SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.5 número27El amparo constitucional en VenezuelaMéxico a la deriva. Luces y sombras de nuestro tránsito tardío a la democracia índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Artículo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Revista IUS

versión impresa ISSN 1870-2147

Rev. IUS vol.5 no.27 Puebla ene./jun. 2011

 

Debate. El 2012 y la encrucijada de México / The 2012 and the Crossroads of Mexico

 

La crisis del PAN, el regreso del PRI y el síndrome Gorbachov

 

The Crisis of the PAN, PRI's Return and the Gorbachev Syndrome

 

Carlos Ramírez*

 

* Periodista. Alumno de la maestría en Ciencias Políticas de la BUAP (carlosramirezh@hotmail.com).

 

En 2012 se realizarán elecciones presidenciales en México y el panorama político se plantea interesante y polémico. No obstante, más allá del pronóstico del partido ganador y la reflexión sobre la recomposición de las fuerzas políticas, está la preocupación de qué pasara en la nación mexicana y su sistema político. IUS acoge en esta sección dos análisis sustanciosos sobre el tema.

* * *

In 2012 presidential elections will be held in Mexico and the political landscape raises interesting and controversial panorama. However, beyond the outcome of the winning party and reflection on the restructuring of political forces, is the concern of what will happen in the Mexican nation and its political system. IUS welcomes in this section two substantial analyses on the subject.

* * *

 

I

Las elecciones presidenciales de 2012 van a confirmar el peor de los augurios: un conflicto poselectoral como consecuencia de la acumulación de gases en los túneles del sistema político por falta de reformas estructurales y la incapacidad del viejo sistema político aún vigente para administrar las nuevas fuerzas y la nueva correlación política e ideológica. La ingobernabilidad electoral será apenas el reflejo del agotamiento del viejo sistema político priísta que el PRI se negó a reformar, que el PAN no pudo reestructurar en dos sexenios y que el PRD aprovechó para su beneficio.

Las tensiones electorales son el reflejo del fracaso de la alternancia partidista en la Presidencia de la República y de la paradoja de querer acomodar en el viejo sistema político una composición de poder de nuevas fuerzas sociales. La victoria de Vicente Fox en julio de 2000 se constituyó por sí misma en la transición a la democracia, aunque a la espera de la instauración y consolidación democrática. Pero Fox prefirió aprovechar el sistema político priísta, y Felipe Calderón careció de la estabilidad poselectoral para buscar una agenda de cambio político con el PRD.

El conflicto poselectoral no tiene más antídoto que la democracia, pero el PRI va a aplicar la lección de 2000 y la del Estado de México: una diferencia de votos del doble sobre el PAN y el PRD podría darle el respiro sobre las quejas. Y vendría entonces el tiempo de espera para saber si una victoria con irregularidades restauraría el viejo régimen, o si la falta de legitimidad política permitiría una reforma de fondo.

Las tres grandes reformas políticas del sistema priísta tuvieron como contexto crisis de legitimidad: los diputados de partido en 1963 fueron producto de la ausencia de una oposición legislativa en un escenario de dominio absoluto del PRI; el registro al Partido Comunista Mexicano en 1978 estuvo estimulado por la guerrilla o lucha política con las armas, y la fundación del IFE en 1989 y su autonomía total en 1997 resultó de la presión de la guerrilla en 1994 contra la polémica elección presidencial de 1988, además de las presiones de la globalización y de la cláusula democrática exigida por la Unión Europea.

La lucha político–electoral por la democratización constituyó una oposición al modelo autoritario–centralista–presidencialista del PRI. Esa batalla política culminó con la alternancia partidista en la Presidencia de la República en 2000. Pero en lugar de atender el mandato del voto por el cambio e instrumentar reformas para instaurar la democracia plena —siguiendo el modelo de Leonardo MORLINO—, el panismo en Los Pinos permitió una grave contrarreforma electoral en 2007 que entregó la autonomía total del IFE al dominio de los partidos políticos en la designación de los consejeros electorales. Así recuperó el PRI el control sobre las instituciones electorales.

