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CONfines de relaciones internacionales y ciencia política

versão impressa ISSN 1870-3569

CONfines relacion. internaci. ciencia política vol.7 no.13 Monterrey jan./maio 2011

 

Ex libris

 

La comunidad como pretexto. En torno al (re) surgimiento de las solidaridades comunitarias.

 

Diego Sadrinas*

 

La comunidad como pretexto. En torno al (re)surgimiento de las solidaridades comunitarias, Pablo de Marinis, Gabriel Gatti, Ignacio Irazuzta (Eds.), Anthropos, Barcelona, 2010, 446 págs.

 

*Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Monterrey.

 

La comunidad ha sido un tema ampliamente debatido en el ámbito de la sociología, las ciencias políticas, la historia y la filosofía. Desde Aristóteles en adelante, el concepto ha sobrevolado el acervo de las ciencias sociales y humanas, disparando las más diversas y profundas reflexiones acerca de la naturaleza del lazo social. El libro que aquí se reseña —La comunidad como pretexto—, compilado por Pablo de Marinis, Gabriel Gatti e Ignacio Irazuzta, es ilustrativo de la trascendencia que posee la comunidad, no sólo dentro de la tradición sociológica, sino también para pensar diversos fenómenos sociales de la actualidad. Indudablemente, la comunidad fue una idea-clave en la segunda generación de padres fundadores de la sociología y, en cierto sentido, lo sigue siendo en autores más recientes. Esto alimenta nuevas reflexiones e interpretaciones de la realidad social en torno a la noción. En consecuencia, sus significados han sido sumamente variados y disímiles. La comunidad como pretexto viene precisamente a echar luz sobre esa realidad.

Antes de introducirnos en el corpus de esta plural compilación, cabe hacer un comentario acerca de sus editores, con el objeto de entender las trayectorias particulares que llevaron a que la misma sea posible. En primer lugar, Pablo de Marinis es doctor en sociología por la Universidad de Hamburgo, investigador del Conicet y dirige desde el 2007 un grupo de estudios bajo el título de "Teorías sociológicas sobre la comunidad" en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Ha dictado varios seminarios y escrito diversos textos acerca de este tema, así como sobre las sociedades de control, las tecnologías de gobierno y la condición de lo "post-social". Por su parte, Gabriel Gatti, sociólogo egresado de la Universidad Complutense de Madrid, es actualmente profesor titular de sociología en la Universidad del País Vasco, además de ser el coordinador del Centro de Estudios sobre la Identidad Colectiva (CEIC) y editor de la revista Papeles del CEIC. Cuenta con numerosas publicaciones y dictado de seminarios sobre la problemática de la identidad. Sus investigaciones giran en torno a la construcción de identidades en las comunidades post-sociales. Finalmente, Ignacio Irazuzta es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Rosario y doctor en sociología por la Universidad del País Vasco. Sus investigaciones rondan el problema de la identidad colectiva y las comunidades de migrantes. Actualmente se encuentra investigando sobre las instituciones que administran los asuntos de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos.

Estas tres líneas de investigación comparten la mutua necesidad de referencia a la comunidad para pensar diversas respuestas a sus interrogantes teóricos. Ello no podía sino confluir en un trabajo conjunto como el que aquí se presenta. Así, la obra se inspira en una serie de intercambios que, como explica el prólogo de la misma, tiene mucho de virtual y de encuentros cibernéticos entre los editores, a la vez que reuniones en tierra firme en las ciudades en las que cada uno radica. Por otro lado, esta compilación posee como antecedente principal el seminario internacional que tuvo lugar entre los días 17 y 19 de Septiembre de 2008 en la ciudad de Bilbao, titulado "Comunidad, identidad y políticas de gobierno en la sociedad del conocimiento". Son éstas palabras clave que tienen un profundo impacto en la forma en que la compilación fue estructurada.

Adentrándonos ya en los aspectos formales de la obra, el libro está organizado de un modo en que hace explícitas las diferentes formas en las que se hizo y continúa haciéndose presente la comunidad en diferentes ámbitos de la sociología. La compilación se divide en tres bloques. En ellos se agrupan los diferentes trabajos de acuerdo a la línea de investigación dentro de la que cada artículo se enmarca, tomando como referencia colectiva a la noción de comunidad como objeto de análisis y de reflexión.

