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Norteamérica

versión On-line ISSN 2448-7228versión impresa ISSN 1870-3550

Norteamérica vol.3 no.1 México ene./jun. 2008

 

Reflexiones: Notas críticas

 

Karl Popper, ¿padre del neoliberalismo?

 

Eduardo Harada O.*

 

*ENP, UNAM. <edharada@hotmail.com>

 

Debemos exigir un gobierno que se rija de acuerdo con
los principios del igualitarismo y del proteccionismo.

Karl R. Popper (1992)

 

INTRODUCCIÓN: GLOBALIZACIÓN, NEOLIBERALISMO Y LA FILOSOFÍA POLÍTICA LIBERAL POPPERIANA

En los últimos años, se ha hablado mucho acerca de la globalización, sobre todo, en el terreno de la economía. Se dice que vivimos en un mundo global o que está globalizado de forma inevitable e irreversible. Algunos temen este fenómeno y lo denuncian, otros lo elogian y lo defienden, pero ¿qué es?, ¿qué quiere decir que algo se ha "globalizado" o es "global"?

Aunque no existe un acuerdo universalmente aceptado al respecto, creo que "globalizar" es poner en relación cosas que están separadas y formar con ellas unidades más amplias, de tal modo que la "globalización" se refiere al hecho de que en el mundo actual todo está, puede estar o está a punto de estar conectado con el resto, es decir, lo que sucede en una parte del mundo influye y es influido por lo que ocurre en otras partes.

De manera más concreta, la globalización se relaciona con la aparición de fenómenos (bursátiles, informativos, ambientales, etc.) que van más allá de las fronteras nacionales y que escapan del control de los Estados. Así, la globalización no sólo ha cuestionado la organización política del mundo en Estados nacionales, sino, incluso, la función misma de éstos.

La caída del muro de Berlín, en 1989, constituyó para muchos no sólo el fin del llamado "socialismo real", sino de todo un modelo económico: el de la economía centralmente planificada (en la que el Estado interviene planeando) y también fue vista como el triunfo definitivo del capitalismo y la economía de libre mercado (recordemos la famosa tesis de Francis Fukuyama acerca del "fin de la historia" y su argumento de que no hay más opción que la capitalista).

Así, ante la globalización, supuestamente, lo único que queda a los Estados nacionales, si es que quieren sobrevivir y desarrollarse, es adoptar políticas de libre mercado que resulten atractivas a los inversionistas, esto es, 1) ofrecer condiciones para que los capitales fluyan sin restricciones (aunque ello también signifique darlas para que se vayan, ya que éstos no tienen nacionalidad y en cualquier momento pueden moverse de un lugar a otro según sus intereses); 2) llevar a cabo la apertura y la desregulación de la economía, vender las empresas estatales y dejarlas en manos de particulares. En general, queda eliminar la intervención del Estado o, cuando mucho, limitarla a la búsqueda y mantenimiento del "equilibrio fiscal" y la "baja inflacionaria".

No obstante, el costo inmediato que hay que pagar por todo lo anterior es la flexibilización del mercado de trabajo y la disminución de los salarios (para incrementar la competitividad de las empresas), además del aumento de la desigualdad y la pobreza de algunas capas sociales, lo cual es, en realidad, un costo pequeño, pues –nos advierten los expertos– las consecuencias de llevar a cabo políticas económicas que no beneficien a los inversionistas (como las "populistas") son terribles: fuga de capitales, inestabilidad económica y marginación del desarrollo mundial. En tiempos de la globalización sería pésimo que un Estado se resistiese a las decisiones de los mercados, tratando de intervenir en ellos.1

Esta concepción de la economía y del papel del Estado ha recibido el nombre de "neoliberalismo"; sin embargo, si la palabra globalización es muy nebulosa, esta otra lo es aun más. Pero, debemos preguntarnos si es correcta la designación de las tesis económicas anteriores como neoliberales y si realmente tienen algo que ver con el liberalismo, ¿excluye éste necesariamente la posibilidad de un Estado interventor, proteccionista, benefactor o paternalista?, ¿qué nos dicen al respecto algunos de los principales teóricos liberales?

Trataré de responder a estas preguntas con las ideas que el filósofo de origen austriaco Karl R. Popper (1902–1994) –uno de los teóricos del liberalismo más profundo del siglo XX– sostiene en su libro La sociedad abierta y sus enemigos (1992). Además, recurriré a algunos de sus escritos de los años cincuenta, ochenta y noventa para mostrar que, desde su perspectiva, no existe incompatibilidad alguna entre la libertad individual y la intervención estatal, pues la primera sólo es posible gracias a la segunda. Este autor no debería ser considerado el "padre del neoliberalismo", uno de los principales teóricos de este movimiento o su epistemólogo, sino, por el contrario, alguien que ofrece argumentos para hacer una crítica de esa tendencia política y económica.

Pero antes de pasar a mi interpretación de la propuesta popperiana (según la cual Popper defiende la intervención proteccionista del Estado en la economía y en otros campos, como la educación), para que se aprecie mejor su relevancia y no se crea que con ella estoy combatiendo un fantasma, presentaré dos ejemplos de la interpretación contraria, a saber, la que considera a Popper un neoliberal, quien desea que la economía se rija por el libre juego de las fuerzas del mercado, sin ninguna intervención estatal. Y para que el efecto sea mayor, expondré las ideas de dos pensadores latinoamericanos: el famoso novelista, ensayista y hasta político, originalmente peruano, pero actualmente naturalizado español, Mario Vargas Llosa, y el filósofo de la ciencia y economista argentino, Ricardo Gómez; además, presentaré algunas ideas del multimillonario y filántropo Georges Soros, quien se enriqueció, entre otras cosas, gracias a la especulación financiera y, en teoría, debería ser un defensor fundamentalista de la globalización neoliberal.

 

LA APOLOGÍA DEL "POPPER NEOLIBERAL" (MARIO VARGAS LLOSA)

En "Mi deuda con Karl Popper", Mario Vargas Llosa dice que descubrió la obra de éste a finales de los años setenta, "luego de haber perdido el entusiasmo por la utopía revolucionaria" y cuando comenzaba "una revalorización de la cultura democrática" (1993: 224).2

En "La odisea de Karl Popper", Vargas Llosa agrega que Popper, junto con Friedrich A. Hayek y Ludwig von Mises, "es uno de los grandes pioneros del renacimiento del liberalismo clásico" (1995: 53). Sin embargo, el autor de La ciudad y los perros adopta una postura más cercana a Hayek y en contra de las ideas de "planificación estatal" o "ingeniería social", pues las identifica, de forma equivocada, con la "ingeniería utópica", olvidándose de que también existe la "ingeniería fragmentaria", "local" o "por partes" (piecemal), que es la que realmente Popper propone y defiende.

Vargas Llosa dice que "la noción de planificación transpira 'historicismo' [el cual fue criticado por Popper en La miseria del historicismo] por todos sus poros", ya que "supone que la historia no sólo se puede predecir, sino, también proyectar, como una obra de ingeniería" y quien fue candidato a la presidencia de la República de Perú rechaza esa "utopía", debido a que puede conducir al totalitarismo o a la destrucción de la libertad individual (Vargas Llosa, 1995: 40).

