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Andamios

versión impresa ISSN 1870-0063

Andamios vol.15 no.37 México may./ago. 2018

 

Presentación

Presentación

Pilar Calveiro* 

Mariana Berlanga Gayón** 

*Profesora-investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), México. Correo electrónico: pilarcal2008@gmail.com

**Profesora-investigadora en la UACM, México. Correo electrónico: berlanga_mariana@hotmail.com


La violencia extrema en sus formas más despiadadas, acompaña a la gubernamentalidad neoliberal y, aunque elige distintos blancos y se presenta de maneras diferentes, la vemos replicarse en las más diversas latitudes. Se puede decir que constituye una regla más que una excepción y responde a una reconfiguración hegemónica de carácter planetario. Ciertamente, estamos frente a un cambio de época -del que han hablado distintos pensadores- o lo que podríamos llamar un cambio civilizatorio de grandes dimensiones; las estructuras que prevalecían hace apenas unas décadas se están transformando y surgen otras. Estos procesos de desplazamiento de las formas antiguas junto a la generación de nuevos actores, dinámicas y estructuras están ocurriendo -como suele suceder- de las formas más cruentas. Cada vez son más amplios los sectores poblacionales que sufren la violencia directa, ya sea por parte de las grandes redes criminales, de los diversos agentes del Estado, de la delincuencia común o de la asociación entre estos. Las ejecuciones, las desapariciones, los feminicidios, los desplazamientos forzados, las extorsiones y los secuestros se multiplican en México y en muchas otras partes del mundo.

En este contexto cambiante y turbulento, el Estado-Nación también se ha estado transformando, no solo porque ha dejado de lado el paradigma del Estado social sino porque su protagonismo se ha visto opacado por los poderes económicos y políticos de carácter transnacional -tanto legales como ilegales-, que lo condicionan. Las fronteras entre el derecho y la realidad “de hecho” se difuminan, pervirtiendo o paralizando el orden jurídico. La frontera entre lo lícito y lo ilícito es difusa y cambiante. El horror se ha vuelto cotidiano y el Estado ya no responde frente a los reclamos de justicia. Todas estas son características generales de la política en el momento actual. Por lo mismo, es imperioso re-pensar y re-definir la política y el propio concepto de Estado -y de su importancia real- en el contexto de la organización actual de nuestras sociedades, aquí y ahora.

La situación es apremiante, sobre todo, por la extraordinaria capacidad destructiva de las violencias del presente, que amenazan todas las formas de vida de nuestro mundo, tanto natural y humana, como social. Probablemente nunca se había visto tan amenazada la posibilidad de la vida misma como en este momento. Frente a ello se levantan distintas resistencias políticas, sociales, comunitarias, de género. Son resistencias de vida frente al extraordinario poder de devastación y muerte que nos rodea. Es por eso que en este dossier se presenta un conjunto de artículos académicos que analizan las actuales condiciones de violencia y destrucción, pero focalizándose principalmente en las experiencias de esperanza y resistencia. Consideramos que es imperioso centrarnos en ellas, en su potencia para defender distintas formas de la vida y crear alternativas viables al orden neoliberal. También creemos que es importante comprender las estrategias a las que recurren y recuperar sus particularidades, porque sugieren caminos de construcción y echan luz sobre nuestras capacidades para hacer frente a las urgencias del momento actual.

Algunas preguntas que orientaron la organización de este dossier fueron: ¿cuáles son las formas de resistencia alternativas al individualismo y la fragmentación imperantes?, ¿es posible resistir con éxito a las distintas formas de violencia público privadas que proliferan en el contexto actual?, ¿qué vínculo existe o podría existir entre las resistencias sociales, comunitarias y de género?, ¿cuál es su impacto en el sistema político? A partir de estas interrogantes, que solo se pueden abordar desde una perspectiva transdisciplinar y comprometida, presentamos a continuación un conjunto de artículos que, tomándolas, se abocaron a identificar algunos procesos de resistencias emergentes y exitosas. Se refieren a diferentes experiencias en contextos urbanos y rurales de México y otros países de América Latina, para analizar su impacto y en qué medida han sido capaces de transformar la realidad social y revertir las violencias públicas y privadas que las amenazan.

Hemos seleccionado un conjunto de textos que se refieren a distintas formas de la resistencia -política, social, territorial, comunitaria-, para reconocer las especificidades de cada una, pero también para que nos ayuden a pensar o imaginar articulaciones posibles entre experiencias diversas. En este ejercicio, la memoria social de corto, mediano y largo plazo ha tenido un papel relevante como articuladora de diferentes estrategias resistentes, tanto por el recuerdo de antiguas y nuevas ofensas como de la potencia y el aprendizaje de experiencias recientes y ancestrales.