El primer bloque reúne artículos correspondientes a los estudios vinculados al uso de la noción de comunidad en investigaciones empíricas. Nos encontraremos con investigaciones variadas, iniciando el recorrido con un pormenorizado análisis de las cibercomunidades y su relación con las poblaciones campesinas de Chiapas y Perú (Andrés Gómez y Cesar Oré), para proseguir con un examen sobre la relación entre comunidad y tradición, a la vez que como elemento productor de un "nosotros", existente y plausible de ser encontrado en los órdenes sociales más variados como recurso de identificación (Ander Gurrutxaga). A estos le sigue un estudio sobre la comunidad entendida como aquello que es el "no ser" de la sociedad, apostando al desarrollo de una disciplina que deje de lado la clásica polaridad comunidad-sociedad y trascienda los límites de la sociología (José Ángel Bergua).

El bloque finaliza con dos interesantes artículos que buscan vincular la comunidad con categorías sociales de notable trascendencia como lo son, en uno de ellos, la figura del detenido-desaparecido en Argentina y Uruguay y la forma en que la comunidad aparece con sentidos disímiles en cada caso (Gabriel Gatti). Mientras tanto, en el último artículo del bloque, se analiza la comunidad como el horizonte de la figura del mártir-suicida (Josetxo Beriain). Una primera impresión que deja este bloque es que los artículos comparten la mutua referencia a la comunidad, pero también se enlazan por su correlación con la categoría de identidad sin mayores inconvenientes, posibilitando nuevas reflexiones sobre la interrelación entre ambas categorías. Así, comunidad e identidad se entrecruzan en una fértil relación de la que derivarán valiosas conclusiones.

El segundo bloque consta de una serie de trabajos que podrían condensarse bajo la etiqueta de "estratégico-políticos". Esta clasificación permite articular la noción de comunidad con la puesta en juego de diversas categorías de la política, como la ciudadanía, la sociedad civil, el Estado, la tradición y la política misma. No obstante, este apartado deja entrever dos tendencias bien diferenciadas. Por un lado, se encuentra aquella que concibe la comunidad como tecnología de gobierno, entendida como estructurada desde el Estado. Por el otro, está la que analiza a la comunidad como espacio de resistencia, como forma de asociación que emerge espontáneamente. El primer artículo del bloque forma parte de esta vertiente. El mismo se enmarca en el enfoque biopolítico, en particular de los desarrollos de Negri y Agamben, para entender la comunidad como el ámbito de resistencia y reconstrucción del lazo social, diluido por la racionalidad moderna (Francisco Javier Tirado y Miquel Doménech). El segundo artículo busca analizar nuevas prácticas comunitarias a partir de las consecuencias no deseadas de las acciones de sus miembros, los cuales, mediante sus acciones políticas, contribuyen a la tácita disolución de los otrora más fuertes relatos sociales (Luis Enrique Alonso). El tercer escrito plantea una interesante relación entre la comunidad y la sociedad civil, buceando en las contradicciones entre ambos conceptos. En principio, la sociedad civil propia de la modernidad sería la instancia que por sus propios fundamentos niega a la comunidad, expulsándola y produciendo sujetos "anticomunitarios". Sin embargo, ésta no podría escapar a la paradójica relación de ser una comunidad que niega el tipo de vínculo típico comunitario, es decir, una comunidad autonegada (Jesús Izquierdo).

