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Andamios

versión impresa ISSN 1870-0063

Andamios vol.8 no.16 México may./ago. 2011

 

Artículos

 

Otras formas de turismo patrimonial. El caso de las ex haciendas de Xalapa

 

Other types of heritage tourism. Study case of the ex haciendas in Xalapa region

 

Fernando Calonge Reíllo*

 

* Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad es investigador visitante del Centro de Estudios de Género, Universidad de Guadalajara. Correo electrónico: fernancalonge@gmail.com

 

Fecha de recepción: 15 de julio de 2009
Fecha de aprobación: 26 de octubre de 2009

 

Resumen

Durante los últimos tres decenios el turismo patrimonial ha experimentado un notable auge, el cual ha sido acompañado por la aparición de unos campos temáticos y de unas líneas de análisis similares, de manera que en el debate académico se ha consolidado también el turismo patrimonial como tópico. El presente artículo ofrece un caso aún no cumplido o anómalo de conversión en turismo patrimonial: las ex haciendas de la región de Xalapa, Veracruz. La discusión de este caso ayuda a repensar y a reabrir las asunciones implícitas de este tópico del turismo patrimonial, de manera que se presentan otras formas de visita y relación con estos enclaves turísticos situados en la región estudiada.

Palabras clave: Turismo patrimonial, ex haciendas, Xalapa, nuevos turismos, casos anómalos.

 

Abstract

Heritage tourism has flourished in the last three decades. Its importance has prompted the emergence of different kinds of analysis that have consolidated the heritage tourism as a topic in the academic debate. The present paper shows an anomalous case of heritage tourism: the 'ex haciendas' in the Xalapa area. The discussion of this case allows us to rethink and reopen the implicit assumptions of this topic. In doing so, we can present alternative ways as the old 'haciendas' are being visited and experienced as tourist sites.

Key words: Heritage Tourism, Ex Haciendas, Xalapa, New Types of Tourism, Anomalous Cases.

 

INTRODUCCIÓN

En los últimos años el turismo vinculado con los emplazamientos patrimoniales ha experimentado un considerable auge. Sobre todo en países pobres, se ha visto en el turismo patrimonial una posibilidad cierta de desarrollo y de crecimiento económico (World Bank, 2001). Esta importancia del turismo patrimonial ha sido acompañada por un creciente interés de buena parte de las ciencias sociales por estudiar este tipo de fenómenos. Desde la sociología, la antropología o la geografía, diversos académicos han estudiado el proceso de conversión de los emplazamientos patrimoniales para su consumo turístico, así como las consecuencias que para las poblaciones locales ha acarreado esta transformación. Después de una gruesa serie de estudios de casos empíricos, se ha alcanzado cierto consenso temático y conceptual sobre las implicaciones que acarrea el turismo patrimonial.

En el presente artículo intentaré repensar la realidad del turismo patrimonial y su abordaje teórico desde el ejemplo de un caso anómalo: las ex haciendas de la región de Xalapa,1 capital del estado de Veracruz, México. Estas antiguas haciendas sí pueden considerarse como patrimonio, puesto que cumplen la mayor parte de los criterios objetivos de valoración, pero, por el contrario, están experimentando serias dificultades en su transformación en turismo patrimonial.

El propósito de presentar un caso anómalo no será tanto el de la refutación, confirmación o refinamiento de la teoría como el de pensar directamente sobre la contingencia de ciertos fenómenos sociales. Desde las citadas reflexiones teóricas sobre el turismo patrimonial se tiene radiografiado el caso típico de un emplazamiento de estas características. Por comparación, el caso anómalo ayudará a comprender qué sucede entre la potencialidad y el acto efectivo de ser "turismo patrimonial".2 El propósito de este ejercicio no será el de presentar un modelo teórico alternativo a las reflexiones existentes sobre el turismo patrimonial, sino el resaltar las particularidades que cada caso concreto presenta y que no pueden quedar obscurecidas en el análisis.

Para presentar mi argumento, en un primer momento resumiré el tópico3 académico del turismo patrimonial. A continuación presentaré el caso particular —negativo— de las ex haciendas de la región de Xalapa, Veracruz y lo contrapondré contra las reflexiones teóricas presentadas. De esta forma podré resaltar, en la parte final del artículo, las particularidades del caso empírico estudiado que escapan al entendimiento de dicho tópico y que constituyen otras formas de vivir el turismo patrimonial.

 

EL TÓPICO TEÓRICO SOBRE EL TURISMO PATRIMONIAL

Ciertamente el turismo patrimonial es un fenómeno social complejo, que presenta tendencias y rasgos en ocasiones contrapuestos y hasta contradictorios. Sin embargo, los diversos estudios e investigaciones que lo han tomado como objeto han llegado a alcanzar cierto grado de acuerdo sobre sus temáticas y características básicas. Este acuerdo o consenso se ha extendido incluso hasta aquellos caracteres más ambivalentes y contradictorios. A continuación ofreceré una lista de esas características básicas que conforman el tópico teórico sobre el turismo patrimonial.

El patrimonio como extrañamiento y mercantilización

Del patrimonio se ha asegurado que es un fenómeno típicamente moderno, en la medida en que la modernidad supone una clara tendencia por desestabilizar y abstraer la concreción de los espacios y los tiempos (Strohmayer, 1997: 157-159; Harvey, 1990: 425). El emplazamiento del patrimonio sería aquel que ha sido hurtado a las necesidades y usos sociales inmediatos, y ha sido situado en una lógica abstracta de la contemplación y de la nostalgia. El patrimonio no estaría constituido para una utilidad y una función práctica inmediata, sino que se articularía bajo la forma de una contemplación tan nostálgica como distanciada (Dicks, 1999: 351).

Esto es así porque la modernidad supone también una clara ruptura con la tradición y el pasado. Los sujetos y grupos sociales modernos pierden la continuidad de la tradición, el sucederse de las enseñanzas generación tras generación. En la orientación de la acción el pasado ha perdido todo su peso, a favor del presente y, sobre todo, del futuro. En esa medida, la relación de los sujetos modernos con el pasado es problemática, y debe ser presentada bajo otro formato. El patrimonio es una de esas nuevas formas de relación con el pasado. El pasado presente en el patrimonio ya no es capaz de ser un repositorio de enseñanzas para las acciones presentes, sino que aparece bajo la forma de un cuadro de tradiciones ya perdidas ante las que sólo cabe una actitud de nostalgia (Brett, 1996: 8).

