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Norteamérica

versión On-line ISSN 2448-7228versión impresa ISSN 1870-3550

Norteamérica vol.13 no.1 México ene./jun. 2018

http://dx.doi.org/10.20999/nam.2018.a002 

Ensayos

Familias transnacionales y prácticas sociodigitales en Nueva York

Transnational Families and Socio-digital Practices in New York

Esperanza Tuñón Pablos* 

Ramón Abraham Mena Farrera** 

* Investigadora en El Colegio de la Frontera Sur, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, <etunon@ecosur.mx>.

** Técnico académico en El Colegio de la Frontera Sur, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, <rmena@ecosur.mx>.

Resumen:

Se analizan las prácticas sociodigitales de familias transnacionales de origen mexicano que viven en el estado de Nueva York, Estados Unidos, con el objetivo de comprender el cambio en la identidad en ambientes transnacionales y el uso de las tecnologías de información y comunicación (TIC). A la pregunta de ¿cómo el sentido de lugar y pertenencia en familias transnacionales es dinamizado por las prácticas sociodigitales?, nuestros resultados aportan nuevos elementos analíticos y empíricos a partir del enfoque de las “fracturas de clase” en los ámbitos educativos, de género y generacional que conlleva el uso de las nuevas tecnologías. Se analiza el estado actual del uso de las TIC entre la comunidad mexicana en Nueva York, los temas y discursos prevalentes en el grupo cerrado de Facebook “Mexicanos que viven en Nueva York”, y las prácticas sociodigitales de diez familias transnacionales residentes en la ciudad de Nueva York, Albany, Latham y Saratoga.

Palabras clave: Prácticas sociodigitales; movilidad transnacional; identidad; usos de TIC en familias transnacionales

Abstract:

This article analyzes the socio-digital practices of Mexican transnational families living in New York to understand identity changes in transnational environments and their use of information and communications technology (ICTS). The article’s key question is how the sense of place and belonging is affected by socio-digital practices. In response, the authors inform the discussion with new analytical and empirical information based on the class cleavage approach in the educational, gender, and generational spheres. Their analysis focuses on the current state of ICT use among Mexican communities in New York, the talking points and discourses prevalent in the closed Facebook group “Mexicans Living in New York,” and the socio-digital practices of ten transnational families living in New York, Albany, Latham, and Saratoga.

Key words: socio-digital practices; transnational mobility; identity; use of information and communications technology (ICTS) transnational families

Introducción

Medcof (1995) inauguró la reflexión en torno al carácter transnacional del uso de la Internet al analizar la coordinación del trabajo entre empresas y la relación de las personas que trabajarían en proyectos comunes, hasta llegar a los modelos de organización “internacionales” que pusieron en entredicho las regulaciones gubernamentales nacionales de su época. Este autor avizoró un mundo en donde el control, la inercia histórica, las comunicaciones, las industrias nacionales y la economía de escala familiar darían un viraje total al cuestionar cómo se integran los datos y las ideas disponibles en la red y el tipo de articulación que se les podría dar sin desembocar en el caos. Su propuesta contempló una estrategia en tres dimensiones: desarrollar esquemas de negocios y tecnología, fortalecer procesos de investigación y desarrollo y, por último, gestionar internacionalmente para dar coherencia a la entidad global de comunicación; y, con ella, ayudó a gestar el carácter transnacional que generaría el contacto comercial, político y cultural del uso de las redes.

Años después, con el mercado de las tecnologías digitales ya en funcionamiento, Vertovec (2002) reconoció a las tecnologías de información y comunicación (TIC) como una industria pujante que requería mano de obra calificada y observó en la movilidad humana de mediano y corto plazo una práctica que aseguraría el desplazamiento de trabajadores especialistas para mantener a la nueva industria. En ese momento no se consideró que el término “migración” fuera adecuado para explicar este fenómeno, ya que las connotaciones de permanencia o estancia de largo plazo no eran aplicables a una industria que estaba modificando la estrategia laboral hacia redes de trabajo tecnológico de carácter transnacional. Se propuso así el término de “comunidades transnacionales”, que da cuenta de

la densidad de la red a través de las fronteras políticas creadas por los inmigrantes en su búsqueda de progreso económico y reconocimiento social […. y de cómo], a través de estas redes, [se] incrementará el número de personas que son capaces de vivir una doble vida. Los participantes son a menudo bilingües, se mueven fácilmente entre diferentes culturas, con frecuencia mantienen hogares en dos países y persiguen intereses económicos, políticos y culturales que requieren su presencia en ambos (Vertovec, 2002: 4).

La movilidad transnacional en relación con el trabajo especializado en TIC surge, entonces, ante la necesidad del sistema económico de mantener y crear la industria que dinamizaría al siglo XXI. Por otra parte, la reflexión sobre el tema de la migración, transnacionalidad y familia se intersecta y llega a otras disciplinas. Ariza (2002) plantea la migración internacional como el fenómeno social que observa la integración económica, el cambio de los mercados laborales y las revoluciones tecnológicas y mediáticas, y que éstas son expresiones que configuran el escenario social conocido como la transnacionalidad. Expone también que en el ámbito de las comunidades transnacionales, se observa que los migrantes responden activamente a las dificultades de inserción social que encuentran en la sociedad receptora, al tiempo que se detectan cambios en la subjetividad individual y diversos grados de tensión en los procesos de asimilación y pertenencia.

Ariza (2002) documenta, asimismo, que las experiencias de lejanía sin factibilidad de retorno físico provocan, sí, una asimilación cultural plena pero, al mismo tiempo, irreal que da paso a la simulación y manipulación de los símbolos culturales y de pertenencia étnica. Señala que la familia transnacional sufre presiones en las dimensiones socioculturales y simbólicas, y que es imperativo analizar las dinámicas que responden a su condición estructuradora (identidad) en un entorno globalizador (transnacional), así como el cúmulo de tensiones que afectan la estructura familiar para enfrentar contingencias, la erosión del capital social, la resignificación de los roles familiares centrados en la maternidad y paternidad, y el recrudecimiento de las asimetrías de género.

