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Andamios

versión impresa ISSN 1870-0063

Andamios vol.15 no.38 México sep./dic. 2018

http://dx.doi.org/10.29092/uacm.v15i38.651 

Dossier

Significación del espacio barrial como imagen de ciudad: el caso de Pescaíto, Santa Marta

Signification of the barrial space as a city image: the case of Pescaíto, Santa Marta

Lewis León Baños* 

Rosario Blanco Bello** 

Kenia Victoria Cogollo*** 

*Docente en la Universidad de Cartagena, Programa de Trabajo Social, Colombia. Correo electrónico: lleonb@unicartagena.edu.co

**Docente en la Universidad de Cartagena, Programa de Trabajo Social, Colombia. Correo electrónico: rblancob1@unicartagena.edu.co

***Docente en la Universidad de Cartagena, Programa de Trabajo Social, Colombia. Correo electrónico: kcogollo@unicartagena.edu.co

Resumen

El presente artículo es producto de un proceso de investigación adelantado en el Caribe colombiano, específicamente en el barrio Pescaíto de la ciudad de Santa Marta, Distrito Turístico, Cultural e Histórico. Tiene como propósito generar una reflexión descriptiva acerca de las formas como el espacio barrial significado es recreado como referente turístico alternativo de Santa Marta. Muestra la capacidad inventiva y creativa del pescaitero para configurar unas estrategias de apropiación e interacción del espacio urbano, entendidas como lógicas y sentidos de habitar, representar, actuar y vivir con y en el barrio.

Palabras clave: Espacio barrial significado; formas de habitar; imagen identitaria de ciudad; configuración territoria

Abstract

This article is the product of an advanced research process in Colombian Caribbean, Specifically in the Pescaito neighborhood of the city of Santa Marta, Tourist, Cultural and Historical District. Its purpose is to generate a descriptive reflection about the ways in which the neighborhood space meaning is recreated as an alternative tourist reference of Santa Marta. It shows the inventive and creative capacity of the pescaítero, to configure strategies of appropriation and interaction of the urban space, understood as logical and senses of inhabiting, representing, acting and living with and in the neighborhood.

Keywords: Neighborhood space meaning; ways of living; identity image of a city; territorial configuration

Introducción

Santa Marta es la primera ciudad fundada en Colombia y la segunda más antigua a nivel de América Latina. Posee un patrimonio arquitectónico, cultural y un conjunto de espacios naturales. Así mismo, cuenta con la presencia de población indígena, afrodescendiente y mestiza.

Los estudios acerca de Santa Marta dan cuenta de la historia de la ciudad (Maestre, 2013), los procesos de poblamiento (Mora, 1993; Corso, 2000; Mendoza, 2009), los procesos de migración de la población negra (Rey, 2002; Romero, 2009; Vega, 2009), la presencia de población indígena (Rey, 2012) y la dinámica portuaria (Elías y Vidal, 2010). Dichos estudios, si bien han permitido un acercamiento a las dimensiones socioculturales y políticas que han configurado y caracterizan a la ciudad, no profundizan en la comprensión de la misma, desde el contexto barrial como una estrategia para visibilizar esas otras formas de representarla e imaginarla.

Por su diversidad sociocultural, natural y su imagen arquitectónica e histórica, Santa Marta se ofrece como una ciudad portuaria y como uno de los principales destinos turísticos del Caribe colombiano, después de Cartagena de Indias y San Andrés Islas; una imagen institucional que contrasta con la forma como sus habitantes, para el caso de Pescaíto, han ido re-significando este espacio barrial y re-creando así una imagen turística propia, desde las formas de habitar, apropiar y relacionarse con el territorio urbano. Por ello, la representación de lo urbano “permite comprender una dimensión por medio de la cual los distintos habitantes de una ciudad representan, significan y dan sentido a sus diversas prácticas cotidianas en el acto de habitar en la ciudad” (Mckelligan, Treviño, Bolos, 2003, p. 148).

De esta forma, como espacio re-significado socioculturalmente, los habitantes de Pescaíto, en su microcontexto, asumen los espacios representativos desde la historia que se narra, el sentido de pertenencia que le confieren y las relaciones que han construido históricamente, como elementos significativos de la ciudad. Éstos se han ido posicionando como otros referentes de Santa Marta, dando lugar a una formación de imagen turística alternativa.

Para tal fin, se hace referencia de algunas prácticas, discursos, actores y espacios que cobran sentido, significado y relevancia para el pescaitero; el habitante que piensa y representa su barrio desde lo relacional. Se trata de dar cuenta de esa otra imagen de la ciudad que han construido y recreado como “pobladores urbanos, imprimiéndole nuevas dinámicas a la ciudad en su permanente lucha y negociación por hacerse un lugar en ella, por incluirse, también como ciudadanos” (Naranjo, 2001, p. 16).

La inquietud que orienta la presente reflexión es ¿de qué manera el pescaitero acude a su capacidad inventiva y creativa para habitar y relacionarse con y en el barrio, como microespacio marcado por experiencias que se configuran y re-configuran como referentes turísticos identitarios de ciudad?

Este artículo muestra algunos de los resultados de la investigación titulada: “Referentes identitarios étnico-raciales negros de la población afrodescendiente, desde las formas de habitar, apropiar y relacionarse con el territorio urbano. Casos: Cartagena de Indias, Barranquilla y Santa Marta, año 2015”. El abordaje metodológico se soportó en una investigación cualitativa bajo el paradigma del interaccionismo simbólico y el método etnográfico. La fuente de información estuvo integrada por quince actores locales del barrio, cinco de ellos se caracterizaron por ser primeros pobladores del mismo. Las técnicas de recolección de información fueron la observación participante, la entrevista semiestructurada y la entrevista a profundidad.

