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Culturales

versão impressa ISSN 1870-1191

Culturales vol.7 no.14 Mexicali jul./dez. 2011

 

Reseñas

 

La viruela después de la introducción de la vacuna

 

José Gustavo González Flores

 

Chantal Cramaussel y Mario Alberto Magaña Mancillas (eds.) El impacto demográfico de la viruela en México de la época colonial al siglo XX, vol. II: La viruela después de la introducción de la vacuna, El Colegio de Michoacán, Zamora, 2010

 

El impacto demográfico de la viruela en México de la época colonial al siglo XX es sin duda uno de los mayores logros en la historiografía sobre la viruela. Pese a que esta enfermedad se ha estudiado en perspectiva histórica en reiteradas ocasiones, la mayoría de los trabajos la han analizado desde una perspectiva local, reduciendo su radio a una parroquia o región específica. Por esta razón es muy plausible la publicación de este género de obras, donde se analiza el tema de una enfermedad epidémica desde múltiples facetas y lugares, lo cual permite ahondar en el debate sobre dicha temática y enriquecer las futuras investigaciones. Aplaudo también el énfasis puesto en la introducción de la vacuna, que llevó a tratar el tema en dos volúmenes, lo que permite caracterizar la importancia de la epidemia y de la variolización. En este texto se reseña el segundo volumen de la obra, que incluye diversos artículos donde se estudia la viruela después de la introducción de la vacuna.

Este volumen consta de siete artículos, antecedidos por un espléndido estudio introductorio de los doctores Chantal Cramaussel y Mario Alberto Magaña Mancillas. Este estudio no sólo señala los aportes de los artículos incluidos, sino que muestra la importancia de estudiar las epidemias y la introducción de la vacuna, además de cuestionar los resultados de esta obra con los de otras anteriores y buscar soluciones explicativas a los problemas demográficos abordados. El estudio introductorio plasma asimismo el debate suscitado en las mesas del seminario sobre la viruela realizado en Durango, cuyos resultados ahora vemos en tres libros, entre ellos éste.

Como se señala en el estudio introductorio, debido a las temáticas y la cronología, los artículos del segundo volumen se pueden dividir en tres partes. La primera parte la epidemia de viruela de los años 1830-1831 en las parroquias del obispado de Nueva Galicia. Dicha parte incluye los trabajos de "La epidemia de viruela de 1830-1831 en el obispado de Guadalajara", hecho por David Carbajal, y "La epidemia de viruela de 1830-1831 en el curato de Autlán, Jalisco", de Juan Luis Argumaniz. Carbajal estudia el impacto que tuvo la viruela con base en los informes que enviaron 93 párrocos al obispo tapatío acerca de la natalidad y mortalidad ocurridas durante los años de 1830-1831 en cada una de las parroquias, pero además revisa los registros de entierros de un gran número de parroquias de dicha jurisdicción; Argumaniz, por su parte, evalúa el impacto demográfico de la viruela en una parroquia rural aislada de Nueva Galicia. Ambos autores destacan, entre otros aspectos, la diferente mortalidad de cada sitio. Argumaniz, además, hace énfasis en que la incidencia de las epidemias es menor en lugares con población dispersa, como en el caso de la parroquia de Autlán.

