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Polis

Print version ISSN 1870-2333

Polis vol.7 n.2 México Jan. 2011

 

Reseñas

 

Elecciones y partidos políticos en México, 2009

 

Citlali Villafranco Robles*

 

Manuel Larrosa Haro y Javier Santiago Castillo, coords., México, UAM-I, 2011, 572 pp.

 

* Integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Licenciada y maestra por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Correo electrónico: <villafrancoc@hotmail.com>.

 

Este libro reúne 23 capítulos que, divididos en tres secciones, revisan diferentes aspectos de las elecciones federales y locales. Se trata de un análisis que se enriquece con múltiples miradas y que, como en un caleidoscopio, revela los claroscuros del fenómeno electoral en una coyuntura particular.

La entrega número nueve de la serie "Elecciones y partidos políticos en México", del Centro de Estudios de la Democracia y Elecciones de la UAM-I, ofrece información que usa fuentes de primera mano, útil para las tareas de investigación. Los autores, además, agregan elaborados análisis e interesantes hipótesis sobre los resultados electorales de 2009.

Prácticamente todos los autores coinciden y confirman opiniones que hoy ya son generalizadas:

1. El balance general de la Reforma Electoral de 2007-2008 es positivo, pues cumplió con uno de sus objetivos al reducir el costo de los procesos electorales y aumentar las posibilidades de fiscalización del Instituto Federal Electoral.

2. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue el gran ganador de las elecciones federales y locales de 2009. El presidente de la Republica y el Partido Acción Nacional (PAN) resultaron los grandes perdedores, ya que la fracción parlamentaria de este partido en la Cámara de Diputados decreció y perdió importantes espacios en el ámbito subnacional. El otro gran perdedor fue el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que quedó relegado a un muy lejano tercer lugar.

3. Estos resultados hacen urgente el desarrollo de investigaciones que expliquen los cambios en las preferencias electorales de los votantes mexicanos, pues aunque los autores coinciden en señalar que la crisis económica mundial, así como el aumento de la inseguridad y los malos resultados de la guerra contra la delincuencia, constituyen elementos que se deben tener en cuenta al examinar el cambio de preferencias electorales, también destacan que las razones explicativas son múltiples y pueden responder a dinámicas locales.

4. El accidentado proceso electoral de 2006 desgastó la confianza en los órganos electorales y distanció a importantes sectores de la población de los partidos políticos. Esto se expresó en las elecciones de 2009 en la campaña a favor del voto en blanco, lo que quedará como un rasgo de este proceso electoral.

En la primera sección del libro se agrupan los trabajos que hacen el análisis general de los procesos electorales de 2009. Alejandro Favela recuerda la importancia de estas elecciones para evaluar a los partidos políticos y al conjunto del sistema. Las elecciones intermedias "tienen una importancia capital para los partidos políticos, pues en función de los resultados electorales que en ellas obtengan, será la cuantía de recursos financieros a que podrán acceder para financiarse durante los tres años subsecuentes y que llevan implícitos los trabajos previos y de campaña para la elección presidencial" (p. 20).

Explica las preferencias electorales a partir de la identificación partidista. Postula una hipótesis que contradice la opinión generalizada de que el PRI ganará las elecciones de 2012: sostiene que el repunte a favor del PRI no implica necesariamente que esté en mejor posición para competir en las elecciones federales de 2012, sino solamente que va a contar con un mayor financiamiento público (p. 22).

Pablo Javier Becerra ofrece una interesante síntesis de los resultados de la elección federal y de las 13 elecciones locales de 2009. Puntualiza que los resultados colocan al sistema de partidos mexicano en una confrontación bipartidista PRI-PAN. Además de las elecciones federales, su diagnóstico acerca de la evolución hacia el bipartidismo se basa en que el PRD resultó la tercera fuerza en Nuevo León, San Luis Potosí y Sonora, y la cuarta fuerza en Colima. En Campeche y Querétaro incluso fue superado en el cuarto puesto por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Además, ofrece tres conclusiones interesantes: el grado de implantación del PAN es muy bajo; el aumento en el umbral de votación para conservar el registro como partido político nacional no impactó mayormente a los partidos minoritarios, pues solo el Partido Socialdemócrata (PSD) perdió su registro; la gran sorpresa fue el voto nulo, que en el ámbito nacional llegó a 5.4% y en el Distrito Federal alcanzó un sorprendente 10.9%.

La importancia del voto nulo es abordada por Alfonso León Pérez, quien analiza las posturas de las organizaciones civiles en el proceso electoral de 2009: por un lado, el papel tradicional como observadores electorales y, por otro, la convocatoria al voto en blanco como protesta contra el sistema de partidos. Esta protesta tuvo gran aceptación, en especial entre los jóvenes, lo que pone de relieve el creciente descontento con el sistema de partidos y con las formas de representación. Por ello, señala la urgencia de implementar mecanismos adicionales de participación ciudadana.