Pero en parte también la "despresentificación" de los emplazamientos se logra en la medida en que los lugares de patrimonio son sometidos a la lógica abstracta de la mercancía. Frente al valor de uso de los espacios vienen ahora a sobreimponerse valores de cambio y, sobre todo, valores símbolo. El emplazamiento patrimonial vale no por los frutos que se le pueden sustraer de manera inmediata sino, sobre todo, por los rendimientos que puedan derivarse de las inversiones realizadas y por el rango de impresiones e identificaciones que es capaz de suscitar en el turista.

El patrimonio como "exotización" de la cultura y la población

Una resultante de la anterior característica es que todos los elementos culturales que aparecen vinculados al patrimonio son igualmente "exotizados". Si el espacio, el tiempo y la tradición dejaban de implicar preocupaciones prácticas inmediatas, así sucede también con la cultura. La cultura de las poblaciones y gentes vinculadas con un emplazamiento patrimonial deja de ser una fuente de recursos y formas de vida utilizables y válidas, y se convierte en un elemento exótico, merecedor de ser situado en el interior de un museo antes que en el exterior de la vida real y moderna. Consecuentemente con ello, las propias poblaciones y gentes vinculadas al patrimonio y a su cultura son exotizadas también, obligadas a presentarse con un aura de extrañeza y de particularidad ya pasada (Olwig, 1999: 376). El turista patrimonial estaría ávido de contemplar extrañeza, formas de vida y gentes ya perdidas o casi pertenecientes a otra época. Precisamente, ante esta obligación de presentarse ante los ojos del turista de una manera exótica y extraña, muchas poblaciones locales han mostrado su rechazo y su resistencia a convertir sus espacios patrimoniales en zonas turísticas. Al menos, en ocasiones se negocia qué elementos culturales y rituales estarán a la vista del turista y qué otros podrán ser disfrutados y practicados en la privacidad del grupo social (Carr, 2004: 437).

Participación de las poblaciones locales

Otra de las características del turismo patrimonial que ha sido destacada por diversos estudios es la necesidad de que las poblaciones locales se sientan representadas por los emplazamientos turísticos. Más que con ningún otro tipo de turismo, el turismo patrimonial está relacionado con la exhibición de culturas y formas de vida pasadas, pero que guardan cierta relación con las identidades de las poblaciones presentes. Para que el sentido de patrimonio representado por el turismo sea fiel, es necesario, entonces, mostrar también la línea de continuidad que une las diversas generaciones hasta las formas de vida de los habitantes en el presente (Dicks, 2003: 30; Cole, 2004: 482).

El turismo patrimonial tiene la necesidad de vincular a las poblaciones locales porque, previamente, el patrimonio implica la conservación y defensa de las identidades de las comunidades. A través del patrimonio las poblaciones pueden construir y recordar sus pasados, para defender la constitución presente de sus identidades (Dicks, 2003: 31; Sant Cassia, 1999: 257). A este respecto, un emplazamiento de turismo patrimonial que no rindiera cuenta a la población local estaría amenazado por una profunda falta de credibilidad. Para que sea verosímil, se ha de hacer notoria al turista la manera en que la población local, en la actualidad, hunde las raíces de sus identidades en los emplazamientos que se muestran en exhibición.

Sin embargo, no se ha dejado de señalar la dificultad de que las poblaciones locales se muestren afectadas por los desarrollos de turismo patrimonial que producen en sus comunidades. Por un lado, los locales están aún fuertemente aferrados a considerar las dimensiones prácticas de sus espacios y territorios, como para poder adoptar la actitud distante y conservacionista propia del patrimonio (Breglia, 2006: 9). Por otra parte, es muy frecuente que sean los arqueólogos, historiadores y el resto de expertos los que capitaneen la puesta en marcha de los proyectos de turismo patrimonial, desplazando u omitiendo la colaboración de las poblaciones locales (Alfrey y Putnam, 2004: 71-74; Lagerkvist, 2006: 64-65).

Contadas estas dificultades para que la población local se sienta vinculada con el desarrollo del turismo patrimonial, se ha llegado a fijar la necesidad no sólo de que dicha población sienta el espacio como propio y representativo de su historia y su pasado, sino también de que sea partícipe de los ingresos generados por el turismo (Ying y Zhou, 2007: 97; Hampton, 2005: 744-745). Dada la perspectiva pragmática con que las poblaciones locales suelen contemplar sus espacios, una buena forma de involucrarlos en la puesta en marcha de proyectos de turismo patrimonial es a través de su participación económica.4

Apertura a grupos sociales minoritarios

Desde la sociología política se ha señalado cómo, frecuentemente, el patrimonio ha sido una herramienta fundamental para la constitución del Estado-nación. Las clases políticas del grupo social hegemónico habrían conseguido homogeneizar todo el territorio estatal gracias a la invención de una tradición común a todo el país y a su presentación bajo la forma de patrimonio. Gracias a la creación de un solo patrimonio "nacional", los grupos sociales minoritarios habrían sido privados de sus más particulares tradiciones, y sumados a ese programa unificador del Estado-nación. En consecuencia, el patrimonio resultante adolecería del defecto de representar sólo al grupo social preponderante, ocultando la existencia de grupos sociales minoritarios o subordinados. Por eso, los estudiosos del patrimonio han reclamado la necesidad de que los emplazamientos patrimoniales se abran a otro tipo de interpretaciones y de lecturas, distintas de la oficial del grupo hegemónico, para obtener un patrimonio verdaderamente incluyente (Hall, 2005: 27).

Sin embargo, junto con esta necesidad resaltada por los estudios sobre el patrimonio, también se ha advertido sobre la dificultad de llevarla a término (Dicks, 2003: 41). Se argumenta, sobre todo, que el turista consumidor de patrimonio, en su visita, no dispone ni del tiempo ni de los recursos suficientes como para aprender una lectura compleja del pasado y del patrimonio que recupere la ambigüedad y la ambivalencia de la constitución política de los emplazamientos. Como se ha señalado, el tipo de narrativa sobre el patrimonio ha de ser fácilmente asimilable para el turista, por lo que se tiende a simplificar y, en consecuencia, a suprimir la variedad de posibles interpretaciones disponibles (Dicks, 1999: 352; Weiss, 2007: 456). Los grupos sociales minoritarios no podrían articular su interpretación del pasado y de la historia, porque la lectura del pasado y de la historia que se ha de proporcionar al turista debe de ser unívoca y fácilmente asimilable.