Si bien los movimientos migratorios desde siempre han configurado familias “transnacionales” en el sentido de “internacionales” al implicar la separación física y geográfica de sus miembros durante periodos prolongados o, en palabras de Parella (2007: 155), familias cuyos “miembros viven una parte o la mayor parte del tiempo separados los unos de los otros y que son capaces de crear vínculos (entre) sus miembros a pesar de la distancia física”, lo que encontramos ahora son cambios en la función de la familia donde la toma de decisiones y la discusión en torno a temas importantes que atañen a sus miembros, como la educación de los hijos, la adquisición de un determinado producto o bien y la gestión de los ingresos familiares adquieren otros sentidos en función del uso de las tecnologías. Así, las TIC nos aproximan a formas dinamizadoras del contacto frecuente y permiten aligerar el costo emocional de la separación de los miembros de la familia, tanto a nivel conyugal como intergeneracional, reduciendo la brecha de información que conlleva la separación, a diferencia de lo que ocurría en épocas anteriores en las que el correo postal limitaba, espaciaba y difería las posibilidades reales de comunicación y los flujos de información. Consideramos que la vida de la población transnacional puede constituir un importante marco analítico con el cual podamos explicar las “relaciones y prácticas que conectan a los migrantes con sus sociedades de origen” (Parella, 2007: 151), además de poder explicar los vínculos de carácter transnacional que ocurren entre la esfera productiva y reproductiva de las familias.

Falicov (2007) precisa que en tiempos de la globalización, la comunicación se convierte en un reto para reinterpretar el significado de familia, comunidad y cultura en la población de inmigrantes; la comunicación es capaz de mantener lazos afectivos entre las familias y países mediante el uso de nuevas TIC, pues se ha modificado el clásico envío de remesas y paquetes por correo postal al ser sustituido por correos electrónicos, contacto en redes sociales y mensajerías electrónicas como WhatsApp. De esa manera, las TIC permiten establecer o reestablecer conexiones en las familias que viven en lugares lejanos, lo que permite “superar la ambigüedad de vivir con dos corazones en lugar de un corazón roto” (Falicov, 2007: 157-158).

Lo que se observa, entonces, es la redefinición de la familia transnacional a partir de “la reconfiguración del sistema de producción y reproducción en contextos de globalización” (Stefoni, 2013: 217) y en la que, entre otros cambios, se construyen nuevas maternidades que requieren una comunicación constante gracias al empleo de medios tecnológicos como el acceso a plataformas de Internet vía celular que permite mantener los vínculos más allá de las fronteras y el envío de remesas económicas. En efecto, para Stefoni (2013: 219), el “contacto mediante TIC posibilita el envío de remesas sociales tales como ideas, comportamientos, identidades y capital social, que van transformando la vida social y política de las personas en origen y destino”.

Para el caso de las familias mexicanas, abundar en el paradigma transnacional permite, por un lado, apreciar las desconexiones entre el Estado y los gobiernos de procedencia, y la construcción de nuevos mundos sociales, sus efectos y cambios significativos en las vidas de esas familias, que se pueden apreciar mediante las “formas de vida que se caracterizan por la movilidad transnacional, la comunicación instantánea y las afectaciones en el mundo de los migrantes, como de los no migrantes” (Nedelcu, 2012: 1344).

Moreno (2015) plantea que las nuevas tecnologías están relacionadas con las diferentes competencias culturales que atraviesan las clases sociales y que se observan en lo que (Granjon 2009, en Moreno, 2015) llama “fracturas de clase” en los ámbitos educativo, de género y generacional. Las fracturas de clase se aprecian claramente en el uso de TIC, pues éstas tienen un uso diferenciado según nivel de estudios de los usuarios, mayor dominio masculino sobre los objetos digitales y, en términos generacionales, en las distintas prácticas culturales y sociales de los nativos digitales frente a los inmigrantes digitales de mayor edad.

Granjon (2004) analiza críticamente el significado que dan las personas al uso de dispositivos y TIC, y analiza su participación en el establecimiento de la “sociedad de la información”. Lo anterior implica observar la “gestión y estructuración de las relaciones sociales cotidianas (profesionales o domésticas, privadas o públicas) en el orden social” (Granjon, 2004: 1). El mismo autor sostiene que las relaciones sociodigitales son el espacio en donde surgen las brechas o fracturas digitales, que no sólo dan cuenta de las divisiones tecnológicas y el acceso socialmente diferenciado, sino que también estas brechas digitales producen muchas de las fracturas sociales en el mundo. De aquí que un reto teórico metodológico sea poner especial atención a las relaciones que permiten contrastar las desigualdades sociales y las digitales. Para abordarlo, Granjon et al. (2009: 13) proponen investigar las posturas ideológicas clásicas sobre el uso de las TIC, las cuales “refuerzan por un lado las desigualdades sociales y por otro evalúan la brecha digital que puede, o no, tener efectos emancipadores socialmente si se usan para reducir la desigualdad”.

Por su parte, Panagakos y Horst (2006) evalúan la manera en que las TIC dinamizan las formas sociales y culturales en torno a la experiencia de vida transnacional entre migrantes y refugiados de segunda generación, y encuentran que los factores generacionales, la historia de colonización y dispersión, los valores culturales, la clase y el acceso a las TIC permiten recrear la identidad geográfica y la conectividad a partir de patrones diferenciados de uso por sexo y generación. En su estudio etnográfico, estos autores dan cuenta de la función del ciberespacio como lugar que permite ampliar la discusión sobre las prácticas transnacionales asociadas a la migración, en tres direcciones: para hacer balance de dichas prácticas, para analizar las diferencias entre grupos y para teorizar acerca del significado de las TIC en estas redes transnacionales. Entre sus resultados muestran que las familias transnacionales evalúan la relación costo-beneficio de uso de tecnologías, y concluyen que el costo monetario de pagar Internet se tiende a minimizar ante el valor simbólico e imaginario de un viaje virtual de regreso a casa y a la comunidad de origen sin contar con papeles y sin poner en peligro su precaria existencia en el país de destino.

Otros autores apuntan la importancia del uso de las redes sociales y las TIC en la creación de movimientos transnacionales en la web y la proliferación de formas nuevas de cooperación-acción (Derichs, 2010). En este sentido, Cajiga (2014) señala que el conjunto de las TIC y las prácticas sociales comunicativas crea nuevos espacios de innovación y de relación entre las personas y entre el Estado y los ciudadanos, al extremo de que el ejercicio del voto virtual permite a los migrantes participar en las elecciones de sus países de origen; y Tandian (2010) relata cómo el florecimiento del transnacionalismo, a partir del acceso a sitios web de migrantes africanos en Estados Unidos con el fin de criticar al poder local de sus países de origen, contribuyó a socavar su sistema político desde el extranjero. Queda claro que las prácticas sociodigitales pueden transformar el sentido de la distancia geográfica, la ciudadanía, el espacio público, la identidad y los lazos sociales. Cabe recordar al respecto lo dicho por Vincent Cerf, el creador de Internet, en el marco de la Conferencia Global de Tecnología en Escocia, en 2013: “El Internet no sabe realmente cuándo se cruza una frontera internacional. Es una cosa virtual que une todo. Es transnacional. Creo que éste es un término importante para su uso. No es internacional sino transnacional. Consecuencia de esto es que realmente no podemos decir que la idea de Westfalia (soberanía nacional) se aplica absolutamente” (Colombia Digital, 2013).

