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Norteamérica

versión On-line ISSN 2448-7228versión impresa ISSN 1870-3550

Norteamérica vol.3 no.1 México ene./jun. 2008

 

Reflexiones: Notas críticas

 

Reflexiones sobre el comportamiento del comercio exterior en el sector manufacturero

 

Ana Luisa González Arévalo*

 

Investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM. <analuisa102002@ yahoo.com.mx>

 

En estas líneas comentaremos el polémico tema de la incidencia del comercio exterior mexicano en el desenvolvimiento de la economía en México y como elemento importante en el comportamiento del empleo, en particular durante el periodo comprendido entre el 2000 y 2006. El papel desempeñado por el comercio exterior no ha sido tan eficiente como para impulsar el crecimiento de la economía mexicana; en efecto, en sexenios anteriores al de Miguel de la Madrid, en los primeros cinco años de gobierno la situación fue como a continuación se muestra: el 5.19 por ciento con Lázaro Cárdenas; el 6.08, con Ávila Camacho; el 6.14, con Alemán Valdés; el 6.64, con Ruiz Cortines; el 5.49, con López Mateos; el 6.2, con Díaz Ordaz; el 6.27, con Echeverría y el 7.97 por ciento con López Portillo... Con Fox, el 1.86 por ciento (Fernández Vega, 2005a), y en último año, en el 2006, fue el más alto con 4.8 por ciento (Banco de México, 2006: 101). En este mismo sentido,

la ocupación informal alcanzó a 11.8 millones de personas en 2005, lo que representa más del 28 por ciento de la población ocupada; la industria manufacturera (segunda en importancia en la creación de empleo, con un 22.5 por ciento del total) ha registrado comportamientos negativos desde 2001 y sólo en 2005 mostró un crecimiento de un 1.3 por ciento respecto de 2004. Esta tendencia se mantiene en el 2006 ante la expansión de la demanda externa. En la industria maquiladora el personal ocupado se expandió un 4.7 por ciento en 2005, ritmo similar al de 2004 (5 por ciento). Sin embargo, el número de empleos sigue siendo un 10 por ciento inferior al máximo registrado en 2000 (CEPAL, 2006b).

También es importante mencionar que

ante un mercado debilitado y sin crecimiento y la disminución de las exportaciones, principalmente hacia Estados Unidos, 35 de las 55 ramas que conforman la industria manufacturera registran niveles de producción hasta un 47 por ciento debajo de lo que tenían al empezar la actual administración, teniendo una contracción anual en conjunto del 6.7 por ciento y la inversión productiva, medida en importación de maquinaria y equipo, registró también una baja de 7.6 por ciento en los primeros cuatro meses del año, lo que es más grave si consideramos que el sector manufacturero en México genera cerca del 20 por ciento del PIB (Mirón Lince, 2003).

Ahora bien, con respecto a la inversión extranjera, en el año 2003 "México era de los diez principales destinos de IED" (Solís Peña, 2006). En 2005, ocupó el lugar mundial número dieciséis, detrás de China, que ocupa el primer lugar; y de Brasil, con el séptimo lugar como mercado idóneo para el capital productivo, según resultados preliminares aparecidos en el Indice de confianza de la inversión extranjera directa de diciembre de 2005. Sin embargo, "las perspectivas de inversión han empeorado en México, dado el mediocre desempeño del sector exportador, la pérdida de competitividad en relación con los mercados asiáticos y la precaria situación de la industria maquiladora" (El Financiero, 2003:48). Con respecto al índice de competitividad global, México ocupó en el año 2006 el lugar número 53, es decir, mejoró tres lugares con respecto a 2005, de un universo de 61 naciones. Por arriba de México se encuentra Chile en el lugar 24 y Brasil en el 52 (IMD, 2006).

No obstante, es importante mencionar que los países

mayores receptores de IED durante 2005, en millones de dólares, fueron México (17.805), Brasil (15.193), Chile (7.208), Argentina (4.662) y Colombia (3.921). En efecto, durante la presente década, México y Brasil han encabezado sucesivamente la lista de ingresos de inversión en la región [...] En 2005 se conservó la notable concentración de IED en el sector de las manufacturas en México (58 por ciento), particularmente en plantas ensambladoras (maquila), actividad vinculada con la economía de Estados Unidos. El sector automotor ha registrado gran dinamismo, concentrando parte importante de la IED (CEPAL, 2005b).

México sobresale en América Latina por haber logrado la multiplicidad de sus exportaciones y por fomentar el crecimiento de su mercado, ambos apoyados sin duda por su estrecha relación con Estados Unidos en el contexto del TLCAN. Sin embargo, el país sigue padeciendo graves debilidades institucionales, como reglamentación y burocracia excesivas e instituciones públicas –como el sistema judicial, la policía– que necesitan operar con mayor apertura y transparencia. México también tiene un serio problema de delincuencia, lo cual incrementa los costos que tienen que erogar las empresas y menoscaba la competitividad. La nueva administración tendrá que atender estos problemas y encontrar maneras de invertir más recursos para mejorar la educación secundaria y superior, para incrementar la capacidad de la población en un futuro no muy lejano y poder innovar y maniobrar más fácilmente en una economía mundial cada vez más compleja. "No obstante, el TLCAN por sí solo no basta para asegurar la convergencia económica entre los países y regiones de América del Norte. Esto refleja tanto las limitaciones en el diseño del TLCAN como, de modo más importante, la necesidad de reformas internas aún pendientes" (Lederman y Maloney, 2005:10).

Sin embargo, la fase de convergencia con el país vecino del norte se encuentra muy lejos porque el PIB per cápita en 2005 en México fue de 7 436.7 dólares y en Estados Unidos de 37 274.8 dólares (IMD, 2006: 3). En efecto, esta situación

enfrenta restricciones significativas que colocan una cuña entre el PIB per cápita de México y de Estados Unidos incluso en el largo plazo [...] las restricciones más importantes son el resultado de brechas institucionales y deficiencias en las políticas educativas y de innovación. De hecho, la brecha en la calidad del marco institucional es el factor individual que explica una mayor proporción la brecha de ingresos entre los dos países. Sin embargo, el TLCAN no basta. Las esperanzas de que México daría pasos agigantados para alcanzar a Estados Unidos se vieron reducidas por la insuficiente inversión en educación, innovación e infraestructura, así como la baja calidad institucional, un término que abarca la rendición de cuentas, la eficacia regulatoria, el control de la corrupción y temas afines (Tendencias económicas y financieras, 2007: 3).

El nuevo modelo de industrialización mexicano que muestra una

tendencia hacia una mayor concentración sigue presente [...], aunque con características diferentes entre sectores y ramas. Se observó que las economías de escala aumentaron en las ramas industriales en las cuales tradicionalmente han sido altas, aquellas que se caracterizan por sus procesos tecnológicos continuos y de producción en masa, como productos de hule, bebidas alcohólicas, otros productos alimenticios, frutas y legumbres e industrias básicas de metales no ferrosos. Las economías de escala disminuyeron en los sectores donde su importancia relativa era menor; en algunos casos se trata de ramas en las cuales el avance de las tecnologías flexibles es relativamente más importante o bien donde se ha presentado cierta desintegración vertical. Además, algunas son altamente exportadoras, por ejemplo, automóviles, motores y accesorios para automóviles, productos metálicos estructurales y maquinaria y equipos eléctricos" (Domínguez y Brown, 1997: 695–696).

Los eslabonamientos hacia atrás se pueden definir como las relaciones entre empresas en las cuales una compañía compra bienes y servicios de manera regular, como por ejemplo, insumos de producción a una o más compañías en la cadena de producción. Cuando subcontratistas nacionales suministran insumos a compañías extranjeras, éstos deben satisfacer preferencias en diseño, especificaciones técnicas, calidad del producto y tiempos de entrega, lo cual contribuye de forma determinante al desarrollo de sus capacidades tecnológicas. Conjuntamente, esta relación puede permitir a las empresas nacionales difundir su producción y beneficiarse de las economías de escala. Cabe resaltar que la naturaleza de la industria tiene un efecto importante en esta clase de interacción. La posibilidad de observar eslabonamientos productivos aumenta cuando el producto final requiere varios tipos de componentes manufacturados o como condición necesita habilidades o tecnologías específicas. Así pues, cuando las capacidades internas de una empresa son reducidas, la subcontratación se vuelve más factible (la industria automovilística es el ejemplo más claro de esta situación).

En el caso mexicano, no se ha difundido un eslabonamiento productivo en términos generales que conforme un impacto dinamizador del sector manufacturero; así, existe la preocupación de que las corporaciones transnacionales se constituyan en enclaves con fuertes lazos con el resto de la economía. En este sentido se argumenta que, una vez comenzado el proceso de ensamblaje de componentes importados (con poco valor agregado nacional), el proceso de industrialización debe avanzar con el fin de incrementar el uso de componentes internos. Como Lall señala (1995), el incremento de la participación de las empresas nacionales permite la difusión de tecnología industrial y habilidades, así como la captura de muchas de las externalidades que acarrea el proceso de desarrollo industrial.1