La autenticidad/inautenticidad del patrimonio

El estudio del patrimonio se ha realizado la mayoría de las veces desde una perspectiva crítica. Se ha señalado que, tanto por los usos políticos a que ha dado lugar, como por la forma como ha sido modificado y preparado para el consumo turístico, el patrimonio está lejos de representar una forma de conservación fidedigna del pasado de una nación o de un grupo social. La mayor parte de los estudios se han encargado de demostrar que el patrimonio no es tanto un repositorio del pasado y de la historia, como una fabricación o una invención con fines políticos, económicos o culturales. En esta medida, los estudios sobre el patrimonio se han enfrentado a una dilatada discusión sobre la autenticidad o inautenticidad de los emplazamientos de patrimonio (Gable y Handler, 1996: 568; Harrison y Hitchcock, 2005: 3).

Esta discusión tampoco ha sido ajena a las críticas. Diversos autores han indicado que el debate sobre la autenticidad o inautenticidad del patrimonio responde más a factores estrictamente académicos e intelectuales que al objeto real del análisis (Brett, 1996: 15). Frente a este tipo de posturas predeterminadas se ha propuesto aceptar la performatividad de los emplazamientos de turismo patrimonial, esto es, el hecho de que estos lugares son una creación social, pero con consecuencias reales. Un emplazamiento de turismo patrimonial implica la recreación del pasado y la historia, pero también supone la defensa, promoción y materialización de identidades e intereses económicos presentes. De esta forma, el debate sobre si un emplazamiento patrimonial es auténtico o no se desplaza, y se convierte en la investigación sobre cómo ese mismo emplazamiento ha sido modelado y qué identidades e intereses se están articulando en su constitución (Gable y Handler, 1996; Harrison y Hitchcock, 2005: 6).

Las contradicciones del consumo turístico del patrimonio

Finalmente, uno de los aspectos que más se ha destacado dentro del turismo patrimonial es el de la difícil relación de finalidades entre el patrimonio, propiamente hablando, y el consumo turístico del patrimonio (McKercher et. al., 2005: 539). Por una parte, el patrimonio se propone, sobre todo, la recuperación del pasado, y la defensa de las identidades presentes vinculadas con ese pasado. Ambas necesidades implican un considerable ejercicio de interpretación y sensibilidad históricas. Por otra parte, el consumo turístico requiere más un entretenimiento de corte sensorial y estético, muy poco proclive a la reflexión histórica e identitaria (Willson y McIntosh, 2007: 83-84).

Esta disparidad de finalidades ha motivado que, en innumerables ocasiones, los turistas se sientan completamente extraños al tipo de narrativas que el patrimonio les intenta transmitir sobre la cultura, el pasado y las identidades (Cuccia y Cellini, 2007: 265-266). En esa medida, los turistas se acercan al patrimonio más atraídos por valores como el paisaje o la espectacularidad de los lugares, que por cuestiones como la historia y los valores culturales que estos emplazamientos representan.

 

LAS EX HACIENDAS DE LA REGIÓN DE XALAPA COMO TURISMO PATRIMONIAL

En las inmediaciones de la ciudad de Xalapa, Veracruz, se encuentra situada una red de antiguas haciendas. Las explotaciones agrícolas y ganaderas basadas en el sistema de haciendas se remontan hasta los comienzos de la Colonia española, en los siglos XVI y XVII. Sin embargo, las construcciones y arquitecturas hoy presentes datan de mediados del siglo XIX. Esta red de haciendas constituye un segmento importante del patrimonio del estado en la medida en que concentró buena parte de la vida social, política, cultural y económica de toda la región hasta comienzos del siglo XX.5

A pesar de la importancia histórica de las antiguas haciendas de la región, todavía no han sido puestas enteramente en valor desde el punto de vista turístico. El estado de Veracruz es uno de los principales focos de atracción del turismo a nivel nacional. Sin embargo, el turismo que llega a la entidad es fundamentalmente de sol y playa, y se concentra en las zonas de Costa Esmeralda y en la conurbación Veracruz-Boca del Río. El predominio del turismo de sol y playa hace que el resto de posibles atractivos reciba poca o nula atención por parte de las autoridades, de los promotores y de los propios turistas.

Esto es especialmente evidente respecto a la región de Xalapa, que concentra una buena serie de posibles atractivos turísticos. En las inmediaciones de la capital se encuentran pueblos típicos calificados dentro del circuito de Pueblos Mágicos. Hay zonas de alta montaña y de vegetación exuberante, con caídas de agua y cascadas. También se concentra la ya referida red de antiguas haciendas. Finalmente hay que contar con los atractivos de la propia Xalapa, de arquitectura colonial y empinadas calles empedradas que, en buena parte del año, se encuentran difuminadas por la niebla. A pesar de todas estas circunstancias, las visitas turísticas a Xalapa y su región son escasas y no van más allá de una o dos noches de hotel.

En la gubernatura de Miguel Alemán, entre 1998 y 2004, se intentó poner en marcha un circuito turístico de haciendas en la región, conociendo el gran valor y potencial que estos emplazamientos patrimoniales ofrecían. El circuito se conoció como la "Aventura del Café". Diversas causas concurrieron para que el proyecto no fructificara y se quedara detenido en sus fases iniciales de planificación. Desde entonces, la gran mayoría de haciendas permanece sin ofrecer servicios turísticos.6 Sólo unas pocas haciendas están comenzando a ofrecer este tipo de servicios. En la hacienda del Trianón y en la de Pacho Nuevo se ofrecen visitas guiadas, previa cita con los dueños o administradores. La hacienda de Pacho Nuevo y la de Lucas Martín se alquilan para la realización de eventos. La hacienda del Lencero está establecida como museo de antigüedades, y la de Zimpizahua está establecida como hotel. En la hacienda de La Orduña, los actuales regentes admiten ocasionalmente visitas, pero no está establecido ningún tipo de recorrido ni guía. Otras haciendas menores y antiguos ranchos, como San Bartolo en el municipio de Xico, y Santa Rosa en el municipio de Teocelo, están comenzando a ofrecer tímidamente servicios de restaurante. El rancho de San Bartolo ofrece además servicio de hospedería y cuenta con un pequeño museo de enseres familiares. En cualquier caso, la afluencia de visitantes es muy escasa y puntual, y obliga a los actuales propietarios a diversificar el tipo de actividades económicas para darle mantenimiento a las haciendas.