Acerca de las prácticas sociodigitales de poblaciones migrantes en México, Olvera (2011), en su estudio sobre migrantes centroamericanos que radican en Monterrey, encuentra que las desigualdades estructurales explican que aquellos migrantes con poco capital económico, baja escolaridad y estatus legal indocumentado tienen un acceso limitado y un uso condicionado de las TIC; mientras que Gómez (2012), al analizar el uso social de las TIC en comunidades indígenas transnacionales, encuentra que la utilización, apropiación y adopción de la tecnología Internet posibilita tanto el rescate de sus culturas como la conservación de los vínculos materiales y simbólicos entre el migrante y sus comunidades de origen.

Por su parte, Pérez (2010) señala la importante reducción de la brecha digital de familias mexicanas transnacionales en Estados Unidos a partir de la implementación del Sistema Nacional e-México durante el gobierno del presidente Vicente Fox Quesada (2000-2006), iniciativa que posibilitó la interconectividad entre las comunidades de migrantes y sus lugares de origen; y Benítez (2011) muestra cómo los migrantes que se van no lo hacen del todo y cómo las TIC posibilitan el anclaje a la modernidad reinsertando símbolos y discursos que circulan entre las comunidades locales, transnacionales y globales a través de la red.

Lo señalado hasta aquí muestra las discusiones y los contextos en que se documentan las prácticas sociodigitales de familias transnacionales, observables en la versatilidad de la resolución de problemas de la vida cotidiana y en la construcción tanto de espacios de oportunidad como de nuevos lugares de disputa, en los que se resuelve el sentido de ubicación y de pertenencia.

Metodología

La investigación de la que se deriva este artículo se adscribe a una estrategia metodológica mixta desarrollada en tres momentos: la contextualización, en la que se presenta el estado actual del uso de las TIC en la comunidad mexicana en el estado de Nueva York, Estados Unidos, recurriendo a fuentes secundarias y a reportes proporcionados por la Oficina del Censo de Estados Unidos (U.S. Census Bureau), la Encuesta de la Comunidad Estadunidense (American Community Survey, ACS) y el Pew Hispanic Center. En un segundo momento presentamos un estudio de redes sociales tomando como base los informes del Pew Research Center y el Informe anual 2014 de Facebook, así como el análisis de discursos en el grupo cerrado de Facebook “Mexicanos que viven en Nueva York”, monitoreado de enero a junio de 2016. Por último, se presenta el estudio de caso, donde se analizan las prácticas sociodigitales de diez familias transnacionales residentes en la ciudad de Nueva York, Albany, Latham y Saratoga por medio de entrevistas a profundidad realizadas durante los años 2014 y 2015, en las cuales se relatan experiencias de uso tecnológico. Las entrevistas fueron transcritas en su totalidad, codificadas en el programa de análisis cualitativo Nvivo y, para garantizar el anonimato de las personas entrevistadas, en este texto se identifican con nombres ficticios.

Resultados y discusión

Contextualización

La U.S. Census Bureau (2014) y la ACS reportaron que, en julio del 2014, 55.4 millones de los 318.8 millones de personas que habitaban en Estados Unidos eran población hispana (un 17.4 por ciento) y que 35.4 millones de ésta (el 63.9 por ciento) era población de origen mexicano. Sólo en el estado de Nueva York se estimó una población de 19.7 millones, la cual albergaba a 4.4 millones de inmigrantes, de los cuales una tercera parte, 1.15 millones, era de origen latinoamericano. El número de mexicanos en la ciudad de Nueva York ascendió a 281 935 personas que se ubicaban el 69.3 por ciento en los distritos del Bronx (62 939), East Harlem y la ciudad de Nueva York (34 498), Queens (52 589) y Brooklyn (42 576). El restante 31.7 por ciento, 89 333 mexicanos, radica en otras localidades, como State Island, Yonkers, Hudson Valley y algunas ciudades del norte del estado: Albany, Syracuse, Rochester y Buffalo. Por su parte, el Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME), dependiente de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), reportó que sólo en 2014 se expidieron 32.8 mil matrículas consulares de alta seguridad, por lo que más de la mitad de los mexicanos se encuentran indocumentados (el 58.3 por ciento). La mayoría de ellos proviene de los estados de Puebla, Oaxaca y Guerrero y, de todos ellos, 180 000 se concentran en la ciudad de Nueva York.

Para caracterizar el uso de Internet en la población mexicana en Estados Unidos recurrimos a tres informes de la Pew Research Center (Greenwood, 2015) entre 2010-2012. Los reportes señalan que un 32 por ciento de la población latina que utiliza la red, sólo habla español y que el 78 por ciento prefiere el idioma inglés. Entre los hispanos bilingües, el 76 por ciento utiliza Internet como una fuente privilegiada para encontrar información y estar en contacto con amistades y familiares. El estudio titulado “Latinos and Digital Technology” del Pew Research Center (2011) subraya que el idioma y el nivel de estudios son dos factores que explican las diferencias en el uso de la red entre hispanos. El reporte destaca que casi seis de cada diez latinos acceden a la conexión de Internet desde sus celulares (el 59 por ciento), que casi la mitad envía y recibe mensajes de texto a través de ellos (un 49 por ciento) y que un 26 por ciento no tiene celular ni acceso a la red. También se informa que los latinos de origen mexicano son los que menos usan Internet (el 52 por ciento).

Responder la pregunta ¿qué hacen tantas personas de origen latino en la red? es el punto de nuestra atención para conocer las maneras concretas en que las prácticas sociodigitales se expresan en Facebook, la red social de mayor uso por la comunidad hispana en Norteamérica, en donde los relatos sobre experiencias de vivencia social abordan los temas de fronteras, distancias y normas que se modifican a partir de la interacción en la red.

Estudio de redes sociales

Parella (2007) divide en dos los vínculos transnacionales, el primero relacionado con la esfera productiva y el ámbito público (carácter material), en donde destacan los aspectos económicos, políticos y socioculturales, y el segundo vinculado a la esfera doméstica y el ámbito familiar (carácter inmaterial), donde se expresa el bienestar humano y social que tienen las poblaciones transnacionales, las relaciones entre géneros y generaciones, la gestión de la reproducción social y los afectos, emociones y tareas de cuidado. Al decir de este autor, el hecho de conocer cómo las familias transforman sus relaciones en ambas esferas permite entender cómo el sentido de lugar se dinamiza por las prácticas sociodigitales, las cuales dinamizan también los “vínculos afectivos y de cuidado de carácter transnacional como estrategia colectiva para hacer frente a las necesidades de supervivencia que alteran y modifican la atención diaria psicológica, emocional y física a las personas” (Parella, 2007: 155). En este sentido, a continuación mostramos la manera en que las relaciones de personas y familias se actualizan en las esferas productiva/pública y doméstica/familiar en las redes sociales, por medio de la caracterización de los perfiles de quienes mantienen cuentas en el portal de Facebook y se agrupan en foros con otras personas de la comunidad mexicana que vive en Nueva York.

El Informe anual 2014 de Facebook reportó la cantidad de 1350 millones de usuarios activos en el último trimestre de 2014. Tan sólo en Norteamérica, el tiempo que se le dedica a Facebook es de quince minutos por cada hora de Internet y el 71 por ciento de los usuarios ingresan a través de dispositivos móviles a las redes sociales. De ellos, un 23 por ciento son usuarios de Facebook e ingresan a sus cuentas por lo menos cinco veces al día. Ninguna plataforma social en la historia había reunido a tantas personas en torno a una plataforma sociodigital. El informe “Social Media Preferences Vary by Race and Ethnicity” editado por el Pew Research Center (Krogstad, 2015) informa sobre el uso de las redes sociales por grupos demográficos durante 2014: el 73 por ciento de hispanos, el 71 por ciento de blancos anglosajones y el 67 por ciento de afroamericanos utilizan Facebook. En México, el “Reporte anual 2014 sobre los hábitos del internauta mexicano” de la Asociación Mexicana de Internet (AMI, 2014) muestra que el 77 por ciento de los usuarios tienen al menos una cuenta en redes sociales. Lo anterior nos habla de una práctica sociodigital real y en ascenso.

Una manera de evidenciar las prácticas sociodigitales es analizar los discursos que expresan las comunidades aglutinadas en la red. Nos referimos a quienes conforman la página de Facebook “Mexicanos en la ciudad de Nueva York” que, en agosto de 2016, reunía a 28 728 seguidores. Los administradores de esta página declaran el objetivo manifiesto del grupo en la presentación de su sitio: “Bienvenidos a este1 su espacio ‘Mexicanos en la ciudad de Nueva York’. Este espacio es para conocer gente, publicar lo que te gusta hacer, en qué trabajas, tu cultura y algo de nuestras tradiciones como mexicanos. Está prohibida la pornografía, los insultos y el racismo”.

La página está dedicada a temas que reflejan la vida cotidiana, las expectativas y los anhelos de la comunidad mexicana que vive en Nueva York. Los tópicos más referidos versan sobre la venta de terrenos, autos, ropa, artículos de belleza, medicinas “milagrosas” para bajar de peso o curar padecimientos crónicos y boletos para conciertos en español, entre otros bienes y servicios desde y para la comunidad mexicana. Encontramos también que las fracturas de clase se expresan en el acceso diferencial a la compra de artefactos tecnológicos de lujo, nuevos, seminuevos, originales o reparados. Muchos de los tópicos en el grupo de Facebook son claros ejemplos de cómo la brecha digital tiende a disminuir pero se amplían las fracturas educativas, de género y generacionales. En ningún momento se descarta el aporte que las redes ofrecen al crear particulares conexiones emocionales y económicas a través de los grupos cerrados; sin embargo, es patente la dificultad de fortalecer otros “lazos familiares que se desarrollan cuando miembros de la comunidad viven en diferentes ecologías, lenguas, y relaciones entre escenarios o sistemas” (Falicov, 2007: 159).

Los costos resultan diferenciales según el poder de compra y las transacciones derivadas son uno de los temas que causan mayor interacción en la página; por ejemplo, ocho de cada diez anuncios sobre la venta de teléfonos celulares provoca algún tipo de interacción. La venta de un teléfono de reciente generación, iPhone 6 Gold de 16 Gb con un precio comercial de ochocientos dólares a sólo cuatrocientos veinte causa revuelo. Las preguntas no se hacen esperar: “¿Sabes desbloquear?”, “¿Es original?”, “¿Es legal?”, “¿Está limpio?”. La aparente ilegalidad en el comercio de equipos de lujo es un tema que habla del acceso a productos tecnológicos ornamentales que provocan prestigio y estatus a quienes lo portan a un costo accesible, al tiempo que crea una nueva industria pujante que se concreta en el espacio común de la red (Vertovec, 2002).

También en la red se puede observar el poder y la tradición local de los países de origen y las diversas formas de cooperación-acción que se dan las y los usuarios. Así, cada recuerdo, texto y foto publicada en la red social provoca las opiniones, réplicas y contrarréplicas de decenas o cientos de personas desde varias partes del mundo, que reflexionan sobre un tema local desde lo global y que aportan a la identidad mexicana relacionando tradiciones, festividades y gastronomía, en lo que Tandian (2010) y Derichs (2010) definen como florecimiento del transnacionalismo. La referencia a sabores, colores, olores y experiencias expresadas en tradiciones, mitos, recuerdos, espacios y personas son los temas más recurrentes que se encuentran en estos sitios referidos a la cultura mexicana. Un ejemplo sobre la gastronomía y la publicación sobre cuatro vegetales: calabazas, flor de calabaza, brócoli y una mazorca con huitlacoche son el tema-pretexto para exponer el conocimiento de tradiciones, saberes e identidad gastronómica de los usuarios del sitio:

Huaquechula Puebla agregó 4 fotos nuevas, 14 de mayo a las 12:03: Exquisita comida de nuestros Pueblos, Huaquechula-Puebla. Foto: Coordinación Tepeaca.

Mireya Maria Castillo, 4 de mayo a las 18:11: Tú si sabes lo que extraño, gracias, muy delicioso.

Sergio Sanchez Uuyy, 4 de mayo a las 18:11: Ya se me antojan unas quesadillas con witlacocochi con rajas y epazote, y también flor de calabaza, con tortillas recién salidas del comal. Gracias por recordarnos lo que ya casi hemos olvidado.

Fortunato Nayotl Hernandez, 14 de mayo a las 18:14: Pobre… Aprendan a escribir el Nahuatl… Yo soy de Puebla… Y ustedes dijeron casi hemos olvidado, yo nunca se me olvida...

(Fuente: “Mexicanos en la Ciudad de Nueva York”, Facebook -mayo de 2016-, en <https://www.facebook.com/groups/818568578228744/>.

Entre las publicaciones destacan aquellas que sostienen un discurso de violencia de género contra las mujeres mediante textos, fotos, memes o videos que estructuran un discurso de violencia explícita en mensajes de odio al cuerpo, la edad, la apariencia física u oficios que las mujeres desempeñan en la ciudad. Un caso arquetípico lo muestra el video de un varón que denuncia una supuesta infidelidad. La acción lo lleva a grabar, editar y subir un video sobre el maltrato que ejerce hacia su novia, obligándola a aparecer con rostro pintado con la leyenda “soy una puta” y forzándola a contestar interrogantes tendenciosamente elaboradas. Las reacciones de la comunidad mexicana en Nueva York no se hicieron esperar, y provocaron una polarización sobre tema. Parte de los trescientos comentarios a esta publicación con reflexiones sobre el cuerpo, la dignidad y las relaciones de pareja, entre otros temas, son los siguientes:

Mateo Marin compartió la publicación de Yazzmin Montero. 11 de mayo a las 4:45: Que opinan de este video donde un tipo maltrata a su novia por tener una relación con su amigo

Adan Balbuena, 11 de mayo a las 7:26: Ella que se deja, tan pendeja.

Maria Mercado Ortega, 11 de mayo a las 7:27: Pues yo pienso que si anduvo con el amigo sería por algo. Tal vez el novio no la trató bien como el amigo y nadie es dueño de nadie, sólo uno es dueño de sí mismo y que poca del hombre y si es puta que le importa a él… siempre para los hombres las mujeres así somos, aunque no lo seamos.

Alma Ibz, 11 de mayo a las 7:31: No justifico lo que él hizo pero… yo pienso que si quería andar con el amigo, hubiera dejado al novio o no? Por qué por culpa de “ellas” es como tú dices, nos tratan de putas a las que no lo somos!!

Peco Valentin Najera, 11 de mayo a las 7:58: Para mi nada justifica una infidelidad.

Cristina Flores Maldito, 11 de mayo a las 20:59: Mal parido. Lo que más encabrona es que ella se deje tratar así, a un perro así se le pone un alto desde la primera vez que se quiere pasar de listo.

Viktor Vocals Ginori, 12 de mayo a las 17:23: Que pinche video tan desagradable, si ella ya tiene otro tipo solo déjala amigo, para que actuar como pinches carvernarios… si eso mismo nos hicieran a nosotros los hombres cuando nos metemos con otra mujer ya nos hubiéramos vuelto locos de tanto chingadazo, dios mío que estúpidos somos.

Juliet Lopez, 11 de mayo a las 20:19: A las cosas se les dice por su nombre y esa es una puta… debió haber dejado al novio primero… se lo tiene bien merecido.

Mariam Mejia Quintero, 11 de mayo a las 23:22: Discúlpame pero ninguna mujer se merece esto, a ellos quien los humilla cuando andan de putos?

(Fuente: “Mexicanos en la Ciudad de Nueva York”, Facebook -mayo de 2016-, en<https://www.facebook.com/groups/818568578228744/>.

En torno a lo que Cajiga (2014) llama dinámicas sociales comunicativas en la e-democracia, al plantear espacios y modos distintos en la relación entre el Estado y el ciudadano destacamos el caso de una mujer originaria del estado de Chiapas que publica fotos de personas encapuchadas y autoidentificadas como integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZNL) caminando en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado en el Sureste de México. La foto ilustra el apoyo del EZNL a las marchas del movimiento magisterial de mayo del 2016 que resiste a la Ley de Reforma a la Educación promulgada por la administración del presidente Peña Nieto; sin embargo, es una foto de una manifestación de 1999, que despierta en los colectivos transnacionales un posicionamiento acerca de éste y otros movimientos sociales en México.

Cabajersey Morales compartió la publicación de Ariel Moreno Farrera (foto de Ariel Moreno Farrera), 27 de mayo a las 12:03: Poniendo buena la cosa del EZNL a Tuxtla. Agárrate Velasco y Peña Nieto.

Paulina Navarrete: 27 de mayo a las 13:31: Esto no lo pasan en las televisoras. Juan Caballero, 27 de mayo a las 13:27: Se les apareció el chauixtle cabrones. 27 de mayo a las 13:20: Con todo Ezln.

Jose Wilfredo Cepero, 27 de mayo a las 12:11: Ojalá haya diálogo, si no, habrá una masacre.

Memmo Palacioos, 27 de mayo a las 12:10: Eso es, uno en uno se irán sumando hasta que el gobierno corrupto deje de sangrar al país. Basta ya de tanto abuso y represión!! Todos unidos por una misma causa: erradicar la corrupción que hay en nuestro gobierno. Hoy por nosotros... Mañana por nuestros hijos y las futuras generaciones.

Alejandro Simon, 27 de mayo a las 11:50: Ojala y mataran a todos esos políticos corruptos hijos de perra.

(Fuente: “Mexicanos en la Ciudad de Nueva York”, Facebook -mayo de 2016-, en <https://www.facebook.com/groups/818568578228744/>.

Estudio de caso

En este apartado se analizan las experiencias sociotécnicas de diez familias mexicanas transnacionales que residen en el estado de Nueva York. La selección de familias entrevistadas respondió al hecho de tener diferente accesibilidad a la red y heterogeneidad en su experiencia tecnológica. Para contextualizar los casos, se presentan las familias agrupadas en tres bloques: el primero, a partir de sus particulares sociohistorias en el ámbito de su actividad económica; el segundo, de su temporalidad y estructura familiar, y el tercero, de su nivel de estudios. Los tres bloques refieren a la heterogeneidad del colectivo de familias entrevistadas y además nos dan pistas para caracterizar las “fracturas de clase” en los ámbitos educativo, de género y generacional con base en las formas tradicionales de comunicación, vigilancia de contenidos de Internet, la fractura o brecha digital y la apropiación de redes sociales en su vida en Estados Unidos.

