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Andamios

versión impresa ISSN 1870-0063

Andamios  n.1 México  2004

 

Dossier: La Ciudad de México

 

Representación social de la Ciudad de México1

 

Social representation of Mexico City

 

Ma. Teresa McKelligan*, Ana Helena Treviño** y Silvia Bolos***

 

* Centro de Estudios sobre la Ciudad, Universidad de la Ciudad de México. Maestra en sociología y candidata a Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana. Correo electrónico: mckelligan@prodigy.net.mx

**Centro de Estudios sobre la Ciudad, Universidad de la Ciudad de México. Doctora en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y la Universidad de Brasilia, Brasil. Correo electrónico: helenatrevino@yahoo.com

***Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana. Investigadora Nacional SNI Nivel I. Correo electrónico: silvia.bolos@att.net.mx

 

Resumen

Los habitantes de una ciudad con las dimensiones y características de una metrópoli como es la Ciudad de México, construyen una serie de imágenes sobre su entorno, en relación con lo que significa vivir la ciudad y lo urbano. La construcción de estas representaciones es producto de una atmósfera cultural llamada modernización. Vivir dicha modernidad implica una determinada forma de ser y actuar en un contexto específico. Cuando dicho contexto se nos presenta como una ciudad de multitudes donde coexisten muchas ciudades y grupos urbanos diferenciados, surge la necesidad de interrogarnos sobre la forma de resolver la contradicción entre visiones totalizadoras y formas particulares de apropiación de la ciudad.

Palabras clave: representación social, modernización, apropiación, espacio urbano.

 

Abstract

The inhabitants of a city with the dimensions and characteristics of a metropoli like Mexico City's, build a chain of images around their environment around the meaning of living the city and what is urban. A cultural atmosphere called modernization produces the construction of these representations. Living in such a cultural atmosphere implies a determined way of being and acting in specific contexts. In a city of millions where many cities and differentiated urban groups coexist, it turns out necessary to consider carefully the ways of solving the contradiction between totalizing visions and particular ways of understanding the city.

 

A partir de la década de los años noventa, surgieron nuevas perspectivas en el campo urbano que intentaban unir explicaciones políticas y culturales junto a consideraciones económicas. En este sentido, las teorías y los análisis tradicionales se fueron substituyendo por investigaciones relacionadas con los sujetos y la estructura, entrelazando la lógica del capital con el espacio, y la lógica del control del Estado con las realidades cotidianas de la vida urbana y familiar. Frente a esto, surgióla necesidad de realizar un análisis crítico de los fenómenos urbanos en su mismo dinamismo, y no en forma estática; adoptando nuevas formas de investigación y de análisis de las ciudades para obtener novedosos y más completos cuadros de la urbanización contemporánea, que permitieran una mejor comprensión de los fenómenos de la ciudad. De esta forma, se resaltóla importancia de las relaciones y los cambios de la vida diaria, prestando más atención a los sujetos y a su vida cotidiana en un contexto de cambio social global. En consecuencia, se puso atención a la acción de grupos e individuos en el contexto urbano dentro de cuatro áreas principales: los actores urbanos (acción individual, familia, bases populares, locales y comunidades), el espacio urbano (que modela y es modelado por los procesos sociales), el contexto económico (global y local) y el Estado (basado en programas y políticas). (Gottdiener y Feagin, 1990).

Reconociendo lo anterior, nuestro trabajo, sin embargo, es un primer acercamiento al tema de "ciudad" y de lo "urbano" que los habitantes de la Ciudad de México han construido sobre su entorno y medio físico espacial. En este sentido, nos interrogamos por las imágenes que se producen en relación con los valores, ideas y prácticas que los citadinos tienen sobre la ciudad, de forma tal que les proporciona las posibilidades de habitarla, disfrutarla y padecerla.

La representación social —en términos generales—, se mueve entre la percepción y los conceptos, lo que permite la modificación de éstos últimos. A su vez, la comprensión posibilita no sólo abordar la forma en que se construye el conocimiento común, sino que también establece los medios de encontrarse con el problema de la práctica cotidiana. Los elementos constitutivos de las representaciones construyen una "explicación útil para la práctica". Es este conocimiento lo que conforma que nos familiaricemos con lo extraño o lo desconocido y más aún, definamos lo peligroso. En otros términos, nos permite establecer un orden, inclusive en momentos de crisis.