En las páginas siguientes situaré el punto en que se encuentra esta red de haciendas de la región de Xalapa en su conversión como turismo patrimonial.7 Examinaré la forma en que las antiguas haciendas de la región de Xalapa cumplen con cada uno de los puntos que conforman los tópicos teóricos sobre un emplazamiento de turismo patrimonial. De esta manera, se podrá comprobar de qué manera estos tópicos teóricos permiten o impiden leer y analizar correctamente la realidad del turismo vinculado a las ex haciendas de la región.

El extrañamiento y la mercantilización de las ex haciendas de Xalapa

Las ex haciendas de Xalapa aún no han vivido un proceso marcado de extrañamiento y mercantilización según está implícito en un emplazamiento tipo de turismo patrimonial.

En lo que respecta al extrañamiento, se puede hablar de tres tipos distintos de situaciones. En primer lugar están las haciendas cuyos propietarios hoy en día son herederos en dos, tres y más generaciones respecto de los antiguos patrones.8 Los propietarios actuales han heredado no sólo las tierras y la casa hacienda de sus ancestros, sino también buena parte del valor expresivo que comportaban estos espacios. La mayor parte de ellos vive todavía en las antiguas haciendas, de manera que hacen un uso demasiado directo e inmediato de ellas como para que puedan adquirir esa aura de distancia y nostalgia que comporta el patrimonio. En segundo lugar están las haciendas de Tuzamapan y Almolonga, que han sido absorbidas por los ejidos que se constituyeron en sus inmediaciones. Las distintas partes de estas casas haciendas están ocupadas por pobladores locales y la situación casi ruinosa de los espacios impide igualmente cualquier consideración de tipo estético. Finalmente están las haciendas de La Orduña y El Lencero, ambas de titularidad estatal y que sí están entrando en un proceso de creación de la distancia y la extrañeza estética. Sobre todo El Lencero, que se ha acondicionado como museo, ha sido reconstruida para crear un ambiente distante de otra época: se ha puesto sumo cuidado en recolectar toda una gran variedad de muebles y enseres antiguos para intentar mostrar la realidad de unos tiempos ya pasados.

La red de antiguas haciendas de Xalapa se encuentra igualmente lejos de haberse incorporado a un proceso de mercantilización capitalista. No se han producido las actuaciones y transformaciones necesarias para situarlas como producto de consumo turístico. En primer lugar hay que citar la falta de interés o incapacidad de los propietarios para realizar las transformaciones necesarias para convertir las antiguas haciendas en lugares visitables. En la mayoría de los casos no existen horarios establecidos de visitas; escasean los guías y faltan por completo los guías angloparlantes; no existe una buena política de difusión de la información, de manera que, por ejemplo, ninguna de las antiguas haciendas cuenta con página web propia. Además, no se ha logrado una buena interconexión entre los distintos operadores. Los propietarios no transmiten información a los pequeños operadores turísticos a escala local. Los operadores turísticos locales tienen escaso o ningún contacto con los grandes operadores turísticos nacionales e internacionales. Finalmente, no existe ninguna campaña institucional de catalogación, difusión y promoción del atractivo turístico de las ex haciendas. En los centros de turismo de los municipios se ignora la ubicación, los atractivos y los servicios que prestan cada una de las haciendas. No existe ninguna guía ni ningún folleto sobre estos espacios. Además, después de la frustrada experiencia de "La Aventura del Café", en las instituciones de turismo no se tiene pensado realizar ninguna campaña de promoción de las haciendas como espacios turísticos.

Esta falta de extrañamiento y mercantilización de las antiguas haciendas hace que estos espacios sean lugares vivos, aún habitados por los descendientes de los antiguos propietarios o por los nuevos ocupantes y ejidatarios, o muertos, en el caso de las haciendas ya ruinosas e irrecuperables. Espacios vivos o muertos, que, en ningún caso, han sufrido ese proceso de "des-realización" que comporta su conversión en turismo patrimonial.

La "exotización" de poblaciones y culturas de las antiguas haciendas de Xalapa

Las dificultades para crear una distancia contemplativa impiden que las culturas y poblaciones vinculadas a los espacios de las ex haciendas se hayan convertido, al mismo tiempo, en algo exótico. Esto sucede en la región de Xalapa en un doble sentido.

En primer lugar, las poblaciones de los antiguos trabajadores de las haciendas han sido invisibilizadas, de alguna manera, a ojos del turista, hecho que impide cualquier intento de "exotización". En las antiguas haciendas que hoy han sido ocupadas por los nietos e hijos de estos trabajadores, Tuzamapan y Almolonga, es muy rara, por no decir nula, la llegada de turistas. En el resto de las haciendas el contacto del turista con los antiguos pobladores está severamente limitado. Allí donde al lado de la casa hacienda han fructificado congregaciones de antiguos habitantes, la visita se restringe dentro de los muros de dicha casa hacienda. El único contacto que tiene el visitante con los antiguos pobladores se reduce a la llegada y la partida. En el caso de Pacho Nuevo la visita se extiende alrededor de las 20 hectáreas que aún conserva la actual propietaria, pero nunca alcanza a desarrollarse por fuera de esta propiedad, en contacto con la congregación de los descendientes de los antiguos trabajadores. En los casos en que no ha fructificado congregación ni ejido, las visitas se extienden por los campos colindantes sin contacto con población alguna. En cualquier caso, esta falta de contacto con la población local viene reforzada por el hecho de que en las guías y las visitas no se proporciona información ninguna sobre la historia social que rodeaba el régimen productivo de las haciendas. De esta forma, la visita a la antigua hacienda parece producirse dentro de un completo vacío social, presente y pasado.