La existencia de un escenario propicio para el inversionista no existe para recibir todas las prerrogativas potenciales de la IED. Los beneficios (en la forma de conocimiento tecnológico) de la presencia extranjera en una industria no circularán de manera automática. Los resultados del análisis estadístico explicaron la falta de efectos de eslabonamiento y colaboración, de tal forma que la formulación de políticas se debe concentrar en el apoyo a empresas nacionales en sus tentativas por aprender e interactuar con corporaciones extranjeras. "Cada industria tiene una trayectoria única de desarrollo y una forma específica de interacción entre el segmento nacional y el extranjero. Es posible, sin embargo, sugerir un pequeño conjunto de políticas horizontales con el potencial de beneficiar a todas las empresas sin importar la industria a la que pertenezcan:

a) mejorar el acceso al financiamiento;

b) promover el uso de los incentivos fiscales para actividades tecnológicas, y

c) eliminar las asimetrías de información mediante el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica.

Estas políticas deben tener el propósito de corregir las deficiencias en las áreas de información, instituciones y financiamiento" (Romo Moreno, 2003: 243).

En el año 2005 correspondió al contenido tecnológico de las exportaciones mexicanas manufactureras un nivel medio y alto, de las cuales encontramos que el 69.2 por ciento (Banco de México, 2005: 197) pertenece a la industria automotriz, aparatos eléctricos y electrónicos, maquinaria y equipos especiales para industrias diversas. Ahora bien, en ese mismo año correspondió a México el 36.4 por ciento del total de las exportaciones de bienes y servicios de América Latina; en particular, el peso del sector manufacturero mexicano en las ventas al exterior en esta región del planeta fue del 60.5 por ciento (CEPAL, 2006a: 135,189). Así, México es el país "exportador más dinámico de la región, también ha perdido participación respecto de Asia Oriental y, de manera más notoria, respecto de China. La explicación es sencilla: México agrega poco valor a los productos altamente tecnológicos que exporta que ya tienen un alto valor agregado. El crecimiento de sus exportaciones se ha basado en el simple ensamblaje (en plantas maquiladoras) y reexportación de productos importados, sin aportar gran mejoramiento tecnológico. Si bien en un nivel tecnológico menor, el modelo mexicano de fuerte crecimiento de las exportaciones con poco valor agregado es típico de un grupo bastante grande de países: los países exportadores de prendas de vestir, como Bangladesh, Honduras y Nicaragua, caben en esta categoría" (PNUD, 2005: 133).

Durante el último decenio, como el auge de las exportaciones mexicanas no ha resuelto el problema del desempleo ni de la baja en el salario real, así como tampoco el de la pobreza, "la tasa de crecimiento de las exportaciones de bienes manufacturados de México se mantuvo en torno a 26 por ciento. Actualmente, el país es responsable de alrededor de la mitad de todas las exportaciones de manufacturas desde América Latina. Más aun, el crecimiento de las exportaciones se ha concentrado en sectores tecnológicos con alto crecimiento y gran valor agregado, como automóviles y aparatos electrónicos. En marcado contraste con este provechoso registro en cuanto a exportaciones, entre 2000 y 2005 el crecimiento económico del PIB per cápita registró un promedio del 1.15 por ciento (CEPAL, 2004:122; 2005a: 86). Los salarios reales están estancados, el desempleo aumentó respecto del nivel de comienzos de los noventa, la extrema pobreza disminuyó sólo levemente, mientras que la desigualdad aumentó. México registra uno de los coeficientes de Gini más altos del mundo, el cual incluso ha aumentado levemente en el último decenio" (CEPAL, 2005b: 137).

Es importante aclarar que en el 2005 el 45.5 por ciento (Banco de México, 2006:160) de las exportaciones de México se originaron en el sector de las maquiladoras, donde la producción consiste principalmente en el simple ensamblado y reexportación de componentes importados; en efecto, la actividad exportadora se asocia con muy poco valor agregado y mínima transferencia tecnológica. En consecuencia, México ha quedado altamente expuesto a la competencia externa. Otro aspecto importante del auge del comercio exterior mexicano es el no haber tenido una influencia positiva que se reflejara en elevadas tasas de crecimiento de la productividad laboral y en las remuneraciones reales, es decir, porque en la primera su tasa de crecimiento promedio entre 2000 y 2005 fue de 3.8 y en la segunda de –0.08 (Banco de México, 2005: 119).