A partir de la fase de acompañamiento etnográfico, se identificaron y seleccionaron las situaciones, eventos, lugares y actores abordados en la investigación. La saturación de las categorías operó como guía para el trabajo de campo. En este sentido, el proceso de recolección de información concluyó luego de que las narraciones registradas dejaran de aportar datos nuevos y permitieran generar nexos, confrontaciones, asociaciones y teorizaciones (Sandoval, 1996); de esta forma se empleó una muestra no probabilística, sujeta a la dinámica que se derivó de los hallazgos de la investigación.

Este artículo presenta, en primer lugar, un acercamiento conceptual desde donde se sitúa la reflexión; en segundo lugar, una descripción de la configuración territorial del barrio Pescaíto; en tercer lugar, se destacan algunos espacios físicos y simbólicos de significación barrial como referentes de ciudad y, en cuarto lugar, se plantean unas consideraciones finales que refieren los hallazgos significativos.

Cuando la ciudad significada es concebida como territorio urbano

La perspectiva que orienta esta reflexión privilegia la mirada antropológica, sin desconocer la producción teórica de la sociología y de la microsociología para aproximarse a los conceptos de ciudad, territorio y barrio. (Gravano, 2012).

La ciudad, el territorio y el barrio, así como los procesos derivados de sus dinámicas, constituyen el sentido y la significación de la vida social. “Pensar la ciudad como territorio […] nos conduce a imaginar un universo urbano construido socialmente, que tiene significado existencial en la experiencia humana” (Ramírez, 2006, p. 105). Así pues, la ciudad emerge como territorio donde confluyen interacciones sociales, experiencias, vivencias, prácticas y diferencias que desarrollan unos referentes de identificación territorial desde la propia comunidad, más allá de los asignados institucionalmente. Desde esta perspectiva, “el territorio no es solamente una porción de tierra delimitada con su complejidad biofísica (relieve, condiciones ambientales, biodiversidad). Es, sobre todo, un espacio construido socialmente, es decir, histórica, económica, social, cultural y políticamente” (Sosa, 2012, p. 27).

El territorio, habitado, percibido, representado y significado, se asume como “una construcción social y nuestro conocimiento del mismo implica el conocimiento del proceso de su producción” (Montañez y Delgado, 1998, p. 123). Dicha producción, en el caso de lo urbano, la conforma una dimensión simbólica y material, donde “concurren y se sobreponen distintas territorialidades […] con intereses distintos, con percepciones, valoraciones y actitudes territoriales diferentes, que generan relaciones de complementación, de cooperación y de conflicto” (Montañez y Delgado, 1998, p. 123).

Según Silva (1992), los habitantes de las ciudades tienen maneras de marcar sus territorios a partir de la forma particular como los nombran o recorren física o mentalmente. En este proceso se acude a la capacidad inventiva por parte de quien apropia e interactúa en el espacio.

No es posible una ciudad gris o blanca que no anuncie, en alguna forma, que sus espacios son recorridos y nombrados por sus ciudadanos. De este modo tendríamos, al menos, dos grandes tipos de espacios por reconocer en el ambiente urbano: uno oficial, diseñado por las instituciones y hecho antes de que el ciudadano lo conciba a su manera; otro que, de acuerdo con lo dicho en el anterior aparte, propongo llamar diferencial, que consiste en una marca territorial que se usa e inventa en la medida que el ciudadano lo nombra o inscribe. (Silva, 1992, p. 54)

Esa imagen de ciudad resulta fluctuante y diferenciada en las narraciones que, sobre la misma, recrean sus habitantes, producto de los recuerdos, vivencias, significados, experiencias y relaciones socio-temporales y espaciales.

De esta manera, cuando Lynch (2008) hace referencia a la imagen de ciudad que cada ser humano construye, señala que esta no es inacabable, fija, estática, sino más bien fragmentada, parcial y mezclada con las preocupaciones que cada persona va generando. La imagen, entonces, se va estructurando a través de varios constructos que se van modificando; “si bien las líneas generales pueden mantenerse estables durante cierto tiempo, los detalles cambian constantemente” (2008, p. 10).

En este sentido, la ciudad configurada por microscontextos como el barrio se comprende, para este ejercicio investigativo, desde una dimensión física, en tanto presenta una realidad geográfica en la que se hallan ubicadas las relaciones sociales, pero también una dimensión social, simbólica, construida, significada, apropiada y re-creada por quienes lo habitan y en la cual se establecen unas interacciones y articulaciones entre los diferentes espacios sociales. El reconocimiento de estas dimensiones es significativo porque “a partir de las formas como los habitantes de la ciudad construyen su espacio social es posible comprender las formas en que se relaciona con el espacio físico hasta ir conformando, en el tiempo, un espacio urbano, un barrio.” (Lee, 1994, p. 35)

Si bien el concepto de barrio resulta ambiguo y con múltiples interpretaciones, para Lefebvre (1978) tal dimensión física corresponde al espacio geométrico, caracterizado por ser un espacio homogéneo y cuantitativo, y no coincide, necesariamente, con el espacio social, este último diferenciado, cualificado, múltiple y diversificado. De esta manera se puede citar el barrio como

forma de organización concreta del espacio y el tiempo en la ciudad […]. Sería el punto de contacto más accesible entre el espacio geométrico y el espacio social, el punto de transición entre uno y otro; la puerta de entrada y salida entre espacios cualificados y el espacio cuantificado, el lugar donde se hace la traducción (para y por los usuarios) de los espacios sociales (económicos, políticos, culturales, etc.) en espacio común, es decir, geométrico. (Lefevbre, 1978, p. 200)

En este sentido, el barrio es un lugar de encuentros y desencuentros que, a través de las múltiples interacciones entre los elementos físicos y sociales, va re-creando en la cotidianidad de sus habitantes, una imagen sobre sí mismo.