Para Vargas Llosa, las sociedades actuales, particularmente las latinoamericanas, están amenazadas por lo que Hayek llama la "falacia constructivista", es decir, "la idea de que las instituciones sociales pueden ser rediseñadas de una manera racional para que sirvan mejor a sus fines". Y esta "semilla de planificación" Vargas Llosa la encuentra en el keynesianismo, el New Deal estadunidense de los años cuarenta, así como en "todos los populismos ideológicos contemporáneos, a cuya sombra el Estado irá creciendo de tamaño y poder en la vida económica y social, hasta la gran contraofensiva antiintervencionista y a favor del mercado competitivo encabezada por los gobiernos de Reagan en Estados Unidos y de Thatcher en Gran Bretaña", en breve: lo que en todo el mundo se denomina neoliberalismo (Vargas Llosa, 1995: 54).

Vargas Llosa reconoce que "en muchas sociedades libres hay instituciones de 'planificación' y que su existencia no ha chocado con las libertades públicas", pero afirma que esas instituciones en realidad no "planifican", sino que sólo investigan, aconsejan o asesoran (Vargas Llosa, 1995: 41). Y, sorprendentemente, sostiene que Popper se opone a "las ideas keynesianas a favor del intervencionismo estatal –el Estado benefactor–" (1995: 54), es decir, además de malinterpretar las ideas popperianas acerca de la ingeniería o tecnología social (como si la única posibilidad de ésta fuera la utópica u holista y no existiera la fragmentaria o gradual), Vargas Llosa atribuye a Popper las ideas de Hayek y lo considera como alguien que está en contra del intervencionismo (interventionism), el proteccionismo (protectionism), etc., siendo que, como veremos, en realidad, los defiende y propone.3

 

LA CRÍTICA AL "POPPER NEOLIBERAL" (RICARDO GÓMEZ)

Uno de los prejuicios más extendidos y sólidos sobre el neoliberalismo es que la filosofía de la ciencia de Popper (a la cual se reduce convenientemente al "falsacionismo ingenuo")4 constituye la "epistemología" de esa tendencia política y económica, en el sentido de que la concepción de la ciencia que presupone y en la que se apoya el neoliberalismo es idéntica a la popperiana.5 Además que, gracias a ello, a diferencia de lo que sucede con otras posturas económicas y políticas, supuestamente, "seudocientíficas" o ideológicas (como el marxismo), el neoliberalismo tiene garantizado su carácter científico y, por ello mismo, resulta incuestionable.

Un ejemplo de la creencia en lo primero y una crítica de lo segundo lo encontramos en los libros del filósofo de la ciencia y economista argentino Ricardo Gómez, Neoliberalismo y seudociencia (1995) y Neoliberalismo globalizado (2003), en los que, además de criticar la filosofía de Popper, cuestiona las ideas de Hayek y Milton Friedman (los otros dos "grandes teóricos" del neoliberalismo).

En el primer libro, Gómez señala que uno de los argumentos en defensa del neoliberalismo es su presunto "carácter científico" (1995: 9), que corresponde a la manera correcta de concebir a la ciencia, a saber, la popperiana, por lo que oponerse a él implica adoptar una postura "irracional", es decir, aparentemente, frente al neoliberalismo "no hay otra opción científicamente hablando" (1995: 10).6

Pero la realidad, nos dice Gómez, es que la concepción popperiana no es la que opera realmente en la ciencia,7 además de que ha sido muy cuestionada, no sólo por pensadores marxistas, como Adorno, sino, incluso, dentro de la filosofía de la ciencia anglosajona o analítica, por los llamados filósofos de la ciencia "pospositivistas" (Kuhn, Lakatos y Feyerabend, entre otros) (Gómez, 1995: 13) y es una mera ideología funcional (Gómez, 1995: 99) que sólo sirve para legitimar la política y línea económica neoliberal, al postular que son científicas y las únicas posibles.

Por otro lado, nos dice Gómez, la ética de Popper, basada en el "egoísmo" y en una concepción instrumentalista de la racionalidad,8 "desemboca necesariamente en una ética utilitarista que deja de lado ex profeso toda cuestión de justicia distributiva" (Gómez, 1995:171), pues, de hecho, en ella se da un completo "desdén y rechazo de la justicia social" (Gómez, 1995: 172) o de la idea de que la legitimación de una forma de gobierno se basa en su capacidad para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos (Gómez, 1995:173), ya que ello implicaría otorgarle al Estado un papel que los neoliberales no están dispuestos a aceptar: intervenir, planificar, etc., la economía (Gómez, 1995:174). Para Popper, el libre mercado es el único ordenamiento posible de la economía y es irracional tratar de intervenir en ella (Gómez, 1995: 175) y, por eso, precisamente, rechaza la "economía capitalista de corte keynesiano" (Gómez, 1995: 176).9

La crítica de Gómez es muy radical y parece definitiva, sin embargo, igual que la apología de Vargas Llosa, descansa, como comprobaremos enseguida, en una interpretación equivocada de la filosofía política popperiana: en realidad, ésta no tiene nada que ver con lo que actualmente se conoce como "neoliberalismo" o, en todo caso, es contraria a él.10

 

LA PARADOJA DE LA LIBERTAD Y LA PROPUESTA POPPERIANA DE UN ESTADO INTERVENTOR Y PROTECTOR

Desde la perspectiva popperiana, ¿qué relación debe existir entre el Estado y la libertad individual? La intervención del Estado para limitar la libertad de los individuos, por ejemplo, en la economía y, en concreto, para proteger a los débiles y a las minorías indefensas, ¿es contraria al liberalismo, a la democracia o la "sociedad abierta"?11

En La sociedad abierta y sus enemigos, Popper califica de "indeseable y hasta paradójica la política económica no intervencionista de principios del siglo XIX ", es decir, la que se conoce como "capitalismo salvaje" (Popper, 1992: 621). Sin embargo, afirma que el "capitalismo sin trabas" (unrestrained capitalism) que Marx criticó y que también él rechaza12 desapareció desde los años treinta del siglo XX (Popper, 1992: 625). En efecto, sostiene que, a partir de esa década, en todo el mundo, el poder político o el Estado comenzó "a cumplir funciones económicas de largo alcance" o "intervencionistas" (Popper, 1992: 625).

Popper señala que los tres principales tipos de "ingeniería social" a finales de los años treinta y a principios de los cuarenta del siglo XX, cuando escribió La sociedad abierta y sus enemigos, eran todos intervencionistas: 1) el "colectivista" de Rusia, 2) el democrático de Suecia, las "democracias menores" y el New Deal en Estados Unidos y 3) "los métodos fascistas de la economía regulada" (1992: 630).13

Como vemos, cuando se dice que Popper es un "neoliberal" se olvida (o no se conoce) que en La sociedad abierta y sus enemigos lo que hace es, precisamente, una defensa de la injerencia del Estado en la economía (Popper, 1992: 319), debido a lo que llama la "paradoja de la libertad (paradox of freedom)": si la libertad es ilimitada, se anula a sí misma, ya que abre la posibilidad de que unos individuos priven de ella a otros individuos. Por eso, si se quiere la propia libertad, se debe aceptar que el Estado la limite hasta cierto punto (Popper, 1992: 305).14

En oposición a lo que plantean algunos supuestos "liberales" y, sin duda, los neoliberales, desde la perspectiva popperiana "el pretendido choque de la libertad y la seguridad, esto es, la seguridad garantizada por el Estado, es completamente ilusorio. En efecto, no puede haber libertad si no se halla asegurada [a éstos] una seguridad razonable" (1992:116).