La segunda parte abarca tres trabajos sobre epidemias de viruela en la segunda mitad del siglo diecinueve. Esta parte incluye "Las medidas de prevención contra la viruela en el siglo XIX y la epidemia de 1865-1866 en Sombrerete, Zacatecas", de Tomás Dimas Arenas; "La epidemia de viruela de 1869 en Hermosillo, Sonora", de José Marcos Medina Bustos, y el "Impacto demográfico de una epidemia de viruela en la ciudad de San Francisco de Campeche en 1891", de Carlos Alcalá Ferráez. Dimas observa en su trabajo los antecedentes, el impacto y las medidas de prevención de una epidemia de viruela que no corresponde a ningún otro brote detectado en otra parte de México. Medina señala, por su parte, que la historiografía sobre el impacto de las epidemias y la respuesta de las autoridades del noroeste mexicano de la época es escasa; por esta razón, su trabajo es un aporte valioso en temas como la incidencia de las epidemias y la variolización. Finalmente, Alcalá determina el impacto de la viruela de 1891 en la ciudad de Campeche, identifica los demás brotes de viruela en ese lugar durante el siglo diecinueve, describe las medidas tomadas por las autoridades de salud pública para erradicar la enfermedad y mide la intensidad de ésta por edad y sexo. Los tres autores coinciden en que, pese a que diversas instituciones públicas de salud utilizaron la vacuna, la práctica no fue efectiva porque no llegó a toda la población, lo cual causó algunas epidemias en la segunda mitad del siglo, como las de Sombrerete en 1865-1866, Hermosillo en 1869 y Campeche en 1891.

La tercera parte del volumen contiene "Por voluntad o por fuerza: la lucha contra la viruela en el porfirismo", de Ana María Carrillo, y "La lucha de la medicina tradicional rarámuri y de la biomedicina contra la viruela en la Sierra Tarahumara durante el siglo XX", de Lenin Pavel Acosta. Ambos estudios muestran la resistencia a la vacunación y los problemas de la propagación de la misma en el Porfiriato y en el México posrevolucionario. Carrillo señala que durante el Porfiriato la resistencia a vacunarse no se reducía sólo a la población, sino que entre los mismos médicos existían opiniones encontradas respecto a la viabilidad de la vacuna. De igual forma, Acosta señala que para comunidades como la rarámuri la vacuna representaba una imposición que atentaba contra su cosmovisión de salud y enfermedad, de ahí que la propagación fue muy lenta.

Los capítulos están enriquecidos con mapas, cuadros y gráficas que ilustran los textos. Los mapas permiten a Carbajal, Argumaniz y Medina Bustos explicar las rutas de dispersión, el recorrido y los ritmos de expansión de la epidemia en diversos puntos geográficos del obispado de Nueva Galicia, la parroquia de Autlán y el estado de Sonora. Alcalá, por su parte, muestra un mapa histórico de la ciudad de Campeche que ilustra su acuciosa y detallada descripción de dicha ciudad. En este sentido, extrañamos en los artículos de Dimas y Acosta la utilización de al menos un mapa que muestre el espacio físico de su estudio.

La cantidad de cuadros y gráficas que presentan cada uno de los trabajos constituyen una herramienta de suma utilidad para mostrar las datos ofrecidos por documentos históricos de carácter cuantitativo y la forma como se procesaron para la construcción del discurso histórico. En los trabajos incluidos en este volumen encontramos, por ejemplo, cuadros sobre el número de víctimas de la epidemia según edad, sexo y porcentajes de población, así como gráficas con la curva de defunciones por año o mes contrastada con curvas de bautismos y matrimonio, etcétera. Una observación que podemos hacer es que, sobre todo en las gráficas, no se uniformaron los criterios de los autores al momento de presentar la información; esa uniformidad habría permitido al lector-investigador hacer comparaciones más precisas entre los distintos casos de estudio.

La riqueza del segundo volumen de El impacto demográfico de la viruela en México de la época colonial al siglo XX no se reduce a las propuestas que plantea cada autor. Las fuentes utilizadas en la exposición de cada problema de estudio demuestra que el análisis de las epidemias puede hacerse empleando diversos acervos. En los trabajos de Carbajal, Argumaniz y Dimas, por ejemplo, podemos observar tres generosas disertaciones en torno a la epidemia de viruela con argumentos sustentados en datos obtenidos de archivos eclesiásticos, como el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara y los archivos parroquiales de Autlán y Sombrerete.

