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Andamios

versión impresa ISSN 1870-0063

Andamios v.5 n.9 México dic. 2008

 

Reseñas

 

Entre la ficción y la realidad está la novela

 

Oscar Rosas Castro*

 

Houellebecq, M. (2006), La posibilidad de una isla. México: Alfaguara.

 

* Sociólogo. Correo electrónico: oscarrosas23@yahoo.com.mx

 

El poder de la imaginación es algo a lo que difícilmente se puede renunciar. Pareciera ser una habilidad innata del ser humano que se desarrolla de acuerdo con lo que se va conociendo y con la forma en que se va aprehendiendo el mundo.

De tal forma, la habilidad de imaginar depende en gran medida de la capacidad de observarnos y reflexionar sobre la experiencia en la vida. La imaginación ha llevado a un sinnúmero de autores a generar mundos ficticios en los cuales aparecen figuras fantásticas o dinámicas de comportamiento que invitan a los lectores a mirar desde una perspectiva abstracta el mundo en que viven.

¿Cómo olvidar conceptos como el de Big Brother, de George Orwell, personaje invisible que puede vigilar las acciones de todos los individuos; concepto que nos invita a reflexionar sobre la analogía con el dios cristiano o con las funciones del estado fascista?

La ficción también ha enriquecido la ciencia y la tecnología, rompiendo límites paradigmáticos de los físicos e invitándolos a explorar nuevos alcances. Hay otros referentes de la imaginación que transformaron las dinámicas del planeta; por ejemplo, la frase "la propiedad privada es un robo", que fue la tesis principal para la construcción de una sociedad imaginaria diferente, llamada socialismo utópico, y que con el tiempo fue encontrando herramientas teóricas que alcanzaron a concretarse en las propuestas de Marx, las cuales, más tarde, se vivirían bajo una interpretación particular que comenzó con la revolución de 1917.

Es así como algunos pensadores encuentran en la imaginación y la ficción la posibilidad de hacer una crítica al mundo en que viven, y Michel Houellebecq es uno de ellos. Él observa la sociedad en que vive y plantea una de las posibles consecuencias derivadas de las tesis que hoy defiende la modernidad.

Lo anterior queda expuesto en La posibilidad de una isla, novela de ficción que nos da motivos para reflexionar sobre la manera en que estamos planteando un futuro bajo la tesis de la generación de vida desde la trinchera de la ingeniería genética.

El autor, protagonista de polémicas desatadas por los temas sociales y la forma en que los retrata y reflexiona sobre éstos en sus novelas, es actualmente uno de los escritores más leídos, y con justa razón. El presente título es ya un éxito de ventas sólo en francés, y se traduce a treinta idiomas diferentes que apelan a su curriculum y a su particular forma de redacción. Encuentra en la violencia gramatical la expresión idónea para canalizar la molestia que le generan los vicios de la modernidad. Logra retratar una realidad que vive el europeo de manera particular, pero que pareciese el futuro de la humanidad, de seguir en la lógica de mercado que hasta ahora ha prevalecido.

En La posibilidad de una isla, Michel se aventura a experimentar con una novela en dos tiempos; se permite imaginar el futuro que nos espera con los avances de la ingeniería genética y el tema de la clonación regulado por una secta religiosa. Se atreve a resolver el problema de la experiencia de vida que tiene una persona y que no comparte su clon mediante un método sencillo, escribiendo una crónica, dejando un testimonio escrito que el clon aprende para continuar con la personalidad de su matriz genética.

Houellebecq plantea que hay una posibilidad de vivir muchas vidas después de la vida, pero como en las carreras de relevos, sólo hay que pasar la estafeta adecuadamente. En este caso, la estafeta es la memoria. ¿Acaso somos lo que recordamos?

Al recurrir a un diario, Houellebecq rompe con la antítesis, con la dualidad, con la dialéctica de la vida y la muerte. El saber que existe la muerte le da sentido a la vida; por lo tanto, ¿qué sentido tiene la vida sin la muerte? ¿Cómo resolverlo? Romper la barrera de la muerte, trascender en el tiempo con la misma existencia, siendo uno mismo, pensar en la posibilidad de vivir una vida eterna, es algo que obliga a reflexionar alrededor del qué significa existir, pues perderle el miedo a la muerte no es tarea fácil, rompe el principio antropológico de tomar conciencia de la mortandad hasta que se enfrenta a ella al ver el cadáver de una persona cercana. ¿Hasta dónde la vulnerabilidad de la vida determina la existencia y las acciones de un sujeto?

