo modelo no era menos indigno y marginante. Por ejemplo, en su análisis Maren Von der Borch (pp. 47–56) reseña las estrategias utilizadas por los agroempresarios norteños durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta, para retener a los campesinos mientras los necesitaban; que comprendían desde presiones al gobierno para dotarlos de tierras colonizables, solares urbanos o créditos baratos a los ya arraigados en la región, hasta el uso de la fuerza para evitar el cruce ilegal de braceros hacia Estados Unidos. Los empresarios sonorenses se sumaron a las gestiones para impedir que salieran trabajadores de la región, documentados o no.

Desde mediados de la década de 1950, los agricultores sonorenses elaboraron una propuesta mediante la cual la junta del Patronato de Fomento y Defensa Agrícola del Estado (que agrupaba al sector público y privado) acordó que cada jornalero que aspiraba a emigrar legalmente tenía que comprobar que habían trabajado por lo menos 30 días en alguno de los campos del estado (Ibid., 55). En forma simultánea, los agroempresarios pusieron en operación una serie de controles de pizcadores, a través de los cuales distribuían a los aspirantes a braceros en las regiones agrícolas principales del estado. Mientras cubrían la cuota, los candidatos tenían que aceptar los salarios y condiciones impuestas. De acuerdo con la autora (p. 56), el saldo de los nueve años de vigencia del decreto fue:

Para los aspirantes a braceros, la medida implicaba renunciar temporalmente a su libertad de movimiento y las garantías laborales, pero con la perspectiva de una contratación legal en Estados Unidos. Para los agricultores sonorenses significaba la posibilidad de resolver el problema de la escasez temporal de trabajadores; de eludir todo tipo de prestaciones y garantías laborales; de abaratar el costo de la mano de obra local; de impedir que se formen núcleos de población de los que pudieran surgir solicitantes de tierra y finalmente, de obligar a los rancheros norteamericanos a contratar legalmente.

Esta narración muestra con claridad que por medio de estrategias ilegales y coercitivas, durante este periodo del México posrevolucionario, la fuerza de trabajo de los jornaleros agrícolas sirvió de fuente y materia prima de un proceso de acumulación de capital en el campo sonorense —y el noroeste del país—, que no puede ser calificado sino de "salvaje".

 

Back to the Future: la "mano invisible" de Adam Smith

La sustancia de esta obra, abordada a través de los procesos vividos por los jornaleros agrícolas del noroeste de México, se enmarca en lo que algunos analistas consideran el tema más relevante del siglo XXI: el poder de las empresas para definir el futuro del planeta (Collier y Fuller 2005, 111). Existe consenso en que la globalización económica ha modificado el balance de poder entre los Estados y las corporaciones (Clark y Tickell 2005, 1901). En medio de estas fuerzas, la sociedad civil busca incluir en la agenda los temas de responsabilidad social y sustentabilidad ambiental. En la misma línea de argumentos, se ha postulado que las presiones crecientes sobre las condiciones humana y natural han dado lugar a la emergencia de la era de la responsabilidad, en la cual la responsabilidad corporativa se establecería como la base para la acción en el mundo de los negocios (Wilenius 2005).

Es paradójico que este tema tan actual, analizado en el libro, remita a los escritos que Adam Smith (1977), considerado el padre de la economía política, publicó en 1776 en Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones. Uno de los argumentos centrales de dicha obra es que la fuente fundamental de la riqueza procede del trabajo, y no del simple comercio o los recursos naturales. Asimismo, Smith argumentaba que la mejor forma de emplear el capital en la producción y distribución de la riqueza era en la que la intervención gubernamental fuera mínima o nula (estado de laissez–faire y de libre cambio). Para defender este concepto de un gobierno no intervencionista, él estableció el principio de la mano invisible: cuando los individuos buscan sus propios intereses, todos son conducidos por una mano invisible, que permite alcanzar el mejor objetivo social posible.

Sin embargo, los beneficios de la mano invisible sólo se obtendrían en una sociedad bien gobernada. Si bien Smith previo el peligro del capitalismo desenfrenado, nunca anticipó la forma y velocidad con que evolucionaron dichas amenazas y las imperfecciones del mercado (influencia económica y política de las grandes corporaciones; consumismo e innovación tecnológica, etcétera). Hasta ahora, la "mano invisible" del mercado ha hecho "invisible" el trabajo de los jornaleros agrícolas, actores innegables de la generación de riqueza en el campo.