En segundo lugar, sin embargo, sí se puede observar cierto proceso de "exotización" de la estirpe de los antiguos propietarios. Esto es del todo evidente en El Lencero, museo de titularidad estatal. Todo el espacio del Lencero ha sido organizado para mostrar la magnificencia y el estilo de vida de los antiguos propietarios, fundamentalmente del general Santa Anna. La disposición de las salas y la acumulación de muebles lujosos, enseres y obras de arte producen la imagen de una clase social dirigente, ociosa y cultivada, pero ya totalmente extinta.

Es más revelador, sin embargo, el caso de dos haciendas, Pacho Nuevo y el Trianón, en donde las visitas se producen bajo la presencia de los presentes propietarios. Aquí esa forma de vida aristocrática y cultivada se transmite al visitante en presencia de los que son sus más directos herederos, sus actuales propietarios, quienes, a toda costa, tratan de mantener aún hoy en día esa señal de distinción. Los propietarios de ambas haciendas no rehúsan presentarse en cierta manera como exóticos, como herederos de unas formas de vida ya casi extintas. Sin embargo, ese sentido de lo exótico se produce desde arriba de la escala social, viene generado por los hijos y nietos de quienes dominaban la vida política de la región. De esta forma, el sentido de exotismo no viene acompañado, como suele ser habitual en el turismo patrimonial, de la curiosidad morbosa por la alteridad, sino por la fascinación y admiración ante unas clases aristocráticas ya casi desaparecidas.

La participación de las poblaciones locales en las ex haciendas de Xalapa

Por lo general existe una gran despreocupación de las poblaciones locales por los emplazamientos del patrimonio y por su conversión en lugares de consumo turístico. Cuando las casas hacienda están integradas en los ejidos, las poblaciones que las habitan suelen carecer por entero de la preocupación por la conservación de estos espacios. Esto se debe a una doble circunstancia. Por una parte, la dificultad de los ejidatarios para apropiarse definitivamente de los espacios considerados como propiedad social acarrea que no se arriesguen a hacer inversiones de mejora o de promoción en las parcelas que habitan. Por otra parte, la preocupación de los habitantes de ex haciendas es exclusivamente habitacional; ellos viven alojados en el antiguo casco de la hacienda y no le ven más utilidad a ese espacio que la de la propia habitación. Esto hace que se produzcan remodelaciones y reformas lesivas para el valor patrimonial de los espacios de las ex haciendas. Por ambas circunstancias, los habitantes de las ex haciendas no contemplan estos antiguos espacios como lugares propios desde el punto de vista identitario, ni se sienten especialmente representados y vinculados con ellos.

Cuando las antiguas casas hacienda son de titularidad privada o estatal, la implicación de las poblaciones locales es todavía más débil. En estos casos, las poblaciones locales ven los antiguos espacios de las ex haciendas como completamente extraños. Esto es así incluso en el caso de las ex haciendas de la Orduña y el Lencero, ambas de titularidad estatal y con cierta vocación turística, donde los gerentes incluso están promoviendo una política de puertas abiertas. A pesar de que se intenta implicar a las poblaciones locales en las actividades que se realizan en estas dos haciendas, las gentes de las congregaciones apenas se acercan ni las visitan.

Si acaso, la vinculación que llegan a tener los gerentes de las ex haciendas con las poblaciones locales es de distensión. En El Lencero, el administrador indica que es conveniente no tener problemas con la población local, y para eso el patronato de esta hacienda en ocasiones ayuda económicamente a la comunidad con motivo de fiestas y celebraciones locales. La Orduña pertenece al estado de Veracruz. Los actuales administradores la tienen cedida en comodato por doce años, y saben de la importancia de que la población local no los vea con malos ojos, porque ése podría ser un factor para la no renovación de dicho comodato. En Tuzamapan, la autoridad local reconoce que uno de los factores que habría que cambiar para que la ex hacienda se convirtiera en foco de turismo es la aversión y violencia que en ocasiones ejercen los locales sobre los forasteros.

En cualquier caso, los promotores turísticos ven muy difícil la implicación futura de las poblaciones locales en la puesta en valor de las ex haciendas como forma de turismo patrimonial. Reconocen la falta de iniciativa de estas poblaciones, y señalan que suelen estar acostumbradas a una relación de prebendas y patronazgo con las autoridades políticas. Según indican diversos informantes, la única acción que realizarían las poblaciones locales y los ejidatarios sería la de dar el consentimiento y de apoyar las iniciativas que llegaran desde el gobierno del estado. En entrevistas realizadas a los propios pobladores locales, era muy frecuente su llamada a que, efectivamente, fuera el gobernador del estado el que pusiera en marcha la recuperación de las ex haciendas. Las poblaciones locales de la región se encuentran, por tanto, enteramente desafectas a unos espacios que fueron cruciales para comprender la historia y las formas de vida de sus ascendientes.

Esto implica que la presente derrama económica sobre las poblaciones locales de la, por otra parte, tenue llegada de visitantes y turistas sea muy escasa. Los mayores beneficios que obtienen los habitantes locales se derivan de algún empleo ocasional en las ex haciendas en labores de limpieza y hospedería, o porque algún visitante sale de los muros de la ex hacienda y hace alguna compra puntual en la congregación.

Implicación de grupos sociales minoritarios en las ex haciendas de Xalapa

La escasa participación de las poblaciones locales en los emplazamientos de turismo patrimonial en la región de Xalapa motiva que sean muy pocas las versiones y lecturas sobre el pasado que ofrecen estos espacios y que, al mismo tiempo, sean muy pocos los grupos sociales representados. A este respecto se pueden distinguir tres situaciones diferentes.

En primer término, están las ex haciendas y antiguos ranchos de titularidad privada.9 Aquí, los actuales propietarios actúan como los herederos y descendientes de los antiguos patrones de las haciendas. Esto repercute en que la única información que se suele transmitir al visitante es sobre la historia de la propia familia de los propietarios. En San Bartolo, el museo es un museo de enseres familiares. En el Trianón una estancia con los retratos de todas las generaciones de la familia de propietarios preside la hacienda y da pie a un guión que versa sobre la plantación del café y sobre esa misma familia de propietarios. En Pacho Nuevo se vincula la visita a cada uno de los espacios con el familiar pasado que lo mandó construir o remodelar. En todos estos tres casos está por entero ausente una lectura de historia social que relate las condiciones de vida de los no propietarios, los campesinos, jornaleros, trabajadores industriales y sirvientas de las antiguas haciendas.

