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Andamios

Print version ISSN 1870-0063

Andamios vol.13 n.30 México Jan./Apr. 2016

 

Reseñas

Mujer caribeña: la rebelión de voz, cuerpo y ser

Margaret Shrimpton Masson

Celis Salgado, N. V.. 2015. La rebelión de las niñas. El Caribe y la conciencia corporal. Frankfurt: Iberoamericana Vervuert,

La rebelión de las niñas. El Caribe y la conciencia corporal (2015) es un importante volumen de ensayos escritos por la investigadora colombiana Nadia Celis Salgado. En él se problematizan dos situaciones: la experiencia vivida del abuso infantil en el Caribe hispano y la representación de ésta en la construcción de los imaginarios en torno al cuerpo en la literatura de la región. Los cuatro capítulos centrales abordan obras de cinco autores del Caribe continental e insular: la venezolana, Antonia Palacios, las puertorriqueñas Magali García Ramis y Mayra Santos Febres y las colombianas Marvel Moreno y Fanny Buitrago. Estos capítulos revelan el enfrentamiento de Celis Salgado con el fetiche de la niña que ha negado la subjetividad de las niñas y violentado su persona y su ser. “De cómo se (de)forma una niña decente” aborda la obra de Antonia Palacio y Magali García Ramis; “La pisque de poder” estudia la obra de Marvel Moreno; “La feminidad como ‘pose’” es abordada por Fanny Buitrago, y por último, “La mirada de la negra” discute la obra de Mayra Santos Febres.

Celis expone y cuestiona los controles (simbólicos y reales) que sujetan el cuerpo invisibilzado y abusado de las niñas a partir de “la relación de la ficción y la construcción simbólica del cuerpo” (2015: 20). Su interés en particular es el sujeto infantil/adolescente y centra su estudio en la experiencia del cuerpo -como un cuerpo vivido y un cuerpo social- mismo que produce lo que denominaría “la conciencia corporal”. Así, “La Rebelión de las niñas propone leer la curiosidad y agencia adjudicada por las autoras al cuerpo infantil como manifestaciones de un saber alternativo a la razón” (Celis, 2015: 21). Las novelas estudiadas de las cinco escritoras exponen y denuncian las situaciones de abuso, el lenguaje de subyugación, los controles familiares y heteropatriarcales y la negación del cuerpo como lugar de expresividad. Sin embargo, no es un libro de lamentos y martirios, pues las escritoras y sus protagonistas crean espacios, experiencias, lenguas y filosofías propias: validan el cuerpo y permiten pensarlo y activarlo como agente de libertad. Celis, pues, identifica tres rebeliones en estos textos, que denotan las respuestas a la violencia de la representación de los cuerpos femeninos y la denuncia de la complicidad que la acompaña. La primera rebelión es la ruptura del silencio y el cuestionamiento de los mitos en torno a la feminidad infantil; la segunda rebeldía es la puesta en escena de los cuerpos, es decir, el reconocer el cuerpo como espacio y como actor; y la tercera rebelión es el uso de la escritura para narrar los cuerpos, legitimar la identidad de ellos en un acto de reivindicación del sujeto.

La complicidad de un corpus literario-ficcional en la región que se ha obsesionado con niñas y vírgenes hace que Celis Salgado pregunte irónicamente: “qué habrá sido del boom sin ancianos enamorados contemplando vírgenes púberes o seduciendo virtuales ‘Lolitas’” (Celis, 2015: 19) y permite que este libro sea también una denuncia contundente al abuso y una llamada a despertar de una ceguera colectiva que durante décadas ha sancionado aquel corpus. Este es, pues, un libro valiente e honesto.

La rebelión manifiesta una genealogía literaria importante que ubica el texto en el cruce de fronteras literarias y que visibiliza conscientemente las madres literarias que no solamente han inspirado al texto, sino las que necesariamente están inscritas en él: Virginia Woolf y el Cuarto propio, que aquí se vuelve el cuerpo propio; protagonistas del feminismo literario latinoamericano como Cristina Peri Rossi, con un guiño inescapable desde el titulo de este libro, al cuento de la uruguaya (“La rebelión de los niños”) que fuese una temprana denuncia del abuso infantil y el poder heteropatriarcal; y a Luisa Valenzuela, cuyo texto “La mala palabra” prefigura la búsqueda y apropiación de un lenguaje propio y libre. La propia Mayra Santos-Febres tiene un rol intra y extradiegético en esta historia, no solamente como autora cuya obra es estudiada en el penúltimo capítulo, sino también aportando el prólogo al libro y contribuyendo con un complejo entramado de textos -teóricos, literarios y entrevistas- que resultan imposibles de separar. De esta urdimbre de caminos e historias literarias y personales, Celis Salgado propone los dos conceptos analíticos que guían el estudio: lo real íntimo y la conciencia corporal.

La rebelión de las niñas goza de un armazón teórico importante, que interviene activamente a lo largo del libro pero que es armado cuidadosamente en el primero y último capítulos. En el primero, “Entre el cuerpo apropiado y el cuerpo propio”, Celis presenta los ejes principales -el poder del cuerpo, el cuerpo como sujeto y el lenguaje del cuerpo-. El último capítulo es una provocación deliciosa: “El Caribe y la conciencia del cuerpo”, que “brega por los anales de las rebeliones corporales del Caribe” y a manera de conclusión invita a desmantelar la rigidez de los mitos del neoliberalismo y a considerar “la condición intersubjetiva del ser, la coexistencia y mutua dependencia del cuerpo y la conciencia propias con los cuerpos y conciencias de los otros. Seguir las conexiones del cuerpo viviendo en relación, puede redibujar no sólo la trayectoria del sujeto y su identidad sino también el mapa de lo social”. (Celis, 2015: 278).

El cuerpo teórico articulado por Celis Salgado es un aporte significativo al área de estudios del Caribe, a los estudios de género y a los estudios literarios, no solamente por las aportes desde el área conceptual (armado desde lo “íntimo” de la experiencia y de la “conciencia” del cuerpo), sino en particular por los cruces interdisciplinarios, interculturales y mulitlingües del corpus. Las referencias obligadas a Michel Foucault y Pierre Bourdieu en cuanto poder y sexualidad, tecnologías del poder, violencia simbólica y habitus, dialogan con otras figuras indispensables del feminismo como Judith Butler. Pero donde realmente destaca esta compleja propuesta no es con figuras individuales e icónicas, sino con la articulación de un corpus teórico regional caribeño, un pensamiento (conceptual) que parte de la experiencia propia de la región (toda) y que a su vez se ha desarrollado desde su propia articulación, dialogo y enfrentamiento con “Occidente”. Así, el peso fuerte nos llega como un tejido de voces e idiomas, desde Audre Lorde, Eugene Barriteau, M. Jacqui Alexander, Kamala Kempadoo, Gloria Anzaldúa, Chandra Mohanty, Lisa Paravisini y Patricia Mohammed, entre otras.

Si bien el enfoque de Celis Salgado es el Caribe hispano, este marco muestra un dialogo regional -el Caribe hispano en dialogo con el anglófono y francófono; y también el Caribe continental en dialogo con el insular. El libro tiene una afortunada deuda con el pensamiento de Jacqui Alexander, cuya honestidad e integridad intelectual es un hilo conductor y fuente de inspiración en este volumen. La necesidad de un pensamiento re-alineado que no solamente contesta sino re-piensa y re-organiza la heteronormatividad excluyente e imperante, también une a ambas. Por supuesto, esto es un reto y manejar un corpus teórico critico tan diverso es a veces problemático, pero este libro es mejor por atreverse a hacerlo, aun cuando a veces añoramos una mayor profundidad en estos trazos teóricos y la potencialidad de sus (inter)relaciones. No cabe duda, este es un texto de riesgos y Celis los asume necesariamente como parte de su armamento crítico y personal.

La lectura de La rebelión de las niñas es una experiencia enriquecedora. No solamente por visibilizar la problemática en sí (en torno al sujeto infantil y las formas de narrar desde y con el cuerpo), o la puesta en escena y ruptura de los mitos sobre las mujeres (el análisis de las relaciones madre/hija y la exploración del rol de las madres), o por el aporte teórico conceptual que desmantela y re-articula el canon del pensamiento caribeño; sino también por la oportunidad de conocer a estas escritoras, que si bien son conocidas (algunas) dentro de una literatura nacional (puertorriqueña, venezolana, colombiana), no han formado parte de un corpus regional -mismo que suele construir divisiones entre lo insular y lo continental y sigue privilegiando divisiones lingüísticas. Este libro muestra los caminos zigzagueantes que enlazan las experiencias caribeñas.

El aporte de Celis al reunir este corpus permite leer a estas escritoras en marcos que cruzan fronteras y rompen cercos. El capítulo sobre Fanny Buitrago es exquisito, pero en todos los casos, la lectura de La Rebelión nos incita a entrar a estos mundos oscuros que a la vez inspiran. La propuesta intracaribeña de La rebelión, al armar un corpus continental e insular, también debe motivar a cada lector/lectora, a descubrir -desde espacios y situaciones particulares- otras narraciones que pueden dialogar con este corpus, y no solamente abrir diálogo sino interrogarlo y ampliarlo.

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