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Región y sociedad

Print version ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.14 n.23 Hermosillo Jan./Apr. 2002

 

Artículos

 

Muestra del léxico pesquero en Sonora

 

Raúl Arístides Pérez Aguilar*

 

* Investigador de la Universidad de Quintana Roo. Se le puede enviar correspondencia a boulevard Bahía s/n, esq. I. Comonfort, Col. Del Bosque, C. P 77019, Chetumal, Q. R., tel: 01(983) 83-503-25, fax: 01(983) 83-296-56. Correo electrónico: rauperez@correo.uqroo.mx

 

Recibido en enero de 2001.
Revisado en junio de 2001.

 

Resumen

Este artículo describe los fenómenos lingüísticos —desde el punto de vista lexicográfico— de la lengua especializada que utilizan los pescadores del estado de Sonora. Mediante la aplicación de un cuestionario que rebasa las 390 preguntas y con la utilización del método de "palabras y cosas", se explora exhaustivamente el léxico pesquero de once poblaciones —puertos de altura y campamentos— sonorenses y se comparan entre sí con el objeto de hallar la extensión real y la vitalidad de cada uno de los términos marinos; asimismo, y con los mismos objetivos, se contrasta la nómina obtenida con otros sitios de México, América y España. El léxico patrimonial sonorense puede ser vislumbrado así a la luz de los contrastes que se establecen entre éste y las otras formas usadas por los pescadores del vasto mundo hispánico. De las múltiples denominaciones propias de la actividad pesquera y al tratarse de una muestra, se expone únicamente un filón de nueve centros de interés —el mar, meteorología, los astros, geomorfología, navegación y maniobras, jarcias, embarcaciones y construcción naval, artes de pesca y el comercio— de los diez en los que está dividido el cuestionario.

Palabras clave: fenómenos lingüísticos, pescadores, léxico patrimonial, actividad pesquera, mundo hispánico.

 

Abstract

This article describes the linguistic phenomena —from the lexicographical viewpoint— of the specialized language used by fishermen of the State of Sonora. By applying a questionnaire with more than 390 questions and by using the "words and things" method, the fishermen's vocabularies from eleven Sonora towns, deep sea ports and camps, are thoroughly explored and compared to each other in order to find the real extent and vitality of each of the "sea" words. Likewise, and with the same objectives, the list obtained is compared to other places in Mexico, America and Spain. The Sonora's patrimonial vocabulary can be glimpsed in the light of the contrasts between this vocabulary and the other forms used by fishermen around the immense Hispanic world. From the numerous denominations characteristic of the fishing activity, and since it's a sample, only nine focuses of attention are analyzed: the sea, meteorology, the stars, geomorphology, navigation and maneuvers, rigging, vessels and shipbuilding industry, nets, and trade.

Key words: linguistic phenomena, fishermen, patrimonial vocabulary, fishing activity, Hispanic world.

 

Introducción

La actividad pesquera en México se remonta, como en otros sitios del orbe, a los primeros asentamientos humanos, como medio de sustento junto a la caza, según consta en los hallazgos arqueológicos realizados y en los diversos códices (como el Florentino y el Nuttall, por ejemplo) que atestiguan visualmente con anzuelos, redes y flechas los adminículos usados en la captura de las especies marinas. Esta actividad, además de proporcionar el alimento necesario para la comunidad, propició también el intercambio con otros grupos humanos en materia artesanal y de comercio, contribuyendo de este modo a la comunicación entre los pueblos.

Así, desde Yucatán, a donde llegaron diez indios de Jamaica que habían salido "á pescar1 (en una canoa) y que las corrientes la echaron á aquella de Cuzamil" (hoy Cozumel) (López Cogolludo, 1957), hasta Baja California, en donde "nos acompañaron muchos Indios de esta ranchería, con sus redes e instrumentos para pescar. Y quando supieron que, por amor de las bestias, nos aviamos de volver a haser noche en el paraje del Angel de Guarda, fueron a pescar, y nos dexaron en un teatro digno de admiración, donde se ve claramente como se va desanchando la California hasia el Norte" (Píccolo, 1962), la presencia de la pesca en las crónicas es abundante, y las diversas denominaciones referidas a la vida en el mar son también considerables.

A partir del descubrimiento de América, las hablas marineras fueron las primeras modalidades del mundo lingüístico español que entraron en contacto con las americanas. El origen marinero de muchos colonizadores, ora por profesión, ora por proceder de zonas costeras, por un lado; y la asimilación del vocabulario marítimo por los viajeros que se embarcaban hacia las Indias, por el otro, explican en parte la penetración de este léxico peculiar que no sólo designó realidades relacionadas con el mar, sino que con frecuencia fue aplicado a acciones, fenómenos y objetos de la vida cotidiana en tierra firme.

Al principio por imitación, broma y diversión, este léxico inició el proceso de penetración, y ya en tierra firme, en la lengua de los pasajeros —nuevos americanos— se extendió prontamente. A esta circunstancia se debe que el número de voces marinas en uso sea mayor en las costas que en las tierras del interior americano.

El estado de Sonora no es la excepción, su gran litoral (1207 kilómetros) y tradición pesquera (aporta desde hace cinco años el 20% de la producción pesquera nacional) lo convierten en un terreno propicio para indagar los fenómenos lingüísticos de los pescadores. Por ello, y ante la notoria escasez de estudios lexicográficos de la pesca en México, decidí recoger las diversas denominaciones que usan estos hombres que viven en sus pangas y hacen del mar el medio y fin de sus existencias.

Las múltiples formas que se pueden encontrar en el presente artículo pretenden ser una sencilla aportación lexicográfica de la lengua especializada de los pescadores —lengua de muchas culturas y surgida de diversas realidades no siempre marítimas— y una contribución a la dialectología sonorense.

 

Objetivos y método de trabajo

En el año 2000 llevé a cabo, gracias a una beca de investigación otorgada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, una encuesta en el litoral sonorense con el objeto de recoger el léxico que utilizan los pescadores en sus actividades cotidianas embarcados en sus pangas en compañía de sus chinchorros y demás aparejos.

En la recopilación de los materiales lingüísticos empleé el método conocido como Wörten und Sachen ('palabras y cosas'), que parte de la idea de la migración de una lengua a otra, o de un dialecto a otro, de las palabras y las cosas que denominan, de modo tal que el grupo social o el pueblo que las recibe enriquece a la vez su lengua y su cultura material. Es así que, mediante la factura de la pregunta indirecta —que consiste en hacer la descripción de aquello cuya denominación en el habla local se desea conocer, a fin de que el informante comprenda dicha pregunta y pronuncie el nombre correspondiente sin sugerirle respuesta alguna— obtuve una lista de formas —que sobrepasa las 800 denominaciones— que me han permitido conocer la idiosincrasia, las costumbres y peculiaridades del grupo social que forman los pescadores sonorenses.

Por otro lado, sin ser el objetivo principal determinar la etimología de cada una de las voces usadas —sean éstas indígenas o no— en la actividad pesquera, su conocimiento puede ser útil para investigar el origen o la procedencia de los objetos que designan y, en consecuencia, las influencias de unas culturas y pueblos en otros. Así es que, con el empleo del método "palabras y cosas", logré obtener datos lingüísticos y etnográficos de utilidad para conocer mejor la ideología de la gente de mar, al mismo tiempo que el análisis de los elementos léxicos recogidos han permitido adentrarme en esta pequeña parcela del español mexicano que es el sonorense.

 

Estudios sobre el léxico pesquero

En México, no existe material que dé cuenta del léxico que utilizan los pescadores. Hay, sin embargo, trabajos importantes como el que realizó hace algunas décadas Luis Fernando Lara en Veracruz (Lara, 1968), otros más que sin poseer un carácter eminentemente lingüístico ha publicado el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y que abarcan casi la totalidad del territorio mexicano, y dos tomos en inglés y español que dio a conocer la Secretaría de Pesca hace ya algunos años, pero que carece de los elementos teóricos y metodológicos para ser considerada una fuente lingüística considerable, ya que sus fines no son propiamente científicos (Secretaría de Pesca, 1990). El amplio estudio que ofrece el Atlas lingüístico de México solamente incluye 12 preguntas (729-740) —en su parte léxica— que se relacionan, de algún modo, con las hablas marineras: luna nueva, halo de luna, titilar, lucero, llovizna, chaparrón, rayo, relámpago, escampar, niebla, ventarrón, remolino de aire, y otras más —en las secciones destinadas a la fonética: puerto, barco, y gramática: mar— cuyo objetivo no es precisamente obtener alguna denominación local del concepto. En otras palabras, el habla de la gente de mar en México ha recibido poca atención de lingüistas y filólogos, y se encuentra prácticamente sin estudiar.

No ha sucedido así en otros lugares (España, Colombia, Puerto Rico) en donde los trabajos sobre las hablas marineras han recibido de los investigadores la atención requerida, y de las instituciones científicas el apoyo financiero necesario. Estos trabajos me han servido como referencia directa para documentar y explicar el uso de las voces marinas, su procedencia o su etimología.

 

El cuestionario y las encuestas

En la elaboración del cuestionario que apliqué, recurrí a trabajos que sobre las hablas marineras se han hecho tanto en España como en América. Estructuré mi guía de cuestiones con preguntas extraídas de dos libros: Terminología marinera granadina. Contibución al estudio del habla marinera (1992) y Léxico marinero granadino (1993), ambos de Antonio Martínez González, quien a su vez basó sus cuestionarios en el Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA) (1961-1973), de Manuel Alvar con la colaboración de A. Llorente y G. Salvador; en el Léxico de los marineros peninsulares del mismo Alvar, y en el Atlas lingüístico mediterráneo (1973). En adición a lo anterior, completé la lista de preguntas al consultar el estudio que realizaron José Joaquín Montes y Luis Flórez (1973) en Colombia y el trabajo ya mencionado de Luis Fernando Lara. Todo ello constituyó el cuestionario final que resultó estructurado por más de 390 preguntas.

La coherencia de esta guía de cuestiones se basa en que está estructurada en varios campos semánticos que permiten conjuntar palabras y fenómenos semejantes en cuanto a su significado, de manera ordenada y sistemática. No creo que sea el momento de debatir sobre la utilidad que tienen los cuestionarios en la investigación dialectal; pienso que el tema ya ha sido discutido lo suficiente y me parece que ha quedado claro que los datos obtenidos con cuestionario son siempre más ricos que los documentados casualmente —al menos para obtener términos de una lengua especializada, como en este caso—, pues en la espontaneidad del habla se pierde mucha información si la encuesta no se realiza con esta técnica. No sucede lo mismo en la obtención de datos fonéticos, pues el cuestionario no permite la libre expresión del informante al presentar la palabra aislada, y sus resultados son diferentes a los que proporciona la conversación libre. Cierto es que con el uso de esta última técnica se pueden presentar datos interesantes, pero no menos cierto es que con la ayuda de un cuestionario podemos evitar llenarnos de lagunas al dejar al informante expresarse con entera libertad. La guía con cuestionario da unidad a la conversación. Es más, la veracidad y exactitud de los datos lingüísticos que se pretenden obtener se logra más fácilmente con un cuestionario, pues el informante ya sabe lo que se pretende de él desde el primer instante.

Es así que con la excusa de cualquier pregunta sobre la pesca me acerqué a los pescadores e inicié una conversación buscando siempre al informante idóneo —hombre nativo de la localidad, pescador, con poca instrucción escolar— que pudiera garantizar las respuestas a mis preguntas. Una vez localizado, le expliqué cuál era mi objetivo, de dónde venía, y le propuse empezar la encuesta comprometiéndome a compensar económicamente su tiempo. En otras ocasiones, tuve que solicitar un permiso a los gobernadores seris en Punta Chueca y en El Desemboque de los Seris para llevar a cabo mi trabajo. Tanto de ellos como de los indígenas que pude encuestar siempre recibí un trato amable y sincero.

Durante la aplicación del cuestionario, recurrí al uso de láminas y materiales fotocopiados —sobre todo al indagar por las partes del ancla, tipos de vela, partes de las embarcaciones— y a la pregunta indirecta con el objeto de no sugerir respuesta alguna. Por esta misma causa, traté de amoldarme a las características del habla de los entrevistados; así, si obtenía marejada, las preguntas relacionadas con ésta, 'ondulación del mar', las hacía usando la forma dicha por el pescador: ¿cómo se llama el estado del mar cuando tiene muchas marejadas?, etcétera. Pienso que al eliminar diferencias lingüísticas, el informante toma conciencia de que sus respuestas son útiles y esto hace que la encuesta siga su curso natural. De igual modo he procurado hacer las preguntas de una manera clara y sencilla evitando términos cultos, abstractos, y tecnicismos que hubieran podido llevarme a errar el camino.

El cuestionario comprende una serie de preguntas iniciales cuyo objetivo es llegar a establecer contacto entre el investigador y el informante para que éste venza el natural temor que suele producirle cualquier interrogatorio, y pueda amoldarse a la técnica de la encuesta. La otra parte abarca los diez centros de interés en los que está dividido: el mar, meteorología, los astros, geomorfología, la navegación y maniobras, arboladura y velamen,2 jarcias, tipos de embarcación y construcción naval, la pesca y los artes —con anzuelo, de red, con trampas— y, finalmente, el comercio.

