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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.14 no.23 Hermosillo ene./abr. 2002

 

Notas críticas

 

Mundialización, regionalización y territorio: un enfoque histórico y revisión de algunos aportes teóricos

 

Francisco Iturraspe*

 

* Profesor de la Universidad Central de Venezuela. Comentarios a panchoiturraspe@hotmail.com

 

Cambios permanentes, ¿nuevas? reglas

Capacidad o incapacidad para aceptar, o hasta para identificar la ¿nueva? lógica mundial, entender bien las reglas de la mundialización,1 estas parecen ser las claves para las personas, las organizaciones y hasta los espacios territoriales. ¿Cuáles son las nuevas reglas? ¿Qué cambios se han producido en el escenario mundial que ponen en duda las creencias más profundas de miles de millones de personas?

Vienen a mi memoria dos historias orales auténticas. La primera del memorioso Jorge Luis Borges, quien contaba que siendo él un niño, su padre, que como se sabe tenía ideas anarquistas, lo llevó de visita a Montevideo a principios del siglo XX y recorriendo la ciudad le mostraba: "¿Ves eso? Es la bandera, y aquello, el palacio de gobierno, y allá tal, otra cosa; míralas bien y recuérdalas, porque cuando tú seas grande nada de eso va a existir".

La segunda, de un colega y amigo chileno-venezolano, Joselín de la Maza, siempre nostálgico de las épocas revueltas en las que le tocó ser funcionario de una empresa estatal chilena en pleno proceso de cambios políticos a finales de los sesenta y principios de los setenta. Era una empresa del norte del país y recién llegado de Santiago, a la hora de identificar al personal que tenía que trabajar con él, le preguntó a uno de los obreros de rasgos indígenas su nacionalidad: "¿Tú eres chileno?" El trabajador niega con la cabeza... "Ah, ¿entonces eres boliviano o argentino?" El hombre sigue negando y le muestra un "carnet" que lo identifica y le dice sonriente: "Yo soy corfo".2

Trataremos de poner este asunto en una perspectiva histórica, revisar algunos aportes teóricos sobre estos problemas y formularnos algunas preguntas en relación con el territorio y la globalización. Introducir la discusión sobre cuán nuevas son las nuevas reglas de las que nos hablan y cuánto hay en ellas de las lógicas permanentes que se han desarrollado desde hace, por lo menos, cinco siglos, desde los "descubrimientos". Finalizamos con una necesariamente incompleta bibliografía para abordar estos temas.

 

Aspectos diacrónicos: territorio y mundialización en los últimos 500 años

El actual proceso de mundialización forma parte de la notable aceleración de una tendencia histórica que proviene de los últimos quinientos años, a partir de los viajes de Colón a lo que después conoceríamos como América, y de Vasco da Gama a Calcuta en la India, que dieron inicio a la instauración del primer orden económico mundial (Ferrer, 1996) lo que permitió ampliar las fronteras del mercado mundial e incrementar el comercio.

Hasta entonces, ninguno de los imperios tenía alcances planetarios y el comercio internacional se desarrollaba en ámbitos restringidos, tanto por los territorios que comprendía como por el monto de las transacciones comparadas con la producción total.3 Esta era la situación dominante hasta la finalización del medioevo en Europa.

En la baja Edad Media, las ciudades fueron el ámbito de la revolución cultural, el desarrollo político y la expansión mercantil y también núcleo crítico de la acumulación capitalista. Fue en las ciudades europeas, en primer lugar, en donde se gestó la transformación de los valores de la oración y la lucha (...) para incorporar otros fundados en la acumulación de riquezas obtenidas en el comercio y las finanzas (Ferrer, 1996).4

En estas ciudades, escenario del magnífico avance del renacimiento, en especial en los países latinos del mundo mediterráneo, surgen formas organizativas como los municipios, ámbito en el cual surgió el "espacio público de ciudadanos" (Salazar y Benítez, 1998).5

El desplazamiento físico del centro de gravitación política, económica e intelectual de los monasterios a las ciudades es el antecedente del proceso de acumulación, del incremento del intercambio y de la expansión europea.