 

Certificación social: más allá de la responsabilidad social corporativa

En la obra, en particular en el trabajo de Sariego y Castañeda (pp. 119–144), se lanzan varias preguntas sobre las posibilidades de una política orientada a resolver los graves problemas de pobreza y bienestar social que enfrentan los jornaleros agrícolas; así como el papel que deberían asumir las agencias gubernamentales y los grupos empresariales con una actitud de corresponsabilidad. Sin desarrollarlo cabalmente, estos autores proponen la construcción de un modelo de certificación social basado, entre otros elementos, en procesos de RSC. El certificado es una medida para asegurar las prácticas justas, tanto para consumidores y agentes compradores, como para otras empresas.

En años recientes, el modelo de RSC se ha concebido como una alternativa para estos problemas, pues rebasa la visión filantrópica tradicional, intenta diseñar estrategias competitivas para crear valor nuevo para la empresa y sociedad. Si bien dicho modelo ha tomado auge en un número creciente de países, existe también una visión pesimista sobre sus alcances. Uno de los argumentos centrales de esta última postura es que se tiene una visión falsa del funcionamiento del mundo, su economía y sociedad (Henderson 2004). Entre las críticas principales hacia el modelo de RSC están: a) el negocio de los negocios es el negocio (la ganancia); b) el voluntarismo corporativo no es suficiente; c) el modelo excluye a 90 por ciento de las empresas y d) la RSC promueve una agenda casi exclusivamente del "norte", y excluye al área en desarrollo (Nelson 2007, 60–64).

Al reconocer la complejidad, las dificultades y limitaciones de una implementación cabal de un modelo de certificación social, la visión plasmada en la obra sobre las posibilidades de la lógica de la globalización es altamente sugerente. Es decir, la certificación productiva —que provee mayor competitividad y acceso a mercados—, tendrá más probabilidades de éxito si va acompañada de un proceso de certificación social. En ese sentido, es paradójico que la globalización y las necesidades del mercado demanden esta última, pues sería el resultado de los requerimientos de la certificación productiva impulsada directamente por el mercado, más la responsabilidad empresarial y las regulaciones del Estado (Wong–González 2003). Por ejemplo, la experiencia de Sonora, reportada en el libro sobre los perfiles de jornaleros, indica que en los campos agrícolas donde se producen cultivos de exportación que requieren controles sanitarios internacionales estrictos en materia de inocuidad alimentaria, los salarios, las condiciones laborales y de vida son mejores que en los demás, ya que los procesos están más tecnificados y requieren mayor calificación, lo que obliga a estabilizar el mercado de trabajo, dicen Sariego y Castañeda (p. 125).

En función del peso de las decisiones del mercado y el poder de la empresa, algunos analistas sugieren trascender la simple RSC y transformar el mecanismo de operación del mercado. Para ello se propone lo siguiente: a) reformas institucionales; b) cambios en el comportamiento personal voluntarista de los consumidores, administradores y líderes; c) una redefinición del objetivo de los negocios para servir a las necesidades de la sociedad y d) una innovación social significativa (Doane 2005, 215–229). En definitiva, la aplicación de esquemas aislados de RSC no es suficiente para resolver el problema social de fondo. La propuesta esbozada en esta obra reconoce dicha limitación.

Si bien los jornaleros agrícolas del noroeste de México han sido productores invisibles de riqueza de acuerdo a los criterios del mercado, su fuerza de trabajo se ha constituido en la mano francamente visible del proceso de acumulación en el campo. ¿Qué tanto ha contribuido el Estado, la empresa y el sector social para mejorar las condiciones de trabajo y bienestar de los jornaleros? Esta obra lanza las bases para su discusión y, por lo tanto, se constituye en lectura obligada para incursionar en las tendencias de las interrelaciones complejas entre el mercado, la competitividad, la regulación laboral, la RSC y las perspectivas de la certificación social.

 

Bibliografía

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Wilenius, Markku. 2005. Towards the Age of Corporate Social Responsibility? Emerging Challenges for the Business World. Futures 37 (2–3): 133–150.        [ Links ]

 

Nota

1 De igual forma que ISO 9000 en el ámbito productivo, la SA 8000 es una norma para la gestión de los derechos humanos en el puesto de trabajo. SA 8000 significa Social Accountability 8000 (Responsabilidad Social 8000).

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