 

Los informantes

Como apunté, platicando en el corrillo de pescadores identificaba al informante que me iba a servir en mi trabajo. Fui afortunado al encontrar personas con poca instrucción escolar —el promedio general de estudios es de cuatro años—, hombres de mar y oriundos de Sonora —sólo tres de ellos no cumplieron con este requisito,3 pero en promedio tenían 27 años de residir en el lugar.

La vida de los pescadores sonorenses ha cambiado mucho en los últimos años; ahora se usan artes de nailon y las embarcaciones son impulsadas con poderosos motores fuera de borda. Sin embargo, no pudo faltar el informante de edad, quien, no sin nostalgia por la juventud ya ida, aseguró que alguna vez navegó en barcos de vela, que no había radar y que la fibra de vidrio aún no aparecía. En este sentido, pienso que poder comparar el léxico de dos generaciones (una menor, A, y otra mayor, B, de 45 años, puede aportar datos necesarios sobre la influencia de los cambios sociales en la lengua de estas comunidades de habla, entendidas como cualquier grupo humano que se caracterice por la interacción regular y frecuente, por medio de un sistema compartido de signos lingüísticos, y se distinga de otros grupos semejantes por diferencias significativas en el uso de la lengua (Gimeno, 1993:45).

Todos estos hombres merecen mi agradecimiento sincero por el trato que me dieron y por el tiempo —en promedio 2.5 horas en cada encuesta— que convivieron conmigo siempre dispuestos a colaborar.

El promedio de edad de los informantes es de 48 años, lo que indica que son hombres con amplia experiencia en cuestiones del mar, pues muchos nacieron y han crecido frente a él; son personas que, además, han viajado muy poco —algunos han ido a trabajar a ciertos campamentos pesqueros de la misma costa sonorense durante temporadas cortas— y conservan hábitos lingüísticos de su localidad.

 

Las respuestas

Si algún informante proporcionó más de una respuesta a una misma cuestión, indico el orden en que éstas fueron dadas. Si la contestación ha sido una frase, la anoto entrecomillada. Cuando una misma denominación es de uso general, indico con (+) y con (-) la frecuencia de su vitalidad, y anoto los sitios —más de seis— en los que fue recogida (Puerto Peñasco, Guaymas, Yavaros, etcétera); si la respuesta ha sido escasa —obtenida en menos de seis lugares— hago la aclaración en el cuerpo del texto, así como también manifiesto cuando la denominación ha sido recogida en un solo sitio o cuando no he documentado respuesta alguna.

Si he hallado justificación etimológica y semántica de las denominaciones no castellanas, proporciono la información; no hago lo mismo con las que sí lo son. Tanto en el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española, 1992) como en el DCECH (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico) (Corominas, 1980-1983) pueden hallarse con facilidad notas sobre significados, etimología y cambios semánticos de las palabras.

 

Localidades investigadas

Recorrí poco más de 950 kilómetros de los 1207 de litoral que tiene el estado de Sonora; con ello abarqué aproximadamente el 80% del total de la costa sonorense, y obtuve así un promedio de 86 kilómetros entre sitio y sitio investigado.

Llevar a cabo el recorrido no fue tarea sencilla, pues al residir en Hermosillo, y al carecer de alojamiento siete de los once lugares visitados, la obtención de los datos se dificultó sobremanera. Hubo entonces que programar las visitas y tomar las provisiones necesarias para emprender viajes a lugares desconocidos, con una geografía distinta a la que estoy acostumbrado, y a veces muy lejanos al sitio en el que residía. En el diseño del itinerario, colaboraron con mucho profesionalismo algunos investigadores del Centro Regional de Investigación Pesquera del Instituto Nacional de Pesca, con sede en Guaymas, y otros de El Colegio de Sonora, a quienes agradezco sinceramente su apoyo incondicional y su paciencia.

Anoto a continuación —y ordenadas de norte a sur— las localidades visitadas durante las encuestas:

Puerto Peñasco

Conocida como Rocky Point, la localidad ha experimentado progreso gracias al turismo —generalmente de Estados Unidos— que la visita durante todo el año. De playas hermosas y con escenarios naturales muy atractivos, Puerto Peñasco es el tercer puerto más importante de Sonora. Cuenta con una flota de más de 400 embarcaciones, cinco muelles, varios astilleros y proporciona empleo a más de 3000 personas. Sobre la cubierta y en la caseta de mando de un barco camaronero fondeado apliqué mis cuestionarios; primero a un expescador de 60 años, y actualmente velador de la embarcación, quien a pesar de poseer grandes conocimientos marítimos dejó sin contestar varias preguntas. Más tarde llegó el capitán del barco —un hombre de 42 años—, quien también cooperó con mi trabajo. Ocasionalmente participó en la conversación el ayudante —también pescador— del capitán. Tuve, sin embargo, que acudir al astillero más cercano para completar las cuestiones que habían quedado sin responder en ambas guías. Ahí, un calafatero de 57 años contestó varias de ellas.

Puerto Libertad

Llegué temprano a este sitio —se halla a 250 kilómetros al sur de Puerto Peñasco—, y en él pude entrevistar a dos hombres, uno de 27 y otro de 52 años, en un pequeño restaurante en el que desayunamos jaiba y platicamos sobre cosas del mar. El más joven dijo ser oriundo de Bahía de Lobos, mientras que el otro —de oficio pescador y buzo—, de Mexicali. Ambos contestaron el cuestionario en un 87%.

Desemboque de los Seris

El pueblo —a 70 kilómetros al sur de Puerto Libertad— es un asentamiento de indios seris o conca'ac. De casas rústicas y pobres, el pueblo vive de la pesca y de las artesanías que hacen las mujeres y algunos hombres. Debajo de un árbol y sobre el cofre del coche, llevé a cabo mi trabajo en compañía de un indígena seri de 36 años, nativo del pueblo y muy buen hablante de español. Durante la encuesta, llegó el gobernador de la tribu, ahí le solicité el permiso para continuar con mi trabajo, y fue él mismo quien me condujo con el otro informante que necesitaba —resultó ser un hombre de 55 años con gran experiencia marítima.

Punta Chueca

A sólo 30 kilómetros al norte de Bahía de Kino se encuentra este poblado que es también asentamiento seri. Después de solicitar el permiso al gobernador, busqué y hallé a mis informantes; dos pescadores de 43 y 59 años, quienes dejaron varias preguntas sin responder. Con todo, considero válidas las encuestas, pues reflejan la realidad lingüística del lugar.

