SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.15 número44Reseña del libro La perenne desigualdad de Rolando Cordera CamposAgricultura y alimentación en México. Evolución, desempeño y perspectivas de Cassio Luiselli índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Economía UNAM

versión impresa ISSN 1665-952X

Economía UNAM vol.15 no.44 México may./ago. 2018

http://dx.doi.org/10.22201/fe.24488143e.2018.44.398 

Reseñas

Neoliberalismo y democracia. Reseña del libro: Senderos que se bifurcan. Reflexiones sobre neoliberalismo y democracia de Fernando Escalante

Ciro Murayama1 

1Profesor de tiempo completo de la Facultad de Economía de la UNAM.

Neoliberalismo y democracia, Senderos que se bifurcan. Reflexiones sobre neoliberalismo y democracia. Escalante, Fernando. INE, 2017. 87p.

La publicación de Senderos que se bifurcan. Reflexiones sobre neoliberalismo y democracia (INE, 2017, 87 pp.), del profesor de El Colegio de México, Fernando Escalante Gonzalbo, nutre con un lúcido y pertinente ensayo la colección de conferencias magistrales del Instituto Nacional Electoral.

En una época en que se ha vuelto un lugar común hablar del fin de las ideologías, incluso en un peligroso lugar común, el texto de Escalante Gonzalbo permite concluir que si algo hay triunfante en las distintas democracias occidentales a lo largo de las últimas tres décadas es precisamente una ideología, la del neoliberalismo.

Como caracteriza a la obra de Fernando Escalante, en esta conferencia encontramos un preciso recuento histórico de hechos relevantes para comprender su objeto de estudio, así como una erudita revisión bibliográfica de autores clave para entender y darse a entender.

En primer lugar, la conferencia permite al lector identificar al neoliberalismo tanto como una corriente de pensamiento y como un programa político.

Conviene conocer los hechos: en 1938, en la antesala de la Segunda Guerra, con el liberalismo en crisis por la regulación generalizada de los mercados y, más aún, por el auge de regímenes totalitarios, se celebra en París la reunión conocida como Coloquio Lippman. La apuesta de sus asistentes, entre los que destacan además del propio Lippman, Friederich Hayek y Ludwing von Mises, es reivindicar la existencia de un Estado no pasivo en términos económicos sino activamente impulsor de la actividad del mercado. Y advierte de ese coloquio Escalante Gonzalbo:

El programa del neoliberalismo, tal como se bosqueja en el Coloquio Lippmann, tiene una veta clara explícitamente antidemocrática. Para proteger al mercado, que es la piedra de toque del liberalismo, es necesario poner las libertades económicas más allá de la política, fuera del alcance de las mayorías (p. 32).

Ocurrió, sin embargo, la guerra y millares de hombres, que pelearon contra el nazismo, volvían a sus países que a su vez, se encontraban devastados.

Las dos cosas -dice Escalante, incorporar productivamente a los sobrevivientes del conflicto y reconstruir las economías- requerían una masiva inversión de recursos públicos y una orientación política de la economía. El resultado: economía mixta, Estado de Bienestar, fue producto no de una doctrina sino de una necesidad (pp. 33-34).

Esa necesidad y la voluntad política y democrática de atenderla, desdibujaron y pospusieron la agenda neoliberal. Vinieron entonces los años dorados del capitalismo de la segunda posguerra: rápida industrialización, expansión de las clases medias, aumento de la productividad, reducción de las desigualdades, fortalecimiento de las democracias.

Pero la crisis económica de los años setenta del siglo pasado, tras el choque de oferta con el encarecimiento de los precios del petróleo y la ruptura del patrón oro-dólar, seguida por fenómenos inflacionarios, pone fin al auge. Dice Escalante de ese momento vivido en las economías centrales hace 45 años: “No es extraño que hubiera la sensación, bastante general, de que estaba mal todo: los partidos, los sindicatos, la política económica, los servicios públicos” (p. 36). Es precisamente en ese contexto de crisis donde las tesis neoliberales resurgen con mayor fuerza, hasta volverse hegemónicas.

En general -sostiene nuestro autor-, se trataba de un gran programa de privatización en el que resonaban algunos motivos de la rebelión cultural de los años sesenta: individualismo, antiautoritarismo, la crítica de la burocracia, de los reglamentos, de la política (p. 37).

Para ese momento, el informe de la comisión trilateral integrada por Crozier, Huntington y Watanuki sobre la gobernabilidad de las democracias, señalaba que la sobrecarga de exigencias a los gobiernos conduce al déficit y que, por tanto, hay que limitar ese exceso de reclamos para que la democracia funcione. O sea que concluyen, como dice nuestro conferencista “que es necesario limitar de alguna manera a la democracia” (p. 39).

Para ponerlo en claro, cito a Escalante:

Por un lado, el neoliberalismo es abierta, beligerantemente, enemigo del Estado, pero por otro lado lo necesita, necesita de un Estado fuerte, activo, pero con un programa de firme defensa del mercado. De modo parecido el neoliberalismo es individualista, antiautoritario, rechaza cualquier forma de coerción pero necesita que haya un límite a lo que los individuos pueden decidir en un sistema democrático (p. 43).

