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CONfines de relaciones internacionales y ciencia política

versão impressa ISSN 1870-3569

CONfines relacion. internaci. ciencia política vol.6 no.12 Monterrey Ago./Dez. 2010

 

Artículos

 

La construcción de la nueva imagen china a través de los medios: análisis de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing y el desfile del 60 aniversario de la República Popular China

 

Daniel Lemus Delgado*

 

* Profesor investigador de la Cátedra Globalización, Medios y Estudios Culturales del Tecnológico de Monterrey Campus Guadalajara. dlemus@itesm.mx

 

Fecha de recepción: 08/04/2010
Fecha de aceptación: 30/08/2010

 

Resumen

El presente artículo analiza la ceremonia de inauguración de los XXIX Juegos Olímpicos de Beijing y el desfile conmemorativo del 60 Aniversario del establecimiento de la República Popular China. Estos eventos son parte de la estrategia del gobierno comunista para construir la imagen de una "Gran China". Este análisis parte de un enfoque constructivista de las Relaciones Internacionales. Por lo tanto, se asume que las identidades colectivas son importantes, porque contribuyen a moldear las estructuras materiales del escenario internacional. Así, estos eventos mediáticos fortalecen la identidad colectiva del pueblo chino y con ello, la posibilidad de que el Estado chino tenga cada día un rol más importante en la arena mundial.

Palabras clave: República Popular China; Relaciones Internacionales; constructivismo; identidades colectivas; eventos mediáticos; Juegos Olímpicos; desfile militar.

 

Abstract

This essay analyses the Opening Ceremony of the 2008 Beijing Olympic Games and the National Day Parade commemorating the 60th Anniversary of the People's Republic of China. These events are part of the communist government's strategy to buildan image of a Great China. This essay uses a constructivist approach; therefore it is assumed that collective identities are important because they shape the material structures of the international order. Thus, these media events strengthen the collective identity of the Chinese people and with it, the possibility that the Chinese state will have an increasingly important role in the international arena.

Keywords: People's Republic of China; International Relations; constructivism; collective identities; media events; Olympic Games; National Day Parade.

 

El desarrollo y progreso logrado en los sesenta años de la
Nueva China ha mostrado plenamente que sólo el socialismo
puede salvar a China y que solamente la reforma y apertura

puede permitir el desarrollo de China, del socialismo y del marxismo.
Hu Jintao,
Discurso del 60 Aniversario del Establecimiento
de la República Popular China

 

1. La imagen sobre el resurgimiento de la Gran China

El resurgimiento de la República Popular China (RPCh)1 en las últimas tres décadas es uno de los sucesos más importantes de nuestra historia contemporánea, debido tanto al impacto económico resultado del ascenso chino como a los nuevos equilibrios de poder en la arena internacional derivados del papel cada vez más activo de su diplomacia. Al inicio del siglo XXI, China se muestra como un país orgulloso de su pasado que busca recuperar el papel de nación protagonista que la historia le ha concedido por su tradición milenaria y por constituir el centro de la civilización clásica del este de Asia. Asimismo, sin renunciar del todo a su pasado milenario, China se proyecta hoy hacia el futuro como uno de los países dispuestos a marcar el rumbo y el destino del planeta.

Este resurgimiento político y económico ha sido acompañado de una estrategia mediática para comunicar al mundo y a sus propios ciudadanos un claro mensaje: China es hoy un país que experimenta una modernización imparable que conducirá irremediablemente a colocarlo como potencia mundial. Desde la óptica del mensaje mediático, el ascenso chino es el resultado de la unidad del pueblo chino, del rumbo fijo trazado por el Partido Comunista, del imperturbable liderazgo de la élite gobernante y del espíritu chino de laboriosidad y colectividad. Al mismo tiempo, la estrategia mediática para proyectar una imagen única y uniforme de China es un medio que busca generar una nueva identidad del pueblo chino que responda a los intereses nacionales determinados por la visión de la élite gobernante.

Así, el presente artículo aborda la generación y comunicación de esta nueva imagen vinculada al proyecto de la "Gran China", con el fin de aportar elementos para la reflexión sobre la manera en que los actores políticos internacionales construyen sus propias identidades y cómo estas identidades se comunican a la población para asumir nuevos roles en el escenario internacional. El punto de partida es el análisis de la ceremonia de inauguración de los pasados Juegos Olímpicos celebrados en Beijing, centro del poder real y simbólico de China; a su vez, esta ceremonia se contrasta con el desfile conmemorativo del 60 Aniversario del establecimiento de la República Popular en la plaza de Tiananmen, otro sitio emblemático en la memoria colectiva del pueblo chino.

Un segundo propósito es evidenciar, a través del análisis de eventos mediáticos, como los mencionados anteriormente, cómo el gobierno chino está construyendo también la imagen de una "Gran China" bajo una idea de colectividad -una idea que no existe acabada sino se construye-. Así, simbólicamente se crea y se comunica la imagen de una China que está llamada a formar parte del selecto grupo de potencias que dirigen el rumbo y destino del mundo.

La generación y comunicación de identidades se masifican y se aceleran en nuestro siglo gracias a los eventos mediáticos soportados en las nuevas plataformas tecnológicas de información y comunicación. Un ejemplo de esta realidad se apreció en la organización y realización de los XXIX Juegos Olímpicos que tuvieron lugar en la ciudad de Beijing, en la que hasta el último detalle estuvo cuidadosamente estudiado para presentar la nueva cara de China: un país en ascenso, capaz de competir exitosamente con cualquiera y que se proyecta hacia el futuro en las edificaciones y complejos deportivos vanguardistas, con los cuales evidencia el uso y dominio de tecnologías novedosas para tener un evento "más lucidor".

La construcción de la nueva imagen de China, sin embargo, no sólo se comunica al mundo exterior, sino también y particularmente a los propios habitantes de este país. De tal forma que si la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos se originó teniendo en mente que las miradas de los ciudadanos del mundo estarían sobre China, el desfile conmemorativo del sesenta aniversario del establecimiento de la República Popular estuvo pensado fundamentalmente para los espectadores chinos. Aquí se agregó un rasgo más a la nueva imagen china, pues se trataba de evidenciar no sólo el "ascenso pacífico" del país2 sino también la fortaleza de una China capaz de garantizar la seguridad a los habitantes del Estado más poblado del planeta gracias a la presencia de un ejército competente, moderno y sobre todo, con una tecnología propia, capaz de fabricar los arsenales necesarios para cumplir con dicha misión. Lo que se muestra al otro lado de la moneda del ascenso chino es el fortalecimiento de su capacidad militar.

Es claro que en ambos eventos mediáticos se recurrió a todos los recursos disponibles con el fin de ocultar el rostro que contradice la idea de una China moderna: el de la desigualdad económica, el de la contaminación ambiental, el de la mínima transparencia en el manejo de la información, el de la violación sistemática de los derechos humanos y el de la cada vez más evidente división en el seno de la élite del Partido Comunista Chino (PCCh).

Evidentemente, este nuevo rostro de China, real y mítico a la vez, tiene su ancla en un espectacular avance económico que ha permitido transformar una economía cerrada, eminentemente agrícola y dirigida bajo una estricta planificación estatal, a una economía abierta3, moldeada por las fuerzas del mercado y orientada a las exportaciones, principal receptora de inversión extranjera directa y que experimenta las tasas más altas de crecimiento económico de los últimos años, a pesar del ambiente de recesión económica mundial que se ha presentado a partir de la crisis de los mercados financieros originada en la segunda mitad del año 20084.

