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Economía UNAM

versión impresa ISSN 1665-952X

Economía UNAM vol.14 no.40 México ene./abr. 2017

 

Artículos

Migraciones internas: un análisis espacio-temporal del periodo 1970-2015

Internal migrations: A temporal space analysis of the period 1970-2015

Gustavo Gordillo* 

Thibaut Plassot** 

*Consultor independiente. México. «gusto.gustavo@gmail.com»

**Maestro en Economía del desarrollo y Medio Ambiente, adscrito al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en el área de medición de pobreza. México .«thiplass@gmail.com»

Resumen

El presente artículo busca presentar las tendencias de la migración interna en México desde 1970 y sus implicaciones sobre la distribución poblacional en el territorio. El periodo analizado muestra la concentración de población en zonas urbanas, la disminución de la movilidad interna en términos relativos, el aumento de la internacional hasta 2008, y en el periodo más reciente la disminución de los flujos rural-urbanos, el aumento de la movilidad al interior de las zonas metropolitanas, una expulsión de población de las metrópolis y zonas metropolitanas, así como una constante dispersión poblacional en pequeños pueblos y ciudades medianas. También se subraya las tendencias en la movilidad por razones familiares, problemas de violencia y seguridad, así como ambientales. Finalmente, el periodo analizado es de particular interés para observar la relación entre tipo de migración y coyunturas económicas.

Palabras clave: Migración Regional; Mercados Laborales Regionales; Población; Características de los vecindarios

Summary

This article aims to present the trends of internal migration in Mexico since 1970 and its implications on the population distribution in the territory. The period analysed shows the concentration of population in urban areas, the decrease of internal mobility in relatives terms, the increase of the international migration until 2008, and in the recent period a decrease of rural to urban flows, the increase of the mobility inside metropolitan areas, an expulsion of population from metropolis and metropolitans areas, as well as a constant dispersion of population in small and medium villages. The article also highlights strong mobility for family reasons, violence and security issues, as well as environmental. Finally, of particular interest is the analysed period to observe the relationship between type of migration and economics cycles.

Keywords: Regional Migration; Regional Labor Markets; Population; Neighborhood Characteristics

Journal of Economic Literature (JEL): R23, F22, J11

Introducción

Si bien el fenómeno de migración hacia Estados Unidos generó una gran cantidad de literatura debido a su carácter único y masivo, el análisis de la movilidad interna es esencial para entender las dinámicas territoriales y las desigualdades espaciales. Entre 2010 y 2015, alrededor de 3.2 millones de mexicanos cambiaron de entidad federativa (Intercensal, 2015) y 719 mil emigraron hacia otro país entre 2009 y 2014 Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica1 (ENADID, 2014). Conjuntamente, a partir de 2010 la población que cambia de entidad federativa equivale a la que cambia de municipio dentro de la misma entidad, es decir que la migración interna total entre 2010 y 2015 representa 6.4 millones de personas (Tabla 1).

Tabla 1 Migración interna y de regreso, Población de 5 años y más, 1965-1970  

Número de personas (millones) Tasa de migración para 100 habitantes
Internacional de regreso Interestatal Intermunicipal (Adentro de la misma entidad) Internacional de regreso Interestatal Intermunicipal (Adentro de la misma entidad)
1975-1980 2.3 4.1
1985-1990 3.5 4.9
1995-2000 0.34 3.6 2.6 0.40 4.2 2.75
2000-2005 2.4 2.7
2005-2010 1.1 3.3 3.1 1.07 3.3 3.0
2010-2015 0.68 3.2 3.2 0.63 2.9 2.9

Fuente: INEGI. Censos de Población y Vivienda, Intercensal 2015, Tabulados básicos.

La migración interna en México, se refiere a cambiar de comunidad, localidad, municipio o entidad federativa para otro territorio con mayores oportunidades económicas, acceso a servicios públicos (Sellars, 2014), o niveles de Índice de Desarrollo Humano (Soloaga y Lara Ibarra, 2007). También, cabe señalar, que las diferentes redes sociales tejidas, resultan ser un determinante fundamental en la elección a migrar (Lara Flores, 2010; Davis, et al., 2002). En los años recientes se han observado razones adicionales a las estrictamente económicas que empujan a migrar como lo son los impactos ecológicos, los problemas de violencia o las aspiraciones a la reunificación familiar.

La movilidad de población entre territorios resulta de una comparación entre zonas, está íntimamente ligada a esas disparidades sumadas a los costos mismos del viaje. Diversos enfoques y teorías que señalan tendencias hacia la convergencia o divergencia entre regiones de un país -los trabajos pioneros de Williamson (1965) y otros más recientes (Ades y Glaeser, 1995; Henderson, 2000; Catin y Van Huffel, 2003)-, consideran que durante la fase de desarrollo del país, las disparidades regionales tienden a acentuarse antes de disminuir, presentando una forma de U inversa. La misma tendencia se observa para la concentración urbana. En un primer momento, la movilidad está orientada hacia la región central caracterizada por una fuerte demanda en mano de obra; de esta forma los flujos de capital se dirigen hacia las zonas más dinámicas, reforzando una centralización del poder económico, político y administrativo. La polarización se explica por las economías de escalas, la concentración del capital, los menores costos de transacción y el aumento de la demanda local (Catin y Van Huffel, 2003). En un segundo momento, el desarrollo económico provoca redistribución, deslocalización y convergencia en los ritmos de crecimiento regionales (Williamson, 1965).