El estudio que le sigue busca explorar la intrincada relación de las comunidades inmigratorias con los gobiernos de sus nuevas y viejas sociedades a partir de tres casos modelos: las comunidades de migrantes a finales del siglo XIX y principios del XX en Argentina, la vida asociativa de los vascos en Buenos Aires y la creación de comunidades a partir de poblaciones mexicanas emigradas, por parte de agencias gubernamentales de México. Se trata de una relación en continua tensión entre la pérdida y la recuperación, de sujetos atravesados por fuertes dinámicas de exclusión-inclusión a las cuales se ven sometidos a partir del arribo en las sociedades de destino (Ignacio Irazuzta). En el cuarto artículo, la comunidad reaparece como instancia de emergencia espontánea, al analizar el caso de las comunidades rurales de Perú y la forma en que actuaron las Comisiones por la Verdad y la Reconciliación posteriores al conflicto armado de 1980, en el que el Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso inició un proceso de lucha armada contra el Estado. En este marco, la autora identifica una suerte de re-emergencia de lo comunitario a partir de las narraciones de los protagonistas rurales y su experimentación del conflicto (Silvia Rodríguez Maeso). El último artículo de este tercer bloque indaga acerca de la construcción y gestión del patrimonio cultural, extendiéndose sobre las vitales preguntas acerca de qué somos, lo que nos pertenece y representa. Así, logra establecer una notable relación entre estas preguntas y la pregunta por la comunidad (Daniel Muriel).

Finalmente, el tercer bloque está determinado por una serie de estudios plausibles de ser agrupados dentro del campo de lo "histórico-sociológico" y la teoría social clásica. Este apartado se destaca por aportar nuevas coordenadas para continuar pensando a los autores clásicos —tarea meritoria en sí misma— pero a la luz actual de la reaparición del recurso comunitario. Así, el primer artículo intentará aportar algo de luz sobre uno de los primeros pensadores en tratar el concepto de comunidad desde la sociología, como lo fue Ferdinand Tönnies. El artículo logra, por un lado, evocar el pensamiento de un autor por demás olvidado en las aulas de esta disciplina y, por el otro, hacer un profundo análisis de su tratamiento del concepto en sus diversas vertientes (Pablo de Marinis). El segundo trabajo indagará la presencia del concepto de comunidad en la obra de Durkheim, que a partir de una acertada lectura de La división del trabajo social y Las formas elementales de la vida religiosa, atravesará las polarizadas implicancias del recurso comunitario y las confluencias del ser-con como instancia de fusión, donación a lo común por parte de los partícipes, y el estar-con como instancia de simple sociabilidad (Ramón Ramos Torre). El artículo final buscará analizar la profunda relación entre los conceptos de comunidad y religión, explorando diversos escritos de Durkheim y Weber, entre otros, y atravesando horizontes conceptuales como el de la nación, los secretos y los objetos, proveyendo desde el pensamiento clásico importantes herramientas para pensar la comunidad en la actualidad (José Santiago).

Hasta aquí se exponen los aspectos formales de la obra. Ahora bien, el lector inquieto de ciencias sociales no tardará en hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué ahora, en tiempos en los cuales la sociedad experimenta cambios sin precedentes y a primera vista irrefrenables, aparece un libro sobre comunidad? Un primer ensayo de respuesta sea quizás el que se centre en las mutaciones que experimenta la sociedad y en el notable vigor que la comunidad ha cobrado. Mientras parecen colapsar los grandes edificios de identificación y socialización modernos, como lo fueron el Estado-nación, las clases sociales o los partidos de masas, proliferan actualmente modalidades de acción y agregación colectivas que se muestran como novedosas. Allí la comunidad aparece con notable eficacia y con usos sumamente diversos. Como se mencionó más arriba, ejemplo de ello es la polaridad entre llamadas comunidades "desde abajo" conformadas por la espontaneidad de sus individuos que optan por contextos micro-sociales en los cuales construyen su identidad, o bien las comunidades "desde arriba", construidas a partir de la iniciativa estatal como nueva forma gubernamental.

De esta manera, el término permanece abierto a una constante y disputada resignificación. La comunidad como pretexto transita por los horizontes más variados, buscando configurar algunos astros en el infinito universo que alberga el concepto de comunidad en su interior. Partiendo de cibercomunidades, pasando por biopolítica, llegando a Tönnies, Durkheim y Weber, abriéndose camino a la vez que mostrando la existencia de numerosas piedras-contradicciones y ambigüedades internas en referencia a lo comunitario y lo social.