Acerca de la justicia electoral mexicana, Luis Medina Torres concluye que durante 2009 el comportamiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación fue adecuado; en cuanto al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), responde a la crítica que se le ha hecho a la justicia electoral mediante la siguiente afirmación: "Los partidos abominan la judicialización, pero ellos mismos la provocan, ya que no son capaces de dirimir sus diferencias internas mediante procedimientos políticos" (p. 47).

El trabajo de Javier Santiago, "El financiamiento a los partidos políticos en la nueva reforma electoral", analiza dos de los aspectos centrales de la reforma de 2007-2008: la reducción del gasto en las campañas electo rales y el fortalecimiento de las atribuciones de la autoridad para favorecer la fiscalización. Santiago concluye que esta reforma resultó exitosa, pues con "la nueva fórmula se logró evitar el crecimiento exponencial del financiamiento público" (p. 195); lo que se corresponde con el cambio de modelo de propaganda electoral y la reducción de los tiempos de campaña.

Para disminuir aún más el financiamiento público a las campañas electorales, plantea dos vías alternas: reducir el porcentaje de salario mínimo sobre el que se realizan los cálculos, para pasar de 65% a 50%, lo que conduciría a que el efecto multiplicador disminuyese; hacer los cálculos a partir del número total de ciudadanos que asistieron a las urnas y no del listado nominal. Estas propuestas que, sin duda, abaratarían de forma sustancial las campañas, merecen una revisión pues no se trata solo de disminuir el financiamiento sino evitar privilegios.

En la segunda sección de esta obra se analiza a los partidos políticos que participaron en las elecciones de 2009. Para Francisco Reveles, la elección de ese año era más importante para el PAN. Por esto, el proceso de mayor relevancia que vivió este partido "fue la fuerte influencia del titular del Poder Ejecutivo en su vida interna". Con la llegada de jóvenes a la dirección del PAN, "la toma de decisiones en el CEN [Comité Ejecutivo Nacional] quedó en manos de los dirigentes afines al presidente" (p. 83); "la vida interna del partido quedó supeditada al Ejecutivo, la dimensión electoral fue más importante que la dimensión organizativa. El problema fue que para ganar las elecciones se necesitaba del partido" (p. 85). Según Reveles, en el PAN "los resultados electorales revelaron el estancamiento organizativo".

En contraste, Javier Oliva Posada manifiesta que en el PRI, a partir de los resultados de 2006, "la divisa de la unidad partidista ha gravitado más como una consigna para convertirse en un objetivo protagonizado por la persona del potencial candidato" (p. 104). De acuerdo con Oliva, en la elección de 2009 la victoria la obtuvo el partido mejor implantado en el terreno. "Fue un elección de estructuras partidistas con real capacidad de movilización". Extrae una interesante conclusión, con la que varios autores que trabajaron las elecciones estatales coinciden: "El riesgo de la derrota es más próximo cuando se deja de lado la solidaridad y compromiso intrapartidista... a la luz de los resultados de 2009 existen reales condiciones de que el PRI, el PAN o el PRD como gobiernos estatales pierdan cuando enfrentan desunión o conflictos internos" (p. 112).

Los triunfos del PRI y las derrotas del PRD confirman esta hipótesis. Para María Teresa Ramírez, la recuperación del PRI fue a costa de los votos del PAN y del PRD, pues el "PRD solo conservó su mayoría en seis entidades, mientras que en 19 no llegó ni al 10% de los sufragios y en 15 de estos su porcentaje está por debajo del PVEM, en tres más quedó por abajo del PT [Partido del Trabajo] y Convergencia" (p. 144).

Los conflictos que enfrentó el PRD, en particular en el Distrito Federal, merecieron la atención de Manuel Larrosa. En dos capítulos, escritos en coautoría con Cecilia Hernández y Emilio García, estudia los problemas internos en la elección de la dirigencia nacional y de los candidatos a puestos de elección popular, los cuales llegaron a tal grado que hicieron imposible su resolución por la vía política. Entonces, una de las partes buscó la intervención del TEPJF. Esto profundizó la división interna, por lo que el partido llegó a las elecciones con una organización debilitada.

Frente al desencanto ciudadano con los partidos políticos que se expresó mediante el voto nulo, Enrique Cuna presenta la siguiente hipótesis:

... los partidos políticos emergentes podrían constituirse en interlocutores de las demandas ciudadanas no representadas por los partidos grandes. Esta posibilidad se desperdicia por la política de alianzas que garantiza su sobrevivencia. La pérdida del registro del Partido Socialdemócrata ratifica la conveniencia de esta política y la inviabilidad de competir solos. Los partidos emergentes que conservaron su registro definieron su estrategia con dos metas claras: mantener su registro —con las consecuentes prerrogativas asignadas-, y convertirse en fuerzas determinantes para la conformación de mayorías en el Congreso (p. 153).