Nuestro autor nos recuerda que uno de los límites que desde las discusiones de los padres fundadores del neoliberalismo se buscó imponer a la decisión democrática de la mayoría tuvo que ver, de forma expresa, con el tema de la redistribución de la riqueza. Es decir, con un asunto que el mercado no resuelve por sí mismo, sino que lo exacerba.

Una de las fuentes de legitimación de la agenda neoliberal es su crítica a lo público y el enfado hacia las instituciones, servicios y servidores públicos que campea en las sociedades. Cito de nuevo:

En este terreno el éxito [del neoliberalismo] es indudable. Ha habido una transformación cultural en los últimos treinta o cuarenta años, cuya consecuencia es que el Estado, y toda la familia léxica asociada al Estado: gobierno, público, representación, así como también política y partidos, tengan connotaciones negativas (p. 60).

En un pie de página (p. 56), Escalante apunta que en el discurso neoliberal “hay con frecuencia ecos del anarquismo ingenuo” y me parece que en México, incluso una parte de la crítica anti-estatal de cierta agenda de la llamada sociedad civil, con frecuencia impregnada de pretensiones expresamente progresistas, es funcional al discurso neoliberal y, en ese sentido, lesiva para la consolidación de la democracia, si entendemos que ésta debe de dar resultados en términos de equidad y de mejoría de las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Es aquí donde entronca el éxito de la agenda neoliberal con las insuficiencias profundas y estructurales de las democracias latinoamericanas, como lo señaló desde la década pasada el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En la agenda neoliberal la democracia no es sino una extensión del mercado (p. 76). Más aún:

El supuesto fundamental es que el interés público no existe, que no es más que el nombre con que se disfraza el interés particular de la coalición que ha resultado ganadora (p. 75). El propósito desde un principio era vaciar de contenido la democracia, en particular vaciarla de contenido económico. Y ese ha sido el resultado, puntualmente (p. 82).

Ahí está el caso del Banco de México. Y de la ausencia de deliberación sobre la política económica. Como dice Rolando Cordera: “la menos pública de las políticas públicas es la política económica”.

Una alerta. En su recuento de la evolución de las ideas, Escalante recuerda la discusión entre los liberales del siglo XIX acerca de la universalidad del voto.

no cualquiera puede votar, no cualquiera está capacitado para votar. Porque todos piensan, en resumidas cuentas, que los pobres no están en condiciones de elegir libremente. Ahora bien, planteado así el problema se puede optar por una de dos salidas, o restringir el voto y acordarlo sólo para quienes tienen dinero bastante y educación o procurar que los pobres también tengan suficiente educación y seguridad económica para votar en libertad (p. 20).

Es una cita clave para aproximarnos a parte de nuestros debates electorales contemporáneos. Sin desconocer los riesgos o intentos de compra o coacción del voto, también es oportuno señalar que hay un discurso que ahí donde ve electores pobres vislumbra en automático elecciones viciadas; que no sabe o no quiere comprender que, mientras toda pobreza es indignante, no todo pobre es indigno; que incluso se preocupa por los pobres cuando votan o pueden votar, pero no porque sufran la pobreza todos los días. Al final se trata de un discurso clasista, no progresista, no democrático. En vez de poner el énfasis en la equidad, en la superación de la desigualdad -y cabe enfatizar la única manera en que ésta se ha combatido en las economías de mercado: con políticas fiscales redistributivas- se pone la acusación en la venta del voto, como si el problema fuera la participación política de los pobres y no la abismal desigualdad social.

Otro breve apunte final: alerto sobre la pretensión de extender la agenda neoliberal sobre la propia vida electoral mexicana con las pretensiones de privatizar las campañas, los partidos y las contiendas.

Como subraya Escalante Gonzalbo, “El éxito cultural del neoliberalismo ha significado un cambio cultural”.

Si queremos llenar de contenido a la democracia, no dejar que se continúe vaciando y debilitando, es necesario llenarla de contenido económico. Es decir, exigir que la democracia sí tenga que ver con el bienestar, con la redistribución, con la calidad de vida de la población. Ello precisa de una recuperación, en primer lugar intelectual, del Estado y de lo público. A esa empresa cultural, intelectual, es a la que contribuye magistralmente Fernando Escalante Gonzalbo.

Recibido: 18 de Enero de 2018; Aprobado: 12 de Marzo de 2018

Ciro Murayama Rendón

Es licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, donde cursó sus estudios de 1990 a 1994. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid, donde obtuvo el grado en el año 2000. En la administración pública ha prestado sus servicios como Coordinador Ejecutivo de Investigación en el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República (2013-2014). Fue asesor del Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral, José Woldenberg, de 1999 a 2003 y miembro del Comité Técnico del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) de los procesos electorales federales 2008-2009 y 2011-2012. Es profesor titular nivel A definitivo de tiempo completo, ahora con licencia sin goce de sueldo, en la Facultad de Economía de la UNAM. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1. Es miembro de número de la Academia Mexicana de Economía Política e integrante de la Junta de Gobierno del Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD). Es autor de los libros: "La economía mexicana a 15 años del TLCAN" (Fundación Alternativas, Madrid, 2010), "La economía política de la educación superior en México" (ANUIES, 2009) y "El financiamiento público a la educación superior en México" (ANUIES, 1996). Es coautor de los libros "Los determinantes sociales de la salud en México" (Fondo de Cultura Económica, 2012) y "Elecciones, dinero y corrupción" (Cal y arena, 2006).

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons