SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.11 número2Una valoración del sistema de salud de Canadá. Evaluación de logros y retos índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Norteamérica

versión On-line ISSN 2448-7228versión impresa ISSN 1870-3550

Norteamérica vol.11 no.2 México jul./dic. 2016

http://dx.doi.org/10.20999/nam.2016.b009 

Bibliographical Notes

El circuito de los signos. Una introducción a los estudios culturales

Ruth A. Dávila Figueroa* 

*Investigadora independiente, México, <ra_davila@yahoo.com>.

Golubov, Nattie. El circuito de los signos. Una introducción a los estudios culturales. México: CISAN-UNAM, Bonilla Artigas Editores, 2015. 241p.

El texto El circuito de los signos. Una introducción a los estudios culturales propone ser una obra introductoria y panorámica de los estudios culturales y un texto pedagógico enfocado a los estudiantes de nivel superior, así como a quienes se interesen en este tema. El acercamiento a los estudios culturales, como bien lo menciona Nattie Golubov, ha tenido un creciente auge en años recientes. Desde mi experiencia como docente en el área de la comunicación y el periodismo, puedo señalar que el acercamiento al estudio de la cultura de masas, los medios de comunicación, la propaganda, la publicidad, el cine, etc., se ha dado no desde este enfoque, sino desde disciplinas como la sociología y las ciencias de la comunicación. En este sentido, considero que esta obra será de gran importancia y utilidad para los estudiantes de las carreras de comunicación, entre otras.

Desde el primer apartado, que sirve de introducción, se hace una presentación general de la obra y se hace mención de los aspectos más importantes que abarcan los estudios culturales: la relación de la cultura, como productora de sentido, con el poder y el hecho de que están atravesados por distintas disciplinas, enfoques y metodologías; es decir, que se enfatiza en su carácter interdisciplinario. De acuerdo con la autora, el principal aporte de esta obra es que “para nuestros estudiantes no existe un material apropiado que dé cuenta de los procesos por medio de los cuales se produce el sentido y las formas en que esta producción está sujeta a relaciones de poder que suelen beneficiar a un grupo social por encima de otros” (Golubov, 2015: 17).

Aun cuando podemos encontrar otros materiales introductorios a los estudios culturales, no ponen énfasis en la relación del poder con la cultura. Esta sería, pues, una de las aportaciones centrales de la obra porque más allá de ser un texto pedagógico e introductorio, se sitúa en una posición de lectura crítica de la producción de sentido y de cómo ésta supone la reproducción y el sustento de las relaciones de dominación.

La obra se organiza en torno a las categorías o conceptos clave que conducen la ruta de análisis de los estudios culturales: ideología, representación, identidad, cultura, hegemonía, subjetividad y cultura popular. Golubov señala que “la explicación de cada uno -de aquellos conceptos- se hará a partir de textos clave de los estudios culturales que, en la medida de lo posible, están disponibles en español o son fácilmente accesibles en inglés, en internet. Además, ejemplificaré la utilidad de cada concepto para el análisis cultural con una breve discusión crítica de algún producto cultural estadounidense acompañada de algún ejercicio fácil para fortalecer la comprensión de los conceptos” (Golubov, 2015: 25).

Al ser un texto pedagógico, busca de inicio responder ¿qué son los estudios culturales? Tras hacer un breve recuento de lo que implica teórica y metodológicamente este enfoque interdisciplinario, y tras enunciar citas que describen extensamente las ideas principales de diversos autores, Golubov cierra el capítulo haciendo hincapié en su inclinación por:

Identificar los estudios culturales como una práctica de la cultura actual impulsada por el propósito político de transformar alguna dimensión de las relaciones de poder imperantes en nuestras sociedades. Esta práctica la entendería como una inclinación y una energía, un tipo de actividad crítica que nos anima a revisar constantemente nuestras nociones de sentido común, las maneras de ver el mundo que consideramos naturales y modificar, a partir de esta revisión, nuestra vida cotidiana que, lejos de ser rutinaria y banal, puede ser el punto de partida para desfamiliarizar lo que nos resulta más familiar por medio de la descripción intensiva y radical contextualización y encontrar en lo mundano efectos de las dinámicas socioeconómicas que permiten y regulan nuestra socialidad, o sea, el trabajo de la ideología y la materialización de la cultura (Golubov, 2015: 38-39).

La noción de cultura es central para los estudios culturales, pues es “su principal objeto de estudio y ámbito de acción”. Desde este enfoque analítico, se busca enfatizar la centralidad de la cultura en la vida de las sociedades humanas, pues se afirma que “una sociedad que no produce y circula significados es estrictamente inconcebible” (Golubov, 2015: 43). Desde los estudios culturales se pretende desmontar la noción de cultura, dividida en alta y popular o baja , así como hacer énfasis en la noción de “industrias culturales” de Adorno y Horkheimer y en general, a la cultura de masas. Así, en este apartado se destacan diversas definiciones poniendo especial atención en las de Stuart Hall y Jeff Lewis.

Las tres nociones clave dentro de los estudios culturales son lenguaje, representación e identidad. Cada una se desentraña en tres diferentes apartados de la obra. No podría hablarse de lenguaje sin retomar la obra de Ferdinand de Saussure, quien desde el estructuralismo instauró las bases para el análisis del lenguaje. En este sentido, El circuito de los signos es importante en tanto que introduce al lector o lectora al tema de la semiótica. El lenguaje, enfatiza la autora, es un tema central para los estudios culturales “en tanto sistema estructurado de significados, es piedra angular de la cultura, que hemos definido como el conjunto o tejido de significados que comparte un grupo social” (Golubov, 2015: 75).

Pero dentro de los estudios culturales “el lenguaje no sólo se va a referir al lenguaje hablado o escrito, se refiere a cualquier sistema de representación que nos permita usar signos para representar una cosa” (Golubov, 2015: 77). Así, en este apartado nos adentramos en el estudio de las nociones clave para analizar los signos, como son el significado y significante, la denotación y connotación.

Por otro lado, la representación se “refiere a uno de los procesos más importantes del circuito cultural” (Golubov, 2015: 103). Tiene que ver, de acuerdo con Stuart Hall, autor que retoma la autora para explicar esta noción tan importante para los estudios culturales, “con la vinculación entre el sentido y el lenguaje con la cultura, pues es una dimensión fundamental del proceso comunicativo” (Golubov, 2015: 104). Dentro del tema de la representación se encuentra lo discursivo. Para los estudios culturales, ha sido muy importante la influencia de la obra de Michel Foucault, debido a las aportaciones que hizo sobre la relación entre el conocimiento y el poder, así como su definición de discurso como “un conjunto de enunciados que permiten a un lenguaje hablar -un modo de representar el conocimiento sobre- un tópico particular en un momento histórico particular” (Golubov, 2015: 110).

Cabe mencionar, a propósito del importante proceso de la representación y su relación con lo discursivo, que casi a la par del auge de los estudios culturales, ha surgido un creciente interés por el análisis del discurso que se enfoca en los estudios críticos del discurso. Su objeto de estudio no son sólo textos propiamente lingüísticos, sino también visuales y multimodales que, al igual que los estudios culturales, también se caracterizan por ser interdisciplinarios y preocuparse por la cuestión del poder. De hecho, su objetivo es descifrar las relaciones de dominación contenidas en el discurso. Se podría sugerir que estos enfoques están emparentados, pues ambos se centran en el lenguaje y se ocupan de temas como la ideología y la hegemonía.

La tercer noción importante dentro de los estudios culturales es la de identidad, que Golubov explica a través de un análisis sobre “la representación de la identidad de género en un fenómeno cultural particular, la literatura conocida como chick-lit” (Golubov, 2015: 119). En lo personal, me pareció muy oportuna y amena la referencia a este tipo de literatura, donde la autora retoma el ejemplo de El diario de Bridget Jones.

Para entrar a la explicación de la identidad, Golubov inicia refiriendo los cuatro puntos de convergencia entre los estudios culturales y el feminismo, y señala que “los temas de estudio en los que coinciden estas posturas incluyen el consumo cultural, la cultura popular y el análisis de la representación, la subjetividad y la identidad, así como el papel que juega la ideología en la reproducción de la cultura dominante” (Golubov, 2015: 120). Después de hacer estas aclaraciones, la autora nos remite a una definición básica de identidad retomada de Jenkins que, en términos generales, dice que “la identidad es la capacidad que tenemos los humanos, enraizada en el lenguaje, de saber quién es quién y qué es qué” (Golubov, 2015: 120).

Cabe enfatizar la importancia de que en este apartado la autora nos remita a la relación entre los estudios culturales y el feminismo; sobre todo, tomando en cuenta la trascendencia que tiene la producción cultural y la producción de sentido en la construcción y reproducción de ideales femeninos, estereotipos, etcétera; como bien lo explicará más adelante a través del ejemplo referido anteriormente.

En uno de los cuadros, en la página 126, que la autora utiliza estratégicamente para ahondar en la información del apartado en cuestión, se presentan “modelos a seguir ampliamente difundidos que protagonizan muchas de las tramas convencionales. David Gaunlett menciona seis tipos diferentes de modelo que los medios han transformado en ejemplos a seguir: 1) Modelo del éxito sencillo. 2) Modelo del triunfo pese a circunstancias difíciles. 3) Modelo que desafía los estereotipos. 4) Modelo sano. 5) Modelo del marginado que desafía las normas y expectativas sociales convencionales y 6) modelo de la familia deseable”.

Además, la información de este cuadro es importante para identificar cómo los medios, en particular y en general de los productos culturales, influyen en la construcción de nuestra identidad individual y en la forma en la que vemos al otro, en el sentido amplio del término. El enfoque de los modelos permitirá hacer una primera aproximación en el análisis de quienes se interesen en los estudios culturales, específicamente aquellos que se centran en el estudio de géneros literarios, televisivos y cinematográficos donde son recurrentes estos modelos.

Para terminar con la descripción de este apartado, quiero citar la explicación de Golubov sobre la literatura chick-lit que “explora -sin resolver completamente- las contradicciones y paradojas de las feminidades contemporáneas, sobre todo aquéllas disponibles para mujeres jóvenes, en ocasiones descritas como posfeministas, presas de una feminidad esencializada, absortas en sí mismas y en los problemas que enfrentan para conseguir la pareja perfecta, individualistas y frívolas consumidoras obsesionadas con su apariencia y el impacto que tienen en los hombres, cuya mirada es el espejo con el que ellas se juzgan a sí mismas” (Golubov, 2015: 132).

Al revisar el ejemplo que la autora utiliza para explicarnos el tema de la identidad, que justo se centra en la literatura chick-lit, no pude dejar de pensar en mí misma, en las mujeres de mi generación y en los productos culturales que consumimos, sobre todo los programas televisivos, películas y literatura. Utiliza El diario de Bridget Jones, pero hay numerosos ejemplos; podríamos revisar Las Aparicio, Sex and the City, La reina del sur y, probablemente, revistas como Cosmopolitan, entre muchas otras. Considero que estos productos envían mensajes encontrados y muchas veces contradictorios, confunden el empoderamiento y la emancipación, y regularmente los personajes centrales de estos productos son mujeres blancas, pequeñoburguesas, citadinas, etcétera. Por ello, resulta por demás interesante la aproximación que describe Golubov, entre los estudios culturales y el feminismo, pues sirve para reflexionar y entender el papel que juega la cultura y los medios masivos en la reproducción de relaciones de dominación entre los géneros.

El capítulo “Una herramienta metodológica: el circuito de la cultura”, Golubov presenta un panorama de la metodología y los enfoques de análisis de los estudios culturales. Es importante resaltar que, a diferencia de otras vertientes como las ciencias de la comunicación, los estudios culturales se centran en hacer un estudio de los medios de comunicación de masas con metodologías etnográficas, “una decisión metodológica significativa porque rompe de una vez por todas con la noción elitista de que ‘las masas’ pasiva y acríticamente asimilan los significados” (Golubov, 2015: 63).

Así, se desarrolla un modelo teórico denominado “circuito de la cultura” que “permite el análisis de la interacción entre distintos momentos del proceso comunicativo, porque parte del supuesto de que los significados se producen en distintos emplazamientos y circulan por medio de procesos y prácticas distintas” (Golubov, 2015: 65). De tal forma que este modelo rompe con la visión tradicional de los procesos comunicativos unidireccionales; por lo tanto, esta propuesta es novedosa, interesante y muy prometedora para quienes realizamos estudios en el campo de la comunicación, pues es una metodología que nos permite observar y analizar de forma crítica todo el proceso de producción, que incluye el consumo, de un fenómeno o producto cultural, desentrañando cada una de las partes que lo componen.

Para la autora, “los cinco procesos o estadios que en conjunto conforman el circuito de la cultura son la representación, la identidad, la producción, el consumo y la regulación” (Golubov, 2015: 65). En el capítulo se presenta un interesante ejemplo de los tenis Nike, utilizando el circuito de la cultura para analizar el proceso de producción y de consumo. Señala que “en su calidad de mercancía, el alcance del circuito de su producción y distribución es global pero diferenciada” (Golubov, 2015: 66). Aunque no me extenderé en citar el ejemplo en su totalidad, quiero señalar la importancia de este modelo para el análisis, desde una perspectiva crítica, de la producción cultural que deviene en mercancía. El ejemplo presentado me hizo remitirme al capítulo I, libro primero, del tomo I de El capital. Crítica de la economía política de Karl Marx, en el cual la mercancía es el punto medular, como lo han explicado numerosos especialistas en la obra de este pensador. Y el modelo del “circuito de la cultura” me hace reflexionar sobre la mercancía como una relación social, como el centro de la vida social, cultural y económica en el capitalismo, tal como lo afirmaba Marx; y sobre la importancia de contribuir, a partir de este tipo de análisis, en la comprensión de lo que este autor denominó “la fetichización de la mercancía y su secreto”.

Uno de los capítulos que también me pareció muy interesante es “Definir la cultura popular” donde se introduce la noción de “populismo cultural”. Pero ¿qué define lo popular de la cultura? En este capítulo se mencionan cinco rasgos: primero, una definición cuantitativa “porque sostiene que la cultura popular es todo aquello que gusta a muchas personas” (Golubov, 2015: 192); segundo, como “una categoría residual, es lo que queda una vez que hemos decidido lo que es alta cultura” (Golubov, 2015: 192); tercero, “asimilándola a la noción de cultura de masas, que remite a una cultura comercial dirigida a una audiencia indiferenciada incapaz de discriminar ni criticar lo que consume” (Golubov, 2015: 193); cuarto, se “sostiene que la cultura popular proviene de la ‘gente’ o ‘el pueblo’, esta es una definición más próxima al folclor y lo artesanal” (Golubov, 2015: 196); quinto, “no se refiere a los contenidos, sino a los usos que se le dan a distintos materiales y prácticas en el terreno de la cultura, y el análisis de la relación entre cultura y poder que es el ámbito propio de los Estudios Culturales”.

El capítulo cierra con una interesante reflexión sobre los riesgos de estudiar la cultura popular cuando puede convertirse en una labor de “populismo cultural acrítico”, lo cual se define a partir del estudio de este tipo de expresiones culturales “que dejó de lado el efecto ideológico y el imperativo económico que impulsan las industrias culturales, que hoy en día son globales. Esta sobreestimación del potencial subversivo del consumo solía ignorar la economía política de la cultura” (Golubov, 2015: 201). Para explicar lo anterior, la autora retoma el ejemplo del análisis de la cantante pop Madonna donde dice que este estudio cae en lo que se denomina como “populismo cultural”.

Es importante mencionar la reflexión final de Nattie Golubov a propósito del ejemplo citado, pues nos da cuenta de las carencias del estudio. De esta forma, quien pretenda adentrase en los estudios sobre la cultura ya tiene las bases de la metodología del circuito de la cultura, así como las definiciones sobre la cultura popular, pero sobre todo, la propuesta analítica sobre las relaciones de poder que deben esclarecerse y que están presentes en el proceso de producción de la cultura, cuyo escalón final es el consumo.

De los apartados presentados en la obra, uno en particular me ha generado mayor interés, el de “Ideología”. Llama mi atención porque en éste se da cuenta de las aportaciones de Louis Althusser a la explicación de la ideología, al tiempo que hace una reflexión sobre la visión de Marx respecto a la cultura, centrando la explicación marxista sobre la cultura y la ideología en la fórmula estructura/superestructura.

Como lectora no me quedó claro si este análisis era de la autora o de la crítica que los estudios culturales han hecho a Marx. Entiendo que el objetivo de la obra, y en específico del apartado en cuestión, no es hacer un análisis crítico a la obra marxista y sus postulados, pero no puedo estar más en desacuerdo con la formulación que se le atribuye a Marx en la que la producción cultural e ideológica sólo se explican bajo la fórmula estructura/superestructura, pues esta afirmación obedece a una postura marxista ortodoxa, que es distinta a la del autor. De igual forma, considero que la revisión amplia de la producción filosófica y teórica de Marx, no de sus intérpretes, nos llevaría a contradecir estas formulaciones, pues considero que, en sus diversas obras, este pensador hace énfasis en la importancia de la cultura. No es el momento para hacer una reflexión más profunda al respecto, pues como he mencionado, el objetivo de la obra y del capítulo en cuestión no es hacer este análisis, más bien busca distanciarse de las formulaciones marxistas y lo logra, aun cuando como lectora no esté de acuerdo con ese análisis.1

Es importante mencionar que si bien El circuito de los signos es un texto pedagógico, carece de cualquier tipo de condescendencia hacia sus lectores, ya sean estudiantes, profesores o personas interesadas en los estudios culturales. Algo que considero muy valioso, además del contenido, es la forma de explicar y el cuidado puesto en las fuentes y en los ejemplos, pues la obra invita a la lectura cuidadosa y reflexiva.

Cabe mencionar que este trabajo introductorio también muestra un amplio panorama de citas y referencias a textos de autores inmersos en la reflexión teórica y metodológica de los estudios culturales, así como en estudios de casos específicos sobre la producción y el consumo cultural. La lista es variada y su amplitud no sólo es numérica, sino epistémica, pues los autores referidos pueden o no tener posiciones encontradas. La lista de autores referidos incluye a Stuart Hall, Terry Eagleton, David Harvey, Armand Marttelart, Thompson, Foucault, Gramsci, Althusser, Barthes, McRobbie, entre muchos otros. Por tanto, es preciso señalar que la obra en sí misma es una importante fuente de información, en tanto que la autora conoce y maneja con oportunidad y precisión a los más importantes pensadores, así como su producción académica, dentro de los estudios culturales.

Al ser un texto pedagógico, me parece muy conveniente el uso de una simbología para señalar, a lo largo de la obra, los diferentes elementos que la componen, ya sea situar ejemplos e invitar a un ejercicio de reflexión a través de preguntas hechas al lector, para señalar que estamos frente a un concepto importante y por ello se enmarca en un cuadro o para indicar una lectura sugerida. También, a lo largo de los capítulos se señalan a través de un subrayado algunas nociones importantes sobre las que se hace una definición amplia en el Glosario.

Al final, no se hace una conclusión, pues al ser una obra introductoria, como bien lo señala la autora, no es conveniente hacer un apartado de conclusiones. Pero se hace un listado de los rasgos más importantes de los estudios culturales. Destaca el significado amplio de cultura, enfatizando que es un proceso social y que dentro de estos estudios no suscriben la idea de que la cultura es una totalidad, resalta la metodología para el estudio de las representaciones culturales, a saber, el circuito cultural y el hecho de que son interdisciplinarios (Golubov, 2015: 205-206).

En el listado, se presenta la relación bajo el ícono de libro, de autores y obras en las que se hace una crítica a los estudios culturales, lo cual me parece muy pertinente, pues de esta forma, la autora presenta un amplio espectro de referencias bibliográficas, desde los autores que dieron inicio a este tipo de estudios, pasando por aquellos que se han concentrado en alguna vertiente, como los estudios literarios, de comunicación de masas, de producción y recepción, feministas, etc., hasta los detractores de estos estudios.

En ese sentido, la obra no sólo es una introducción y un libro de texto, en el sentido pedagógico del término, sino una invitación a analizar y reflexionar ampliamente sobre los estudios culturales y su campo de estudio a partir de las diversas propuestas de lecturas para profundizar el conocimiento sobre este enfoque de análisis de la cultura en su sentido más amplio y diverso.

1La obra de Karl Marx es amplia, en ella abordó diversas temáticas, aunque el objetivo central de su trabajo reflexivo era el sistema de producción y dominación capitalista. Explicar el pensamiento de Marx a través de la fórmula estructura/superestructura que, si no me equivoco sólo se menciona en uno de sus textos, es reducir su trabajo a un orden determinista, economicista y mecanicista, y creo que no es lo uno, ni lo otro. Considero que una categoría marxista que nos puede ayudar a entender diversos procesos, no sólo en el orden económico, sino también en el cultural es la de la alienación. Dicha categoría la desarrolla en los Manuscritos Económico Filosóficos de 1844 o Manuscritos de París en el pasaje de “Trabajo enajenado”. También será útil acercarse al trabajo de Bolívar Echeverría, pensador marxista y cercano a la obra de la llamada Escuela de Frankfurt. Este autor ha trabajado, entre otros, el tema de la cultura desde una perspectiva marxista.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons