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Andamios

Print version ISSN 1870-0063

Andamios vol.11 n.24 México Jan./Apr. 2014

 

Reseñas

 

Dos literaturas, cuatro escritoras y la experiencia humana al límite

 

Mariana Berlanga Gayón*

 

Rodríguez, R. (2013), Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos literaturas colindantes, México: Ediciones Eón-UTEP

 

* Doctora en estudios latinoamericanos por la UNAM y profesora-investigadora de la Academia de Ciencia Política y Administración Urbana, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

 

Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos literaturas colindantes, de Roxana Rodríguez, es una invitación y una incitación. Una invitación a adentrarse en una literatura que está fuera del centro: no sólo porque se escribe en y desde los márgenes, sino porque con su estilo desestabiliza el canon literario. Y una incitación a vivir la experiencia humana al límite, a través de los poemas y narraciones de las cuatro autoras que analiza: Sandra Cisneros, Selfa Chew, Rosario Sanmiguel y Amaranta Caballero.

Roxana Rodríguez es una enamorada de la frontera, con todo lo que ésta significa. Este libro da cuenta de esa pasión, que no todo mundo entiende, porque implica maravillarse con lo que no necesariamente es bello, por lo menos desde una estética hegemónica y colonizada.

Las fronteras son líneas divisorias: separaciones, pero también uniones, fórmulas para crear vínculos. Constituyen en sí mismas una violencia, pero al mismo tiempo, son fuente de riqueza. Ordenan y desordenan, y nunca se sabe cómo, cuándo, hasta qué punto. En ese sentido, tienen un espíritu rebelde. Alejan, demarcan, delimitan, pero también están hechas para ser atravesadas, cruzadas, transgredidas. Además, son porosas, porque por muy severas que parezcan, nunca son absolutas.

La frontera más importante a la que se refiere este libro es evidentemente geográfica, aquella que divide México y los Estados Unidos. Pero además, están implicadas otras fronteras: la frontera de la identidad, de la raza, del género, de la edad, del estatus migratorio. Y la frontera del deseo, de la ética, de la vida.

Porque las letras de Cisneros, Chew, Sanmiguel y Caballero nos convocan a tomar conciencia, pero también a cuestionar todas estas fronteras. Y a vivir —a través de sus narraciones y versos— al límite, con todo lo que ello pueda significar: al límite de la supervivencia, los sentimientos, el cuerpo y la legalidad.

En su análisis literario, Roxana Rodríguez traza otra frontera al dividir a la literatura chicana (escrita en y desde la frontera del lado estadounidense) de la literatura fronteriza (escrita en y desde la frontera del lado mexicano), puesto que en la primera predomina el espacio ideológico, mientras que en la segunda, el espacio urbano.

Esto lo demuestra en el análisis de la prosa de Sandra Cisneros y la poesía de Selfa Chew, escritoras chicanas, que evidencian esa necesidad de asumir una identidad que no sea la mexicana ni la estadounidense, sino la mezcla que da como resultado una tercera que da cuenta de los orígenes de la población latina radicada en los Estados Unidos.

La literatura fronteriza del norte de México tiene otra lógica. Los escritores no están preocupados en afirmar o en crear una identidad, sino en deconstruirla, porque la experiencia de vivir en la frontera —que implica cruzarla una y otra vez— pone en entredicho identidades, discursos, estéticas y prácticas. Por eso es que una de sus características es la representación del espacio urbano. Porque el mismo espacio rompe el imaginario de lo que debe ser con lo que es, de lo permitido y lo prohibido, del sueño y la realidad, de lo central y lo periférico.

Las dos escritoras fronterizas analizadas por Rodríguez: Rosario Sanmiguel y Amaranta Caballero dan cuenta de una denuncia, pero también de un cuestionamiento permanente. La cercanía que imprime la frontera, al final de cuentas, impone un dinamismo que no se experimenta en otros lugares. Todo cambia de un día para otro: la gente, la estética, las relaciones, la ciudad en sí.