Otro caso lo constituyen los trabajos de Dimas, Medina y Alcalá, quienes aprovechan los datos emanados de los municipios de los estados federales, en el sistema político surgido con la independencia de México. Estos acervos permiten a los autores observar las medidas de prevención de las enfermedades, el surgimiento de instituciones encargadas de la salud pública (como los Consejos de Salubridad) y las consecuencias de las epidemias. Medina y Alcalá utilizan además el archivo del registro civil, que les permite hacer análisis demográficos luego del periodo llamado de la Reforma, en el último tercio del siglo diecinueve, cuando la Iglesia perdió el monopolio de los registros vitales de la población.

En los trabajos de Alcalá y Carrillo se recurre también a una de las fuentes que en México tiene su origen en el siglo diecinueve: la hemerografía. Estos autores encuentran en los periódicos, especialmente en los diarios oficiales de los estados, la forma como se entendía y combatía la epidemia de viruela en la segunda mitad del siglo diecinueve. Los periódicos decimonónicos no sólo ofrecen datos respecto a las medidas tomadas con respecto a la enfermedad, su propagación y consecuencias, sino que dejan entrever la mentalidad de la época, las querellas científicas y políticas provocadas por la aparición de la epidemia de viruela a fines de siglo. Estas fuentes son complementadas, en el caso de Carrillo, con bibliografía de la época, tales como ensayos de geografía médica, salubridad e higiene pública.

Finalmente, gracias a la temporalidad reciente del tema, en el trabajo de Acosta se recurre a las entrevistas. Esta herramienta posibilita al autor construir su propia fuente de estudio para profundizar en el análisis de la salud y la enfermedad del grupo étnico rarámuri y hacer observaciones sobre sus costumbres y tradiciones.

Es importante destacar que, salvo los trabajos de Carrillo y Acosta, todos los demás exponen sus resultados o parte de ellos valiéndose de fuentes cuantitativas. Este tipo de fuentes, principalmente registros parroquiales y civiles, padrones y censos, son de vital importancia para el estudio y caracterización de las epidemias, pues con ellas se pueden hacer generalizaciones de una realidad compleja, expresada en una multitud de cifras y datos, gracias a la operación mental de la inducción. Por tanto, la observación, el registro y luego el análisis de un cierto número de fenómenos expresados en cifras nos pueden mostrar la dinámica que hay de fondo en una serie de acontecimientos seriados y homogéneos, como lo hacen los trabajos de este segundo volumen. Sin embargo, encontramos que las fuentes cuantitativas de los estudios se enriquecen con testimonios históricos cualitativos, como informes episcopales y civiles, reglamentos de salubridad, actas de cabildo, información de los periódicos de la época, etcétera. De esta forma, en los artículos del presente volumen los datos cuantitativos, tan importantes en los estudios de las epidemias, mantienen una estrecha relación simbiótica con los datos cualitativos, y con ello se logra una amplia visión de la historia de la epidemia de viruela en distintas épocas y lugares.

Además de la diversidad de fuentes, los trabajos de este volumen acuden a variadas disciplinas. Los de Carbajal, Argumaniz, Dimas y Medina recurren a la historia demográfica, mientras que Alcalá no sólo aborda su objeto de estudio desde la historia demográfica, sino que hace su análisis utilizando los presupuestos teóricos de la epidemiología histórica. El estudio de Carrillo puede insertarse en un amplio espectro: la historia de la salud, de la medicina y de las instituciones públicas de salubridad. Finalmente, Acosta hace uso de la etnografía y la historia oral. De esta manera, el segundo volumen de El impacto demográfico de la viruela en México de la época colonial al siglo XX es un botón de muestra del alcance que los estudios multidisciplinarios, tan importantes en los estudios sociales, pueden tener.

Los aportes de cada uno de los capítulos, así como la riqueza de las fuentes y disciplinas a las que recurren, hacen de este volumen de consulta obligada para investigadores y estudiantes interesados en la historia de las epidemias, en la historia demográfica y en disciplinas afines, ya que ofrece datos que pueden ser comparados con nuevos casos de estudio, aparte de mostrar nuevas formas de estudiar las epidemias. Enhorabuena por este volumen y por el conjunto de la obra.