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Andamios

versión impresa ISSN 1870-0063

Andamios vol.16 no.39 México ene./abr. 2019

http://dx.doi.org/10.29092/uacm.v16i39.681 

Entrevista

América Latina, nuevas y viejas desigualdades urbanas. Entrevista a Raquel Rolnik

Manuel Dammert Guardia* 

Víctor Delgadillo** 

*Profesor investigador en la Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú. Correo electrónico: manueldammert@gmail.com

**Profesor investigador en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México. Correo electrónico: victor_delgadill@hotmail.com

Raquel Rolnik es un referente fundamental en el debate urbano en América Latina y el mundo, tanto desde la academia como desde las políticas públicas y el activismo. Ella es arquitecta, urbanista y profesora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo. Entre 2008 y 2014 se desempeñó como relatora especial para el Derecho a la Vivienda Adecuada de la Organización de Naciones Unidas. Además, ella ha ocupado importantes cargos como directora de Planeamiento de la Ciudad de São Paulo (1989-1992), secretaria nacional de Programas Urbanos del Ministerio de la Ciudades de Brasil (2003-2007), entre otros. Su libro más reciente (Rolnik, 2015) es La guerra de los lugares. La colonización de la tierra y la vivienda en la era de las finanzas (publicado en portugués, español e inglés). En éste, ella presenta —de manera convincente y desoladora— los arreglos que impiden la puesta en marcha de políticas de vivienda justas, equitativas y garantes de mejoras en la condición de vida de la población. A continuación reproducimos la entrevista que generosamente Raquel Rolnik concedió a Andamios, Revista de Investigación Social el 28 de agosto de 2018 en la Ciudad de México.

Derecho a la ciudad

En el cierre de tu bellísimo y brutal libro (La guerra de los lugares) señalas que el derecho a la ciudad, este concepto lefebvriano, está de vuelta a las calles. Esto nos lleva inevitablemente a empezar la entrevista preguntándote: ¿Qué entiendes por este término?

—No creo que sea un concepto claro y único en nuestros días. Yo creo que el derecho a la ciudad, en la actualidad, es una especie de plataforma flotante que tiene la capacidad de articular movimientos y colectivos que luchan para poder tener el derecho de apropiarse de la ciudad en el sentido físico y material, como su espacio de vida, de prosperidad, de oportunidades. Y también es la constitución de un espacio de ejercicio de poder, tomando la ciudad y su destino de las manos que hoy la controlan, que es básicamente lo que estamos llamando el Estado—capital, porque ya no hay mucha diferencia entre el Estado y el capital.

Entonces, el derecho a la ciudad funciona en este momento como una plataforma de articulación de movimientos, de lucha de colectivos con agendas y pautas bastante fragmentadas y distintas también desde un punto de vista de clase. Ahí podríamos incluir, y esta es una mirada mucho más empírica que teórica, las luchas por la "comunización", por la transformación en común de lo que hoy es privado, o lo que hoy es propiedad privada del Estado, o sea que no está bajo el control de la gente. Uno de los frentes son los movimientos por los espacios comunes, estos movimientos tienen mucho que ver con el espacio público, con parques, con aceras, con espacios de convivencia ciudadana.

Estas luchas también tienen que ver con la disputa en torno al espacio público, por ejemplo, en torno a los temas de movilidad urbana: las luchas en torno a la prioridad de un transporte colectivo, eficiente, accesible, absolutamente abierto para que toda la gente pueda circular, y la lógica de la necesidad de ampliación de las posibilidades infinitas de circulación de la gente y no a las posibilidades de ganancia de los concesionarios del transporte público o los contratistas de la construcción de infraestructura de transporte. Y también existen los movimientos por los modos no motorizados, las bicicletas, los recorridos a pie, la idea de que hay una ciudad para que los cuerpos puedan moverse con seguridad, con prioridad, con respeto y que puedan utilizar plenamente el espacio que ha sido históricamente capturado por los automotores, los autobuses, los carros, los camiones. Esto también, a mi juicio, es una dimensión de comunización.