En la primera mundialización la impronta fundamental fue la expansión territorial: la hegemonía europea y la incorporación de territorios al mercado mundial, tanto para las materias primas como para las manufacturas. Así nace el capitalismo mercantil, primero en las ciudades mediterráneas del renacimiento (Braudel, 1984) y después, con el florecimiento del "espíritu protestante", en la Europa septentrional (Weber, 1988). "Mercantilismo significa el paso de la empresa capitalista de utilidades a la política" (Weber, 1992). De esta suerte, comienza un proceso doble en el cual se delinean las cambiantes fronteras nacionales, por una parte, y por otra, se desarrolla el "reparto colonial".

En este primer orden mundial, Europa hegemoniza el comercio internacional e impone ese reparto en el que comienzan prevaleciendo España y Portugal, para pasar a la fuerte influencia de Holanda e Inglaterra. Comienza una dialéctica entre mundialización y aislamiento que facilita las condiciones de las cuales emerge la Revolución Industrial y una nueva etapa, un segundo orden mundial que perdurará desde fines del siglo XVIII hasta la primera guerra mundial, con la hegemonía inglesa y europea y la creciente presencia norteamericana en su área de influencia.

La segunda mundialización que trae la Revolución Industrial profundiza ese proceso económico y genera un mayor despliegue de la expansión territorial, lo cual da lugar a la centralización de la soberanía sobre el territorio y la población, con la transformación de las instituciones que prevalecían hasta entonces —como el municipio— para constituir un nuevo actor fundamental que se conocerá como los Estados nacionales. Todo este proceso cambia radicalmente el concepto de territorio y su relación con la política y la economía.

Como señalan Salazar y Benítez (1998), puede decirse, en suma, que la modernización industrial, estatal y cosmopolita propia de los siglos XVIII, XIX y XX infiltró y desintegró la modernización comunal, cívica y humanística que, de hecho, había sido su antecesora y propulsora. Sobre sus residuos, la nueva "modernidad" edificó un sistema social de base territorial amplificada, que, por su enorme peso estructural, desencadenó la desmembración y pulverización individualista de las comunidades locales.

Fernand Braudel (1985) señala el paso cualitativo en las hegemonías europeas con la emergencia de la Gran Bretaña, Estado-nación que desplaza a Amsterdam del centro del poder de esa economía-mundo. Londres, nueva soberana, ya no es una ciudad-estado, sino la capital de las Islas Británicas, que le aportan la fuerza irresistible de un mercado nacional.6 Una economía nacional es un espacio político transformado por el Estado, en razón de las necesidades e innovaciones de la vida material, en un espacio económico coherente, unificado y cuyas actividades pueden dirigirse juntas en una misma dirección.7

Para la creación de su economía nacional, Inglaterra había sido eficazmente proteccionista frente a las mercancías de sus competidores europeos. Mucho después de su hegemonía vendrán Adam Smith y los teóricos del librecambismo ("la apertura" en términos actuales) a convertirse en los ideólogos de esa hegemonía que llevará a las mercancías inglesas a los mercados de América, de la India, del Imperio Turco junto a la hegemonía política colonial o neocolonial del Imperio que durará hasta comienzos del siglo XX.

A partir de la Primera Guerra Mundial las tendencias mundializadoras se detienen. Aparece la Unión Soviética, se desarrollan los regímenes autoritarios —en especial los fascismos europeos—, se fortalecen las barreras económicas, políticas y el proteccionismo —con mayor énfasis después de la crisis del 29—, cae el comercio internacional y con éste el coeficiente de globalización comercial.

Pero la Segunda Guerra Mundial trae consigo un doble proceso que desemboca en la actual tercera mundialización: por una parte, la Guerra Fría, pugna este-oeste, y por la otra el proceso de descolonización y la puesta en primer plano de la contradicción norte-sur.

En sus comienzos, este proceso deja a grandes territorios y poblaciones fuera del proceso de expansión capitalista y obliga a destinar a gastos militares ingentes recursos por parte de todos los sectores en pugna. El triunfo en 1949 de Mao Zedong y las guerras de Corea y Vietnam son muestra de esas dificultades dentro de la tónica general de expansión capitalista que caracterizó la economía de los "treinta gloriosos años" posteriores a la II Guerra.

En 1956, Nikita Jruschov podía decir en el informe del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) que "el problema de los mercados se agrava más todavía porque las fronteras del mercado capitalista mundial se contraen cada vez más, debido a la formación del nuevo y creciente mercado socialista mundial. Además, los países subdesarrollados que se van liberando del yugo colonial emprenden la creación de una industria propia, lo que lleva inevitablemente a una mayor reducción de los mercados de venta de los artículos industriales" (PCUS, 1956).