Bahía de Kino

En este lugar fue donde encontré al pescador de mayor edad. Oriundo de Guasave, Sinaloa, y con 98 años, este informante trabajó lúcidamente durante más de dos horas y media. Por la tarde, y en el mismo restaurante en el que había trabajado en la mañana, entrevisté al segundo, un pescador de 43 años, quien llegó acompañado del nonagenario. Es necesario aclarar que en esta segunda encuesta el informante de mayor edad nunca intervino.

Punta Baja

Punta Baja es una costa larga al sur de Bahía de Kino; en ella existen varios campamentos pesqueros que en épocas de veda parecen verdaderos pueblos fantasmas. En uno de ellos, llamado El Sahuímaro, —a 80 kilómetros de Bahía de Kino— llevé a cabo mi trabajo con dos pescadores, uno de 45 y otro de 50 años. Las encuestas las realicé en casa del informante más joven con pocas horas de diferencia entre una y otra.

Estero de Tastiota

En este sitio —a unos 50 kilómetros del campamento El Sahuímaro— existen granjas de camarón que están a cargo de la Secretaría de Pesca. Fue en este lugar en donde, al acercarme a unos pescadores, me comentaron que en ese momento no podían atenderme, pues llevaban a la cooperativa cercana media tonelada de jaiba que habían capturado la noche anterior. Busqué y hallé con alguna dificultad a mis informantes: un hombre de 58 años que en ese momento se encontraba leyendo el periódico, y un pariente suyo de 30. Las encuestas las llevé a cabo en la casa del mayor, muy cerca del estero.

Guaymas

Guaymas es el puerto más importante de Sonora, su flota es grande —más de 1000 embarcaciones—, cuenta con 40 muelles, varias enlatadoras, congeladoras y harineras, lo que hace de este lugar un puerto de altura. En él, y por recomendación de los investigadores del Centro Regional de Investigación Pesquera (CRIP), acudí al barrio llamado La Cantera, en donde pude encuestar a tres pescadores de 76, 57 y 36 años, quienes eran oriundos del lugar. Dos de ellos dejaron varias cuestiones sobre construcción naval sin contestar; sin embargo, mandaron a buscar a un carpintero de ribera —el de 57 años— para que las respondiera. El trabajo, que resultó gratificante en todo momento, lo llevé a cabo en la casa del pescador de más edad.

Las Guásimas

A 35 kilómetros al sur de Guaymas se encuentra Las Guásimas, pueblo de pescadores en cuyo muelle había gran movimiento de pangas que llegaban con jaibas frescas. Ahí, debajo de una enramada rústica y seca, logré encuestar a dos hombres yaquis de 29 y 48 años que descansaban después de la ardua tarea de la pesca. Primero entrevisté al de menor edad, mientras que el otro fue a su casa para atender asuntos particulares; luego pude aplicarle el cuestionario.

Bahía de Lobos

Por recomendación del informante más joven de Puerto Libertad, fui a Bahía de Lobos —a 85 kilómetros de Las Guásimas— a buscar a un hombre de edad conocedor experimentado de las cosas de mar. Por desgracia se encontraba enfermo, pero suplió esta ausencia otro pescador de 57 años con vastos conocimientos marítimos. El otro informante fue un joven de 33 años que llegó acompañado de otro pescador de 31, el cual ocasionalmente respondió algunas cuestiones.

Yavaros

A 140 kilómetros de Bahía de Lobos, se encuentra Yavaros, que es el segundo puerto sonorense en importancia; posee una flota de más de 400 embarcaciones, 8 muelles, varias enlatadoras, harineras y congeladoras. Ahí recorrí las salinas, y en uno de los varios muelles contacté a dos hombres, uno de 30 y otro de 46 años, quienes me sirvieron de informantes. Primero entrevisté al más joven y luego al de más edad, quien dijo ser de la localidad de Ahuasito, en el estado de Sinaloa. Ambos dejaron varias preguntas sin contestar, sobre todo el joven. Aun así, las encuestas resultaron enriquecedoras en todos los sentidos.

 

Preguntas iniciales

¿Cuál es el nombre de esta localidad?

Todas las localidades tienen el mismo nombre con el que se les conoce oficialmente, salvo Desemboque de los Seris, cuya denominación es El Desemboque, aseguraron los lugareños. El que se le llame Desemboque de los Seris solamente es para diferenciar a esta población de otra cuyo nombre es el mismo y que se encuentra al norte de este asentamiento de indígenas.

¿Qué nombre reciben sus habitantes?

Los gentilicios obtenidos son: peñasqueños (Puerto Peñasco), liberteños (Puerto Libertad), seris (Desemboque de los Seris), comcaac (Punta Chueca), tastioteños (Estero de Tastiota), guaymenses (Guaymas), yaquis (Las Guásimas), lobeños (Bahía de Lobos) y yavareños (Yavaros).

¿Tienen algún apodo los habitantes?

No obtuve respuesta.

¿Qué nombre tiene esta costa?

Solamente en Punta Chueca registré Canal del Infiernillo; en el campamento El Sahuímaro, Punta Baja; en Estero de Tastiota, Tastiota; y en Yavaros, Costa de Yavaros. En los demás sitios no obtuve respuesta.

¿Cómo se llama el mar que tenemos delante?

Todos los informantes dijeron Mar de Cortés, salvo el informante B de Punta Baja, quien dijo Pacífico, y el A de Puerto Libertad, quien profirió Mar Mermejo por Bermejo como segunda respuesta.

¿Qué otros mares conoce?

Ninguno conoce otros mares, pues sólo se desplazan de un campamento a otro dentro de los límites de la entidad; solamente un pescador de edad en Guaymas dijo haber trabajado en Veracruz —en el Golfo de México— y en Acapulco —en el Pacífico.

¿Qué fiestas celebran en esta localidad?

Las fiestas que se celebran en estos lugares son de dos tipos: religiosas y políticas como la Navidad, el Año Nuevo, la Semana Santa, el Día de la Marina (1 de junio). Igualmente participan los pescadores el 16 de julio, cuando celebran a la Virgen del Carmen; el 12 de diciembre le hacen su fiesta a la Virgen de Guadalupe; el 28 de octubre honran a San Judas Tadeo (Bahía de Lobos) como patrono del pueblo. Los seris dijeron celebrar sólo el 1 de julio, que es el Año Nuevo de la comunidad, y el 1 de junio (Día de la Marina).

 

Léxico

El mar

Marejada

La ondulación del mar producida por el viento fue denominada marejada por 17 pescadores de 10 lugares; ello hace que ésta sea la norma general. A ella se suma ola con un poco menos de vitalidad, pero siempre usual, pues fue proporcionada como primera respuesta en Puerto Peñasco, Desemboque de los Seris, Bahía Kino y Guaymas. Las otras formas, oleaje y brisa, las pude recoger en Bahía Kino y Puerto Libertad, respectivamente. Estas marejadas pueden ser rápidas, 'bravas', bobas, lentas', picadas, altas, chicas o de fondo, también llamada hinchón en Guaymas. La situación que presenta marejada frente a ola es semejante a la que ocurre en la costa atlántica de Colombia, en donde la denominación mareta ha desplazado casi totalmente a ola (Montes y Flórez, 1973:28), forma también desgastada en Andalucía hasta hace 25 años, pues el ALEA (mapa 990) la registró en el 65% de las localidades costeras estudiadas, pero que hoy parece estar en proceso de expansión gracias a los medios informativos sobre el estado del tiempo (Martínez González, 1992:26). En el litoral sonorense, habrá que esperar algún tiempo para saber si esta situación permanece o cambia en los hábitos lingüísticos de los pescadores.

Luz fosfórica

A la luz que sale del mar y que "sólo puede verse en las noches oscuras" —según un pescador de Bahía Kino— le llaman fosfórica o la fosfórica. Esta luz puede percibirse sobre todo "cuando no hay luna pues el mismo pescado brilla", o bien en "la luna nueva y los cuartos". Un pescador de edad, en Bahía Kino, argumentó que esa luz aparece "porque el mar tiene mucho fósforo, y en las noches oscuras lo aluza el animal". A esta forma que es la de mayor extensión se suma fosforescente registrada en Puerto Peñasco, y corresponde a la ardentía gaditana y a la arda granadina.

Meteorología

Viento, brisa

Al viento que sopla seguido sin rachas le llaman los pescadores brisa y viento —que son las formas de mayor uso—; con menor vitalidad aparece adjetivado: tropical (Puerto Peñasco), tranquilo (Punta Baja), suave (Las Guásimas) y natural (Yavaros). Sin embargo, en dos sitios pude obtener una denominación con mayo res características marinas: colla en Estero de Tastiota, y collera de viento en Puerto Libertad, que son variantes de collada, continuidad o permanencia del viento en una misma dirección' (Martínez Hidalgo, 1982).

Viento con rachas

El viento fuerte no sostenido es viento con rachas, arrachado, enrachado —siempre con ch fricativa— ventarrón, collas de viento y torito. La forma con el determinativo con rachas es la más común, aunque también lo son arrachado y enrachado. La denominación colla parece tener mayor uso desde Estero de Tastiota hasta Yavaros, donde pude documentarla en varios pescadores; torito tiene una vitalidad mayor que la anterior desde Punta Chueca hasta Yavaros. Los toritos son vientos muy fuertes que bajan de las montañas; "muy bravos como los toros", comentó un pescador de Bahía de Lobos; otra versión del mismo fenómeno la porporcionó un informante de Bahía Kino, argumentando que si el viento sopla fuerte cuando uno se encuentra en el mar se llama torito; si ocurre en la tierra, chubasco.

Culebra

A la especie de tubo de agua que sube del mar a la nube los pescadores le llaman metafóricamente culebra; otra denominación que le dan es tromba, como en Puerto Rico. Otras formas documentadas son: remolino, tornado, torbellino. Para el pescador el nombre más usado es culebra, aunque algunos marcan diferencias, pues ésta toma el agua y la tromba la descarga. Estos fenómenos —que en el sureste de México, Puerto Rico y costa atlántica de Colombia son llamados mangueras— producen mucha agua y anuncian mal tiempo.

Llovizna

La lluvia menuda es indudablemente un fenómeno muy natural que todos conocemos y al que festivamente aludimos cuando alguien se deja mojar por ella. Así, en la formación del popular chipichipi confluye la onomatopeya nacida de la intención del hablante por matizar la acción persistente de la llovizna con el sonido chi. Prueba de ello es que he documentado, además del ya conocidísimo chipichipi formas como chipitear —con ch fricativa— en Bahía de Lobos y Puerto Libertad, y chispito en Punta Chueca que posiblemente sea —esta última— un derivado de chispa —voz onomatopéyica—, al igual que chispear, 'llover muy poco, cayendo sólo algunas gotas pequeñas', registrada en Punta Baja y Puerto Libertad. Sin embargo, la denominación más extendida es llovizna junto con la variante lluvizna, a la que se suma también con vitalidad equipata. Sobre el origen de esta voz, Sobarzo (1991) dice que proviene de la voz cahíta quepata, de quepa, 'lluvia', y ta, partícula que forma el caso oblicuo y es la'lluvia de invierno o agua-nieve' y 'llovizna menuda y persistente, carácter que tienen las lluvias invernales en Sonora'; por su parte, Santamaría (1959) menciona que es voz tarahumara, pero no proporciona la etimología.

Los astros

Las Tres Marías

Las denominaciones usadas mayoritariamente son Las Tres Marías (+), Los Tres Reyes (-). El informante de más edad de Las Guásimas mencionó Los ojos de Santa Lucía que corresponden a las estrellas llamadas Cástor y Pólux de la constelación de Géminis; mientras que los jóvenes de Puerto Libertad y Bahía de Lobos dijeron El Arado o que son parte de él, refiriéndose a la Osa Mayor y no a Las Tres Marías que en realidad son las estrellas que forman el cinturón de Orión. Lo anterior pone de manifiesto que los pescadores jóvenes ponen menos atención a ciertos fenómenos del mundo exterior que los de más edad, con lo que el léxico manifiesta un marcado empobrecimiento que puede hacerse mayor día a día. Solamente en Punta Chueca encontré una denominación hasta entonces desconocida para mí: Los Tres Animales, que son el borrego cimarrón, el venado buro —venado muy desarrollado (Basauri, 1990:142)— y el venado cola blanca; referentes inmediatos de la cultura de los indígenas seris que se ve reflejada —del mismo modo que Cástor y Pólux o La Osa Mayor— en el firmamento común a todas las culturas.

Las Cabrillas

Las Cabrillas es el nombre general que se le da a este grupo de estrellas; las formas El carro, El arado, El papalote fueron documentadas en Las Guásimas, Bahía de Lobos y Puerto Libertad, respectivamente, pero referidas a la Osa Mayor. El informante B de Punta Chueca dijo Mujeres, mientras que en Guaymas pude registrar las que brillan como producto de un cruce morfosemántico debido a la imprecisión de la vocal protónica a de la sílaba ca que favorece la variación metafónica a>e, produciendo así una situación para interpretar la expresión como parte de "brillar" y que abandona la relación de "cabra" que quizá no diga nada al pescador.

Geomorfología

Cantil

La costa cortada verticalmente es cantil como denominación general, zona cantilosa referida a la costa o cantiloso en relación con el tipo de terreno. Un cantil es un escalón formado por el lecho marino u orilla cortada a pique o casi a pique' (EGM), es decir, una formación submarina, y con ese sentido lo he hallado siempre en los trabajos consultados; sin embargo, entre los pescadores sonorenses es un tipo de costa y no una formación rocosa en el mar. De hecho, como uso americano, el DRAE lo define como 'borde de un despeñadero', sin aclarar si se trata de una formación en la tierra o en el mar. Con menos uso pude registrar acantilado (Las Guásimas), paredón (Bahía de Lobos), risco (Puerto Peñasco), peñasco (Punta Chueca) y escollera de piedras (Yavaros), forma pleonástica esta última, pues una escollera es un 'conjunto de rocas esparcidas a modo de espigón o roqueo' (EGM) y que no guarda semejanza alguna con el cantil sonorense, lo que me conduce a pensar que el informante confundió la pregunta con otra acerca de un tipo de costa pedregosa de difícil acceso desde el mar.

Bahía, ensenada

El cuerpo de agua recogido entre dos puntas es bahía y ensenada. La lengua dispone de varias voces para designar conceptos muy próximos semánticamente: golfo, bahía, ensenada, seno, estero, rada, caleta; se puede decir que expresan el mismo concepto pero de una forma cuantitativamente distinta, pues desde golfo hasta caleta existe una diferenciación que se basa en el tamaño, y al ser éste relativo y al no haber la posibilidad de establecer una comparación, las formas suelen confundirse y crear problemas terminológicos que conducen a una sinonimia falsa. Por ello, al hacer la pregunta y obtener dos respuestas, cuestionaba entonces sobre la diferencia entre ambas; de manera general a la bahía la consideran los pescadores de mayor extensión que la ensenada. La otra denominación recogida fue estero, con un ostensible menor uso.

Arrecife

El fondo de piedras cerca de la superficie del mar tiene ocho denominaciones entre los pescadores, siendo arrecife la más generalizada; a ella —aunque con menor uso— se suman tepetate, del náhuatl tetl, 'piedra', y petatl, 'petate' y que es'cierta clase de piedra amarillenta, con un conglomerado poroso, y que cortada en bloques de cantería sirve para construcción' (Santamaría, 1959), cuya utilización en la lengua marinera es una sinécdoque, pues se nombra el objeto por el material con que está hecho. Otra de las formas registradas es anegado, que se caracteriza por ser'el bajo de cualquier objeto cubierto de agua' (EGM), llamado también quebrado en la costa caribeña de México. Atracadero, muerto y piedras ahogadas son denominaciones con menor vitalidad, en cuya formación metafórica el rasgo semántico inmovilidad' de muerto, atracadero y ahogadas es notorio. Otras formas documentadas son pedregal y riscal.

La navegación y las maniobras

Ciar

No todos los conceptos poseen varias denominaciones. Mar, nube, muelle, mediodía y muchas otras son formas únicas entre los pescadores. También las hay en desuso y casi olvidadas por los viejos, quienes en su juventud remaron y navegaron en embarcaciones de vela y madera. Éste es el caso de ciar, palabra solamente recogida de un pescador de 76 años en Guaymas en la forma ciyar, con y epentética. Ciar posee, según Garasa (1952-1953:188), una acepción netamente marinera; citando a García de Palacio (1587), Garasa anota que es "cuando se rema hacia atrás, reculando; se dize también quando quieren detener, y que no pase algún navío, calando los remos al agua, remando al contrario y así lo detienen y reparan". Como varios de los marinerismos, éste también ha pasado a designar realidades terrestres, así en Galicia las formas cear, ciar, cenar, cejar significan 'hacerse atrás el ganado', y con el mismo significado Corominas (1941:13) lo documenta en la región de Mendoza y otras provincias andinas. El DA (Diccionario de autoridades) contiene dos acepciones: 'retirarse o andar dando pasos hacia atrás, sin volver la espalda' y 'remar hacia atrás'. Corominas (1980-1983) dice que es voz náutica del mismo origen incierto que el portugués y catalán ciar y que quizá sea un derivado de cía, 'cadera', por el esfuerzo que desarrolla esta parte del cuerpo al ciar.

Navegar a vela

Por desgracia, el léxico relacionado con la vela en Sonora pertenece al pasado. Prueba de ello es que en todas las localidades visitadas no vi embarcación alguna cuyo medio de propulsión esté basado en el velamen. Sin embargo, incluí en el cuestionario algunas preguntas a fin de rescatar este léxico y evitarle un naufragio a todas luces evidente.

Las pocas denominaciones fueron a favor y orzar, aludiendo a que así se llama cuando la embarcación navega y el viento le llega por la popa, es decir, al navegar a favor del viento; cuando la brisa pega sobre proa dicen navegar en contra, de frente y orzar. Orzar es guiar el buque llevando su proa desde sotavento hasta barlovento, o disminuyendo el ángulo de la proa con el viento' (EGM). Guillén (1948:7) menciona que 'es la posición del buque ciñendo al viento, es decir, navegando contra éste', que es la misma definición que contiene el DRAE. La escasez de respuestas confirma lo dicho, y la evidente confusión del informante que empleó orzar muestra claramente que este léxico está a punto de extinguirse.

Pavo

La forma pavo resultó ser la única recogida en todos los sitios investigados. El pavo, dice Gatti (1986), es el adolescente aprendiz que no recibe paga porque no tiene derecho a la parte pero que siempre obtiene algunos pescados para llevar a su casa e incluso para vender; es el que recibe dinero del patrón y de la tripulación. Está obligado a obedecer a todos, a aprender todas las maniobras, a ayudar a cada uno de los tripulantes; es una especie de sirviente, y su aprendizaje puede durar varios viajes. Su tarea más pesada es la de nevar, es decir, poner los pescados obtenidos en cada lance entre capas de hielo, metido en una bodega húmeda y fría paleando hielo y acomodando el producto... aguantando el albur pesado, trabajando al ritmo de los que ya saben el oficio... El pavo empieza casi un niño, llevado en su primer viaje por algún tío o compadre (nunca por al padre) casi clandestinamente... Si su trabajo resulta bueno, si sus compañeros valoran positivamente su desempeño, puede pasar a ser rápidamente un tripulante con plenos derechos, incluso el de ejercer arbitrariedades sobre el nuevo pavo. Es el primer paso para llegar a ser un buen marinero.

Jarcias

Situación semejante a la de las velas ocurre con las jarcias, pues las pangas en las que trabajan los pescadores ribereños en Sonora carecen de ellas, no totalmente pero sí es notoria y justificada —además— esta ausencia al no tener las embarcaciones árboles ni velas.

Existe gran confusión entre los pescadores para dar nombre a cada una de las cuerdas de la embarcación, pues varios de ellos dudaron en expresar la denominación que contestaba a la pregunta; de manera general y ante tal desconocimiento decidían emplear el genérico cabo aclarando que estos se nombran por número.

Las jarcias de un barco se dividen en dos clases: la jarcia firme y la jarcia de labor, la primera contiene los cabos y alambres siempre fijos y que bien tensos sirven de sujeción a los palos, éstos son: mostachos, vientos, frenillos, obenques, estayes, burdas, nervios, etcétera; la segunda —que es movible— agrupa a los cabos que se emplean en aparejos, orientar y cargar las velas, y son: drizas, bozas, amantillos, racamentos, cargaderas, etcétera. Además, la jarcia se mide por su circunferencia o mena, mientras que su longitud lo es en metros.

Las formas que pude documentar de los pescadores las anoto a continuación, haciendo una breve descripción de ellas cuando he hallado la explicación respectiva: nervios, jarcia que sirve para mantener el palo mayor vertical o un tanto inclinado según se desee', son los llamados obenques (EGM), estay, jarcia que cumple la misma función que los nervios, flechaste, 'pedazo de vaivén u otro cabo delgado hecho firme de obenque a obenque en línea horizontal por toda la tabla de la jarcia y a trechos ordenados para formar una escalera por la que se puede subir a lo alto de los palos' (EGM), tralla, 'cualquier tipo de cabo que sirve para amarrar', fol, 'cuerda que se refuerza con hilos de alambre', tirantes son los mismos nervios, cable de acero, cable reforzado y guarnes que no es propiamente —este último— una cuerda, sino cada una de las vueltas de un cabo o cable enrollado en torno de un objeto (EGM), aunque un pescador dijo en Yavaros que es "un cabo que va del tangón a la pluma en los barcos camaroneros".

Como puede observarse, las denominaciones —proporcionadas solamente por diez informantes— corresponden únicamente a la primera clase de jarcias: la jarcia firme; la ausencia de nombres como enchina, driza, troza, amantillo del grupo de las jarcias de labor se debe a la inexistencia de embarcaciones de vela.

Tipos de embarcaciones y construcción naval

Escobén

El agujero por donde pasa la cadena del ancla es el escobén —forma proporcionada sólo por cuatro pescadores—, aunque no es privativa del sistema de fondeo, pues es 'cualquiera de los agujeros a uno y otro lado de la roda de un buque por donde pasan las cadenas' (Diccionario Marítimo Español, 1864). Con menor uso registré argolla en Estero de Tastiota y anilla en Yavaros. Un carpintero de ribera que ocasionalmente participó en la encuesta en Guaymas dijo batayola. Ésta es una 'especie de barandilla doble de madera que, encajada en los candeleros de hierro corría por la borda en cuyo hueco se acomodaban en los buques de guerra los coyes (hamacas) de la marinería y tropa' (EGM). Este hombre aludió a que le llaman batayola porque se batalla mucho para fabricarla, y de esta manera él y sus compañeros formaron el derivado. De hecho, batayola proviene del catalán batallola, diminutivo de batalla, porque ahí se apostaban los soldados para pelear; así, el castellano batahola, 'bulla, alboroto', tiene el mismo origen (Corominas,1980-1983), y su significado 'se explica por el fragor del combate que se desarrollaba junto a la batayola'. Lo cierto es que la batayola posee un hueco y esto la hace similar al escobén, y por eso llaman así al aro por donde pasan las cadenas y las cuerdas.

Camarote

Fueron cuatro las denominaciones que recogí y que designan el lugar donde duermen los marineros: camarote —la más extendida—, rancho —registrada en cuatro sitios—, dormitorio —documentada en dos— y pañol —mencionada por un solo pescador—. Importa poco en qué sitio duermen los pescadores —muchos de ellos lo hacen en cubierta en sus hamacas, otros descansan en la bodega o donde pueden—; sin embargo, sí es importante el nombre que ellos les dan a esos lugares. Rancho —recogida del informante de más edad (98 años) y de otros con menos años pero que pasaban de los 50— es el 'lugar donde se acomodaban los soldados y toda clase de gente viajera durante los siglos XVI y XVII' (Arancibia, 1967:21) y de ahí pasó a América a designar 'choza de los indios', 'vivienda pobre y rural aun de los criollos' (Meier, 1967). Quien documenta estas acepciones terrestres desde 1535 en Fernández de Oviedo (Historia general y natural de las Indias). En las embarcaciones antiguas, dice el Vocabulario marítimo de Sevilla: Rancho de Santa Bárbara era la camareta o división que estaba debajo de la cámara principal del navío, donde está la caña del timón' (citado por el DA).Tanto la EGM como el DME asientan que es un 'pasaje determinado de la embarcación para alojarse los individuos de la dotación'. Otra acepción antigua de la voz rancho es provisión de comida que se reparte para muchos en común' (DME y DA), acepción que el DRAE registra junto con otras dos y a la que hace derivar del alto alemán hring, mientras que Corominas (1980-1983) ofrece un origen francés, se ranger, de donde provendrían verbos como arrancharse y ranchear, aunque Meier (1967) no está de acuerdo y se muestra más afiliado a un origen castellano. Es también 'división de la marinería para las faenas' (DME),'rancho de los sargentos, del armero, del contramaestre' (EGM). En su acepción terrestre de 'choza campesina', en México se documenta en las Crónicas de la Conquista de Nueva Galicia en territorio de la Nueva España en 1530; empero, y a pesar de su escasa extensión actual, sigue conservando su primigenia significación marinera, al menos entre los pescadores viejos.

Bodega

Al espacio del interior del barco destinado a meter artes de pesca, cajas, etcétera, le llaman bodega y pañol; este último es un término náutico y militar, y tanto el DRAE —que asegura que es de etimología discutible— como la EGM dicen que es 'cualquiera de los compartimientos de reducidas dimensiones donde se guardan los víveres jarcias, respetos de máquinas, municiones, etcétera', aunque Eugenio de Salazar y Alarcón no lo haya usado con ese sentido en la carta4 en que describe lo que le sucedió en su viaje de Canarias a la Española en 1573 al estar mucho tiempo en contacto con los hábitos lingüísticos de los marineros: "Cuando pido alguna caja de conserva, digo saca la cebadera. Si pido una servilleta: saca el pañol.5 Si llego al fogón, digo: bien hierven los ollaos..."