En México se destaca cuatro grandes periodos y fases de desarrollo, 1900-1940; 1940-1980; 1980-2000; 2000-2016, respectivamente como fases de urbanización temprana, de industrialización (Sobrino, 2010), la tercera por una apertura económica y crisis económicas y la última por una apertura política y un crecimiento económico bajo. Con respecto a la migración, la primera (1900-1940) está caracterizada por dinámicos flujos rural-urbano (Sobrino, 2010) y a partir de 1940 es notable una aceleración en la industrialización (Ruiz, 2000). El periodo post ochenta muestra una explosión de la migración hacia Estados Unidos antes de disminuir luego de septiembre 2001 y la crisis de 2008 (Alba, et al, 2010), también está marcado por la desaceleración de la migración interestatal y el incremento de la migración cercana dentro de la misma entidad (Tabla 1). Un índice de disparidad regional elaborado por Ruiz (2000), muestra un importante aumento de las desigualdades económicas entre entidades federativas en el periodo 1900-1940. De 1940 a 1980 es notable una disminución en los índices de disparidad, regresando a un nivel cerca al de 1900, y por último, entre 1980 y 1993 la tendencia del aumento de los índices de disparidad es perceptible. Para los años recientes (1990-2010), Vilalta (2010) muestra que las brechas entre el ingreso per cápita de las regiones y la cifra nacional tienden a disminuir en todas las regiones menos en el Norte y el Sur2 (Mapas 1, 2 y 9).

Fuente: INEGI, Sistema de Cuentas Nacionales de México

Mapa 1 PIB per cápita a precios constante, 2014  

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Mapa 2 Entrada de migrantes de otras entidades, por 1000 habitantes 2005-2010  

La ENADID de 2014 resalta que la primera causa de la migración de retorno (de otro país) o entre entidades federativas es para reunirse con la familia (40 migrantes por cien), y en segundo lugar por razones laborales o para estudiar. En la migración interna, cabe destacar que 6 de cada 100 migrantes interestatal declara que la principal razón ha sido la inseguridad pública y la violencia (ENADID, 2014). Los datos3 del Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno o The Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC) consideran que en 2015, existían 287 430 desplazados a causa de violencia criminal. Otros determinantes son los recurrentes eventos climáticos extremos (Yunez Naude y Mora Rivera, 2010), los cuales también suman más de 250 mil personas desalojadas desde 2013 (IDMC). Finalmente, se observan poblaciones indígenas desplazadas -entre otros en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Jalisco y Hidalgo, Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPH) 2004-, debido a conflictos por tierras, recursos naturales o intolerancia religiosa (IDMC).

En la mayoría de las entidades (con la excepción de las zonas metropolitanas), la elección de migrar hacia otra entidad es todavía mayor a la de migrar a otro municipio de la misma entidad, en particular en Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Veracruz, los estados con mayores niveles de pobreza. Cabe mencionar unos casos atípicos, como Baja California Sur y Quintana Roo donde llegaron entre 2005 y 2010, seis y siete veces más personas de otra entidad que desde otro municipio de la misma entidad. Asimismo, Aguascalientes, Baja California, Colima, Nayarit, Querétaro, Morelos, Hidalgo y Estado de México son las entidades con mayor atracción para la población de otro estado (Mapa 2). En contraposición, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas muestran una menor intensidad en los diferentes flujos migratorios, esos estados presentan también municipios más dirigidos hacia la migración internacional que la interna Consejo Nacional de Población (Conapo) 2010; Alba et al (2010). Canales y Montiel (2007) señalan que municipios de Jalisco, del Bajío y Chihuahua tienen en su mayoría migrantes internacionales, mientras en Michoacán, Oaxaca y Durango, municipios presentan ambos perfiles de migración (interestatal e internacional).

El análisis del perfil de los migrantes internos por sexo y edad, muestra que se concentran en las edades activas, con mayor proporción entre 20 y 35 años (Romo Viramontes, et al, 2013). Únicamente entre 15 y 29 años, la proporción de migrantes internos mujeres es mayor a la de los hombres. Los hombres son históricamente más numerosos en la migración internacional (Espinoza Damián, 2012), entre 2009 y 2014, tres de cada cuatro migrantes internacionales eran hombres (ENADID, 2014). Los datos de los Censos de población revelan que los hombres están además más presentes en la migración entre entidades federativas en tanto que las mujeres son predominantes en la migración entre municipios de la misma entidad (Figura 1). Sin embargo, Soloaga, et al (2010) muestran que la proporción de mujeres que emigran hacia la Ciudad de México, el Estado de México y Tlaxcala es mayor a la de hombres.

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Figura 1 Porcentaje de migrantes según sexo y lugar de residencia en los 5 años anteriores, 1990-2015  

Se propone un análisis global del fenómeno y el presente artículo se divide en cuatro partes: i) migraciones entre entidades federativas; ii) migraciones entre municipios del territorio; iii) migraciones por tamaño de municipio, y iv) evolución de la distribución poblacional en diferentes tamaños de localidades. Este trabajo presenta series temporales, describe la heterogeneidad entre territorios de partidas y de destino, al igual que las características sociodemográficas de los migrantes. En conclusión se destaca las principales tendencias, y sus implicaciones en términos de condición de vida de la población e impacto sobre el medio ambiente, además de recomendaciones de políticas públicas. Los insumos para el análisis son esencialmente los resultados de los Censos y Conteos de población y viviendas, los microdatos de las muestras de esos Censos para los años 2000, 2010 y 2015, y las bases del Sistema de Integración Territorial (ITER) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Migración interestatal

De manera general, la población que vive en una entidad diferente a la de su nacimiento ha aumentado: sólo representaba 10% en 1930, 14% en 1970 y esta cifra alcanzó 18% en 2010. A pesar de esto, se observa un declive de la movilidad entre entidades (Soloaga et al, 2010), pasando de 49 migrantes por 1 000 habitantes entre 1985 y 1990, a 29 por mil entre 2010 y 2015 (Tabla 1).