La hipótesis central —si es que en una compilación se puede hablar de una hipótesis central, digamos más bien una idea compartida— es que la comunidad parece mostrarse como concepto innovador dentro de las ciencias sociales. Y eso no deja de ser paradójico, puesto que se trata de un concepto de muy larga data en la tradición de las ciencias sociales y humanas. En materia de investigación, siempre se debe sospechar de las categorías o conceptos que se ponen de moda. La sospecha es válida. Ningún canon, tampoco el sociológico, es neutral. Existen fuerzas, intereses y razones que llevan a ciertas categorías a posicionarse o reposicionarse en lugar de otras. Lo fueron la identidad, la memoria, y tantas otras. Y en algún punto la comunidad también lo es, tal vez como respuesta al desgarro del tejido social extremo que experimentamos en las últimas décadas y la necesidad compartida de espacios de contención y conexión. Respuesta que, como se dijo en párrafos anteriores —y que el libro refleja y analiza de manera formidable en el segundo bloque—, muchas veces resulta conservadora, deviniendo en profundización de ese deterioro del lazo, e incluso también método de control. Otras, simplemente parece emerger como bocanada de aire fresco, de renovación y esperanza. No obstante, luego de leer el libro, una impresión queda clara, y es que resulta difícil —si no equivocado— afirmar que comunidad sea un concepto librado a ciertas modas discursivas o de investigación.

La comunidad como pretexto viene justamente a mostrarnos la dificultad de realizar tal afirmación. La noción de comunidad se encuentra fuertemente presente en los momentos iniciales de la sociología, cuando aquella aún se disputaba el papel de ciencia con un objeto propio que la diferenciara del resto de las ciencias sociales ya afianzadas, como la historia o la filosofía. El tercer bloque del libro intentará precisamente reflejar esa centralidad del concepto en algunos autores de la sociología clásica, indagando cómo detrás de sus categorías centrales —o siendo incluso una categoría central como es el caso de Tönnies— se encuentra explícita o tácitamente la idea de comunidad.

Pero no es sólo en virtud de la presencia en la teoría social, sea clásica o contemporánea, o en las formulaciones políticas e identitarias actuales que la comunidad debe ser tomada en cuenta. Esta compilación permite observar de qué forma esta noción se halla detrás de todas las preguntas sobre la sociedad; no sólo de ella en cuanto a objeto de estudio, sino de la sociabilidad misma, de los fundamentos sobre los cuales los individuos sostienen su interacción. La comunidad se encuentra allí vigente donde quiera que hablemos de seres humanos que se relacionan de una forma u otra. En algunos casos llegando a aparecer como el fundamento último de toda vida social, como componente primigenio que permite cualquier organización social posterior. De esta forma, la comunidad es una categoría a la que necesariamente se debe recurrir si se pretende hacer un análisis serio y vasto sobre el por qué de lo social. Pregunta que, para los que nos dedicamos a estas cuestiones, resulta inquietante, imposible y, a la vez, ineludible. Aporía tal vez, pero que es necesario explorar, pues como decía Aristóteles, "quien pretende resolver bien una aporía, debe desarrollar adecuadamente la aporía en cuestión".

No preguntarse por la comunidad sería eludir la pregunta misma por lo social y contentarnos con un camino recorrido sólo a medias. Por ello es posible encontrarla en toda búsqueda sociológica. Y en este sentido es que esta compilación presenta un interés activo en declarar la actualidad del concepto, precisamente porque la comunidad y la pregunta por lo comunitario aún parecen tener mucho para decirnos acerca de nuestro objeto de estudio.

Volviendo a lo mencionado al principio, la forma en que la compilación fue constituida nos da lugar a pensar de qué modo nociones de profundo arraigo en las ciencias sociales como la identidad y la política, y sobre todo la sociedad, se encuentran interpenetradas. La comunidad es en este libro también una excusa para pensar otras cuestiones —si no su función más importante. Pretexto, por un lado —para referirse al carácter introductorio del libro—, para indagar a través de ella sobre diversas cuestiones que tienen larga data en las ciencias sociales y continúan siendo de profundo interés para los abocados a ellas. Efectivamente, las temáticas de los distintos bloques permiten que aquellos lectores interesados en esas categorías se vean inmediatamente interpelados a evaluar nuevos horizontes para pensarlas y re-pensarlas.

