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CONfines de relaciones internacionales y ciencia política

versão impressa ISSN 1870-3569

CONfines relacion. internaci. ciencia política vol.7 no.13 Monterrey jan./maio 2011

 

In fieri

 

¿Víctimas o victimarias? Replanteando concepciones sobre mujeres terroristas suicidas.

 

Helke Enkerlin Madero* y Marcela Luis Zatarain**

 

ITESM, Campus Monterrey. helke.aem@gmail.com*, marce.zatarain@gmail.com**

 

Fecha de recepción: 04/09/2010
Fecha de aceptación: 27/09/2010

 

Resumen

Este artículo analiza, a través de teorías feministas, las motivaciones de las mujeres que cometen actos de terrorismo suicida y cuestiona si éstas son iguales o diferentes a las de los hombres. Asimismo, se examina el rol que desarrollan dentro de las organizaciones terroristas y cuáles son sus objetivos finales. Por último, se intenta determinar si el fenómeno de las terroristas suicidas es un reflejo de una creciente equidad en su contexto social o meramente una forma de explotación de su imagen y una perpetuación de sus roles tradicionales. Para esta investigación, se abordaron tres episodios donde las mujeres tienen una amplia participación: primero en el conflicto palestino-israelí, posteriormente en el caso de las Tigresas Negras de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam y por último, en el conflicto checheno con las denominadas "viudas.

Palabras clave: mujeres, terrorismo suicida, teorías feministas.

 

Abstract

This article analyzes, through the lens of feminist theories, the motivations of women who engage in acts of suicide terrorism and question whether they are different from those of men. Their role in these organizations and their objectives are also examined. Finally, the article attempts to determine if the phenomenon of female suicide terrorism reflects increasing equality in their social context or is merely a way of exploiting the stereotypical image and traditional roles of women. In the course of research, three cases where women's participation is of note were analyzed: the palestinian-israeli conñict, the Black Tigresses of the Liberation Tigers of Tamil Eelam and the so-called "black widows" of Chechnya.

Keywords: women, suicide terrorism, feminist theories.

 

Introducción

El número total de los ataques terroristas suicidas ha ido en incremento, y las mujeres terroristas suicidas son ahora utilizadas por 17 organizaciones terroristas en 14 países (Schweitzer, 2001). "En términos de víctimas, los ataques suicidas son la forma más eficiente de terrorismo. De 1980 a 2001, los ataques suicidas representaban el 3% de los incidentes terroristas pero causaron la mitad del total de muertes a causa del terrorismo" (Pape, 2003). En los últimos años se ha desarrollado una nueva faceta: mujeres terroristas suicidas. El éxito de esta nueva estrategia depende de la sorpresa generada entre la población y accesibilidad a los objetivos. Aunado a esto, es un método eficaz por parte de las organizaciones terroristas para darse a conocer o causar controversia en los medios de comunicación. El reciente aumento de mujeres suicidas en distintos lugares, países y organizaciones terroristas merece un estudio cuidadoso de esta "arma estratégica", en el que se aborde con mayor profundidad las motivaciones subyacentes a su involucramiento, cuál es el rol que desarrollan dentro de las organizaciones y cuáles son sus objetivos finales, de tal forma se podrán replantear las concepciones que se tienen sobre las mujeres terroristas suicidas. Esto, a su vez, cuestiona el rol de las mujeres en las sociedades tradicionales en las que se enmarca su participación en ataques terroristas.

Entre 20 y 35 por ciento de los ataques de terroristas suicidas a nivel mundial son perpetrados por mujeres (Singh, 2008, p.2) y desde 1985 el fenómeno se ha mostrado una tendencia al incremento. A partir de esta premisa se puede esperar que la incidencia de mujeres suicidas se vuelva cada vez más comun y que más grupos recurran a esta estrategia. Por ello es de vital importancia entender sus motivaciones. Si son diferentes a las de los hombres, se requiere adecuar a éstas las estrategias que actualmente se tienen contra el terrorismo. Por otro lado, en caso de que sus motivaciones sean iguales, sigue siendo necesario adecuar los perfiles actuales para enmarcar a las terroristas. Los ataques terroristas perpetrados por mujeres son una realidad y, por lo tanto, independientemente de sus razones, su participación no debe de ser ignorada.

En términos probabilísticos, es imposible prevenir todos los ataques terroristas, por lo que un aspecto esencial de la lucha en su contra es atacar las raíces. Es necesario conocer y entender el problema para eliminar sus causas profundas. Resultaría una estrategia más efectiva que el aumento de controles fronterizos, vigilancia militar, etc. Al enmarcar sus experiencias en una perspectiva femenina, las teorías feministas permiten analizar a profundidad las motivaciones de las mujeres y, de esa forma, conocer a detalle algunas de las múltiples causas del terrorismo.

El objetivo de esta investigación es determinar si las mujeres tienen las mismas motivaciones que los hombres para convertirse en terroristas suicidas o si sus motivaciones son diferentes. Asimismo, se entiende como propósito analizar si las organizaciones que las reclutan lo hacen por cuestiones utilitarias y tácticas o si las mujeres tienen una participación activa en éstas. Finalmente, se intentará comprobar si el fenómeno de las terroristas suicidas es reflejo de una creciente equidad en su contexto social o si comprende meramente una forma de explotación de su imagen tradicionalmente sumisa e indefensa, así como una perpetuación de sus roles tradicionales.

Para lograr este propósito es necesario reconocer el contexto social en el que están inmersas las terroristas suicidas, conocer cuál es el papel que juega la religión en la incursión de éstas al terrorismo y establecer si el uso de mujeres bomba refleja una creciente equidad de género en las sociedades a las que pertenecen. Se abordan tres casos donde las mujeres participan en organizaciones terroristas: primeramente se presenta el caso del conflicto palestino-israelí, posteriormente se explica la participación de las Tigresas Negras de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam y por último, se hace una revisión del caso checheno y las denominadas "viudas negras". A través de dichos ejemplos se pone énfasis en las mujeres como grupos vulnerables dentro de su contexto. Sin embargo, también se desprende que las motivaciones que llevan al terrorismo en dichas sociedades son producto de una marginación y de problemáticas que no están relacionadas exclusivamente con mujeres, sino con cualquier grupo vulnerable.

 

Terrorismo suicida y femenismo

Lógica del terrorismo suicida

Después de los ataques a las Torres Gemelas en Septiembre del 2001, un mayor número de académicos e investigadores de diversas áreas se han avocado al estudio de ataques suicidas perpetrados por grupos terroristas como nueva estrategia de embate (Alvanou, 2006). Es de relevancia que, contrario al decrecimiento de actos terroristas a partir de 1980, el número de víctimas ha aumentado por el perfeccionamiento de este tipo de estrategias. Las misiones suicidas han demostrado tener un impacto profundo en la sociedad, tanto por su letalidad, como por lo insólito de los actos. De acuerdo a Hassan (2008), de 1980 al 2003, se han registrado 315 ataques de esta índole, mientras que tan sólo entre 2004 y 2005 se registraron 489 ataques suicidas. Esta escalada de violencia hace relucir una serie de cuestionamientos, tanto a un nivel macrosocial, —en los factores que convergen para que los grupos terroristas opten por cometer estas transgresiones— como a un nivel individual —en el que se puedan reconocer los motivos por los cuales una persona accede a llevar a cabo estas misiones. Este apartado pretende explicar la lógica del terrorismo suicida, demostrando que, si bien estos actos en primera instancia pudieran parecer sin sentido o irracionales por ir en contra de la supervivencia humana, en realidad obedecen a una estrategia y persiguen un objetivo final que va más allá de las muertes.

No existe alguna duda de la complejidad del tema y esto se ve reflejado en sus múltiples definiciones y valoraciones, e influye a su vez en la dificultad para lograr un consenso universal para la conceptualización de "terrorismo". A pesar de ello, sí existen ciertos elementos fundamentales que deben ser considerados para su formulación. Primeramente, se reconoce que no son operaciones aisladas, o improvisadas, sino que siguen una sistematización y una serie de objetivos, mandando un mensaje que puede ser político o religioso. Son actos violentos dirigidos hacia una población no combatiente1, es decir, desarmada y exógena al conflicto armado, perpetuado por un grupo organizado. Para efectos de esta investigación, se optó por utilizar la siguiente definición de terrorismo:

Una sucesión premeditada de actos violentos e intimidatorios ejercidos sobre población no combatiente y diseñados para influir psicológicamente sobre un número de personas muy superior al que suman sus víctimas directas y para alcanzar así algún objetivo, casi siempre de tipo político (De la Corte, 2006, p. 43)

En el terrorismo se distinguen tres vertientes principales: las organizaciones terroristas, las insurgencias y el terrorismo financiado por un Estado. Cada una de ellas no es mutuamente excluyente, sino que pueden confluir entre ellas (Adkins, 2007). Los profundos desacuerdos e inconformidades de minorías poblacionales en contra de la entidad nacional pudieran servir como precondiciones1 para la creación de organizaciones terroristas. En su búsqueda por adquirir mayor poder e influir en la toma de decisiones, hacen uso de tácticas que intimiden y, al mismo tiempo, llamen la atención sobre su causa. Por otro lado, las insurgencias que quieren subvertir a un gobierno o a una entidad política están conformadas principalmente por grupos separatistas étnicos que consideran que no se pueden cumplir sus demandas a través de vías democráticas. La última vertiente del terrorismo está apoyada y, en muchos casos, es subvencionada por naciones soberanas que buscan influir en la política de un Estado por medio de estos movimientos ideológicos o religiosos. Tal es el caso de Irán y el apoyo al movimiento del Hezbollah y sus operaciones en Líbano (Adkins, 2007).