En la tercera parte del libro están los capítulos que se ocupan de las elecciones locales. Esta sección es la más sugerente de toda la obra, pues contiene tal cantidad de información y líneas de investigación que sería imposible reseñarlas en unas cuantas cuartillas. Los textos fueron elaborados por investigadores de las entidades donde se llevaron a cabo las elecciones, y sus conclusiones se fundan en la comprensión de la situación política y social, lo que les da una mayor solidez. Esta es una sección útil tanto para los investigadores de asuntos electorales, como para quienes empiezan a interesarse en estos temas.

Por la riqueza de los materiales me concentraré en las seis entidades que tuvieron elecciones para gobernador: Campeche, Colima, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora. En cinco casos ganó el PRI, mientras el PAN únicamente ganó en Sonora. En las seis entidades ambos partidos se situaron en el primero o segundo lugar.

En el proceso electoral local de Campeche se eligió gobernador, 21 diputados locales, 11 ayuntamientos y 20 juntas municipales. Esta es una de las entidades en las que no ha habido alternancia en el Ejecutivo local. "Un solo partido ha mantenido un electorado cautivo y con fuerte identificación partidista" (p. 212). En estos resultados también influye que se mantienen prácticas de compra y coacción del voto, junto con dádivas y prebendas materiales del partido entregados a escasos días de la elección. De acuerdo con Alberto Escamilla, el triunfo del PRI en Campeche se explica por la situación del PAN y el PRD: "Un factor sustancial en la correlación de fuerzas políticas en el estado de Campeche era la influencia política que ejercía la familia Mouriño. Con la muerte del ex Secretario de Gobernación, en noviembre de 2008, esta influencia se vio mermada" (p. 214). La situación del PRD no fue mejor pues concurrió a la elección sin candidato a gobernador.

El PAN y el gobierno federal estaban muy interesados en los resultados de esa entidad. El periodo de campañas electorales estuvo marcado por acusaciones de desvíos de recursos federales a favor del PAN. Esta acción fue contrarrestada por los recursos estatales a favor del PRI, el cual ganó la gubernatura del estado, y 17 de las 21 diputaciones locales en disputa; el PAN se quedó con las restantes cuatro. El PRD no obtuvo, obviamente, ninguna. "El gobernador de Campeche tendrá en el congreso local mayoría absoluta, Campeche es de las pocas entidades donde no hay gobierno dividido", señala Escamilla.

Colima es otro caso de gobierno unificado dominado por el PRI en el Ejecutivo, en el congreso local y en la mayoría de ayuntamientos. Mariana Hernández y Karen Palomino señalan: "En Colima todos los partidos vivieron con dificultad sus procesos de selección. Se presentaron acusaciones severas de candidatos involucrados con el narcotráfico tanto del PAN como del PRI" (p. 335). Pese a estas acusaciones, el PRI fue el gran ganador: obtuvo la gubernatura, y se le asignaron, por ambos principios de elección, 14 legisladores, siete al PAN y tres a Nueva Alianza. EL PVEM, PRD y PSD no alcanzaron escaños.

Las elecciones que ratifican la afirmación de que el gran ganador de 2009 fue el PRI son las de Nuevo León y Querétaro. En Nuevo León se celebraron elecciones para renovar la gubernatura, 42 diputaciones y 51 alcaldías. El ganador fue el PRI que, en alianza con el PVEM, y los partidos locales Cruzada Ciudadana y Partido Demócrata, obtuvo 49% de la votación, mientras que el PAN llegó a 43% y el PRD apenas a 3.4%.

Marta Gloria Morales argumenta que la derrota del PAN en Querétaro era inesperada pues gobernaba desde 1997, con mayoría en el Congreso y en las presidencias municipales. Para explicar esta situación aventura una hipótesis interesante: "Con altos niveles de competitivi-dad y estrechos márgenes de victoria, los elementos coyunturales definen los resultados electorales" (p. 468).

Uno de los factores coyunturales fue el peso de la situación interna de los partidos políticos: "Los panistas confiaron en que la elección de 2009 sería una ratificación de su fuerza electoral en el estado y por lo tanto que los procesos internos eran prácticamente definitivos. Esto propició que la lucha por las candidaturas al interior del PAN fueran tan agresivas como si fueran constitucionales y mostraron un partido no solo dividido sino muy lastimado y polarizado" (p. 471). A esto hay que sumar que "el candidato a la gubernatura fue criticado por corrupción en obras municipales y por nepotismo". En cambio, el "PRI logró que el proceso interno no solo para gobernador sino también para presidentes municipales no generara rupturas públicas muy evidentes" (p. 477); mientras, el PRD sumó a la debilidad derivada del desgaste en el ámbito nacional una violenta disputa por las candidaturas en Tequisquiapan.