Más llamativo es, en segundo lugar, el caso del Lencero, de titularidad estatal y convertida en museo de costumbres. A pesar de la titularidad pública, se hizo del museo una especie de representación de cómo vivía la familia propietaria, especialmente la del general Santa Anna. La historia transmitida en este museo es la del general y, como mucho, la de los siguientes propietarios que estuvieron al cargo de la ex hacienda. Faltan por entero relatos sobre los grupos sociales populares.

Finalmente, está el caso de La Orduña, cedida por el estado a una asociación civil de artistas, bajo la forma de comodato. Aquí, los regentes de esta asociación civil sí quieren dar una mayor cabida a las lecturas y las memorias sobre el pasado de los grupos sociales no privilegiados. Entre las intenciones de estos regentes está la de constituir un pequeño museo sobre las haciendas, donde se recojan los relatos de los distintos grupos de antiguos habitantes y trabajadores. Sin embargo el proyecto está en la fase de las intenciones y no se ha dado ningún paso decidido para llevarlo a cabo.

Esta situación ocasiona que el visitante que llega a alguna de las ex haciendas que prestan servicios de turismo salga con muy escasos conocimientos históricos, y con una noción muy burda sobre la complejidad de las vivencias e identidades que estaban implicadas en el sistema de producción del régimen de las haciendas. A lo sumo, se logra representar un cuadro bucólico sobre los gustos aristocráticos de las familias de propietarios.

La autenticidad/inautenticidad del patrimonio de las ex haciendas de Xalapa

Las ex haciendas de la región de Xalapa se encuentran en muy diversos estados de conservación. Hay unas cuantas que se mantienen en un estado inalterado y "auténtico", sin que se les hayan superpuesto nuevas estructuras o intervenciones derivadas de nuevas funcionalidades sociales. Estas haciendas "auténticas" y no alteradas por nuevos usos sociales se encuentran en acelerado proceso de ruina. Ningún grupo social muestra interés en su reutilización y actualización para los nuevos usos, pero tampoco para su mantenimiento. Así se encuentran las haciendas de Paso del Toro y Los Molinos.

En otro orden de autenticidad se encuentran aquellas antiguas haciendas a las que, de manera "natural", se les han superpuesto nuevos usos respecto a los tradicionales usos que les daban los patrones en la época prerrevolucionaria. En estas haciendas los habitantes de las congregaciones, ahora formadas por ejidos, ocuparon buena parte de los espacios que antes eran de dominio exclusivo del patrón. De forma "orgánica", los habitantes de estas congregaciones pasaron a hacer uso habitacional de los espacios que previamente habían sido coto privado de los patrones. A la naturalidad del uso del espacio de los patrones le siguió la naturalidad del uso del espacio por los habitantes de estas localidades. Obviamente los patrones y los locales llevaban incorporadas formas muy diferentes de habitar el espacio: los primeros, aristocráticas y selectivas, los segundos meramente funcionales. El resultado en el espacio es una abigarrada combinación de bellos y monumentales elementos arquitectónicos y escultóricos con tabiques de concreto, placas de asbesto y lonas y plásticos de colores. Estos espacios puede decirse que son auténticos porque, pese a esta combinación, en todo momento producen la sensación ser espacios vivos y orgánicos.

Ya en el orden de la inautenticidad hay que citar aquellas haciendas que han sido modificadas y recreadas siguiendo planificaciones expresas para generar algún tipo de efecto determinado. Aquí se encontraría la ex hacienda de La Orduña, donde los actuales administradores están intentando recuperar los espacios de acuerdo con un plan que la restituya a su aspecto de principios del siglo XX. Con esta intención están derrumbando muros de carga añadidos a posteriori, retirando mosquiteros originalmente inexistentes y recuperando los pisos antiguos. Sin embargo, en ocasiones les resulta difícil precisar cómo se veía la hacienda a principios del siglo XX: no hay fotografías o planos, y los testimonios orales no alcanzan a precisar este aspecto. Así, la supuesta "autenticidad" del plan de recuperación se ve amenazada por la imposibilidad "objetiva" de establecer cuál era el aspecto auténtico de la señalada época. En este sentido son llamativas las quejas de algunos vecinos de la congregación, o de un descendiente directo de los antiguos patrones, sobre la arbitrariedad de las reformas que los actuales administradores de La Orduña están realizando.

Finalmente, estaría el caso extremo de inautenticidad, el de la ex hacienda de El Lencero, que fue profundamente remodelada con el plan de crear un ambiente de época. Todos los informantes consultados señalan la inclusión de una gran cantidad de elementos que originariamente no existían. Se añadió un lago artificial a un lado de la casa hacienda; se completó la segunda planta que anteriormente sólo cubría unas partes reducidas de toda la primera planta; se construyó la tienda de raya en el centro mismo de la casa hacienda, hecho históricamente aberrante; se construyeron unos soportales con grandes columnatas antes inexistentes. Pese al hermetismo que lo rodea, desde el propio patronato que regenta la ex hacienda museo se reconoce que ésta no constituye un caso claro de patrimonio, porque ha sido remodelada profundamente para dar un aspecto de época. Salvo algunos casos de suspicacias, y de manera paradójica, toda esta profunda serie de remodelaciones y cambios genera en los visitantes una igualmente profunda sensación de autenticidad. Una buena parte de estos turistas indican que la ex hacienda de El Lencero representa fielmente la manera como vivían los antiguos patrones, especialmente el general Santa Anna.

Si dejamos a un lado este debate sobre la autenticidad o la inautenticidad, y aceptamos la idea de que cualquier reapropiación del espacio supone un hecho performativo, se puede afirmar que todas las ex haciendas revisadas comportan otras tantas formas de actualización de los espacios, y que no hay una forma posible de conservar los lugares en estado "prístino". La única situación en que el espacio era conservado de esta manera era la que deparaba la situación acelerada de ruina y deterioro, en el caso de las ex haciendas donde ningún grupo social proponía una reactualización de los usos. Aceptando la idea de la performatividad de las actuaciones sobre los espacios la pregunta se desplaza entonces a averiguar qué historia está siendo conservada, y a quién o a qué grupos pertenece esa historia. De nuevo, hay que señalar que el patrimonio en general, y especialmente el que se conserva con vistas al turismo, sólo está siendo presentado de manera que representa las particulares identidades de las familias de antiguos propietarios.