El terrorismo responde a múltiples causas y, si bien pudiera haber una convergencia en ciertas caracterizaciones, cada uno estos grupos se desarrollan en determinado contexto social y en un tiempo específico que los hace únicos.

Ahora bien, Pape (2003) afirma que las acciones terroristas más importantes, son las demostrativas, las destructivas y, la más agresiva, el terrorismo suicida. Dicho autor describe que la primera busca obtener mayor atención a la causa, reclutar nuevos adherentes y obtener el apoyo de terceros. Debido a ello, su estrategia es amenazar con el uso de la fuerza o aplicarla, pero no de forma severa. Escalando el nivel de violencia, el terrorismo destructivo es mucho más agresivo, buscando infligir daños severos y ataques frontales a sus oponentes, pero se sigue buscando movilizar el apoyo de externos. Por último, los ataques suicidas son la táctica más impresionante y violenta. Yendo en contra de parámetros naturales como la supervivencia humana, el atacante busca provocar el mayor daño posible a expensas de su propia vida. Se aumenta el nivel coercitivo del conflicto sin importar la pérdida de aquéllos que pudieran simpatizar con la causa. El incremento de ataques suicidas ha demostrado que, si bien se trata de una táctica deplorable, ha dado mayores resultados para los grupos terroristas.

En la dinámica de las misiones suicidas convergen dos niveles de actores: en primera instancia, se encuentran los perpetradores del ataque, es decir, los individuos que sacrifican su vida, mientras que, por otro lado, se encuentran los organizadores, quienes instan y facilitan el armamento para alcanzar su cometido. Las organizaciones terroristas optan por estrategias suicidas principalmente porque infringen daños superiores, obtienen mayor atención mediática y contribuyen al logro de objetivos.

En cuanto a las motivaciones por las cuales un individuo accede a sacrificar su vida, éstas son complejas y multi causales. Los primeros intentos para comprender el fenómeno de los ataques suicidas se dieron a finales de los años ochenta y se enfocaban especialmente en la racionalidad y personalidad de los individuos, analizando sus capacidades psicológicas y tendencias suicidas (Pedahzur, Perliger y Bialsky, 2007). Sin embargo, una explicación psicológica no es suficiente para comprender estas decisiones, ya que diversos factores sociales, culturales y situaciones personales confluyen en su elección. Por ejemplo, la pérdida de seres cercanos como amigos o familiares puede producir un deseo de venganza, por la cual se buscan los medios para 'castigar' a los responsables y subsanar sus heridas. También, el sufrimiento al que es sometida su comunidad por los constantes enfrentamientos y conflictos puede hacer que el individuo esté dispuesto a tomar medidas sin importar el costo (Pedahzur, Perliger y Bialsky, 2007). A esto se puede sumar su disposición a cumplir con las misiones suicidas por el compromiso que tienen hacia determinada comunidad u organización y hacia sus metas.

De acuerdo a la teoría de la elección racional "los agentes eligen los mejores medios para hacer realidad unos deseos estables, actuando sobre creencias bien fundamentadas en información que es el resultado de un proceso de búsqueda óptimo" (Elster, 2009, p. 319). Por tanto, los ataques suicidas no son acciones irracionales si se realizan por decisión propia y siguiendo una estratégica lógica en pos de fines específicos. Se pudiera argüir que existen atacantes fanáticos e irracionales. Sin embargo, las organizaciones suicidas que asignan e instan a la misión no lo son. Son agentes que analizan y conforman la ofensiva para alcanzar sus fines.

El terrorismo es un tipo de violencia política que requiere de una audiencia que vaya más allá de sus víctimas, que sus ofensivas intimiden a su alrededor, causando un impacto en la cotidianidad y ocasionando daños colaterales, tanto físicos como psicológicos (Knight & Narozhna, 2005). Indudablemente, los ataques suicidas generan gran conmoción y terror en la sociedad civil, lo que ayuda a sus fines políticos y, por tanto, se han convertido en la mejor arma de las organizaciones terroristas.

 

Feminismo y guerra

A través del tiempo, la guerra se ha entendido como una actividad exclusiva del hombre. Esto tiene importantes implicaciones para la participación de la mujer, ya que:

Históricamente los derechos y deberes de la ciudadanía han estado cercanamente vinculados con la habilidad de tomar armas en defensa de la entidad política... Esta vinculación ha proporcionado una de las principales justificaciones para la exclusión de la mujer del dominio público y de la ciudadanía, proporciona una justificación para la subordinación de la mujer (Steans, 1998, p. 81)

De acuerdo a algunas interpretaciones, la legitimización del uso de la violencia en el marco de la guerra depende precisamente de las diferencias creadas entre hombres y mujeres. De acuerdo a Elshtain (1995), la práctica de la guerra en sociedades occidentales depende de la distinción de género entre el 'guerrero justo', por un lado, y el 'alma hermosa', por otro. El guerrero es un sujeto dispuesto a pelear por una causa justa, como la protección de los vulnerables o de ciertos valores. El 'alma hermosa' es protegida por el guerrero, pero no participa en las actividades violentas, sino que representa valores idealizados de paz y cuidado. La legitimación de la violencia frecuentemente se basa en una retórica de protección, donde el protegido toma características femeninas y es defendido por un protector masculino. "Los protectores usualmente controlan a quienes protegen... la relación protector/protegido hace a las mujeres vulnerables a la violencia de otros hombres/Estados" (Steans, 1998, p. 101).

La noción de las mujeres como actor protegido, en esta relación, es controversial. La National Organization for Women estima que entre 80 y 90% de las muertes a causa de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial han sido de civiles, la mayoría de ellos mujeres y niños (en Tickner, 1992, p.56). De hecho, la noción del ciudadano guerrero masculino está construida con base en una devaluación de los valores considerados femeninos, la construcción de la mujer como alguien que necesita ser protegida se basa en relaciones desiguales que generan más violencia hacia la mujer.

Las percepciones feministas en torno de las mujeres y su relación con o su participación en actividades violentas varía según la postura desde la cual se interprete. El feminismo liberal, por ejemplo, ve en el derecho a combatir el camino hacia la equidad y el incremento en la participación de la mujer en la esfera pública (Steans, 1998, p. 83). Los primeros estudios feministas sobre la relación entre las mujeres y la guerra coincidían en que las transformaciones sociales causadas por la guerra y la participación de las mujeres en las labores de apoyo ofrecía una oportunidad para cambiar las relaciones de género, y tenía un efecto positivo sobre la emancipación y empoderamiento femenino (Zarkov, 2006, p. 215). Participar activamente en la guerra también parecía ofrecer a las mujeres la oportunidad de ser finalmente consideradas ciudadanas plenas, ya que al defender al país también controlan su futuro, en cierta forma.

Este argumento del feminismo liberal ha sido fuertemente criticado por otras corrientes feministas. "Steihm argumenta que mientras el enlistamiento de mujeres sea permitido, no permitido, o manipulado por tomadores de decisiones masculinos, las mujeres están siendo utilizadas por hombres para manipular a otros hombres" (en Steans, 1998, p. 94). Tickner considera que, en tiempos de guerra, las mujeres adquieren nuevos roles y un grado mayor de independencia que se esfuma una vez terminado el conflicto (2001, p. 50). El feminismo de la diferencia, que postula la existencia de una diferencia fundamental entre hombres y mujeres, haciendo a éstas últimas más propensas hacia la paz, critica el uso de la violencia por parte de mujeres, considerándolo una capitulación a la estructura masculina (Steans, 1998, p.15).

La noción de la mujer como pacífica también puede considerarse un mito que perpetúa su imagen de víctima y no de agente. La asociación de las mujeres con la paz ha sido invalidada a través de la considerable evidencia en torno al apoyo de mujeres hacia las guerras en muchas sociedades. Es una asociación que, para algunos, ha sido impuesta a las mujeres debido a su carencia de armas (Tickner, 1992, p. 59). Los feminismos de la tercera ola critican la tendencia previa a concentrarse en la experiencia de mujeres blancas. En este mismo sentido, plantean que las construcciones políticas e ideológicas "del combate como algo exclusivamente masculino se desmoronan cuando las perspectivas no son de Europa occidental o Norteamérica" (Zarkov, 2006, p. 216).