Las elecciones de gobernador en el Estado de México del 3 de julio de 2011 mostraron algunos indicios de lo que no se quiso reformar, y de la forma en que el control priísta sobre los órganos electorales se convierte en una ventaja comparativa: el Instituto Electoral del Estado de México fue copado por el gobierno estatal priísta y con ello le restó margen de movilidad política a la oposición. Ciertamente que los candidatos del PAN y del PRD equivocaron la estrategia electoral y no lograron motivar al electorado, pero el IEEM no fue el espacio democrático para canalizar las ventajas de una elección controlada por el gobierno estatal.

 

II

El talón de Aquiles de las alternancias ha estado en la imposibilidad de armar una propuesta de liquidación del viejo régimen y de construcción de una democracia. Fox tuvo el bono político para diseñar una agenda de cambios, pero prefirió entenderse con el PRI para conseguir la estabilidad y gobernar con comodidad. Dos intentos hizo Fox para lograr un acuerdo con el PRD, pero ambos fracasaron: cuando al final de la campaña le pidió a Cuauhtémoc Cárdenas la declinación a su favor, a cambio de firmar un programa bipartidista contra el PRI, y después de las elecciones el acuerdo para un gobierno de coalición a cambio de dos secretarías de gabinete y una paraestatal al PRD. La negativa del PRD frustró la relación transición–instauración democrática.

La irritación de Andrés Manuel López Obrador por el resultado electoral de julio de 2006 y su frustración por la pérdida paulatina de una cómoda ventaja de casi 25 puntos porcentuales llevó al PRD no sólo a desconocer los resultados oficiales sin ofrecer pruebas del fraude electoral, sino a conducir al país a la orilla de una ruptura no sólo de la gobernabilidad sino del orden constitucional, al incitar a los perredistas a impedir la ceremonia de toma de posesión de Calderón como presidente constitucional. Al final, López Obrador y el PRD se alejaron de cualquier posible acuerdo con el gobierno panista de Calderón para la reforma estructural del sistema político priísta.

El error estratégico del PAN en la Presidencia de la República, con Fox y con Calderón, se localizó en la decisión de aprovechar en su beneficio el sistema político priísta erigido sobre la fuerza institucional del presidente de la República y el dominio político del partido–Estado. Sin embargo, la institución presidencial quedó irreversiblemente debilitada en términos de hegemonía política, puesto que la fuerza priísta no descansaba sólo en la dependencia del presidente de la República sino en su dominio orgánico y territorial: la república priísta.

Las elecciones estatales de 2010 — Oaxaca, Puebla y Sinaloa— beneficiaron al PAN por las alianzas con el PRD, pero las elecciones estatales de 2011 —Estado de México, Nayarit y Coahuila— mostraron la fuerza del PRI en el dominio electoral al viejo estilo corporativista. Como telón de fondo se percibió la vigencia del sistema político priísta porque en los estados aliancistas el PRI sobrevivió por su estructura corporativa, articulada a los gobiernos estatales o a las estructuras vigentes como el Poder Legislativo, los cacicazgos, los sectores corporativos productivos y hasta los medios de comunicación.

La sobrevivencia del PRI como estructura de poder ha sido responsabilidad del PAN y del PRD para plantear las reformas políticas y electorales. Y los platos rotos se van a pagar en 2012 por la ventaja, hasta ahora, de Enrique Peña Nieto en las encuestas electorales, que reflejan más bien conocimiento y simpatía que tendencia de voto. Sin embargo, de nueva cuenta el PAN y el PRD carecen de pericia en el manejo de la comunicación política y de imagen para posicionar a algún precandidato.

 

III

La elección presidencial de 2012 podría convertirse en un espejo de la de 2000: un candidato carismático (PRI) ante opositores demasiado ideologizados (PRD) o anticlimáticos (PAN), con resultados económicos y sociales negativos del gobierno en turno. Las votaciones nacionales no serán una suma de las estatales. A nivel presidencial, las votaciones son por expectativas de mejoramiento y por voto de castigo: en 2000 se pasó la factura de la severa crisis económica de 1995, y en 2006 ayudó el voto del miedo por López Obrador.

En 2012 habrá cuando menos cinco factores de votación:

1) El posicionamiento mediático. En 2000 Fox creó un ambiente de opinión pública en el sentido de que era el único que podría ganarle al PRI, frente a la mediocre figura de Francisco Labastida Ochoa como candidato priísta y a un Cuauhtémoc Cárdenas ajeno a la realidad de la política mediática. Peña Nieto construyó su imagen mediática vía Televisa.