Según Lee (1994), esta re-creación del barrio se va configurando a través de las diversas formas como las personas perciben, representan, conciben y lo re-inventan como espacio y establecen una manera individual y colectiva de habitarlo, apropiarlo y relacionarse a partir de la imagen que configuran de este. La formación de esta imagen, siguiendo a Lynch (200)8, requiere de tres elementos: identidad, estructura y significado, para lo cual destaca:

Una imagen eficaz requiere, en primer término, la identificación de un objeto, lo que implica su distinción con respecto de otras cosas, su reconocimiento como entidad separable. A esto se le da el nombre de identidad, no en el sentido de igualdad con otra cosa sino con el significado de individualidad o unicidad. En segundo término, la imagen debe incluir la relación espacial o pautal del objeto con el observador y con otros objetos. Por último, este objeto debe tener cierto significado, práctico o emotivo, para el observador. (Lynch, 2008, p. 17)

Para el caso del barrio Pescaíto, como microespacio, supone su comprensión física y social de imagen turística alterna de la ciudad de Santa Marta, en tanto representa la forma de vida de una población que ha experimentado y vivenciado un proceso de configuración territorial basado en apropiaciones, interacciones y conquistas del espacio, a partir de las cuales han significado determinados referentes identitarios locales (Valcuende, 2007).

Develar las lógicas de vivir, habitar, ubicarse, transitar, leer, relacionarse y representarse en el barrio y la manera como estos procesos van generando nuevas y diferentes lógicas y lecturas de la realidad social, económica, política y cultural que esta población ha ido construyendo y deconstruyendo, permite comprender los procesos de significación barrial que emerge como referente de imagen identitaria de ciudad.

El Barrio Pescaíto como referente turístico de Santa Marta

Santa Marta posee un patrimonio arquitectónico en el que se destacan: la Quinta de San Pedro Alejandrino, lugar donde el libertador Simón Bolívar pasó sus últimos días de vida, y edificaciones como catedrales, claustros y mansiones; un patrimonio cultural representado en sus bibliotecas y museos; y un conjunto de espacios naturales1 como los parques nacionales naturales Sierra Nevada y Tayrona, y playas como Taganga, Playa Cristal, entre otras.

Santa Marta es reconocida por la belleza de sus playas de arena blanca, bañadas por aguas azules y verdes, y rodeadas de cerros desde donde se alcanza a observar la Sierra Nevada de Santa Marta: la montaña más alta del mundo al nivel del mar. Pero la también llamada ‘Perla de América’ es mucho más que sol y playa… ofrece recorridos por las calles y plazas de su renovado centro histórico y permite descubrir la historia de sus antepasados en el Museo del Oro Tayrona. (Benjumea, 23 de febrero 2016)

Estos espacios, de gran representación para la ciudad, están incluidos en el inventario turístico; sin embargo, cuando se ofrecen, algunos operadores recomiendan visitar la estatua del Pibe Valderrama (emblemático jugador de fútbol a nivel nacional). Esta visita, que no tiene pretensiones de reivindicar otros espacios por fuera del circuito turístico, genera y provoca en el turista nacional y extranjero la pregunta por el barrio -Pescaíto- donde se formó, futbolísticamente, el volante. La pregunta, cargada de curiosidad, luego opera como dispositivo para proponer otros referentes turísticos alternativos como es el caso del Barrio Pescaíto. “Esa imagen que tiene el Pibe para la exhibición de Pescaíto es grande, por medio de él, Pescaíto surgió bastante, nos ha dado una fama inmensa”. (Actor local de 48 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Pescaíto es uno de los primeros barrios configurados en la ciudad de Santa Marta, fue fundado durante las primeras décadas del siglo XX en los terrenos de una hacienda que pertenecía a un francés de apellido Campmartín (Maestre, 2013). Se encuentra ubicado en la zona norte de la ciudad de Santa Marta, localizado en la comuna tres de la localidad dos, denominada “Histórica Rodrigo de Bastidas”. Limita con los barrios San Martin, San Jorge, 20 de Julio y El Prado.

Los límites del barrio son más extensos en el referente de sus habitantes, dado que su configuración geográfica obedeció a un proceso de ocupación informal, estos fueron establecidos por sus primeros pobladores.

Pescaíto abarcaba toda la calle 10 de acá de Madrid hasta la carrera 14, inclusive parte del 20 de Julio era Pescaíto… Desde los años 80 para acá se polarizó… por la clase política, que por darle auxilio […] entonces para recibir recursos, comenzaron a cercenar el barrio, comenzaron a polarizarlo, crearon Olaya Herrera y también hay una que se llama Ensenada Olaya Herrera, Pescaíto, 20 de Julio, Pradito, todo eso era Pescaíto, ahora hay ique el barrio Norte. (Actor local de 47 años, noviembre de 2015)

En el proceso de organización territorial adelantado por la administración de la ciudad, a través de las instancias autorizadas como Planeación Distrital y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), se establecieron sus límites político-administrativos; no obstante, para los pescaiteros, la forma de apropiación del territorio desborda tales demarcaciones, puesto que son reconocidos y aceptados socioculturalmente como propios.

Habrá muchas y variadas combinaciones entre uno y otro polo; la noción de límite puede ser útil para comprender que lo que separa el espacio oficial del territorio es una frontera que descubre quien sobrepase sus bordes. Es decir, porque existe el límite creemos que se puede aceptar que algo separa lo que nos es dado, de aquello que nos tomamos. (Silva, 1992, pp. 54-55)

Los espacios, configurados por la cotidianidad del pescaitero, operan como lugares de resistencias, remembranzas y transformaciones, donde se re-crean unas realidades significadas de manera social, cultural e histórica, cuyas lecturas son polisémicas. De igual manera, el vivir y habitar en Pescaíto muestra las diferentes formas de ser, sentirse y relacionarse con el barrio, toda vez que la representación refleja una imagen barrial dotada de sentido y significación, desde una perspectiva dinámica. “Los pescaiteros hablamos así: ‘claro y pelao’, como habla el Pibe, el habla poco, pero cuando habla, habla. Y así somos nosotros: espontáneos, bacanos, bailadores y enamoradores”. (Actor local de 48 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Estas relaciones socioterritoriales urbanas que tienen lugar en el espacio barrial, se conectan con las identidades, como lo señala De Oliveira (2007), considerando que en el territorio se “desarrolla la vida social, la actividad económica y la organización política, ofreciendo posibilidades y estableciendo ciertas condiciones de estabilidad socio-cultural en el presente y el futuro de una comunidad social” (De Oliveira, 2007, p. 86). En el territorio concurren las construcciones simbólicas de los individuos que son el resultado de apropiaciones, imaginarios e interpretaciones que, desde la perspectiva del actor, dan significación y legitimación a su actuación en el contexto.

Las identidades, entendidas como procesos experienciales “construidos de múltiples maneras a través de discursos, prácticas y posiciones diferentes, a menudo cruzados y antagónicos, están sujetas a una historización radical, y a un constante proceso de cambio y transformación” (Hall, 2003, p. 17), comprender cómo, estas identidades, se configuran en el espacio urbano -la ciudad- denota una manera específica de dilucidar las formas y lógicas como se recrean, se reproducen y se redefinen las identificaciones colectivas construidas y reconstruidas por las y los actores.

El barrio Pescaíto: Un nombre, tres orígenes

En los relatos de sus habitantes, coexisten tres historias atribuidas al origen del nombre del barrio; por un lado, expresan que se denomina Pescaíto porque cuando llegaban las vendedoras de pescado a la playa, algunas personas del barrio las ayudaban a descargar el producto de las canoas y pedían como retribución un pescaíto; por otro lado, algunos referencian que su nombre obedece a que en el lugar los pescadores desechaban el pescado que no era consumido por los habitantes, por no ser de su preferencia; y, finalmente, la historia que hace referencia a la zona noroccidental, donde en la actualidad se ubica el barrio San Martín, que antes era asumido por sus moradores como Pescaíto, lugar donde se ubicaban unas antiguas salinas que, en épocas de verano, se secaba y dejaba en su superficie peces pequeños muertos. Como consecuencia de esto, se fue nombrando a un sector de la ciudad que, con el paso del tiempo, tomó fuerza y representatividad entre sus moradores.

[...] nosotros íbamos a Taganga, cuando Taganga no tenía carretera… entonces las tagangueras venían con sus ureles de pescado por todo el camino y había una sede de pescado por acá por Pescaíto [...] y nosotros, cuando estábamos niños, nos íbamos a bañar allí; entonces, cuando ellas venían en el cayuco,2 que se iban a transportar para venirse acá para el barrio a vender pesca’o, nosotros las ayudábamos; entonces, cuando llegaban a la meseta nosotros le decíamos “ay, no nos vas a regalar el pescaito” y así [...] se quedó como el barrio Pescaíto”. (Actor local de 70 años, noviembre de 2015).

En toda la subida de San Martin [...] en la carrera quinta, allí botaban el pesca’o porque aquí no se comía ni Lisa, ni Lebranche, [...], aquí se comía Albacora, Sierra, Pargo. Aquí la gente botaba el resto, los pescadores, entonces, se le llamó Pescaíto [...]. (Actor local de 47 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Por esta razón, el nombre del barrio obedece, principalmente, a las relaciones de proximidad e identificación que sus habitantes han construido históricamente con los recursos hídricos, el Mar y el Puerto de Santa Marta; teniendo en cuenta que estos se constituyen en dadores de vida, en tanto les provee de alimento para el autosustento y de bienes materiales para su comercialización, a través de la pesca; así mismo, les ha posibilitado un lugar para vivir, facilidad para la construcción de viviendas y para la generación de ingresos. Lynch (2008) señala que lo visual no sólo produce una imagen de ciudad y la refuerza; destaca otros elementos como el ruido, el olor, las connotaciones sociales y los nombres de los barrios, constituyen enclave de identidad(es).

El ejercicio de recuperación de la historia barrial, desde las formas de nombrar, interactuar, apropiarse e identificarse con el espacio, supone, a su vez, develar en estas relaciones las formas como se van “configurando unas representaciones cuyas significaciones están mediadas por categorías como género, generación, etnia, raza, sexo, entre otros, de ahí que resulten tantas lecturas a veces divergentes y otras convergentes sobre la realidad barrial”. (León y Perneth, 2010, p. 52).

La forma de nombrar el barrio puede entenderse como una estrategia de apropiación e interacción de los actores con el espacio barrial significado. Aunque existen diversas versiones sobre el origen del mismo, sus habitantes coinciden en que su significado y sentido parten por reconocer unas formas particulares de nombrar, de habitar, de sentir, de representar e identificarse con su territorio. Muestra de ello es cuando hacen énfasis en que la forma de pronunciar y escribir el nombre del barrio sin el sonido o la letra ‘d’, es decir Pescaíto y no Pescadito. “No es pescadito, es ‘Pescaíto’, así como hablamos acá, así es el nombre… a mí me da rabia cuando dicen Pescadito; no es Pescadito, es Pescaíto (…)” (Actor local de 48 años, habitante del barrio; noviembre de 2015).

Para el pescaitero, el nombre de su barrio, como topónimo, se asume de manera distintiva, es una especie de marca en particular; su denominación da cuenta tanto de un aspecto físico o material del espacio como de su dinámica, y de unos lugares que expresan historias, anécdotas y experiencias. Pescaíto es como un libro abierto donde se registra aquello que se resiste a desaparecer.

Espacios físicos y simbólicos de significación barrial como referentes de ciudad

Entre los espacios de identificación simbólica de Pescaíto sobresalen aquellos para el encuentro social, teniendo en cuenta que provocan interacción social entre los actores locales, convirtiéndose en escenarios que congregan y reúnen a la comunidad para la realización de actividades de carácter cultural, deportivo, recreativo, religioso y formativo. De esta manera se destacan espacios físicos representativos como calles, tiendas, negocios, casas y canchas,3 que fueron nombrados como referentes de identificación en el barrio; así mismo se destaca, dentro del espacio simbólico, el lugar de las tamboras como práctica tradicional.

Las calles y las tiendas: lugares enclave de referentes identitarios como imagen de ciudad. Las formas de nombrar las calles y las tiendas dotan de sentido y significación la experiencia y el vivir en el barrio como un acto de apuestas, negociaciones y circulaciones sobre los procesos de habitar, apropiarse y relacionarse con el espacio barrial.

Dar cuenta de estos sentidos, por parte de algunos actores, se asume como una experiencia narrativa cuyas pretensiones rebasan las dimensiones materiales del espacio físico, y lo ubican como espacio vivido, marcado por saberes, prácticas, discursos e imágenes.

Las calles del barrio Pescaíto, además de ser lugares diseñados para cumplir unas funciones preestablecidas: conectar a los habitantes de un sitio a otro; son también espacios donde se expresa la vida cotidiana, facilitando los procesos de sociabilidad informal a partir de prácticas, relaciones sociales, historias que se entretejen (Blanco y Cogollo, 2013) y los nombres asignados, que las dotan de identidad y significación.

El barrio Pescaíto cuenta con dos vías de acceso. La primera es Carrera 11 con Calle 4a, la cual funciona como vía principal para acceder al balneario de Taganga.4 También es conocida como Calle 1a por ser la que inicialmente se habitó durante el proceso de asentamiento en el barrio. La segunda vía de acceso es la Calle primera 1a y la Calle 2a hasta la Calle 10, donde se localiza el mercado.

La calle primera 1a, además de ser la principal vía de acceso al barrio Pescaíto, goza de gran reconocimiento por los habitantes y visitantes porque en ésta se localizan los principales equipamentos colectivos que garantizan el acceso a la salud, el esparcimiento, la educación y la seguridad.

Por su parte, señalan que la Calle 7 se constituye en una marca física y simbólica, en tanto que adquiere un significado compartido por la comunidad, asociado con las experiencias personales y colectivas que han derivado de unas prácticas deportivas que les han posibilitado el espacio.

Así mismo, la Calle 8, también denominada Calle de Las Piedras, se caracteriza por ser la zona de los bares y burdeles del lugar; no obstante, luego de los cambios en la delimitación del barrio por parte de la administración local. En la actualidad, la Calle 8 pertenece a otra jurisdicción. Pero, en el referente de los pescaiteros, esta calle es significativa y es lugar de encuentros lúdicos y de ocio de los actores locales.

Además de la nomenclatura dada por el distrito, las calles del barrio Pescaíto reciben otros nombres, por parte de los pobladores, a partir de los significados que le confieren; producto de sus relaciones históricas, sus prácticas y sus vivencias. Las calles, así, operan como:

Espacios donde se narra el suceso de lo cotidiano, donde se entretejen las biografías concurrentes de personajes entrañables, sus coloridas particularidades, donde circula y se comparten los sentidos sobre la vida y la muerte, donde se sufre colectivamente el drama de la marginalidad, donde se configura en el ámbito bullicioso y abierto de los lugares de la vida cotidiana, lo propio y lo distinto del ser popular. (Bolaño, et al., 2009, p. 49)

Entre las calles significadas y representadas, los entrevistados destacan: la Calle 4a con Carrera 7a es también conocida como La calle del otro Mmndo. Su nombre obedece a que sus moradores no dormían, sino que practicaban juegos de azar como dominó, lotería, entre otros; fue así como los pobladores la compararon con la ciudad de Las Vegas, Nevada, y la nombraron así. De igual forma, a la Calle 3 con Carrera 10 y 11, le llaman La Mocha porque sólo cuenta con una sola entrada y salida y, a la Carrera 7a con Calle 4a y Calle 5a se le conoce como El callejón de la calumnia, por ser un lugar donde, con mucha facilidad y recursividad, asocian hechos, momentos, situaciones y apreciaciones para recrear historias falsas.

Se apela a experiencias, anécdotas, vivencias, recuerdos, aprendizajes y prácticas para nombrar las calles, las esquinas, las terrazas, las tiendas y, de manera emergente, se posicionan unos referentes identitarios desde el espacio barrial como imagen de ciudad. Actores clave en este espacio, al ser abordados, discursivamente van recreando, marcando y significando cada espacio como otra opción turística que puede ofrecerse como imagen de ciudad. Develan, en este proceso, la capacidad inventiva para articular y generar lo que Lefebvre (1978) nombra como punto de transición entre el espacio geométrico y el espacio social.

Todos los fines de semana llega alguien -dicen-, me lo recomendaron extranjeros, españoles… colombianos, cachacos de toda clase, llegan aquí siempre, no que nosotros venimos de Cartagena, de Barranquilla, vea señor yo vengo de Cartagena. (Actor local de 60 años, habitante del barrio, noviembre de 2015)

Con respecto a los negocios del barrio, como actividades comerciales que han marcado el pasado y el presente de los pescaiteros, sobresalen tiendas y tabernas, algunas de éstas presentes desde la constitución del barrio y con nombres muy particulares. Es habitual encontrarse a vecinos y visitantes narrando algunas anécdotas e intentando recuperar la historia de las mismas haciendo énfasis en sus cambios y permanencias. Se destacan como tiendas representativas: la tienda Piso Alto, la tienda el Gallo, la tienda del Otro Mundo y la tienda Bermúdez. La mayoría de estas tiendas permanecen. Sin embargo, algunas han cambiado de propietario o han sido desplazadas por otros negocios, aunque siguen ocupando un lugar en la memoria de los primeros habitantes del barrio.

