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Economía UNAM

versión impresa ISSN 1665-952X

Economía UNAM vol.15 no.44 México may./ago. 2018

http://dx.doi.org/10.22201/fe.24488143e.2018.44.399 

Reseñas

Agricultura y alimentación en México. Evolución, desempeño y perspectivas de Cassio Luiselli

Margarita Flores

Agricultura y alimentación en México. Evolución, desempeño y perspectivas. Luiselli Fernández, Cassio. Siglo XXI editores, UNAM,

Cassio Luiselli es un gran amigo y colega, cuenta con una larga trayectoria en el estudio y en la práctica de la política agroalimentaria. El libro forma parte de la colección de la Cuestión Social de Siglo XXI editores, un esfuerzo editorial conjunto con un grupo de centros académicos nacionales y del exterior, en este caso, del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM. El libro que nos presenta Cassio tiene muchas virtudes y aciertos que me gustaría destacar:

  1. Sus casi 500 páginas constituyen un texto muy bien documentado y de gran riqueza en contenido sobre la transformación de la agricultura y de la alimentación en México que abarca varios siglos. En una apretada síntesis nos entrega una visión de largo alcance de los orígenes y características de esa transformación, de los actores sociales que han vivido los cambios -y que muchas veces los han padecido- así como las políticas que los han propiciado, sin olvidar la estructura agraria que se fue armando con el paso de los años.

  2. Se detiene con mayor detalle en el siglo XX para examinar las políticas de los diferentes gobiernos, sobre todo de la segunda mitad del siglo hasta llegar a 2012. En la última parte, la más extensa del libro y que el autor llama “apuntes para un cambio de rumbo en la política agrícola y alimentaria en el siglo XXI” sugiere una serie de propuestas encaminadas a cambiar el modelo de desarrollo dominante en el campo mexicano, un modelo de enorme desigualdad y difícilmente sostenible en el largo plazo. Considero que esta última parte constituye un gran aporte del autor al debate necesario hoy en día, cuando esperamos la formulación de propuestas de política para el campo por parte de los diferentes candidatos a ocupar la Presidencia de la República.

  3. Se trata de un texto fácil de leer. La rigurosidad del recuento histórico y del análisis de los cambios profundos se lee con gran facilidad, lo que hace la lectura atractiva, no sólo para estudiosos del tema, sino para el público en general que encontrará información muy interesante y útil para acercarse y profundizar en el conocimiento de lo que sucede hoy en el medio rural y en general en el abasto de alimentos.

  4. Es un análisis comprensivo. A lo largo de las diferentes etapas examinadas, el autor va articulando, en la medida de lo posible, sobre todo por la información con que se cuenta, el análisis de la producción (o la oferta) de alimentos con el análisis del consumo (la demanda) y la nutrición y va caracterizando las situaciones alimentarias resultantes. De todas formas -como lo señala el autor-, aún falta por hacer un análisis histórico de conjunto de esa relación.

  5. La estructura del libro lleva al lector a través de la historia de México desde la perspectiva agroalimentaria. Claro está que, como lo indica el autor, no pretende ser un libro de historia. Recuerda, primero, los grandes cambios que se produjeron en los sistemas alimentarios originarios de México con la incorporación de nuevos cultivos y la ganadería que trajo la conquista. Y cómo esos sistemas locales, basados en el maíz, el frijol, la calabaza y otros cultivos, que eran suficientes para alimentar a la población, fueron modificados radicalmente y marginados a tierras de menor calidad, cada vez más aisladas, profundizando la desigualdad que vino con el despojo producto de la conquista. A esos cambios sigue el examen de cómo se fueron estructurando diferentes sistemas productivos.

  6. El tema ambiental es elemento que me parece debe resaltarse. El texto se caracteriza por partir de una visión amplia sobre los recursos naturales y el impacto de las actividades productivas en los ecosistemas y en la biodiversidad. El tema ambiental se convierte en un eje central del análisis a lo largo del libro que se retoma con fuerza en la formulación de una estrategia de desarrollo para el campo. Este aspecto es clave cuando se trata de articular políticas públicas, y construir puentes entre lo productivo, el aumento de la productividad y lo ambiental para llegar a una visión compartida de desarrollo y de cómo lograr un aprovechamiento sustentable de los recursos naturales sin perder la riqueza de saberes y de la biodiversidad.

  7. Sobre la estructura agraria. En el desarrollo del texto, el autor enfatiza la relación entre los cambios en las prácticas de cultivo y la transformación de la estructura agraria a los largo de los siglos. Inicia con el despojo de las tierras de las comunidades originarias, sigue con la creación de la hacienda en la colonia y su consolidación en el siglo XIX. No me detengo en la historia de despojos y de la Reforma Agraria concluida en 1992, muy bien detallada en el libro, para enfatizar la profunda desigualdad económica, social -e incluso política- que caracteriza al sector, y que ha sido resultado de la continua búsqueda de una “modernización” de la agricultura en el marco de una tenencia de la tierra mayormente fragmentada en gran número de minifundios y un conjunto relativamente pequeño de grandes empresas agroalimentarias que concentran enormes extensiones de tierra. Es decir, un modelo de desarrollo excluyente.