Entre 1970 y 2015, los movimientos más relevantes son entre entidades federativas vecinas, con la excepción de Baja California, Quintana Roo, Ciudad de México y Nuevo León que atraen poblaciones de toda la república (Mapa 2, 3 y 4). Los flujos reflejan la generación de empleos agrícolas (Warman, 2001a; Barron, 2007 y Grammont, 2015)4 en Baja California, Sinaloa, Sonora, Veracruz o Chihuahua (Sedesol, 2010); en el sector turismo en Quintana Roo, e industriales en el Bajío, el Estado de México, Hidalgo, y en el Norte en Tijuana, Mexicali, Nogales, Ciudad Juárez, Laredo o Matamoros. Si bien el desarrollo industrial predominó históricamente en el Norte del país, la región del Bajío5 muestra desde los años 2000 un crecimiento notable del Producto Interno Bruto (PIB) industrial y de la demanda por mano de obra. Esta tendencia es semejante en Tlaxcala, Puebla, Querétaro y Morelos desde 1980 (Tabla 3), caracterizados por un desarrollo industrial y una ubicación geográfica favorable (Vilalta, 2010; Chávez y Guadarrama, 2004).

Fuente: Intercensal, 2015.

Mapa 3 Saldo neto migratorio entre Entidades Federativas, 2010-2015  

Fuente: Intercensal, 2015.

Mapa 4 Flujos superiores a 10 mil habitantes, cambio de lugar de residencia entre 2010 y 2015, Ciudad de México excluido  

Una revisión de los saldos migratorios netos6 por entidad federativa desde 1930 permite observar regiones con un perfil expulsor de población (Tabla 4), como Chiapas, Durango, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Veracruz, Zacatecas, Tabasco y Sinaloa. Esas regiones muestran claramente que los altos niveles de pobreza se traducen por una fuerte expulsión de población (Mapas 3 y 9), principalmente joven (Mapa 5). Del otro lado, las entidades federativas con saldos migratorios netos positivos desde 1930 son Baja California, Colima, Morelos, Nuevo León y Quintana Roo. Una tercera categoría muestra entidades históricamente expulsoras de población que pasaron a ser receptoras a partir de 1950, se trata de Baja California Sur, Campeche, Jalisco, Estado de México y Querétaro. También a partir de los ochentas, Guanajuato y Tabasco pasan a ser receptores netos de población, beneficiándose del desarrollo de la industria petrolera, así como de la agricultura de exportación intensiva en mano de obra en Guanajuato.

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Mapa 5 Razón de dependencia total, 2010  

La Ciudad de México, desde los sesentas, transita de receptor neto de población a expulsor (Figura 2), en particular hacia estados vecinos como lo muestra el desarrollo poblacional del Estado de México, y a partir de los ochentas de Hidalgo y Tlaxcala, es decir, hacia las aglomeraciones vecinas dentro de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM),7 vía los asentamientos informales en periferias pobres (comúnmente referidas como cinturones de miseria) y programas habitacionales destinados a la clase media (Delgadillo, 2010). La migración hacia la Ciudad de México pasa de representar 14% de los flujos totales interestatales entre 1975 y 1980 a 10% entre 2010 y 2015.

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Figura 2 Entradas y salidas de la Ciudad de México por mil habitantes, 1960-2015 

Si se observa que la demanda de trabajo en la capital del país sigue aumentando al mismo tiempo que su población residente decrece en términos absolutos y relativos (13% de la población nacional en 1980 contra 7% en 2015), se entiende que una gran parte de la población trabajadora de la Ciudad de México vive en la periferia donde el costo del transporte, vulnera aún más su situación en términos económicos, ambientales y de salud. Entre 1970 y 1980 el número de llegadas disminuye fuertemente en valores tanto relativos como absolutos. Es en el periodo 1985-1990 que se registró más salidas de la Ciudad de México hacia otros estados con más de 1 millón de partidas y también una baja en las llegadas como reflejo del periodo de crisis del decenio (Figura 2). Desde 1980, dos cambios mayores son a subrayar: salidas de población superiores a las llegadas, y una tasa de entradas por mil habitantes bastante estable en comparación con la tasa de salida (Figura 2). Es decir, el saldo migratorio neto negativo de la Ciudad de México obedece más a las salidas que a las entradas, revelando dificultades para conservar su población como consecuencia de un costo de la vida alto (en particular en el acceso a la vivienda), la competición por el uso del suelo entre comercio y viviendas, y el aumento de las actividades terciarias (Delgadillo, 2010). Es así como, las teorías sobre la polarización urbana expuestas anteriormente se confirman en el caso de la Ciudad de México, presentando un nivel óptimo de concentración urbana antes de disminuir, sin embargo esta baja se caracteriza más por una expansión de la ciudad hacia municipios de la ZMVM.

Otra tendencia relevante es el fuerte aumento a partir de la segunda mitad de los años 2000, del cambio de lugar de residencia en las entidades que experimentan problemas de violencia y crimen organizado. Así, entre 2009 y 2014, los saldos migratorios netos de Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero, Chihuahua, Zacatecas, Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Durango,8 son negativos. En el mismo periodo, las entidades que han atraído más población en porcentaje de su población total son Colima, Querétaro, Baja California Sur, Quintana Roo, Yucatán, Aguascalientes, Hidalgo, Campeche, Estado de México, Nayarit y Nuevo León; el resto de las entidades tienen un saldo migratorio neto entre 0 y 1% (ENADID, 2014). La población residente en los estados más pobres representa un menor porcentaje en el total nacional en comparación con 1970, con la excepción de Chiapas, que tiene la mayor tasa de fecundidad nacional (ENADID, 2014). De tal manera que, Chiapas se caracteriza por una fuerte proporción de menores de 15 años en su población (fuerte razón de dependencia infantil) y una débil razón de dependencia vejez, definida como la proporción de personas mayores por respecto a cuya en edades activas.

En cuanto a la población indígena, siguió el fenómeno de migración hacia ciudades en expansión como consecuencia de los procesos de industrialización y deterioro de la situación del campo (Chávez Galindo, 2007). Al final del siglo pasado, la población indígena también se incorpora a la migración internacional y desarrolla eficientes redes de paisanaje en Estados Unidos.