Las mujeres pueden también ser agentes que utilicen la violencia para alcanzar fines que son considerados legítimos. Estos esquemas rompen totalmente con la imagen de la mujer como un ser pacífico, concentrada más en dar la vida que en quitarla. Los usos de la violencia política, justificados por algunas corrientes feministas, son sólo aquellos en los que es imposible llegar a otra solución, como situaciones de enormes violaciones a los derechos humanos. Para que el uso de la violencia sea legítimo, los pensamientos feministas también se preocupan por distinguir entre objetivos legítimos e ilegítimos, así como de asegurar que la violencia utilizada sea proporcional a la ofensa. Por ejemplo, para el feminismo postcolonial, el arquetipo de un uso justo de la violencia es la lucha armada de un grupo oprimido hacia un régimen represivo (Hutchings, 2007, p. 95).

Feminismo y terrorismo femenino

Una de las vertientes de esta actividad violenta es el terrorismo, en el cual las mujeres han pasado a jugar un papel cada vez más visible como actores centrales y no sólo con roles secundarios o de apoyo. Las mujeres terroristas suicidas van en contra de los estereotipos de comportamiento femenino; principalmente, el que caracteriza a las mujeres con base en su rol de madres preocupadas por sus hijos, —o futuras madres— avocadas a la resolución pacífica de conflictos y opuestas a la violencia (Ferree, 2009). Los estudios de género exponen estas concepciones de feminidad como construcciones sociales y no como única realidad. Aunado a esto, las mujeres en los territorios que originan a los terroristas frecuentemente son víctimas de una doble opresión, lo cual hace al feminismo un paradigma idóneo para estudiar el tema. Primero están sujetas a la represión tradicional del hombre hacia la mujer, pero a su vez son parte de una comunidad que se encuentra reprimida por otra, ya sea los tamiles por los cingaleses en Sri Lanka, los palestinos por los israelíes, o los chechenos por los rusos.

Asimismo, el feminismo, en sus diferentes corrientes, se ha enfocado por mucho tiempo en el rol de las mujeres en actividades violentas y en la relación entre las reivindicaciones nacionalistas y feministas. C. Enloe, en un texto clave del feminismo moderno Bananas, Beaches and Bases, explora la relación entre el feminismo, el nacionalismo y el uso del velo por las mujeres musulmanas que se sentían obligadas a llevarlo para defender el Islam frente al racismo orientalista (2000, p. 53). Igualmente, habla del rol prominente jugado por las mujeres en movimientos revolucionarios que, sin embargo, no conseguían los mismos derechos que los hombres al terminar el movimiento porque "los cambios en las relaciones entre mujeres y hombres hechos necesarios por las guerras nacionalistas no sobrevivían una vez que se establecía el nuevo Estado-nación" (Enloe, 2000, p. 54). Ambas perspectivas resultan importantes para el estudio de las mujeres terroristas suicidas, ya que nuevamente explora sus motivaciones para llevar a cabo estas acciones en defensa de su cultura. Puede ser que a través de la lucha nacionalista busquen librarse de ambas opresiones a la vez pero, de acuerdo a Enloe, difícilmente lo lograrán.

F. Hasso, C. Enloe y otras feministas afirman que el nacionalismo es producto de una construcción narrativa, basada en ideas masculinas, que contrastan con las ideas tradicionales femeninas, haciendo que las mujeres nacionalistas sean menospreciadas por los hombres que comparten esta visión, dificultando la inserción de mujeres a éste y a otros temas. Hasso también afirma que, aunque en Palestina han habido avances en la organización y la acción política femenina, éstas nunca han apoyado los medios militares para lograr sus objetivos (1998). También hablando de Palestina, M. Holt (2003) afirma que "no hay evidencia de justicia económica o igualdad de género en los grupos terroristas" (2001), inclusive califica a algunos integrantes de estos grupos como misóginos. Esto nos hace suponer una explotación de la imagen de la mujer dentro de esos grupos y no una verdadera participación.

Como puede verse, las interpretaciones feministas en torno a la participación de mujeres como terroristas varían, desde aquellas que minimizan este fenómeno hasta las que equiparan sus motivaciones con las de los hombres. En el resto del trabajo, se examinará el rol de las mujeres como terroristas suicidas en diferentes contextos. Aunque los tres ejemplos tratan con reivindicaciones nacionalistas, la cultura, la religión y otros factores son diferentes.

 

Casos

Israel y los territorios ocupados de Palestina

Los grupos en busca de la independencia para Palestina, religiosos o seculares, han estado activos desde la Primera Guerra Mundial, cuando posterior al colapso del Imperio Otomano la región fue ocupada por Gran Bretaña. Actualmente, los principales representantes militantes de este movimiento son Hamas, Fatah —y su subdivisión terrorista, la Brigada de Mártires de Al-Aqsa— y la Jihad Islámica Palestina. Todos estos grupos han utilizado a mujeres como mártires o terroristas suicidas a partir del 2000.

Las mujeres han jugado un rol activo en los esfuerzos de los palestinos por obtener su independencia, desde protestas y demostraciones callejeras durante el Mandato Británico, en los secuestros de aviones durante los sesentas y setentas, y finalmente como parte de la primera y segunda intifada. Además de esta participación, las mujeres han fungido como constructos ficticios dentro del movimiento nacionalista palestino, el cual frecuentemente identifica a sus territorios como una mujer, ya sea madre o amante (Allen, 2009, p.40). Empero, a pesar de algunas excepciones, las mujeres participaban en roles de apoyo a los hombres que peleaban por la causa. Desde primeros auxilios hasta preparar comida, y por sobre todo tener más hijos que, a su vez, se unieran a la lucha, el papel de la mujer se limitaba a funciones que pudiera cumplir dentro de su hogar, sin exponerse en la esfera pública.

Todavía en la primera intifada (1987-1993) la colaboración de mujeres era principalmente en funciones de apoyo. Lo que les otorgaba mayor visibilidad era ser madres de mártires de la lucha, razón por la que eran muy respetadas y se les instaba a celebrar la muerte de sus hijos. Para el 2000, año en que comenzó la segunda intifada, las condiciones eran muy diferentes. Las mujeres no estaban dispuestas a seguir cumpliendo meramente con los roles impuestos o aceptar la muerte de sus hijos, por lo que "la agenda de esta intifada incluyó tres características diferentes de la primera: una agenda con orientación de género (feminista) como alternativa a la agenda nacional del liderazgo hegemónico masculino; una maternidad alternativa y el fenómeno de las mujeres terroristas suicidas" (Tzoreff, 2006, p. 16).

En enero del 2002, Yasser Arafat instó públicamente a que las mujeres se unieran como iguales a la lucha contra Israel, aplicando por primera vez el término de mártir a las mujeres. Ese mismo día, Wafa Idris se convirtió en la primera mujer en llevar a cabo un ataque terrorista suicida en el marco del conflicto palestino-israelí, haciendo estallar una bomba en una calle de Jerusalén. Su acto fue llevado a cabo con apoyo de Fatah, una organización secular, e inmediatamente la convirtió en una celebridad y atrajo atención mediática. Es imposible dilucidar la verdadera motivación de Idris, pero sus acciones y las razones detrás de ellas han sido interpretadas de múltiples maneras. Estas mismas explicaciones han sido aplicadas a todas las mujeres que han seguido en sus pasos.

A diferencia de los hombres, las razones que generalmente se identifican como motivantes del ataque suicida suelen ser completamente personales. Allen (2009) hace un resumen de los identificados por diversas fuentes, una investigación del 2004 reporta que "todas ellas tenían historias personales muy traumáticas... las bombers que investigamos eran mujeres vulnerables, rotas, que no veían una salida" mientras que el Ministerio de Asuntos Internacionales israelí reportaba que se trataba en su mayoría de mujeres que se desviaban de la norma y tenían un pesado bagaje personal (p. 49). Una explicación común, incluso dada por mujeres cuyas misiones suicidas fallaron y se encuentran presas, es que sus situaciones personales difíciles fueron explotadas para convencerlas, sin que ellas entendieran completamente a lo que se estaban comprometiendo (Schweitzer, 2006, p.31). Esas situaciones personales difíciles generalmente se resumen a que sería prácticamente imposible para la mujer encontrar un esposo e incluyen ser divorciadas y repudiadas por parte de sus primeros esposos, infértiles, sufrir por un amor no correspondido, ser madre soltera o ser tachadas como promiscuas o víctima de una violación sexual.