Sin embargo, a pesar de las sorprendentes cifras macroeconómicas, considerar a China como la próxima superpotencia no es un hecho consumado que esté garantizado por sí mismo, que se genera en forma automática. Además de los múltiples retos sociales derivados de un crecimiento económico desigual, China enfrenta ante sí diferentes desafíos extraordinarios que pueden moderar, e incluso limitar, su avance en los próximos años y con ello, restringir el proyecto de reconstruir una "Gran China"5. Entre estos retos destacan la ineficiencia energética y la dependencia al carbón y petróleo como principales fuentes de energía; el alto consumo de materias primas en los procesos productivos; la degradación medioambiental con el consecuente daño a la salud de sus habitantes; el aumento en la desigualdad en los ingresos entre las personas del campo y la ciudad, entre las provincias costeras, las del centro y las del interior, así como los problemas étnicos entre los miembros de la etnia Han y de otras etnias, particularmente en provincias como Xinjiang y el Tíbet.

Evidentemente, los retos y desafíos que China experimenta hoy, pero también las ineficiencias, contradicciones e incongruencias, son resultado de las decisiones asumidas desde la política pública, que benefician a ciertos grupos y perjudican a otros. Todo gobierno, en su política, presenta aciertos y errores, pero tal vez la singularidad del caso chino radica en que el gobierno ha volcado todo su esfuerzo en un impulso mediático sin precedentes en cuanto a magnitud e intensidad, con la intención de moldear identidades para acrisolarlas bajo una misma identidad. Este hecho, más allá del sentido propagandístico que encierra, busca a la vez fortalecer la imagen de un Estado sólido al interior y exterior de China, para así proyectarse en el escenario internacional de una manera distinta, lo cual exige un nuevo rol de este país en el mundo contemporáneo.

 

2. La Construcción de la imagen de la " Gran China" y el surgimiento de una nueva identidad

Si aceptamos el supuesto de que, aunque los Estados participan en un sistema internacional delimitado por las estructuras, éste puede ser modificado en la medida en que éstos asumen y construyen normas e identidades colectivas, entonces se puede admitir que sus élites burocráticas contribuyen a la generación y comunicación de mensajes, tanto al interior como al exterior de sus fronteras, para generar y fortalecer identidades. Son éstas las que constituyen, a final de cuentas, un "puente" entre las estructuras y los intereses de los Estados (Addler, 1997; Santa Cruz, 2009). De esta manera, los Estados pueden moldear el sistema internacional, a partir de sus intereses particulares, siempre que sean capaces de construir una identidad colectiva que permita mirarse a sí mismos -y ser percibidos de igual forma por otros agentes internacionales- dentro de las normas que delimitan el campo de acción de sus decisiones en el contexto internacional (Reus-Smit, 2009).

Esta relación dinámica entre las estructuras del sistema internacional y las normas e identidades de los actores está presente, en múltiples niveles y en forma constante, en la escena internacional. No es un hecho aislado ni poco común, tampoco es uno que sólo concierna a un grupo reducido de Estados y agentes. Al contrario, se trata de actividades cotidianas y constantes a través de las cuales los Estados buscan fortalecer su presencia en el contexto internacional. En este caso China no es la excepción. La construcción y fortalecimiento de una nueva identidad para este país tiene una importancia mayúscula porque permite, al igual que las fuerzas materiales que sostienen su vertiginoso crecimiento económico, moldear la escena internacional con el fin colocar a China como un país protagonista en el siglo XXI, que recién inicia.

Así, el Estado chino está construyendo su imagen como actor internacional de primer orden, vinculando el fortalecimiento del Estado -en un plano meramente material- con una visión mítica -o, al menos parcial- de "lo chino". De esta manera, sugiero que el constructivismo puede ser un marco adecuado para contextualizar la forma en la que el gobierno chino ha organizado eventos mediáticos para "sembrar" su "nueva imagen" de lo que China es y quiere ser en un futuro no tan lejano. Esta construcción de la identidad china continúa generándose en eventos específicos, unos más espectaculares y vistosos que otros, con mensajes diferentes y medios diversos, enfocados a distintos actores, tal como sucedió en el desfile conmemorativo por los sesenta años del triunfo del comunismo en China y en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos.

Ahora bien, la evidencia empírica -crecimiento económico chino, transformaciones materiales y formas comunicativas que los acompañan para presentar nuevas identidades de China-, como sugerí anteriormente, puede ser comprendida desde el constructivismo. Sin embargo, es preciso tener en cuenta, como lo ha planteado Santa Cruz (2009), que el constructivismo más que ser una teoría sustantiva en el campo de las Relaciones Internacionales, es un marco analítico para estudiar la política mundial6. En este sentido, es preciso recordar que el constructivismo es una de los nuevos enfoques en el campo teórico de esta disciplina que se ha incorporado vigorosamente en los últimos veinte años y que permite mirar la realidad internacional desde una perspectiva más amplia, que va más allá del debate tradicional entre el realismo y el idealismo (Addler, 1997), y que recupera aspectos de conformación simbólica.

Como marco analítico, los trabajos realizados desde la óptica constructivista difieren unos de otros. Esta diferencia es tan amplia que incluso ponen en entredicho la validez del posible conocimiento obtenido al cuestionar las bases metodológicas y epistemológicas que los sustentan, en posturas que parecen ser inconciliables. El debate está abierto y ha dividido a los pensadores constructivistas entre modernos y posmodernos7. Sin embargo, no es el propósito del presente artículo abonar a este debate. Baste con señalar que a pesar de esta diversidad en su conceptualización, el marco analítico es útil en la medida que permite relacionar las estructuras materiales con las ideacionales, señalando posibles pautas de interacción e influencia mutua. El caso chino es evidente en este sentido: en forma dinámica, crecimiento económico, transformaciones materiales, nuevas identidades y eventos mediáticos, interactúan como un todo en forma compleja e incansable, generando nuevas interacciones.

Esta diferencia al interior del campo constructivista ha generado una idea difusa de lo que comúnmente se interpreta como constructivismo. El punto que pareciera presentarse como común es la vaga afirmación de que la realidad social "es construida". Sin embargo, es posible partir de dos principios básicos y muy generales de lo que el constructivismo significa: primero, las estructuras que enmarcan la convivencia humana son moldeadas por las ideas comunes antes que por las fuerzas materiales; y segundo, las identidades y los intereses de los actores son construidos por las ideas comunes antes que dadas por la naturaleza (Wendt, 1999). Bajo estas dos premisas, se entiende que las instituciones son construidas socialmente a partir de las identidades de los actores, las cuales tienen su origen en una interpretación social de la realidad8. En otras palabras, la realidad social y la forma en que es percibida, cuyos fundamentos evidentemente son materiales, influye en la forma en que los grupos sociales se perciben y perciben a los otros, creando, moldeando o fortaleciendo sus propias identidades.

Desde esta perspectiva, el constructivismo es entendido como el enfoque teórico que propone que la manera en que se forma y determina el mundo material es resultado de la interacción dinámica entre realidad y acción humana, la cual depende de la interpretación normativa y epistemológica del mundo material (Addler, 1997)9. De esta forma, los grandes eventos mediáticos ayudan a construir las identidades, que responden a intereses particulares, y que a su vez tienen un impacto en las estructuras materiales del sistema internacional (Santa Cruz, 2009). El punto clave es determinar qué comunican estos eventos y de qué manera dicha comunicación moldea las nuevas identidades, como está sucediendo actualmente en China.

Ahora bien, a pesar de las diferentes aproximaciones sobre la comprensión del constructivismo como marco teórico, de acuerdo con Wendt (2009), hay al menos tres elementos en común presentes en los diversos trabajos de investigación enmarcados dentro del constructivismo:

a) Primero, la afirmación de que las estructuras "normativas" e "ideacionales" son tan importantes como las estructuras materiales. Por ejemplo, así como las normas institucionales de la academia moldean la identidad de un profesor y de esta manera, su forma de actuar en contextos específicos a partir de lo que se reconoce como deseable, válido o permitido, las normas del sistema internacional condicionan la identidad social de la soberanía de un Estado y la forma en que éste debe de actuar en el escenario internacional.

b) Segundo, la necesidad de comprender de qué manera las estructuras no materiales condicionan las identidades de los actores, debido a que las identidades informan sobre los intereses, y éstos a su vez de las acciones de los actores. Las identidades son las bases de los intereses. En otras palabras, la actuación de un agente en el sistema internacional depende de aquellos intereses que son a su vez configurados por las identidades sobre las que se sostienen. Comprender cómo los actores desarrollan sus intereses es crucial para explicar el rango de los fenómenos políticos en la arena internacional que un enfoque racionalista ignora o no comprende en forma plena.

c) Tercero, la aseveración de que los agentes y las estructuras son mutuamente constituidos. Las normas institucionalizadas y las ideas definen las características e identidad de los actores individuales y los patrones de las actividades políticas, económicas y culturales realizadas por las personas. Por ejemplo, es a través de la rutina (repetición) de los actos -derechos humanos, libre comercio- como continúan las prácticas del liberalismo. Los mecanismos a través de los cuales se "moldea" la identidad de los actores son la imaginación, la comunicación y la limitación. De esta forma las normas e ideas funcionan como racionalizadores de los comportamientos, debido a la fuerza moral que se adquiere en un contexto social. Más que señalar que los actores internacionales, más allá de ser egoístas o cooperadores, son realmente distinguibles por ser profundamente "sociales", pues responden a los intereses que son creados desde la construcción de las identidades. Los intereses de los actores son endógenos como un producto de reflexión social. De esta manera, se puede afirmar que el campo de las relaciones internacionales es un "reino constituido".

Si aceptamos estas tres premisas propuestas desde el enfoque constructivista, entonces se puede afirmar que la comunicación de imágenes e ideas es un medio privilegiado para construir y/o fortalecer las identidades colectivas. En el caso chino, el análisis de las imágenes comunicadas, así como la razón de que sean precisamente ésas y no otras las comunicadas, es un elemento adicional que ayuda a comprender lo que el ascenso de la "Gran China" significa para el escenario internacional.

Evidentemente, la formación de estas identidades colectivas no sucede en un terreno neutral. Antes bien, toma lugar en un proceso dinámico, parte de realidades concretas que reflejan los intereses de un grupo particular que guía y orienta la acción del Estado. Es un acto de ingenuidad pensar que la construcción de identidades es un hecho neutral, objetivo y racional. Al contrario, la experiencia indica que el hecho de que las identidades se construyan y comuniquen no es más que un reflejo de los intereses de un grupo sobre otro a veces velado, a veces evidente que dinamizan la acción social. Y en el caso chino, es la visión de la élite del Partido Comunista la que intencionalmente se proyecta en los eventos mediáticos para conformar la identidad de una "única" China.

Con el fin de comprender el resurgimiento de la "Gran China", un concepto clave por definir es el de la identidad. En este sentido, se parte del supuesto de que la identidad es construida por los otros, quienes participan en la elaboración de ciertas categorías sociales en el intento para que las personas se sientan confortables dentro de ellas. Pero, como lo han advertido Zalewky & Enloe (1995), sería un error considerar que las personas somos simples marionetas que estamos encadenados a la omnipotencia de los otros. La identidad, en el fondo, es la búsqueda de una respuesta a una pregunta muy personal: ¿quién soy? En este contexto, la elaboración de mensajes generados y transmitidos por medio de eventos mediáticos es una valiosa herramienta en la construcción de estas identidades. Es preciso tener en cuenta que los mensajes no sólo comunican imágenes, ideas y conceptos, sino también construyen y reafirman identidades.

En este contexto, los eventos mediáticos, diseñados y dirigidos desde la élite del Partido Comunista proporcionan ideas, tendencias e imágenes, las cuales facilitan las respuestas a una serie de preguntas claves para la población china: ¿Quién soy como persona? ¿Qué somos como pueblo? ¿Qué nos unifica y nos da cohesión social? ¿Qué nos hace diferente ante los otros? ¿Y, como identidad colectiva, en qué forma estas diferencias y particularidades deben reflejarse en el contexto de la política internacional?

En este sentido, la imagen que se recrea y se comunica sobre el resurgimiento de China y su vertiginoso ascenso en la arena internacional -la cual refleja tan sólo una parte de lo que el pueblo chino es y lo que aspira a ser- responde a la visión particular que desde el centro y cúspide del poder del Partido Comunista Chino se ha constituido en los últimos años, particularmente desde el inicio del programa reformador. Si bien es cierto que es difícil afirmar que la élite china en el poder es uniforme y mantienen los mismos intereses, es posible sugerir que en la cuestión referente a la imagen de una China única que se proyecta constantemente tanto al interior como hacia el exterior sus objetivos permanecen intactos10. Así, el análisis de este artículo se centra en la manera en que una identidad es comunicada masivamente con el fin de influir en las instituciones internacionales y en la opinión pública a través de dos ejemplos significativos: la inauguración de los Juegos Olímpicos y el desfile de aniversario de la fundación de la República Popular China.

 

3. Juegos Olímpicos, más allá de un simple evento deportivo: La ceremonia de la inauguración y la imagen de una China en ascenso

Desde que en julio de 2001 China obtuvo la sede de los XXIX Juegos Olímpicos de Verano, destinados a celebrarse en la ciudad de Beijing, el Gobierno Central desplegó una especial atención para organizar un evento deportivo espectacular y lucidor, que mostrara el nuevo rostro de China: moderna, pujante, en el camino de la prosperidad económica y capaz de incorporarse al orden internacional en forma armoniosa y pacífica, con respeto a sus reglas. En efecto, la idea de los dirigentes del PCCh era consolidar la imagen de una nación que avanzaba en el contexto internacional, a la vez que se pretendía dejar atrás la concepción generalizada de China como un país con un régimen autoritario y represor. Por lo tanto, los Juegos Olímpicos eran el mejor escenario para limpiar, de alguna manera, las duras críticas recibidas por la comunidad internacional después de los acontecimientos de la Plaza de Tiananmen en junio de 1989.

Más aún, este evento deportivo fue visto como una excelente oportunidad para mostrar los avances alcanzados por el pueblo chino en múltiples ámbitos desde el inicio del programa de apertura y reforma económica iniciado en diciembre de 1978. Sin embargo, el Gobierno Central cayó en la cuenta que el camino por recorrer para generar la impresión de un régimen transparente y respetuoso de los derechos humanos entre los ciudadanos de otros países, particularmente en los de Estados Unidos y en Europa, no sería fácil, ya que las protestas hacia la política de sinización emprendida en el Tíbet fueron duramente expresadas. De tal manera que en diversas ciudades por donde pasó la antorcha olímpica se hicieron presentes numerosas manifestaciones en contra del gobierno comunista chino; en Londres, los manifestantes intentaron apagar la llama olímpica; en París, el comité organizador decidió realizar el recorrido por autobús con el fin de evitar incidentes; en San Francisco, la antorcha fue sólidamente resguardada ante las protestas callejeras. Estos hechos evidenciaron que la opinión pública internacional miraba muy lejos la concreción del lema de los Juegos Olímpicos, "Un mundo, un sueño". Más que un sueño, los juegos olímpicos de Beijing podrían transformarse en una auténtica pesadilla si no se creaba una atmósfera propicia para la competencia, por lo cual, el evento de apertura sería el escenario perfecto para mostrar otra China.

De esta manera, la ceremonia de inauguración se convirtió en un evento clave. En primer lugar, porque sería el evento mediático más visto por la población mundial, con una audiencia que superó a los 4 mil millones de telespectadores11. China, estaba en el centro del mundo y todas las miradas se posaban en el Nido de Pájaro, el emblemático Estadio Nacional construido para tan especial justa deportiva.