Con respecto a la movilidad interna, de acuerdo a Romo Viramontes et al (2013), en 2010 los hablantes de alguna lengua indígena representaban 4.6% del total de migrantes internos, lo que muestra la subrepresentación de este grupo en la migración interna (Valdés, 2007), sin embargo cabe mencionar que esta población está sobrerrepresentada entre los jornaleros agrícolas (Warman, 2001a.), la cual también escapa a los Censos de población. Los estados expulsores de población representan menos población en términos relativos (Mapa 6), y la estructura etaria de su población también esta alterada debido a la migración de población en edades activas. Esta tendencia (a excepción de Chiapas) se puede apreciar en el Mapa 5. Esas entidades muestran un envejecimiento de la población o una fuerte proporción de niños y adolescentes. En oposición se observa que las zonas de fuerte densidad poblacional como son la Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León se caracterizan por una débil proporción de población infantil en comparación con la población activa.

Fuente: realizado a partir de los Censos y Conteos de población, INEGI.

Mapa 6 Variación absoluta en el porcentaje de la población que representa cada entidad federativa en el total nacional, 1970-2015  

Si el principal determinante de la migración son las disparidades regionales en términos de oportunidades económicas y posibilidades de ejercicio pleno de sus derechos sociales, cabe destacar el papel de las políticas públicas en el ordenamiento territorial. La situación de crisis del sector agropecuario y el fin del programa de braceros estuvieron acompañados en 1964 por el Programa de Industrialización Fronteriza (PIF) con el objetivo de dinamizar el sector secundario. Otros programas fueron notables hasta 1980 y reflejan el esfuerzo para corregir desequilibrios regionales. Garcés y Márquez (2007) enlistan entre otros: la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados (Coplamar), el Programa de Inversiones Públicas para el Desarrollo Rural (Pider), y en los setentas los Decretos de Descentralización Industrial y el Programa Nacional de Desconcentración Territorial de la Administración Pública Federal. En el periodo reciente se puede destacar la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales de 2015 que busca atraer inversiones, generar empleos y revertir las desigualdades territoriales en zonas históricamente marginadas.

Respecto al sector agropecuario, la crisis de la producción a partir de 1965 se tradujo en movilizaciones y una demanda agraria por parte de las centrales campesinas (Gordillo, 1988, Warman, 2001b) para luchar contra su proletarización (Bartra, 2003). Es importante señalar el último esfuerzo significativo de reparto agrario entre 1964 y 1976 (INEGI, 2014) y el auge de la toma de tierras (Gordillo, 1988, Flores de la Vega y Rello, 2002). Esos eventos reforzaron el proceso de dispersión poblacional y permitieron poblar zonas de baja densidad (Garcés y Márquez, 2007).

Con respecto a las políticas demográficas, la Primera Ley de Población (1936) bajo la presidencia de Cárdenas y la Segunda en 1947, incentivaron ambos el desarrollo de familias numerosas vía políticas pro-nacimiento. La Tercer Ley de Población en 1973-1974, marca una ruptura ya que promueve la planificación familiar y el control de la fecundidad vía la educación pública y el sector salud, la Ley también da mayor importancia al desarrollo regional. Finalmente, debe mencionarse la creación del Consejo Nacional de Población en 1975, cuya misión es la planeación demográfica y regulación de las dinámicas migratorias.

Otros determinantes de la fuerte movilidad que pueden enlistarse son: una centralización económica, política y administrativa en la capital del país, la falta de infraestructura y oportunidades de trabajo en regiones marginalizadas, un menor apoyo presupuestal al campo a partir de los ochentas y en particular a la pequeña y mediana agricultura mediante subsidios agrícolas altamente regresivos (Fox y Haight, 2010), y desiguales entre estados (Gordillo, et al, 2006; Warman, 2001b), presupuestos dirigidos al desarrollo industrial en el Norte y el Centro, el desarrollo de la actividad petrolera en el Sureste y la elección de la península de Yucatán como polo de desarrollo turístico. Del otro lado, se reconoce que las políticas sociales han sido progresivas y las ambientales más neutrales, Panel Independiente sobre la Agricultura para el Desarrollo de América Latina (PIADAL) 2013, favoreciendo la convergencia entre zonas.

Migración intermunicipal

Es de nuestro interés los flujos entre municipios del territorio, es decir la población que reside en un municipio diferente de aquel de hace 5 años. Este análisis considera tanto los flujos procedentes de otra entidad federativa como de las mismas,9 y permite una mayor desagregación espacial. A partir de las muestras de los Censos de población y de la Intercensal 2015, se genera matrices de flujos migratorios entre municipios y se calculó el saldo migratorio neto por municipio entre los años t y t-5, así como el porcentaje que representa en la población total del municipio en el año t. Esta parte se concentra en tres periodos: 1995-2000; 2005-2010; 2010-2015.

El índice de marginación municipal desarrollado por Conapo permite observar la correlación entre la atracción de poblaciones y un bajo grado de marginación. Después de excluir del análisis los municipios de nueva creación y los municipio(s) de los cuales se segregaron, clasificamos los municipios como atracción o expulsión cuando el porcentaje que representa el saldo migratorio neto en la población del municipio es superior a 1%, la otra categoría menos de 1%, corresponde a una dinámica migratoria débil o un equilibrio migratorio. De esta manera vemos que entre 1995 y 2000, 61% de los municipios clasificados por Conapo como Muy Bajo grado de marginación son receptores de población y de la misma manera 55% de los municipios de Muy Alto grado de marginación son expulsores de población. Se puede observar la misma tendencia para el periodo 2005-2010 pero en menor medida (Tabla 2).