En el primer bloque las familias resignifican su llegada a Nueva York a partir de la actividad económica que desarrollan. Así, existen familias (Juana, Saratoga, 2014; Benito, Saratoga, 2014) que llegaron a trabajar en la limpieza de hoteles con sueldos de aproximadamente doscientos dólares semanales, a los cuales el patrón descontaba setenta dólares para saldar la renta de hospedaje. Los ciento treinta dólares restantes los distribuían en el “mandado”, taxis y los gastos telefónicos para comunicarse con sus familiares. Otras familias (Silvia, Albany, 2014) tenían integrantes que, mediante la capacitación en una especialidad técnica, pudieron ser reclutados para hacer aplicaciones informáticas en cadenas de tiendas como Home Depot, lo cual los obligó a postergar indefinidamente sus estudios formales. Otras familias se constituyeron por jóvenes de la Ciudad de México (Joaquín, Ciudad de Nueva York, 2014) que al llegar a Estados Unidos trabajaron de milusos, y con el tiempo se ubicaron en el oficio de la construcción. También hay familias de origen oaxaqueño (Irina, Latham, 2014), que viajan a Estados Unidos apenas terminada la secundaria e intentan seguir estudiando, pero su deseo se ve postergado por el arduo trabajo en restaurantes y el cuidado de los hijos.

Un segundo bloque reconoce a familias con una larga estancia en Estados Unidos, que se definen a partir de su temporalidad y estructura familiar. Reconocen que gran parte de su vida se ha desarrollado en el país vecino y esto les permite revalorar cada uno de sus referentes anclados en México. Por ejemplo (Martha, Ciudad de Nueva York, 2014) aprecia que la mitad de su vida se ha desarrollado en Estados Unidos y reconoce que el nacimiento y crecimiento de sus hijos que viajan a México “para conocer sus raíces y saber de su familia” le permiten resignificar las historias de unión y separación de su familia de origen. En otros casos (Olga, Latham, 2014), el tiempo se concreta en la obtención de la residencia con un ejercicio de la ciudadanía de más de doce años, la cual posibilita que los hijos ya cuenten con residencia y pasaportes, lo que le ofrece mejores condiciones a su familia en relación con otras; sin duda el tema de la legalidad remite al ejercicio de los derechos que Olga tiene y disfruta al momento de conectarlo con el uso de las TIC. Por último, existen familias (Isabel, Albany, 2014) que, a pesar de contar con carreras universitarias truncas, valoran el que nunca les haya faltado trabajo en la limpieza y aseo de sistemas bancarios como KeyBank.

El tercer bloque se define a partir del nivel de estudios y actividades económicas relacionadas con su profesión. Para algunos casos (Araceli, Ciudad de Nueva York, 2014), es importante la red familiar de profesionistas con la que cuentan en otras ciudades como Houston y Chicago. Otras familias son la primera generación que migra a Estados Unidos, pues llegan como estudiantes de doctorado (Susana y Miguel, Albany, 2014) provenientes de Michoacán y que, al terminar sus estudios, deciden quedarse a probar suerte en Estados Unidos.

Las trayectorias familiares nos permiten contextualizar las primeras fracturas familiares y comunitarias previas y posteriores a la migración, con las prácticas sociodigitales a partir de tres tópicos: la fractura o brecha digital, el uso y apropiación de redes sociales y la vigilancia de contenidos en Internet. Los tres bloques presentan en sí reflexiones en cuanto el sentido de lugar y pertenencia dinamizado por las prácticas sociodigitales que Nedelcu (2012: 13-45) refiere como nuevos elementos para explicar cómo los migrantes desarrollan un habitus transnacional al “combinar marcos culturales de referencia heredados de sus desplazamientos físicos y virtuales, en donde la vida social se está convirtiendo en un proceso desterritorializado para las poblaciones móviles y sedentarias”.

La fractura o brecha digital

Siguiendo a Peraya (2010: 644), para quien las desigualdades digitales pueden “manifestarse en la diversidad de prácticas derivadas de la declinación de las desigualdades sociales”, consideramos que identificar las dificultades que plantean las familias con respecto al uso de la red permiten caracterizar la exclusión digital y las desiguales sociales que producen escasez de capital, de competencias o de capacidades y significados prácticos, que se relacionan con nuevas formas internalizadas de dominación social.

Al analizar las relaciones que las familias transnacionales establecen con el empleo de TIC, observamos la primera fractura ante las formas tradicionales con que las familias se relacionaban antes y ahora, de manera que todo el esfuerzo, el progreso y el acceso a otros estilos de vida se materializan en prácticas sociodigitales accesibles a un segmento de la población. El progreso económico que logra por la población migrante en Estados Unidos va acompañado de nuevas formas de control (en especial sobre los infantes), y del uso, temporalidad y administración de los contenidos a los que acceden por Internet:

Tal vez no es tanto en México porque no hay tanta economía, pero… Los papás nos esforzamos en darles lo mejor a nuestros hijos y les compramos esas cosas que no tienen… No veo yo el caso. Yo con mis hijos trato de estar siempre ahí… Ellos tienen Internet y tienen la red inalámbrica, pero yo trato de ver qué es lo que ven porque todo, como yo digo, todo entra por los ojos; si ellos ven algo, se les va a quedar en su cabeza y tal vez lo lleguen a hacer. Entonces siempre hay que estar al pendiente de qué es lo que ven, qué es lo que hacen… (Araceli, Ciudad de Nueva York, 2014).

Si bien, Panagakos y Horst (2006) documentan que el costo del servicio inhibe en algunos sectores el uso de la comunicación por celular e Internet, destaca el tipo de regulación que se logra entre dicho costo e intensidad, duración y frecuencia de uso: “Sí, de hecho sale cara la llamada… Yo me puedo tardar una semana sin comunicarme y mis hijas no me hablan, porque me dicen que sale muy caro llamar de México. Cuando me hablan es para que yo les hable de aquí” (Juana, Saratoga, 2014).

A pesar de las limitadas condiciones infraestructurales de México, los migrantes establecen estrategias para conectarse a Internet y comunicarse con familiares y amigos. Así, padres y madres observan cómo sus hijos rentan equipos en cibercafés que permiten, en contextos rurales, ofrecer una triangulación que promueve la comunicación: “Allá en mi pueblo no son de Facebook… Tenía antes, pero ya no lo tengo, porque de todas maneras no hay redes de Internet y ellos tenían que salir hasta la ciudad, porque en el pueblo no se puede. Hace unos meses abrieron ya un café Internet. Antes, por Facebook, mi mamá conoció a mi hijo...” (Benito, Saratoga, 2014).

Para la generación de familias mexicanas jóvenes y con estudios de posgrado, el uso de Internet es una forma indispensable de contactar a sus familias, establecer estrategias de convivencia y pasar mejor su tiempo libre.

