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Economía UNAM

versión impresa ISSN 1665-952X

Economía UNAM vol.15 no.43 México ene./abr. 2018

http://dx.doi.org/10.22201/fe.24488143e.2018.43.388 

Reseñas

David Ibarra: de los mercados a la democracia

Rolando Cordera Campos

Ibarra, David. Mercados abiertos y pactos sociales. Democracia arrinconada. México: FCE, Facultad de Economía, UNAM, 2017.

En once bien armados y afilados capítulos, David Ibarra nos ofrece una robusta plataforma para observar el presente y proyectar el porvenir (Mercados abiertos y pactos sociales. Democracia arrinconada, México, Fondo de Cultura Económica, 2017). Así como documenta su pesimismo, al dar cuenta de los desplomes de paradigmas y capacidades institucionales para modular el cambio del mundo, Ibarra -un tanto en consonancia con su entrega anterior sobre el desarrollo evanescente-, busca imaginar un optimismo razonado y racional en sus exploraciones sobre las potencialidades de las democracias y las vías heterodoxas para llevar al mundo, y a nosotros con él a alguna “solución”, como la llama en su último apartado.

En realidad, nos sugiere, enfrentamos una endiablada ecuación en la que el planeta se metió propulsado por una combinatoria pretenciosa, vuelta utopía destructiva como llamara Polanyi a aquella aventura del siglo XIX que quería implantar no sólo una economía de mercado sino una sociedad donde todo tuviera precio, se comprara y vendiera: globalización, libre comercio, “jibarización” de los estados y preeminencia de la gran empresa transnacional, portadora no sólo de portentosos cambios técnicos e institucionales, sino de unos poderes siempre listos para capturar y hasta redirigir a los estados nacionales.

Estados que debilitados por el cambio vertiginoso del mundo que resienten, por partida múltiple, las tensiones y convulsiones de unas poblaciones privadas de derechos duramente obtenidos; así como de las exigencias de actores poderosos también despojados pero, en su caso, de todo sentimiento nacional solidario.

Tal es el caso de las grandes corporaciones y los grupos de poder pretendidamente cosmopolitas que buscan afirmarse como presencias indiscutibles y hasta indiscutidas del nuevo drama de la transformación mundial después del gran tropezón de la crisis global del 2008. No en balde se habla hoy de “posdemocracia” y, sin mediaciones, se retoma el discurso político de la híper globalización de fin de siglo.

Sin dificultad podemos inscribir este libro en la ya larga y admirable saga de nuestro autor, bien poblada de agudas interpretaciones de la globalización y sus impactos sobre las economías nacionales, en particular aquellas que, como la mexicana, pugnan por ir más allá del estadio de emergencia que se prolonga sin fecha de término. Sin embargo, también puede proponerse que Mercados... está “contaminada” por justas y notables ambiciones intelectuales y conceptuales de su autor.

Se trata, en suma, del despliegue elegante de antiguas y bien reconocidas prestancias de Ibarra para hacer un uso virtuoso de las herramientas de la economía analítica, “convencional” diría más de uno, no para regodearse en ellas sino para desde ahí hacer economía política, actual y renovada, al incorporar el poder político y económico como vector, en verdad como factor, de la configuración de nuevas realidades mundiales y nacionales.

Frente a estas realidades, que recogen ya un cúmulo desafiante y enredado de relaciones sociales y de poder, la democracia tendrá que probar sus virtudes como fuerza de modulación y reconformación del cambio del mundo, no sólo en favor de determinados sistema económicos y políticos, sino de la especie y de su entorno.

Todo el trabajo del maestro Ibarra está impregnado de una voluntad racionalista que, sin embargo, no se aleja un ápice de su mirada profunda alimentada por la historia. Con todo, como se puede apreciar en el capítulo cinco sobre el cambio tecnológico e institucional, el autor nos regala un brillante despliegue de sus destrezas analíticas y su ambición de dar sentido y coherencia a su convicción política democrática.

Dice Ibarra:

La integración de los mercados dio a luz a un sistema económico parcialmente inmune a sus consecuencias sociales dentro de cada nación (...) Se confió y se confía en que la eficiencia -aún de los monopoliosacabe por filtrarse a los estratos sociales y que la capacidad innovativa atribuida a los mercados produzca bienestar y crecimiento económico de manera automática.

“En aras de esa ideología esperanzadora se debieron debilitar y hasta demoler los pactos políticos que armonizaban el funcionamiento de los mercados con los postulados de las democracias nacionales (p. 13).

Y en esta fórmula se condensa el derrotero intelectual y el compromiso político que inspiran la obra.

David Ibarra ha dedicado buena parte de sus ocupaciones y preocupaciones, como servidor público nacional e internacional y como académico e intelectual, a poner de relieve el peso y la importancia de las ideas y los paradigmas que ordenan -o desordenan- las decisiones y las políticas del Estado. Se ha esforzado en detectar y diseccionar los cambios del mundo que ha impuesto la globalización en las relaciones entre lo público y lo privado y en los propios mercados.

Su mirada es un espléndido ejercicio pedagógico; busca contribuir a la creación de enfoques que, sin negar o menospreciar los avances globales, sean capaces de incluir y dar centralidad, de nueva cuenta, a los reclamos de justicia social y vigencia de los derechos humanos. Un binomio que en gran medida articuló la gran reconstrucción del orden internacional de la segunda posguerra.

Desde México, sostiene Ibarra:

Hemos derruido buena parte del armazón social que sostenía normativamente la legitimidad de los gobiernos. Y se ha hecho por la presión de los países dominantes (...) enmendar el desbarajuste distributivo prevaleciente demandaría tiempo y una reconstrucción casi utópica de los órdenes institucionales (...) aún así, por escabrosas que sean las dificultades (...) habrá que acercarse a un mejor equilibrio entre el individualismo eficientista y la equidad colectiva (...) El reto no consiste en regresar la historia, sino en ganar la justicia democrática en las circunstancias creadas por la interdependencia global (pp. 24 y 25).

Lo que nuevamente hace Ibarra, con agudeza, es desenmascarar el mal llamado proyecto liberal que poco o nada tiene que ver con las ideas de John Stuart Mill o Adam Smith; y sí, y mucho, con los disparates de un individualismo posesivo, contrario a toda noción de solidaridaridad y cohesión sociales.

Ibarra toma partido de manera clara y firme e insiste en reemprender un enfoque actualizado de la economía política. Retomar la mirada global y de la largo plazo.

Establecer un impuesto global al capital, llevar a la práctica un régimen de renta básica, comprometer al Estado como un empleador de última instancia.

Estas ideas, sin embargo,

no se proponen en modo alguno suprimir el sistema de mercados, pero sí puntualizan vías correctoras del neoliberalismo y la globalización tal y como se les concibe y practica en la actualidad; subrayan la urgencia de reconstruir los pactos sociales y de reducir con acción estatal las disparidades multidimensionales en el ingreso y el bienestar de las poblaciones (p. 147).

Así, propone reflexionar sobre la urgencia de emprender nuevos cursos de desarrollo. Dejar la penuria cansina y una normalidad que raya ya en el imperio de una anomia social disolvente. En suma, lo que se tiene por delante es la combinación de la globalización con las agendas nacionales porque cuando se pretenden obviar sus historias y estructuras culturales y políticas siempre se encaran facturas por cobrar y fracturas que enemendar, sin contar con el tiempo y los recursos suficientes para ello.

Se trata de dislocaciones que alteran el curso todo de dichas historias y, como es nuestro caso, debilitan las trayectorias de largo plazo.

La gran cuestión entonces: darle a la democracia un sentido propio sin sacrificar sus códigos universales de ciudadanía y representatividad; aliviar las disonancias entre igualdad y globalización, como una condición de estabilidad y cohesión indispensables para estar y vivir en lo global.

Tiempo confuso y nublado el nuestro. Por eso, posturas como las de David Ibarra constituyen una invitación seria y robusta a retomar deliberaciones y preocupaciones que suelen soslayarse y posponerse sin fecha.

Sus postulados centrales portan señales de aliento: reivindicar la política económica y social. Entenderlas como un proceso social y no sólo técnico o tecnocrático; ver a la política social como el cemento indispensable para el funcionamiento del Estado democrático constitucional moderno. En fin, asumir al Estado como el puente insustituible para erigir un auténtico nuevo orden mundial que pueda ofrecer gobernanza a la globalización.

El libro es una llamada de atención, de urgencia agregaría, a recuperar la capacidad de retomar el desarrollo, propiciar un crecimiento alto y sostenido por varios lustros y regresarle al Estado su capacidad de redistribuir.

Lo que esta obra deja claro es que buena parte de los factores que explican el crítico estado de la globalización y nuestra propia y dura circunstancia tienen que ver, en gran medida, con no haber advertido a tiempo la serie de dislocaciones profundas que el cambio estructural provocaba en las estructuras establecidas en la política, el orden social y la economía, sometida por lustros a agresivas oscilaciones y crisis financieras. Estas estructuras han resentido la carga de una apertura que trajo consigo un “modelo” adoptado más que una forma de desarrollo, fruto de sostenidos procesos de adaptación creativa.

El camino no es sencillo pero tampoco tiene por qué ser visto como una inalcanzable e ilusoria tarea. Ahí está el ejemplo de gobernantes y políticos, pensadores y reformadores que entendieron la cuestión social como un aspecto crucial y vital de su tiempo que debía enfrentarse mediante la construcción de grandes edificios institucionales.

Sólo así pudo auspiciarse la presencia de regímenes universales de bienestar y la erección de los estados sociales, el andamiaje fundamental que permitió la reconstrucción del orden capitalista en la segunda mitad del siglo XX. De ahí derivó el capitalismo democrático y, también, el reclamo del desarrollo convertido en derecho humano primordial.

Sólo con esfuerzos intelectuales como los emprendidos por David Ibarra, ejemplares como el que más, es que podremos aspirar a imaginar y volver realidad un nuevo curso para el desarrollo de México.

No se trata, como dice nuestro autor, de regresar la historia, sino de ganar la justicia democrática: pensar en una economía política de las transformaciones y una política democrática para la inclusión social.

Bibliografía

Ibarra, David. Mercados abiertos y pactos sociales. Democracia arrinconada. México, FCE-Facultad de Economía, UNAM, 2017. [ Links ]

Recibido: 18 de Septiembre de 2017; Aprobado: 24 de Noviembre de 2017

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