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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.19 no.39 México may./ago. 2007

 

Reseñas

 

Esperanza Donjuan Espinoza (2006), Conflictos electorales durante el porfiriato en Sonora. Una revisión de los recursos de impugnación de resultados electorales municipales, 1900–1910

 

Hermosillo, El Colegio de Sonora, 280 pp.

 

Franco Savarino Roggero*

 

* Profesor–investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. Correo electrónico: francosavarino@gmail.com

 

Este libro constituye una aportación significativa para comprender la historia política mexicana, a partir del estudio de un caso regional.

La autora sigue una pista prometedora, abierta hace años por Francois X. Guerra, Antonio Annino, Marcello Carmagnani y otros investigadores, para estudiar los mecanismos de la política mexicana y destacar la vigencia e importancia del juego entre actores políticos y la centralidad de las elecciones. Con esta perspectiva se supera el viejo prejuicio de ver en el porfiriato sólo una dictadura, que se imponía mediante sistemas autoritarios y coercitivos.

Con la multiplicación de este tipo de estudios, en cambio, vemos dibujarse un panorama articulado y "denso", hecho de actores, negociaciones, consensos, protestas y rituales, sobre todo en el ámbito local y regional. El porfiriato se muestra cada vez más como un periodo formativo y experimental de la historia política mexicana, en donde cobran vida las diferentes manifestaciones de unas prácticas de poder y una cultura política sui géneris.

Los elementos esenciales de la política mexicana, que bien señala la autora, son: la interacción entre actores, casi todos colectivos y corporativos (pueblos, familias, grupos de intereses económicos, asociaciones, etcétera), el respeto por unas "reglas del juego" formales moldeadas sobre el esquema ideológico liberal–democrático y, al mismo tiempo, la actuación de prácticas informales de distinta índole, con reminiscencias de "antiguo régimen".

Guerra fue el primero en señalar esta paradoja: la distancia entre prácticas informales y reglas formales, que interpretaba como el reflejo de la convivencia precaria entre los elementos del "antiguo régimen" y los modernos. Aquí valdría la pena señalar que este esquema es demasiado simplista y eurocéntrico, no toma en cuenta los desenvolvimientos autóctonos de la política moderna en México, que se diferencian de los esquemas europeos no por una reproducción incompleta o fallida del modelo "central", sino porque evolucionan de manera diferente hacia una versión distinta de modernidad, que es plenamente funcional y legítima. En efecto, la política mexicana tiene, durante el porfiriato, un estado saludable, es estable y goza de un consenso amplio. Si dicha estabilidad y consenso se erosionaron en la primera década del siglo XX se debió a las transformaciones profundas de la sociedad, bien descritas por la autora en el estado de Sonora: comunicaciones (carreteras, ferrocarriles), educación (escuela, prensa y otros aspectos), movilidad demográfica con llegada de "foráneos" y evolución económica (se incrementa la economía de mercado).

 

Semejanzas y diferencias entre Sonora y Yucatán

Existen similitudes entre los estudios sobre Sonora y Yucatán1 realizados, con un enfoque similar, hace una década.

1. Semejanzas:

Sonora y Yucatán son estados fronterizos relativamente "aislados" del centro y, a la vez, en contacto con entidades extranjeras (Estados Unidos y Cuba). En ambas regiones existe una oligarquía que deriva su poder de las actividades económicas, principalmente la agricultura comercial y la minería, y que ejerce (y legitimiza) su poder mediante el control de las diversas instancias administrativas y políticas locales. Es una oligarquía fragmentada y frecuentemente en lucha por distintos intereses, sin embargo capaz de mediar con el centro —que actúa como árbitro— y mantener una paz social y desarrollo económico aceptables.

La economía minera del norte puede ser equivalente a la agrícola comercial en el sur; en ambos casos hay grandes unidades de explotación –minas y haciendas–, donde trabaja una masa de asalariados insertados en una red de relaciones de patronato. En las dos entidades se nota, al final del porfiriato, un estado de agitación e inconformidad que abona el terreno para las movilizaciones revolucionarias. Existe además una influencia de tradiciones anticlericales, "jacobinas" y masónicas, que determinará algunos rasgos peculiares de la revolución.

2. Diferencias:

La economía es diferente en algunos aspectos: en Yucatán está fundamentada en el monocultivo del sisal (henequén), y en Sonora en la minería. Al margen de esta agricultura comercial, los campesinos en Yucatán buscan esencialmente la subsistencia, mediante el antiguo sistema de las milpas maiceras, que dependen del régimen de las lluvias. En Sonora la agricultura es más próspera y abierta al mercado, y depende del riego, lo que la vuelve más vulnerable al control desde arriba.

La configuración étnica y social es muy diferente: en Yucatán el "indio" maya, que es amestizado, constituye una parte importante de la población regional; sólo existen grupos indígenas marginales en la franja oriental. La frontera entre indio y no–indio es incierta y borrosa, más bien se habla de gente civilizada y "bárbaros". En Sonora, el "indio" es básicamente ajeno a la sociedad regional, que se considera a sí misma criolla o mestiza. La frontera étnica aquí es tajante, así como la estructura comunitaria y municipal es también distinta; en Yucatán domina la comunidad indígena o de ese origen, más la hacienda, en Sonora los mestizos o criollos, los minerales y ranchos. Así los municipios son más numerosos en Yucatán, y se mueven en un ambiente más articulado que involucra tradiciones y prácticas ancestrales prehispánicas y coloniales, con un fuerte matiz étnico e interétnico.

En la visión comparativa entre los dos estados, se nota la gran variedad de casos y situaciones prevalecientes en el México porfirista. Un mosaico tan variado y complejo que aumenta el asombro, ante la capacidad del régimen de mantener en equilibrio al país con una estructura estatal débil y rudimentaria.

 

El ámbito local de la política

En la política mexicana de esa época, es justamente en el nivel "bajo" y "micro" que se detecta la debilidad estructural del Estado porfirista, que obliga a la clase dirigente a fundamentar el ejercicio del poder en una relación "pactista" compleja y de arbitraje entre actores. Esta relación se ha venido conformando gracias a la convergencia de elementos de "antiguo régimen" con los nuevos de tipo liberal. El modelo resultante es totalmente peculiar, supone, entre otras cosas, esa "doble moral" señalada por la autora (la protesta por las irregularidades del adversario, al mismo tiempo que se cometen muchas en el propio bando, sin mayores problemas). Pero el rasgo más característico es el respeto escrupuloso del ritual y las prácticas formales de la democracia liberal, aunque todo el mundo sabe y acepta que lo formal y lo "oficial" son cosas impracticables, que se necesitan habilidades específicas de tipo informal para que funcione la maquinaria política.

Es aquí donde cobra relevancia el proceso electoral, pues es el único espacio reconocido para barajar y "ajustar" los equilibrios de poder, al dar legitimidad a las autoridades electas. Por mucho tiempo, dentro del marco de la "leyenda negra" del porfiriato, se creyó que las elecciones eran una mera fachada teatral que apenas enmascaraba la dictadura oligárquica. En cambio, los estudios restituyen hoy una imagen mucho más compleja, que coloca al proceso electoral en el centro de la política porfiriana: debido a unas elecciones mal organizadas, que sembraron el descontento general —las de 1909–1910— cayó el régimen de Porfirio Díaz. Entonces, hay que enfatizar menos los rasgos oligárquicos, demagógicos, teatrales y fraudulentos de las elecciones, y concentrarse en otros aspectos más relevantes, que la autora señala con acierto:

1. El respeto escrupuloso de las formalidades del voto.

2. El uso de un lenguaje político netamente liberal.

3. La vivacidad de la participación popular al voto.

4. El significado de "espacio reconocido" del voto para la pugna entre intereses distintos.

5. La definición durante el voto de los actores principales del juego político.

6. Las intensas negociaciones que anteceden, se manifiestan y siguen el proceso electoral.

7. El significado del voto como "termómetro" de las tensiones locales.

8. El efecto "pedagógico" del voto para promover una cultura política liberal–democrática.

La autora descubre, analiza e interpreta cada uno de estos rasgos, en algunos casos con descripciones notables. En particular hay un aspecto del voto que considero relevante, la pedagogía democrática, en Yucatán. A través de la práctica electoral, a lo largo de los años, se extiende y madura una conciencia ciudadana al compás de las transformaciones generales de la sociedad. Es irrelevante que el voto sea parcial, filtrado y adulterado, lo importante aquí es involucrarse, participar, estar presentes. Con el tiempo, la misma lógica liberal–democrática impone la extensión y el perfeccionamiento de la práctica electoral, forzando al régimen a adaptarse a una participación cuantitativa y cualitativa cada vez mayor. Si en los inicios del porfiriato se aceptaba ampliamente una gestión elitista, técnica, dirigista y excluyente del voto, al final de la dictadura esto ya se cuestionaba. La revolución se encargaría de efectuar abruptamente el ajuste necesario.

Las transformaciones detectadas a lo largo del porifiriato se describen acertadamente, siguiendo la fértil senda interpretativa abierta por Guerra. Observamos entonces como factores críticos la economía capitalista, la movilidad demográfica, la educación, la opinión pública, la ciudadanía, el individualismo, las influencias "externas" y la mentalidad "progresista" y empresarial.

Asimismo, se da una merecida importancia central a la definición de los actores del juego político; los notables locales, en particular, en diferentes estratos y condiciones sociales. Lo que ofrece la autora es una buena descripción de estos actores, que permite al lector hacerse una idea más clara y concreta del significado del proceso electoral.

En el libro encontramos una descripción sólida de todas las fases de este proceso, pero lo que aquí vale la pena destacar, por su novedad e importancia, es la acuciosa reconstrucción de la fase poselectoral, donde aparecen las impugnaciones. La vivacidad de esta etapa confirma una vez más nuestra impresión de que el sistema político porfirista no puede ser juzgado como una dictadura autoritaria antiliberal, sino que tiene que colocarse en una tradición liberal que combina prácticas diferentes de gestión de la res publica aptas para el medio histórico mexicano, y encaminadas, al fin y al cabo, a la realización del ideal ciudadano y democrático. El porfiriato no fue un paréntesis en la evolución política de México, fue una etapa fundamental en el camino hacia el México democrático que conocemos hoy.

 

Nota

1 Savarino Roggero, Franco. 1997. Pueblos y nacionalismo, del régimen oligárquico a la sociedad de masas en Yucatán, 1894–1925. México: INEHRM.        [ Links ]