A través del recorrido ya expuesto, aquellos dedicados a los estudios de identidad verán en el concepto de comunidad espacios de interconexión muy fuertes, que permiten "exprimir" de la noción de identidad —tan presente en los debates contemporáneos— nuevas significaciones escasamente exploradas pero sumamente nutritivas para la investigación. Comprobarán a lo largo de las lecturas de los diferentes apartados, sobre todo aquellos del primer bloque, que la comunidad ha sido un recurso identitario de inmenso impacto, que reclama volver a pensar nociones claves como, a modo de ejemplo, la relación entre la polaridad conceptual: identidad colectiva-identidad individual. Repensar también nociones como lo común, acaso como disolución de las singularidades o, por el contrario, refuerzo de las individualidades por medio de la asociación. Pero también lo común como espacio de construcción y conformación de las identidades individuales. En cada caso, las nociones de contrato, opresión, individualidad, libertad y comunidad deberán ponerse en juego, dispuestas a ser vaciadas y rellenadas con nuevos contenidos.

Los interesados en analizar procesos políticos no se quedarán atrás, y es que precisamente el rol que juega la comunidad en la actualidad dentro del espacio de la filosofía política, e incluso dentro de las políticas públicas, no puede ser ignorado. El uso del concepto en los diferentes artículos del segundo bloque dispara una serie de preguntas acerca del rol de la comunidad en el diseño de las políticas gubernamentales, las cuales encuentran su reflejo en las transformaciones del escenario filosófico-político de las últimas décadas. En este caso, la comunidad figura entre los ingredientes destacados en los programas de los organismos internacionales y dependencias estatales como forma de agregación capaz de contribuir a la reconstrucción del lazo social, deteriorado por el avance de las recetas de cuño neoliberal. La apelación a las ventajas de los contextos micro-sociales de asociación lleva directamente a pensar en la comunidad como la contracara de los otrora grandes relatos sociales, incluso de ese gran relato que es la sociedad civil. Y de allí tal vez su lugar destacable dentro del campo de la biopolítica, donde el concepto llega a ser entendido como una profundización del deterioro social recién mencionado, reafirmación tácita de las condiciones sociales que trae aparejado el modelo en cuestión. No obstante, y como contrapartida de lo anterior, las preguntas vienen también de la mano de la comunidad como posibilidad de emancipación.

Esas aparentemente novedosas formas de asociación, que tienen un profundo arraigo en la historia, podrían llegar a funcionar como instancias contestatarias, modos de agregación que parecieran ofrecer, ya no desde la nostalgia, sino bajo nuevas miradas, alternativas a aquellos proyectos o políticas diseñadas desde la iniciativa de un Estado frugal que busca el gobierno administrado por los propios gobernados. Idea que en sí aparece como emancipadora, pero que resulta en una noción manipulada para continuar con el gobierno por una vía de mayor eficiencia. En este sentido, la comunidad aparece repleta de paradojas, que a su vez la convierten en una categoría fértil para pensar diversos fenómenos actuales complejos, que resultarían sesgadamente descritos por la utilización de constructos simbólicos que no se encuentren a la altura del bagaje semántico que conlleva la apelación a este concepto.

Ahora bien, el mayor pretexto que permite pensar la comunidad sea tal vez la pregunta por su contraparte, la sociedad. La clásica polaridad tönniesiana comunidad-sociedad, también presente con diversos matices en Weber, y no menos en Durkheim —manifestada, por ejemplo, en la dualidad "solidaridad orgánica - solidaridad mecánica"—, nos lleva a pensar en qué consiste la sociedad. En este camino se orientan precisamente los artículos del tercer bloque, interpelando al lector a repensar la viabilidad de dichas categorías en la actualidad. Se trata de conceptos que, por su parte, han sufrido notables mutaciones que los hacen diferir de sus antepasados homónimos. Ciertamente la comunidad parece haber dejado de remitir exclusivamente a aquello que otrora designaba, pero su antinomia ha sufrido en los últimos tiempos un conjunto de mutaciones sin parangón que obligan a cuestionarse incluso si aún es plausible seguir hablando de sociedad como categoría descriptiva.