Tabla 2 Porcentaje de municipios de cada grado de marginación clasificados según categoría migratoria, 1995-2000  

1995-2000
Muy Bajo Bajo Medio Alto Muy alto
Expulsión 19.4 27.1 35.2 49.8 55.2
Recepción 60.7 43.6 31.3 20.2 7.8
Menos de 1% 19.0 27.8 32.9 28.8 33.4
Total 100 100 100 100 100

Fuente: Censos de Población y Vivienda e Índice de marginación de CONAPO.

Otro resultado muestra que en 2000, los municipios clasificados como expulsores de población (1126 municipios), eran dos veces más numerosos que los 617 municipios con atracción de población o los 679 municipios en balance migratorio lo que apunta a la concentración de migrantes en pocas regiones y una fuerte tasa de emigración en el periodo 1995-2000. Las cifras del Censo siguiente en 2010 muestran al contrario que el número de municipios receptores o en equilibrio migratorio es mayor a los 770 municipios con pérdida de población (Mapas 7 y 13, Tabla 5). El Mapa 7 resalta la movilidad entre 1995 y 2000 hacia las zonas previamente mencionadas que son los polos turísticos10 y las zonas metropolitanas de Querétaro, Puebla, Toluca, Guadalajara y Monterrey, pero aún más en todos los municipios de la frontera Norte. Son los municipios de la frontera con Estados Unidos que más han atraído población como resultado del fuerte crecimiento del sector manufacturero después de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Moreno-Brid, 2007).

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Mapa 7 Saldo neto migratorio entre municipios por mil habitantes, 1995-2000  

Sin embargo la tendencia es diferente en los dos periodos siguientes: 2005-2010 y 2010-2015 (Mapas 13 y 14), con municipios de la frontera Norte que presentan fuertes tasas de emigración, en particular los que incluyen localidades de Matamoros, Agua Prieta, Laredo, Reynosa Ciudad Juárez, Ciudad Acuña y Nogales. Si bien lo anterior se explica por problemas de violencia (Garza, 2010), también se tiene que subrayar el impacto de la crisis económica mundial en la segunda mitad de los años 2000 (Moreno Brid, 2007), la homologación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en la frontera norte en años recientes y un desplazamiento de la inversión industrial hacia el Bajío que beneficia de la disminución de los costos de transporte, de una mano

El Bajío es la región con más equilibrio migratorio, y por su parte el Estado de México muestra un clivaje entre el este que atrae población por su proximidad con la ZMVM, y el oeste cerca de Guerrero y Michoacán que pierde población (Mapa 7). En la península de Yucatán se observa a lo largo del periodo 1995-2015: saldos migratorios negativos en los municipios alejados de la costa en Yucatán, una fuerte migración hacia Quintana Roo, y el atractivo de municipios de la costa en Yucatán, así como de Cancún hacia Tulum, en el caso de Quintana Roo.

Desde 2000, las delegaciones de la Ciudad de México presentan saldos migratorios negativos con excepción del sur (Tlalpan, Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac) (Mapa 15). La crisis entre 1995-2000 se traduce por enormes salidas de población de las delegaciones del Centro y Norte de la Ciudad de México así como en Tlalnepantla, Naucalpan y Nezahualcóyotl ubicados en el Estado de México. Entre 2005 y 2010 las expulsiones son menores pero siguen esta tendencia, Xochimilco y Ecatepec (Estado de México) también ven su saldo migratorio neto volverse negativo (Mapa 8), así como Texcoco a partir de 2015. Es decir, desde 1995, municipios del Estado de México cercanos al norte de la Ciudad de México se vuelven expulsores de población, el fenómeno de emigración de la capital del país hacia las periferias se mantiene, empujando la frontera de la periferia en la parte norte. En el otro polo, las delegaciones del Sur de la Ciudad de México y municipios del Estado de Morelos siguen atrayendo poblaciones de 1995 hacia 2015. En el periodo reciente (2010-2015), en tres delegaciones del centro poniente (Benito Juárez, Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo) el saldo migratorio se convierte en positivo (Mapa 16) beneficiándose de la concentración de empleos y el aumento en la oferta de vivienda.

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Mapa 8 Saldo neto migratorio entre municipios de la ZMVM por mil habitantes, 2005-2010  

Migración interna y tamaño de municipio

La movilidad entre municipios de la misma entidad sigue aumentando desde 1995 en términos absolutos y relativos como resultado de la movilidad creciente dentro de las grandes ciudades del país: Nuevo León (421 mil), Jalisco (347 mil), México (687 mil) y la Ciudad de México (344 mil). La intensidad es de 10% de la población de Nuevo León y alrededor de 5% para las otras entidades mencionadas. Diferenciamos en esta parte, la migración entre municipios de distintas entidades federativas de los flujos dentro de una misma entidad federativa.

Sólo a partir del censo de 2000 se capta información sobre movilidad dentro de la misma entidad, el Conteo de población de 2005 no integra esta pregunta en su cuestionario, pero la Intercensal de 2015 la recupera. La información Censal del INEGI no permite mayor desagregación territorial que el nivel municipal y un análisis por tamaño de localidad no resulta posible. Una aproximación fue propuesta por Jaime Sobrino (2014) para clasificar los municipios a partir del tamaño de su principal localidad.11

Con base en este enfoque, proponemos una metodología alternativa dado que para clasificar los municipios contabilizamos su población total. Otra diferencia metodológica se opera en cuanto a la clasificación de los municipios, elegimos la siguiente: Metrópolis (superior a 1 millón de habitantes), Zonas Metropolitanas y centros urbanos12 (entre 500 mil y 1 millón), Urbanos (entre 100 mil y 500 mil), Urbanos pequeños (entre 50 mil y 100 mil), Semiurbanos (entre 15 mil y 50 mil), Rurales (entre 2 500 y 15 mil) y Rurales pequeños (menos de 2 500 habitantes). A partir de las muestras de los Censos y la Intercensal se obtienen matrices de flujos de población entre categorías municipales y se calculó los saldos migratorios netos entre esas categorías municipales por los tres periodos con datos disponibles: 1995-2000; 2005-2010 y 2010-2015.