En el primer artículo, “Subjetividades amenazadas: testimonios de jóvenes en contextos de violencia”, los autores analizan el contexto actual mexicano en donde la violencia -en sus formas más cruentas- se ha vuelto cotidiana. En paralelo, se recuperan las distintas prácticas de los jóvenes mexicanos para sobrevivir en contextos donde el narcotráfico y el crimen organizado han alterado radicalmente los códigos sociales. La juventud se ha convertido en el blanco de múltiples formas de explotación y discriminación, por el solo hecho de serlo. Sin embargo, frente a la hostilidad explícita que enfrentan los jóvenes cotidianamente, también desarrollan la capacidad de implementar una serie de estrategias para impedir la muerte real, pero también la muerte subjetiva a las que se los expone. Hablar sobre la realidad que enfrentan, comunicarla y compartirla, verbalizar sus emociones, constituye un primer paso para sobrevivir, pero también para transformar sus relaciones e imaginarios: La constitución de espacios de comunicación propios ofrece “una posibilidad de tejer desde lo simbólico y en lo colectivo nuevas formas de vinculación que restituyan la confianza perdida”.

En el artículo, “Repertorios de acción colectiva frente al extractivismo minero en América Latina”, Manuel Ignacio Martínez Espinosa describe de manera detallada cómo es que este opera en América Latina pero, sobre todo, analiza los movimientos sociales que se han venido oponiendo a las nuevas formas de despojo que dicho modelo conlleva. Este artículo desarrolla una idea inquietante: la violencia es como un fenómeno inherente al actual sistema económico, que afecta a distintas poblaciones, en especial aquellas que defienden abiertamente sus territorios frente a la expansión de la minería transnacional. Por otro lado, se detiene en el extenso abanico de acciones colectivas que desde los años 90 del siglo pasado han venido resistiendo al despojo y a la violencia de empresas y gobiernos. De ello se deriva una conclusión significativa: la capacidad de la acción colectiva antiextractivista para detener, al menos en parte, el avance de la minería a gran escala en América Latina, al tiempo que ha ido poniendo en evidencia los grupos de interés que esta representa.

En sintonía con esta línea de reflexión, el artículo “¿Todo lo sagrado se desvanece en el aire?”, de Omar Arach y Silvana Rabinovich, aborda otro ángulo. Se centra en los rasgos teológico-políticos del discurso mega-extractivista, a la vez que analiza el carácter sagrado de la naturaleza y el territorio desde la perspectiva de los actuales procesos de resistencia a lo largo del continente. Los autores subrayan la importancia de la base comunitaria en tales procesos de resistencia y, en especial, resaltan los elementos teológicos -y su dimensión política- presentes en estos procesos de lucha, mismos que generalmente se ignoran en los análisis sociopolíticos. Enfatizan la recuperación y actualización de lo sagrado como parte de los procesos de resistencia a un sistema económico que atenta permanentemente contra la naturaleza y la vida. En este sentido, proponen que la recuperación del sentido sagrado del mundo resulta fundamental y es justamente lo que muchos movimientos sociales están haciendo. Concluyen, por lo tanto, que “parece que lo sagrado no se desvanece en el aire, sino que anima resistencias comunitarias que se oponen a la expansión destructiva”.

En “Urdiendo resistencias: Memorias de conflictos locales en Valle del Huasco, Chile”, Javiera Ramos Basso e Isabel Piper indagan sobre la función de la memoria en los procesos de resistencia y analizan específicamente cómo las organizaciones territoriales del Valle de Huasco (III Región de Atacama, Chile) construyen en la actualidad sus propias memorias y el valor resistente de las mismas. Como los anteriores, este texto también se refiere a las luchas comunitarias contra las mineras, pero lo hace colocando el foco de análisis en las memorias política y colectiva, como procesos activos que permiten la acción social y la reconfiguración de la identidad de la comunidad. Asimismo, este artículo da cuenta de procesos exitosos de lucha, de batallas ganadas frente a las empresas en el contexto chileno, asegurando que la memoria permite establecer conexiones entre las luchas pasadas y las presentes pero, además, abre la posibilidad de señalar conexiones entre territorios, grupos o asociaciones diferentes “establecidas a partir del conocimiento de elementos y experiencias en común”.

El último de los artículos titulado “Del coming out a los Derechos Humanos en las demandas de las organizaciones de la sociedad civil del movimiento LGBT: Estrategias discursivas de refugio”, de Abraham Nemesio Serrato y Erika López Sánchez, analiza las distintas estrategias que se han venido utilizando para posicionar las demandas de los grupos que cuestionan la heterosexualidad como la única forma válida de relación sexo-afectiva. Este artículo describe los distintos procesos por los que ha pasado el movimiento hoy denominado LGBTTTI, y muestra cómo sus discursos se han tenido que transformar para ser incorporados en las agendas de gobiernos y en el derecho internacional. Es decir, el discurso radical de los años 70 del siglo pasado se flexibilizó en los años 90 para comenzar a hablar de derechos sexuales y derechos humanos, tratando de vincular las demandas del movimiento a los organismos públicos y la sociedad civil con el lenguaje de la democracia. Estos cambios en el discurso a veces parecieran contradictorios con la esencia del propio movimiento que en un inicio criticó el orden social y sus estructuras. Sin embargo, estos matices han resultado estratégicos para la inclusión de lo que ahora se denomina diversidad sexual. En consecuencia, el texto resalta que en las últimas décadas, los movimientos que representan la defensa de las sexualidades no normativas han encontrado en el discurso de los Derechos Humanos “sus mayores estrategias de lucha, ya que las mismas les han permitido existir en la esfera pública”.