Era necesario mostrar al mundo el nuevo país que en China se estaba construyendo, a partir de un pasado milenario, de tradiciones y costumbres ancestrales, de la fuerte presencia de las raíces filosóficas que dan sentido al espíritu de colectividad del pueblo chino; en pocas palabras, revelar una nación milenaria orgullosa de su pasado; al mismo tiempo, era oportuno mostrar que este país con profundas raíces históricas era, en muchos sentidos, moderno. Esto se reflejaba en la infraestructura de la ciudad, en los niveles de ingreso de la población y en los avances en el campo de la ciencia y la tecnología del pueblo chino. Por lo tanto, no se escatimaron esfuerzos para proyectar esta imagen, en la ceremonia inaugural, la cual tuvo un costo aproximado de cien millones de dólares (COI, 2008)12.

Si se esperaba causar la mejor impresión del mundo chino, era necesario no dejar nada al azar. Por eso no es de sorprender que la fecha de la inauguración fue determinada considerando también las creencias chinas -vividas por millones de chinos a pesar de los duros años de la Revolución Cultural en los que se pretendió acabar con cualquier sobrevivencia de un pensamiento considerado tradicional, anticuado y acientífico, y por lo tanto, reaccionario. La ceremonia, cuya duración fue de tres horas y treinta minutos, arrancó el día ocho del mes ocho (agosto) a las ocho horas de la noche en punto, recordando que en la cultura tradicional china el número ocho es señal de buen augurio. El número ocho estuvo presente también como símbolo desde el año 2004, cuando en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos celebrados en Atenas, China presentó los adelantos de lo que el mundo podía esperar en los XXIX Juegos Olímpicos, en un evento con ocho minutos de duración.

La ceremonia inaugural estuvo conformada por una serie de actos que enfatizaban de distintas maneras el vínculo existente entre el pasado y el presente, entre la tradición y la modernidad, entre una China antigua y una que renace sin perder el vínculo con las profundas raíces históricas de una civilización de cinco mil años de antigüedad. El primero de los actos comenzó con la cuenta regresiva ejecutada por dos mil ocho jóvenes que tocaron dos mil ocho fous13 que incorporaban un toque moderno al contar una de las últimas tecnología lumínica: LED o diodos de emisión de luz (COI, 2008).

El sonido de los fous dio paso al mensaje de bienvenida expresado al unísono en el grito "¡Qué contentos nos encontramos con amigos que vienen de tan lejos!". Esta frase no era una simple expresión de bienvenida, carente de raíces históricas y culturales; de hecho, hacía referencia a la primera de las analectas atribuidas a Confucio:

"El maestro dijo: ¿No es una alegría aprender algo y después ponerlo en práctica a su debido tiempo? ¿No es un placer tener amigos que vienen de tan lejos? ¿No es un rasgo de un jun tzu (caballero) no incomodarse cuando se ignoran sus méritos?" (Confucio, 1997: 39)

No es una casualidad que sea un texto de Confucio (latinización de Kung Tzu) el seleccionado para arrancar con la ceremonia inaugural. Su obra se convirtió en la base del sistema mandarinal de carrera que proveyó el acceso al poder a los funcionarios del imperio y el conocimiento de los libros clásicos confucianos se convirtió en requisito fundamental para acceder al éxito. La obra de Confucio sentó las bases del sistema de gobierno imperial desde la dinastía Han, un sistema burocrático ideal de funcionarios competentes y formados en la lectura de los textos clásicos; serían estos funcionarios los que accederían al poder no por herencia, sino por sus méritos. Ello fascinó a algunos de los ilustrados europeos del siglo XVIII (Corsi, 2001).

De esta manera, la bienvenida del acto inaugural contiene en sí ya algunos de los elementos claves del mensaje que China comunicó al mundo en aquella ocasión, los cuales una y otra vez estuvieron presentes a lo largo de la ceremonia de inauguración. Estos elementos claves del mensaje, que se presentan a continuación, pueden resumir la idea que querían trasmitir las autoridades gubernamentales sobre lo que caracteriza a China:

a) La presencia de un pueblo numeroso.

b) Un pueblo que es conducido con paso firme y en una dirección precisa hacia el futuro.

c) Un pueblo destacado por ser disciplinado y laborioso.

d) Un pueblo que trabaja en conjunto.

e) Un pueblo que conserva una tradición milenaria.

f) Un pueblo apoyado en el uso de la tecnología de vanguardia.

Estos mensajes, presentes desde el primer acto de la ceremonia inaugural, se pueden apreciar en múltiples escenas. En el primero de los casos, la idea del país más poblado del mundo -con una población que supera los mil 360 millones de habitantes (National Bureau of Statistics of China, 2008)-, se evidenció en el momento en que tres mil actores representaron a los discípulos de Confucio caminando con tablillas de bambú en la mano y recitando varios versos presentes en las analectas (COI, 2008). De hecho, la imagen de un pueblo numeroso se evidencia a lo largo de la ceremonia con distintos números en que es constante la presencia de múltiples actores. El evento fue planeado para que se apreciara la cantidad de los participantes cobijados por la luz y el color a lo largo de la cancha del Estadio Nacional14.

Pero la idea no sólo fue presentar a un pueblo numeroso, sino a uno que, a pesar de ello destacó históricamente por la habilidad de sus gobernantes para conjuntar, en beneficio de la comunidad, la suma de las voluntades individuales. La presentación de fragmentos del pasado extraordinario de China cumplía esta función. Un ejemplo es el acto en que 32 plataformas soportaban a su vez a 32 músicos, enmarcadas en columnas con figuras de dragón, que pretendió ofrecer una idea de las últimas cinco dinastías imperiales chinas: Tang (618-907), Song (960-1279), Yuan (1271-1368), Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911) (COI, 2008). Y esta misma imagen se mostró en la representación de la flota del almirante Zheng He, que hace más de 600 años emprendió por lo menos siete viajes marítimos explorando las costas de Asia y África luego de partir del puerto de Quanzhou con una flota que llevó a más de 27 mil personas (Menzies, 2004).

La tradición milenaria de China estuvo presente en la primera parte del programa de la ceremonia. Lo mismo se aprecia en las alusiones a los hechos históricos que en la presencia de numerosos símbolos, como el acto de Guaqin, en el que lució uno de los instrumentos de cuerda más antiguo del mundo, cuyos orígenes se remontan a tres mil años de antigüedad (COI, 2008). Pero tal vez el símbolo más representativo de este glorioso pasado chino se mostró en el papel y la enorme placa de tipos móviles con 6 mil caracteres, cuyo origen se remonta a la imprenta de tipos móviles cuyo invento se atribuye Bi Sheng (Temple, 1998). El papel y la imprenta se conjuntaron con uno de los tesoros mejor conservados de la tradición milenaria china: la escritura. Así, se presentaron tres de los estilos de escritura del chino antiguo, Dazhuan (curva mayor), Xiaozhuan (curva menor) y Kaishu (escritura regular), todos con el significado de "paz", la cual sólo puede alcanzarse a través de la existencia de una sociedad armoniosa (COI, 2008).

La presencia de estos tres elementos, escritura, papel e imprenta, tiene un significado doble. Por una parte, se trató de mostrar cómo China, al ser una civilización clásica, aportó uno de los inventos que revolucionó la historia de la humanidad: la imprenta, y con ésta, la posibilidad de expandir la cultura y perpetuar el conocimiento. No hay nada de "bárbaro" en los orígenes del pueblo chino, podría leerse entre líneas. El segundo elemento es la representación de una palabra emblemática, "paz", que encierra uno de los principales discursos que justifica la expansión china, el de la cooperación para construir un mundo pacífico y armonioso.

La idea de mirar al futuro se expresa en la segunda parte de la ceremonia inaugural con la presencia de una serie de actos que iniciaron con la muestra de tres elementos significativos: la presencia de niños (el futuro de China), el Tai Chi (inspiración filosófica que busca el equilibrio y la armonía, la reconciliación entre el ser humano y la naturaleza y con ello una nueva propuesta paradigmática que permita conciliar las relaciones individuo-sociedad-naturaleza)15 y la presencia de un pájaro cometa que arrastra a una niña hacia el futuro de un nuevo mundo. Un nuevo mundo, hay que hacer notar, comprendido bajo la mirada china como un mundo armonioso. En conjunto, estos mensajes mostraban la imagen de un país cuya piedra clave en su comprensión es la armonía. A la vez, comunicaba la idea de la esperanza en un mañana mejor, o esa era, al menos, la imagen presentada.

En síntesis, la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos comunicaba un rostro diferente de China en forma clara y sencilla: China, una civilización clásica con profundas raíces históricas que se proyecta hacia el futuro y propone que este futuro en el que predomine la armonía entre las sociedades y los Estados sea también para otros. La finalidad fundamental de esta ceremonia fue presentar el rostro amable, civilizado y armonioso de una China en ascenso, ocultando otro rostro de China, el de la diversidad y las contradicciones.

 

4. El desfile de aniversario de los 60 años del establecimiento de la Republica Popular China : Nuevos mensajes, Nuevos medios

Si la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos se organizó considerando la cobertura internacional que este evento tendría, en cambio, el desfile conmemorativo del 60 Aniversario de la fundación de la República Popular China se enfocó, en primera instancia, en el público chino16. El desfile era el evento cúspide de las diversas actividades que se realizaron para conmemorar el triunfo del Partido Comunista Chino y que se celebraron a lo largo y ancho del país. Entre todos estos, el evento principal se llevó a cabo en el corazón de China: la Plaza de Tiananmen17.

El desfile del sesenta aniversario del establecimiento de la República Popular China se dividió en dos grandes partes. La primera de ellas fue un desfile militar y la otra constó de un desfile de carácter civil, denominado por la prensa oficial china como el "desfile popular". Además de estos desfiles, ese mismo día se celebró una gala nocturna en la que se utilizaron el doble de fuegos artificiales que se emplearon en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos, diseñados por el artista Cai Gouqiang (Xinhua Press, 2009a)18.

El desfile fue planeado como un acontecimiento mediático para ser contemplado desde la televisión. Para presenciar este evento fueron seleccionados cuidadosamente 30 mil invitados, mientras que los millones de ciudadanos de Beijing fueron exhortados por las autoridades a permanecer en sus hogares presenciando el desfile en vivo por la señal de televisión. Los residentes a lo largo de la ruta que recorrió el desfile fueron advertidos de no invitar amigos a sus casas, mientras que a los huéspedes de un hotel se les instó a permanecer en el interior del mismo durante el tiempo que durara el desfile. Asimismo, las oficinas fueron cerradas y a los ciudadanos se les pidió que no presenciaran el evento desde las ventanas o al abrir las puertas de sus balcones para mirarlo desde allí (The Guardian, 2009a).

De esta manera, el desfile fue transmitido en vivo por radio y televisión en cobertura nacional, a partir de las 9 horas y 47 minutos. Los trece canales de la Televisión Central de China (CCTV) fueron enlazados para cubrir este evento y la señal generada fue transmitida a todo el mundo en vivo a través de Internet. La cobertura de la CCTV incluyó también una emisión íntegra en inglés. No sólo el desfile recibió una cobertura tan amplia, sino también la Gala Nocturna (Xinhua Press, 2009b). La orientación de un desfile pensado para la televisión quedó manifiesta cuando, días después, la compañía Beijing Mobile TV Corporation continuaba retransmitiendo escenas del desfile a más de un millón de pasajeros que utilizan el transporte público en Beijing a través de los más de 12 mil autobuses, 5 mil taxis y 6 mil terminales que cuentan con este servicio (Xinhua Press, 2009c).

Uno de los hechos relevantes como parte del desfile fue la presencia de la cúpula del PCCh, encabezada por el presidente Hu Jintao. Entre las personalidades presentes se encontraban también el Primer Ministro Wen Jiabao, Tung Cheehua, primer gobernador de Hong Kong -una vez que esta antigua colonia británica retornó a China, y el Secretario del Comité Municipal de Beijing, Liu Qi, quien fue responsable de inaugurar las celebraciones del Día Nacional.

A lo largo de la transmisión televisiva, las cámaras enfocaban constantemente al antiguo dirigente Jiang Zemin. En este sentido, la celebración fue el mensaje de que el Partido Comunista es un sólido instituto político caracterizado sobre todo por la unidad, guiado por un liderazgo colectivo, que comparte una visión generacional y que en la actualidad cosecha los logros de sus esfuerzos. Es también un partido impulsado por los antiguos y los nuevos dirigentes de la nación. El mensaje aquí es claro: no hay espacio en China para una ruptura abierta sobre diferentes modelos de país, tanto entre la dirigencia actual, como entre los dirigentes del pasado. De hecho, durante el desfile civil, un enorme retrato de Mao Zedong fue exhibido y trasladado en la ruta del desfile. Este retrato fue seguido por los de Deng Xioping, Jiang Zemin y Hu Jintao, los cuales fueron escoltados por 36 mil personas. Durante el traslado, se repetían continuamente grabaciones de estos líderes de discursos claves en la historia contemporánea, desde la proclamación de la República Popular por Mao hasta el llamado de Hu para la construcción de una sociedad china modestamente acomodada (Xinhua Press, 2009d)19.

Evidentemente, el desfile fue una excelente oportunidad para comunicar la idea de una única y gran China, de evidenciar, ante todo, la existencia de una sola China -más allá de las diferencias regionales, sociales y étnicas- y de exaltar los sentimientos nacionalistas del pueblo. Por eso, un momento especial fue cuando se izó la bandera. Ésta, como símbolo indisoluble de nacionalismo, también encabezó el desfile civil; mientras que era traslada por la ruta del desfile, una banda de guerra tocaba las notas de la pieza Bandera Roja. La bandera fue cargada por 2009 jóvenes y midió 28.8 metros de largo y 19.2 metros de ancho, con un peso alrededor de 150 kilogramos (Xinhua Press, 2009d).

El desfile evidenció que la unidad china se encarna en el propio Estado. Así, incluso prescindiendo de la procesión de los retratos de los "máximos chinos" -los artífices de esta "Gran China"-, el primer carro alegórico transportaba el escudo del Partido Comunista y el Monumento de los Héroes del pueblo. Otra carroza mostraba una reproducción del Gran Palacio del Pueblo de Beijing. Fue, en este sentido, la celebración del Estado sobre sí mismo (Wall Street Journal, 2009).

La celebración de la unidad nacional encarnada en el Estado se evidenció también en los diversos carros alegóricos que representaban a cada una de las veintitrés provincias, cinco regiones autónomas, cuatro municipalidades administradas directamente bajo la autoridad central, y las dos regiones administrativas especiales en las que se divide China. Cada uno de estos carros mostraba elementos característicos de estas unidades administrativas. La carroza de Beijing, por ejemplo, llevaba una reproducción del Templo del Cielo; la del Tianjin, el complejo aeroespacial que alberga; la de Shanghai, la mascota de la Expo Mundial; la de Macao, una reproducción de las ruinas de la catedral de San Pablo; la de Guandong, una representación de las famosas carreras de los botes dragón y la del Tíbet, hacía referencia principalmente a la cumbre del Monte Everest.

Al final de la procesión de carros alegóricos apareció el del Taiwan y no podía ser de otra manera. Evidentemente, el mensaje aquí es contundente: Taiwán, aunque sigue siendo la "provincia rebelde", es parte de la "Gran y Única China". Cada carro alegórico era acompañado por una multitud de personas vestidas con los trajes típicos de las minorías étnicas o con ropa de brillantes colores, al tiempo que saltaban y bailaban, realizando diversas coreografías, tomándose de las manos, destacando la unidad del pueblo chino.

Además de estas carrozas, se presentaron otras relacionadas con eventos recientes en la historia de China, como una dedicada a conmemorar los Juegos Olímpicos de Beijing y otra en referencia al devastador terremoto ocurrido en la provincia de Sichuan. Ambos hechos fueron situados como parangón de la unidad del pueblo chino, en momentos festivos y ante hechos trágicos. Los demás carros alegóricos, espaciados entre sí por intervalos de dos minutos, mostraban algo que la dirigencia quería destacar: avances en la agricultura, industria, tecnología, desarrollo urbano o ciencia. Por ejemplo, la carroza del desarrollo tecnológico reprodujo la nave espacial Shenzhou.

Mientras que el desfile pasaba por la avenida Chang'an, miles de niños en edad escolar, quienes habían pasado la noche en la plaza de Tiananmen, formaban una "pantalla humana", portando sobre sus cabezas tarjetas de colores para formar frases como "lealtad al partido" y "sociedad armoniosa" (The Guardian, 2009b).

Por primera vez, además, el Desfile del Día Nacional incluyó la participación de extranjeros, más de ciento ochenta personas representando a diversos países del mundo. El carro alegórico que los transportaba portaba un mundo, con el mensaje en caracteres chinos y en inglés: paz y desarrollo. Este carro en particular hacía referencia al concepto del ascenso pacífico de China. Sin embargo, es difícil pensar que esta idea quedara presente entre los espectadores cuando la primera parte del desfile, con una duración de sesenta y seis minutos, se encaminó a mostrar el poderío militar de China.

El Desfile del Día Nacional inició cuando el presidente Hu Jintao, quien funge también como presidente de la Comisión Militar Central, pasó revista al Ejército Popular de Liberación desde la limusina convertible "Bandera Roja", de fabricación china. En el desfile militar un total de cincuenta y seis regimientos que representaban las cincuenta y seis etnias chinas participaron en el desfile (Xinhua Press, 2009e). Durante el desfile militar se presentaron cincuenta y dos nuevos sistemas de armamento, los cuales fueron desarrollados por ingenieros y técnicos chinos. Entre éstos destacaba el último modelo de misiles balísticos intercontinentales con capacidad para transportar cabezas nucleares (Xinhua Press, 2009e). Otros de los avances en tecnología militar presentados en el desfile militar fueron una nueva generación de radares, vehículos aéreos no tripulados, aviones de alerta temprana y equipos de comunicación vía satélite, la mayoría de los cuales eran presentados por primera vez al pueblo chino en el desfile (Xinhua Press, 2009e).

En conjunto, participaron ocho mil soldados, quinientos tanques y otros vehículos militares terrestres, y 151 aviones, principalmente aviones de caza J-10, así como bombarderos JH-67. Se destacó en forma insistente durante el desfile que algunas de estas aeronaves eran piloteadas por mujeres, "recordando a nuestras heroínas de la historia" al tiempo que manifestaban en forma propagandística el cambio y las oportunidades que ha significado para las mujeres el triunfo de la Revolución Comunista (The Guardian, 2009b). La marcha militar que cubrió tres kilómetros era acompañada por las notas tocadas por una banda de guerra conformada por dos mil integrantes (Xinhua Press, 2009e).

Entre todas las armas presentadas en el desfile militar, la prensa oficial destacó la impresión que generaron entre los asistentes los misiles nucleares intercontinentales. La agencia oficial Xinhua señaló en su sitio de Internet que los misiles nucleares "llevan el desfile militar al climax" y que cada una de las 18 unidades exhibidas -transportadas por enormes vehículos de 20 ruedas- suponían "un símbolo destacable de la fuerza de autodefensa china" (Xinhua Press, 2009f).

El desfile militar enfatizó, al igual que el civil, la presencia de sus numerosos participantes perfectamente coordinados. Al igual que en la ceremonia de los Juegos Olímpicos, estuvo presente la idea de un pueblo multitudinario que trabaja armoniosamente para el desarrollo del país bajo la coordinación del Partido Comunista. Y en nombre de cumplir con las expectativas del desfile, es decir, la exhibición de un espectáculo masivo y perfectamente ordenado, sin espacio para la equivocación, se exigió a los participantes subordinar sus intereses personales al trabajo colectivo para alcanzar la meta trazada.

Más de ochenta mil estudiantes fueron seleccionados para participar en las celebraciones agitando motas y portando tarjetas de colores para crear lemas como "Día Nacional" y "Larga vida a China" (The Guardian, 2009b). Los participantes recibieron la orden de firmar acuerdos de confidencialidad en los que se les prohibía hablar con periodistas sobre el evento, enviar mensajes de texto y publicar fotografías en Internet sobre los ensayos del desfile. Y aquellos estudiantes que se quejaron porque se restringieron parte de sus vacaciones al tener que participar en ensayos con una duración de hasta doce horas, fueron contactados por la policía (The Guardian, 2009b).

El desfile finalizó con la liberación al cielo de decenas de miles de globos de colores, realizada por cientos de niños, mientras que en el fondo se escuchaba la consigna "Viva la República Popular China". Previamente, los niños habían aparecido corriendo y cantando "somos el futuro del comunismo" (Wall Street Journal, 2009). Evidentemente un comunismo que, como lo señaló el mismo presidente Hu en el discurso del sesenta aniversario de la fundación de la República Popular, es "el único camino que puede salvar a China" (Chinaview, 2009). El desfile, como acto propagandístico del gobierno comunista, no es más que una de las tantas formas para construir y comunicar la identidad de una China que se "rejuvenece" gracias al socialismo y que bajo la óptica gubernamental, expresada por el mismo Hu en esta conmemoración, tiende a crear "un país rico, fuerte, democrático, civilizado, armonioso y moderno" (Chinaview, 2009).

 

5. Consideraciones finales

El ascenso económico que China ha experimentado en los últimos treinta años ha estado acompañado por una participación cada vez más activa de este país en el escenario internacional. Con eso ha buscado dejar atrás la política aislacionista, tanto en el aspecto económico como en el diplomático, que caracterizaron los primeros años del régimen revolucionario encabezado por Mao Zedong. A la par del crecimiento económico y los cambios materiales a todas luces evidentes, el gobierno chino ha impulsado una serie de eventos mediáticos, cuyos mensajes generados y comunicados desde la élite del PCCh, tienden a fortalecer la imagen de una China en ascenso. Para la élite política china la construcción de una nueva imagen china ha sido tan importante como la consolidación del crecimiento económico.

El análisis de esta nueva imagen china puede ser comprendido desde el constructivismo. Como marco de referencia teórico, el constructivismo presenta un modelo explicativo que pretende generar interpretaciones coherentes y sistemáticas sobre lo que la evidencia empírica demuestra. Como todo esfuerzo por teorizar la realidad, se parte de generalizaciones obtenidas desde el análisis empírico. Sin embargo, las generalizaciones teóricas nunca son ni completas ni acabadas, y frecuentemente es necesario contrastar estas propuestas teóricas con la realidad cotidiana. En este sentido, el constructivismo, como cualquier otro enfoque teórico, debe ser continuamente confrontado con hechos concretos. En el presente artículo, las aproximaciones constructivistas han sido el telón de fondo en el que se ha esbozado una explicación sobre la construcción identitaria de la nueva China a partir del análisis de dos eventos mediáticos.

Es evidente que la misma idea de China, y por lo tanto la conformación de la identidad de lo que esta China representa, es en muchos sentidos más un producto del imaginario colectivo moldeado por mensajes comunicados intencionalmente desde la cúspide del poder, que una realidad palpable y concreta. Es decir, China, al ser uno de los países más extensos, diversos y complejos, y al ser poseedor de una vasta herencia cultural, ha sido marcado por la diversidad, en la que lo sincrético ha estado siempre presente en los diferentes pueblos, distintas historias y diversos rostros de "lo chino". Sin embargo, se puede sugerir que, a pesar de esta enorme diversidad, la conformación y comunicación de la nueva identidad china (en la que se destacan los rasgos de la unidad nacional), busca favorecer el retorno al escenario internacional de China como país protagónico. Lo anterior se muestra como resultado de una historia milenaria, pero también de los avances más recientes en el campo de la economía, la ciencia y la tecnología.

Conforme a los presupuestos básicos del constructivismo, se puede interpretar que la construcción y comunicación de esta identidad china persigue un doble propósito: por una parte, se pretende generar un ambiente propicio en el interior de China para continuar el camino de las reformas económicas, a la vez que se garantiza el apoyo mayoritario al PCCh y a sus decisiones gubernamentales; por otra parte, se busca fortalecer la imagen de China al exterior como un país próspero, en ascenso, con una continuidad histórica milenaria y con un pie en el futuro. Esta intencionalidad de mostrar a China como un Estado sólido, poderoso y en progreso, le permite obtener una imagen distinta en los foros internacionales y, con ello, le brinda posibilidades cada vez mayores de participar en las estructuras internacionales y moldearlas.

La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos y el desfile conmemorativo del sesenta aniversario del establecimiento de la República Popular China constituyen un ejemplo mediático sobre la forma en que se construyen y se comunican las identidades. La construcción de las identidades colectivas es un proceso que se enmarca en las estructuras materiales pero una vez constituidas, asimiladas y nuevamente comunicadas, estas identidades pueden, a su vez, moldear las estructuras materiales. Como el ejercicio de construcción de identidades para ser comunicadas implica un proceso que incluye emisores y receptores. En el caso chino el principal emisor es el Gobierno Central, a través de la élite en el poder. A su vez, los dos principales receptores son el propio pueblo chino y la comunidad internacional.

Evidentemente, para la población china el mensaje por parte del Gobierno ha sido mostrar la grandeza de una civilización milenaria constituida bajo el amparo de una autoridad central fuerte, capaz de armonizar los diversos elementos de la sociedad, volcando la colectividad bajo un objetivo común: el bienestar del pueblo por encima de los individuos. Esta "verdad" evidenciada en las raíces históricas es presentada como la mejor plataforma y la más sólida garantía para alcanzar una nueva etapa de desarrollo chino en la medida en que el pueblo y el gobierno trabajen armoniosamente con la mirada puesta en el futuro. Por otra parte, el gobierno chino se ha esforzado en establecer una armada moderna y eficiente, con tecnología propia vanguardista, capaz de mantener el orden interno, garantizar la seguridad de sus ciudadanos y salvaguardar sus intereses, tanto en el interior como en el exterior de sus fronteras. Mostrar esa realidad presente en la China contemporánea y convencer a sus receptores de ella es al menos la intención.

Al mismo tiempo, es interesante hacer notar que estos mensajes mediáticos en la construcción de la imagen de una nueva China no están exentos de contradicciones y paradojas. Por ejemplo, la idea de libertad presente en el desfile de aniversario de la República Popular de China, contrastó con el férreo control sobre la población que el gobierno impuso especialmente en ese día. Al principio, esta situación puede mirarse como un tanto paradójica; sin embargo, desde la lógica del poder, la comunicación de imágenes y la construcción de identidades responde a intereses específicos que fortalecen la presencia gubernamental, de quienes, en otras palabras, son los constructores de las imágenes y los creadores de identidades específicas conforme a las lógicas del poder.

El segundo mensaje, dirigido a la sociedad internacional, es el que encierra la idea de que China ha ocupado históricamente un papel relevante como centro civilizador de primer orden, con base tanto en el pensamiento filosófico clásico como en importantes avances tecnológicos en cada época. Por ello, la imagen que se muestra es la de una China armoniosa -que busca dicha armonía también en el escenario internacional; que aspira a un ascenso pacífico como consecuencia natural en un futuro; y con profundas raíces históricas en un pasado que a China, por derecho propio, le corresponde. En el caso de que esta armonía no se presentara en forma "natural", el gobierno posee la capacidad para defender su área de influencia y sus intereses vitales, lo que implica los casos controversiales del Tíbet y Taiwán.

Finalmente, es importante que nuevas investigaciones analicen cómo estos mensajes son interpretados y asumidos por diversos actores y la efectividad de los mismos en cuanto a la conformación y consolidación de las identidades colectivas, particularmente en el caso de un país multinacional como China. Estas investigaciones permitirán comprender mejor cómo los actores definen y comunican su identidad en ejemplos concretos, y cómo estas identidades influyen las estructuras del sistema internacional. De esta manera será posible avanzar en la comprensión del constructivismo como propuesta de análisis del sistema internacional, con sus limitaciones y aportaciones. Asimismo, los resultados de esas aplicaciones enriquecerán nuestra comprensión sobre el avance de China en el escenario internacional.

 

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Notas

1 En adelante se le denominará simplemente "China".

2 Esta idea del ascenso pacífico de China se fundamenta en los Cinco Principios de la Política Exterior China, que son: respeto mutuo a la soberanía; integridad territorial; no agresión mutua; no interferencia en los asuntos internos de otros países; igualdad y beneficio mutuo; y coexistencia pacífica. Frecuentemente, esta idea es invocada por los dirigentes chinos con la intención de mandar un mensaje a la comunidad internacional de que el resurgimiento de China no representa peligro alguno para otros pueblos y naciones. Así, por ejemplo, en el discurso de año nuevo del año 2010 transmitido en audiencia nacional a través de las estaciones estatales de radio y televisión, el presidente Hu Jintao señaló: "Me gustaría solemnemente reiterar que China mantendrá en alto la bandera de la paz, el desarrollo y la cooperación, y que se adherirá con firmeza a una política exterior que mantenga la paz mundial y promueva el desarrollo común", ratificando que China desarrollará relaciones de cooperación amistosa con todos los demás países con base en los cinco principios de coexistencia (Xinhua Press, 2010).

3 Sin embargo, existe un debate en cuanto a qué tan extensa es, y más importante aún, qué tan extensa será esta apertura económica, ya que el gobierno continúa teniendo el control de rubros estratégicos como el energético y el financiero. Lo cierto es que desde el Estado se ha dictado una política económica en la que la pieza clave para el crecimiento económico es la incorporación a los mercados mundiales a partir de un modelo que ha privilegiado las exportaciones como motor del desarrollo.

4 Conforme al Banco Asiático de Desarrollo, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) chino en el primer semestre del año 2009 fue de un 7% y las expectativas para el cierre de ese mismo año sitúo el crecimiento del PIB 8.2% anual previéndose que para el 2010 el crecimiento anual se ubicara en 8.9% (Asian Development Bank, 2009).

5 Anguiano (2008) evidencia cómo la idea de la "Gran China" no es un simple espejismo o ilusión, ya que existen numerosos elementos constitutivos del poderío chino, entre los que se encuentran la ubicación geopolítica, la presencia china en organismos internacionales y el poderío militar, además de su creciente poder económico.

6 El constructivismo surgió como un intento de adecuar algunos conceptos tradicionales en el campo de las Relaciones Internacionales para resolver las nuevas inquietudes ontológicas y epistemológicas derivadas del nuevo contexto internacional surgido a partir del fin de la Guerra Fría, cuando la visión del neorrealismo y de las otras corrientes teóricas no fueron capaces de explicar adecuadamente la vertiginosa transformación del mundo bipolar como consecuencia del fin de la Unión Soviética.

7 Existen, en este sentido, diversas clasificaciones sobre las diferentes corrientes incluidas en el constructivismo, las cuales son categorizadas ya sea por el nivel de análisis que sus investigaciones emprenden, por el fundamento epistemológico en que se basan o por la taxonomía que emplean. La más generalizada de éstas distingue entre un constructivismo positivista y otro postpositivista o posmoderno. En este artículo, las ideas generales del constructivismo y la manera en que se aplican en el análisis de los dos eventos mediáticos excluyen la postura posmoderna del constructivismo.

8 Guzzini (2000) ha advertido que es esta idea difusa sobre lo que se entiende por constructivismo lo que ha dado paso a una crítica al interior de los propios constructivistas sobre el uso generalizado de la expresión la "construcción social de..."; ello se ha transformado en aproximaciones eclécticas o redundantes en la que, incluso, se pierde la coherencia teórica en el resultado de las investigaciones. En este artículo, parto de postulados básicos aportados por el constructivismo con la intención de que sean referencia para explicar la forma en que eventos mediáticos, con un significado propio, como son los Juegos Olímpicos y las conmemoraciones del triunfo de una revolución y el establecimiento de un nuevo régimen, son a su vez generados, propiciados y enmarcados desde las élites burocráticas para generar y consolidar nuevas identidades.

9 En este sentido, el constructivismo ha sido propuesto como una búsqueda para la reconciliación entre el antiguo debate liberalismo-realismo, al conciliar la visión contradictoria del acontecer internacional, al sostener que las ideas moldean las estructuras del mundo material como también el mundo material condiciona el surgimiento y consolidación de las ideas (Zhefuss, 2002).

10 Ríos (2006) demuestra que el Partido Comunista Chino es una organización compleja, multifuncional y diversa en medio de la cual están presentes múltiples interpretaciones de la realidad y conforme a éstas, diferentes líneas políticas de acción; de hecho, una de las divisiones políticas actuales más importantes es la que está presente entre la visión de una China que mantenga y acentúe el programa de modernización económica y de apertura hacia al exterior, que encabeza el actual presidente Hu Jintao, con un modelo económico que considere también el aspecto social y medioambiental más allá del simple crecimiento económico, así como el generar un equilibrio entre las oportunidades para los habitantes de las provincias costeras y las del centro y oeste de China; todo esto percibido como un asunto prioritario en la agenda nacional. Sin embargo, hasta el momento, las diversas facciones del PCCh aún mantienen un bloque único hacia el exterior que se manifiesta en temas cruciales como la postura ante Taiwan, la situación en el Tibet y el manejo de conflictos étnicos, como los sucedidos en el 2009 en la Región Autónoma de Xinjiang.

11 Según datos de Zhao Jidong, vicepresidente de China Network Communications (CNC), la compañía ejecutiva del evento. En China, más de 800 millones de televidentes presenciaron la ceremonia, un 62% de la población total. En comparación, en Atenas 2004 alrededor de 3.500 millones de personas siguieron la inauguración por televisión, mientras que la audiencia total superó los 4.200 millones (Información.es, 2008).

12 La ceremonia de inauguración ha sido la más costosa de la historia del olimpismo, superando a la de Atenas en 2004. Sin embargo, el interés para que Beijing luciera el nuevo rostro de China rebasa más allá la ceremonia inaugural, pues incluyó la construcción de los complejos deportivos, un nuevo ordenamiento urbano -incluyendo la construcción de una línea de metro-, la preparación de la logística del evento por más de siete años y el cierre de fábricas y el retiro de la circulación de dos millones de vehículos en forma previa a la inauguración con la intención de tener un cielo más limpio. El costo total de los juegos es difícil de estimar y se presentan variaciones importantes entre diferentes fuentes; pero las fuentes oficiales chinas ubican la cifra en 43 mil millones de dólares (La Jornada, 9 de agosto de 2008).

13 El fou es el instrumento de percusión más antiguo de China y elaborado tradicionalmente de arcilla y bronce. El apogeo en el uso de este instrumento, conforme a diversos testimonios arqueológicos, data de las dinastías Xia y Zhou (Sina, 2008).

14 En abril de 2006, el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Beijing dio a conocer que el director de cine Zhang Yimou había sido elegido como director en jefe del equipo responsable de la ceremonia inaugural, mientras que los coreógrafos Zhang Jigang y Chen Weiya fueron nombrados subdirectores. El cineasta y productor estadounidense Steven Spielberg, junto con Richard Birch, e Yves Pepinlo, fueron elegidos asesores artísticos; sin embargo, en febrero de 2008 Steven Spielberg renunció a su responsabilidad debido a las duras críticas que recibió por el apoyo que él brindaba a un evento auspiciado por un gobierno catalogado como represor de los derechos humanos, particularmente por la actuación del gobierno chino en el conflicto de Darfur (Elmundo.es, 13 de febrero de 2008).

15 Es preciso recordar que el Tai Chi o Taijiquan se originó como un arte marcial, cuyo principio es realizar una serie de rutinas ofensivas sustentadas en el equilibrio del practicante y el uso y fuerza del oponente, reflejando así esta idea de la armonía como principio para alcanzar los objetivos propuestos.

16 El desfile del primero de octubre de 2009 fue el decimocuarto celebrado desde la fundación de la República Popular China. China realizó anualmente un desfile militar en conmemoración del Día Nacional entre 1949 y 1959; en 1960 se decidió pasar de un desfile anual a uno que se celebrara cada diez años; sin embargo, el desfile se suspendió durante 24 años en la época de la Revolución Cultural y se reanudó en 1984. El último desfile tuvo lugar en 1999 con motivo del cincuenta aniversario.

17 No es casualidad que este sitio sea uno de los más emblemáticos de China, no sólo porque este lugar fue erigido como símbolo de la nueva China, sino porque este sitio se ubica justo enfrente de la Ciudad Prohibida, símbolo del poder imperial desde la dinastía Ming. Además, aquí Mao proclamó la República Comunista en 1949 y en este mismo lugar corrió la sangre de cientos de jóvenes chinos reprimidos por el gobierno en junio de 1989.

18 Esta gala nocturna tuvo como finalidad presentar una serie de canciones y bailes que mostrarán "la armonía étnica" vivida en China, así como el desarrollo social y económico que se ha experimentado en los últimos 60 años. De allí que se representaran figuras formadas por los fuegos artificiales del ferrocarril Qinghai-Tíbet y la nave espacial Shenzhou. Es interesante hacer notar cómo estos dos elementos -unidad china en la diversidad étnica y crecimiento económico- son dos pilares fundamentales de legitimización del gobierno chino.

19 Es interesante hacer notar que los retratos fueron acompañados de carros alegóricos, los cuales mostraban elementos distintivos que significaban los hechos más relevantes impulsados por dichos dirigentes; así, se hacía alusión a la idea de "autosostenimiento" proclamada por Mao; al proceso de "reforma y apertura" impulsado por Deng; a la "revolución al paso del tiempo" de Jiang y al "desarrollo científico" impulsado por Hu (Xinhua Press, 2009d).

 

Información sobre el autor

Daniel Lemus Delgado. Profesor Investigador de la cátedra Globalización, Medios y Estudios Culturales del Tecnologico de Monterrey campus Guadalajara. Licenciado en Historia por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Historia por el Tecnológico de Monterrey y Doctor en Relaciones Internacionales Transpscíficas por la Facultad de Economía y el Centro de la Cuenca del Pacífico de la Universidad de Colima.