En este sentido, las representaciones sociales están constituidas por elementos informativo–cognitivos, ideológicos, normativos, por creencias, valores y actitudes, opiniones e imágenes que se organizan o estructuran para "hablar" sobre la realidad, generalmente relacionadas a la acción, la interacción y la reflexión. (Vergara, 2001: 39)

Podríamos decir, por lo tanto, que las representaciones sobre la ciudad y lo urbano son el punto central de las "distintas formas de habitar" la Ciudad de México, de ahíla relevancia de su investigación. De esta forma, presentamos algunas reflexiones que intentan acercarse a estos ámbitos desde la imagen que la ciudad adquiere y desde los efectos que ésta comporta.

Para adentrarnos en las reflexiones mencionadas, recuperamos desde la literatura como desde la historia a dos autores mexicanos como son Carlos Monsiváis (cronista) y Paco Ignacio Taibo II (escritor), a través de una serie de textos que detallan las representaciones dadas por ellos sobre la Ciudad de México.

 

LA REPRESENTACIÓN DE LO URBANO

El concepto de representación de lo urbano, o como otros han denominado, imaginario urbano, es útil para abordar dimensiones de la cultura urbana que se encuentran vinculadas con la experiencia subjetiva de la ciudad. Este concepto permite reunir elementos icónicos, cognitivos y simbólicos del entorno espacial habitado. En otros términos, permite comprender una dimensión por medio de la cual los distintos habitantes de una ciudad representan, significan y dan sentido a sus diversas prácticas cotidianas en el acto de habitar en la ciudad.

"Epistemológicamente lo urbano debe de ser visto como una ruptura, como un nuevo momento donde los discursos sobre la ciudad serán una forma tentativa de formar un nuevo objeto" (Moses, 1991: 126). Lo urbano no es exactamente un "lugar" o una delimitación territorial; es el espacio de representación de la ciudad que da cuenta de las nuevas formas del conocer y del intervenir en la vida social. Esta ruptura postula a la ciudad como problema y a lo urbano como nuevo espacio de poder que da origen a la construcción de un campo de dominación cuyas referencias son las propias representaciones sobre la ciudad.

Desde esta perspectiva, no podemos obviar que esta nueva construcción es producto de una atmósfera cultural que ha sido llamada modernización. En torno a la representación de "la modernidad" se incorporan un conjunto de experiencias del tiempo y del espacio, de forma tal que existe una manera de vivirla. Es decir, ser "modernos" representa una forma de ser y actuar en un contexto.

La "ciudad" —en tanto representación—, será el espacio inventado por la cultura de la modernidad para radicar en ella la experiencia de lo moderno. Es asíque, como buena hija de esta cultura, incorpora una promesa de crecimiento, aventura, transformación, poder y, al mismo tiempo, la amenaza de la destrucción de todo aquello que somos, sabemos y tenemos. Es una representación extraña: no todas incorporan como unidad la contradicción con intentos de resolverla. En consecuencia, vivir la "ciudad", es vivir en el "paraíso" que nos arroja a la continua desintegración, renovación, lucha, ambigüedad, angustia, orden y caos.

Consideramos relevante en este tipo de investigaciones, hacer énfasis en el papel de la imagen que se construye, por un lado, desde la vida cotidiana en la ciudad vivida y, por el otro, desde la expectativa que esta representación contiene en símisma. Es decir, es una representación que se construye en forma bipolar como imágenes contradictorias: ausencia vs. presencia, posibilidad vs. límite, carencia vs. riqueza, entre otras.

De esta forma, la ciudad se convierte en una representación urbana que genera una serie de expectativas de vida que casi nunca son satisfechas. Entre lo que se espera de la ciudad y lo que ésta ofrece existe una distancia, percibida no sólo por las carencias sino también por la distribución desigual de los recursos y de los equipamientos urbanos entre ricos y pobres. Esta es la característica de la denominada segregación socio–espacial de las ciudades, de su exclusión social, que abre una distancia cada vez mayor entre sus grupos de población.2

La vida cotidiana en la ciudad es vivida como dificultad y carencia. Los aspectos evaluados negativamente son aquellos en los que la ciudad no puede mirarse con plenitud: la inseguridad impide mirar el espacio público, ya que convoca rutinas de encapsulamiento y desconfianza de lo no conocido; el tráfico evoca los autos, las aglomeraciones vehiculares y la percepción está puesta en las vialidades saturadas y no en la ciudad que está alrededor de ellas; el medio ambiente plausiblemente refiere a lo gris del aire, a los efectos de respirar el color gris y a la ciudad casi invisible en esta atmósfera. (Aguilar, Nieto y Cinco, 2001: 168)

Paralelamente a las limitaciones y carencias, la representación de la ciudad se construye de manera imaginaria dotando de posibilidades; de esta forma, emerge una opción permanente como valor de la vida urbana. Así, la ciudad se convierte en efecto de un deseo, de aquello que se "quiere" de un espacio idealizado. Es un lugar en el cual todo lo deseable está ahíy, por lo tanto, un tiempo sólo existente en el deseo. En este sentido, la Ciudad de México es una ciudad ideal.

 

LA CIUDAD DE MÉXICO

¿Qué tipo de representaciones se generan sobre la Ciudad de México? El hecho de que esta ciudad pertenezca a un país con grandes dificultades económicas, sociales y políticas, ¿permite construir una representación moderna del espacio? Partamos de una serie de datos que posibilitan formular un marco estructural sobre el cual se construye la representación de esta ciudad.

Procesos de globalización económica, urbanización creciente, reestructuración del estado de bienestar y revoluciones tecnológicas (sobre todo en el campo informático), constituyen el marco internacional que engloba a las ciudades en la actualidad. Unido a esto, países como México enfrentan también la construcción de una democracia social y política, expresada en formas de gobierno para la ciudad y en la expansión de su ciudadanía. El pluralismo cultural, la alternancia política y la diversidad social, caracterizan a nuestras ciudades modernas cuyo principal desafío es establecer nuevas relaciones entre gobierno y ciudadanos, organizaciones e instituciones, grupos y espacios de acción.

En este nuevo siglo, los aspectos cruciales de la problemática del desarrollo en las grandes ciudades, no sólo se centra en los servicios urbanos, la gestión y administración de las ciudades y la protección del ambiente (D'Andrea, 1991), sino que aparece como elemento central el tema de la delincuencia asociada a situaciones de violencia e inseguridad. Esto denota un nuevo campo de trabajo cuyo problema principal en términos de la investigación se plantea en relación al proceso de gobernabilidad de las metrópolis, sobre todo en relación con los sectores sociales urbanos que, hoy en día, abarcan una parte importante de la población y que ejercen presiones sobre las instituciones políticas para satisfacer sus demandas y hacer cumplir sus derechos como ciudadanos.

El caso de la Ciudad de México es problemático por ser una metrópoli donde existen tensiones y contradicciones entre el territorio de la ciudad y el del país, donde los actores estatales y sociales se encuentran entremezclados en los ámbitos local y nacional, lo que hace complejo entender los conflictos creados en torno a la administración y el crecimiento de ésta. En este sentido, la capital del país sigue teniendo una gran centralidad y es fundamental en cuanto a la captación de recursos económicos, localización de los grandes actores políticos nacionales y el tamaño de su población. De este modo, la centralidad, desde el punto de vista de la representación, alude al hecho de que es en ese lugar y en esa atmósfera donde existen posibilidades, opciones, oportunidades y alternativas, como un llamado permanente de la multitud a un futuro que aquíse "concentra". En palabras de Carlos Monsiváis:

Desde los años veinte, el crecimiento vertiginoso de la ciudad no se debe a vocación caótica alguna, sino a la estrategia financiera y comercial que venera al capitalismo salvaje... Los años pasan y las causas del éxodo son las mismas: el desastre de la reforma agraria, la monotonía sin salidas, el caciquismo, la miseria que devora raíces, el alcoholismo, las vendettas familiares, el hambre de oportunidades... La capital es el sitio para los ambiciosos, los desesperados, los ansiosos de libertad para sus costumbres heterodoxas o sus experimentos artísticos o su hartazgo ante la falta de horizontes. En demasiadas zonas del país aún se vive una cultura represiva, la del tradicionalismo que espía al vecino y acecha en su propia recámara. En la capital, por lo menos, la vida de los vecinos es asunto suyo porque son incontables, cambian de domicilio con frecuencia, y ni caso tiene retener sus facciones, ya no se diga su comportamiento. (Monsiváis, 1999: 9)

Es un hecho constatado por numerosos autores que el rasgo que define de inmediato a la Ciudad de México respecto de otras metrópolis del mundo, es el tamaño de su población y su escala territorial (Aguilar, 1994). Esta ciudad adquiere asínombres diversos como megalópolis, megaciudad, metrópolis, expresando todas ellas el desarrollo de un proceso de crecimiento y concentración que se aventura, a veces, más allá de lo imaginable. Como señala Paco IgnacioTaibo II:

Cuando uno dice "esta ciudad" lo que está transmitiendo es una impresión: la mancha urbana ha crecido de tal manera que ha dejado de ser una ciudad para volverse una muticiudad donde pasan cosas; donde no se enteran unos de lo que otros hacen. En esta ciudad, cuando el sur se inunda, el norte está seco. En esta ciudad, el norte sufre la invasión de los apaches y en el sur no se enteraron porque estaban viendo Discovery Channel. (Taibo II, 2003: 3)

Es en nombre del crecimiento urbano rápido y caótico que la ciudad será representada con diversas denominaciones, mismas que incorporan un acento de orgullo de esta agitación y turbulencia: "México es la ciudad más poblada del mundo (¡La Super–Calcuta!); México es la ciudad más contaminada del planeta (¡El laboratorio de la extinción de las especies!); México es la ciudad donde lo invivible tiene sus compensaciones, la primera de ellas el nuevo status de sobrevivencia". (Monsiváis, 1995: 19).

A pesar de la inmensa población, la representación de la Ciudad de México construye el milagro, es decir la solución entre el azar y la tecnología. Nuevamente en palabras de Carlos Monsiváis:

Se dice, con chovinismo del desastre, que la Ciudad de México es la más grande del mundo. A lo mejor no es así, pero "minúscula" o "recorrible" síque no es. Y sin embargo, hasta ahora funciona razonablemente, no para todos y no todo el tiempo, y con eficacia perfectible por decir lo menos, y con las reservas de solidaridad algo disminuidas, pero persiste la dotación de servicios y transporte, y las más de las veces luz y agua potable, y uno se hace las ilusiones de que respira, y el subempleo se las bien arregla para mal vivir, y al cabo del día el desastre inmenso no se ha consumado, y los millones de desastres individuales, aquío en cualquier otra megaciudad, todavía equivalen al gran desastre. Y debido al funcionamiento imprevisible de la urbe, o a la certidumbre secreta (utopía urbana es sobrevivir a diario en la catástrofe, es multiplicar familias en los resquicios del trazo apocalíptico), todos se quejan pero pocos se van, y no por una banalidad como el arraigo, sino tal vez por un motivo metafísico como el presentimiento del Juicio Final. (Monsiváis, 1999: 7)

Se nos presenta como una ciudad de multitudes, complejo espacial donde coexisten muchas ciudades, grupos urbanos diferenciados por sus hábitos y costumbres, formas territoriales que se distinguen por su equipamiento, servicios, funcionalidad y calidad de vida. Ciudad donde se entrelazan actividades, procesos demográficos y conformaciones socioculturales que convergen y permiten la subsistencia de lo local con lo metropolitano.

Esta ciudad también presenta multitudes diferenciadas que le imprimen una escala de necesidades específicas, vertidas en vivienda, trabajo, salud, educación, asícomo la participación política y la constitución de lo público. Más allá también se encuentran expresiones que reconocen el consumo de productos culturales, la reinversión de las normas de convivencia cotidiana y, sobre todo, el reconocimiento de las diferencias, de manera múltiple que oscila entre la energía, la vitalidad civil y el apego a las grandes líneas de un modelo de desarrollo urbano sustentado en el mercado y en complejos mecanismos de exclusión/asimilación territorial y de cooptación política. (Aguilar, 1994).

De esta forma, en la representación de la Ciudad de México aparecen las experiencias de lo que se denomina lo urbano, lo metropolitano. Marshall Berman, recuperando a Rousseau, describe la experiencia de la vida metropolitana en los siguientes términos:

Un choque perpetuo de grupos y cábalas, un flujo y reflujo continuo de prejuicios y opiniones en conflicto. Todos entran constantemente en contradicción consigo mismos y todo es un absurdo, pero nada es chocante, porque todos están acostumbrados a todo. (Berman, 1989: 4)

Entre los muchos símbolos e imágenes de la Ciudad de México, se encuentra el de la ruina y la devastación sub–moderna se ha convertido en una especie de contraseña del sub–fausto, es decir, en una modernidad que está por debajo de. A diferencia de las características de las ciudades modernas de los países desarrollados, la nuestra se ha caracterizado por un orden dentro del desorden, por la innovación dentro de la tradición. No se rigiópor proyectos específicos; lo moderno se arraigaba como podía, entre cantinas, puestos de periódicos, tacos de canasta, policías insomnes, vendedores con mercancía polvosa, empleados alargando el tiempo para comer. Como bien argumenta Paco Ignacio Taibo II: "El Distrito Federal es el corazón de las tinieblas; aquíse concentra como una virtud y casi simultáneamente, lo mejor y lo peor del primer mundo, lo mejor y lo peor del tercer mundo". (Taibo II, 2003: 5).

A diferencia de otras formas de representación de ciudad, la innovación y la tradición se permean mutuamente; la oferta múltiple de cualquier cosa; patrimonio histórico, mercancías, personas, olores, recuerdos, precios y a su vez la ciudad es también miles de fieles arrodillados en la penumbra a gemidos de reconciliación y rezos para que el empleo aparezca (Monsiváis, 2002). Esto permite que la vivencia del tiempo no sea solamente lineal y veloz, están presentes otras formas de la experiencia del tiempo: un tiempo provincial, un tiempo cíclico, un tiempo sacro.

Al igual que otras ciudades como Nueva York, la Ciudad de México representa la imagen de la pesadilla urbana de nuestra época: es ineludible la presencia de temas como la violencia, inseguridad (Sarmiento, 2002) y el miedo de sus propios habitantes.3

Este terror parece ser incorporado como parte de las actividades cotidianas, de una vivencia recortada del propio citadino en su vida diaria. La ciudad en este sentido, aparece como el espacio de la violencia y, con ello, se presenta una atmósfera creciente de temor: se pierde el uso confiado de la calle. Sin embargo, a diferencia de otras imágenes semejantes de las ciudades, en ésta el delito está asociado a la impunidad como representación de una ciudad incrédula de posibilidades civilizatorias y desconfiada de posibles soluciones. (Monsiváis, 1999a)

Esta ciudad se torna sinónimo de las formas de la degradación impuestas por las grandes concentraciones humanas, sobre todo en un orden económico donde, sustituido por la automatización, el trabajo formal mengua, y la violencia aumenta al ritmo del relativismo ético o de la posmoral pregonada por varios analistas, ya incorporada al lenguaje cotidiano donde la justicia es la mezcla de aplazamientos, impunidades y distribución siempre inequitativa de la ley, y en donde los servicios siempre se encarecen y disminuyen sin remedio. (Monsiváis, 1999a: 39)

 

RFLEXIONES FINALES

Las consideraciones anteriores invitan a interrogarnos sobre las formas, resolver la contradicción entre visiones totalizadoras como son los modos colectivos de gestión pública y las formas particulares de apropiación, sobre todo en una ciudad como la de México en la que los procedimientos son poco claros y existe, asimismo, poca transparencia en los procesos de administración, de gestión pública y aún más, en el manejo y la distribución de los recursos.

Desde la perspectiva de la administración de la ciudad, existe una voluntad de ver la totalidad de la ciudad. La elaboración de instrumentos técnicos bajo un supuesto "poder omnividente", son la ficción de la gestión. Esta ciudad–panorama es un "simulacro–teórico" que tiene como condición y supuesto, el desconocimiento y olvido de las prácticas: las totalizaciones de ese ojo imaginario observan con extrañeza lo cotidiano, es decir, las prácticas en el espacio; las maneras de hacer.4

Sin embargo, cuando fijamos nuestra atención en las "maneras de hacer", tendríamos que comenzar desde el movimiento peatonal ya que esta motricidad conforma sistemas que dan existencia efectiva a la ciudad. A partir de la movilidad se produce un proceso de apropiación y una realización espacial (De Certeau, 1996). Considerada desde esta perspectiva, la ciudad como sistema espacial, supone el acto en movimiento que no puede ser atrapado ni fijado. Paco Ignacio Taibo II, logra con sus palabras, dar cuenta de ello:

La ciudad no es un elemento inmóvil sino mutante: la mutación no se da de zona a zona, sino en diversos factores; hay varias coordenadas produciendo mutaciones. La misma esquina a lo largo del día son muchas esquinas de ciudades que se van traslapando, se amontonan, etcétera. En general, es como las cosas se yuxtaponen. Esta coordenada de lo mutante, la idea de ciudad doble donde esta esquina es propiedad de vendedores de periódicos que toman durante dos horas diarias las banquetas para repartir y empacar los periódicos, pero simultáneamente es propiedad de los dueños de las tiendas de discos en la calle y simultáneamente es propiedad de una mirada del judicial a ver si cae o no cae la banda en las cercanías y cuya presencia es una presencia de carácter fantasmal. Pero simultáneamente también esta ciudad es la sociedad de estos cuatro periodistas borrachos que vienen a reposar esta idea sobre la ciudad yuxtapuesta. (Taibo II, 2003: 12)

En síntesis, podríamos argumentar que existe una descripción muy particular de esta ciudad y que aparece de manera recurrente como una gran imagen de multitud, de lo excesivo y abigarrado, en la cual hay un intento permanente por resolver las contradicciones que se agolpan en su nombre; como escritura que pretende reglamentar e inmovilizar el movimiento. En este sentido, la representación tiene un carácter barroco; no es lineal sino se pliega una y otra vez sobre símisma y en cada pliegue parecería ser que se transforma. Un claro ejemplo de lo anterior es, finalmente, en lenguaje de Carlos Monsiváis, una visión felizmente aterradora:

Siempre se vuelve a la gran explicación: pese a los desastres veinte millones de personas "no renuncian a la ciudad y al Valle de México, porque no hay otro sitio adonde quieran ir y, en rigor, no hay otro sitio adonde puedan ir" [...] Quedarse en la capital de la república es afrontar los riesgos de la contaminación, el ozono, la inversión térmica, el plomo en la sangre, la violencia [...] Irse es perder las ventajas formativas e informativas de la extrema concentración, las sensaciones de modernidad que aportan el crecimiento y las zonas ingobernables de la masificación. A la mayoría, asílo niegue con quejas y promesas de huida, le alegra quedarse, atenida a las razones de la esperanza: "Esto se compondrá de algún modo/ Lo peor nunca llega/ Antes de la catástrofe, lograremos huir" [Una ciudad como esta vive bajo un signo enloquecedor] En última instancia, parecen mayores las ventajas que los horrores. Y éste es el resultado: "México, ciudad post–apocalíptica". Lo peor ya ocurrió[...] y sin embargo la ciudad funciona de modo que a la mayoría le parece inexplicable, y cada quien extrae del caos las recompensas que en algo equilibran las sensaciones de la vida invivible. El odio y el amor a la ciudad se integran en la fascinación, y la energía citadina crea sobre la marcha espectáculos únicos, el "teatro callejero" de los diez millones de personas que a diario se movilizan [...] la mezcla incesante es también propuesta estética, y al lado de los altares barrocos y de las zonas del México elegante, la ciudad popular proyecta la versión más favorecida —la brutalmente masificada— del siglo venidero. (Monsiváis, 1995: 20–22)

 

BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

1 Este texto fue presentado en el marco del Forum Mundial Barcelona 2004 y está constituido por las primeras reflexiones de una investigación que estamos llevando a cabo en el Centro de Estudios sobre la Ciudad, de la Universidad de la Ciudad de México y la Universidad Iberoamericana, en torno al tema de actores, imaginarios urbanos, ciudadanía y vulnerabilidad.

2 Datos de una encuesta señalan lo siguiente: las personas que habitan en la ciudad son agresivas (45%); la ciudad es peligrosa (42%), cansada (20%), triste (10%); los personajes emblemáticos de la ciudad se concentran en el poder político, figuras públicas mediáticas y referencias históricas. Veáse Aguilar, Nieto y Cinco (2001).

3 En Nueva York los homicidios se concentran en las zonas marginadas, como el Bronx, donde a su vez se agolpa el tráfico de drogas, por ello las clases medias viven en zonas residenciales. En el caso de la Ciudad de México, el crimen se extiende por toda la ciudad, y es producto de bandas organizadas cuya actividad principal es el robo. Asimismo, la megalópolis recibe diariamente más de 20 millones de seres, lo cual genera presiones devastadoras para los sectores populares; de hecho más del 70 % de los delitos de la Ciudad de México ocurren en sectores pobres. Ver Sarmiento (2002) y Monsiváis (1999a).

4 La construcción de esta perspectiva totalizadora, ha transformado el hecho urbano en un concepto de ciudad como "unidad" que contiene racionalidad urbanística, negando de esta forma, la pluralidad misma de sus habitantes asícomo de su movimiento.