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Andamios

Print version ISSN 1870-0063

Andamios vol.13 n.30 México Jan./Apr. 2016

 

Artículos

Deporte, cultura física, espacios e identidades. El Tiro Suizo de Rosario (1889-1924)

Sport, physical culture, spaces and identities. The Swiss shot Rosario (1889-1924)

Diego P. Roldán* 

Sebastián Godoy** 

*Profesor en la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Correo electrónico: diegrol@hotmail.com

**Profesor de Historia en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Correo electrónico: sebasgodoy13@gmail.com

Resumen

Este artículo estudia las variaciones de los esquemas culturales, la resignificación de las identidades nacionales y los modelos de la cultura física en la práctica del tiro en el Club Tiro Suizo de Rosario entre 1889 y 1924. Se analizará el contexto de formación del club y sus objetivos, las repercusiones de la sanción del servicio militar obligatorio, la organización de la Dirección General de Tiro y Gimnasia (1905) y las actividades que se desarrollaron en el polígono del Tiro Suizo en el Concurso Nacional Centenario de la Independencia (1916). Se reconstruyen los efectos que los episodios de la semana trágica (1919) en la organización del club y la reapropiación de la práctica del tiro en clave deportiva en los años veinte.

Palabras clave: Tiro al blanco; cultura física; identidades nacionales; deporte

Abstract

This article studies changes in cultural schemes, the redefinition of national identities and the patterns of physical culture in shooting practice in the Rosario Club Tiro Suizo between 1889 and 1924. The context of formation and objectives of the club, the repercussions of the sanction of obligatory military service and the creation of General Direction of Shooting and the activities of the National Contest Centennial of Independence (1916) will be analyzed. The repercussions that the “Semana Trágica” of 1919 had within the club had will be reconstructed, and the reappropriation of shooting practice in a sporty key in the 1920 s.

Keywords: Shooting; physical culture; national identities; sport

Introducción

Desde hace algunos años, las ciencias sociales y la historiografía argentinas han indagado sobre la cultura física. Dentro de ella, la práctica del tiro ha sido objeto de algunas interrogaciones, aunque más bien laterales. Los trabajos de Pablo Scharagrodsky y Ángela Aisenstein (2006) reconstruyeron los primeros pasos de la educación física en la Argentina. En particular, Scharagrodsky (2011) se ha ocupado de exhumar los momentos de tensión entre la “gimnasia militarizada” de los profesores de esgrima y la cultura física propagada por los médicos higienistas y maestros de educación física.

Sobre la relación del naciente patriotismo argentino con el cosmopolitismo inmigratorio, que atraviesa y tensa la última fracción del siglo XIX, los estudios de Lilia Ana Bertoni (1992 y 2001) dieron cuenta de las intenciones de difusión de la práctica del tiro como dispositivo generador de identidades nacionales, a través de instituciones estatales (Colegios Nacionales) y paraestatales (Club Gimnasia y Esgrima), en la ciudad de Buenos Aires. También, uno de nosotros (Roldán, 2006) exploró los sentidos atribuidos al tiro al pichón y al blanco, en el marco de los procesos civilizatorios y el ocio de las elites a comienzos del siglo XX en la ciudad puerto de Rosario, por entonces el segundo núcleo urbano de la Argentina. Algunos trabajos de Laura Méndez (2012) indagaron sobre las especificidades de los Tiros Federales de la Norpatagonia y su rol en la producción de identidades en territorios de reciente integración y situación de frontera. En este marco, el presente articulo intenta combinar algunas de estas perspectivas.

La relación entre el tiro y la nación puede ser observada en tres fases, a través del prisma que construyó la historiografía argentina sobre el trayecto del nacionalismo. La primera etapa está vinculada al nivel institucional-estatal y a la sanción de la Ley del Servicio Militar Obligatorio (en adelante, LSMO) (Rodríguez Molas, 1983 y Rouquieu, 1984). La segunda se enlaza con la forja del nacionalismo cultural del Centenario de 1910 (Altamirano y Sarlo, 1983). La última, con las derivas y transformaciones que expresaron un nacionalismo con impulsos masivos y, en ocasiones, agresivos y excluyentes (Devoto, 2002; Lvovich, 2003 y Mcgee-Deutch 2003). Estas caracterizaciones y periodizaciones del nacionalismo permiten contextualizar cultural y políticamente los procesos de difusión y apropiación del tiro al blanco en la Argentina.

A fines del siglo XIX, las guerras europeas y la expansión imperialista actuaron como catalizadores en la organización de las instituciones militares argentinas. Una parte de esas energías institucionales fue asignada al reforzamiento del tiro militar (Ejército Argentino, 1895, 4). En sus orígenes, sin embargo, estas prácticas no estuvieron vinculadas ni fueron fomentadas por grupos argentinos o agencias estatales. Resulta paradójico y poco conocido que el tiro fue cultivado y difundido en el territorio argentino, desde mediados del siglo XIX, por comunidades de inmigrantes, nucleadas alrededor de los Tiros Suizos. Esas entidades establecieron el culto a las armas y el tiro al blanco en ciudades de marcado cosmopolitismo, como Rosario.

Entre fines del siglo XIX y la primera década del siglo XX, la población de esta ciudad, la más relevante del litoral argentino y segunda del país, creció notablemente. De unos 50 mil habitantes en 1887 pasó a poseer 192 mil en 1910, la mayoría (62%) de ellos de nacionalidad italiana y española. De constitución comercial y portuaria, la ciudad se transformó en un centro de atracción para los inmigrantes de las más diversas procedencias, incluidos los suizos (Roldán, 2005, 186).

El proposito del presente artículo es colocar el foco analítico sobre el Tiro Suizo de Rosario (en adelante, TSR), en tanto dispositivo maleable y poroso respecto a las relaciones sociales que lo configuran y lo entornan. El TSR constituye un observatorio propicio para analizar y comprender las variaciones de los patrones culturales y los modelos de cultura física asociados al tiro, la paulatina fluidificación de las identidades nacionales (suiza-argentina) y los esquemas corporales puestos en juego en las competencias. Se considerarán momentos específicos y nudos problemáticos con el objetivo de producir un diálogo entre los derroteros históricos de esa institución y los procesos más amplios de la historia argentina. Un primer momento se refiere a la fundación del club en las postrimerías del siglo XIX y al lugar del tiro deportivo en su organización. Luego, se propone conocer el impacto de la sanción de la LSMO en 1901 y de la creación la DGTG en 1905 sobre el TSR. Una tercera instancia ocupa el estudio de la organización y el desarrollo del Concurso Nacional del Centenario de la Independencia en 1916 que tuvo lugar en el polígono del TSR. Posteriormente, se analiza las repercusiones de los episodios de la “Semana Trágica” de 1919, destacando la nueva relación que el TSR entabló con el nacionalismo argentino. Finalmente, se indaga acerca de la reapropiación de la práctica del tiro desde el nuevo ámbito deportivo que instauraron los Juegos Olímpicos, al promediar los años veinte.

Identidad, deporte y nación en el TSR

Al contrario de lo que puede sospecharse, la práctica del tiro en la Argentina no fue una creación fin-de-siècle, ni un producto del nacionalismo vernáculo, no tuvo su epicentro en Buenos Aires y tampoco constituyó una creación del Estado. Desde mediados del siglo XIX, en las colonias agrícolas de inmigrantes suizos, distribuidas por las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, se formaron clubes de tiro. El primero, Tiro Suizo de la Colonia San José, se fundó en Entre Ríos en 1859. En Santa Fe se destacaron los de las colonias de San Carlos, Esperanza, Helvecia y Rafaela. El manejo del fusil fue fomentado por inmigrantes suizos y suizo-alemanes que estaban preocupados por mantener sus tradiciones y protegerse. Algunas de estas colonias poseían una disposición urbana estratégica. Por ejemplo, la pequeña aldea de alemanes del Volga que se agrupó en 1875 en lo que luego de 1888 fue Crespo, provincia de Entre Ríos, poseía una sola calle. El objetivo de esa peculiar urbanización era prevenir y, si era necesario, rechazar posibles hostilidades de los pueblos originarios.

Sin embargo, las colonias no fueron los únicos espacios donde los clubes de tiro hicieron sentir su influencia. En la ciudad de Rosario, emplazada a orillas del río Paraná, en la intersección de la Pampa húmeda y el Litoral y en el sur de la provincia de Santa Fe, un grupo de inmigrantes suizos decidieron constituir un Club de Tiro. El 6 de abril de 1890 inauguraron un gran polígono. Por cinco años, hasta que empezó a funcionar el del Tiro Federal Argentino en Buenos Aires, fue el stand de tiro más grande de la Argentina.

El alto perfil social del TSR estaba inscrito en los apellidos de los fundadores. Había prósperos importadores; Antonio y Aquiles Chiesa; descendientes de antiguos colonos suizos ligados a la política provincial, como Teófilo Lehman; propietarios de papeleras, como Federico Strasser; importantes industriales, como Francisco Heinzi y dueños de talleres gráficos, como Benjamín Tamburini. Además de las cuotas y donaciones, el club consiguió recursos de un amplio espectro institucional. En el plano local colaboraron “La Rosario” Compañía de Seguros, el Centro Unión Almaceneros, el Jockey Club, el Club Español, la Cámara Sindical de la Bolsa de Comercio y una larga nómina de empresas y ciudadanos de renombre. Estos agentes tuvieron un rol cardinal en la animación de las fuerzas económicas y políticas de la ciudad. Entre fines del siglo XIX y comienzos del xx, participaron de la actividad de las corporaciones, asociaciones y grupos políticos decisivos para la ciudad de Rosario.

A fines del siglo XIX, las guerras europeas, la expansión colonial imperialista, el relevo de Francia por Alemania como paradigma civilizatorio e institucional (Buchbinder, 2012) y la inminencia de un conflicto bélico con Chile provocaron una serie de preocupaciones en el Estado y los nacionalistas argentinos. Hubo cierta alerta acerca de la preparación de la nación y sus fuerzas militares en caso de tener que enfrentar un conflicto bélico. En 1901, se sancionó la LSMO, encaminada a modernizar el ejército. También se fundaron los embriones de la Liga Patriótica como escudos nacionales frente al cosmopolitismo inmigratorio. Para reforzar la identidad nacional, se fomentó el desarrollo de instituciones de tiro, intentando hacer de cada ciudadano un buen soldado. Mediante la fusión de las identidades de los Tiros Suizos y los Tiros Federales, el Estado aspiraba a controlar las actividades de esas sociedades, convirtiéndolas en espacios para la práctica del tiro ciudadano y patriótico.

Si bien la conscripción impulsada por el General Ricchieri estaba más emparentada con el modelo militar prusiano que con el suizo,1 en las cámaras legislativas, los generales Godoy y Capdevilla resaltaron los atributos positivos de las milicias suizas. Ambos eran entusiastas defensores de un proceso de formación militar permanente, capaz de permear a todas las esferas e instituciones sociales.

En Suiza [...] no ha variado la inclinación a los ejercicios gimnásticos y militares. Se puede decir que en Suiza cada ciudadano es un soldado. Recibiendo la orden de su movilización abandona su trabajo, viste el uniforme y toma las armas que lleva siempre consigo [...] este plan de organización militar supone la existencia de un sistema de enseñanza de la juventud que la prepare metódica y gradualmente, por medio de ejercicios gimnásticos y de marchas de resistencia, para soportar la fatiga de la vida de campaña [...] El tiro al blanco es también indispensable (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación [en adelante, DS CDN] 1901, T I: 615-8).

En 1905, el general Godoy, antiguo expedicionario de la “Conquista del Desierto”, fue designado ministro de Guerra del presidente Quintana. Desde esa posición, creó la DGTG, destinada a complementar y reforzar los meses de instrucción del servicio militar y a formar un ciudadano íntegro, de cuerpo robusto, postura erguida, moral intachable y honor nacional. La dirección pretendía monopolizar la producción de la cultura física de los jóvenes argentinos, en un gesto de diferenciación y competencia con las tendencias que, para la misma época, procuraba instalar Romero Brest (Scharagrodsky, 2010). Los polígonos de tiro fueron observados por la DGTG como un dispositivo prioritario para el desarrollo de sus objetivos. Metodizar y sistematizar la instrucción de todos los reservistas, los menores de veinte años y varones aptos de todo el país, requería utilizar las infraestructuras existentes. Como parte de un proceso de federalización y nacionalización de todos los clubes de tiro, la DGTG les acordó un subsidio mensual. Si bien los tiros suizos, en general, se mostraron algo esquivos ante los intentos de nacionalización, manteniendo sus prácticas e identidades intactas, fueron más receptivos a los incentivos económicos y aceptaron los subsidios. El nombre del club se mantuvo como Tiro Suizo de Rosario, resistiendo el intento de la DGTG de subsumirlo dentro del Club Tiro Federal y los orígenes suizos se mantuvieron como condición excluyente para formar parte del círculo asociativo.

El TSR gozaba de una existencia autónoma, ya que contaba con el apoyo de un círculo de notables, las cuotas sociales y contribuciones institucionales. Contrariamente, para difundir sus ejercicios con fusil, la DGTG dependía por entero de los clubes de tiro, ya que éstos poseían las instalaciones adecuadas, el arraigo social y la tradición en la práctica. Durante los primeros quince años del siglo XX, el TSR mantuvo tanto sus comisiones directivas formadas por miembros de la colectividad como sus tradiciones acerca del hombre en armas. Los Tiros Federales, creados para darle presencia al Estado y al ideal patriótico del tiro de guerra, fueron más receptivos y propicios a la hora de desplegar las políticas de “federalización” y “nacionalización” propuestas por la DGTG.

A lo largo del período fundacional, el TSR estuvo dominado y tensionado por las inclinaciones suizas de producción de la ciudadanía y por la afición deportiva de muchos socios respecto al tiro al blanco. En parte, la actividad mantuvo vigente una sociabilidad suiza alrededor de los concursos, los almuerzos y las cenas de camaradería. Las familias, vinculadas a la inmigración helvética, socializaban en las instalaciones del TSR y, a muchos kilómetros de su patria, destilaban sus tradiciones nacionales. Dentro de ese repertorio de prácticas, el tiro al blanco configuraba una relación social productora de ciudadanía, en tanto era capaz de conformar un tipo de ciudadano en armas y dispuesto a responder ante el llamado a filas. El tiro al blanco fue una práctica y el polígono de tiro un dispositivo capaces de producir un ciudadano-soldado. A través del manejo del fusil, los suizos se transformaban en hombres y ciudadanos en armas, listos para integrar las filas de una milicia popular y numerosa y afrontar la defensa patriótica. Pero, desde otra perspectiva, el tiro también era un deporte apreciado por las elites locales que no estaban relacionadas con el mundo helvético y que disfrutaban de actividades parcialmente similares, como el tiro a la paloma o al pichón (Roldán, 2006). Muchos de los miembros de estos grupos vincularon el tiro al blanco con un deporte suizo y una actividad recreativa, inmanente y libre de los significados que la asociaban a una identidad ciudadana vinculada a las armas.

Tanto cuando estuvo inclinado a la práctica deportiva como a la interiorización de una moral cívica, el tiro al blanco funcionó como un vector disciplinario y de robustecimiento físico de la juventud. Entre las cualidades del “buen tirador” se destacaban la firmeza de carácter y propósito, la serenidad, una postura recta y unos brazos y piernas fuertes, capaces de acompañar la manipulación del arma. Los contactos con el fusil, con el polígono y otros tiradores tenían la virtud de promover valores comunitarios y viriles. Un tipo de masculinidad se ponía en acto en el stand de tiro.

El polígono y el tiro podría ser un poderoso factor de nacionalización y una escuela de la virilidad [...] no quedan más que el tiro y el polígono para despertar en el alma de los ciudadanos el amor que deben a la tierra en que nacieron [...] allí se conocen los hombres, primero como camaradas; se aprecian luego como amigos, se abrazan en seguida como hermanos, y se confunden al fin en un mismo sentimiento de noble y ardiente patriotismo (Munilla, 1916, 62-63).

Como presidente del Club y hombre de tiro, Francisco Henzi intentó mantener un equilibrio entre las dos fuerzas que animaban al TSR. Una estaba orientada a recuperar los elementos de la nacionalidad suiza en la Argentina y la otra, a promover concursos amplios en el marco social y urbano de inscripción del club. A partir de esa confluencia de intereses, Henzi consiguió que el tiro fuera difundido en las colectividades suizas residentes en la Argentina. Fue un experto en la organización de certámenes, jurado de numerosos torneos y autoridad ampliamente respetada. Bajo su conducción, el TSR conoció cierto esplendor en las competencias nacionales. Además, colaboró con el Estado argentino en la instalación del tiro nacional.

Cuando el gobierno emprendió la tarea patriótica de levantar la práctica del tiro a la altura de una institución nacional, Henzi fue uno de los que ayudó también con atinadas indicaciones, basadas en su larga experiencia y competencia, recomendando en tal ocasión llamar a la juventud a la práctica de las armas (Tiro Nacional Argentino [en adelante, TNA], III, 19, 1912: 37).

Incompletamente asimilados a un entrenamiento militar y a un deporte recreativo, los objetivos del tiro quedaron fragmentados. Las intervenciones de la DGTG intentaron nacionalizarlo, fabricarlo como una destreza marcial y un preparativo para la guerra. Pero ese direccionamiento, casi exclusivamente disciplinario, restaba atracción a la práctica y desertificaba los polígonos. Hubo entonces que fomentar mecanismos competitivos, tales como los torneos, la exención del servicio militar obligatorio para los ganadores de las competencias y para los tiradores tácticos. Además se generaron incentivos económicos y se formuló un entorno agradable que incluyó la presencia de mujeres.