Pero también hay otra dimensión, presente en las luchas históricas por la vivienda por tener un espacio en la ciudad y que hoy día, en Brasil, por ejemplo, se manifiesta mucho a través de las tomas masivas de tierra vacía, fiscal o privada, edificios privados o públicos vacíos transformándoles inmediatamente también en espacios de vida, en espacios de sobrevivencia. Y la lucha histórica de los más pobres en la ciudad para tener un espacio adecuado, por infraestructuras accesibles y de alta calidad, que ha estado presente desde el proceso de formación de ciudades. Entonces ahí están algunos ejemplos de frentes diferentes, actores distintos desde un punto de vista de clase y desde un punto de vista del objeto de movilización. Ahí también se deben incluir las luchas identitarias. En este momento, desde el feminismo, así como desde las luchas del movimiento lésbico gay, también se cuestiona el modelo de la ciudad y se demanda una mirada de género o un urbanismo desde una mirada de género. Y finalmente, algo que creo es muy importante en nuestros contextos, en nuestro continente, es la dimensión racial, étnica, cultural, y la idea de que hay un derecho a la ciudad respecto al color de la piel o la filiación étnica de la gente. Esto tiene que ver con el tema estructural de la segregación y el racismo, que alimenta nuestro urbanismo desde la colonia. Todo lo anterior permite plantear que el derecho a la ciudad, que desde un punto de vista teórico más bien lo tomamos prestado de Lefebvre, lo utilizamos con mucha libertad teórica y conceptual, como una especie de plataforma donde nos agarramos en estos días para sobrevivir y crear en estos tiempos sombríos en que nuestras ciudades han sido tomadas por las finanzas globales.

Desigualdades socioespaciales y financiarización

Es evidente que las políticas habitacionales presentes en varios países de América Latina han conducido a la construcción masiva y formal de millones de viviendas de mala calidad en periferias urbanas. En opinión de muchos, esto ha creado nuevas desigualdades y ha reforzado viejas desigualdades. En este sentido, y a la luz de este tipo de políticas, ¿cómo comprender algunos rasgos “nuevos” y persistentes de la configuración de la ciudad latinoamericana?

—Es muy importante entender qué es lo nuevo y qué no es nuevo en el momento que estamos viviendo. Además, comprender el proceso de financiarización, o la toma y el control de la producción de la ciudad por las finanzas globales y la participación creciente del financiero en el desarrollo inmobiliario.

Este proceso se debe entender en el marco de la globalización, y en especial con dos elementos muy importantes. Primero, la intensidad de las políticas de desregulación y de desprotección, que han sido impuestas e introducidas en todos los países del planeta después de la caída del Muro de Berlín. Tenemos un proceso global donde las finanzas internacionales pueden circular libremente buscando siempre dónde aterrizar para extraer intereses, aranceles, más ganancias. Por cierto, la producción del espacio construido siempre ha sido financiada por capital financiero. En este sentido, no estamos hablando de algo nuevo. Sin embargo, la escala es totalmente nueva, por esta globalización total, por la posibilidad de circulación de capitales por encima de los países, y por la cantidad de capital financiero excedente, disponible en el planeta para buscar dónde aterrizar.

La disponibilidad de los capitales para introducirse en el espacio construido es mucho mayor. Esto tiene que ver incluso con las políticas neoliberales de desmontaje de esquemas previos de bienestar. Por ejemplo, todo lo que ha sido el régimen de protección social público que ha sido desmantelado y que ahora se convirtió en régimen de protección social privado. Uno de los actores centrales en el complejo inmobiliario financiero global son los fondos de pensión de los trabajadores. El fondo de pensión de los maestros de Texas, por ejemplo, es uno de los grandes players en el mercado inmobiliario de la construcción de centros comerciales en todo el mundo. Existe un proceso de transformación, de neoliberalización, de desmontaje del Estado de bienestar social que también ha movilizado mucho más dinero para el mercado financiero.

El segundo elemento es la titularización: el hecho de que el espacio construido puede circular libremente sin moverse y sin que sean necesarios los pesadísimos costos de transacción necesarios para cambiar de propiedad. Tenemos instrumentos financieros "creativos" que permiten que las finanzas entren y salgan rápidamente del espacio construido sin que la propiedad tenga que moverse, como son los fondos de inversión inmobiliaria, los Fideicomisos de Inversión en Bienes Raíces (FIBRAS) en México, entre otros. Estos son modelos clarísimos de titularización que han ampliado enormemente la posibilidad y la velocidad de circulación del capital, porque ahora estamos hablando de bytes, de un valor bit, de un flujo electrónico. Hay una relación muy fuerte entre lo que ha sido la ampliación de la capacidad de circulación del capital vía flujos electrónicos con el poder y la capacidad y escala del capital financiero para poder moverse en el territorio y salir, como un capital golondrino que entra y sale rápidamente del mercado inmobiliario.