Las dos literaturas que nos presenta este libro son descentradas: no solamente no están escritas desde el centro sino que están escritas por mujeres: transfronterizas y migrantes, que están influenciadas por dos culturas, pero que al mismo tiempo permanecen al margen de "la cultura", entendida como la alta cultura. El hecho de que sean mujeres no quiere decir que repitan los clichés de lo que se ha dado en llamar literatura femenina. Por el contrario, muestran y demuestran que el sujeto mujer nunca es homogéneo y que no existe una experiencia de ser mujer sino múltiples. Mucho menos, una forma de escribir sólo por tener un tipo de cuerpo. Por otro lado, inauguran formas narrativas y poéticas que desestabilizan la literatura escrita por los hombres que forman parte de lo que se denomina "literatura mexicana". Lo culto y lo no culto se entrelaza, el bien decir se conjuga con verbos "maldichos", lo grotesco deviene en sutileza hecha palabra.

Estas dos literaturas colindantes no solamente demuestran que existen otras formas de escribir, de expresar, de representar, sino que describen experiencias que también están al límite de la vida y que se tocan con la muerte: la pobreza, la exclusión, la deportación y la discriminación son experiencias en uno y otro lado de la frontera. Por eso es que estas dos literaturas están muy lejos de querer complacer a cualquier tipo de criterio editorial. No es casualidad que para encontrar estos libros haya que echarse un clavado en las editoriales universitarias e independientes. La misma publicación de los textos constituye un problema, que hay que saber leer en clave de frontera.

Como primera representante de la literatura chicana, Roxana Rodríguez nos presenta a Sandra Cisneros, cuya prosa insiste en la memoria como elemento imprescindible de la identidad chicana. Su cuento titulado "Mericanos" es una síntesis de la mezcla de dos culturas: la mexicana y la americana, que conviven en sujetos cuya forma de hablar parece que no encaja, como la señora que habla un español "demasiado grande para su boca" y que al hablar transgrede las formas, pero también porque sintetiza una contradicción de un país que necesita latinos que hagan cierto tipo de trabajos, pero que se rehúsa a incluirlos del todo.

La Malinche es una figura que recupera la cultura chicana, porque es la que se atreve a construir un puente entre una cultura y otra. La llaman traidora porque transgrede, pero es ese carácter transgresor el que se reivindica como posibilidad de sobrevivencia y aporte cultural. Para las chicanas, la Malinche es símbolo de emancipación.

"Nunca te cases con un mexicano" es otro cuento de Sandra Cisneros, en el que da cuenta de los procesos de racismo y exclusión que vive la comunidad latina en los Estados Unidos. Los lazos familiares son atravesados por la frontera racial, la cual le da forma a la estructura social, pero también a los lazos afectivos.

Selfa Chew —quien además de ser migrante es descendiente de japoneses y mexicanos— deja ver el lugar marginal que dentro de los Estados Unidos tienen todas las otras identidades que no corresponden a la dominante. Su poema "Desahucio", habla de un soldado latino que es llamado para formar parte de las filas del ejército estadounidense. El juego entre ser y no ser, y entre el ser, pero hasta cierto punto, deja clara la marginación de una comunidad que es necesaria, pero también menospreciada.

En cuanto a las escritoras fronterizas, el libro nos presenta a Rosario Sanmiguel con su Callejón Sucre y otros relatos, que nos lleva por los pasadizos secretos de Juárez, y los no tan secretos: los bares, los centros nocturnos, los hoteles de paso, la zona maquiladora, el río Bravo son los espacios urbanos que nos invitan a ver de cerca las experiencias de explotación, abuso, marginación y dolor.

Por último, está la poeta Amaranta Caballero: la más irreverente y, seguramente, la más seductora, ya que se atreve a explicitar sus contradicciones. Una feminista que se cuestiona su ser feminista ya que sabe que la realidad es demasiado compleja como para mirarla desde un solo ángulo. Una poeta que espera el amor, pero que duda de su existencia. Una guanajuatense que eligió vivir en Tijuana para darle rienda suelta a su creatividad.

Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos literaturas colindantes incluye estas cuatro voces, que a su vez representan una forma de expresar y de desestructurar discursos, estéticas, imaginarios. Estas literaturas tienen coincidencias, pero también diferencias. Lo que no tienen son lugares comunes, pues justamente su vocación es deconstruir, deshacer, desconocer y, por lo tanto, innovar discursos y crear nuevos estilos. La pasión por la frontera de Roxana Rodríguez se cruza con su pasión por la literatura. El resultado es esta invitación-seducción para adentrarse en dos literaturas, cuatro escritoras y la experiencia humana al límite.

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