Las contradicciones del consumo turístico de las ex haciendas de Xalapa

En general, la relación entre el turismo y el patrimonio no deja de presentar sus dificultades en la región de las ex haciendas de Xalapa. Las dificultades comienzan desde la propia promoción. En ocasiones se hace difícil el diálogo entre las instituciones de cultura y las instituciones de turismo. Por lo general, el Instituto Veracruzano de la Cultura (IVC), encargado del patrimonio del estado, suele realizar aproximaciones a la Secretaría de Turismo (ST) siempre que intenta dar sustentabilidad futura a la recuperación de algún espacio patrimonial. Sin embargo, diversos informantes señalan la falta de efectividad del IVC. Por el contrario, es frecuente que la ST inicie promociones turísticas sin contar con el consejo y trabajo previo de los expertos del IVC. Sin el apoyo de las instituciones que velan por el patrimonio, se promueven más valores de corte estético o económico que valores propiamente históricos, identitarios y patrimoniales.

Así sucedió con la fracasada "Aventura del Café", donde se promocionaban no sólo los espacios históricos de las ex haciendas y beneficios del café, sino cualquier posada u hotel que diera la impresión de ser antiguo. Según señalaba un arquitecto del municipio de Xalapa, desde la ST sólo se pensaba en que el producto a promocionar fuera a rendir resultados, o fuera bonito, más allá de su verdadero valor patrimonial.

Desde el propio Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se maneja cierta flexibilidad en los criterios de operación sobre los espacios patrimoniales en su conversión en turismo. Dicho instituto permite a los propietarios y agentes turísticos que realicen ciertas adecuaciones de los antiguos espacios de las ex haciendas para adaptarlas a sus nuevos usos turísticos. De esta manera el INAH intenta resguardar la sustentabilidad económica del patrimonio favoreciendo su conversión en turismo.

En la forma como se compatibiliza el patrimonio con el turismo en el caso de las ex haciendas de Xalapa, la balanza se inclina hacia favorecer la satisfacción del consumo del turista antes que a guardar cierta fidelidad histórica. El objetivo primero es que el turista se marche con la sensación de haber visitado un lugar único, y cuenta más en esa sensación el sentido de su propio gusto y apreciación que las características y valores del propio lugar.

Esta circunstancia es notoria sobre todo para los aspectos históricos del emplazamiento. Tanto en la hacienda de Pacho Nuevo, como en la hacienda del Trianón, los turistas valoran de forma muy sobresaliente el hecho de que sean los actuales propietarios —descendientes de los antiguos patrones de la época de esplendor de las haciendas— los que les guíen y enseñen sus posesiones. Este hecho les produce la sensación de ponerse en contacto con la historia viva del estado y del país en general. Sin embargo, cuenta más para ellos el estar próximos y cercanos a esa historia que el interés de entrar en sus detalles y pormenores. En el turismo patrimonial de las ex haciendas de Xalapa, como en cualquier tipo de consumo, es el deseo de los visitantes y no el objeto consumido lo que determina las características de la visita.

 

DISCUSIÓN

Como se ha visto en la presentación del caso de las ex haciendas de la región de Xalapa, las características que presentan y las que son exigibles según los tópicos teóricos del turismo patrimonial están bastante lejos de coincidir. Ante esta situación pueden alcanzarse dos conclusiones diferentes.

La primera conclusión consistiría en destacar que las ex haciendas de la región no constituyen un ejemplo de turismo patrimonial. Si las ex haciendas no cumplen con los tópicos teóricos propios de los emplazamientos de turismo patrimonial, entonces hay que concluir que no forman un ejemplo real de este tipo de turismo. Como mucho, se podrían llegar a señalar las deficiencias e imperfecciones que representan respecto al modelo teórico y el camino de realidad que les quedaría por recorrer para cumplir con dicho modelo.

Sin embargo, este tipo de conclusión supone el contrasentido de otorgar más realidad a los tópicos teóricos sobre el turismo patrimonial que a la propia realidad del caso empírico. Por eso, frente a la conclusión anterior que niega la realidad de turismo patrimonial a las ex haciendas de Xalapa, prefiero aquí atender de forma meticulosa a cómo se conforma, particularmente, el turismo que efectivamente está teniendo como centro de interés estas ex haciendas. La segunda conclusión, entonces, llevaría a postular la existencia de otras formas de constituirse como turismo patrimonial, externa a los tópicos teóricos existentes. De este modo, se descubre que las ex haciendas de la región de Xalapa están siendo visitadas por el turismo de formas muy diferentes a las que cabría esperar según el canon teórico. En lo que sigue, reflexionaré brevemente sobre cómo estos emplazamientos patrimoniales están conformándose diferencialmente como espacios turísticos.

El hecho de que las ex haciendas de Xalapa aún no se hayan mercantilizado enteramente, de forma que se conviertan en emplazamientos de consumo turístico masivo, permite en la actualidad un tipo de relación particularizada con el lugar. Esto es especialmente cierto para las haciendas de Pacho Nuevo y el Trianón. Los visitantes y turistas que llegan, lo hacen en ocasiones más bajo la forma del antiguo viaje que bajo la forma del moderno turismo. Esto implica que los visitantes no tengan cauces y caminos estandarizados que les conduzcan directamente a los emplazamientos. Antes al contrario, han de llegar al lugar y han de iniciar una exploración y un tanteo locales que les abran las puertas a las antiguas haciendas.

En la labor descubren que no hay una forma única y establecida de acceso, sino que el que se les abran esas puertas depende de una variedad de circunstancias: que los propietarios estén en Xalapa, que no hayan ocupado ya la hacienda para otros eventos, que no las usen para sus fines personales, etcétera. Esto motiva que, cuando finalmente llegan, lo hagan de una manera personalizada, habiendo seguido un proceso particular de acceso.

Esta personalización se refuerza con el trato de relación directa que posteriormente los visitantes van a entablar con los propietarios. En la visita que hacen con ellos, no hay un recorrido ni un guión preestablecido, porque ellos mismos, los propietarios, son el camino y el relato que comunica a los visitantes con la historia y con el pasado. Más allá del interés que suscita este mismo pasado, esta forma de relación con el lugar ha sido muy apreciada por los turistas. Los visitantes de estas dos haciendas tienen la sensación de que la visita se ha preparado especialmente para ellos.