Y finalmente, algo para entender este proceso: el espacio construido es un elemento esencial en el proceso de circulación financiera por las características mismas del espacio construido. Esto es, su casi eternidad. El hecho de que se queda para siempre. Aunque pierda valor, gane valor, puede pasar por ciclos, pero no desaparece, no se transforma en polvo. Algo de esto ya nos decían nuestras abuelas: “invierte en una casa porque esto al menos no va a desaparecer, ahí la vas a tener para siempre”. Y especialmente para estos capitales que necesitan una remuneración de largo plazo también el espacio construido es muy interesante por su duración, su carácter tectónico, su carácter de larga duración en el espacio construido, el ladrillo, la piedra.

Pero debemos tener en cuenta lo siguiente. Claro que estamos hablando de un proceso global, pero cada proceso global está totalmente imbricado en la economía política de la vivienda y de la ciudad, del espacio construido, de la construcción civil, y de la naturaleza del Estado y del acceso al suelo, y de la historia del suelo de cada país. Y ahí tenemos combinaciones distintas del mismo paradigma y del mismo proceso global, es decir, existen especificidades. Y ahí hay una especificidad latinoamericana de la ciudad, que es el hecho de que históricamente, y esto no es solamente en el gran movimiento de urbanización que ha pasado todo el continente a partir de los años cuarenta hasta los setenta del siglo pasado, sino desde la ocupación colonial: nosotros tenemos una ciudad segregada en la ciudad dura, formal, de las élites blancas, de los colonizadores y del sector criollo que se alía con los colonizadores; y una ciudad dos o tres o cinco veces mayor que ésta, que es la ciudad frágil, autoproducida por la propia gente en las afueras. Y cuando se dice “las afueras” no es en el sentido solamente geográfico de un centro y una periferia física, sino en las afueras en el sentido del proceso de concentración de inversiones de la ciudad y la ubicación de la gente y de la vivienda.

Las peores ubicaciones son sitios de riesgo, cauces de ríos, áreas sujetas a derrumbes, grietas, áreas dentro de la ciudad donde en principio las normas y la normativa no deja que el mercado formal se meta, y es ahí también donde la gente se puede establecer porque es donde hay tierra disponible y accesible por su precio. O donde no hay ciudad básicamente, las zonas rurales, en las periferias con infraestructura muy mala. La diferencia de la condición de infraestructura es un elemento esencial de una máquina permanente de exclusión territorial que concentra las oportunidades urbanas en las manos de los más poderosos, de las capas medias y altas, de la ciudad de las élites y ahí el tamaño de esto y los mecanismos van a depender de cada país y cada situación. Esto es muy anterior para todo el proceso de financiarización. Esto ya era el modelo, ya era el paradigma. Entonces, cuando nos preguntamos qué pasa ahora con la financiarización por sobre este tejido, ahí creo que tenemos que tomar con cuidado las especificidades de cada ciudad, de cada país.

De una manera general, podríamos decir que hay dos elementos fundamentales de cambio. Uno en la dimensión política y otro en la dimensión económica. Estamos hablando de la economía política de la financiarización en nuestras ciudades. Sobre la primera dimensión, los cambios que la financiarización va a introducir —porque hay que recordar que no viene sola— forman parte de una política neoliberal donde se combina la disponibilidad de un capital excedente que está buscando una nueva frontera para expandirse con el Estado que desempeña un papel protagónico, en el sentido de ofrecer nuevas fronteras para este capital, incluso para el complejo inmobiliario financiero. Esta es una tendencia desde fines de la década de 1980. Chile fue el pionero. El modelo de política neoliberal implementado por Pinochet sostiene que el Estado no tiene que gastar, no tiene que intervenir, debe abrir espacios al mercado. Y en momentos de crisis fiscal, el Estado está endeudado y se busca que se reforme, que se abra para que el capital privado se meta más en la producción de la ciudad, en las infraestructuras y en proyectos urbanos. En la etapa anterior —más fordista, más keynesiana—, el Estado estuvo involucrado en la producción de la ciudad y el privado operaba básicamente como contratista. Ahora ya no, el privado ya no es más contratista, el privado es promotor, lo que significa que la definición de donde, qué y cómo se va a hacer en términos de infraestructura y grandes proyectos está sometida a las métricas, a la performatividad del modelo económico financiero presentado por los propios privados.