Las campañas resultaron el segundo factor coyuntural: "La campaña del PAN fue conservadora pues tenían mucho que perder y la certeza de ganar, no se pagó a profesionales ni se llamó a votar, no se desmintieron las campañas negativas y no tuvieron la capacidad de asumir que los candidatos internos derrotados tienen la capacidad de afectar los resultados. Estos elementos se vigorizaron porque la campaña del PRI fue justamente lo contrario" (p. 483).

La quinta gubernatura ganada por el PRI fue la de San Luis Potosí. Patricia Rubio y Héctor Hábiles exponen que en 2009 el PRI recuperó la gubernatura, mientras que el PAN perdió la mayoría en el Congreso y el ayuntamiento de la capital del estado. En esta entidad también parece verificarse la hipótesis de que la división interna del PAN es un factor explicativo de su derrota: "Junto a estas dificultades también se modificaron los mecanismos para la selección de sus candidaturas. La intervención del Comité Ejecutivo Nacional rompió con una tradición de participación de la militancia doméstica en los procesos internos, lo que contribuyó a incrementar la desafección por la manera en que se tomaron las decisiones al interior del partido" (p. 510).

Un evento adicional fue "que unos cuantos días antes de la jornada electoral renunció el alcalde de la capital al PAN " (p. 510). Una conclusión central en el trabajo de estos autores es que hay que "desmontar la idea muy extendida de que el PAN arrolla en las ciudades y el PRI lo hace en el campo, porque eso ya no es así. Hay triunfos de uno y otro partido tanto en grandes concentraciones urbanas como en el campo potosino" (p. 514).

La única elección de gobernador que el PRI perdió en 2009 fue la de Sonora, donde ocurrió por primera vez la alternancia partidista en la gubernatura. Esta alternancia también ocurrió en 59% de los municipios. Juan Poom y José Arturo Rodríguez ofrecen una interesante explicación de este hecho. El primer dato a tomar en cuenta es que "desde 1994 y hasta 2006 ningún partido político logró tener la mayoría absoluta en las elecciones municipales, legislativas y de gobernador, en estos cuatro trienios el estado vivió con un gobierno dividido" (p. 523).

Para ratificar la hipótesis de que la cohesión de los partidos políticos es un factor explicativo para su triunfo, en el caso de Sonora el PRI enfrentó dificultades y descontento con el proceso de selección del candidato a la gubernatura, mientras que los panistas fueron muy cuidadosos con los mecanismos de selección. Este mismo supuesto se cumple en el caso del PRD, pues a última hora su Comité Ejecutivo Nacional decidió suspender la elección interna, incluso cuando ya se habían impreso las boletas, lo que generó descontento e inconformidad.

El triunfo del PAN en Sonora se ha explicado como resultado directo del incendio del 5 de junio de ese año de elecciones en la guardería ABC. A diferencia de esta percepción generalizada, Poom y Rodríguez aseveran: "El argumento que relaciona la tragedia con el resultado de la elección se debilita conforme se analizan los datos y aunque queda claro que la tragedia influyó en muchos electores, resulta difícil tomarlo como el factor determinante que explica el resultado" (p. 534). En su opinión: "Fue la conjunción de varios factores: La forma en que Elías Serrano consiguió la candidatura, lo que originó el descontento de una cantidad importante de militantes y simpatizantes del PRI, y el voto del hartazgo que pudo haber prevalecido en la jornada electoral a lo que se sumó la tragedia de la guardería ABC" (p. 535).

Los otros capítulos de esta sección expresan particularidades y rasgos interesantes que ocurrieron en cada una de las elecciones subnacionales que se celebraron en 2009. El predominio del PRI en Coahuila, donde tiene la condición de partido predominante. La elección en el Distrito Federal, donde destaca la intervención del tepjf en la elección a jefe delegacional en Iztapalapa, así como la campaña a favor del voto nulo. La elección de Guanajuato, en la cual se observó un descenso en la votación a favor del PAN que anuncia la posible pérdida de su hegemonía. La elección en Jalisco, donde el PAN tiene la gubernatura, pero con gobierno dividido y en la cual el PRI, después de 15 años de no lograrlo, ganó la alcaldía de Guadalajara. Las elecciones en el Estado de México, donde el PRI volvió a ser la primera fuerza electoral después de haber obtenido el tercer lugar en las elecciones presidenciales de 2006. En fin, cada elección local tuvo rasgos dignos de interés y se advierten interesantes líneas de investigación.