Así, vemos que "el liberalismo y el intervencionismo estatal no se excluyen mutuamente" (Popper, 1992: 116) y que la exigencia de "no intervención del Estado" que algunos supuestos "liberales" pregonan (típica del neoliberalismo) es equivocada.

Y Popper no sólo cree que el Estado debe limitar la libertad política ("la libertad que no perjudica a los demás ciudadanos", Popper, 1992: 115),15 sino, igualmente, la económica, pues "la libertad económica ilimitada puede resultar tan injusta como la libertad física ilimitada". Por ello, el capitalismo sin trabas debe ser sustituido por la "intervención reguladora del Estado" (Popper, 1992: 306).

Popper se opone explícitamente a la "teoría de la impotencia de la política" (típica del neoliberalismo), según la cual la política "no puede alterar de forma decisiva la economía" (1992: 301) y, por el contrario, sostiene que "el poder económico depende totalmente [...] del poder político y físico", es decir, mantiene que "no debemos permitir que el poder económico domine al político" (1992: 309) sino que éste debe controlar a aquél. En concreto, opina que la economía debe seguir los mandatos de la democracia o la sociedad abierta (open society) (1992: 625).16

A pesar de la creencia de que la "ingeniería social" popperiana17 se desentiende de los "fines" (ends) y solamente se interesa por los "medios" (means) técnicos para alcanzarlos, Popper está en contra de la idea de que el objetivo del Estado "no puede decidirse racionalmente" (1992:115) y cree que sí podemos aproximarnos a dicho objetivo. Lo que más bien señala es que "la importante y difícil cuestión de las limitaciones de la libertad no puede resolverse mediante una fórmula seca y tajante" (1992: 116).

De hecho, dice claramente que la función del Estado es proteger a los individuos, concretamente, a los débiles de los abusos de los fuertes (Popper, 1992: 119 y 305–306)18 y luchar en contra de las injusticias sociales (1992: 622), incluida dentro de ellas, por supuesto, la explotación económica (1992: 309).19

Es claro que Popper, lejos de aprobar que la economía se rija por el libre juego de las fuerzas del mercado, plantea que el Estado debe intervenir en ella, protegiendo la libertad individual, pero también evitando las injusticias, oponiéndose a la explotación económica, defendiendo a los débiles, a las minorías indefensas, etc.,20 es decir, de forma muy parecida a como les gustaría a las personas de "izquierda" que actuara el Estado. Aunque Popper preferiría que se considere sus ideas "humanitarias" (humanitarian), "igualitarias" (equalitiarian) e "individualistas" (individualistic) o, simplemente, "liberales".21

Si todavía se tiene dudas acerca de si Popper fue o no un neoliberal, recordemos que generalmente se afirma que el neoliberalismo busca privatizar la educación o desaparecer la educación pública y gratuita, y en La sociedad abierta y sus enemigos sostiene, en cambio, que "es responsabilidad [...] del Estado cuidar que todos sus ciudadanos reciban una educación que les permita participar en la vida de la comunidad y aprovechar todas las oportunidades para desarrollar sus intereses y deseos" y que, específicamente, tiene que evitar que "la falta de capacidad del individuo para pagar" lo prive de realizar estudios superiores (1992: 134).22

"Es necesario cierto grado de control por parte del Estado –afirma Popper–, si se quiere resguardar a la juventud de la ignorancia que la tornaría incapaz de defender su libertad, y es deber del Estado hacer que todo el mundo goce de iguales cualidades educacionales". Sin embargo, también señala que "un control estatal excesivo en las cuestiones educacionales constituye un peligro mortal para la libertad, puesto que puede conducir al adoctrinamiento" (Popper, 1992: 116).

En conclusión, aunque algunas de las tesis políticas de Popper son discutibles y quizá estén equivocadas, hay que recalcar que, independientemente de ello, "nada tienen que ver con la política de no intervencionismo estatal" o laissezfaire (1992:116)23 y que de ninguna manera deberían ser calificadas de "neoliberales" (como hemos visto que hacen Mario Vargas Llosa y Ricardo Gómez, ya sea para elogiarlo o denostarlo).24

Esto no implica que Popper haya creído que el Estado protector e interventor esté libre de problemas (acabamos de ver que toma en cuenta algunos de éstos en el caso de la educación),25 sin embargo, fue hasta varios años después de que escribió La sociedad abierta y sus enemigos que esos problemas se volvieron más evidentes y acuciantes.

 

LOS RETOS DEL ESTADO BENEFACTOR O PATERNALISTA

Popper habló de los problemas del "Estado benefactor" en varias conferencias, sobre todo, en las de mediados de los años cincuenta, pero también de los años ochenta y principios de los noventa. En ellas reitera las tesis expuestas en La sociedad abierta y sus enemigos, en particular aquéllas respecto de la "paradoja de la libertad" (o del liberalismo) y de la función que, en consecuencia, debe tener el Estado liberal, democrático o en una sociedad libre, a saber, intervenir, no sólo en el campo de la economía sino también en el de la educación, para proteger a los individuos, ante todo, a los débiles. Asimismo, ofrece algunas aclaraciones y precisiones sobre los problemas que entraña el Estado de bienestar (las cuales no eran tan notorias o importantes en los años cuarenta, cuando escribió La sociedad abierta y sus enemigos).

Y aunque Popper no abordó el "neoliberalismo" directamente, sí el Estado de bienestar (Welfare State) o paternalista (Paternal State), el cual, como bien sabemos, es el principal enemigo de quienes propugnan por un "Estado mínimo".

En "La opinión pública y los principios liberales", conferencia de 1954, Popper parte, como en La sociedad abierta y sus enemigos (libro publicado diez años antes), del principio de que "toda persona debe tener derecho a vivir y el derecho a ser protegida contra el poder del fuerte", para lo cual se requiere de "un Estado que proteja los derechos de todos". Sin embargo, presenta un principio al que denomina "navaja liberal" (en alusión a la navaja de Ockham) que enuncia que "el Estado es un mal necesario" o "un peligro constante", lo que significa que "sus poderes no deben multiplicarse más allá de lo necesario", pues los individuos a quienes el Estado protege deben pagar esa protección, por ejemplo, por medio de impuestos, así que es necesario conseguir que paguen los menos posible (Popper, 1995a: 202).