Además, esto forma parte de un proceso de cambio de los modelos de gobernanza donde una de las condiciones para que el capital financiero entre en grandes proyectos de infraestructura o proyectos de desarrollo urbano son los cálculos de riesgo. Esto implica que hay que blindar, cerrar, bloquear, la dimensión política en el proceso de definición y aprobación de estos proyectos. También ahí hay una reforma del Estado en el sentido de construir instrumentos e institucionalidades fuera del espacio político de discusión de los consejos y las asambleas legislativas. Y también las inversiones privadas están protegidas por una normativa construida en estos espacios políticos, que han sido producidos incluso sin la participación de la gente afectada. Esto tiene un efecto político pues hay menos posibilidades de intervención directa en los procesos de decisión sobre el destino de la ciudad.

Por otra parte, desde un punto de vista de la economía política, ha sido muy importante toda la contribución, en su tiempo, de Francisco de Olivera y Lucio Kowarick para mostrar que el proceso de autoconstrucción del hábitat popular bajo condiciones precarias y de autoexplotación de la fuerza de trabajo ha sido un elemento esencial para un desarrollo industrial capitalista en los países de la periferia del capitalismo. En efecto, parte del costo de reproducción de la fuerza de trabajo, la vivienda incluida, es asumida por los propios trabajadores. Y esto ha sido históricamente la autoproducción del hábitat popular, una manera de mantener un ejército industrial de reserva dentro de la ciudad. Y estamos hablando del periodo fordista, del momento de industrialización por sustitución de importaciones que en distintos países del continente aconteció entre los cincuenta y los setenta del siglo pasado. Ahí se mantuvieron salarios bajísimos y, a pesar de ello, la gente está lista para trabajar todos los días a un precio muy bajo como condición esencial de competitividad de la industria y de la producción latinoamericana. ¿Y ahora qué? Porque ahora no hay más industria, ya no hay más el modelo de industrialización. Muchos países, como Brasil, han regresado a una posición de producción de commodities, de extractivismo, de la minería, de los campos con la soya y el maíz.

Creo que existe una ambigüedad respecto a los espacios urbanos populares de la ciudad. Históricamente nunca se definen, si hacen parte o no de la ciudad. Yo defino esto como transitoriedad, el estado de transitoriedad permanente a que están sujetos estos espacios. Estos se transformaron en uno de los espacios preferenciales para ser tomados por las nuevas fronteras de expansión del capital financiero en la ciudad. Y esto se debe a que ahí se penetra sin pagar el costo de expropiación ni el costo de mercado de los espacios construidos, ahí se desaloja, se desplaza y ahí vemos todo lo que son los megaproyectos, megadesalojos masivos de todo tipo de vínculo y tenencia de tierra que no es la propiedad individual registrada. Entonces, ahí hay un cambio también en la desigualdad, y creo que es un proceso importante, que hay ciudades donde está pasando con más velocidad y más fuerza. Esto tiene una importancia grande en los procesos de reestructuración metropolitana de las ciudades. También el otro frente muy claro es el espacio entonces irregular, no normado de los pobres, y el espacio público, la tierra pública, los activos públicos. Estos también son los primeros espacios que están tomados para ser transferidos: antiguas instalaciones portuarias, de ferrocarriles, por ejemplo, que rápidamente se convierten en espacios privados.

Vivienda de alquiler y nuevas fronteras de la financiarización

Uno de los productos de esta forma de producir el espacio construido es una enorme cantidad de parque habitacional vacío. Los mejores ejemplos son el caso español y mexicano, con 3.5 y 5 millones de viviendas vacías respectivamente. Algunos colegas consideran que esta situación expresa el fin un ciclo de acumulación. Entonces, surge una interrogante respecto a cómo en la actualidad organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial comienzan a fomentar el retorno a las áreas urbanas centrales y la vivienda en alquiler. En tu libro señalas que la propiedad privada es la piedra angular del capitalismo del desarrollo de este tipo de modelos inmobiliarios. ¿Estamos frente a un nuevo mecanismo de la financiarización a través de modelos de alquiler?

—El capital financiero y el neoliberalismo son bastante creativos. En el postfacio de la edición española de mi libro La guerra de los lugares (2018) propongo que el alquiler es la nueva frontera de financiarización de la vivienda. La tesis es cómo la casa propia individual registrada, la casa en propiedad individual, es construida masivamente por constructores privados y con un fuerte protagonismo del Estado para construirla y destruir cualquier otra alternativa de acceso a la vivienda. De modo que la gente no tiene otra alternativa sino meterse en la compra de la casa propia.