También se presenta la traducción del artículo “Música y violencia, narrativas de lo divino y el feminicidio”, de Laila Rosa, quien nos sumerge en el contexto bahiano brasileño para dar cuenta de las expresiones musicales de la religión indígena-africana llamada jurema, que logran subvertir roles de género y dar cuenta de las violencias sexistas, racistas y clasistas que persisten en Brasil. Este mundo espiritual, que no es el hegemónico y por lo tanto es permanentemente invisibilizado y discriminado, encuentra en la música formas de supervivencia y de resistencia, pero también repertorios de memoria de las violencias sufridas por las generaciones anteriores. Desde su propia experiencia personal de violencia, junto a un estudio muy puntual y detallado, Laila Rosa analiza los cantos y performances alrededor de ese mundo sagrado, que dan cuenta de los feminicidios y los transfeminicidios, como parte de la realidad brasileña. La música se presenta aquí como un método efectivo para resistir a la violencia simbólica, que es muchas veces la más difícil de detectar y que afecta directamente la subjetividad de las mujeres pobres, negras, lesbianas. Si bien es cierto que la música muchas veces reproduce los estereotipos instalados en el código social, este recorrido por las músicas de jurema, constituye un recordatorio de que las expresiones artísticas constituyen también una posibilidad de transformación y, desde luego, de resistencia. Al alterar las narrativas y representaciones que normalizan la violencia, se puede salir del silencio y la impunidad, pero incluso, se puede cuestionar lo incuestionable y subvertir los valores. Dice Laila Rosa que, a través de su trayectoria, ha encontrado en la música “espacios de revuelta, denuncia, enfrentamientos al sexismo, a la lesbo y transfobia, e igualmente, espacios de renacimiento”, llamando nuestra atención sobre la dimensión política y resistente de la música y del arte en general.

Por último, una entrevista de Ana Cacopardo, documentalista argentina, a Silvia Rivera Cusicanqui, socióloga indígena de nacionalidad boliviana. En ella, la cineasta nos ofrece algunas claves aymaras para pensar las resistencias. Insiste en la importancia de salir de la lógica colonial y la manera occidental de ver el mundo, para convivir mejor con el pasado, recuperar otras dimensiones de la vida y enfrentar el presente de manera renovada. En ese sentido, es imperioso cambiar nuestra noción del tiempo -ya no progresivo y lineal- y repensar nuestras identidades. Desde la perspectiva de Rivera Cusicanqui, recuperar los saberes del mundo indio en América Latina resulta una gran oportunidad para todos, ya que abre nuevas posibilidades no solo para los pueblos indígenas. Una muestra de su potencia y su capacidad de respuesta a los problemas del mundo actual es que justamente las comunidades de los pueblos originarios, están siendo hoy las protagonistas de los grandes procesos de resistencia contra el embate neoliberal. En estas resistencias, las mujeres tienen un lugar fundamental. Ellas tejen con hilos diferentes, que no forman un híbrido sino un tejido en el que se pueden distinguir y articular hilos de distinta procedencia y “color”. Contra la idea del mestizaje o mezcla cultural, nos propone la construcción social que conserva las texturas propias de lo indígena y lo occidental aunque sin rechazarse, sino formando un tejido que las articula y las distingue. Las mujeres asumen un papel vertebral en la construcción del tejido social comunitario aymara, ya que ellas comercian, venden, manejan la plata y todo lo que viene de afuera. Mientras tanto, el varón se “entroniza” en su territorio, orientado principalmente hacia adentro. Por eso, Rivera Cusicanqui define lo masculino como una “etnicidad mapa” y lo femenino como una “etnicidad tejido”, que teje las diferencias de toda la exterioridad de la comunidad, para concluir “que una sin la otra, o sea, el mapa sin el tejido se vuelve guerra”.

Creemos que el material integrado en este dossier resulta inspirador para identificar las violencias actuales pero, sobre todo, dar cuenta de las resistencias, de la posibilidad efectiva de las mismas y de sus capacidades y su potencia, generalmente negadas e invisibilizadas. Permanentemente se no muestra la multiplicación de las violencias, sus actores, sus víctimas, sus territorios, su capacidad destructiva. Por eso creemos que es crucial darle visibilidad a lo que se les opone y, con costos generalmente altísimos, lograr detener o restringir esas violencias para ampliar y profundizar la creación y la vida.

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