En la entrevista televisiva de 1969 "¿Revolución o reforma?", Popper retoma los argumentos que presenta en La sociedad abierta y sus enemigos, sostiene que es deber del Estado proteger a sus ciudadanos con instituciones legales y sociales de "los sufrimientos de la fuerza bruta", particularmente, "del abuso de la fuerza económica" y que hemos de crear "instituciones sociales que protejan a los económicamente débiles de los abusos de los fuertes, es decir, instituciones para preservarlos de la explotación; pues la fuerza política puede controlar la fuerza económica" (Popper, 1995a: 47).

Aunque en "Sobre el choque cultural", conferencia de 1981, Popper reconoce los "límites" de "la gran idea del Estado de bienestar". En concreto, parece "peligroso descargar a una persona de su responsabilidad hacia sí misma y hacia las otras personas que dependen de ella" y que, en algunos casos, "es incluso dudoso si debemos hacer mucho más fácil la lucha por la vida de los jóvenes", ya que "para muchas personas, la retirada de la responsabilidad personal directa puede despojar de sentido a su vida" (Popper, 1995a: 158), esto es, Popper señala las consecuencias dañinas que puede tener sobre la vida y libertad individuales la sobreprotección estatal.

En el "Epílogo" al homenaje que se le ofreció en 1983, con motivo de su octogésimo aniversario, dice que "las limitaciones de la libertad humana impuestas irremediablemente por la convivencia [...] deberían repartirse de la manera más igualitaria posible" entre todos los ciudadanos y que para eso, justamente, "necesitamos al Estado y a sus leyes". Es decir, la idea de libertad nos conduce a la igualdad y ésta a la necesidad del Estado (Popper y Lorenz, 1992:192). Sin embargo, como vieron Alexis de Tocqueville y Max Weber, el Estado puede convertirse en un peligro para la libertad y la igualdad, pues puede dar lugar a una burocracia que termine convirtiéndose en la clase dominante (Popper y Lorenz, 1992:193).

En "Observaciones referentes a la teoría y praxis de los Estados democráticos", conferencia de 1988, en la sección "VIII. ¿Miniestado o Estado paternalista? Los límites de ambos. El miniestado como principio regulativo", Popper sostiene que "necesitamos [_]un Estado de derecho" en el sentido kantiano de que 1) "otorgue realidad a nuestro derechos humanos" y 2) "cree y sancione todo derecho –el derecho jurídico– que limite nuestra libertad" (1995c: 195), puesto que "la tarea fundamental que asignamos al Estado –lo que exigimos de él por encima de otras cosas– es que reconozca nuestro derecho a la libertad y a la vida y que nos ayude, si es necesario, a defender como un derecho propio nuestra libertad y nuestra vida". Pero lo anterior, recalca Popper, nos guste o no, es una tarea "paternalista", en términos de Kant (Popper, 1995c: 197). En efecto, "todo Estado contiene un momento paternalista o incluso varios momentos de este tipo: y éstos son incluso decisivos" (Popper, 1995c: 196). Pero, volviendo a la "navaja liberal", señala que "el Estado debe ser también tan poco paternalista como sea posible", aunque también reconoce que el "miniestado" (o el Estado mínimo del que hablan algunos liberales o neoliberales) es "un ideal lejano y utópico" y sólo un "principio regulativo", de nuevo, en un sentido kantiano (Popper, 1995c: 200). Y si Popper habla de todo ello es porque en esa época, finales de los años ochenta, se atacaba al Estado de bienestar porque parecía poner en peligro al más importante de los derechos humanos: "la libre autodeterminación, el derecho a hacernos felices o infelices a nuestra manera", pues nadie puede arrogarse el derecho de tener bajo su "tutela" a un adulto y privarlo de su libertad, "a no ser que –como también dice en La sociedad abierta y sus enemigos– un tercero esté amenazado" (1995c: 197). Precisamente, considera varios casos (por ejemplo, el uso del cinturón de seguridad en los autos, fumar en lugares públicos, consumir drogas, etc.) en los que el Estado debe limitar la libertad de los individuos en beneficio de estos mismos o de terceros, pues es responsable de que sus ciudadanos se expongan, sin habérselo aclarado, a peligros que no pueden evitar o juzgar (Popper, 1995c: 199).26 En conclusión, aunque idealmente un Estado liberal debe ser lo más pequeño posible e intervenir lo menos que se pueda, sin embargo, como su tarea es proteger a los individuos, debe cumplir funciones "paternalistas".

En la conferencia "¿En qué cree Occidente?" (que lleva por subtítulo "Robado del autor de La sociedad abierta"), también de 1988, apunta que "una economía de libre mercado es más eficiente que una economía planificada" o planificada centralmente por parte del Estado, como la que existía en los países del bloque socialista (Popper, 1995c: 277), pero, de igual forma, sostiene que "no hay que dejar al azar la lucha contra la pobreza, sino que [ésta] ha de considerarse una obligación elemental de todos" (1995c: 274), ya que "si no conseguimos hacer de la pobreza una excepción rara fácilmente podemos perder la libertad bajo la burocracia del Estado de bienestar" (Popper, 1995c: 277). Reconoce que, en algunos países, "la lucha contra la pobreza ha producido un Estado de bienestar con una burocracia monstruosa que engulle, por ejemplo, a los hospitales y a toda la profesión médica, con el resultado [.] de que [.] sólo una parte del dinero gastado en acciones de beneficencia beneficia realmente a quienes los necesitan". Sin embargo, remarca que aun cuando se critique al Estado de bienestar por estas razones (como sabemos que hacen los neoliberales), no debe olvidarse que esta clase de Estado "surge de una convicción moral sumamente humanitaria y admirable". En efecto, Popper sostiene que "nuestra época [y particularmente Occidente] cree en el principio de ofrecer a todos las mejores oportunidades de vida ('igualdad de oportunidades')", aunque también, con ello, se ha estimulado en las masas nuevas necesidades y la ambición de posesiones (Popper, 1995c: 274), lo cual constituye una de las principales presiones al Estado de bienestar. De nuevo, señala y reconoce algunos de los efectos indeseables del Estado benefactor, por ejemplo, "al convertir el derecho a la educación en un regalo para el estudiante, la sociedad lo ha privado de una experiencia singular" (1995c: 275).27 Pero también considera que la crítica a este tipo de Estado ha de orientarse a señalar "mejores formas de materializar" sus ideales (Popper, 1995c: 276), no al rechazo total de ellos.

En la "Primera entrevista" de 1991, con Giancarlo Bosetti, Popper repite algunos argumentos presentados en La sociedad abierta y sus enemigos respecto de la "paradoja de la libertad" (Popper, 2000: 55) y defiende el principio de "maximizar la libertad de cada uno dentro de los límites impuestos por la libertad de otros" (2000: 56). Y ante la pregunta acerca de cuál debe ser el equilibrio entre el mercado y la intervención estatal, contesta que "un mercado libre sin intervención no existe" y que "no puede existir", en principio porque "si no existe un sistema legal, no se puede tener un mercado libre": no habría diferencia entre comprar y robar (2000: 51).28 Finalmente, en la "Segunda entrevista" (1993) con Bosetti, realizada pocos meses antes del fallecimiento de Popper, éste se pregunta, "¿acaso el mercado no tiene sus reglas?" y responde que "entre todas las cosas de la vida habría caos si no introdujéramos reglas", lo cual, como hemos visto, no está en contra de la "sociedad abierta", sino que es una condición indispensable para su existencia (Popper, 2000: 81).

Todo lo cual confirma la idea de que, a pesar de que Popper reconoció los problemas del Estado benefactor, de bienestar o paternalista y aceptó algunas de las críticas neoliberales en contra de éste (principalmente, que da lugar a una burocracia excesiva, la cual ahoga la libertad y vida de los individuos que debería proteger), no abandonó la idea de que la principal función del Estado es proteger a los débiles y que, para ello, debe intervenir en la economía, pues un mercado libre sin ningún tipo de limitación no existe ni existirá nunca.

 

EL POPPER YA SUPERADO DE SOROS

Encontramos un apoyo a las ideas popperianas sobre la necesidad de un control político sobre la economía o los mercados en el libro de Georges Soros, La crisis del capitalismo global (publicado en 1998),29 en el cual, sin embargo, se pretende ir más allá de la idea popperiana de "sociedad abierta".30

Soros dice que, después de las crisis económicas que se dieron en todo el mundo a mediados y a finales de los años noventa (México, Tailandia, Rusia, Brasil, etc.) (Soros, 1998:13), se dio cuenta de que el marco conceptual con el que había operado hasta entonces, el liberal y en cierta medida popperiano,31 había dejado de ser válido, por lo que había que reformular el concepto de "sociedad abierta" (al que, en momentos, identifica con el de "democracia").32 La razón de ello es que Popper elaboró ese concepto para combatir a las sociedades cerradas, basadas en ideologías totalitarias, como las fascistas o comunistas (Soros, 1998: 12), es decir, fue válida antes del fin de la guerra fría (1998: 103), mientras que en la actualidad la principal amenaza para la sociedad abierta viene desde la dirección contraria: "la falta de cohesión social y la ausencia de gobierno" (1998: 12), el fundamentalismo económico o del mercado (1998: 22) y que corresponde a lo que antes he denominado globalización neoliberal (Soros encuentra su origen en los gobiernos de Reagan y Thatcher, 1998:139 y, su teórico, en Milton Friedman, 1998: 159): "se oponen a la intervención gubernamental en la economía" (1998: 262).

En efecto, el sistema capitalista global es una forma incompleta y distorsionada de la sociedad abierta (Soros, 1998: 23), es un peligro diferente de los anteriores, aun cuando hoy sea el mayor que existe para ella. Esto, reconoce Soros, puede sonar extraño, pues, para muchos teóricos liberales como Hayek, el mercado es una parte integral de la sociedad abierta (1998: 24).33 Sin embargo, el problema es que lo que existe actualmente es una economía (abierta) global (la cual es semejante a un imperio, aunque no territorial sino funcional), pero no una sociedad abierta (global) (1998: 19), es decir, le falta un contrapeso político democrático.

El fundamentalismo económico opera con el concepto newtoniano de equilibrio. En efecto, de acuerdo con esta visión, los mercados son como péndulos: a pesar de las fluctuaciones que puedan sufrir, si se los deja libres, finalmente tienden al equilibrio o a regresar al mismo lugar (1998:17). Según la teoría de la competencia perfecta, el mercado tendría un mecanismo automático de corrección de errores (mano invisible) (Soros, 1998: 229). Sin embargo, la verdad, dice Soros, es que los mercados son dados al exceso: tienden a la maximización de los beneficios y a la acumulación interminable (Soros, 1998: 29), por lo cual, más allá de cierto punto, nunca recuperarán por sí mismos su equilibrio (Soros, 1998:18).

Precisamente, entre los defectos del sistema capitalista global, Soros menciona la inestabilidad de los mercados financieros, producida por la libre circulación de los capitales especulativos y, sobre todo, las deficiencias del sector "no mercado" o el fracaso de la política y moral, es decir, la penetración del mercado (o del afán de lucro) en ámbitos que no le son propios:34 todas las interacciones sociales deben considerarse como transacciones (Soros, 1998: 14, 25 y 30).

Y, frente a ello, Soros propone la intervención de las autoridades financieras internacionales,35 pues los mercados son intrínsecamente inestables y necesitan supervisión y regulación: la disciplina del mercado debe ser complementada con la disciplina política (Soros, 1998: 17, 18 y 226).36

El Estado no se identifica con la sociedad y debe servir a ésta. Sin embargo, el poder de los Estados de "mantener el bienestar de sus ciudadanos se ha visto gradualmente reducido por la capacidad del capital para eludir los impuestos y de las onerosas condiciones de empleo trasladándose de un lugar a otro" (Soros, 1998:143 y 259).37

Como se mostró en la sección anterior, Popper sí tuvo en cuenta desde La sociedad abierta y sus enemigos, pero, sobre todo, en sus últimos escritos, el riesgo que constituía el fundamentalismo económico o neoliberal, aunque no lo denominó así. Además, aunque es verdad que resulta muy pertinente la revisión del concepto de "sociedad abierta", a la luz de los sucesos actuales,38 lo que propone Soros (la intervención política de la economía internacional) es compatible con lo que propuso Popper, aunque no todo lo que dice –ni mucho menos todo lo que hace– queda justificado por la filosofía popperiana.

En esta sección, he pretendido mostrar que la idea de que lo que plantea Popper fue cierto en algún momento, ya es equivocada. De cualquier manera, no deja de ser interesante y digno de considerarse que un especulador financiero, que en apariencia debería estar feliz con la globalización neoliberal, haga críticas a ésta.

 

CONCLUSIONES: REPENSAR LA TRADICIÓN LIBERAL

Si se entiende por neoliberalismo el predominio de la economía sobre todas las actividades sociales, incluida la política, el abandono de la economía al libre juego de las fuerzas del mercado, la no intervención del Estado en ella y el total rechazo al Estado benefactor, paternalista, etc., entonces, es claro que Popper no fue un neoliberal sino, al contrario, un crítico de esta postura.

Popper considera que, desde el punto de vista humanista, individualista, igualitario y liberal (que para él son lo mismo), la tarea fundamental de los Estados (así como de las organizaciones internacionales) es la protección de la libertad de los individuos, sobre todo, de los débiles. Pero señala que esto implica, de forma paradójica, aceptar que la libertad personal sea limitada por el Estado, ya que si esto no ocurriera la libertad de cada uno se vería anulada por la de los otros. Así, los límites de la libertad individual se fijan cuando hay un posible daño a terceros. Por ello, un "libre mercado", sin ningún tipo de restricción, no sólo sería peligroso para la libertad individual, sino, simplemente, sería una ilusión.

Si bien es cierto que todo liberal quiere ser gobernado lo menos posible (navaja liberal) y, en ese sentido, ve al Estado como un "mal necesario", un auténtico liberal, nos dice Popper, no se opone al Estado interventor, protector, etc., sino que lo ve como la consecuencia lógica de los principios liberales y democráticos.