Internet es una cosa maravillosa… Yo no hubiera sobrevivido aquí sin Internet. Voy y busco una receta… Hice pozole por checar Internet (Susana, Albany, 2014).

En el momento en el que llega Internet de alta velocidad y su capacidad, todo cambia. Cuando empezaba y te comunicabas por teléfono, ver un video pues era casi un acontecimiento, en DVD; en cambio ahora puedes ver en tiempo real un partido de futbol… Ahora vemos más televisión en Internet… (Miguel, Albany, 2014).

Las prácticas entre los integrantes de las familias transnacionales buscan fortalecer las relaciones a partir del aumento del tiempo de uso del servicio telefónico, los mensajes de correo electrónico y, más recientemente, las aplicaciones para mensajes y la información que contienen las redes sociales. Estos recursos otorgan una carga significativa de proximidad, muy parecida a las conexiones que anteriormente se restringían al “envío regular de dinero para comida, ropa, juguetes, libros de texto e incluso préstamos de dinero a la comunidad” (Falicov, 2007).

Uso y apropiación de redes sociales

Las interacciones y las prácticas de la vida cotidiana hoy pueden publicarse en Internet, y proporcionan material multimedia y textual que refuerza los lazos afectivos y disminuye la sensación de ausencia de convivencia que la distancia genera. Lo cotidiano queda escrito en las narrativas e historias compartidas a un amplio público, y en ellas se resignifica el “sentimiento inefable de continuidad del pasado, presente y futuro que asociamos con la vida familiar” (Falicov, 2007: 159). La apropiación de las redes sociales escribe un nuevo capítulo en la interacción digital al presentarse como un espacio síncrono-asíncrono, con un formato periódico de fácil accesibilidad desde el celular o el equipo de cómputo y en donde es posible publicar “todo” con la esperanza de encontrar, en correspondencia, también “todo”:

Yo quiero hacerme ya una página… Porque yo subo todo… y ahí me hacen también pedidos… O sea, que te piden directamente el producto y ya tú lo llevas… Sí, yo todas las cosas las subo… Una vez mi hijo me dijo: “Mamá, sube una foto” y subí la de una bufanda que le hice a una amiga y una amiga de ella que era de Tailandia le preguntó que quién se la había hecho y así fue que también me encargó… (Olga, Latham, 2014).

Otros relatos muestran cómo se resuelve el reto que Ariza (2002) planteó entre la migración internacional y la situación económica. Las experiencias tecnológicas proveen de escenarios donde las familias reestructuran las oportunidades que el propio sistema económico les ofrece para su inserción social en la comunidad receptora; desaparece o disminuye la sensación de lejanía y se reconfigura la subjetividad individual a partir de la presencia virtual y del contacto diario con familiares del otro lado de la frontera, lejanía que se diluye con cada mensaje en un blog, la conversación en un chat y la interacción en Facebook o Twitter. Un ejemplo de lo anterior es la capacitación que para aprender a cocinar, cortar el pelo, maquillarse e interactuar en las redes sociales, todo lo cual se ofrece en los blogs:

Cuando quiero hacer nuevas recetas de cocina, exploro más blogs... No solamente para ver las noticias… Yo hago mucho activismo en las redes sociales, en Facebook… De los periódicos, posteo cosas y a veces pongo algún comentario… También he aprendido a coser, a tejer, a cocinar y a cortarme el pelo yo sola. He aprendido cosas de maquillaje también en Internet (Silvia, Albany, 2014).

Otro aspecto importante a destacar es la fractura de género presente en la dominación masculina sobre los objetos digitales. Las familias transnacionales enfrentan diferentes desafíos relacionados con los dilemas de género y generación a causa de la experiencia de los miembros de la familia en la nueva cultura. Algunos de estos dilemas se ven como tensiones entre la tradición y la modernidad, fenómeno que ya Falicov (2007) documentó al señalar cómo las mujeres idealizan su estancia en Estados Unidos por haber logrado mayor reconocimiento e independencia, lo que se reconoce como un factor que favorece el que desactiven viejos patrones de control masculino en el manejo del dinero y el cuidado de los hijos. Las narrativas siguientes muestran tres facetas de lo anterior, que se refieren a la tecnología como un ámbito que bien puede permitir la construcción de espacios alternativos de la persona, fortalece posibles actitudes de vigilancia hacia la pareja, o juega un papel importante en la negociación de los afectos parentales frente a situaciones de divorcio o separación:

Yo tuve un accidente y me quedó la pierna muy chueca. Luego fui a una fiesta y un compadre que me ve y me dice: “Huy, pero te dejaron con la pierna chueca”. A mí eso no me ayudaba… Entonces hubo un tiempo en que me encerré… y fue por eso que mi marido me compró una computadora… Yo antes tejía, tejía mucho y siempre he tejido, pero ahora combino el tejido con Internet y Facebook (Olga, Latham, 2014).

Ahí en el Face me he encontrado con amigos de la primaria y luego las amigas me dicen: “¿Estás en Face?”, y yo les digo: “Sí, con un amigo”. Y me dicen: “¿Y no se enoja tu marido?”, y yo les digo: “No, porque no estoy haciendo otra cosa, estoy sólo platicando de sus hijos y de los nietos, suyos y míos…” (Olga, Latham, 2014).

El papá de mis hijos se fue y creo que está en México. Hace mucho tiempo que no los ve, pero hace un mes les mandó una invitación en Facebook y mi hijo el menor lo aceptó como amigo. Le puso ahí que lo amaba, que lo quería mucho… Y yo le dije: “Antes de aceptar a alguien, yo soy tu madre y si quiero yo te cancelo el Internet”. Y después le dije: “Tú eres muy importante como para que tu papá, que no te ha visto en tiempo, sólo por un mensaje te ponga triste”. Le digo: “No sabes si es tu papá, no sabes si es alguien más y puso una foto ahí” (Martha, Ciudad de Nueva York, 2015).

Es importante aclarar que el uso de Internet no es generalizado, como tampoco lo es el uso de las redes sociales, así como que existen resistencias para su uso entre la familia cercana: “No, el Internet no me gusta, el Facebook tampoco… No me gusta porque soy enemiga de… ¿cómo decirte?, yo le digo: ‘Hija, mira esto’, y ellas, en el teléfono… El Face nos acerca con las personas que viven lejos, porque yo al menos he encontrado a personas que no veía hace veinte años. Pero con los que estamos aquí, pues no, porque después pues ya cada quien está en la computadora” (Isabel, Albany, 2014).