En el caso del alquiler, ahí lo que estamos viendo es que los mismos fondos de inversión que se habían metido en las constructoras ahora se vinculan con el stock vacío depreciado, fruto del estallido de la burbuja y de la crisis hipotecaria financiera que empieza en el 2008 y avanza en los países. En el caso de Brasil, gracias al programa Mi casa Mi vida, se garantizó que la producción de este fondo sea viable con subsidio público. El Estado le da plata a la gente para que compre el producto inmobiliario realizado con pésima calidad y con pésima ubicación, producido por las constructoras privadas. Y finalmente, con el estallido de la crisis, sale el capital rápidamente de las constructoras y se genera todo un peligro: las ciudades se quedan con un stock construido no utilizado. Es ahí cuando estos mismos fondos de inversión entran a comprar este stock depreciado con precios bajísimos, lo ponen en alquiler, pero no tanto por estar interesados en el rendimiento inmediato del alquiler, sino en la posibilidad de ganar futuramente cuando este stock entre de nuevo en el mercado, cuando se retome el desarrollo económico. Es decir, como una operación de especulación. Como ellos tienen una cantidad enorme de capital, pueden dejarlo ahí, en este stock devaluado y tener un gap (diferencial) de valorización a lo largo del tiempo; mientras tanto, crean un maravilloso producto que es la vivienda de alquiler, la nueva ola.

Ahora hay documentos del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo, sobre cómo promover políticas de alquiler, sobre cómo promover el alquiler privado. Este es un proceso, desde la acción de los grandes fondos de inversión que se convierten en global corporate landlords porque tienen un poder de monopolio increíble. En los casos que yo he estudiado como el de Barcelona o Atlanta, por ejemplo, donde entran comprando 20 mil viviendas de una sola vez y con un enorme poder de fijar el precio de la vivienda en la región.

Junto con esto, también hay otro proceso que estaba usando el alquiler como nueva frontera de financiarización: Airbnb. Y hay que recordar que sus dueños también son fondos de inversión global, son los mismos tipos de actores. Airbnb empezó con todo el discurso de sharing economy, la economía compartida donde finalmente la abuela o la tía podrían incluir su activo en un mercado de alquiler. Ahora los grandes propietarios de Airbnb con miles de propiedades no son estas personas sino los fondos de inversión. Y esto se entiende porque pueden obtener más intereses del espacio construido, porque lo rentan al día o a la semana. El efecto de esto es terrible, incluso sobre las capas medias en la ciudad que estaban ubicada en regiones centrales. Lo mismo sucede con las clases medias bajas ubicadas en barrios históricos populares, pero que ya se habían consolidado hace mucho y que por eso ya tenían una renta un poquito más alta. Ahora toda esta gente está siendo desalojada porque los nuevos propietarios compran edificios enteros, entrando con estrategias de acoso.

Además, hay otro proceso. En Barcelona o Londres, una de las maneras de los grandes plutócratas y las grandes fortunas financieras de proteger y una de las grandes maneras históricas de lavado de dinero es meterse en el mercado inmobiliario, y ahí las casas están compradas, los departamentos están comprados por gente con mucha plata como segunda, tercera o cuarta residencia. Lo absurdo es que hay gobiernos promoviendo esto. Por ejemplo, la Golden Visa -y de esto yo hablo en el postfacio de mi libro. ¡Imagínate! En Portugal y en España una se compra una propiedad inmobiliaria de más de no sé cuántos miles de euros y puede obtener la ciudadanía. Y hacen esto también promoviendo instrumentos como los Fideicomisos de Inversión en Bienes Raíces (FIBRAS), que suelen tener una serie de rebajas y exenciones en términos de impuestos. Es decir, estimulando la creación de fondos inmobiliarios que pueden comprar y movilizar, y entonces vamos a utilizar nuestro espacio construido en las ciudades solo para generar ganancias a un capital financiero. Ni siquiera para utilizarlo, porque pueden quedárselo sin ser ocupado. Entonces ahí tenemos una nueva ola. Cuánto se va a diseminar esta ola como la propiedad privada individual, aún no sabemos, pero es una tendencia presente en ciudades como Santiago de Chile o São Paulo.