Estas últimas dos razones han sido explotadas por los grupos que reclutan a las mujeres, ya que destruyen el honor de la familia. De acuerdo a algunos reportes, agentes de Fatah violan o seducen a mujeres palestinas y después las chantajean, amenazando hacer pública la situación si no participan en una misión suicida (Issacharoff, 2006, p. 44). Por otro lado, si se rumora que una mujer ha tenido una relación extramarital o ha manchado el honor familiar de alguna otra forma, convertirse en mártir se constituye como la única opción para recobrar el honor (Hardy, 2010, p. 53; Tzoreff, 2006, p. 20). Si no llevaran a cabo estas operaciones, serían parias sociales y estarían muertas para su comunidad de cualquier forma. Entre las decenas de mujeres que cometieron ataques suicidas no mucho después que Idris, una había sido violada por su tío y otra había engañado a su esposo. También Idris encaja en esta categoría de mujeres indeseables. Su esposo se divorció de ella porque no podía tener hijos y ella sentía que era una carga para sus padres.

Estas explicaciones relacionadas a traumas personales parecen ser lo primero que se busca para explicar que una mujer decida convertirse en una bomba humana, pero no son ellas mismas quienes identifican estas motivaciones y simplemente refuerzan su papel como víctimas. Incluso se ha llegado a afirmar que todas las mujeres participantes en operaciones suicidas rompen con el patrón social y provienen de familias con débiles figuras masculinas de autoridad (Toolis en Hardy, 2010, p. 41). No obstante, estos no son los únicos factores. Explicando la decisión de Idris, uno de sus hermanos dice que, como voluntaria de la Media Luna Roja (Cruz Roja), Wafa fue testigo de todas las brutalidades cometidas por las fuerzas de ocupación y se sintió comprometida a hacer algo al respecto (en Allen, 2006, p. 51). Algunos palestinos, tanto los que se oponen al uso del terrorismo suicida, como mujeres que han sido arrestadas antes de poder completar sus misiones, justifican el terrorismo diciendo que sacrificar una vida bajo la ocupación israelí no es realmente un sacrificio, debido a las condiciones deplorables en las que viven, la agresión hacia ellos, su país y sus lugares sagrados (Allen, 2006, p. 50; Miller, 2007). La decisión es una racional y voluntaria, como reacción a las condiciones opresivas en las que viven y la aparente falta de otras opciones.

Esta motivación política racional se encuentra en muchos de los testimonios grabados en video antes de que un mártir lleve a cabo su misión. Por ejemplo, Ayat al-Akhras, que a los 18 años se convirtió en la tercera mujer palestina en llevar a cabo un ataque suicida, critica en su video a los líderes árabes, los acusa de estar dormidos mientras las mujeres palestinas pelean (en Allen, 2006, p. 52). Es necesario puntualizar que estas afirmaciones hechas por las mismas mujeres son frecuentemente descartadas por interpretaciones basadas en sus emociones o problemas familiares. En el caso de Ayat, se insiste en que no fue su convicción política, sino el deshonor de su familia porque su padre trabajaba para israelíes, la que la motivó a cometer el acto. Intentando explicar por qué las mujeres harían algo tan poco femenino, se da preferencia a lo emocional sobre lo ideológico (Patkin, 2004, p. 85). Yoram Schweitzer (2006), ha entrevistado a mujeres detenidas antes de completar su misión suicida e insiste en que las primeras entrevistas revelan fundamentos personales emocionales pero, conforme pasan tiempo en prisión, cambian su historia para reflejar motivos nacionalistas altruistas. Es decir, las explicaciones emocionales son las únicas verdaderas, las políticas son producto de un proceso de indoctrinación y reflejan lo que las han hecho pensar, no lo que ellas han pensando de forma independiente.

A diferencia de los hombres, no se toma la explicación dada por las mujeres como cierta, y además se intenta dilucidar por qué las organizaciones que planean los ataques les permiten tomar parte en ellos. Las organizaciones seculares fueron las primeras en utilizar mujeres, declarando que no había diferencia entre hombres y mujeres al momento de ser terroristas suicidas. Es decir, confluyeron ciertos aspectos que llevaron a la decisión de enviar mujeres a perpetuar estos ataques, tales como su osadía, la urgente necesidad de atacar a los israelíes, así como las ventajas que ellas representaban para sortear obstáculos (en Schweitzer, 2006, p.30). Las mujeres son inesperadas, los terroristas están conscientes de que existen perfiles predeterminados para identificarlos, por lo que siempre cambian las cosas justo lo suficiente para sorprender (Bloom en Dickey, 2005, p. 2). Además de esta ventaja táctica, Patkin (2004) propone que, desde un punto de vista económico, una mujer terrorista suicida es una mejor inversión, ya que las entrenan por mucho menos tiempo que a los hombres, tienen una convicción más firme y, al morir, se les paga menos a sus familias que a las de un mártir hombre (p. 86).

Uno de los aspectos poco examinados ha sido si tomar parte en las operaciones suicidas ha cambiado el estatus de las mujeres palestinas. Para Bloom, través de la violencia las mujeres se han colocado en la línea de la batalla, entrando a la esfera pública sin la compañía de un hombre, lo cual ha convencido a la sociedad de las contribuciones válidas de las mujeres y reconstruido sus normas (Bloom, 2007, p. 99). Las mujeres palestinas consideran el combate como una forma de escapar la vida predestinada que se espera de ellas, cuando se convierten en bombas humanas no es sólo en nombre de su nación o líder, sino de su género (Beyler, 2003).

Esta visión positiva es contrarrestada por el hecho de que las mujeres terroristas no están involucradas en el proceso de toma de decisiones en sus organizaciones. Incluso en sus misiones suicidas, raramente planean los detalles sino que son un simple vehículo. Nuevamente a través de sus entrevistas, Schweitzer concluye que la imagen mediática de las mujeres suicidas como personajes fuertes con opiniones independientes se esfuma cuando hablan con ellas y surge su sentimiento de haber sido explotadas. En general, la sociedad palestina sigue aceptando la imagen tradicional de la mujer, responsable de la educación de los hijos y, como mucho, asistente de los hombres guerreros (2006, p. 39).

La persistente imagen de la mujer como el 'alma hermosa' de Elshtain, un ser pacífico y conciliador, es lo que atrae una cantidad desproporcionada de atención mediática e investigación sobre las motivaciones de las mujeres que se convierten en terroristas suicidas. Un elemento fundamental del terrorismo es generar la máxima publicidad para el evento, incrementando su impacto y haciendo que las personas vivan en un estado de constante temor. La participación de mujeres como terroristas en el marco de una sociedad tradicional, donde generalmente se limitan al ámbito doméstico, puede responder a estos estímulos. El carácter inesperado de un ataque suicida perpetrado por una mujer atrae más atención, aumentando el impacto. Adicionalmente, diluye las fronteras tradicionales entre aquellos que están involucrados en la violencia y los que no, incrementando la sensación de inseguridad al romper con los esquemas tradicionales. "Lo que se preguntan los grupos terroristas es cómo matar a tantos israelíes como sea posible. Su asunto no es a favor o en contra de las mujeres. Para ellos, una mujer es un vehículo para llevar la bomba a su objetivo" (Issacharoff, 2006, p. 50). Por lo tanto, si en una situación una mujer es más efectiva, entonces podrá participar.

 

Las Tigresas Negras de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam

Los Tigres de Liberación de Tamil Eelam no fueron el primer grupo terrorista en utilizar ataques suicidas, pero si el que los ha usado de manera más efectiva (Hoffman, 2006, p. 325; Gonzalez-Perez, 2008, p. 186). En Inside Terrorism (2006) Bruce Hoffman hace un análisis de los tigres tamiles y su fuerte identificación con los ataques suicidas como método principal de acción. Los Tigres de Liberación son un grupo separatista etnonacionalista cuyos principales oponentes son el gobierno de Sri Lanka y la mayoría cingalesa del país. Emergió a mediados de los setentas como parte de la reacción a las leyes altamente discriminatorias impuestas por el gobierno casi veinte años antes. En ellas, los cingaleses tenían preferencia sobre los tamiles al ser contratados para trabajos en el gobierno, ser admitidos a la universidad y recibir certificación de su educación. Adicionalmente, el tamil perdía su estatus como uno de los idiomas oficiales de Sri Lanka, dejando sólo al cingalés. Debido a la naturaleza de estas leyes represivas, los movimientos etnonacionalistas tamiles se originaron entre estudiantes, con apoyo de partes de la clase media y educada, ya que eran ellos los más afectados por la represión y discriminación (Hoffman, 2006, p. 138; Jordan y Denov, 2007, p. 45). Desde el inicio, el objetivo principal de los Tigres de Liberación ha sido establecer un Estado independiente para los tamiles, separado del resto de Sri Lanka.

El uso del terrorismo suicida fue inspirado por Hezbollah que, con su ataque al cuartel de los marines estadounidenses de Beirut en 1983, consiguió presionar a un enemigo superior para que se retirara. Aunque los tigres tamiles no están asociados a alguna religión en particular, sí tienen algunos tintes de culto personal y devoción a su fundador y exlíder Velupillai Prabhakaran (Hoffman, 2006, p. 132). De acuerdo a Gunaratna, experto en los Tigres Tamiles, Prabhakaran insistía fuertemente en la disciplina, el entrenamiento y la devoción a la causa. Esto sentó las bases para la cultura de auto-sacrificio y altruismo que se manifestaría en el uso del terrorismo suicida (en Hoffman, 2006, p. 139). El uso de esta técnica no es necesariamente consecuencia de la humillación o falta de otras opciones ante la intransigencia y brutalidad del gobierno de Sri Lanka. En ocasiones puede ser una mera decisión instrumental o utilitaria, porque se ve como una forma particularmente efectiva de comunicar su mensaje. Sin embargo, las razones antes mencionadas han sido un factor importante al momento de reclutar nuevos miembros. Al inicio, los Tigres de Liberación buscaban poblar sus filas con miembros de las familias que hubieran sufrido a manos de las fuerzas armadas de Sri Lanka o de pandillas cingalesas, ofreciéndoles una forma de retribución y venganza (Hoffman, 2006, p. 140).

La tendencia a ver la elección de los ataques suicidas como una decisión instrumental hecha racionalmente, y no como una medida desesperada, viene del propio Prabhakaran. Argumentaba que, con perseverancia y sacrificio, se podría lograr la independencia del Tamil Eelam en un tiempo prolongado, mientras que con ataques suicidas se podría acortar el sufrimiento de la gente y alcanzarían sus objetivos en mucho menos tiempo (en Hoffman, 2006, p. 141). El reclutamiento activo de las mujeres y su inclusión en las filas de los Tigres de Liberación desde mediados de los ochentas parece responder a una lógica utilitaria similar. Las primeras reclutas se integraron debido a una escasez de potenciales reclutas masculinos. Los Tigres de Liberación comenzaron a buscar mujeres que fueran políticamente activas, participaran en demostraciones públicas contra la opresión gubernamental o que estudiaran en la universidad (Jordan y Denov, 2007, p. 46). Aunque se han documentado casos de conscripción forzada por parte de los Tigres Tamiles, en especial en los últimos años, la mayoría de las mujeres parecen unirse al movimiento voluntariamente por lealtad nacionalista, pero también para escapar de hogares abusivos, pobreza y violencia sexual (Jordan y Denov, 2007, p. 46).

Inicialmente, las mujeres jugaban roles más tradicionales, principalmente de apoyo. Sin embargo, a partir de 1985 participaron cada vez más en combate y recibieron entrenamiento sobre explosivos, armas, espionaje y combate (Jordan y Denov, 2007, p. 46) y para 1987 contaban con una base de entrenamiento solamente para mujeres. Entre un tercio y la mitad de la subdivisión elite suicida de los Tigres de Liberación, los "Tigres Negros", está compuesto por mujeres. Lo mismo sucede con los "Tigres Marinos", encargados de conducir ataques en contra de la marina de Sri Lanka (Gonzalez-Perez, 2008, p. 186). Debido a que estas dos divisiones requieren entrenamiento especializado, la gran presencia de mujeres sugiere que los Tigres Tamiles las consideran valiosas y están dispuestos a invertir en su entrenamiento. Dentro de la organización, aproximadamente 5,000 de los 15,000 miembros son mujeres (Gonzalez-Perez, 2008, p. 186; Jordan y Denov, 2007, p. 43). Sus tareas consisten en funciones de inteligencia y espionaje, combate directo, ataques suicidas y ataques a civiles. Adicional-mente, las mujeres también juegan roles importantes en los altos mandos de la organización. En el 2002, el órgano de poder más importante de los Tigres de Liberación contaban con cinco mujeres entre sus doce miembros (Gonzalez-Perez, 2008, p. 186).

Aunque participan en todas las facetas de la actividad militar, las mujeres frecuentemente son elegidas para misiones suicidas porque no son sujetas a revisiones corporales tan minuciosas como los hombres en los retenes militares (Asokan, 2009, p. 30). El factor inicial del reclutamiento de mujeres parece ser, como se ha planteado antes, la necesidad de más personas para ensanchar las filas de los Tigres Tamiles y no un compromiso ideológico con la equidad y los derechos de la mujer (Alison, 2003, p. 29). Si bien son evidentes algunas de las razones instrumentales que han llevado a dicha organización a aceptar mujeres, y a reclutarlas activamente, éstas no explican el deseo y disposición de las mujeres a integrarse a la organización.

Las motivaciones de las mujeres son en ocasiones similares a las de los hombres, pero algunos autores argumentan que hay una fuerte presencia de catalizadores específicos de género y una tendencia hacia las motivaciones personales sobre las ideológicas (Bloom, 2007, p. 96). Dentro de las que comparten con los hombres, la más prominente es el sentimiento nacionalista. Para Bose (en Alison, 2003, p. 39), éste "ha sido transformado en un fenómeno de masas [...] y las mujeres de las generaciones más jóvenes están tan alienadas del estado y tan inspiradas por la visión de un Tamil Eelam liberado, como sus homólogos masculinos". En entrevistas realizadas a mujeres que militaran actualmente o hubieran sido miembros de los Tigres Tamiles, este motivo también era prominente. Las entrevistadas afirmaban sentir la necesidad de hacer algo por el resto de su comunidad y estaban seguras de poder vivir en paz solamente si lograban la independencia (Alison, 2003; Jordan y Denov, 2007).

Resulta necesario realzar que el sentimiento nacionalista no tiende a surgir de forma espontánea, sino como reacción a un motivo más personal. La percepción comunitaria de opresión y sufrimiento es una vertiente, pero el sufrimiento personal, principalmente la muerte de familiares cercanos o el desplazamiento de la familia a causa de la guerra, también son fuertes motivadores (Alison, 2003, p. 40; de Soyza, 2009). De las militantes entrevistadas por M. Alison, muchas mencionaron la incapacidad para terminar sus estudios secundarios debido a los estragos de la guerra y los desplazamientos continuos, o la inaccesibilidad de la educación universitaria por pertenecer a la minoría tamil, como causas para unirse al movimiento nacionalista (2003, p. 42).

Las causas que son exclusivas a las mujeres también han sido factores importantes. La violencia sexual perpetrada por las fuerzas de paz de la India, que permanecieron en las áreas afectadas de Sri Lanka entre 1987 y 1990 o por el ejército de Sri Lanka, han marcado un hito en el reclutamiento de mujeres. Ya sea por enojo y deseo de venganza ante una agresión sufrida por la recluta, o por el miedo a que les suceda y sentir que nadie puede protegerlas de eso, mas que ellas mismas, las mujeres sienten que los Tigres Tamiles son un refugio (Spellings, 2008, p. 32). A esto se añade que, en la sociedad tradicional tamil, una agresión sexual generalmente se entiende como provocada por la mujer, mientras que, dentro de la organización, no son culpadas (Alison, 2003, p. 42). No obstante, a las militantes de los Tigres de Liberación violadas "se les otorga un espacio público —y con él toda la gloria del mártir— dentro de la comunidad tamil sólo cuando ya han muerto. Son sistemáticamente silenciadas si tratan de hablar sobre su experiencia estando vivas" (Zarkov, 2006, p. 221). En muchos casos, el sufrimiento no tiene que ser propio, simplemente escuchar sobre las violaciones y abusos cometidos por el ejército de Sri Lanka y un sentimiento de impotencia ante ello son las principales razones para que las mujeres se unan a los Tigres Tamiles (Bloom, 2007, p. 96). Finalmente, se encuentra la causa de la emancipación femenina. Para Schalk (en Alison, 2003, p. 43), una de las principales motivaciones para que las mujeres tamiles tomen las armas es la percepción de que, a través de esto, lograrán ciertas ventajas en un futuro, cuando el conflicto termine. Por esa razón, el objetivo de un Estado independiente está ligado a la equidad para las mujeres y no la conseguirán a menos que se liberen del gobierno opresor.

Parte de la atracción de las mujeres a los Tigres de Liberación puede deberse a que, en el discurso oficial, la organización está a favor de la emancipación de la mujer y comprometido con elevarlas a un estatus revolucionario. En un discurso pronunciado con motivo del Día Internacional de la Mujer, Prabhakaran declaró: "la ideología de liberación de la mujer es un hijo nacido del vientre de nuestra lucha de liberación. La mujer revolucionaria de Tamil Eelam se ha transformado en un Tigre para la liberación de nuestra tierra y de la mujer... La lucha demuestra que la mujer puede alcanzar cualquier cosa que quiera hacer" (1996). Tanto la inclusión de las mujeres en roles de combate directo como su participación en ataques suicidas contradice los roles tradicionales de la mujer en Sri Lanka.

De acuerdo a un oficial del ejercito de Sri Lanka, esta organización ha llevado a cabo 239 ataques suicidas, de los cuales 64 han sido perpetrados por mujeres (en Hoffman, 2006, p. 327). Con base en los datos mencionados antes, según los cuales las mujeres formaban un tercio del total de la misma, su participación en las misiones suicidas no resulta desproporcionada. A pesar de ello, para Bloom (2007), las mujeres participan en una proporción mayor de misiones suicidas, a fin de utilizar su imagen pacífica como medio de infligir más daños. Aunque dentro de los Tigres de Liberación se acepta a las mujeres como iguales, la glorificación de su sacrificio puede verse como una extensión de la imagen simbólica —y estereotípica— de la mujer como la protectora y dadora de vida. Se espera que las militantes, en especial las que participan en misiones suicidas, actúen como redentoras de la cultura Tamil, por lo que el éxito del movimiento de liberación depende de que la mujer permanezca en sus roles tradicionales (Jordan y Denov, 2007, p. 57). En 1998, la entonces líder de la división femenina de terroristas suicidas de la organización declaró que "su fuerza residía en su capacidad de hacer el sacrificio supremo" (en Hoffman, 2006, p. 142).

A pesar de las múltiples razones que las mujeres pueden tener para unirse a los rebeldes tamiles, se sigue considerando que, específicamente aquellas que se dedican a una misión suicida, lo hacen porque han "perdido" su valor como mujeres. De acuerdo a Women for Peace in Colombo, ONG de Sri Lanka, la idea del sacrificio como algo noble es prevaleciente en la cultura Tamil, y el sacrificio de una mujer suicida se considera casi una extensión de la maternidad (Knight y Narozhna, 2005, pg. 147). Para Suva, miembro de esta ONG, "actuar como una bomba humana es entendido y aceptado como una ofrenda por parte de una mujer que no puede ser madre. La familias de mujeres que han sido violadas frecuentemente las instan a que se unan al LTTE con este propósito" (en Knight y Narozhna, 2005, pg. 147).

Si éste es el caso, el importante papel que juegan las mujeres en la organización no es para nada emancipador. Dejando de lado las percepciones del feminismo de la diferencia, según el cual las mujeres son más propensas a la resolución pacífica de conflictos, se podría aplaudir la participación femenina en esta organización como un paso adelante para ellas. Empero, en el caso particular del terrorismo suicida, hay evidencia que apunta a un participación meramente utilitaria. Las declaraciones de Suva describen perfectamente el caso más conocido de ataque suicida femenino de los Tigres de Liberación, el asesinato del ex primer ministro de la India, Rajiv Gandhi. Dhanu, la mujer responsable, aparentemente fue violada por las fuerzas de paz de la India en Sri Lanka, y su hermano militante en el mismo grupo murió en un enfrentamiento con el ejército. Su caso es similar al de muchas mujeres que eligen participar en misiones suicidas, ya que, según Bloom, su deseo de participar en este tipo de operativos frecuentemente emana de la frustración y humillación producida por el abuso sexual (en Alakoc, 2007). Para que la participación activa de las mujeres tamiles en el terrorismo suicida constituyera una muestra de emancipación o del aumento de su poder de decisión, tendrían que haber elegido participar de forma voluntaria. En un ambiente dominado por la violencia y caos social, en el contexto de una organización basada en ideales de sacrificio y violencia pero que, al mismo tiempo, parece representar la única opción de protección y aceptación, es difícil afirmar que las mujeres deciden participar de forma totalmente voluntaria (Bloom, 2005; Jordan y Denov, 2007).

 

Las "Viudas Negras" de Chechenia

Desde que Khava Barayeva manejara una camioneta repleta de explosivos hacia los cuarteles temporales de las fuerzas especiales rusas en AlkhanYurt, matándose ella y 27 soldados, las mujeres chechenas han demostrado tener un rol activo en el conflicto ruso-checheno. Entre junio del 2000 y mayo del 2005, se ha registrado veintisiete casos de terrorismo suicida adjudicados a chechenos, de los cuales 22 de ellos han tenido como partícipes a mujeres terroristas (Speckhard y Akmedova, 2006). Denominadas como las "viudas negras" por la prensa internacional, estas mujeres se han convertido en uno de los elementos más letales que tienen los militantes chechenos. Surgen cuestionamientos sobre las causas y motivaciones que tienen para ingresar en este tipo de organizaciones y, más aún, si se considera que se trata de una sociedad con una enraizada tradición patriarcal, tal y como se declara en una de las entrevistas en Making Death Possible "Es un mundo de hombres en Chechenia [por lo que] las mujeres suicidas son un gran rompecabezas" (Banner, 2009, p. 11). Los medios de información occidentales exponen la participación de las mujeres en este tipo de actos en fundamentos meramente emocionales. Es decir, su involucramiento se explica en actos de venganza personal, —por la pérdida de seres queridos, no sólo esposos, sino hijos, hermanos, familiares cercanos, que han sido víctimas de la guerra— restándole las posibles motivaciones políticas (West en Mikell, 2002). El conflicto armado ha violentado a la sociedad chechena, teniendo profundas repercusiones sociales, políticas y económicas e, invariablemente, está ligado con el desarrollo del fenómeno de las mujeres suicidas chechenas.

Los chechenos han combatido la ocupación extranjera intermitente desde la expansión rusa al Norte del Cáucaso a finales del s. XVIII. Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Joseph Stalin exilió a más de la mitad de la población chechena a Siberia y Asia Central, acusados de colaborar con los alemanes y su regreso fue concordado hasta 1957, durante el gobierno de Kruschev (Light, 2007). No obstante, esta especie de diáspora inspiró el surgimiento de un movimiento nacionalista étnico, que más tarde serviría de base para la rebelión chechena (Orlando, 2010). Tras la disolución de la URSS, Chechenia, que hasta entonces formaba una sola república con Ingushetia, proclamó su independencia2. Esto conllevó a que el gobierno ruso tomara represalias, enviando fuerzas militares a invadir territorio checheno en 1994. Esta primera guerra tuvo una duración de dos años, concluyendo con la retirada de las fuerzas rusas y con un saldo de 80,000 muertos y más de 415,000 desplazados (Light, 2007, p. 100). Entre 1996 y 1999, se inscribió un periodo de relativa paz, en el que los chechenos se enfrentaban a la ardua tarea de reconstruir su nación, pero los severos daños perpetuados por la guerra, sumados al rezago económico, menguaron sus esfuerzos. Durante este tiempo, se obtuvo el apoyo de voluntarios religiosos venidos del extranjero, especialmente de grupos musulmanes radicales (Light, 2007), lo que tuvo gran influencia en la construcción de los futuros grupos terroristas chechenos.

Tomando este precedente, sería sólo cuestión de tiempo para que reiniciaran los enfrentamientos entre Rusia y Chechenia. El momento llegó en Septiembre de 1999, cuando tuvieron lugar cuatro ataques en distintas ciudades rusas, en los que perecieron cerca de 300 personas (Banner, 2009). Estos actos de terrorismo fueron directamente adjudicados a militantes chechenos, dando inicio a una segunda guerra que concluyó en el 20093. Académicos como Tishkov, afirman que "la militarización de la población, su preparación ideológica en el espíritu del Islam, el robo de recursos de la república, los asaltos y asesinatos están llenos de odio", y han sido el caldo de cultivo para nuevas embestidas (en Banner, 2009, p. 74). Las organizaciones secesionistas buscaron estrategias distintas que generaran alto impacto, tanto para atacar a las fuerzas rusas como a civiles y se recurrió a las misiones suicidas.

Durante la primera guerra (1994-1996) se puede reconocer que las funciones de las mujeres giraban en torno a la crianza y el cuidado de los niños. Su competencia radicaba en forjar su carácter y hacerlos fuertes para que más tarde pudieran participar en la guerra (Bloom, 2007). Esto realza el sistema patriarcal de la sociedad chechena, confinando su participación únicamente a una dimensión privada4. Cuando las mujeres podían participar en los enfrentamientos, sus labores eran primordialmente de apoyo, brindar ayuda médica y provisiones a los hombres, cargar armas y municiones a través del territorio enemigo y por último, fungir como bastión moral (Bloom, 2007, p.97).

A partir de la segunda guerra, los roles se han modificado. Con los miles de hombres heridos, secuestrados o muertos a manos de las fuerzas rusas, las mujeres comenzaron a tener una mayor participación. De acuerdo al estudio realizado por Speckhard y Akhmedova, Black Widows: The Chechen Female Suicide Terrorists, de los 110 atacantes suicidas registrados del 2000 al 2005, el 43 por ciento eran mujeres. Su rango de edad fluctuaba entre los 15 y 38 años. En cuanto a su estado civil, había mujeres tanto solteras como casadas y viudas, con o sin hijos (2006). Asimismo, diversas investigaciones han demostrado que, contrario a la opinión estereotipada de que las mujeres chechenas que cometen terrorismo suicida no cuentan con una educación, ni con facultades críticas, varias mujeres suicidas contaban con estudios universitarios y doctorales (Banner, 2009; Knight y Narozhna, 2005; y Speckhard y Akhmedova, 2006). Su involucramiento en actividades terroristas, como en secuestros y, especialmente, en las misiones suicidas, ha generado amplio interés a nivel internacional. Sin embargo, muchas veces su importancia se ve como instrumental. Esto se puede ver reflejado en varios casos en los que los explosivos son detonados de manera remota por los hombres militantes (Kredov y Sharov en Knight y Narozhna, 2005). Las mujeres siguen sin ocupar altos mandos en la estructura organizacional ni forman parte de la toma de decisiones.

Las razones subyacentes a su participación comúnmente son consideradas como personales. La etiqueta de "Viudas Negras" automáticamente las correlaciona con una idea de víctimas afligidas y, por tanto, sus acciones responden a motivaciones emocionales irracionales (Stern, 2004). La pérdida de esposos, hermanos, hijos y familiares, puede ser una de las causas de su involucramiento, y a ello se suma un elemento de presión social, pero esto no corresponde a todos los casos. Gran parte de esta idea radica en la influencia que tienen los medios, quienes reafirman la victimización de las mujeres suicidas y su deseo de venganza para poder explicar su participación (Mikell, 2002; Stern, 2004). Por otro lado, Stern asevera que los rusos niegan esta postura y adjudican su participación a que las mujeres suicidas son "forzadas, drogadas, secuestradas, explotadas por creencias religiosas y 'corrompidas'" por militantes chechenos (2004, p. 6). Mientras que los rusos las representan como víctimas de terroristas chechenos, los chechenos las exponen como víctimas de ataques sexuales perpetuados por soldados rusos, así como mujeres que han perdido a sus seres queridos a manos de los rusos (Kemoklidze, 2009). Pero aún así, las dos posturas corroboran el mismo sentido, las mujeres no son actores trascendentales en la guerra, sino víctimas circunstanciales. Reuter declara que "es acerca de la revancha, de la victoria, mientras la religión y los elementos políticos se mezclan en estas situaciones" (en Orlando, 2010).

Otros analistas, tales como Kemoklidze (2009), y Knigh & Narozhna (2005), hablan de un cambio en el rol femenino y de un mayor involucramiento, derivado de una impotencia social y apoyado en ideas nacionalistas. Con el incremento y radicalización de esta segunda guerra, ha resultado imperante dar un giro a constructos sociales establecidos en una sociedad patriarcal como la chechena. Bajo este contexto, se buscan las formas en que se pueda enfrentar al opresor y perpetuar el mayor daño posible sin importar el costo. Tal como lo declara "Hiba", "[t]engo que decirle al mundo que si ellos no nos defienden, entonces tendremos que defendernos nosotros con lo único que tenemos, nuestros cuerpos" (en Banner, 2009).

De acuerdo a la aseveraciones de Mihanty, "las relaciones y roles de género no son uniformes o estáticas, sino están siendo negociados constantemente, dependen de la naturaleza de las condiciones políticas y sociales" (en Knight y Narozhna, 2005 p. 160). Si bien las motivaciones para su involucramiento pueden ser producto de profundos traumas personales, éstos no son exclusivos de la mujer y, al mismo tiempo, no tienen que estar afrontados con motivaciones políticas. Por último, verlas únicamente como mujeres que buscan una venganza personal o como instrumentos, sin considerar su trascendencia como actores del conflicto con objetivos específicos, minimiza el alcance de sus operaciones —y el daño perpetuado a sus víctimas— y al mismo tiempo menoscaban las posibilidades de generar resoluciones incluyentes y sostenibles.

 

Equidad o explotación

De 1985 al 2006, han habido más de 220 mujeres que han perpetrado actos de terrorismo suicida, 189 de ellas participaron en las organizaciones de Sri Lanka (75), Israel y los territorios ocupados de Palestina (67) y en el caso de Chechenia (47) (Schweitzer, 2006, p. 8). A través de los distintos estudios que se han realizado en torno a la temática, se han encontrado casos en los que las mujeres desisten de llevar a cabo la misión suicida, principalmente en el conflicto palestino-israelí. En cambio, en Chechenia, de las 47 mujeres que han participado en actos de terrorismo suicida, 44 cumplieron con el objetivo —causar el mayor daño posible, muriendo en el intento— una quedó gravemente herida y murió después, y dos sobrevivieron a la misión (Speckhard y Akhmedova, 2006). Se puede decir que son estos tres casos donde hay una mayor incidencia en el uso de estas estrategias y en los que se ha cobrado un mayor número de víctimas.

Contrario a lo que se pudiera suponer, la religión no es el factor fundamental para cometer terrorismo suicida. Es decir, los fines políticos independentistas de las distintas organizaciones no necesariamente van de la mano con un fervor religioso. Si bien en el caso palestino se pueden excusar las misiones suicidas bajo este fundamento, no existe evidencia alguna que las Tigresas Negras de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam o las 'Viudas Negras' de Chechenia, se basen meramente en motivaciones religiosas. Cabe mencionar que, aunque en Chechenia la religión representa una forma de diferenciación respecto a los rusos, ésta no es la que motiva los enfrentamientos entre los mismos. Como fue abordado en el transcurso de la investigación, las razones por las que las mujeres deciden participar en misiones suicidas son complejas y responden a múltiples factores. Las explicaciones psicológicas ya no son suficientes para comprender estas decisiones. Se ha visto cómo diversos factores, tanto sociales, como culturales y situaciones personales convergen en su elección.

Los tres casos analizados coinciden en que son movimientos separatistas que se han involucrados en conflictos armados que han perjudicado severamente su desarrollo económico y social por un largo periodo de tiempo. Por tanto, resulta simbólico que estos grupos cuenten con mayor participación de mujeres en las líneas disidentes. Ante estos contextos socioeconómicos relativamente pobres y carentes de algunos servicios básicos, han buscado involucrarse en el conflicto para tener un mayor peso y cambiar el status quo. Con base en esto, las explicaciones que privilegian motivaciones políticas pueden considerarse acertadas, en contraposición a las que se basan en fanatismo religioso.

Gran parte del valor de la participación de las mujeres en operativos suicidas sigue residiendo en que se consideran menos sospechosas, pueden ocultar explosivos más fácilmente en su vestimenta y no son blanco de escrutinio minucioso en los puestos de seguridad. Más allá de esto, al utilizar a mujeres en ataques suicidas, las organizaciones terroristas hacen uso eficiente de recursos, porque no tienen que brindarles un entrenamiento especializado, no necesitan tener habilidades especificas y no representan altos costos (Schweitzer, 2006). No obstante, se puede argüir que dicha lógica no es exclusiva para el uso de mujeres suicidas, ya que los hombres que llevan a cabo los mismos actos representan la misma 'eficiencia'.

Por otro lado, no se puede negar el impacto que genera en los medios internacionales los ataques de mujeres terroristas suicidas. Explicar su participación en dichas misiones con base en razones propagandísticas tiene cierto atractivo, ya que parece ser una acción todavía más violenta y fuera de carácter que un hombre suicida y, por lo tanto, atrae mayor atención mediática. Esto multiplica el daño causado por un ataque, ya que más personas sabrán de él y causará mayor miedo. Sin embargo, esta explicación también tiene sus limitantes. Mientras el fenómeno de las mujeres suicidas se continúe percibiendo como algo fuera de lo común, su impacto será desmedido. También es necesario tomar en cuenta que las mujeres han perpetrado ataques terroristas durante años, por lo que la novedad del fenómeno eventualmente se perderá, si no es que ya se ha perdido.

Esto mismo puede utilizarse para argumentar que las mujeres no son incluidas meramente como medios instrumentales. Si bien, en un momento, los perfiles de terroristas no incluían a personas del sexo femenino y no se les hacía pasar por filtros de seguridad tan estrictos, esto también cambia con base en la experiencia. Conforme más mujeres participan en ataques suicidas, los perfiles y las medidas de seguridad se irán adaptando a ello, restando ventajas al uso de mujeres como bombas. La pérdida del elemento sorpresa descarta que las razones instrumentales o de propaganda sean el principal motivante para reclutar a mujeres como terroristas suicidas, al menos actualmente. Sin embargo, sí pueden considerarse entre las razones por las que se permitió a las mujeres tomar parte en estos operativos en primera instancia.

Contrario a la visión de emancipación, podría decirse que las mujeres en grupos terroristas de tinte nacionalista sufren una triple opresión. La primera es por parte de las fuerzas opositoras. En los casos analizados estas serían los israelíes, rusas y cingalesas, respectivamente. En segundo lugar, son oprimidas por sociedades tradicionales con roles rígidos y limitados para las mujeres. Al ingresar a un grupo terrorista, pueden pasar a ser víctimas de una tercera opresión por parte de sus "compañeros de armas". Debido a la cantidad de desplazados internos y a la duración de los conflictos en cuyo contexto se desarrollan los casos analizados, se asume la opresión o percepción de opresión hacia los palestinos, tamiles y chechenos por parte de los grupos antes mencionados. La estructura patriarcal tradicional de las sociedades en las que se encuentran inmersas estas mujeres también lleva a suponer que sus roles se encuentran delimitados por las tradicionales dicotomías privado-público, pasivo-activo y reproducción-producción.