2) Falta de expectativas de mejoramiento. En 2000, el presidente Zedillo llevó al gobierno priísta al agotamiento de medidas contra la crisis, creando el ambiente político de que la alternancia podría romper el estancamiento del desarrollo. Más que la falta de reformas económicas, Calderón no pudo ofrecer una alternativa de modelo de desarrollo. Y el PRI está explotando la idea de que el priísmo podría regresar a los años de esplendor económico.

3) Voto de castigo. En 2000 se acumularon los resentimientos del electorado contra los vicios priístas y los costos acumulados de las crisis económicas, y los ciudadanos encontraron en el voto una forma de encarar al gobierno en turno. En 2012 habrá un voto de castigo por los costos de la lucha contra la inseguridad, aunque en el fondo el PAN no pudo vender mediáticamente su estrategia y el PRI ha capitalizado mediáticamente la queja ciudadana.

4) Ausencia de reformas. En 2000 el gobierno priísta llegó al punto de que no tenía ya iniciativas de reforma para llevar al país a una fase larga de estabilidad económica, política y social, y el electorado vio en el cambio la salida a sus penurias. En 2012 ocurrirá lo contrario: ante la ausencia de propuestas de cambio del gobierno panista, los votantes van a apostarle a la restauración del pasado priísta.

5) Aparatos electorales. En 2000, el PRI había perdido el paso en el manejo de la estructura electoral–territorial ante los conflictos a nivel estatal. El PAN no tenía entonces una propuesta alternativa, pero operó a favor de Fox el estreno de un IFE ciudadanizado que le había quitado control electoral a los PRI estatales. En 2012 el PRI ha comenzado a restaurar sus mecanismos de compra de votos. Al final, los electores van a votar por el candidato que les ofrezca mejores y mayores programas asistencialistas de bienes y servicios financiados con cargo al presupuesto. La debacle del PAN y del PRD en las elecciones estatales de 2011 reveló que el PRI fortaleció sus aparatos electorales y el PAN y el PRD se confiaron en el voto por expectativas. En 2012 ganará más votos quien acarree más votantes a las urnas.

 

IV

La lucha política regional ha obedecido a una lógica local. Y la votación nacional no ha sido la suma de votaciones regionales y estatales. El factor electoral se ha localizado en el sentido de la sociedad y en el factor de la oportunidad política. El partido que pueda sumar estos dos indicadores en 2012 será el que tenga ventajas en los resultados electorales. Fox y Calderón pudieron presentar la confluencia de esos elementos, y hoy Peña Nieto y el PRI han podido sacar ventaja del ambiente político. Las derrotas del PRI en las elecciones estatales de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, y las victorias priístas en el Estado de México, Nayarit y Coahuila, dejaron algunas lecciones para 2012:

1) El porcentaje de votación arriba de 55% beneficia a la oposición por el bajo grado de voto cautivo del PRI. Las derrotas de la oposición se han debido a la incapacidad de llevar a los votantes a las urnas. Y la gente no va a votar por falta de estímulo, por comodidad o por pasividad. La clave de un reposicionamiento electoral radica en la conquista de los nuevos electores. La votación del PRI en el Estado de México cayó de 37% del padrón electoral en 1987 a 22% en 2011, lo que significa que no ha podido ganarse nuevos electores.

2) El factor protesta convertido en discurso político. Los gobernadores salientes de Oaxaca y Puebla se vieron envueltos en conflictos graves de dimensión nacional: la crisis oaxaqueña de 2006 y el caso Lydia Cacho. Este elemento fue fundamental para sacar a votar a la clase media. Los gobernadores salientes en el Estado de México, Nayarit y Coahuila no cargaron con conflictos personales.

3) El factor alianza opositora. Pero no nada más el acuerdo electoral PANPRD, sino que los candidatos de la alianza opositora fueron ex priístas y acudieron por segunda ocasión a una competencia por el gobierno estatal. En el Estado de México la alianza opositora sí tuvo posibilidades, pero los dos partidos no encontraron a un ex priísta que pudiera encabezarla. La unidad del PRI fue vital para ganar elecciones. Los candidatos presidenciales priístas en 2000 y 2006 fueron producto de severas fracturas internas.