Ahora bien, es primordial mencionar que las exportaciones no son trascendentales o la principal fuente de ingreso, sino que son, además, un medio de financiamiento para la compra de las importaciones de las nuevas tecnologías necesarias para producir crecimiento, productividad y empleo que aumenten los niveles de vida y mantengan la competitividad en los mercados mundiales. El rechazo al comercio mundial puede tener como consecuencia la marginalización tecnológica, la que a su vez incide en la pobreza y la distribución del ingreso mundial. No obstante, los caminos entre el comercio y el desarrollo humano son complicados y no existe un plan sencillo que se haya puesto en práctica y que asegure la plena integración a los mercados mundiales.

Las políticas comerciales representan una de las últimas fronteras del antiguo modo de pensar acerca del desarrollo. En otras áreas, la mayoría de los responsables de formular políticas, en principio, aceptan que el crecimiento económico y el consumo no son fines en sí mismos, sino un medio para avanzar en el desarrollo humano. En muchas ocasiones se considera al comercio como el elemento determinante para alcanzar el progreso económico; así, se transforma la lógica del desarrollo y se acostumbra evaluar al triunfo en términos del crecimiento de las exportaciones, según lo formulara Dani Rodrik (2001): "El comercio se ha transformado en el lente a través del cual se percibe el desarrollo, y no al revés".

Una liberalización gradual y bien adaptada de las importaciones a la economía puede generar grandes beneficios en materia de productividad, y las exportaciones pueden traducirse en una importante fuente de ingresos y empleos para los pobres. En efecto, el éxito de la penetración en los mercados mundiales depende cada vez más de la creación de capacidades industriales; así, en una economía global basada en conocimientos, la mano de obra barata y las exportaciones de productos básicos o de simples bienes ensamblados no son elementos idóneos para sostener el aumento en los niveles de vida.

Una de las características determinantes de la globalización es la fragmentación de la producción, es decir, la construcción de sistemas de producción con capacidad mundial. En este marco, si bien el sector manufacturero mexicano más dinámico es el automotriz, el automóvil no se fabrica en el país, solamente se elabora una pequeña parte; en efecto, "los automóviles 'nacionales' son un asunto del pasado. General Motors ensambla sus cajas de cambio en México, las tapas de los radiadores provienen de Chennai, la India, y la tapicería es entregada por proveedores de Indonesia que utilizan materiales importados de China" (PNUD, 2005:130).

México, si bien es cierto que es el exportador más dinámico de América Latina, ha perdido participación en el comercio respecto de los países de Asia y en particular con China, porque nuestro país "agrega poco valor a los productos altamente tecnológicos que exporta que ya tienen un alto valor agregado. El crecimiento de sus exportaciones se ha basado en el simple ensamblaje (en plantas maquiladoras) y reexportación de productos importados, sin aportar gran mejoramiento tecnológico [...] Cuando Malasia exporta televisores en color, más del 25 por ciento del valor agregado de los componentes importados se queda en Malasia. Cuando México exporta productos automotrices de alta tecnología, sólo el 3 por ciento permanece en México" (PNUD, 2005:133).

El éxito del comercio exterior mexicano y la mayor apertura de nuestro país estuvieron asociados con reducciones irrisorias en la pobreza y con altos niveles de desigualdad, es decir, el auge comercial con el exterior ha sido insuficiente para avanzar en mitigar de manera importante los niveles de pobreza. Precisamente, en este sentido, "Gerardo Esquivel, investigador de El Colegio de México aseveró que del 50 por ciento de los mexicanos que se encuentran en extrema pobreza, sólo un 1 por ciento logró superarla en los quince años de vigencia del TLCAN. Por su parte, Rafael de Hoyos, consultor del Banco Mundial, concluyó que tomando en cuenta sólo la reducción arancelaria, el TLCAN no tuvo efectos de bienestar significativo en los hogares mexicanos" (Rodríguez, 2007). Por otra parte, la rápida liberalización de las importaciones agrícolas afectó particularmente a los pobres de las zonas rurales, debido, en parte, a los profundos niveles iniciales de desigualdad. Verdaderamente, las tasas de crecimiento del PIB por habitante no avanzaron; por el contrario, no se alcanzó el nivel del año 2000 (véase cuadro 1).

Juan Carlos Ferez, especialista de la CEPAL, advirtió

en entrevista telefónica que la instancia internacional registra que México tuvo una 'pequeña disminución' de la pobreza urbana, y un aumento 'importante' de la pobreza rural en 2004–2005 (penúltimo año de gobierno de Vicente Fox, y que según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social creció en un millón de personas). México se ubica dentro del bloque de países latinoamericanos que registran niveles de desempleo, que en su caso es de 4 por ciento, es decir, casi un punto más de lo que presentaba en 1990 (Muñoz, 2006).