En este sentido, es muy reveladora la información que confirman dos operadores turísticos de Xalapa. Ambos prefieren llevar a sus grupos de turistas a visitar estas dos haciendas "vivas" que proporcionan un trato más personalizado, aunque irregular, antes que llevarlos al Museo del Lencero que, por estar ya enteramente concluido como producto turístico, proporciona una relación más estandarizada, fría y distante para el visitante. De hecho, estos dos operadores turísticos han construido sus negocios aprovechando este tipo de exclusividad que proporciona el turismo personalizado y a pequeña escala. Viviendo en un estado de turismo masivo de sol y playa, ambos operadores han tomado la posición de especializarse en el nicho del turismo "boutique", como uno de ellos lo llama. En este sentido, el tipo de visita que ofrecen las ex haciendas del Trianón y, sobre todo, de Pacho Nuevo, les provee de un tipo de atractivo enteramente coincidente con los servicios que están prestando.

Es evidente que esta forma de aproximación y vivencia del lugar se perdería con la completa mercantilización y estandarización de los emplazamientos turísticos. Pero también se perderían otros usos distintos del turístico que están aún presentes en las ex haciendas de Xalapa. En La Orduña, por ejemplo, existe una asociación civil de artistas que desarrolla en la hacienda de la comunidad una gran variedad de talleres, exposiciones y eventos. El que los turistas lleguen muy puntualmente permite a los administradores de esta ex hacienda el hacer otros usos de los espacios patrimoniales. Así, el visitante que llega a esta hacienda extrae una experiencia por entero cultural y no sólo turística de la hacienda. No sólo es conducido por alguno de los miembros de la asociación civil por los antiguos espacios de la hacienda, sino que, además, puede asistir a alguna representación de teatro o música y visitar alguna de las salas de exposiciones y talleres. En esta visita está ausente por completo la sensación de artificialidad que rodea buena parte del consumo turístico.

Estos elementos de personalización, cercanía y exclusividad son más propios de la realidad del viaje ilustrado que del turismo masivo del siglo XX. Son valores altamente estimados por los visitantes, y que quedarían por entero comprometidos en el momento en que los emplazamientos de las ex haciendas comenzaran a ser explotados de una forma más profusa bajo la forma de turismo patrimonial.

Además, alrededor de las ex haciendas de Xalapa se están desarrollando una serie de servicios pseudo-turísticos, enteramente sustentables, que caen, sin embargo, fuera de los previstos por los tópicos teóricos sobre el turismo patrimonial. Las ex haciendas se rentan para bodas y fiestas de 15 años; hospedan por quincenas o meses a residentes del Distrito Federal; son sede de convenciones de empresas, de cursos de capacitación o de degustaciones de café; albergan pequeños museos familiares e incipientes proyectos de ecoturismo, etcétera. Todos estos son usos que están en vías de consolidarse y que abren el disfrute de estos espacios patrimoniales a todos los visitantes pero que, sin embargo, no pueden ser catalogados como de estricto turismo patrimonial. Son usos presentes que demandan otro tipo de aproximación más atenta a la particularidad de cada caso y que, además, escapan a buena parte de las dificultades y problemas que presentaba el formato de turismo patrimonial.

 

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NOTAS

1 Por conveniencia empleo aquí la noción de región para referirme a un área que tiene por centro a la capital veracruzana y que se extiende por un radio de unos 30 a 40 kilómetros. Esta área posee condiciones topológicas y ambientales similares. El término región tiene además la virtualidad de que su extensión coincide con el radio de acción de un visitante o turista promedio que llega a Xalapa.

2 Puede decirse que el presente es un ejercicio de dialéctica negativa invertida. En lugar de pensar la realidad desde la negatividad del concepto (Horkheimer, 1982: 230-249), como se propone desde la Escuela de Frankfurt, el propósito del artículo será pensar la positividad de la teoría desde la negatividad del caso empírico. Un ejercicio parecido es el que ya defendiera Marshall McLuhan con su propuesta metodológica del tetraedro (Mcluhan y Powers, 1989: 8-12).

3 Entiendo el tópico del turismo patrimonial como los lugares comunes que de una manera implícita se sostienen a la hora de analizar este fenómeno social.

4 Como se ha señalado para el caso de los artesanos, esto es especialmente importante por cuanto las poblaciones locales pueden, así, hallar la manera de vincular sus intereses económicos con la expresión de su propia identidad (Bendix, 1989: 133).

5 Además de estas razones sociohistóricas, la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas declara de valor patrimonial cualquier inmueble que sea del siglo XIX o anteriores. Por tanto, para efectos legales, la mayor parte de las ex haciendas de la región de Xalapa son consideradas como patrimonio de la Federación.

6 Las antiguas haciendas que no desarrollan actividad turística alguna son: Tuzamapan, Las Ánimas, Almolonga, Paso del Toro, Ojuelos, Quimiapan y San Marcos (DGOUR, 2008).

7 Esta presentación de resultados forma parte de la investigación postdoctoral que tuve la oportunidad de realizar en la región de Xalapa en los años 2008 y 2009 bajo título: La inscripción de las memorias en los espacios de las ex haciendas de la región de Xalapa. La investigación estuvo financiada por la Secretaría de Relaciones Exteriores del gobierno federal de México, y se basó en la realización de 40 entrevistas en profundidad a los principales agentes y en la realización de 2 pequeñas etnografías en las antiguas haciendas de La Orduña y Tuzamapan.

8 Así los propietarios de las haciendas de Lucas Martín, Las Ánimas, Zimpizahua y Pacho Nuevo.

9 Así, por ejemplo, el rancho de San Bartolo y las haciendas del Trianón y de Pacho Nuevo.

 

INFORMACIÓN SOBRE EL AUTOR

Fernando Calonge Reíllo. Es Licenciado y Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido de investigador post-doctoral en la Universidad Veracruzana gracias a la financiación de la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México. En la actualidad se encuentra desarrollando la investigación: "Vivir en el coto: cotidianidad, género y violencias en Guadalajara", financiada por el CONACYT, y que se realiza dentro del Centro de Estudios de Género, de la Universidad de Guadalajara.

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