Adentrarse en estas cuestiones resulta por demás tentador. El lector interesado encontrará ideas sugestivas para reflexionar acerca del objeto de estudio "sociedad", e incluso de la sociología entera. No es casualidad que directamente uno de los artículos llegue a plantear la refundación de los supuestos de la disciplina bajo un nuevo paradigma (José Ángel Bergua). Los estudios sobre la comunidad son, en este sentido, una puerta de acceso para dicho ejercicio de pensamiento, ejercicio por su parte es sumamente saludable en lo que respecta a la vigencia de estas disciplinas.

Resta referirse a algunas cuestiones de carácter formal. La composición del libro resulta sólida, con artículos cuidadosamente seleccionados, de forma tal que permite establecer un hilo conductor, pero sin caer en redundancias o monotonías teóricas. Si hubiera que destacar un componente, éste sería la diversidad. Por otro lado, la amplitud del libro permite que no sólo esté orientado a especialistas en el tema o científicos sociales que deseen abocarse a él, sino también para aquellos interesados en la sociología, que simplemente deseen nutrirse de algunas nuevas reflexiones sobre nuevas y viejas preguntas. Los artículos de La comunidad como pretexto versan alrededor de todas estas cuestiones, aunque algunos recorran caminos sinuosos a la hora de establecer conclusiones. Los fenómenos a los que se hizo referencia aquí son, pues, fenómenos que aún no están resueltos, a los que en algunos casos apenas empezamos a percibir y que ciertamente aún tienen mucho por decirnos. Pretexto, pero también pre-texto, ya que el interés de esta compilación es el de establecer algunas líneas provisorias y marcar un posible camino para futuros trabajos. En este sentido, varias de las conclusiones presentes en los artículos se muestran abiertas, provisorias y abundan en interrogantes aún por resolver. Acaso sea esto lo que quiera plantear Pablo de Marinis al titular el cierre de su artículo como "Conclusiones (que no concluyen)". Las preguntas que dispara el concepto se mantienen en gran parte vigentes y abiertas, esperando, tal vez en vano, ser clausuradas. La polisemia a la que el término se abre lo vuelve imposible de concluir, de definir y cerrar. Tal es así que toda respuesta será provisoria. Que las conclusiones no concluyan no es estratégico ni pintoresco, sino por ahora inevitable.

El conjunto de artículos que componen la obra, no obstante, allanan el camino para futuras investigaciones y plantean algunos elementos centrales e interrogantes generales del estado de la cuestión en el que se encuentran las elaboraciones alrededor del concepto de comunidad. Plantean también múltiples preguntas por las formas que adquieren los lazos sociales en la actualidad. Ya en la introducción, los editores son determinantes frente a la decisión de no incluir un epílogo. Incluirlo significaría haber llegado finalmente a una etapa de clausura en donde se relata el camino transitado. Pero la obra viene precisamente a decir que estos son los primeros pasos de una senda de incontables y prometedoras bifurcaciones.

En suma, La comunidad como pretexto es el resultado de una construcción del concepto de comunidad en base a tres ejes que la sostienen como estructura. Articulados por medio de su diversidad, cada uno de estos aspectos se conjugan como lados de una misma figura, suerte de metáfora de lo que tal vez también pueda ser la comunidad. Construcción que, como una biblioteca de Babel, cada uno de sus salones, inagotables e inalcanzables, guarda uno de sus infinitos sentidos, ya que sus posibilidades de interpretación están siempre abiertas, siempre imposibles de captar en su totalidad. Será ahora tarea del lector ejercitar su atención y obtener sus propias interpretaciones.

 

Información sobre los Autores

Diego Sadrinas. Es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires, Investigador Graduado miembro del proyecto de investigación "Teorias Socilogías sobre la comunidad", con sede en el Instituto de Investigación. Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Actualmente se encuentra en la elaboración de un proyecto doctoral con título "Comunidad y Exclusión a través de la historia de la teoría sociológica"