Este compartimiento, si se halla en la popa, se le denomina pañol, y si se encuentra en la proa, rancho, según testimonio de un pescador de Yavaros. La otra forma documentada es almacén, recogida de un informante seri en Punta Chueca.

Caseta

La parte del barco en que están los instrumentos de navegación es caseta —la de mayor vitalidad—, derrota —recogida en dos lugares—, puente y cabina. La derrota es el camino que hace o debe hacer una nave' (Guillén, 1948:10) porque derrotero es 'la línea trazada en la carta de marear para gobierno de los pilotos en las naves' y 'el libro que contiene la situación geográfica de los puertos de una costa o costas y mares adyacentes o intermedios con todas las noticias necesarias para facilitar y asegurar la embarcación' (DME).

Al hallarse en esta parte del barco los instrumentos de navegación, en este sitio se traza necesariamente el derrotero y por esta razón se le llama derrota; se trata entonces de una sinécdoque, pues se nombra la parte —derrota, 'línea del camino'— por el todo —cabina o caseta. La razón por la que solamente en Puerto Peñasco y Guaymas haya documentado esta forma, se debe a que únicamente en esos puertos —además de Yavaros— las embarcaciones tienen este tipo de construcción en la cubierta.

Artes de pesca

Chinchorro

El chinchorro, un arte de pesca extendido en todo el litoral sonorense, es 'una red a modo de barredera, semejante a la jábega, aunque más pequeña' (DME) y también designaba al pescador que la usaba, así como a la embarcación. La forma chinchorro se ha convertido —igual que boya— en un nombre genérico entre los pescadores de Sonora, pues por alguna razón las denominaciones específicas de las redes —sardinal, cazonal, boliche, etc.— han caído en el olvido con el consecuente desuso y desconocimiento de estas voces por las nuevas generaciones, y se emplea esta sola forma para nombrarlas. Empero, las únicas denominaciones que no se han visto afectadas —por el gran uso que tienen estos tipos de red— son tarraya y trasmallo.

Sobre su etimología, Corominas (1980-1983) afirma que procede del latín cimex, cimecis, 'chinche'; Martínez González (1993: 103-104) deriva la voz del portugués chincha, 'red de pesca', pues aparece documentada en el Diccionario etimológico da lingua portuguesa de J. P Machado en 1421. Pontillo (1982-1983), por su parte, también la deriva del portugués chincha, 'molde para queso', que evidentemente comparte el elemento semántico 'apretar' con la red; esto es, para conseguir la cuajada del queso.

En cuanto al sentido original de la palabra, comenta Pontillo que debió ser 'red para pescar', de ahí pasó posiblemente a designar 'barquichuelo' a través de las expresiones "barco de chinchorro"; finalmente en América adquirió el significado de 'hamaca tejida en forma de red', sentido que en Sonora no se le otorga.

El comercio

Tara

El recipiente que contiene el pescado o cualquier otro producto marino para su transporte a los centros de acopio, cooperativas o casas particulares de los pescadores es llamado tara. Esta forma tiene que ver evidentemente con el comercio, ya que es el peso del envase de la mercancía, que se descuenta del peso total en tratos comerciales. De ahí que estos recipientes sean iguales o muy semejantes desde Puerto Peñasco hasta Yavaros. Tara, entonces, viene siendo una sinécdoque, pues se nombra la parte —peso— por el todo —caja.

Esta pequeña parcela lexical de los pescadores sonorenses es heredera, por razones históricas, de las hablas marineras peninsulares; sin embargo, posee elementos autóctonos que la hacen singular dentro del vasto mundo hispánico. Por ello, el siguiente cuadro comparativo muestra las denominaciones obtenidas en esta zona de México frente a otras documentadas en costas tanto de América como de España (ver cuadro).

 

Conclusiones

No hay que forzar mucho la mirada para percatarse de que en esta muestra del léxico pesquero existen evidentes similitudes entre las formas recogidas en la costa sonorense y las registradas en los otros lugares, pues su número sobrepasa la decena,6 salvo con relación a Puerto Rico, cuya exigua cantidad —si se la compara con los cuestionarios aplicados en los demás sitios— se debe a lo incompleto de la guía de cuestiones aplicada: sólo 83 preguntas.

También las denominaciones patrimoniales son numerosas. Formas como fosfórica, colla o collera, torito, chipitear, Los Tres Animales, tepetate, pañol y tara parecen serlo, y sólo estudios posteriores que puedan medir la extensión real de cada una de estas palabras podrán asegurar o desmentir esta situación.

Por otro lado, culebra, paredón y muerto son denominaciones que al ser metafóricas, es posible hallar su formación en el imaginario colectivo de cualquier grupo humano en otras latitudes; equipata, purse-sein< del inglés purse, 'monedero, bolso' y seine (net), 'de cortina, de cerco, jábega' (pronunciado porsén), pavo tienen un uso regional (Chenaut, 1985b; Díaz e Iturbe, 1985).

Queda solamente ciar en la variante ciyar como única forma que en su acepción netamente marinera sobrevive en esta zona de México donde velas, embarcaciones de madera y remos parecen ser elementos del pasado que aún no naufragan del todo —al menos— en las mentes de los pescadores viejos de Sonora.

 

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Notas

1 Las cursivas son mías.

2 No incluyo ningún término de este apartado, pues las escasas respuestas que obtuve no lo hacen sustancialmente interesante; sin embargo, esta ausencia es sintomática y demuestra la considerable mortandad léxica que padece esta lengua especializada al menos en este renglón relacionado con las velas y los árboles de las embarcaciones.

3 Dos resultaron ser sinaloenses y uno de Baja California Norte.

4 Carta dirigida al licenciado Miranda de Ron, 1573, Cartas, ed., de Pascual de Gayangos, Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid, 1886. Eugenio de Ochoa, Epistolario Español. Colección de cartas de españoles antiguos y modernos, Biblioteca de Autores Españoles, Rivadaneyra, vol.62,Madrid, Librería y Casa Editorial Hernando, 1926,t. II, p. 283-310.

5 Las cursivas son mías.

6 Ola, brisa, tromba, llovizna, Las Tres Marías, Las Cabrillas, acantilado, bahía, ensenada, arrecife, muerto, cabo, escobén, bodega, derrota, chinchorro y otras más.

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