Daniel (el personaje principal) ocupa los primeros capítulos de la novela, escritos a manera de diario personal, en el que narra las hazañas más relevantes que conforman su identidad. Él está contextualizado temporalmente en los albores del siglo XXI, y su diario es el principal testimonio que deja a sus propias generaciones de clones futuros, y al lector le comparte la visión del autor sobre los problemas de la sociedad actual europea.

La historia de Daniel es la de un comediante que hace monólogos surgidos de lo que observa en la vida cotidiana de los parisinos de finales del siglo XX. De pronto, comienza a vivir una crisis existencial derivada de la reflexión que le genera la risa de su público, ya que le preocupa que la crítica al consumismo, a la burguesía, a lo silvestre del ser humano, a la vanidad, a la soledad y al vacío de la existencia que genera el dinero sean temas que causen risa, así como los motivos de su éxito como comediante; de tal forma, el humor se genera desde la parte más inhumana del ser, pues se trata de reflexionar a partir de la burla de aquellas situaciones de las que no se puede escapar y, con ello, en gran medida, de la burla de la miseria humana.

Daniel se pregunta acerca de la posibilidad de ser dichoso y hasta dónde depende de un referente, de hacer feliz a otro antes que a uno mismo. Plantea que las emociones son eso y nada más, que no tienen por qué ser valoradas como negativas o positivas. Emitir juicios sobre las sensaciones indica represión y es importante liberarlas de ello.

Por otro lado, el escritor hace un cuestionamiento al nihilismo que tanto se maneja en el discurso de la modernidad, y que ya había planteado en su anterior novela Plataforma. En La posibilidad de una isla, el Yo se constituye a partir de lo que el cuerpo reconoce, y éste no sólo es una herramienta, sino que constituye el ser mismo, de tal forma que el Yo es nada sin el cuerpo. Para Daniel es importante saber que si no se tiene contacto, se está realmente solo.

Daniel ha cumplido con la máxima de la filosofía consumista: es exitoso y lo tiene todo, incluyendo la inmensa soledad y vacío generados por el vivir a partir de ese principio materialista. Él se encuentra en crisis cuando conoce una secta religiosa que promete la vida eterna, con la variable de llevarla a la realidad y no dejarla solamente en el plano espiritual. La clonación es la opción para vivir por los siglos de los siglos.

El protagonista se adhiere a la secta y por su agudo sentido de observación social, inteligencia y poder económico, llega a formar parte del grupo dominante dentro de esta religión; la narración que va elaborando y las distintas situaciones a las que se enfrenta permiten al lector acercarse a la forma en que se organizan las sectas religiosas, a la estructura discursiva usada para manipular a los creyentes y a los secretos del poder religioso; características y críticas a las que se han sentido aludidas muchas organizaciones religiosas.

Mientras la historia de Daniel se va desarrollando, las consecuencias del calentamiento global se comienzan a manifestar de manera catastrófica: el planeta cambia como consecuencia de una gran desecación que provoca la desaparición de grandes regiones geográficas, acabando con toda forma de vida que habitaba en ellas. Las ciudades se destruyen y sólo sobreviven aquellos que alcanzaron a prepararse con la tecnología necesaria y crear los espacios para enfrentar los cambios climáticos.

Tras el desastre, aparecen nuevas formas de alimentación e hidratación, así como transformaciones en las características corporales que van demostrando la evolución de la raza humana, pero de ello, lo que más destaca el autor es la interacción. La forma de relacionarse unos con otros se da a partir de las redes electrónicas, y el único contacto físico que Daniel tendrá con un ser vivo, durante varios siglos, será su mascota.

La falta de contacto con otros seres iguales a él cambia el sentido de las emociones y de la existencia de todo lo que el primer Daniel escribe en su crónica y que el Daniel veinticuatroavo (porque ha "resucitado" 24 veces) desconoce, así como el mundo y las relaciones entre las personas: placeres y contactos, instintos y referencias de lo que constituye al ser humano.

La lectura que el Daniel veinticuatroavo y veinticincoavo hacen del diario heredado comienza a generar una reflexión alrededor de lo que significa ser humano, y ésta es el eje donde convergen las dos brechas temporales que transcurren, paralelamente, a lo largo de la narración de la novela, en la que Daniel 1, 24 y 25 cuentan su propia historia intercalando capítulos. La reflexión suspendida en el tiempo permite plantear distintas posturas sobre el ser humano y la importancia de la sociabilidad, del contacto, la raíz de las emociones, es decir, aquello que nos remite a una ética y a una alteridad.

El lector puede atender a la sugerencia del autor de pensar al ser más allá de la razón. Con la lectura de La posibilidad de una isla encontramos referentes suficientes para replantear la esencia de la existencia, revalorar los instintos, el pensamiento, la función de la escritura, el papel de la memoria y continuar así por el camino de la posibilidad de reinventarnos día con día.