La vigilancia de contenidos en Internet

Respecto a la vigilancia de los contenidos entre las familias transnacionales, se puede analizar a partir de las distintas relaciones insertas en el sistema de género, es decir, del “sistema de organización social que produce desigualdades entre hombres y mujeres o cuyas desigualdades vienen sustentadas en la construcción cultural del género y en interacción con otros sistemas de desigualdad como son la clase, la etnia, etcétera” (Pedraza, 1991, en Rivas y González, 2011: 80). Algunos de los retos de las familias consisten en trabajar sobre el uso y manejo de los contenidos de la red, los cuidados de privacidad de la familia, las relaciones de consanguinidad, las relaciones afectivas y la comunicación, so pena de causar verdaderas crisis en las relaciones al interior de familia:

Uso Facebook. Sí, pero hace tiempo quité mi Facebook porque tuve problemas con mi esposa… Tuve que borrarlo y descansar un rato ahí. Es que en las danzas están las muchachas y una foto y te abrazan y… Yo no voy a decirle: “Oye, no me abraces”. Yo no las abrazo, pero ellas a mí me abrazan, y me dice, una vez que hablé con mi esposa. Y le digo: “No te preocupes, la subí ahí para que veas en Facebook, pero yo no estoy haciendo nada malo” (Joaquín, Ciudad de Nueva York, 2014).

Los relatos de las familias mexicanas nos hablan de una constante brecha digital etaria que sigue existiendo a pesar de tener un más fácil acceso a artefactos, tecnologías y aplicaciones. La generación adulta sigue mencionando la brecha que observó Pérez (2010) en su inicio y continúan, en buena parte, asignando a las prácticas sociodigitales una capacidad para alienar al individuo en su contexto local, pues evitan su movilidad e interacción: “Siempre los abuelos decían: ‘La madre de todos los vicios es la ociosidad’. O sea, si uno no hace nada, siempre va a estar pensando, la cabeza va a volar… Y ahora, con eso del Nintendo, del Internet y de todo eso, los niños sólo quieren estar sentados y en la cama. Y yo pienso que es por eso…” (Araceli, Ciudad de Nueva York, 2014).

Las familias que hacen uso de Internet aprecian con claridad cómo es que se dinamizan las formas sociales y culturales de los migrantes de primera y segunda generación mediante su incorporación a estilos de vida donde las TIC tienen una presencia constante. Los beneficios señalados por Panagakos y Horst (2006) se repiten en las narrativas de las familias mexicanas que tienden a preocuparse menos por el pasaje de retorno, la lejanía y la distancia, y más por el contacto digital que se convierte en una opción real de comunicación:

Eso sí, sí, sí: gracias al Internet, que tiene cosas buenas y cosas malas. Las cosas buenas son las videollamadas porque ya podemos hablar con nuestras familias y saber cómo están… Se ha hecho el progreso… Se ha hecho el esfuerzo para que se pueda tener eso, sí. Y ya se puede platicar con la familia y ver la cara de los nuevos sobrinos, los nuevos primos o los que se casaron (Araceli, Ciudad de Nueva York, 2014).

Yo me comunico con mi familia y amigos de allá por Skype o por mensajes de teléfono… El Internet es fundamental en la vida, en todo; absolutamente en todo… Yo lo que más uso es Facebook, porque ahí veo las fotos de mis sobrinos que no conozco y ahí postean y yo, pues los veo en el chat (Silvia, Albany, 2014).

La movilidad humana y las maneras en que las familias logran las conexiones permiten reelaborar las nociones de desterritorización y reterritorización en las prácticas culturales (Benítez, 2011). Hoy sabemos que las zonas compartidas de intercambio entre personas ya no están limitadas por el contacto físico y la zona geográfica, sino que ello se traslada a una organización horizontal de alcance local o global que se da de manera presencial o virtual.

Conclusiones

Para responder la pregunta de cómo el sentido de lugar y pertenencia observados en familias transnacionales se dinamiza por medio de prácticas sociodigitales debemos desmontar algunos supuestos. Si bien la desigualdad económica limita el acceso y condiciona las relaciones sociales entre las poblaciones de origen y destino, pensamos con Olvera (2011) que quienes logran salvar esos límites y acceden a las redes tienen la oportunidad de desarrollar experiencias donde la identidad se reelabora dentro de las sociedades receptoras. Asimismo, con Mata (1999), concebimos que en las prácticas sociodigitales encontramos la “marca, modelo, matriz, racionalidad productora y organizadora de sentido” de distintos colectivos y que, con ello, podemos conocer las modalidades y los mecanismos que ayudan a la toma de decisiones, hábitos de consumo y conductas que transforman los medios digitales de “espacios neutros” en “vehículos de sentido” de la interacción social.

Dar cuenta de las dimensiones del fenómeno transnacional y de las prácticas sociodigitales de familias mexicanas en el estado de Nueva York representó un reto para el análisis de narrativas que muestran el sentido de lugar y pertenencia actual. Al final, encontrar los posicionamientos de las familias en que se aprecia que su vida se ha dinamizado en Estados Unidos, lo que implicó visualizar los nuevos intersticios que se abren en la red: conocer lo que todos los días se habla a través y en ella no permitió ver con claridad las distintas “fracturas de clase” en los ámbitos educativo, de género y de generación. De la misma manera, analizar las prácticas sociodigitales nos permitió comprender cómo actualizan condiciones para la participación ciudadana y económica de la población migrante en Estados Unidos y en México, al tiempo que posibilitan analizar el arquetipo de la globalización presente en Nueva York como un territorio icónico de lo transnacional.

Los elementos empíricos encontrados en los grupos cerrados de Facebook y en las entrevistas nos ofrecen nuevos marcos analíticos para interpretar la movilidad humana en relación con las prácticas sociodigitales de familias transnacionales de origen mexicano en Estados Unidos. No debemos obviar que los factores generacionales, la historia de colonización y dispersión, los valores culturales, la clase y el acceso y uso de las TIC hacen que se recree la identidad geográfica y la conectividad en función del sexo y la generación. Así, al igual que los primeros estudios etnográficos de Panagakos y Horst (2006), en este artículo damos cuenta de la función del ciberespacio como lugar que permite ampliar la discusión sobre las prácticas transnacionales asociadas a la migración.

Fuentes

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1N. de la ed.: las citas del sitio de Facebook se transcriben conservando grafía y redacción del original, para no alterar las particularidades en la expresión de los miembros del grupo.

Recibido: 08 de Agosto de 2017; Aprobado: 06 de Diciembre de 2017

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