Frente a la "impotencia de la política" que propugnan los neoliberales, Popper está seguro de que la política no sólo puede, sino que debe intervenir para controlar la economía y para garantizar la educación, la salud pública y demás, de todos los individuos. Por tanto, se equivocan tanto los apologistas neoliberales como sus críticos antineoliberales cuando consideran a Popper uno de los "padres" o "principales teóricos" del neoliberalismo: sin duda, éste reconoce algunos de los problemas que trae consigo el Estado de bienestar o paternalista: fundamentalmente, un exceso de burocracia que puede ahogar la vida y libertad individuales y dar lugar a desigualdades; pero, de todas formas, considera que esto no implica renunciar al objetivo moral que se busca alcanzar con dicho sistema (a saber, reducir el dolor y el sufrimientos innecesarios) y que, más bien, lo que tenemos que hacer es encontrar los mejores medios (tecnológicos y de ingeniería) para acercarnos a ella.

A pesar de la terminología empleada (social engineering or technology), que puede confundirse con una postura "tecnocrática" que reduce la política a un asunto de encontrar los mejores medios para alcanzar fines que se consideran dados e incuestionables (los del sistema existente, capitalista e injusto), Popper sostiene que se puede discutir racionalmente sobre dichos fines y que el principal de éstos es proteger la libertad de los individuos cuando no daña a terceros.

Desde luego, el contexto en el que fue escrito el libro La sociedad abierta y sus enemigos (la segunda guerra mundial39) es diferente del de los escritos citados en la última sección de este artículo (en los años cincuenta, la posguerra y la guerra fría, y los años ochenta y noventa, la caída de "socialismo real"). Así, mientras que en La sociedad abierta y sus enemigos Popper puso el énfasis en las consecuencias negativas de dejar la economía al libre juego de las fuerzas del mercado (la destrucción de la libertad individual, sobre todo, de los débiles y las minorías indefensas),40 en los escritos posteriores se concentró en las consecuencias no deseadas ni deseables del Estado de bienestar (el peligro de una burocracia excesiva que destruya la iniciativa individual). En ambos casos buscó mostrar que la limitación de la libertad individual por parte del Estado no va en contra de la "sociedad abierta", la democracia o el liberalismo, sino que es, a la vez, una consecuencia y condición necesaria de ellos.41

Pero, se preguntará alguien, ¿qué importancia tiene que Popper realmente no sea el "padre" del neoliberalismo o uno de sus principales "teóricos"? Precisamente, que la base teórica de esta tendencia económica y política es más débil de lo que creen tanto sus apologistas como sus críticos y que no tiene ninguna relación con el pensamiento genuinamente liberal, sino que es lo opuesto a él, ya que el Estado interventor, proteccionista, benefactor y paternalista no es incompatible con los principios liberales, sino una consecuencia lógica y necesaria de ellos.

Y también significa que quienes se oponen al neoliberalismo se privan de valiosos recursos teóricos al catalogar de "neoliberales" a pensadores (como Popper, pero también muchos otros) que realmente no lo son sino que, por el contrario, son críticos de esta postura y que, además, desperdician sus propios recursos atacando a hombres de paja y creyendo que los han refutado de forma definitiva.

Aunque, como ya hemos visto por lo que nos dice Popper y por lo que sabemos gracias a la historia mexicana, especialmente la del siglo XIX, el genuino liberalismo busca una sociedad más justa e igualitaria.

 

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NOTAS

1 En algunos países latinoamericanos se ha criticado desde los años ochenta el "Estado grande" o el "ogro filantrópico" (Octavio Paz, 1979) por ser fuente de ineficiencia e injusticia y obstáculo a la modernización, pues —aseguran los apologistas del neoliberalismo— la excesiva reglamentación y la creciente burocracia hacen de las instituciones estatales paquidermos ineficientes y corruptos que absorben recursos a través de subsidios, provocan déficit gubernamental e inflación y, además, al usurpar las funciones que les corresponden a los particulares, se convierten en monopolios que inhiben la inversión y el desarrollo económico.

2 En 1991 Vargas Llosa decía que "los países pueden elegir no sólo ser libres, sino también ser prósperos"; en efecto, "gracias a la internacionalización [lo que hoy se conoce como globalización] de la vida, a la internacionalización de los mercados, de las empresas, de las ideas, de las técnicas [... ] todos los países pueden alcanzar la prosperidad". Vargas Llosa menciona el caso de países asiáticos como Singapur que aprovecharon la "internacionalización", "se abrieron enteramente al mundo" y "crearon unas posibilidades para que la iniciativa individual se ejerciera sin límites", en breve, "crearon unas economías de mercado genuinas" que "hoy día incluso compiten con los países más poderosos de la tierra" (Vargas Llosa, 1995: 228).

3 Popper reconoce que quizá el uso de los términos "intervencionismo" o "proteccionismo" no es muy afortunado, pues se emplean frecuentemente para describir "tendencias contrarias a la libertad", por eso, aclara, el "proteccionismo político" que propone y defiende es diferente de lo que normalmente se entiende por ello en la economía: "la política de protección para ciertos intereses industriales en contra de la libre competencia". Pero también es distinto de "la exigencia de que los funcionarios del Estado establezcan una tutela moral sobre la población", es decir, el "moralismo" (Popper, 1992: 116).

4 Según el cual las teorías para ser científicas deben ser "falsables" de forma definitiva (debe existir la posibilidad de que sean falsas) y que si son falsadas, entonces deben ser automáticamente rechazadas. Por razones de espacio no voy a discutir la tesis de que la filosofía de la ciencia de Popper es la epistemología o la concepción de la ciencia que subyace al neoliberalismo ni tampoco que la filosofía de la ciencia popperiana se reduce al falsacionismo ingenuo.

5 "El sistema neoliberal [...] presupone, pues, una filosofía no valorativamente neutra, que tiene como uno de sus componentes más importantes una particular concepción de la ciencia [...] Tal concepción de la ciencia es la propia de Karl Popper" (Gómez, 1995: 99).

6 Gómez busca demostrar que "es falso que la tradición económico–política neoliberal está sustentada por la única versión correcta y aceptada del conocimiento científico" (1995: 109).

7 El autor de Neoliberalismo y seudociencia sostiene que "el falsacionismo popperiano, si bien es vastamente discutido teóricamente, casi no se aplica en la práctica económica" (Gómez, 1995: 151), pues no sirve para dar cuenta de los complejos fenómenos económicos reales ni del proceder efectivo de la ciencia económica (Gómez, 1995: 154).

8 La crítica de Gómez a Popper se sitúa en la misma línea de Habermas: reducción de la racionalidad a la racionalidad instrumental. En efecto, se puede resumir la crítica de Gómez diciendo que, según él, la filosofía de Popper le otorga a la razón un "carácter meramente instrumental", es decir, que en ella "queda fuera de toda discusión la racionalidad de los objetivos o fines que las teorías pretenden alcanzar" (Gómez, 1995: 75) y, por el contrario, presupone acríticamente los fines como dados ya que, en realidad, el único fin que acepta es "la verdad" (Gómez, 1995: 76).

9 Gómez reconoce que Popper acepta cierta intervención del Estado en la economía (de hecho en esto se distingue su "neoliberalismo" del antiguo liberalismo), siempre y cuando no limite la libre competencia. El problema que este autor ve es que Popper nunca aclara cuándo es permisible dicha intervención o de qué manera concreta puede evitarse que la competencia económica degenere (Gómez, 1995: 179).

