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Andamios

versión impresa ISSN 1870-0063

Andamios v.2 n.4 México jun. 2006

 

Reseñas

 

Aby Warburg: moderno katharmós

 

Felipe Rosete*

 

Aby Warburg, El ritual de la serpiente. México: Sexto Piso, 2004, 114 pp.

 

* Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México, candidato a maestro en Estudios Políticos y Sociales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo electrónico: <frosete@sextopiso.com.>

 

Discípulo de grandes historiadores de la cultura como Herman Usener y Karl Lamprecht, Aby Warburg creía en un proceso evolutivo de la humanidad conformado por fases o estadios de conciencia cuya progresiva superación apuntaría a un alejamiento cada vez mayor de las prácticas casi instintivas de las sociedades primitivas, que llevaría al hombre a tomar distancia del mundo natural gracias a la conciencia, a la razón y a la lógica.

A pesar de ello, Warburg siempre tuvo presente la imposibilidad de desterrar por completo esa parte sensual, irracional, inmediata del ámbito humano. Para Warburg los estadios evolutivos eran vistos como campos o zonas de conflicto entre la razón y la sinrazón; el transcurso de la humanidad, según esta visión, estaría atravesado por la tensión entre ambos elementos, por lucha entre mythos y logos.

De ahí su tesis de la memoria social, según la cual la Mneme lleva consigo las reliquias de un estado mental en el que el ego aún no era el dueño, un estado de movimientos reflejos inmediatos que abocan el abandono al frenesí y la pasión, y la comunión con el entorno natural por medio de la magia y el ritual, por medio del símbolo. La sentencia del autor es clara: "El destino del individuo depende de la manera como domina a estos mensajeros [símbolos] de una forma de existencia pretérita, cuyas huellas se hallan dentro de nosotros para siempre".

Pero el símbolo es inaprensible, indefinible, ingobernable, no se puede dominar ni someter a los designios del ego y la razón: esta fue la principal lucha que Warburg tuvo que librar durante el transcurso de su vida y que lo llevó en 1918 al sanatorio mental Belleveu, en Kreuzlingen, en el cual cinco años después habría de pronunciar la conferencia que, gracias a Editorial Sexto Piso, podemos hoy leer por vez primera en español: El ritual de la serpiente.

No hay interpretación más bella y acertada de este texto que la de Roberto Calasso, quien lo ve como un katharmós moderno. Según Calasso, Warburg fue, como en la antigua Grecia, raptado por una ninfa: aquella que en el fresco de Ghirlandaio, Visita alla camera de la puerpera, en Santa Maria Novella, se presentaba como impelida por un soplo, con vestidos ondeantes y pies ligeros. Warburg había sido, en efecto, poseído por sus propios símbolos, expresados en forma de demonios. La Ninfa, uno de los elementos iconográficos del paganismo clásico que más llamaron su atención desde sus primeros estudios sobre la obra de Boticelli, se había apoderado de él, dejándolo en calidad de nymphóleptos.

Entre los griegos, la única posibilidad de escapar a este estado era la realización de una ceremonia, de un rito purificatorio, conocido como katharmós. Y es precisamente la conferencia dictada en Kreuzlingen el 21 de abril de 1923 —El ritual de la serpiente—, emergida del delirio mismo, la que fungió como el katharmós warburguiano. Es interesante la elección de la serpiente, el animal más terrorífico, como símbolo de reparo y curación. O tal vez fue la serpiente misma quien, como siempre y al igual que la propia Ninfa, brotó súbitamente de lo más profundo de sus aguas mentales capturando la atención de Warburg. "Aquel que ha herido curará": la Ninfa que había actuado de manera negativa sobre Warburg, reaparecía metamorfoseada en serpiente para actuar de manera positiva y reunirlo de nueva cuenta con los ídolos, con esos demonios que habían vagado por su mente, y seguirían vagando durante el resto de su vida.

¿Por qué traer a colación los recuerdos de un viaje a Norteamérica ocurrido treinta años atrás?; ¿por qué no mejor dictar una conferencia sobre el arte florentino del Renacimiento, tema al que dedicó gran parte de su vida? Tal vez porque en ese viaje, su única experiencia directa con esa humanidad primitiva y pagana que ejerció tanta atracción sobre su mente, pudo comprender la necesidad biológica del símbolo. Tal vez porque esta experiencia convirtió al paganismo de los indios Pueblo en algo vivo y real para él, pudiendo entender, después de observar sus rituales —en los que el indio se mimetiza, se conecta y se funde espiritualmente con aquello que lo trasciende— que los símbolos vinculan al hombre con el mundo y con los demás hombres; que gracias al símbolo, que lo sitúa en una red de relaciones, el hombre no se siente extraño en el universo; y que un mundo sin símbolos sería irrespirable.

Y qué mejor símbolo que la serpiente, encarnación del mysterium del mundo: como numen terrenal que habita en las profundidades e inesperadamente emerge, la serpiente puede generar las mayores calamidades para el hombre, pero justamente por eso tiene la capacidad de salvarlo: la serpiente mata pero también da vida, da lluvia, y la única posibilidad de vida y de sentido para los Pueblo es estableciendo una conexión espiritual con el numen, a pesar de ser un peligro latente.

"Podríamos decir [culmina Warburg] que ahí donde el impotente sufrimiento humano comienza a buscar la salvación, la serpiente como imagen y como explicación de la causalidad no está muy alejada". Curiosamente el impotente Warburg de los años de Kreuzlingen estaba buscando desesperadamente la salvación, de ahí que la serpiente lograra reaparecer súbitamente, como siempre, por entre las débiles murallas de la razón y la lógica de nuestro autor, cargando de contenido simbólico su pensamiento. Me parece que, dado que atentaba contra sus convicciones más firmes, Warburg intentó ocultar este hecho, lo cual explica tres cosas: que al regresar de su viaje a Norteamérica no haya publicado absolutamente nada acerca de sus experiencias con los indios Pueblo; que después de su conferencia haya guardado nuevamente total hermetismo en cuanto a su aprendizaje con los Pueblo; y en tercer lugar, que no haya querido que absolutamente nadie, sin su expreso consentimiento, pudiese leer el manuscrito que afortunadamente hoy podemos tener en nuestras manos, el cual expresa el conocimiento metamórfico observado y experimentado en carne propia por el autor.