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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.14 no.25 Hermosillo sep./dic. 2002

 

Notas críticas

 

Elecciones federales y concurrentes del año 2000 en el norte mexicano

 

Víctor Alejandro Espinoza Valle* Ana Claudia Coutigno Ramírez**

 

* Doctor en Ciencia Política. Secretario general académico de El Colegio de la Frontera Norte. Se le puede enviar correspondencia a Blvd. Abelardo L. Rodríguez 2925, Zona del Río, Tijuana, B. C., México C. P. 22320. Correo electrónico: victorae@colef.mx

** Maestra en Demografía. Técnica académica de la Secretaría General Académica de El Colegio de la Frontera Norte. Se le puede enviar correspondencia a Blvd. Abelardo L. Rodríguez 2925, Zona del Río, Tijuana, B. C., México C. P. 22320. Correo electrónico: sgac@colef.mx

 

Introducción

Sin lugar a dudas, las elecciones del 2 de julio de 2000 resumen el largo periplo democrático que iniciara nuestro país desde finales de la década de los sesenta. Son el anuncio de una nueva época sustitutiva del viejo sistema político centralizado y corporativo donde no existía la competencia electoral y en el que el mismo gobierno llevaba a cabo las elecciones y las calificaba. La rebelión electoral surgió en el norte mexicano en los años ochenta, con los triunfos del Partido Acción Nacional en algunas alcaldías y posteriormente en dos gubernaturas. La primera de ellas reconocida fue la de Baja California en 1989, pero antes ya se había consumado el "fraude patriótico" de Chihuahua en 1986 con la candidatura de Francisco Barrio. Poco a poco se fueron extendiendo los triunfos de la oposición, sobre todo en los años noventa, hasta llegar a la elección presidencial del año 2000 con once entidades (diez más el Distrito Federal) gobernadas por un partido distinto al PRI y más de 500 municipios, 564, gobernados por el PAN o el PRD. El norte mexicano es rico en experiencias de alternancia política; ha sido particularmente a partir de la década de los ochenta un excelente observatorio de las tendencias democratizadoras del sistema político.

En este trabajo se desarrolla un análisis de los resultados electorales en los seis estados del norte de México (Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas), tratando de encontrar sus patrones de comportamiento en términos de particularidades y diferencias. En un primer apartado se estudia la elección presidencial en la que resulta triunfador indiscutible el candidato de la Alianza por el Cambio,Vicente Fox. Un segundo apartado lo constituye el examen de los datos sobre el aporte norteño a la nueva conformación del Congreso de la Unión. En tercer lugar, se analiza el llamado voto diferenciado que tiene lugar en Sonora, Coahuila y Tamaulipas. En un cuarto y último apartado se estudian los dos casos de elecciones concurrentes: Nuevo León y Sonora, en donde destacan los rasgos particulares de esta última entidad que parece anunciar las complejidades de la nueva realidad mexicana.

 

La elección presidencial

No se trató de la elección presidencial que registre la tasa más alta de participación ciudadana, pero sí la más disruptiva al vencer un candidato de oposición. En 1994 la participación fue cercana al 80 por ciento, mientras que en el 2000 apenas llegó a un 60 por ciento. Ciertamente influyó de manera decisiva en este último dato el que el padrón electoral no pudo ser actualizado por falta de tiempo, pero sobre todo de recursos; así, aproximadamente un 10 por ciento de abstención pudiera atribuirse a esta causa. En cuanto a los resultados electorales en la disputa presidencial en los seis estados del norte mexicano, podemos observar lo siguiente: como se presenta en el cuadro 1, en las seis entidades norteñas triunfó el candidato de la Alianza por el Cambio,Vicente Fox.

En los seis estados, el candidato del PRI, Francisco Labastida, se situó en la segunda posición y, muy por debajo, Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato de la Alianza por México. En cuarto lugar, aunque sin alcanzar una cuota del 2 por ciento (que era el requisito necesario para mantener el registro), se situó Gilberto Rincón Gallardo, del Partido Democracia Social.