La principal movilidad se ubica entre municipios de misma categoría, pues en 2015 representa 25% del total, en particular los flujos “Municipio Urbano-Municipio Urbano” (13% del total). Entre 1995 y 2000, la tendencia migratoria es en sí ascendiente, es decir hacia municipios de mayor tamaño (Figura 3), y la categoría que más atrae población son los municipios urbanos (de 100 mil a 500 mil habitantes). En cuanto a la migración descendente se concentra en una migración de las metrópolis y zonas metropolitanas hacia los municipios urbanos, pero se limita a la migración adentro de la misma entidad. En los dos periodos siguientes la tendencia es inversa, entre 2010 y 2015, la principal migración es descendiente y representa 51% de la migración interna total, contra 32% para la ascendiente. Es entre 2005 y 2010 que aumenta significativamente la migración descendiente para los municipios de más de 500 mil habitantes, se intensifica y no se limita a la migración hacia municipios urbanos pero también hacia municipios urbanos pequeños (entre 50 y 500 mil). Además, la migración desde una Metrópolis hacia ciudades de menor tamaño en otro estado es la que más se incrementa, influenciada en gran parte por la movilidad entre la Ciudad de México y el Estado de México (Mapa 12). Los flujos ascendientes disminuyen pero permanecen, y también se dirigen hacia municipios de entre 50 y 500 mil.

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Figura 3 Saldo neto migratorio según tamaño de municipio, 1995-2000; 2005-2010; 2010-2015  

Los intercambios de las metrópolis y zonas metropolitanas con los municipios rurales y rurales pequeños solían ser ascendentes hacia los años 2000. En el periodo 2005-2010 el saldo migratorio neto de las metrópolis se vuelve negativo en todas las categorías. Así, los municipios más pequeños se vuelven receptores netos de población provenientes de las zonas metropolitanas y metrópolis, sin embargo tienen un saldo migratorio negativo con las otras categorías (menos de 500 mil). Se supone que esta tendencia es consecuencia de las mayores dificultades de una franja poblacional para permanecer en las metrópolis, traduciéndose por una movilidad hacia las periferias o el regreso hacia su localidad de origen, así como a municipios de territorios en desarrollo como Querétaro, Aguascalientes, Guanajuato, Quintana Roo (Figura 3 y Mapas 11 y 12). En cuanto a la migración ascendente, paso de representar 38% de los flujos totales en 2000 a 32% en 2015.

Evolución de la distribución poblacional en diferentes tamaños de localidades

En esta última parte, se reflexiona sobre las consecuencias de los diferentes flujos migratorios descritos anteriormente sobre la distribución poblacional en diferentes tamaños de localidades. Los principales insumos para el análisis son las bases ITER (1990, 2000, 2005, 2010), y los diferentes Censos de población. Nos enfocamos en un primer tiempo sobre la tendencia nacional entre 1970 y 2015, luego sobre dos tendencias notables en el periodo: la concentración de población en ciudades grandes, zonas metropolitanas y ciudades medianas, combinado con un fenómeno de dispersión de la población rural en pequeños pueblos. También se destaca las diferencias entre tamaños de localidades en cuanto a sus características.

La población pasa de ser mayoritariamente rural a urbana13 ente 1950 y 1960, y los residentes en localidades de menos de 2 500 habitantes pasan de representar 41% en 1970 a 23% en 2015. La población rural es menor a la residente en localidades de 500 mil y más habitantes únicamente a partir de los años 2000 (Tabla 6). El fenómeno es sin embargo distinto según los estados, ya que en Oaxaca y Chiapas la población rural es, en 2015, todavía mayor a la urbana (Tabla 3). A pesar de un fuerte declive en términos relativos, la población rural representa 27.5 millones de personas en 2015, de las cuales 61% están en situación de pobreza (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social -Coneval-, 2014 14), y son cerca de 63 millones de personas que viven en localidades de menos de 100 mil habitantes.

Fuente: Censos y Conteos de población, bases ITER.

Tabla 3 Porcentaje de la población en pequeñas localidades, 6 estados, 2010  

La población nacional total representa desde 2000 el doble de la de 1970, el incremento de la densidad poblacional y los cambios socioeconómicos como por ejemplo la diversificación de actividades agrícolas y no agrícolas nos permiten cuestionar el criterio de clasificación del rural a menos de 2500 habitantes. Considerando la población que reside en localidades de menos de 15 mil habitantes en 2010, observamos que esta representaba 37% de la población Nacional. Tomar como umbral “15 mil habitantes” parece ser un criterio poblacional más adecuado a las evoluciones del mundo rural, puesto que constatamos que es a partir de este umbral que el porcentaje de la población trabajando en el sector primario tiende a abatirse. De la misma manera observamos que varios indicadores sociodemográficos y de características de la vivienda y acceso a servicios básicos muestran una disminución importante a partir del umbral de 15 mil habitantes (Tabla 7).

Si se analiza sub-indicadores de materiales y servicios básicos de la vivienda que usa el Coneval en la medición multidimensional de la pobreza, se observa una fuerte correlación negativa entre el tamaño de localidad y las carencias en el ejercicio pleno de sus derechos sociales. Como ejemplo, en 2010 el porcentaje de viviendas con energía eléctrica, agua entubada, acceso a drenaje y un material del piso diferente a tierra era respectivamente de 79, 54, 62 y 78% en las localidades de menos de cien habitantes, los mismos indicadores presentan un promedio de más de 98% en las ciudades de más de un millón de habitantes (Tabla 7). Lo mismo se refleja en cuanto a indicadores de educación (Tabla 8), y acceso a la alimentación (Tabla 9), es decir, si bien las brechas entre diferentes localidades han disminuido desde 1990, la permanencia de poblaciones en situación de carencia permanece preocupante. Si por un lado se entiende que la migración hacia una localidad de mayor tamaño puede ser inducida por la búsqueda de un mejor acceso a servicios públicos y ejercicio pleno de sus derechos sociales, por otro lado vemos que la movilidad rural-rural y semiurbana-rural permanece y es entonces guiado por determinantes distintos que detallaremos más adelante.