Durante la primera década del siglo XX, el tiro se proponía como un equilibrio perfecto entre lo útil y lo divertido, entre el trabajo y el ocio, ofreciendo una alternativa provechosa, deportiva y patriótica. Primero por la vía competitiva y luego por la ideológico-política, los dispositivos deportivos y de entretenimiento comenzaron a colmarse de un sentido cada vez más nacional y militar.

Celebrar la Nación. El Centenario de la Independencia en el TSR

En la cruzada por transformar a los ciudadanos en diestros tiradores y buenos soldados, 1916 significó un acercamiento del ideario nacionalista y el TSR. Entre el 2 y el 10 de junio, la Confederación Nacional de Tiro (en adelante, CNT) efectuó el Gran Torneo del Centenario de la Independencia. Debido al carácter de la efeméride, el lugar escogido originalmente para el certamen había sido Tucumán, “pero como allí no fue posible conseguir las comodidades, se dispuso llevarlo a cabo en el stand del Tiro Suizo del Rosario” (TNA, VII, 71-2, 1916: 73). Pese a que ni la ciudad ni la institución participaron en el motivo de los festejos, el stand de TSR fue elegido por sus dimensiones, apropiadas para un certamen multitudinario: 54 sociedades, 22 equipos del ejército, seis de la armada, siete de universitarios y los tiradores inscritos individualmente. Para los promotores del concurso, el tiro era una escuela de la democracia orgánica, amalgama patriótica de una población heterogénea (inmigratoria) y numerosa (TNA, VII, 72-3, 1916: 99).

La camaradería y la fraternidad fueron mencionadas, también, como valores que la escuela democrática del tiro debía inculcar en la ciudadanía, haciendo surgir lo que el titular de la DGTG, General Munilla (1916), llamaba democracia orgánica. Se trataba de una forma de comunidad jerárquica, ordenada y con poderosos lazos generada a partir de la experiencia militar compartida (Roldán, 2014). Desde esa óptica, la virilidad y la gallardía no eran virtudes que pudieran ejercerse plenamente de forma individual, sino que requerían de una colectividad masculina organizada. Allí aparecían los polígonos que, junto con el ejército, constituían los espacios apropiados para que los hombres se conocieran y unieran en un sentimiento de “noble y ardiente patriotismo” (Munilla, 1916: 63).

Con ese ideario, la CNT se propuso desplegar una importante logística que garantizara el éxito del concurso. Solicitó al Ministerio de Guerra de la Nación armas y municiones para entrenamiento de los participantes. La DGTG entregó seis fusiles y seis mil cartuchos por cada asociación inscrita, facilitó pasajes para el traslado de los equipos y consiguió alojamiento en hoteles de Rosario. Las delegaciones del ejército fueron hospedadas en el cuartel de bomberos. Manuel Pignetto y Arturo Faleni revistaron como comisarios generales del concurso (TNA, VII, 72-3, 1916: 100).

Entre el 4 y el 7 de julio se disputaron los blancos en los que participaron tiradores individuales. La ansiedad y la euforia de los espectadores fue retratada en las páginas del TNA:

Los curiosos, que asistían a la prueba, sin tomar en ella parte, contagiados con el entusiasmo que bullía en las barreras, corrían de un lado a otro repitiendo a gritos el impacto que superaba al cómputo del hasta entonces vencedor; y cuando alguien pasaba a otro, la concurrencia estallaba en aplausos ruidosos [...] No celebraban las victorias particulares, sino el éxito definitivo e indiscutible de este gran torneo (TNA, VII, 72-3, julio y agosto de 1916: 102).

Las jornadas del 8 y el 9 se consagraron al concurso de sociedades, el equipo del Tiro Federal de Rosario se posicionó en el segundo puesto, detrás del Tiro Suizo de Belgrano, la primera institución dedicada a estos ejercicios que Sarmiento inauguró en Buenos Aires. Si bien hubo algunos reclamos a los miembros del jurado, por el escaso número de blancos y el poco tiempo de preparación de las sociedades, el concurso pudo desarrollarse sin contratiempos. Los balances de la reunión fueron positivos, remarcándose la labor integral del tiro de guerra como instancia de hermanamiento de los ciudadanos y extinción de las diferencias sociales.

Una obra noble y patriótica, porque tiende no solo a organizar el elemento principal de la defensa nacional -instruyendo al individuo en el manejo y empleo del arma de guerra- sino también a robustecer los vínculos de familia que unen en un mismo afecto y en una misma aspiración, al pueblo argentino (TNA, VII, 72-3, 1916: 105).

Terminadas las instancias competitivas, fue el momento de los festejos y agasajos, comenzando por una procesión cívica en la noche del 8 de julio, organizada por la municipalidad de Rosario. Al día siguiente, el Dr. Mendoza, presidente de la CNT, ofreció un banquete de despedida a los tiradores en el Gran Hotel de Italia, al que asistieron cientos de personas de las más diversas procedencias sociales y territoriales.

[...] la gran obra del tiro. Todas las categorías sociales estaban niveladas; todas las diferencias que suelen observarse entre los hombres, suprimidas. Y es que en el polígono, no solo se «aprende a defender a la patria», sino también a practicar la democracia orgánica, a realizar ese ideal de fraternidad que tan fuertes y poderosos hace a los pueblos (TNA, VII, 72-3, julio y agosto de 1916: 106).