En los Tigres de Liberación, la opresión dentro del grupo terrorista parece estar ausente. Si bien las mujeres no están representadas de forma perfectamente proporcional en los altos mandos, sí forman parte de ellos además de ser una gran, y al parecer muy valorada, porción de las fuerzas. Su discurso explícito, promocionando la liberación de la mujer de los roles convencionales y su inclusión como terroristas suicidas, claramente contradice los ideales de género aceptados, ya que en la sociedad tamil la mujer es subordinada al hombre y representa simbólicamente a la madre de toda la nación (del Mel en Jordan y Denov, 2007, p. 47). De acuerdo a Prabhakaran (1995), la formación de un escuadrón de mujeres ha sido uno de los más grandes logros del movimiento (1996). Pese a ello, puede argumentarse que solamente logran llegar a participar activamente en el movimiento a través de la adopción de actitudes tradicionales masculinas y militarizadas, y no existe una "feminización". Esta misma dinámica es repetida en el conflicto palestino-israelí y en Chechenia, en donde a pesar del número de mujeres involucradas y de su creciente importancia, terminan subordinadas a marcos estructurales masculinos —no conforman puestos estratégicos ni se les adjudican mayores responsabilidades en las organizaciones— y por tanto su posible agenda queda de lado. En gran medida se debe a la visión de lo femenino y masculino que continuamente es reproducido, por ejemplo, en el caso de Checheni:

Mientras que las mujeres son 'viudas negras', los hombres son 'terroristas'. Mientras que las mujeres son víctimas, los hombres son brutalizadores. Mientras que las mujeres son apolíticas, los hombres son políticos. Mientras que las mujeres son instrumentos, los hombres son actores (West, 2005, p. 8).

Al final, se sigue perpetuando una misma concepción, la guerra es exclusiva de los hombres y las mujeres sólo ostentan un papel secundario.

 

Conclusiones

Si bien la participación activa que han tenido las mujeres durante estas guerras ha abierto más espacios en los que se replantea el papel de las mujeres en dichas sociedades, en realidad no han logrado una verdadera emancipación o empoderamiento femenino que pudiera ser perdurable una vez que los conflictos hayan terminado. A pesar de tratarse de una actividad violenta, generalmente reservada a los hombres, no es posible buscar la equidad de género a través de misiones suicidas, especialmente si se considera el contexto de total desigualdad en el que se encuentran inmersas. La participación de mujeres en ataques terroristas, en el marco de las sociedades patriarcales que se han analizado, ha hecho que algunas se conviertan en mártires y ejemplos a seguir. Sin embargo, no ha provocado cambios en la posición de estas mujeres en el resto de la sociedad o la organización terrorista en cuestión.

El problema principal es que estas mujeres, en vez de ir en contra de las nociones patriarcales o machistas, pareciera que operan de acuerdo a ellas. En cierto sentido, participar en una operación suicida es una expresión extrema de la concepción masculina de la maternidad, el autosacrificio y la autocensura que conlleva, lo que resulta en un impacto magnificado en los medios de comunicación y, por lo tanto, en la sociedad en general. La existencia de mujeres terroristas suicidas no es un desafío a la sociedad masculinizada, sino una evidencia de su persistente poder. "El mensaje enviado por las mujeres suicidas es que son más valiosas a sus sociedades muertas de lo que podrían haberlo sido en vida" (Bloom, 2007, p. 102). Aunque algunas corrientes del feminismo pudieran celebrar la participación de mujeres en el terrorismo suicida —no por la naturaleza del acto sino por el mero hecho de romper limitaciones y estereotipos— no se considera que esto represente un triunfo para las mujeres. Es más bien una expresión del triunfo de la militarización y celebración de la violencia como medio de acción y reacción.

Parte del error que se comete al diferenciar las motivaciones femeninas para el terrorismo de las masculinas, es olvidar el rol que las emociones e irracionalidad pueden jugar en la decisión de un hombre de transformarse en terrorista suicida. Las mujeres que se convierten en mártires son objeto de un escrutinio cuidadoso a sus vidas privadas, y cualquier motivación que hayan citado explícitamente es dejada de lado en favor de explicaciones basadas en emociones o traumas personales. No es intención del presente trabajo descartar estas motivaciones, sino señalar que no sólo afectan a las mujeres. Los hombres también han perdido familiares y amigos, se enfrentan a la falta de oportunidades en todo sentido y, por lo tanto, podrían recurrir al terrorismo suicida como respuesta a ello, como una salida aceptada de una vida insatisfactoria o una forma de recuperar el honor y ganar fama.

La dicotomía agentes-víctimas o emancipadas-oprimidas es innecesariamente simplista. La mejor respuesta es tal vez un punto medio de empoderamiento. No por pertenecer a un movimiento nacionalista, las mujeres son por definición víctimas o herramientas de los altos mandos masculinos, pero sus elecciones no están necesariamente hechas de manera informada y racional. Negar totalmente el poder de decisión de las mujeres sería asumir que todas las terroristas son partícipes de una especie de plan patriarcal y, por lo tanto, también sería negar la posibilidad de que una mujer es capaz de realizar una acción en la que el género masculino no ha sido el dominante. Las mujeres que participan en ataques terroristas no sólo tienen impacto en nombre de un país, nación, líder o religión, sino en las concepciones de género. Para las mujeres terroristas, sus acciones son una forma de escapar de las expectativas que se tienen de ellas, sus funciones y desempeño como miembros de la sociedad. En ese sentido, la decisión de una mujer de participar en ataques terroristas suicidas es completamente personal.

Tal vez la única conclusión segura que puede extraerse en torno a las mujeres terroristas es que distinguir entre sus motivaciones y aquellas de los hombres es un error. Estas diferenciaciones parten de una distinción esencialista entre hombres y mujeres; su naturaleza, instintos y comportamientos fundamentales. No obstante, en un contexto donde tanto hombres como mujeres están sujetos a la opresión y tienen pocos recursos para combatirla, ambos recurren al terrorismo suicida. En el pasado, la ausencia de las mujeres en los conflictos armados podría deberse, no a su naturaleza contraria a la violencia, sino a la falta de aceptación social. Esto ha cambiado con el paso del tiempo. Cada vez es más común que las mujeres se integren como parte esencial de las fuerzas armadas en distintos países, tanto en servicios de inteligencia, como en roles de combate. Igualmente sucede con la participación de mujeres en actos de terrorismo suicida. Ya sea por un verdadero cambio social o por conveniencia, los roles tradicionales de las mujeres pueden cambiar para amoldarse a la situación, llevando a la aceptación —al menos temporal— de nuevas formas de actuar.

A lo largo de esta investigación se ha intentado comprobar que las acciones de las mujeres en el terrorismo son igual de letales que las de los hombres y que sus motivaciones no son meramente emocionales. No obstante, los estereotipos de lo femenino y los masculino, que constantemente son reforzados en los medios, victimizan su participación, maquilando una imagen de mujer explotada y manipulada. Al hacer esto no sólo soslayan el alcance de su involucramiento sino, también, la atención puesta en ellas hace que pase desapercibido el número de personas victimizadas por sus actos terroristas.

 

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Notas

1 También se consideran como población no combatiente a policías o militares que en el momento no están llevando a cabo una operación armada (De la Corte, 2006).

2 Es de importancia señalar la nula participación de Chechenia en el proceso de reconstrucción de Rusia, pues los ciudadanos chechenos no se involucraron durante el referéndum de 1993, ni votaron en las elecciones para elegir un nuevo parlamento (Light, 2007, p. 100).

3 Rusia declaró el término del conflicto en el 2009. No obstante, se siguieron registrando diversos ataques y enfrentamientos en el 2010 (¿Por qué sigue la violencia en Chechenia?, 2010; Matanza terrorista en el metro de Moscú, 2010).

4 Tradicionalmente, Chechenia estaba organizada en clanes y tribus llamados teipy, en los cuales preponderaba un sistema patriarcal. El cuerpo de la mujer era visto meramente como un medio de reproducción, minimizando cualquier otro rol que pudiera tener en la sociedad. Su ingreso a la esfera laboral y económica se ha visto fuertemente restringido, evitando así que se pueda lograr una igualdad de género y un verdadero empoderamiento (Banner, 2009).

 

Información sobre los Autores

Helke Enkerlin. Es Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey. Ha trabajado en la misión de México ante las Naciones Unidas en Ginebra y en el Centro de Atención al Migrante de Nuevo León.

Marcela Luis Zatarain. Es estudiante de la licenciatura en Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey. Fue miembro del equipo organizador del Primer Foro sobre seguridad y Justicia en Nuevo León y asistente de investigación en la Cátedra de Desarrollo Social y Globalización del Departamento de Relaciones Internacionales del ITESM Campus Monterrey.