Ciudades urbanas

La población en zonas urbanas de entre 500 mil y 1 millón de habitantes decrece entre 1980 y 1990 (Tabla 6 y Figura 6) como consecuencia del crecimiento de Puebla y de la ZMVM, haciendo pasar esas ciudades en la categoría “superior a 1 millón”. Una segunda explicación se encuentra en la fuerte migración en periodos de crisis, en particular el fuerte éxodo urbano de las metrópolis durante las ochentas. En efecto se observa en este mismo periodo, una fuerte emigración e incremento poblacional en localidades de entre 100 mil y 499 mil habitantes pasando de 11.3 millones en 1980 hacia 18.2 millones en 1990 (Tabla 6). Durante el periodo 1985-1990 se estima en medio millón y medio las salidas de la Ciudad de México hacia el Estado de México, una cifra muy por arriba de los otros decenios. Entre 1990 y 2000, se puede ver un declive en el porcentaje de población residente en localidades de menos de 500 mil habitantes (únicamente las localidades de 10 mil a 50 mil muestran un aumento), mientras que aumenta en las categorías superior.

A partir de 2010, las ciudades de 500 mil a 1 millón de habitantes superan en términos de habitantes a las ciudades millonarias (Figura 6), las cuales disminuyen en proporción de la población total, a partir de la década 2000. Las zonas de más 500 mil y menos de un millón de habitantes mantienen un ritmo de crecimiento estable desde 1990, mostrando la permanente ampliación de las periferias de las zonas metropolitanas. Es decir, los centros de las zonas metropolitanas cuyo crecimiento fue exponencial de 1970 a 2005 (pasando de 1 a 11 ciudades de más de 1 millón de habitantes) llegan al punto de saturación y revierten poblaciones sobre municipios aledaños, alimentando cinturones de miseria siempre más alejadas de las fuentes de trabajo.

Además de la concentración en las periferias de las metrópolis, se nota una convergencia hacia ciudades de menor tamaño entre 10 mil y 100 mil habitantes. Las localidades rurales y semiurbanas15 pasan a ser urbanas por el crecimiento poblacional y los flujos migratorios (ascendiente desde pequeños poblados como descendiente de las zonas metropolitanas) convergen hacia este tipo de localidad. Es decir, además de las Zonas Metropolitanas, las localidades que más han crecido desde 1970, son las que tienen entre 10 mil y 100 mil habitantes (Figuras 5 y 6). Las ciudades entre 15 mil y 50 mil son definidas en el Sistema Urbano Nacional como el Subsistema Complementario (INEGI, 2015). Como lo menciona Sobrino (2014) la movilidad urbana-urbana es a partir de 2000 la principal tendencia en la migración interna.

Fuente: Censos y Conteos de población, bases ITER.

Figura 4 Porcentaje de la población residente en diferentes tamaños de localidad, de 1 a mil habitantes, 1970-2010  

Fuente: Censos y Conteos de población, bases ITER.

Figura 5 Porcentaje de la población residente en diferentes tamaños de localidad, de 50 mil a más de 1 millón, 1970-201  

Fuente: Censos y Conteos de población, bases ITER.

Figura 6 Porcentaje de la población residente en diferentes tamaños de localidad, de mil a 49 mil habitantes, 1970-2010  

Pequeñas localidades

Para analizar con mayor detalle las pequeñas localidades proponemos la clasificación siguiente: de 1 a 99 habitantes, de 100 a 249 habitantes, de 250 a 499 habitantes, de 500 a 999 habitantes, de 1 000 a 1 999 habitantes y de 2 000 a 2 499 habitantes.

Entre las localidades rurales, las de más de 500 y menos 2000 habitantes son históricamente las que más habitantes tienen (Figura 4), concentrando 10% de la población total del país. Cabe mencionar que para todas las categorías rurales, el porcentaje que representa en la población nacional ha decrecido desde 1970, sin embargo en las localidades de menos de 100 habitantes la baja es más modesta (3.1% en 1970 y 2.1% en 2010). En términos absolutos, el número de residentes en localidades menores a 100 habitantes ha crecido ampliamente entre 1970 y 2000 (Tabla 6). A partir de 2000, su número de habitantes empieza a decrecer, y se nota entre 2000 y 2005 una desaparición de 11 453 localidades sobre un total de 148 579 localidades de menos de 100 habitantes en 200016 (Tabla 10). En el espejo de las coyunturas económicas se puede proponer una hipótesis: en periodos más estables económica y políticamente (2000-2005) la población se mantiene en su localidad o migra hacia zonas urbanas proveedores de empleos. Por el contrario, en periodos de crisis (1980-2000) la población urbana o semi-urbana con lazos fuertes en el ámbito rural se dirige más hacia zonas de débil densidad poblacional, reforzando el fenómeno de dispersión con nuevos pueblos creados.