Contrariamente a las transformaciones tan fuertes y rápidas del sector exportador de la economía, no se logró superar el recurrente problema de la elasticidad producto de las importaciones, el cual resulta ser muy grave; ello ha anulado las posibilidades de un crecimiento sostenido en virtud del desequilibrio externo que periódicamente se genera. De este modo, la fuente dinámica de crecimiento por la expansión de la demanda escapa al exterior en forma de más importaciones, en lugar de servir de mercado para las unidades productivas establecidas en el país. Si bien es cierto que hay una mejoría en la balanza de cuenta corriente, al disminuir el déficit, que pasó de –18 628.3 millones de dólares en 2000 a –5708.3 millones de dólares en 2005 (véase cuadro 2) esta situación obedeció en parte importante a los ingresos que recibió el país por el envío de remesas totales familiares (véase cuadro 3) y no es resultado del crecimiento de las exportaciones manufactureras mexicanas, porque el saldo de la balanza comercial continúa siendo negativo. Conjuntamente, se registra un incremento en la elasticidad producto de las importaciones (véase cuadro 4).

 

 

La expansión de las exportaciones totales del sector manufacturero y maquilador desde el año 2000 hasta 2006 ha tenido un crecimiento de 38.47 por ciento y en cambio, las importaciones totales para este mismo periodo han sido de 30.18 por ciento; sin embargo, es importante mencionar que la balanza comercial del sector maquilador es superavitaria, pero la del conjunto de la manufactura y la maquiladora se mantiene en un déficit comercial crónico (véase el cuadro 5).

No obstante, la maquiladora no ha tenido la fuerza suficiente para integrar al sector manufacturero. En este marco, la Canacintra ha denunciado que el modelo maquilador "mexicano" está agotado y que su aportación al crecimiento económico ha sido mínima; el contenido nacional de los productos fabricados en este sector apenas significa 2 por ciento, mientras que el 98 por ciento restante se importa (INEGI, 2006), debido a la cada vez menor participación de empresas mexicanas en las cadenas productivas (Fernández Vega, 2005b).

El desempeño exportador mexicano con carácter espectacular no ha servido para corregir el problema del desempleo.

En este contexto, resulta evidente que la caída en el empleo en las industrias de la transformación entre 2000 y 2005 no tiene precedente. Entre enero del 2000 y diciembre del 2005 se han perdido cerca de 473 000 empleos en dichas industrias, lo que representa una caída de aproximadamente el 11 por ciento en tan sólo cinco años. Como consecuencia de ello, la participación del empleo en las industrias de la transformación dentro del empleo formal total ha disminuido en cerca de 7 puntos porcentuales, pasando de cerca del 40 por ciento en 2000 a sólo un 32 por ciento en 2005 (Alcaraz y García Verdú, 2006).

Sin embargo, considero muy significativo señalar que la industria maquiladora ha sido muy importante en la creación o generación de empleo, a diferencia del sector manufacturero; en este último hay un descenso en la incorporación del personal ocupado de 1994 a 2006 de 150 261 personas, mientras que en la maquiladora se incrementó el mismo periodo con 622 597 plazas (véase gráfica 1).

Otro aspecto importante en el desenvolvimiento del comercio exterior mexicano es el papel de China en el mercado mundial; pero, al respecto, hay que recordar que la estructura industrial en México es muy diferente de la de China (Rodrik, 2006). Los proveedores industriales se encuentran menos desarrollados en nuestro país en relación con el asiático; como resultado, estos componentes logísticos son más complejos y costosos. Ciertamente, la productividad laboral mexicana es similar en ambas regiones; no obstante, no se compensan las ventajas de la producción de los chinos, así como una mayor integración en la producción en cadena y ventajas en la cuestión impositiva. Por ejemplo, la exportación de bienes electrónicos mexicanos a Estados Unidos creció hasta 2002, posteriormente declinó; en cambio, con China siguieron incrementándose de manera continua las exportaciones de este tipo de bienes (McKinsey Global Institute, 2003: 63).

 

BIBLIOGRAFÍA

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NOTA

1 Varios estudios han analizado el bajo uso de insumos nacionales en la producción de empresas extranjeras. La debilidad de estos encadenamientos se suele atribuir a la incapacidad de las compañías nacionales para satisfacer las demandas de las transnacionales. Sin embargo, una visión alternativa, por ejemplo (Matouschek, 1999) propone que otras corporaciones internas se pueden beneficiar del suministro más eficiente de insumos de más alta calidad, de tal forma que la transnacional puede verse afectada de manera adversa por este efecto de derrama, ya que tendría que hacer frente a competidores más eficientes. Si éste es el caso, la gran empresa transnacional tiene la opción de evitar esta derrama y optar por producir ella misma el insumo requerido o importarlo.

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