Sin embargo, en el periodo posterior y durante más de dos décadas, el mercado mundial se expande y el capitalismo ha colonizado todas las superficies del planeta: de allí que —aún antes de la caída del muro de Berlín— se podía caracterizar al capitalismo contemporáneo como capitalismo mundial integrado (Guattari, 1989). Veamos, en primer lugar, las visiones de los historiadores franceses de la Escuela de los Anales y en el capítulo final los aportes de este autor francés.

 

La visión de Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein: economía mundial y economía mundo

Braudel (1985) define la economía mundial como la economía del mundo tomada en su totalidad, el "mercado de todo el universo", como decía Sismondi. Por economía mundo, término forjado a partir de la palabra alemana weltwirtschaft, la de una porción de nuestro planeta, en la medida en que éste forma un todo económico. Un "mundo" en el sentido de totalidad. El ejemplo de nuestro autor —que estudió con una profundidad impresionante— es la economía mundo del Mediterráneo.

Define así una economía mundo como una triple realidad:

1. Por la ocupación de un espacio geográfico determinado, unos límites que lo explican y que varían con cierta lentitud;

2. Por la presencia de un polo, un centro representado por una ciudad dominante, antiguamente una ciudad-Estado y ahora por una capital, entendiéndose por tal una capital económica. Cada vez que se produce un descentramiento tiene lugar un recentramiento, como si una economía mundo no pudiera vivir sin un centro de gravedad.

Un poco más adelante introduce la variable de la crisis. Centramiento, descentramiento y recentramiento parecen estar ligados normalmente a crisis prolongadas de la economía general.

3. Por la existencia de zonas sucesivas, el corazón, es decir la región que se extiende en torno al centro, zonas intermedias alrededor del pivote central, y finalmente ciertas zonas marginales muy amplias, que dentro de la división del trabajo que caracteriza a la economía mundo, son zonas subordinadas y dependientes. En estas zonas, nos dice, la vida de los hombres evoca el purgatorio cuando no el infierno. Y la situación geográfica es claramente una razón suficiente para ello.

Para Braudel, a diferencia de Wallerstein (1979), desde la antigüedad el mundo ha estado dividido en zonas económicas más o menos centralizadas, es decir, en diversas economías mundo que coexisten y mantienen entre sí intercambios limitados.

Wallerstein enfoca la economía mundo europea a partir del siglo XVI. Braudel dice que estas sucesivas economías mundo europeas han sido las matrices del capitalismo europeo primero y después del capitalismo mundial, y define la economía-mundo capitalista como un sistema que incluye una desigualdad jerárquica de distribución basada en la concentración de ciertos tipos de producción (producción relativamente monopolizada, y por lo tanto de alta rentabilidad), en ciertas zonas limitadas [...] que pasan a ser sedes de la mayor acumulación de capital [...] que permite el reforzamiento de las estructuras estatales, que a su vez buscan garantizar la supervivencia de los monopolios [...] pero como son intrínsecamente frágiles (los monopolios), a lo largo de la historia del sistema mundial moderno esos centros de concentración han ido reubicándose en forma constante, discontinua y limitada, pero significativa (Wallerstein, 1998).

Parecería que lo que presagiaba Braudel y lo que describía Wallerstein se ha hecho realidad. El proceso anticipado por las Cruzadas y comenzado por los descubrimientos ha llegado a la mundialización o, si se prefiere, a la globalización creciente de la economía-mundo capitalista. De esta manera, creemos importante ver a la globalización y sus influencias territoriales como un proceso histórico, con sus aceleraciones y desaceleraciones y sus cambios cualitativos. Para su análisis pasemos a los aportes teóricos de Guattari realizados en Cartografías del deseo (1989).

Los aportes teóricos de Guattari: desterritorialidad, desterritorialización y reterritorialización

La noción de territorio es entendida aquí en un sentido muy amplio, que aborda el uso que se hace en etología y etnología. El territorio puede ser relativo a un espacio vivido, tanto como a un sistema percibido en el seno del cual un sujeto "se siente en casa". "El territorio es sinónimo de apropiación, de subjetivación cerrada sobre ellas misma [...]" (Guattari, 1989:208). El autor definía al capitalismo contemporáneo como capitalismo mundial integrado (CMl).

Porque sus interacciones son constantes con países que, históricamente, parecían habérsele escapado (los países del bloque soviético, China, los países del tercer mundo); porque tiende a que ninguna actividad humana, en todo el planeta, escape a su control. Podemos considerar —dice nuestro autor— que el capitalismo ya ha colonizado todas las superficies del planeta y que lo esencial de su expresión reside actualmente en las nuevas actividades que pretende sobre-codificar y controlar.

Ese doble movimiento, el de una extensión geográfica que se encierra sobre sí misma y el de una expansión molecular proliferante, es correlativo con un proceso general de desterritorialización. El capitalismo mundial integrado no respeta las territorialidades existentes; tampoco respeta los modos de vida tradicionales, como los de la organización social de aquellos conjuntos nacionales que parecen hoy en día firmemente establecidos. Recompone tanto los sistemas de producción como los sistemas sociales en sus propias bases [...] (1989:17).

Este texto escrito antes de la caída de la Unión Soviética muestra la capacidad descriptiva y predictiva del autor francés. La caída del muro de Berlín primero y la posterior descomposición de la URSS muestran la capacidad de desterritorialización/recomposición de ciertas formas capitalistas que parecen derrumbarse frente a una guerra mundial o a una crisis, pero que renacen bajo otras formas, encontrando otros fundamentos.

La crisis de los Estados-nación no se aparta de esta lógica. Para Guattari (1989:18) estamos frente a una mundialización de la división del trabajo, "una captación general de todos los modos de actividad, incluidos aquellos que escapan formalmente a la definición económica de trabajo. Los sectores de actividad más atrasados y los modos de producción marginales, las actividades domésticas, el deporte, la cultura, etcétera, que hasta ahora no incumbían al mercado mundial, están cayendo unos tras otros bajo su dependencia". La idea del autor comentado parte de que cuando la expansión capitalista ha sometido al conjunto de las superficies económicamente explotables, deja de poder mantener el impulso expansionista que lo caracterizaba en la primera y segunda mundialización (ver infra). A esta transformación la denomina como clausura: "su campo de acción queda clausurado y esto lo obliga a recomponerse constantemente sobre sí mismo, sobre los mismos espacios, profundizando sus modos de control de sujeción de las sociedades humanas".

Desde su punto de vista esto conduce al fin de los capitalismos territorializados, de los imperialismos expansivos y da paso a imperialismos desterritorializados e intensivos.

Más allá de esta idea de Guattari, parece importante señalar que estos capitales desterritorializados e intensivos, que provienen de los procesos de acumulación a escala transnacional, se dan en el marco de profundos cambios tecnológicos (una segunda revolución "industrial") y de tercera nueva mundialización, que podríamos denominar un tercer orden mundial (a diferencia de las formas fascistas que para intensificar el capitalismo se replegaban y emergían como producto de tendencias aislacionistas).

Estamos, pues, frente a un cambio cualitativo que tiene fuertes impactos en la relación entre la sociedad y el territorio. Por una parte, sostiene Guattari (1989:23), se requiere una homogeneización de los modos de producción, de los modos de circulación y de los modos de control social. Esta tendencia tiene por efecto relegar las viejas territorialidades sociales y políticas o por lo menos, despojarlas de sus antiguas fuerzas económicas. Pero esto sólo es posible si funciona a partir de un "multicentraje" de sus propios núcleos de decisión. Hoy en día, no hay un centro único de poder. Inclusive Estados Unidos, la mayor potencia, de indisputada hegemonía política, con el fin de la guerra fría y económica merced a su sostenido crecimiento de los últimos años, es policéntrica.

En realidad, los centros reales de decisión están repartidos por todo el planeta. También el poder ha asumido el esquema de red, en la medida en que la información constituye el corazón de la nueva tecnología y de la nueva economía (Castells, 1997). Y no se trata solamente de los estados mayores económicos de cumbre, las oligarquías financieras, sino también de engranajes de poder que se escalonan en todos lo niveles de la pirámide social.

Esto vuelve sumamente vulnerable al sistema: lo muestra la imagen televisiva de un tímido adolescente filipino acusado de ser el creador del virus I love you, que puso en jaque a todas las grandes empresas del planeta, interrumpió las comunicaciones en París y causó daños por decenas de millones de dólares, da cuenta de esa fragilidad, o la de un también adolescente hacker norteamericano que "intervino" las computadoras del Pentágono. El poder del capitalismo mundial integrado está dentro de mecanismos desterritorializados. La desterritorialización engendra también fenómenos paradójicos como el desarrollo de zonas del tercer mundo dentro de los países más desarrollados y —a la inversa— zonas hipercapitalistas dentro de zonas de "subdesarrollo".

Por otra parte, según el autor, el capital es mucho más que una simple categoría económica relativa a la circulación de bienes y a la acumulación. Es una categoría semiótica que concierne al conjunto de los niveles de la producción y al conjunto de los niveles de la estratificación de poderes. Aún antes de la difusión de Internet, Guattari consideraba que el CMI favorece las innovaciones en la medida en que puede recuperarlas y consolidar los axiomas sociales fundamentales sobre los cuales no puede transigir.

Esto nos coloca frente a preguntas actuales sobre los límites de la revolución informática en cuanto a la horizontalidad y la transparencia que implica. Su tesis, que nos propone como hipótesis, es que la característica de la crisis actual —que en el fondo no es tal sino una gigantesca reconversión— es precisamente esta oscilación entre la involución de cierto tipo de capitalismo que tropieza con su propia clausura y un intento de reestructuración sobre bases diferentes (Guattari, 1989:22).

Estas bases diferentes pondrían fin a los capitalismos territorializados de que hablábamos y dan paso a los imperialismos desterritorializados e intensivos.

Guattari describe lo que considera las tendencias "a la segmentariedad" de este esquema: "Tampoco puede desarrollarse según un sistema de centro y periferia" a transformar sincrónicamente. Actualmente su problema consiste en descubrir nuevos métodos de consolidación de sus sistemas de jerarquía social. Henos aquí frente a un axioma fundamental:

[...] para mantener la consistencia de la fuerza colectiva de trabajo a escala planetaria, el CMI tiene que hacer coexistir zonas de súper desarrollo, de súper-enriquecimiento en beneficio de las aristocracias capitalistas (localizadas no sólo en los bastiones capitalistas tradicionales) y zonas de subdesarrollo relativo; e incluso zonas de pauperización absoluta, de tal modo que la pirámide social se vaya socavando por otro lado. Estos son los extremos entre los cuales se puede establecer una disciplinarización general de la fuerza colectiva de trabajo y una compartimentación, una segmentación de los espacios mundiales. La libre circulación de bienes y de personas está reservada a las nuevas aristocracias del capitalismo. Todas las demás categorías de la población están condenadas a residir en algún rincón de un planeta que se ha convertido en una verdadera fábrica mundial (Guattari, 1989:24).

Es importante el punto de vista de Guattari (1989:25) en el sentido de que la reestructuración o redefinición no afecta solamente a las cuestiones económicas: es el conjunto de la vida social el que se encuentra "remodelado". "Allí en el Este de Francia, donde se vivía de padres a hijos de la industria del acero, el CMI decide liquidar el paisaje industrial. Otro espacio será transformado en zona turística o en zona residencial para las elites; se alteran los niveles de vida a escala de regiones enteras. Se ha visto hasta qué punto la instauración del mercado común ha reactivado los sentimientos nacionalistas cosos, vascos, bretones, etcétera."

Estas reconversiones, cambios radicales de profundas consecuencias sociales, psicológicas y culturales se han multiplicado después de la muerte de nuestro autor, con los ajustes y aperturas en América Latina, con las transiciones en los países de la antigua órbita soviética, generando segmentaciones y dislocaciones sociales.

En demasiados países, el 10% de la población tiene menos de un 1% del ingreso, mientras que el 20% más rico disfruta de más de la mitad del total; las niñas tienen sólo la mitad de las probabilidades de ir a la escuela que los niños; los niños padecen trastornos desde el momento de su nacimiento debido a la mala nutrición, la falta de servicios de salud y el acceso escaso o nulo a programas de desarrollos en la primera infancia. En demasiados países, las minorías étnicas sufren discriminación y temen por sus vidas, sometidas como están a las mayorías étnicas. El espectáculo al que asistimos en el mundo de hoy es la tragedia de la exclusión. En lo social y lo internacional, y dentro de lo nacional, en lo regional.

Las enormes frustraciones que provoca la aplicación de las recetas neoliberales en los países en desarrollo tienden a crear situaciones de creciente inestabilidad. Esto, según Gallardo (2000), obligó a sus estrategas a modificar sus planes iniciales y buscar paliativos para la crítica situación de los sectores populares más afectados por el sistema. El autor señala tres etapas en la evolución del modelo neoliberal: el neoliberalismo fundamentalista con tratamiento de shock aplicado en Chile por la dictadura militar, que es ahistórico, brutal, tanto en el plano de la economía como en otros planos; un neoliberalismo con ayuda focalizada que surge después del "Caracazo" en 1989 y que busca apagar incendios, siendo su máximo exponente el Programa Nacional de Solidaridad del presidente mexicano Salinas de Gortari. El autor sostiene que en 1997 se empieza a ingresar en una tercera etapa en la que el neoliberalismo comienza a incorporar algún tipo de política social para poder controlar la explosividad popular. En ese momento histórico aparecen también las propuestas denominadas neopopulistas, con caudillos carismáticos de discurso nacionalista y una revisión pragmática del modelo sin afectar sus bases.

Respecto de los reacomodos del modelo neoliberal, son sintomáticas las palabras pronunciadas por Wolfensohn, en la reunión de la Junta de Gobernadores del Banco Mundial, realizada en octubre de 1998 en Washington, donde, luego de analizar las consecuencias de la crisis financiera en Asia y otros países, sostiene:

Debemos ir más allá de la estabilización financiera. Debemos abordar los problemas del crecimiento con equidad a largo plazo, base de la prosperidad y el progreso humano. Debemos prestar especial atención a los cambios institucionales y estructurales necesarios para la recuperación económica y el desarrollo sostenible. Debemos ocuparnos de los problemas sociales. Debemos hacer todo eso. Porque si no tenemos la capacidad de hacer frente a las emergencias sociales, si no contamos con planes a más largo plazo para establecer instituciones sólidas, si no logramos una mayor equidad y justicia social, no habrá gobiernos que adopten medidas rigurosas para organizar sus economías, podemos generar enormes tensiones. Quien sufre es la gente, no los gobiernos.

Cuando corregimos los desequilibrios presupuestarios, hemos de tener en cuenta que pueden desaparecer los programas encaminados a mantener a los niños en la escuela; que pueden desaparecer los programas de atención de salud para los más pobres; que, por falta de créditos pueden desaparecer pequeñas y medianas empresas, fuente de ingreso para sus propietarios y de empleo para muchos otros.

Hemos aprendido [...] que se necesita un equilibrio. Debemos tener en cuenta los aspectos financieros, institucionales y sociales. Debemos aprender a entablar un debate en que la estabilidad política, y sin estabilidad política, por muchos recursos que consigamos acumular para programas económicos, no habrá estabilidad financiera.

[...] los planes financieros no bastan. Hemos pedido que las matemáticas no valgan más que las razones humanitarias y que la necesidad de cambios, con frecuencia drásticos, sea compatible con la protección de los intereses de los pobres. Sólo entonces llegaremos a soluciones sostenibles. Sólo entonces podremos conseguir el apoyo de la comunidad financiera internacional y de los ciudadanos (Wolfensohn, 1998).

Y este equilibrio debería tomar en cuenta los factores territoriales de desequilibrio, cuya consideración dejamos para el siguiente capítulo.

 

A manera de conclusión

Para Castells (1997) la economía mundial presenta una diversificación interna en tres regiones principales y sus zonas de influencia: Norteamérica (incluidos Canadá y México tras el NAFTA), la Unión Europea (sobre todo a partir de la versión revisada del Tratado de Maastricht) y la región del Pacífico asiático, centrada en torno de Japón (p. 127, tomo I).

La economía mundial o internacional —el comercio y la inversión —crece tanto entre los tres bloques como dentro de los mismos (Stallings, 1993). Hay entonces un triángulo de poder, tecnología y riqueza, en torno a la cual "el resto del mundo" se organiza en una trama jerárquica y asimétricamente interdependiente, en la que países, regiones y ciudades compiten por atraer capitales y tecnología.

Por supuesto, esta jerarquía se reproduce en la "organización" de todos los espacios, tanto regionales como locales. Así aparecen las ciudades globales: Nueva York, Londres y Tokio, y una transformación, también jerárquica, de los espacios urbanos (Sassen, 1991). Se trata de una nueva división internacional del trabajo a escala planetaria (Di Filippoy Franco, 1999).

Esta descripción se parece demasiado a la de las economías mundo que analizara Braudel (1985) para las primeras etapas de la mundialización.