A lo largo de las jornadas de julio, imbuidas del ideal patriótico nacional, se expresaron dos tendencias novedosas en los imaginarios discursivos construidos en torno al tiro. La primera indicaba la proximidad y afinidad de los intereses, actividades y objetivos del TSR, la CNT y la DGTG. La realización del certamen nacional más grande y elocuente de la disciplina hasta ese momento en las instalaciones de un polígono del interior del país, vinculado a la colectividad suiza y a su tradición de tiro, marcó una convergencia entre esta institución local y los intereses de organismos de escala nacional y próximos al nacionalismo y el Estado argentinos. Los idearios deportivo, recreativo y étnico del tiro comenzaron a ser opacados por una concepción nacionalista y militarista. Con el concurso del Centenario de la Independencia se acentuó una tendencia de asimilación del TSR y las instituciones estatales y nacionales.

Fisiología del ejercicio físico y disciplina militar

Del concurso de las fiestas mayas de 1915 resultó ganador Juan Papis, el mejor tirador de TSR. Uno de los más destacados socios, frecuente competidor del TSR y delegado al Congreso Nacional de Tiro de 1914, el Dr. Manuel E. Pignetto, dirigió el discurso de cierre a la concurrencia. Sus enunciados fueron reproducidos en las páginas del TNA. Pignetto se dirigió a las madres de hijos varones. Sirviéndose de la puericultura y la eugenesia positiva, en tanto fórmulas médicas orientadas al mejoramiento de la raza a través de la nutrición, el ejercicio y la prevención de enfermedades, les encomendó la vigilancia de la salud y el vigor de los niños en el hogar. Destacó la necesidad de una preparación metódica y sistemática para el despliegue de las energías de los hombres en el transcurso de su vida adulta, tanto se desarrollara ésta en tiempos de paz o de guerra. Ante desafíos y peligros, la fuerza bruta no entrenada y el cultivo de la debilidad eran incapaces de triunfar. Finalmente, recordó el rol pionero de los inmigrantes suizos en la construcción, organización y puesta en marcha de polígonos de tiro en la República Argentina. Esos polígonos fueron asimilados “a escuelas de destreza y virilidad” (TNA, V, 58, 1915, 53) que los poderes públicos comenzaron a alentar luego de 1905.

Son pues los suizos los precursores en el país del deporte del tiro al blanco, revelador de la cultura y energía del pueblo helvético, que enclavado en el corazón de la Europa monárquica, como cruel ironía de la naturaleza, se ha hecho responsable ante la humanidad por sus instituciones democráticas, por el altruismo de sus acciones, por la virtud y trabajo de sus hijos. Tal nos lo demuestra hoy agotando sus recursos en socorrer a los refugiados de la guerra de todos los países beligerantes (TNA, V, 58, 1915, 53).

Pignetto recupera la épica suiza del pioneer desinteresado y pacifista, pero anuncia la captura de esas energías por parte del Estado argentino que deseaba iniciar un proceso de nacionalización de las masas (Mosse, 2007) y que contaba con los recursos materiales y las energías institucionales para multiplicar la experiencia de los polígonos de tiro.

Pocas veces las páginas de TNA habían retratado al TSR, pero esa tendencia cambió con el concurso de 1916. En septiembre de ese año, apareció una reseña de la historia y las actividades del TSR. Destacándose la continuidad de sus certámenes, el nutrido padrón de socios, que rondaba los 250, y la amplitud de su stand: el segundo del país y el mayor de la segunda ciudad de la República (TNA, I, 5, noviembre 1916, 156).

Además de representar como tirador de discreto rendimiento al TSR, Pignetto era médico y trabajaba desde 1908 en la Asistencia Pública Municipal. También ejercía la medicina examinando la aptitud física de los aspirantes a la conscripción. En dos ocasiones durante 1920, cerró certámenes de tiro con sendos discursos. Recapituló su experiencia como médico militar y advirtió acerca de la debilidad e inaptitud de los jóvenes que debían ser enrolados. La mayoría presentaban un perímetro torácico disminuido (menos de 84 cm.), que reducía la potencia física y la aptitud moral de los jóvenes. Para Pignetto, la oxigenación de la sangre regulaba los buenos pensamientos, la seguridad y el optimismo del carácter.

Considero no es éste el instante de hacer cátedra sobre la importancia que la cultura física ejerce en el individuo. Me bastará decir que el ejercicio hace al músculo dándole fuerza y volumen, vigoriza las articulaciones, consolida el sistema óseo del adolescente dando solidez y agilidad a los movimientos del cuerpo humano. Favorece el metabolismo de la nutrición, circulación y respiración. Mejorando la aptitud de la capacidad vital del gimnasta por el ensanchamiento del perímetro toráxico. Tal bonificación del organismo físico repercute favorablemente en el organismo moral e intelectual del individuo, que al vivificar la célula nerviosa por el oxígeno aportado por la sangre, la despoja de todo elemento nocivo introducido o segregado por el organismo, estimulándola a un mayor y proficuo trabajo. Como consecuencia de esta regulación funcional se establece en el hombre auto-disciplina de efectos superiores sobre su intelecto, pues la acción tónica que el ejercicio físico ejerce sobre el cerebro, hace del ciudadano una personalidad respetuosa y prudente en el intercambio de la vida colectiva (Pignetto, 1927, 51).

Pignetto afirmaba que esos jóvenes con tórax estrechos carecían de la gallardía y la salud necesaria para ingresar en la edad viril. Condenados a una prematura decadencia, quebranto y agotamiento, la agilidad, la alegría y la satisfacción les estaban vedadas. La falta de postura marcial, ojos vivaces potencia espiritual y emociones sinceras delataba su ruina moral.

Pignetto consideraba que estas problemáticas eran responsabilidad de los poderes públicos que apenas fomentaban la educación física y moral del pueblo, limitándose a brindar una educación libresca y orientada a la alfabetización. En este sentido, el deporte podía funcionar como una solución a las falencias de la educación física argentina.

El ejercicio físico mantiene el empuje para largas jornadas o acciones de resistencia [...] El gimnasta por el régimen de vida que el deporte exige, establece autodisciplina, de efectos morales sobre el individuo, haciéndolo respetuoso y prudente, pues es sabida la acción tónica del ejercicio sobre el cerebro [...] dan al tirador aplomo, prudencia, serenidad y domino del sistema nervioso a la vez que desintoxican los venenos sociales (TNA XI, 1921: 230).

A través de ciertas reflexiones alrededor de la fatiga y el adiestramiento, Pignetto introdujo elementos propios de la fisiología del ejercicio. Autores como Angelo Mosso (1893) y Philippe Tissie (1899) habían difundido en Europa los mismos temas a fines del siglo XIX (Roldán, 2010). En el marco de las discusiones alrededor del ejercicio, Pignetto puso en circulación conceptos y significantes procedentes del campo de la fisiología de los cuerpos en movimiento -cuya autoridad en la Argentina era Romero Brest (Scharagrodsky y Ainsenstein, 2006)- dentro de las discusiones sobre la potencia física, virilidad y aptitud moral de la vida marcial.

Las dificultades que encontraban los hombres para dominar sus emociones, en particular sus temores en el frente de batalla -la referencia a la psicología fisiológica de Mosso (1892) es en ese terreno significativa-, evidenciaban una educación física y deportiva insuficiente. La práctica reiterada y sistemática de ejercicios físicos o deportivos era lo que permitía mantener el cuerpo en estado óptimo y preparaba al individuo para soportar el dolor, la fatiga y la angustia. Estos solapamientos entre la matiz fisiológica y militar, producidos después del estallido de la Primera Guerra Mundial y en un espacio periférico como Rosario, pero con impacto en una revista como El Tiro Nacional, muestran las posibles y, a veces frecuentes, hibridaciones de los discursos y las identidades producidas por las corporaciones médicas y militares alrededor de la cultura física. La reproducción de los discursos de Pignetto en el TNA acredita la débil legitimidad de la cultura física de orientación castrense y el prestigio científico de la fisiología del ejercicio.

La tensión entre el sentido deportivo y militar

El estallido de la Revolución Rusa en 1917, la creciente gravitación del anarquismo, el sindicalismo revolucionario y el socialismo entre los trabajadores provocaron una fuerte reacción y estado de alerta en los sectores conservadores y nacionalistas. La avanzada revolucionaria era una posibilidad.

Esta galvanización de los grupos afines a las derechas (Macgee, 2005) fue visibilizada en distintos ámbitos de acción y propaganda. Una de sus prédicas fue la apelación a la regeneración de la juventud, a la que veían “extraviándose en lo que respecta a su vida moral, para beneficio de las confiterías” (TNA VIII, 88, 1917: 176). Frente a las amenazas políticas y el ocio “malsano” de la juventud, se proclamó un programa en pro de su encausamiento.

Concurrir al Polígono y ejercitarse en el tiro, debería ser en nuestros jóvenes una necesidad imperiosa, más aún; un medio para sustraerse a tantas “distracciones inocentes” que no tienen otra finalidad que pervertir el espíritu y el cuerpo, convirtiéndolos en seres inútiles y sin provecho para sí mismos, para los suyos y para la sociedad (TNA VIII, 88, 1917: 176).

Además de la juventud, otra de las preocupaciones de quienes temían a las tendencias maximalistas eran la raza y la nacionalidad. La declaración del 12 de octubre como “Día de la Raza” en 1917 reivindicaba las raíces hispánicas y las fuerzas telúricas, era un mecanismo de defensa ante un mundo que tenía a las potencias europeas en guerra, las ideas revolucionarias en expansión y el liberalismo distanciado de las coordenadas del campo cultural, estético y nacional argentino. Entonces, el TNA reprodujo fragmentos de Preparación Militar, un libro del comandante francés Chapuis, bajo un encabezado que rezaba “Por la patria y por la raza”. El texto llamaba a “...adquirir un espíritu militar excelente con una moral perfecta; aceptar de antemano, con la mejor buena voluntad, la disciplina completa” (TNA VIII, 88, 1917: 65).

El avance de las ideas nacionalistas y de la regulación del Estado sobre algunas organizaciones civiles (Di Stefano, Sabato, et al., 2002) se hizo sentir en el TSR. A partir de 1918, el origen suizo de los socios no fue una condición excluyente para integrar la comisión directiva. La Liga Patriótica adquirió cierta presencia en esa sociedad. Entre la nómina de los presidentes y de contribuyentes aparecieron miembros de la Liga (TSR, 1926). De esa manera, quedó en evidencia la naturaleza estratégica de este tipo de instituciones para la proliferación del imaginario y la política nacionalistas. Esa aproximación entre el TSR y la Liga, también, mostró los resultados alcanzados a largo plazo por los intentos nacionalizadores del Estado.

Sin embargo, esta reactivación de los ensayos de nacionalización de las masas no logró evitar el advenimiento de la exacerbación de la protesta obrera entre los años 1919 y 1922. En particular, los hechos de la “Semana Trágica” consternaron a nacionalistas y conservadores. Los meses que siguieron al conflictivo verano de 1919 fueron testigos de un llamamiento que la Liga Patriótica Argentina lanzó desde las páginas del TNA:

[...] el Señor Presidente de la Liga Patriótica Argentina, hace un llamado a todas las Sociedades de Tiro de la República para que se adhieran a ella, cumpliendo así un alto deber de civismo. En ninguna otra parte es más adecuada para hacer una activa y eficaz propaganda en pro de la Liga Patriótica Argentina, que en el cartel, la escuela y el stand [...] Dediquemos nuestras energías a la tarea de convertir a la nacionalidad a todo extranjero honrado y laborioso, digno de nuestro amparo y a repudiar al que, traicionando la hospitalidad que con toda generosidad le hemos brindado, perturbe la paz de nuestros hogares e intente manchar, en cualquier forma, lo que es un exclusivo atributo de nuestra soberanía (TNA, X, 107-7, abril y mayo de 1919: 27).

La exhortación a la defensa de la nación iba acompañada por la exaltación de las fiestas patrias, en las que participaron muchas sociedades de tiro. En junio de 1919, la editorial del TNA resaltaba las repercusiones que las manifestaciones cívicas de las fiestas mayas generaban en todo el país. Considerando el origen étnico de muchas de las sociedades de tiradores, resulta interesante que TNA afirmara que no sólo los argentinos celebraban la gesta patriótica, “sino que hasta los extranjeros de todas las razas se han asociado mezclándose con ellos para glorificar a esta nación” (TNA, X, 107-7, 1919: 27). Esta fusión del elemento nacional y extranjero era capaz de resucitar la adormecida “alma nacional” (idem.).

A pesar de la prédica nacionalista de la editorial de la revista, los certámenes de tiro continuaron ocupando la mayor parte de sus páginas (TNA, X, 107-7, 1919: 27).

Asimismo, se proyectaba para 1919 una importante campaña de difusión del tiro ciudadano: “que los ciudadanos acudan con asiduidad a los stand”, convencidos “del valor del tiro con el arma de guerra, como uno de los medios sociales y económicos de robustecer el poder militar del país” (TNA, X, 113-4, 1919: 146-7). Este fortalecimiento militar no estaba orientado a un conflicto externo, sino que apuntaba a menguar las posibilidades de enraizamiento del enemigo interior: los anarquistas, los comunistas y, también, los sionistas (Lvovich, 2003).

En los años sucesivos, las competencias continuaron a buen ritmo. El ideario nacionalista emprendió nuevos rumbos al culminar la crisis económica y política ocasionada por las repercusiones de la primera guerra mundial y los impactos políticos y culturales de la Revolución rusa. Alrededor de 1922, las exportaciones se habían recuperado, las cosechas volvieron a ser abundantes, los ferrocarriles y puertos se reactivaron y el ciclo de protesta obrera declinó con la reactivación del comercio exterior. Entonces, el tiro fue recuperado por el ideario deportivo, pero sus inmersiones en las aguas del nacionalismo y la democracia orgánica lo habían modificado. Si bien el tiro no perdió por completo los significantes a los que se vinculó durante su trayectoria nacionalista, en parte reflejada en los textos publicados en el TNA, las formas del nacionalismo se modificaron y atravesaron nuevos campos.

A mediados de los años veinte se reanudaron las competencias olímpicas interrumpidas por la guerra, el mismo conflicto bélico que había promovido una nacionalización del tiro. Nuevamente, las naciones podrían disputar supremacías mediante un dispositivo que tendía a pacificar la violencia: el deporte (Elias y Dunning, 1992). Entonces, se celebraron primero los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920 y luego los de París de 1924. Los trabajos de Eduardo Archetti (2001 y 2003) y de Pablo Alabarces (2002) señalan que fue durante esa década cuando se forjó la primera identificación entre el deporte y la nación argentina. En ese contexto de renacionalización pacífica del tiro al blanco, Juan Papis, liquidador de la contaduría municipal de Rosario, fue designado por el Comité Olímpico para integrar el equipo de tiradores de la delegación argentina (ET HCD mayo 1924, f. 82). Era un destacado tirador de la región formado en el polígono de TSR, y desde muy joven se había ubicado en las primeras posiciones de los torneos, consiguiendo numerosos trofeos locales, provinciales y nacionales. Sin duda, Papis fue el mejor tirador de TSR entre 1910 y 1930. En 1924, por su desempeño en las competencias de tiro al blanco, alcanzó una condecoración olímpica en París.

Hace pocos días regresó de París el joven y correcto empleado municipal Juan Papis. Fue a las Olimpiadas en uso de licencia [...] y ha agregado un lauro a los muchos conquistados por los atletas argentinos en aquel torneo mundial. Tuvo una actuación descollante marcando la serie record de diez tiros en la posición de rodilla en tierra; sobre un total de 100 puntos hizo 95. Además, consiguió adjudicarse el record mundial en la posición rodilla en tierra, con 376 puntos, con el arma empleada por los tiradores suizos: El Martini [...] como estímulo a los jóvenes que se dedican a tan buen deporte, el HCD podría mandar al Sr. Juan Papis una nota de felicitación por la eficaz actuación que ha tenido en las olimpiadas de París (Diario de Sesiones del Honorable Concejo Deliberante [DS HCD], 02/09/1924, p. 251. La cursiva es nuestra).

Un aura deportiva envolvió al tiro al blanco. El nacionalismo de la primara década del siglo XX y los primeros años veinte, se reencontraba con el tiro, pero en la nueva atmósfera suministrada por las competencias deportivas internacionales. Un dispositivo estandarizado, globalmente valorado, aparentemente desprovisto de intereses e inutilizable con objetivos políticos fraccionarios o internos, transformó al tiro al blanco. Tras la actuación olímpica de Papis, el tiro pudo regresar a su consideración deportiva, el fusil argentino abandonó momentáneamente los uniformes del ejército para ser abrazado por las vestiduras de los equipos olímpicos. Sin embargo, en medio de esa eufórica nacionalización deportiva, persistía la huella original: el arma que había usado Papis en París no era el Máuser Modelo Argentino, creado en 1909 meses antes del Centenario de la Revolución de Mayo de 1810, sino el Martini, la preferida por los tiradores suizos.

Conclusiones

A lo largo de este artículo observamos algunos de los procesos más significativos de la historia de TSR, desde su fundación en 1889 hasta promediar la década de 1920. El tiro al blanco fue una actividad que no recibió inicialmente el impulso del Estado ni surgió en el espacio central de la capital federal. La emergencia del tiro entre inmigrantes suizos de las provincias de Entre Ríos y Santa Fe coloca a nuestro objeto de estudio en un terreno donde la historia local interseca y complejiza la nacional. El TSR fue puesto en marcha con la intención de gestar un círculo de sociabilidad primordial, aunque no exclusivamente suiza. Casi instantáneamente, en el predio del TSR se construyó un polígono que colmó la plantilla de actividades de la asociación. La práctica del tiro, entonces, emergió hibridada: por una parte se la consideró como una forma de sostener las tradiciones y fomentar el entrenamiento de los tiradores suizos, alejados de su patria. Por otro, a través de certámenes de participación abierta a la sociedad local, se fabricaron espacios en los que el tiro al blanco fue reconocido como una forma de competencia deportiva, relativamente ajena a los núcleos de sentido suizos y marciales.

A comienzos del siglo XX, los tiros suizos fueron visualizados por el Estado como infraestructuras idóneas para completar la instrucción militar, definida por la Ley Ricchieri de conscripción obligatoria. Con la creación de la DGTG, se ideó un plan de federalización y sustento económico de todos los círculos de tiro del país. Ese proyecto ansiaba nacionalizar y asimilar a los Tiros Suizos. Sin embargo, esa perspectiva no fructificó rápidamente. La DGTG conjeturó la posibilidad de establecer una relación de dependencia con el TSR, una cuestión que resultó bastante trabajosa, a consecuencia del arraigo y los vínculos de la institución. Para el Centenario de la Revolución de Mayo (1910), el certamen de tiro organizado por la DGTG se desarrolló en el modesto predio del Tiro Federal de Rosario. La selección de un polígono de poca envergadura, pero de carácter netamente nacional, muestra el estado de las relaciones entre el TSR y la DGTG. Fue necesario el clima bélico de 1914 para que se produjera un acercamiento entre ambas instituciones. En 1916, a diferencia de 1910, el centenario de la declaración de la independencia argentina se celebró en el TSR. El torneo alcanzó un éxito notable. Pero esa aproximación volvió a problematizar y tensionar la identidad del TSR que, paulatinamente, se integraba a las manifestaciones de los nacionalistas locales.

En esas jornadas de 1916, el polígono del TSR fue el escenario propicio para la puesta en acto de la democracia orgánica castrense, el crisol del polígono fusionaba cualquier diferencia que pudiese existir entre los tiradores. Paralelamente, los contenidos fisiológicos de los ejercicios de tiro recibieron los aportes y la legitimidad científica de un médico higienista que conocía a fondo las obras de Mosso, Lagrange y Tissie. Manuel Pignetto puso en diálogo las justificaciones científicas de la fisiología del ejercicio físico con las recomendaciones prácticas del adiestramiento militar. Además, sus intervenciones lacraron el acercamiento entre el TSR y la DGTG; el club no sólo ofrecía sus instalaciones y una solida tradición, también, ponía a disposición de la DGTG argumentos fisiológicos capaces de modernizar científicamente los enunciados de la gimnasia militar. El TNA acogió con gusto los sofisticados argumentos médicos de Pignetto, tendientes a justificar las prácticas militares de la DGTG, antes sólo fundamentadas moralmente.

Los años siguientes confirmaron el vínculo entre el TSR y la DGTG. Primero en 1918, el TSR suspendió la condición de nacionalidad o descendencia directa suiza para formar parte de los estamentos superiores del club y segundo se plegó al llamamiento de la Liga Patriótica efectuado entre 1919 y 1920. Entonces, los significantes del nacionalismo argentino penetraron profundamente la organización del TSR. No obstante, el carácter deportivo y competitivo del tiro al blanco continuó vigente a través de las rutinas de los concursos. En 1924, el tirador Juan Papis, formado en el equipo del TSR, conquistó una distinción olímpica. Este hecho amalgamó la tradición suiza, la formación de una historia deportiva local, el nacionalismo argentino y la visualización del tiro no solo como un adiestramiento militar, sino como un deporte internacional y de proyección olímpica.

Este artículo muestra una historia que comienza en las humildes colonias de Santa Fe, perdidas en la llanura pampeana, pasa por el Tiro Suizo de Rosario, avanza hacia leyes e instituciones nacionales, como la Ley Ricchieri, la DGTG y la CNT, observa la organización de certámenes conmemorativos y patrióticos, se detiene en las movilizaciones y los discursos nacionalistas de 1919-20 y culmina con las olimpíadas francesas de 1924. Los primeros pasos en la internacionalización de los deportes convivieron y fortalecieron las prácticas y los idearios nacionalistas del tiro. Daban comienzo las primeras revoluciones de un círculo virtuoso y de realimentación, en el que el deporte nacional nutría a las competencias internacionales y las competencias internacionales fomentaban los deportes nacionales y sus prácticas locales. Esas competencias deportivas internacionales cosechaban cada vez un mayor número de seguidores y lograron canalizar las ansiedades y expectativas vinculadas al tiro en la órbita del deporte internacionalizado. Pero esos viajes hacia Europa de una práctica también europea proponían conexiones transnacionales (Hannerz, 1998) que mantenían, alimentaban y amplificaban las identidades nacionales y locales.

Fuentes consultadas

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1La diferencia alrededor de la modernización del ejército argentino tuvo dos paradigmas. El primero fue el del ejército prusiano que contaba una conscripción obligatoria y una formación acotada al período de instrucción que no excedía el año y medio. Esta fue la posición impulsada por el ministro de Guerra del presidente Julio Roca, el general Pablo Ricchieri, que se impuso en el debate parlamentario de 1901. El segundo estuvo representado por el modelo de milicias suizas con una formación permanente a lo largo de todo el transcurso de la vida y que era gestionada por los clubes de tiro. Esta posición fue esgrimida por los generales Capdevilla y Godoy y aunque quedó relegada en el debate, como se verá más adelante, fue recuperada en la creación y organización de la Dirección General de Tiro y Gimnasia en 1905. Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación, 1901, t. 1.

Recibido: 10 de Marzo de 2014; Aprobado: 17 de Noviembre de 2015

Diego P. Roldán. Doctor en Humanidades y Artes por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Investigador de la Unidad Ejecutora en Red ISHIR-CONICET y Director del Centro de Estudios Culturales Urbanos y profesor en la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

Sebastián Godoy. Profesor de Historia en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Investigador del Centro de Estudios Culturales Urbanos y Profesor de la Escuela de Historia de la FHYA-UNR.

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