Dichas tiendas permanecen como espacios para el encuentro social. Según los pescaiteros, eran las tiendas más populares del barrio donde podían comprar arroz, café, panela en pequeñas cantidades, porque en ese tiempo no había mucho comercio.

Uno de los sitios que ha marcado un hito en el ayer y hoy de Pescaíto es el negocio conocido como la Taberna de Manuel José. Su propietario, el señor Manuel José Bermúdez, cuenta que sus padres, los señores Manuel José Bermúdez Herrera y su esposa Lucila Páez viuda de Bermúdez, inauguraron la taberna en 1960. La taberna de Manuelito o, como popularmente se le conoce por los pescaiteros, el Mojón de Oro, es el lugar frecuentado por los actores locales para tomar cervezas, escuchar música del Caribe y asistir a eventos públicos y privados.

[...] en Santa Marta, la idea fue abrir una tienda cantina; era ese sitio exactamente. Nosotros primero estuvimos en la Calle 5a con Carrera 10, en una esquina que se llamó o se llama “Te sigo esperando” [...] en el año 60 pusimos la tienda en esta esquina, esta tienda empezó con música argentina, música cubana, para concluir después en la salsa… [...] y nosotros hemos mantenido esa línea durante 47, 48 años, o sea la he mantenido yo porque mi padre murió a los 8 años de haber abierto este negocio, él murió en el 68 y yo continué su trabajo hasta estos días. (Actor local de 60 años, habitante del barrio, noviembre de 2015)

Este negocio es asumido por sus habitantes como un referente, aunque, con el pasar del tiempo, ha cambiado su nombre. Aún los pescaiteros lo identifican y reconocen porque ha logrado mantener una tradición generacional de salseros en el barrio y en la ciudad. Llegar a este lugar implica no sólo escuchar música, sino también encontrarse con la historia del barrio. Posee objetos que, de manera particular, narran también una historia, en especial la de Pescaíto.

Inicialmente se llamó “El palacio de los discos”, cuyo nombre obedeció a que contaban con música exclusiva que no la tenía otra persona o negocio y se decía que era “un palacio donde se podía encontrar la mejor música”; luego los habitantes que frecuentaban el sitio lo llamaron “La tranca”. El propietario desconoce las razones por las cuales lo referenciaban de esta manera, después le pusieron “Ataja borracho”, nombre atribuido por los “tagangueros”.

[...] porque sucede que habían dos buses, Cadibia y El Pirata, que llevaban y traían a la gente a Taganga -una playa cercana al barrio-, pero a las 7 de la noche ya no subía, ni bajaba ningún bus; los pescadores que se quedaban bebiendo en el mercado [...] se venían a pie, [...] pero cuando ellos venían, la música los aguantaba [...] y ellos se achantaban en el andén a tomar cerveza y allí amanecían esperando que un bus bajara. Cuando la gente bajaba con el pesca’o para el mercado, los veía y decían: oye si allá en “ataja borracho” está fulano, perencejo y sutanejo, como la ves, le pusieron “ataja borracho” [...] (Actor local de 60 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

El negocio se ha convertido no sólo en un lugar de encuentro para los habitantes del barrio, sino también para el extranjero que, en busca de otras opciones turísticas, en esta taberna encuentra un sitio no sólo para escuchar música, sino también la historia del barrio, de sus personajes y, a su vez, conocer la particularidad del samario. En la actualidad se realiza un dominical salsero, cuya periodicidad es anual y su reconocimiento es local y regional.

[...] el 20 de diciembre tenemos una actividad que la hacemos todos los años, donde reunimos o convocamos a todos los amantes de la música salsa a que pasen un día, [...] se llama el dominical salsero, encuentro con personas del barrio y la región Caribe. (Actor local de 60 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Otro negocio reconocido en el barrio es Paysandú, característico por las actividades de esparcimiento que se desarrollan y porque su dueño es el padre de unos de los jugadores de fútbol reconocido por su participación en la selección colombiana y en otros equipos de fútbol a nivel internacional: Carlos Alberto Valderrama Palacio, más conocido como “El Pibe Valderrama”.

un sitio emblemático que era de mi tío Jaricho Valderrama, el papá de “El Pibe”, [...] el nombre Paysandú se debió a que… hubo un campeonato suramericano juvenil en Paraguay y hay una ciudad que recibe ese nombre, un lugar donde el sol se oculta después de las 8 y media de la noche. (Actor local de 48 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Como estrategias de apropiación e interacción, estos espacios convocan a sus habitantes no sólo por su ubicación estratégica o significado atribuido, sino porque en éstas se ha expresado la vida misma del pescaitero, las trayectorias y las narraciones de la vida cotidiana.

Piso Alto era un sitio donde nos sentábamos nosotros, yo estaba pelaito, ya tengo cincuenta años, y yo tenía como diez años; yo me sentaba allí, allí se sentaba el Pibe, Juaquín Gómez, Nando Ariza; figuras del fútbol acá; el difunto Juaqui Pei, se sentaban los Ricos, los González Palacios, nos sentábamos allí sobre todo los días domingos a pasar el guayabo. Ese era un sitio alto, todavía es alto y nos sentábamos nosotros allí. (Actor local de 50 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Acuden a su capacidad inventiva y creativa para mantener el negocio, la tienda y el nombre de la calle como conquista y resistencia en el espacio barrial significado. Cuando se cambia el nombre se hace por mantenerse en un contexto adverso a sus expectativas e intereses; pero se reconoce la trayectoria y experiencia ganada en el posicionamiento del mismo.

Pues mira hay gente que conoce el negocio como el Mojón de Oro, otros me conocen como Manuelito… Ahorita Taberna de Manuelito, hoy se llama la Taberna de Manuel José…, yo, me he sostenido contra viento y marea, siendo un espacio difícil porque salseros no hay muchos en Santa Marta. (Actor local de 60 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

La casa de los negritos. Pescaíto no ha estado exento de los procesos de migración del campo a la ciudad, y se destaca por ser uno de los barrios de Santa Marta -al igual que el barrio Cristo Rey- elegido, en especial por la población negra, para asentarse.

La señora Zoila Mejía Llegó a Pescaíto y fue recibiendo en su vivienda a las personas afrodescendientes provenientes de su misma región (Vega, 2009), en este caso de San Pablo y San Basilio de Palenque, primer pueblo libre de esclavizados cimarrones en épocas de la Colonia. La vivienda de la Sra. Zoila es conocida como “La casa de los negritos”. Al interior de la vivienda se encuentra la casa matriz y el patio dispone de varias divisiones llamadas medias aguas. Son aproximadamente unas 15 instalaciones y un pasillo central que no sólo funciona como pasadizo de comunicación hacia otros espacios de la vivienda, sino donde también se ubican “cocinas” (lugares donde cada familia instala un fogón, a base de leña y conchas de coco, para preparar los alimentos y los dulces típicos). Estos últimos los llevan a vender, especialmente, a las playas.

Algunas personas y familias habitan en la casa de forma permanente y otras de forma transitoria; en este caso, una vez que logran adquirir recursos económicos se trasladan a otro sitio o se regresan a su lugar de origen. Por lo general, estas habitaciones improvisadas permanecen solas en horas del día porque quienes las habitan, en su mayoría, laboran en actividades informales y sólo regresan en horas de la noche, funcionando así como lugares dormitorios. No obstante, ante cualquier novedad, dejan en un lugar visible de la vivienda -la fachada- un número de teléfono al cual pueden comunicarse.

En “La casa de los negritos” se intentan conservar las prácticas y costumbres de su cultura de origen. La forma de distribución de las habitaciones, el lugar de los fogones, la alimentación, las celebraciones, la lengua -palenquera-, la forma de organización, son algunos de los aspectos visibles que se constituyen en elementos diferenciales propios de sus referentes identitarios étnico-racial negro.

La “casa de los negritos”, espacio de congregación y concentración de la población negra, es llamada también “Club 10”,5 nombre dado por un joven cantante de reggaetón, porque se ve reflejada la unión de sus integrantes en comunidad.

Al llegar a Santa Marta y visitar una de las opciones turísticas como Taganga -playa turística- se comenta sobre los dulces típicos que en algunos lugares se ofrecen y son apetecidos por samarios y visitantes; al preguntar por las personas que venden estos productos, de alguna manera se hace referencia a la población negra asentada en la ciudad y, con ello, a los barrios donde se ubican -uno de ellos Pescaíto. Según los actores entrevistados, para la gran mayoría de los samarios es reconocido que una parte de las personas que venden estos productos viven o han vivido en Pescaíto, específicamente en la “La casa de los negritos”.

Aquí han venido los que cantan vallenato a ver como hacen las comidas… viene Farid Ortiz… preguntan: “Quiero comerme un postre, un dulce de papaya”, lo único que le dicen a Farid es, erda sabes donde hacen un dulce bien bacano, las palenqueras, en la Calle 4 de Pescaíto, te hacen un dulce de ñame, el de frijoles, de batata, de wandu entonces ahí es donde ellos vienen, le dan la dirección y ya ellos vienen acá. (Actor local de 41 años, habitante del barrio, noviembre de 2015)

Como estrategia de apropiación e interacción, antes de llegar al barrio Pescaíto, los moradores de “la casa de los negritos” han generado una serie de relaciones, configurando, de esta manera, redes primarias y secundarias en la ciudad. Luego se instalan en el barrio, dado a su referente como espacio barrial “conquistado” para ser habitado y poder mejorar sus condiciones de vida.

A la señora Zoila nosotros le pagábamos, cuando eso, 20 mil pesos mensual, pagábamos de arriendo; entonces, aquí nosotros le colaborábamos; nosotros llenábamos la alberca, hacíamos de todo y la que no tenía el arroz, le daba el arroz a la otra. Mi mamá vendía cocada, entonces ahí vinieron, venían las otras, llegaron, esto le pusieron la fábrica de las “Cocá”… ahora que ya llegue el 15, el 20, ya el 20 empiezan a llegar aquí como 150 personas”. (Actor local de 41 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Por otro lado, “La casa de los negritos” se constituye en referente obligado en diferentes estudios sobre la población negra en Santa Marta, para reconstruir el proceso de migración en la ciudad, después de Cristo Rey, como se anotó anteriormente.

La cancha La Castellana. El territorio urbano está marcado por un conjunto de significaciones y prácticas que están relacionadas con las características funcionales de los lugares que lo integran, pero también por el significado personal y colectivo, de carácter simbólico, que se ha construido histórica y socialmente a partir de las experiencias sensoriales percibidas (Valera, 1996).

De esta forma, en Pescaíto se han entretejido relaciones entre los actores locales y los escenarios de carácter deportivo. Reconocen que una de las fortalezas que tienen en el barrio es el impulso del deporte, como estrategia no sólo de esparcimiento y uso adecuado del tiempo libre sino como movilidad social; destacan que muchos han encontrado en el fútbol, el béisbol y el boxeo, una opción para mejorar sus condiciones económicas y sacar adelante a toda una familia y un espacio para fomentar, impulsar y mantener una tradición familiar futbolística.

[…] aquí se jugaba béisbol, boxeo, el kid nació de esa mezcla; aquí en La Castellana se practicaba también béisbol y del bueno. Los de la Calle 7 eran los que más jugaban […] yo fui campeón, eso es un record que tiene uno aquí en La Castellana […] de allí pasaron jugadores a la selección Magdalena y jugadores que pasaron también al profesionalismo. (José, 70 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

En el caso de la cancha de fútbol la Castellana, se asume como estrategia de apropiación e interacción porque su construcción es el resultado del trabajo colectivo, la movilización y participación de la comunidad; y, adicionalmente, porque se han formado todos los jugadores de fútbol del barrio, algunos de estos reconocidos como Carlos Valderrama El Pibe y Didi Alex Valderrama. En la actualidad se encuentra en óptimas condiciones y su uso no sólo es para el desarrollo de actividades deportivas, sino también culturales. Reafirmando así la plurifuncionalidad de los espacios colectivos, en tanto posibilitan múltiples usos de acuerdo con las necesidades y las oportunidades para interactuar con ellos.

Música tradicional: referenciada como patrimonio cultural inmaterial por los pescaiteros. Otros aspectos que emergen asociados a los referentes del barrio son la música tradicional y sus instrumentos. Aparece la tambora, un instrumento de percusión difundido por la población afrodescendiente y que es utilizado para interpretar música folklórica. Los pescaiteros afirman que la tambora ha sido fundamental para el desarrollo cultural del barrio porque se reivindican las prácticas ancestrales de la población. Como insignia de los pescaiteros se tiene la tambora de Teveo y la tambora de Mateis, el folclor es parte de su patrimonio cultural.

En las festividades [...] si no llevabas Teveo, la tambora, no había fiesta. Aquí era la tambora, y es que yo cuando oigo un tambor, me da no sé qué, porque eso lo lleva uno en la sangre, oíste, y afortunadamente la descendencia siguió con eso; ellos, los del Valle, ellos fueron fundamentales en el desarrollo de nosotros, nos despertó esa cosa que llevábamos adentro, de la música africana, porque tú sabes que eso es africano, porque nació allí, y los negros eran los que tocaban tambora, y eran pocos los que tenían tambora acá. (Actor local de 48 años, habitante del barrio; noviembre de 2015)

Bajo el pretexto de la fabricación de la tambora como estrategia de apropiación e interacción, se involucra a núcleos familiares que han dado lugar a una tradición musical fortalecida en festivales, encuentros, entre otros. Por todas estas razones, se aprecia que la práctica familiar musical se configura en un espacio simbólico, el cual se ubica en un espacio físico determinado que, para este caso, son las calles 4a y 6a.

El espacio barrial significado, asumido como memoria colectiva, se reproduce de generación en generación y, como imagen turística, intenta posicionarse en la ciudad como alternativa que evoca una historia y una forma de ser como pescaiteros.

Con la frase ‘Todo pasa en Pescaíto’6 se genera una imagen barrial como espacio donde todo es posible, donde convergen la espontaneidad del pescaitero, con sus sentimientos de esperanza y añoranza. Se conectan procesos que reflejan las trayectorias del barrio para hacerse un lugar en la imagen de ciudad turística. Esta expresión simboliza que la migración pasa por Pescaíto como referente de poblamiento; las prácticas tradicionales pasan por Pescaíto como referente identitario; el deporte pasa por Pescaíto como semillero futbolístico; las historias, anécdotas y experiencias se instalan en el barrio (calles, tiendas, esquinas, tabernas) para representarlo como espacio barrial significado.

Conclusiones

Pensar la imagen de la ciudad, desde microespacios como el barrio, recobra sentido en la medida en que se visibilizan las significaciones y resistencias que se han construido en un espacio local -desde las diversas y diferentes prácticas, concepciones, identificaciones, acciones, transformaciones y mediaciones presentes en la vida cotidiana-, permeadas por un contexto global que tiende a excluir y fragmentar las realidades urbanas a partir de la homogenización de dicha imagen.

El espacio barrial significado interpela la imagen turística de ciudad que se ha comercializado. De esta manera se instala como imagen alternativa toda vez que visibiliza prácticas, formas de ser, sentir, habitar y la capacidad inventiva y creativa para nombrar y dotar de sentido a las estrategias de apropiación e interacción del pescaitero.

La imagen turística del barrio muestra la significación de los lugares representativos que lo constituyen, teniendo en cuenta las experiencias y los diferentes colectivos que interactúan en estos espacios. Ahora bien, estos lugares adquieren sus significados por las posibilidades de uso e interacción simbólica que les ofrece el contexto.

De manera estratégica establecen conexiones entre vivencias, experiencias y referencias para nombrar y significar el barrio, sus calles, tiendas y espacios de esparcimiento sociocultural, algunas de ellas acompañadas de un relato jocoso, pintoresco y recursivo.

Este acto de recuperación oral de la experiencia, puede asumirse como un proceso formativo para los actores involucrados en la recuperación y narración de la misma porque no sólo abona en la recuperación de la memoria individual y colectiva, sino que también se está en un proceso continuo de significación, re-significación, configuración y representación de lo barrial como referentes identitarios de imagen de ciudad.

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1 En 1979, Santa Marta fue declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad.

2Cayuco es una canoa de fondo plano construida por el vaciado de un tronco de árbol.

3Para efecto de esta reflexión se hace referencia a los espacios que fueron identificados mayormente por los actores entrevistados; estos espacios se destacan porque han sido creados y agenciados desde los inicios del barrio por miembros de la comunidad.

4Pueblo de pescadores de Santa Marta.

5Club 10 fue un programa de televisión para público infantil de Colombia que retrataba los modos de vida de una familia de 10 integrantes, formada por relaciones filiales, pero también de afinidad. En este se resaltaban los principales valores familiares y de amistad en diversas situaciones.

6Expresión referida por varios pescaiteros.

Recibido: 23 de Febrero de 2018; Aprobado: 31 de Julio de 2018

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