  8. Justamente de esa reflexión deriva el interés que tiene el capítulo dedicado al examen de la experiencia del Sistema Alimentario Mexicano (el SAM) de principios de la década de 1980, en la que el autor jugó un papel protagónico y le permite compartir su visión sobre una estrategia que se planteó para aumentar la producción de alimentos básicos y disminuir la dependencia externa, en particular del maíz, apoyándose en la participación campesina minifundista. Para romper la tendencia a la baja en la producción que se venía manifestando quince años atrás, se dio un lugar preponderante al campesinado, con apoyos específicos de políticas públicas en distintos órdenes de gobierno. Su objetivo era también mejorar el consumo y la situación nutricional de la población, sobre todo la de aquella, que, por ser pobre, no representaba una demanda efectiva en el mercado. Me parece importante destacar el contexto histórico en el que se formuló el SAM, una época en el que los alimentos fueron utilizados como arma política, de ahí la propuesta de la búsqueda de la autosuficiencia -que no la autarquía. A través de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la experiencia del SAM fue referencia para otros países latinoamericanos.

  9. Finalmente, me gustaría resaltar el carácter propositivo de la última parte del libro, como dije, la más extensa. A partir del análisis de las transformaciones agrarias y de la política pública que se ha dirigido al campo, el autor ordena una serie de propuestas y recomendaciones de estrategia orientadas a superar las condiciones de desigualdad y pobreza, que coexiste con un desarrollo espectacular de las exportaciones agropecuarias en los últimos 20 años. Si bien se centra en la producción y en la oferta, incluye algunas reflexiones sobre el modelo de consumo y la doble carga de la malnutrición en México, aportando una visión sistémica de la política agroalimentaria. Para que el crecimiento del sector sea incluyente y sustentable, subraya el reto que representa el cambio climático, el cual nos va a exigir cambios profundos en tecnologías, métodos de cultivo y uso del agua. Sugiere también adoptar una perspectiva de territorio que permita reconocer la heterogeneidad reinante en todos los ámbitos: ecosistemas, producción, actores sociales, tenencia de la tierra, de donde resulta necesaria la aplicación de políticas diferenciadas y adaptadas localmente. Propone fortalecer la producción y la organización de productores campesinos, proteger la biodiversidad y la valoración de los servicios ambientales que ofrece el campo a la sociedad, así como desarrollar cadenas productivas locales. Uno de los apartados de esta parte se destina al examen de las condiciones para aumentar la producción y la productividad agrícola, respetando las restricciones que impone la necesidad de conservar los bosques, las selvas y la biodiversidad.

  10. Un factor clave en el que insiste el autor, y no podemos más que estar de acuerdo con él, es la necesidad de impulsar la provisión de bienes y servicios públicos que se han abandonado. Enumera, la investigación y desarrollo, cuya capacidad, en vez de crecer, se ha ido mermando con el paso de los años; igual sucede con la asistencia técnica y el extensionismo que se privatizó, la sanidad -que funciona muy bien- y, sobre todo, una política de producción de semillas, ya que este insumo está cada vez más controlado por un oligopolio de grandes empresas, en particular trasnacionales, lo que nos vuelve vulnerables. Lo anterior se complementa con el análisis que hace el autor sobre las necesidades de financiamiento, seguros y manejo de riesgos, tema crítico en las actividades agrícolas y más frente a las variaciones climáticas.

  11. Concluye con un examen de las instituciones y de los vacíos que habría que cubrir para implementar una política agroalimentaria que tenga como objetivo la seguridad alimentaria presente y en el largo plazo.

  12. En definitiva, se trata de un excelente libro, que nos ofrece, además, una bibliografía muy extensa y rica para quien quiera profundizar en el tema. Enhorabuena por el producto y por su oportunidad.

Recibido: 19 de Enero de 2018; Aprobado: 09 de Marzo de 2018

Margarita Flores de la Vega

Economista por la UNAM y obtuvo un doctorado en Desarrollo Económico y Social de la Universidad de Paris I. Colabora con el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM y es profesora en la Especialidad de Desarrollo Social de la División de Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM. Por más de 30 años ha trabajado en temas de desarrollo rural y seguridad alimentaria, temas en los que cuenta con varias publicaciones. Fue sub-directora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, para México, Centroamérica y el Caribe (2000- 2002). Fue directora del Servicio de Seguridad Alimentaria de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, y Secretaria del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial en Roma (2002-2007); después fue Subdirectora de la FAO para América Latina y el Caribe y Representante de la FAO en Chile (2007-2010).

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