Políticas urbanas y participación

En este escenario, como señalas, hay que tomar en cuenta un proceso fundamental de transformación en América Latina: la importancia de los gobiernos locales y de los mecanismos de participación. Ambos temas se justifican como intentos por involucrar a las personas en la producción de las ciudades. La pregunta natural sería: ¿Cómo evaluar estos avances institucionales a la par que la ciudad experimenta un importante proceso de transformación?

—En la tercera parte de mi último libro hablo bastante de esto, sobre todo a partir de la experiencia brasileña que la conozco con más detalle. Específicamente, me refiero al movimiento de reforma urbana que emerge en los años setenta en torno a la integración y la inclusión de los pobres de la ciudad, el cual tuvo tres ejes. Uno es el reconocimiento del derecho de los habitantes de los asentamientos populares de ser tomados en cuenta como ciudadanos y tener acceso a equipamiento y servicios, a infraestructura, etcétera. El segundo es la afirmación de la función social de la ciudad y de la propiedad. Es decir, la idea de que la ciudad no tiene que estar para la especulación, sino para ser utilizada plenamente por las necesidades de la gente. Y la tercera que es la participación directa de los ciudadanos en la definición del destino de la ciudad, en todo lo que son los proyectos de transformación, la normativa, etcétera. En Brasil hemos tenido un largo recorrido en este campo, de reconocimiento, de intento de implementación de la función social de la propiedad, de regulación, de inclusión de estos aspectos en el marco regulatorio, y también de participación y varios experimentos de consejos y asambleas legislativas.

Pero hay que tomar en cuenta que mientras estas pautas y agendas estaban caminando y penetrando en los gobiernos locales, también estaba penetrando la agenda neoliberal, en el mismo periodo. Y hay una confluencia perversa en cuanto a la idea que desde la izquierda ha sido la participación popular en la política, y desde la derecha y sus agentes transnacionales era meter a los stakeholders en una planificación estratégica. Y los stakeholders son básicamente los desarrolladores inmobiliarios y el mercado financiero. Ahí hay una confluencia perversa del discurso. Y también ha sido un proceso de crecimiento político institucional de la izquierda en la ciudad, un aumento de su poder en los partidos que se crearon a partir de los años ochenta (como el Partido de los Trabajadores en Brasil), que han llegado con estas pautas y estas agendas en las ciudades como alcaldes, como concejales, luego como gobernadores, en las asambleas, en el congreso y finalmente en la presidencia de la Republica. Sin embargo, entraron claramente en el juego de la coalición histórica de poder en la ciudad, que es una coalición entre los agentes políticos, los contratistas de servicios de la ciudad y el sector inmobiliario. Es una alianza de la ciudad para los negocios de estos agentes, y la ciudad para el negocio de la política, o sea de donde se pueden sacar los votos para seguir creciendo políticamente.

Un elemento muy perverso que pasó en Brasil, y en muchos otros lugares también, fue que justamente estos proveedores de servicios públicos —como las concesionarias de transporte, las concesionarias de basura, los productores de puentes e infraestructura urbana y el sector inmobiliario, las constructoras— son los que crecientemente pasaron a financiar las campañas políticas, las cuales se transformaron en cada vez más competitivas, con más plata y más mercantilizadas. Esto explica un poco los límites de la implementación de la reforma urbana. Yo diría que hemos tenido, especialmente durante la era Lula, una situación bastante compleja y contradictoria, donde por un lado sí había muchos espacios de discusión, de interlocución, y de otro lado, cada vez más las decisiones sobre lo que debería ser, con quién y dónde estaban, sometidas a la lógica de los deseos de rentabilidad de los agentes que sustentaban las coaliciones políticas, o sea, los contratistas, los desarrolladores. De esta manera, los procesos de participación a lo largo de este periodo tienen cada vez menos poder real de intervención sobre la ciudad a nivel local, a nivel departamental y a nivel nacional.

Al mismo tiempo, hay que reconocer que todo lo que se ha logrado con este marco regulatorio son instrumentos de resistencia y lucha por los propios movimientos anticapitalistas, o antipolíticas neoliberales. O sea, no es que todo esto no es nada, pero tampoco es que todo el marco regulatorio de la reforma urbana fue implementado, porque no lo fue. Pero el marco regulatorio de la reforma urbana sirvió mucho y todavía sirve hoy a los movimientos de resistencia para poder impedir bloquear, resistir y seguir luchando.

Instrumentos importantes que hemos metido ahí desde la constitución, son hoy también instrumentos de lucha. El cuadro es complejo y contradictorio. Y ahora que llego aquí a México es interesante escuchar la ilusión que las personas tienen con la nueva Constitución de la Ciudad de México y los cambios en el marco regulatorio. Frente a eso, yo digo ¡ojo!, menos energía en los marcos regulatorios y más energía en la organización y movilización y construcción de alternativas reales. Es fácil para mí decirlo después de 30 años de movimiento de reforma urbana.

Para cerrar esta entrevista. Por tu experiencia en Brasil y por el conocimiento que tienes de muchas otras ciudades, ¿ves posibilidades para reconstruir una planeación urbana inclusiva y al servicio de la gente?

—En mi libro planteo una crítica bastante fuerte a la planificación por su carácter sometido a la lógica del capital. Pero creo que hay que ampliar esa crítica hoy, tomando en cuenta los estudios poscoloniales y toda la crítica a la colonialidad del saber. Para mí esto es intentar pensar más allá de lo que ya hemos hecho. Siempre hemos intentado utilizar la misma planificación con sus instrumentos, con su lenguaje para hacer inclusión y no exclusión. Básicamente este ha sido el reto de toda una generación de urbanistas. Pero yo hoy creo que hay que ir más allá. Estamos frente a procesos históricos y permanentes de desposesión, de dislocamiento de la gente, de concentración de renta y poder en la ciudad. Y, al mismo tiempo, también tenemos un proceso histórico de lo que Nina Glick Schiller (2016) llama emplacement (arraigo), es decir, cómo las personas configuran permanentemente la ciudad a partir de su propia acción. Y esto es una acción política también. No es una acción política en el sentido institucional, pero es un movimiento poderoso de construcción permanente de ciudadanía, que a la vez resiste en términos de afirmar la presencia, y configura un espacio para la vida y para que pueda desarrollarse; y disputa en un conflicto permanente en la ciudad, disputa el suelo urbano y la ciudad para la vida con respecto al suelo urbano y la ciudad para el capital, para las ganancias, para los intereses privados y para la extracción de renta.

Yo creo que este proceso de emplacement ha sido fundamental para construir derechos de ciudadanía en las personas y hacer que el Estado, en su tiempo, en las democracias latinoamericanas, empezara a invertir en infraestructura, en escuelas, en mejorar la calidad de vida, transporte, etcétera. Pero creo que ahora hay que pensar más allá. Pensar más allá en términos de que estos movimientos y estos emplacement también ofrecen otro paradigma de ciudad. Y el problema es el hecho de que es extremadamente precario, lo cual tiene que ver con el hecho de que no se pone plata, no se ponen recursos, o muy bajos recursos en la gente. Entonces yo veo hoy un movimiento muy importante de autoreconfiguración de la ciudad.

Hoy, las ocupaciones son mucho más que un lugar a partir del cual se demanda una política pública y una agenda para eventualmente llegar al poder y entonces implementarla, y más como un lugar donde ya se transforman la ciudad y disputan recursos públicos para que esa transformación sea de una manera con mayor calidad urbanística; se disputa suelo, se disputa la ubicación, se disputan los recursos. Entonces creo que ahí hay que repensar la planificación. ¿Cuál sería el papel de la planificación en este proceso? Yo veo en todo mundo, y en América Latina también, por cierto, la emergencia de lo que estamos hablando. Mucho dicen, planificación insurreccional, planificación conflictiva, planificación subversiva, planificación abolicionista, planificación insurgente. Creo que es un concepto, como el derecho a la ciudad; es decir, otra plataforma que nadie sabe exactamente lo que es, pero que la agarramos para imaginar una nueva planificación, para repensarse completamente como modelo, como paradigma, como instrumento, como lenguaje, como práctica. Creo que con la planificación actual es muy difícil avanzar más allá de lo que ya avanzamos hasta ahora.

Fuentes referidas

Glick, N. (2016). Displacement, emplacement and migrant newcomer: rethinking urban sociabilities within multiscalar power. Identities, Global Studies in Culture and Power, 23(1), 17-34 [ Links ]

Rolnik, R. (2018). La guerra de los lugares. La colonización de la tierra y la vivienda en la era de las finanzas. Barcelona: Descontrol Editorial. [ Links ]

Rolnik, R. (2015). Guerra dos lugares. A colonização da terra e da moradia na era das finanças. São Paulo: Boi Tempo. [ Links ]

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