Así aparecen las ideas, aparente o realmente contradictorias, de economía global regionalizada o de "regionalismo abierto" y los grandes interrogantes por las nuevas reglas que son —en definitiva— las de la rentabilidad de las inversiones y el capital y la carrera —a veces desaforada— por no quedar fuera —o por acercarse— de los polos dominantes de la jerarquía mundial.

Estos cambios traen profundas transformaciones en los seres humanos y en sus hábitats, en sus identidades y en su cultura. Este tema nos lleva a otras preguntas, más allá de nuestro campo actual. Pero nos lleva también a las ingenuas afirmaciones del padre de Borges y del trabajador de la CORFO con que iniciamos nuestro texto y a las dimensiones de las realidades y las esperanzas de los hombres y mujeres en un mundo del que nos podemos quejar de casi todo, menos de su permanente y vertiginoso cambio.

Existen, en efecto, nuevas reglas que, empero, no serían tan novedosas. Parecerían la rápida proyección y consolidación de las tendencias mundializadoras que comenzaron hace medio milenio a desarrollarse, avanzar y retroceder, a cambiar, a metamorfosearse junto con la expansión del capital. Lo nuevo es que el capital —más allá de los procesos ya antiguos de la transnacionalización y de multinacionalización— impone su lógica —en especial a los Estados-nación, no solamente en la acumulación y la producción, sino en el consumo y la cultura, enfrentado identidades y traspasando fronteras—. Y dentro de esas nuevas reglas emergen —aprovechando precisamente la crisis de los Estados— nuevas realidades regionales, nuevas identidades y nuevas perspectivas.

 

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Notas

1 Utilizamos el término mundialización, prefiriéndolo al anglicismo globalización que viene imponiéndose como muestra de las hegemonías culturales del proceso. Jacques Chonchol (1999) lo diferencia de la internacionalización (en la que intercambian actores nacionales), y de la multinacionalización, caracterizada por la transferencia o deslocalización de los recursos —especialmente financieros— de una economía nacional a otra. Emilio Máspero (2000) atribuye al término globalización una connotación ideológica neoliberal. Para este autor la mundialización es la "aldea planetaria "provocada por el acercamiento de los hombres y de los lugares a causa de la abolición de las distancias y por la información generalizada. Es la fase superior de la internacionalización de la vida humana, económica, social, política, cultural y de la interdependencia entre los países y los continentes. La globalización que ahora rige el proceso de mundialización es un fenómeno de índole ideológica, que se inspira en determinadas ideas y políticas y se mueve por determinados actores e intereses geoeconómicos y geopolíticos que apunta a imponer un nuevo orden al proceso de la mundialización. De esta suerte, cada uno de los términos utilizados adquiere significados diferentes de acuerdo al punto de vista de los autores.

2 CORFO es la Corporación de Fomento, órgano de desarrollo creado durante el primer gobierno radical en Chile.

3 Esta relación —lo que se estima como la producción total del un país, ahora conocida como producto interno bruto, sobre el comercio internacional (importaciones M y exportaciones X)— genera un coeficiente que denominaremos coeficiente de globalización comercial, o si se prefiere de internacionalización

= PIB/(M+X).

4 Es muy importante el papel de las cruzadas en este proceso, pero su consideración escapa a nuestro actual análisis.

5 Señala que este espacio público precedió a la constitución del Estado moderno y habla de una modernización comunal, cívica y humanista previa a la formación de los Estados-nación.

6 Braudel señala que Europa giró sucesivamente hasta 1750 alrededor de ciudades esenciales: Venecia, Amberes, Génova y Amsterdam, aunque señala que Europa todavía no es una economía mundo estructurada y organizada.

7 Cursivas del autor. Braudel dice que sólo Inglaterra pudo realizar tempranamente esa proeza y habla de sus revoluciones agrícola, política, financiera, industrial, y que hay que agregar la revolución que creó su mercado nacional. ¿Se trata de un lapsus del ilustre historiador francés? Porque creemos que la historia de las civilizaciones muestra espacios económicos amplios transformados por el Estado, a veces muy centralizado, en China, Roma e incluso en América precolombina. Se trata, creemos más bien, considerando la amplia mentalidad no eurocentrista de nuestro autor, que a pesar de que no lo diga se refiere al periodo de la historia de Europa que está estudiando. Obviamente la diferencia entre una economía nacional basada en un mercado capitalista difiere de las economías nacionales o imperiales que no lo estaban.

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