Resulta interesante observar el comportamiento electoral en aquellas entidades donde el gobierno estatal es de origen panista: Baja California desde 1989 y Nuevo León a partir de 1997. Sus resultados muestran una participación electoral diferenciada. En la primera de las entidades, Vicente Fox obtuvo una diferencia a favor —con respecto a Francisco Labastida— de un 12.72 por ciento; mientras que en Nuevo León la diferencia se redujo a un 9.42 por ciento. De las entidades gobernadas por el PRI en el ámbito estatal, destaca Sonora, pues fue el estado que reportó la más alta votación por Vicente Fox con un 50.79 por ciento, pero también por Cuauhtémoc Cárdenas, quien recibió el 13 por ciento de los sufragios. Fue la única entidad donde la Alianza por México rompió la barrera de los 10 puntos porcentuales. Así, la tierra de Luis Donaldo Colosio fue la que más castigó al candidato del PRI: fue donde menos votación tuvo y la de mayor diferencia a favor de Fox con el 17.17 por ciento. En las otras tres entidades —Coahuila,Chihuahua y Tamaulipas— la votación por Fox es alta, pero desciende un poco en el caso de Tamaulipas, al llegar a una diferencia del 6.89 por ciento entre aquél y Francisco Labastida,la menor en los seis estados norteños. Se podría concluir que esta última entidad del noreste es la que mayores preferencias priístas demuestra, a pesar de que en Chihuahua el PRI obtuvo el 40.86 por ciento de los votos, pero la diferencia entre los dos candidatos punteros es menor en aquélla.

En resumen, en la elección presidencial la Alianza por el Cambio se mantuvo en un rango del 47 al 50 por ciento en los seis estados norteños, el PRI entre el 33 y el 40 por ciento y la Alianza por México entre el 6 y el 13 por ciento.

 

La elección del Congreso

Con respecto a la elección del Congreso de la Unión, los resultados no son tan homogéneos y encontramos un voto diferenciado. Efectivamente, en dos entidades los candidatos del PRI en su conjunto obtuvieron el triunfo sobre los candidatos de la Alianza por el Cambio: se trata de Coahuila y Tamaulipas, donde la población votó por Vicente Fox y por los candidatos del PRI a la Cámara de Diputados (cuadro 2). En las entidades gobernadas por el PAN, nuevamente Baja California se muestra consistente con los resultados de la elección presidencial al obtener una diferencia alta a favor de Fox: 11.28 por ciento.

En Nuevo León la diferencia es menor, pues sólo fue del 7.10 por ciento. En cuanto a la Alianza por México, se puede observar que en los seis casos su votación fue más alta que en la elección presidencial. Es en Sonora donde la votación es la más elevada por esta agrupación, con un 15.92 por ciento. En esta última entidad y en Baja California fue donde el PRI obtuvo la más baja votación con un 37.75 por ciento y 37.42 por ciento, respectivamente.

Los rangos entre los que se colocaron las diferentes opciones varían de manera importante respecto a la elección presidencial. La Alianza por el Cambio disminuye a un rango de 40 a 48 por ciento, el PRI aumenta entre 37 y 45 por ciento y la Alianza por México también lo hace al situarse entre el 6 y el 15 por ciento.

Respecto a la elección de la Cámara de Senadores, donde estuvieron en disputa 18 escaños en los seis estados del norte, podemos observar los resultados en el cuadro 3. De nuevo destaca Tamaulipas como la entidad "más priísta", al obtener este partido más votos que los candidatos de la Alianza por el Cambio (43.09 por ciento y 41.24 por ciento, respectivamente). En Coahuila, que era el otro estado donde el PRI había ganado en la elección de la Cámara de Diputados, vuelve a recuperarse la Alianza por el Cambio.

En las entidades gobernadas por Acción Nacional, los resultados son muy consistentes con la elección de la Cámara Baja. Con respecto a los rangos en los que se situaron las agrupaciones, tenemos que la Alianza por el Cambio se movió entre el 41 y el 49 por ciento, semejante a la elección de Diputados; el PRI estuvo entre el 37 y el 43 por ciento, mostrando un ligero descenso entre los dos tipos de elección, y la Alianza por México anduvo entre el 6 y el 14 por ciento, también muy consistente con los datos de la anterior elección.

Para tener una idea general del comportamiento de las tres principales agrupaciones políticas, hemos elaborado tres gráficas. En ellas se muestran los resultados en las elecciones referidas y dan una idea sintética del tipo de participación política de la ciudadanía del norte de México. En la gráfica 1, observamos cómo los votos por la Alianza por el Cambio fueron muy homogéneos en la elección presidencial, sobresaliendo el caso de Sonora, donde Vicente Fox llegó a más del 50 por ciento.

Un segundo dato importante es que la Alianza por el Cambio obtuvo mejores resultados en la elección para senadores, con excepción del caso de Nuevo León. Es decir, los ciudadanos prefirieron al candidato Vicente Fox, enseguida a los candidatos a senadores y por último a los candidatos para diputados. El estado más pro Alianza es sin duda Baja California, donde son altos los porcentajes en las tres elecciones, seguido por Chihuahua y Nuevo León. El menos pro Alianza sin duda es Tamaulipas, donde si bien ganó Fox, en las elecciones para diputados y senadores perdió esta agrupación.

En la gráfica 2 se representan los resultados del PRI. En tres entidades: Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas, Francisco Labastida obtuvo sus más altos porcentajes de votación. Los más bajos se localizan en Coahuila, Baja California y, sobre todo, Sonora. En Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas el PRI obtuvo mejores resultados en la elección para diputados; aunque sería en la última entidad donde también ganó la elección para senadores.Tamaulipas se revela como el estado "más priísta" del norte de México.

Por último, en la gráfica 3 presentamos los resultados obtenidos por la Alianza por México. Será el estado de Sonora donde mayores preferencias ciudadanas obtenga en los tres tipos de elección. Los resultados más homogéneos, aunque muy bajos, los tuvo en Baja California y Coahuila. En los comicios presidenciales será esta última entidad la que se sitúe en segundo lugar; posteriormente aparecen Baja California, Tamaulipas, Chihuahua y, en último lugar, Nuevo León.

En lo que respecta a los candidatos a diputados, el orden en que se sitúan las entidades son: Sonora, Coahuila, Baja California, Tamaulipas, Chihuahua y Nuevo León. Por su parte, los candidatos al Senado se situaron de la siguiente forma: en Sonora y Tamaulipas los candidatos obtuvieron los resultados más decorosos, seguidos por Coahuila, Nuevo León, Baja California y Chihuahua. Sin embargo, la gráfica muestra claramente cómo la Alianza por México fue la gran perdedora en las elecciones federales de 2000.

 

El voto diferenciado

Como ha venido planteándose en este trabajo, los ciudadanos votaron de manera diferenciada en las pasadas elecciones federales. Pero se trata a la vez de un voto útil por el candidato de la Alianza por el Cambio,Vicente Fox.* Respecto a este tipo de voto, presentamos en el cuadro 4 los resultados de la substracción de los votos obtenidos por la Alianza por el Cambio y el PRI.

Los números positivos muestran la diferencia a favor de la Alianza, y los negativos a favor del PRI. Así, hubo tres estados en donde no se presenta un voto diferenciado: Baja California —que es la entidad con una votación sumamente homogénea—, Chihuahua y Nuevo León. En los otros tres parece evidente que sí existió la diferencia.En primer lugar, Sonora, que aunque no existen resultados negativos para la Alianza por el Cambio en las elecciones para diputados, presidente de la República y senadores, la diferencia tan grande en la votación para presidente, a favor de Vicente Fox —de casi 12 por ciento respecto a los otros dos comicios— nos permite hablar del voto diferenciado. Fue además la más alta diferencia en los seis estados del norte: 17.17 por ciento contra 5.49 y 5.07 por ciento en las elecciones de diputados y senadores, respectivamente. En el caso de Coahuila triunfa Vicente Fox y los candidatos a senadores (estos últimos con una diferencia de un 3.95 por ciento), pero el PRI triunfa en las elecciones para diputados con el 0.13 por ciento a su favor, cifra muy menor pero favorable al Revolucionario Institucional. Por último,Tamaulipas es el caso más evidente del voto diferenciado. En la entidad triunfa Vicente Fox ,pero tanto en la elección para diputados como para senadores los ciudadanos votan por los candidatos del PRI.

Hay sin duda un voto útil de los tamaulipecos por la Alianza por el Cambio. Querían un cambio en la presidencia de la República pero que no proviniera del partido que es mayoría en su estado: tanto en el Congreso local como en la gubernatura y las alcaldías. Quisieron hacer ganar a los candidatos priístas al Congreso de la Unión pero no que triunfara Francisco Labastida.

 

Elecciones concurrentes

El 2 de julio también tuvieron lugar elecciones locales en nueve entidades del país. Dos de ellas fueron del norte de México: Nuevo León y Sonora; en ambos casos se trató de comicios intermedios donde se eligieron alcaldes y congresos locales, que arrojaron resultados interesantes y contrastantes con lo hasta aquí presentado.

Nuevo León

Los resultados en la elección para alcaldes se muestran en el cuadro 5. De las 51 alcaldías en disputa, el Partido Acción Nacional triunfó en 15, el Partido Revolucionario Institucional conquistó 35 y una fue para el Partido de la Revolución Democrática. A simple vista, el puro dato de municipios nos diría que el PRI triunfó ampliamente en Nuevo León.

Sin embargo, tenemos que observar la importancia —por número de habitantes— de cada localidad. Por ejemplo, en los 15 municipios donde triunfó el PAN habita el 71.67 por ciento del total de la población estatal. Solamente en la capital de la entidad, Monterrey, donde el PAN refrendó su triunfo de 1997, habitan más de 1 millón de personas, es decir, el 28.98 por ciento de la población total de la entidad. En los 35 municipios donde triunfó el PRI, vive el 27.57 por ciento del total estatal. Respecto a la elección de 1997 tenemos que en términos de población gobernada total no hubo un cambio significativo. El PRI recuperó 2.7 por ciento, semejante porcentaje en que el PAN descendió en su votación total —2.6 por ciento—. Fue una elección básicamente bipartidista, pues el Partido del Trabajo perdió el municipio de Mina —donde vive el 0.1 por ciento de la población—, que lo ganó el PRI, y el Partido de la Revolución Democrática mantuvo la alcaldía de García, donde habita el 0.76 por ciento del total estatal.

En resumen, el PAN mantuvo 15 municipios, de los que refrendó nueve. Perdió seis con respecto a la elección de 1997, pero sumó seis que estaban en manos del PRI. Por su parte, este último aumentó una alcaldía —35— pero fue producto de ceder seis al PAN y obtener otro tanto: seis del PAN y una del PT. Cabe señalar que el PRI ganó en la ciudad de Linares y Montemorelos, poblaciones de 69 y 52 mil habitantes, respectivamente, es decir, se trata de los municipios más grandes que el Revolucionario Institucional recuperó.

Respecto a la integración del Congreso local en el año 2000, puede apreciarse en el cuadro 6 que entre el PAN y el PRI, de nueva cuenta, como en 1997, se repartieron a los 26 diputados de mayoría. El Congreso de Nuevo León se compone de 42 diputados; 26 de mayoría y 16 de representación proporcional. Para la elección del año 2000, el PAN pierde —respecto a 1997— dos diputados al obtener el triunfo en 16 distritos electorales, mientras que el PRI los adiciona al pasar de 8 a 10 distritos donde obtuvo triunfos. El PAN por la vía de la representación proporcional obtuvo la mayoría absoluta, tal como se encontraba antes de la elección, cuando sumaba 18 diputados de mayoría relativa y seis de representación proporcional. Un dato interesante lo constituye el hecho de que el PT obtuvo más del doble de la votación que el PRD, con lo cual hizo posible que le asignaran dos diputados de representación proporcional como los que obtuvo en 1997. Por su parte, la Alianza por Nuevo León obtuvo una curul de representación proporcional.

Sonora

Como lo muestra el cuadro 7, el estado cuenta con 72 municipios, 15 de los cuales son gobernados por el PAN, 46 por el PRI, nueve por el PRD y dos más tanto por el PT como por una alianza que incluye al PRD-PT y PAS. A simple vista también parecería que el PRI triunfó ampliamente sobre los otros partidos, pero el dato relacionado con la población gobernada permite matizar este supuesto. Con 46 triunfos municipales, el PRI gobierna sobre el 38.01 por ciento de la población total de la entidad; mientras que el PAN con 15 alcaldías lo hace sobre el 47.93 por ciento de los sonorenses.A su vez, al PRD corresponde gobernar nueve municipios donde habitan el 13.38 por ciento del total de la entidad. Sin embargo, a diferencia de Nuevo León, el PRI sí registró una considerable recuperación en las elecciones locales respecto a 1997, mientras que el PAN lo hizo en menor proporción; estos triunfos proceden de las derrotas sufridas por el PRD, el cual pasó de gobernar el 38.90 por ciento de la población al 13.38 por ciento. Una estrepitosa caída del 25.52 por ciento de población municipal gobernada. La gran diferencia entre el PAN y el PRI es sin duda el gobierno panista de la capital del estado, Hermosillo, que concentra al 27.51 por ciento de la población total y cuyo triunfo refrendó Acción Nacional.

Sin embargo, el PRI tuvo un salto enorme sobre la población gobernada; con sólo un municipio más que en 1997 tuvo un incremento del 21.71 por ciento en aquel indicador.

En resumen, en Sonora hubo un total de 22 municipios que cambiaron de partido gobernante. Como vimos, el PAN adicionó 5.33 por ciento de población gobernada, aunque perdió siete elecciones municipales con respecto a 1997, ganó cinco —cuatro del PRI y una del PRD—, quedando un total de 15 municipios —anteriormente tenía 17— que representan un 42.6 por ciento de la población. Por su parte el PRI recuperó 11 municipios —cuatro del PRD y siete del PAN—, y aunque perdió 10, su población gobernada aumentó en un 21.19 por ciento, debido a que triunfó en municipios con mayor población. Por último, el PRD es el gran perdedor, pues pierde cinco municipios y aunque gana cinco que eran gobernados por el PRI, la población gobernada descendió 27.82 por ciento, quedando en un 13.38 por ciento.

Respecto a la elección para integrar el Congreso local, los resultados son muy consistentes con los de las elecciones para las alcaldías. El PRI mantuvo la mayoría relativa con la que contaba desde 1997. Como lo muestra el cuadro 8, tanto el PAN como el PRI ganaron distritos y el PRD los perdió. El Congreso de Sonora se compone de un total de 33 diputados: 21 de mayoría relativa y 12 de representación proporcional. Entre el PAN y el PRI se repartieron 19 curules de mayoría; el primero pasó de seis a ocho diputaciones, mientras que el PRI también creció en dos escaños, pasando de nueve a 11. El perdedor fue el PRD, que vio descender su número de diputados de seis a dos. La diferencia la capitalizaron los partidos mayoritarios.

Así, en el ámbito local, el PRI recuperó terreno en Sonora respecto a las elecciones de 1997; pero también lo hizo el PAN, tanto en las elecciones municipales como para el Congreso. Ambos basaron su crecimiento en el derrumbe del PRD.

 

A manera de conclusión

Las elecciones del 2 de julio del año 2000 han sido disruptivas. Marcaron el fin del régimen de partido único. Sin embargo, al analizar los resultados en los seis estados del norte de México vemos que más que transitar hacia un régimen tripartidista que se delineaba en las elecciones federales de 1997, ha vuelto a un esquema bipartidista donde los partidos mayoritarios —PRI y PAN— se afianzan y el PRD cede terreno. En efecto, el gran perdedor en las elecciones federales y en las dos concurrentes que aquí se analizan —Nuevo León y Sonora— fue el partido del sol azteca. Esta no es una buena noticia para la sociedad, pues lo ideal para la democracia es contar con un sistema de partidos fuerte y consolidado. Lo recorrido por el PRD en la década de los noventa en gran medida se pierde y no se vislumbra una organización alternativa de izquierda con registro. El PRD jugará el papel de fiel de la balanza tanto en el Congreso de la Unión como en los congresos locales.

En las seis entidades del norte triunfó el candidato presidencial Vicente Fox. Pese a la derrota, el PRI no fue apabullado como pudiera pensarse. Fue grande la pérdida, pero el PAN no ganó de manera unánime. No al menos en las elecciones para el Congreso local en dos estados y en uno más en elecciones concurrentes. Si nos atrevemos a esquematizar los resultados aquí presentados, podríamos señalar que Baja California resultó ser la entidad "más panista", con resultados homogéneos favorables al PAN en las tres elecciones —presidencial y al Congreso de la Unión—. En el otro extremo, el estado "más priísta" resulta ser Tamaulipas, ya que el PRI triunfó en las elecciones para diputados y senadores. En el medio se situaría Coahuila, donde el PRI y el PAN se repartieron triunfos. Para el primero fue la victoria en la elección para senadores y para el PAN en la de diputados.

Caso aparte lo constituye el estado de Sonora. En esta entidad se desarrollaron elecciones concurrentes. En ellas hubo comportamientos diferenciados y contrastantes. Por un lado, en las elecciones federales fue la entidad donde Vicente Fox obtuvo el más alto porcentaje de votación de los seis estados; y en la elección para diputados federales la Alianza por México alcanzó su más alta votación: 15.92 por ciento. Sin embargo, en el ámbito estatal el PRI tuvo una notoria recuperación respecto a las últimas elecciones celebradas: 1997. En el ámbito de las alcaldías alcanzó cerca de 500 mil votos de diferencia, lo que representa un 22 por ciento de aumento de población gobernada; con respecto al Congreso local, obtuvo 11 diputados de mayoría relativa, dos más de los que ganó en los comicios anteriores. El caso de Sonora abre interesantes interrogantes sobre el comportamiento electoral contemporáneo. Se trata de un voto diferenciado, útil y que le inflinge un duro revés al candidato presidencial priísta, pero que matiza la elección del Congreso de la Unión; a la par que se da un voto de confianza a los candidatos priístas locales. Tal vez sería mejor hablar de un voto condicionado porque no desciende drásticamente la votación por el PAN. El gran perdedor, como en el resto del país, es el PRD. Son los signos de los nuevos tiempos de la democratización mexicana.

 

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Notas

* El mismo equipo de Vicente Fox definió en los siguientes términos el voto útil: "El producto de la sinergia esperada del consenso social del cambio y ante la evidencia de la derrota, se suma en forma condicionada al candidato delantero que garantiza la alternancia, no obstante la diferenciación de ideologías" (2000, Reforma, 2 de junio, p. 3A).

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