4) La estructura electoral. En Oaxaca y Puebla el PRI se conformó con su voto cautivo, pero dejó sueltos a muchos sectores. En el Estado de México, el PRI extendió su control y organización sobre sectores abandonados por la oposición. La estructura electoral eficaz es la que controla a los votantes a través de las credenciales electorales, así como la que está preparada para conducir al votante a las urnas. Esta estructura electoral necesita mucho dinero, pero los políticos priístas son de la idea de que todo lo que se gaste en política electoral, por mucho que sea, es a la postre barato.

5) La despolitización del voto. Hasta 1976, los candidatos priístas pedían el voto a favor del discurso político de la Revolución Mexicana. Hoy la política carece de ideas. Las elecciones en el Estado de México y en Coahuila demostraron que la gente va a votar a cambio de algo: en Coahuila, por ejemplo, se entregaron tarjetas con 5 mil pesos en efectivo, pero válidas sólo si ganaba el candidato del PRI. El PRD mantiene su base electoral en el Distrito Federal con sus programas de dinero regalado a ciertos sectores y atemoriza a los beneficiarios con el argumento de que perderán esos ingresos si el PRD pierde el gobierno capitalino.

 

V

El escenario electoral de 2012, con sus problemas de estructuras electorales distorsionadas, reformas políticas pospuestas y partidos sin horizonte histórico, se presenta como el agotamiento del ancien régime político, pero sin las bases de uno nuevo. Los cinco pilares del sistema político priísta siguen latentes y parece que sólo el PRI puede operarlos:

1) Presidente de la República. Mientras los gobiernos panistas desfiguraron la estructura presidencialista, no lograron crear nuevos consensos institucionales. Pero el mexicano está diseñado para depender de la voluntad de una persona providencial. Ahí se localizó el secreto de Benito Juárez, Porfirio Díaz y el PRI.

2) PRI. El partido como aparato de poder y como sistema óseo de una República ha jugado un papel orgánico. A la fecha hay un PRI en la ranchería más alejada, mientras que el PAN se ha refugiado en los grandes centros urbanos. El PRI ha sabido explotar el papel del partido como factor de cohesión.

3) PIB social. El PRI perdió votos cuando desvinculó el bienestar social de la tasa de crecimiento económico. En los estados dominados por el PRI se regresó a la fórmula: PIB igual a apoyo social. El PAN en la Presidencia operó como en los años más tecnocráticos del neoliberalismo. Salinas sacrificó el PIB, pero utilizó con astucia el Pronasol para un consenso social.

4) Acuerdos y entendimientos. El PRI corporativo no olvidó los sectores fuera del sistema priísta que eran determinantes para la consolidación de una hegemonía. Por ejemplo, estableció alianzas con sectores fuera del sistema: el ejército, la embajada de los Estados Unidos, los empresarios, la oposición leal que no aspiraba a la alternancia, y los medios de comunicación como aparatos ideológicos. El PAN no tiene una idea al respecto.

5) Cultura política. El artículo 3o. constitucional, los libros de texto gratuitos y el discurso histórico como eje de comunicación se constituyeron en un aparato de control político. Lo dijo López Portillo: "fui el último presidente de la Revolución Mexicana". La reforma de Salinas liquidó el discurso ideológico como cultura y el autismo político e ideológico de Zedillo soltaron a los electores. Ahora el PRI trata de construir una cultura política alrededor de la eficacia y capitalizar los errores del panismo, sin que el PAN haya sido capaz de construir un discurso político e ideológico dominante.

El problema de México para 2012 se podría comprender como el síndrome Gorbachov: el desmoronamiento del viejo régimen cuando aún no ha nacido el nuevo. En 2000 el PAN fue capaz de ganarle al PRI y en 2006 de derrotar al PRD, pero para 2012 no ha logrado hasta ahora darle una lectura coherente a la realidad política. El PRI, en cambio, recién ha sabido darle utilidad a cuando menos tres factores políticos que pudieran decidir una elección presidencial: la imagen mediática a su favor, la falta de posicionamiento social del gobierno panista, y una estructura electoral eficiente en algunas entidades.

Pero el fondo de todo el problema político del PAN fue su incapacidad para destruir el viejo régimen, la falta de oferta de uno nuevo y el fracaso en encabezar la dinámica del cambio que le pidió la sociedad en 2000. Y en política los errores estratégicos se pagan caros.

 

* * *

 

Información sobre el autor

Carlos Ramírez

Licenciado en periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Actualmente cursa el máster en ciencias políticas en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.