10 Aunque Gómez es cuidadoso al señalar que "no estamos diciendo que de una filosofía de la ciencia se sigue necesariamente una política o una línea económica" y que tampoco "hacemos a los filósofos en cuestión [como Popper] responsables de todo lo que acaezca a nivel político–económico" (Gómez, 1995: 13).

11 Como se sabe, Popper rechaza el esencialismo (essentialism), esto es, las preguntas acerca de la esencia o naturaleza de algo o sobre el significado o el uso de las palabras. Por ello, en lugar de plantearse e intentar responder la pregunta "¿Qué es el Estado o cuál es el significado de la palabra 'Estado'?", se plantea, en el lenguaje de las exigencias y propuestas políticas (language of political demands and proposals), las preguntas: ¿qué es lo que se exige del Estado?, ¿cuál es su objetivo?, ¿por qué le preferimos? (Popper, 1992: 114).

12 "No puede ponerse en tela de juicio la injusticia e inhumanidad del 'sistema capitalista' que nos describe Marx", reconoce Popper (1992: 305), es decir, a pesar de sus críticas, considera que la principal virtud de Marx fue su "humanismo".

13 Según Popper, los orígenes del "Estado interventor" se hallan en el sofista Licofrón (véase Aristóteles, 2000, III 9, 6 y 12) y la República de Platón constituye "una tentativa deliberada de sofocar las tendencias igualitarias, individualistas y proteccionistas de la época para restablecer los principios del tribalismo (tribalism) sobre la base de una teoría moral totalitaria" (Popper, 1992: 123).

14 En los notas finales de La sociedad abierta y sus enemigos dice que "la llamada paradoja de la libertad postula que la libertad, en el sentido de ausencia de todo control restrictivo, debe conducir a una severísima coerción, ya que deja a los poderosos la libertad para esclavizar a los débiles" (Popper, 1992: 511).

15 Como dijo un juez en Estados Unidos: "el límite de tu libertad de mover los puños como mejor te parezca es la nariz de tu prójimo".

16 Somos nosotros, dice Popper, en la democracia, quienes tenemos la llave para mantener a buen recaudo a los "demonios" del capitalismo sin trabas y del intervencionismo excesivo (Popper, 1992: 309).

17 Por otro lado, en el hecho de que Popper hable de una "tecnología" o "ingeniería" social parece encontrarse la confirmación de que su filosofía política es una expresión de la tecnocracia, el conservadurismo o, al menos, el reformismo, que le conviene al neoliberalismo. Precisamente, en La miseria del historicismo Popper señala que las expresiones "tecnología social" e "ingeniería social" provocarán "sospechas, y repelerá[n] a ciertas personas porque les recordará los 'modelos sociales' de los planificadores colectivos, o quizá, incluso, de los 'tecnócratas'" (Popper, 1992: 72). De hecho, fueron cuestionadas por Hayek, pues parecen suponer que todo el conocimiento disponible se puede concentrar (en la cabeza del planificador) (Popper, 1992: 78).

Sin embargo, "ingeniería social" en el sentido popperiano significa planificación racional de las instituciones políticas con el fin de favorecer la libertad y el bienestar de los seres humanos individuales. En efecto, Popper dice: "dejemos a los cultores del Estado que lo sigan adorando, pero exigimos que se les brinde la oportunidad a los tecnólogos institucionales [...] de mejorar el engranaje interior del Estado" (Popper, 1992: 118).

18 La ética de Popper corresponde a un "utilitarismo negativo", cuyo fin no es la máxima felicidad para el mayor número (como el utilitarismo tradicional o "positivo"), sino reducir los sufrimientos y el dolor innecesarios.

19 Popper señala que no hay que confundir o identificar al individualismo con un personalismo antiinstitucional o el egoísmo, ya que "un individuo puede ser generoso, dedicándose no sólo a ayudar a los demás individuos, sino también a desarrollar medios institucionales destinados a favorecer a la gente" (Popper, 1992:512). Y que el "egoísmo colectivo" tampoco debe ser confundido con la generosidad (1992: 505).

20 En "Revolución o reforma?", Popper dice que el socialismo convierte "al Estado en una carga exagerada" y hace a la burocracia "demasiado poderosa frente a los ciudadanos" y que, por eso, ya no cree, como en su juventud, cuando se consideraba a sí mismo socialista, "que pueda aunarse el socialismo con la libertad" (Marcuse y Popper, 1976: 35).

Sin embargo, concuerdo con Brian Magee, filósofo y político laborista inglés en que la filosofía de Popper puede ser retomada desde una perspectiva de izquierda (1994: 114).

21 Según Popper, "las exigencias del humanitarista, del igualitarista y del individualista no difieren gran cosa", ya que todos ellos dicen: "lo que exijo del Estado es protección, no sólo para mí sino también para los demás" (Marcuse y Popper, 1976: 115).

22 Particularmente, dice Popper, "no deben invocarse a la ligera los intereses del Estado para defender medidas que puedan poner en peligro la más preciosa de todas las libertades: la libertad intelectual" (Popper, 1992: 134).

23 En la entrevista Sociedad abierta, universo abierto, Popper dice que la anarquía es "la ausencia de gobierno" y que, en efecto, la idea de libertad conlleva ser gobernado lo menos posible, pero que la anarquía es una exageración de esta idea, pues "la libertad de cada particular deber ser limitada en caso de que queramos vivir en comunión" (Popper, 1997b: 27).

24 Es verdad que hasta el final de su vida Popper creyó que las "democracias occidentales" eran "el mejor de los mundos existentes" (cosa muy diferente del "mejor de los mundos posibles"). De hecho, en La sociedad abierta y sus enemigos afirma que "desde el punto de vista proteccionista, los Estados democráticos existentes, aunque lejos de ser perfectos, representan una considerable conquista" (Popper, 1997b: 118).

25 Aunque es cierto que Popper está en contra del "capitalismo sin trabas" y reconoce que el intervencionismo estatal es necesario, también acepta que "el intervencionismo es en extremo peligroso" (Popper, 1997b: 310), ya que puede conducir "al aumento del poder estatal y la burocracia" y, con ello, amenazar a la democracia (1997b: 364). En efecto, la intervención económica, "aun mediante los métodos graduales", como la que propone Popper, "tiende a acrecentar el poder del Estado" (1997b: 310).

De esta forma, existe igualmente una "paradoja de la planeación" (paradox of planning): "si planificamos demasiado, si le damos demasiado poder al Estado, entonces perderemos la libertad", es decir, "si descuidamos por un momento nuestra vigilancia y no fortalecemos nuestras instituciones democráticas, dándole, en cambio, cada vez más poder al Estado mediante la 'planificación' intervencionista, podría sucedemos que perdamos nuestra libertad" (Popper, 1997b: 310–311).

26 Otra función paternalista del Estado es la defensa nacional, la cual, idealmente, no debería existir (Popper, 1995c: 199), pero, en todo caso, "un Estado que está obligado a la defensa nacional tiene que controlar la capacidad de defensa de los ciudadanos y, por ello, también su salud. Sí, incluso tiene que controlar la economía hasta cierto punto, pues debe tener preparadas gran número de provisiones, y la técnica de circulación y la técnica de señales y muchas otras cosas" (Popper, 1995c: 200).

27 Popper también considera que la "única" manera de superar la pobreza es "mediante el esfuerzo individual" y que la ambición personal es "el medio más prometedor para contrarrestar uno de los rasgos más cuestionables de un Estado de bienestar: el crecimiento de la burocracia y su creciente tutela del individuo" (Popper, 1995c: 276).

28 Respecto de la televisión dice que "la libertad depende de la responsabilidad" (Popper, 2000:54) y que "el libre mercado es muy importante pero no puede ser absolutamente libre como ninguna otra cosa lo es" (2000: 55), por lo cual se pronuncia a favor de un control de la televisión, pero no tanto por el Estado sino por comités formados por personas que trabajen en ese mismo medio. En efecto, "el Estado de derecho exige la no violencia, y si no nos olvidamos de esto, entonces la ley tendrá que interferir más en áreas como la publicación y la televisión" (2000: 56), pues, según él, la televisión produce violencia. En "Una patente para producir televisión", también sostiene que no puede existir ningún poder ilimitado en la democracia, así que se pronuncia por una política estatal intervencionista y proteccionista en ese campo.

29 Este libro es una extensión de un discurso que presentó Soros ante el Congreso de Estados Unidos el 15 de septiembre de 1988. Después publicó Open Society: Reforming Global Capitalism (2000) y Georges Soros on Globalization (2002).

30 Soros entiende por "sociedad abierta" una forma de organización social que reconoce que nadie posee la verdad definitiva, sino que somos imperfectos, aunque susceptibles de mejora (1998: 11).

31 Soros, de origen húngaro (1930), estudió economía en la London School of Economics y se graduó en 1952, cuando Popper era profesor de esa institución. En 1969, creó sus "fondos de cobertura" o de "rendimiento" (Soros, 1998: 56) dedicados a obtener ganancias por medio de la especulación financiera. En 1992 ganó mil millones de dólares debido a la caída de la libra inglesa y, por ello, se lo conoce como "el hombre que quebró al Banco inglés". Actualmente, su fortuna se calcula en cerca de diez mil millones de dólares.

32 Las ideas de Soros no sólo pretenden ser una variante del modelo del método científico de Popper para su uso en los mercados financieros (Soros, 1998: 53), sino que, también, se basan en su cosmología (el indeterminismo o el universo abierto) y en la teoría del caos (1998: 90).

33 De hecho, sabemos que la economía de mercado puede y ha estado asociada a regímenes políticos no democráticos (Soros, 1998: 245).

34 En 1979, "cuando había ganado más de lo que podía necesitar" (Soros, 1998:12), Soros creó la Open Society Foundation, institución "filantrópica" cuyo fin era abrir las sociedades cerradas, ayudar a las sociedades abiertas y fomentar el pensamiento crítico. En concreto, busca abordar el "desafío a la intromisión de los valores del mercado inadecuadas; tratamiento de las consecuencias inadvertidas o buscadas de políticas quizá bien intencionadas; tratamiento de las desigualdades en la distribución de la riqueza y los beneficios sociales que surgen del fundamentalismo del mercado" (Soros, 1998: 266). El problema es cómo traducir esto en "acciones concretas" (1998:265), lo cual se pretende lograr apoyando financieramente a distintos programas y organizaciones específicas (1998: 268). La fundación gasta cerca de cuatrocientos millones de dólares anualmente. Soros se propuso emplear su reputación financiera para difundir las ideas sobre la sociedad abierta (1998: 242). En La crisis del capitalismo global justifica esto diciendo que "sólo quienes triunfan en la competencia están en condiciones de instituir en los términos en que se lleva a cabo la competencia" (1998: 240).

En los últimos años gastó cerca de doce millones de dólares para evitar que Georges W. Bush se reeligiera, pues éste había optado por el realismo geopolítico, según el cual la base de todo es el interés egoísta, de los individuos o los Estados, que conduce a un darwinismo social o histórico: la sobrevivencia del más fuerte, es decir, traslada el liberalismo fundamentalista a las relaciones internacionales (Soros, 1998: 296). Pero uno de sus principales errores es no reconocer el altruismo y la cooperación (1998: 259).

Algunos acusan a Soros de ser el hermano incómodo de Bush: en el fondo buscan lo mismo, mantener el sistema capitalista global, pero difieren de los medios (por medio de la intervención de autoridades financieras internacionales y de organismos "filantrópicos" como el suyo, que hagan que los beneficios económicos no sólo fluyan de la periferia al centro, sino también en sentido inverso, Soros busca impedir que el sistema se destruya a sí mismo).

35 Un ejemplo que ofrece Soros de esto es el papel que tiene la Reserva Federal en la economía de los Estados Unidos o, en general, los bancos centrales.

36 Soros se opone, como Popper, a los cambios revolucionarios o a la ingeniería utópica y prefiere las medidas graduales o la ingeniería no sistémica (Soros, 1998: 257).

37 Soros no sólo se opone al reduccionismo, naturalismo, etc., en las ciencias sociales —que deban seguir los métodos de las ciencias naturales, principalmente la física, concebidas de modo determinista, mecanicista, etc. (1998: 61)—, sino que opina que "ni siquiera con la mejor voluntad del mundo podemos encajar los fenómenos reflexivos en el molde del modelo de Popper" (1998: 76). En efecto, según él, la filosofía de la ciencia de Popper es inaplicable a las ciencias sociales, debido a la reflexividad de éstas o a que forman parte del objetivo de estudio, por lo cual pueden influir sobre éste (1998: 43) e, incluso, crearlo; además, tratan de procesos temporales e irreversibles y suponen agentes pensantes. En efecto, los actores financieros actúan sobre la base de un conocimiento imperfecto y su interacción con los demás es reflexiva (1998: 93). Sin embargo, Soros se olvida de la lógica de la situación que, según dice Popper en La miseria del historicismo y La sociedad abierta y sus enemigos, no sólo es el método propio de las ciencias sociales sino, especialmente, el de la economía teórica. Esto último tómese como un ejemplo de que Soros no siempre interpreta correctamente la filosofía de Popper y que sus ideas no son una simple extensión de las de éste.

38 En realidad, la situación mundial actual es muy diferente de la de hace cinco años: parece ser que las potencias, los organismos internacionales y los propios Estados nacionales aprendieron la lección.

39 En Búsqueda sin término Popper dice que La sociedad abierta y sus enemigos fue su "contribución a la guerra" (Popper, 1994: 153).

40 Además, claro está, el peligro de los Estados totalitarios, tanto de derecha como de izquierda: los supuestamente "comunistas" y los fascistas.

41 Popper aclara que la "sociedad abierta" no es una forma de gobierno o Estado, sino "un tipo de convivencia en la que la libertad de los individuos, la no violencia, la protección de las minorías y la defensa de los débiles constituyen unos valores primordiales" (Popper y Lorenz, 1992: 190).

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