Entre 1970 y 2010, el número de localidades de menos de 100 habitantes mostró un incremento exponencial, por ejemplo en 2010, 2.4 millones de personas vivían en 139 156 de esas localidades de menos de 100 habitantes, es decir 83 506 localidades creadas desde 1970. Además, algunos estados presentan un número de localidades de pequeña escala extraordinario, como Chiapas o Veracruz con aproximadamente 14 500 localidades inferiores a 100 habitantes. Varios estados presentan esta característica, Chiapas, Oaxaca y Zacatecas tienen 10% de su población en localidades de menos de 250 habitantes. En todas las entidades federativas se nota la menor importancia relativa de las localidades de menos de 100 habitantes. Sin embargo, en Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí la proporción de habitantes en esas localidades ha aumentado de manera significativa entre 1990 y 2000. Este fenómeno de dispersión es consecuencia de la presión sobre la tierra y es explicado por Warman (2001b) como la traducción de una “resistencia a la urbanización, una manera de reproducir la vida sin cambiarla... es también síntoma de pobreza, de falta de oportunidad, que obliga a buscar un nuevo espacio”. Esta tendencia no muestra desaceleración desde 1990, es decir, además de la migración hacia zonas urbanas, el mundo rural ha seguido un fenómeno de dispersión, con una creación de nuevas localidades aun cuando al mismo tiempo se urbaniza más México en su conjunto.

Un estudio de 2013 capta los cambios de municipios de residencia dentro de la misma entidad y afirma que:

en épocas de mayor incertidumbre económica y social, los migrantes internos recientes deciden apostar a una migración cercana en sentido geográfico. Idea que va de la mano con el cambio de municipio de residencia habitual dentro de la misma entidad federativa y con el cambio de entidad cuando se encuentra dentro de una gran zona metropolitana, como sucede con la migración intrametropolitana (Romo Viramontes y et al, 2013).

La migración hacia pequeños pueblos subraya igualmente el rol de la tierra y la distinción entre su valor de cambio y sus distintos valores de uso sin valor monetario (Harribey, 2005), los cuales se definen, desde su valor patrimonial y valor social (Couturier Bañuelos y Concheiro Bóquez, 2010) hasta el papel del autoconsumo y del trabajo familiar, las cuales escapan al mercado es decir no son socialmente validadas por el mercado (Harribey, 2013). El acceso a la tierra es además, sinónimo de libertad y autonomía pero también de gestión comunal y fuertes redes sociales y de apoyo (Gordillo y Wagner, 2005). Otros indicadores sobre la importancia de la tierra para los campesinos es que, desde la reforma de 1992, el número de sujetos agrarios con derechos de propiedad sigue aumentando y no se observa una tendencia a la concentración de tierra (Robles Berlanga, 2008; Gordillo, de Janvry y Sadoulet, 1999), al contrario se constata una disminución en el tamaño promedio del predio (Appendini, 2010).

Gustavo Dutch (2013) para el caso español afirma que “los pequeños pueblos tienen futuro” ya que permiten una relocalización de las actividades que debe ser acompañado de un enfoque territorial y modos de producción sustentables. La literatura sobre la valorización del local para conciliar justicia social y ambiental es amplia, en un enfoque de política ecológica heredada de André Gorz (1977; 1988 y 2008), varios autores se posicionan como críticos a los modos de producción y consumo actual (Georgescu-Roegen, 1975, Bauman, 2006, Latouche, 2011), y favorecen la opción de una reterritorialización de la producción y del consumo, así como la preservación del local a través de la democracia.

Consideraciones finales

La intensidad migratoria y los lugares de destino evidencian la falta de oportunidades laborales y como consecuencia la necesidad de aceptar empleos lejanos, que a pesar de su inestabilidad y salarios bajos, siguen representando un magro sustituto. Si los sueldos esperados son superiores a las regiones de origen, los trabajos se realizan en su gran mayoría sin contrato, prestaciones, seguridad laboral, acceso a la seguridad social u horarios decentes. Como un círculo vicioso, la movilidad tiende a reforzar las desigualdades entre regiones por las salidas de poblaciones jóvenes y de personas calificadas que se dirigen hacia ciudades grandes y polos dinámicos. El perfil de los migrantes lleva a un envejecimiento del campo y de ciertos estados, con graves repercusiones en la producción agropecuaria. También se observa una feminización del campo (Gordillo y Wagner, 2005), con importantes impactos territoriales (Couturier Bañuelos y Concheiro Bóquez, 2010).

Como determinante de los flujos rurales-urbanos se destacó el fin del reparto agrario, la caída del apoyo estatal al campo, el fin del sistema de precios de garantía, la apertura comercial y la baja rentabilidad agrícola. En años más recientes, la migración rural-urbana muestra un perfil diferente con una disminución en términos relativos, además esos flujos tienden a concentrarse en municipios entre 100 mil y 500 mil habitantes. Un hipótesis sería que el costo de la migración a larga distancia es alto y las oportunidades menos seguras que por el pasado, en particular el costo de la pérdida de redes sociales y la mayor probabilidad de incorporarse a zonas peri-urbanas de miseria. Al mismo tiempo podemos ver la importante movilidad desde las megalópolis y grandes ciudades hacia municipios de entre 50 mil y 500 mil. Otros reflejos de este fenómeno son el aumento de la migración cercana entre municipios de la misma entidad, y de la migración de las megalópolis hacia los pueblos rurales de otra entidad, probablemente su lugar de origen.

En los años 2000, la población residente en ciudades de más de 500 mil habitantes supera la que reside en zonas rurales, de ahí que la movilidad adentro de las zonas metropolitanas se convierte en la más importante en volumen. Como lo subraya Sobrino, la Ciudad de México se caracteriza por una “polarización regresiva”, con salidas muchos mayores a las entradas y una constante extensión de las periferias marginalizadas, reservas de mano de obra tanto en el sector formal como informal. Además, la población residente en ciudades de 500 mil a 1 millón es ahora más amplia que la residente en ciudades de más de un millón de habitantes.

Otro tema a subrayar es la permanencia de la migración rural-rural tanto a través de los jornaleros agrícolas como por el fenómeno de dispersión en pequeñas localidades. En consuno con las crisis repetidas del periodo, esas nuevas localidades si bien expresan problemáticas rurales, también han jugado un papel amortiguador y de resistencia a cambios. Es decir, otros argumentos que van en contraposición a los supuestos atavismos rurales, como son el rol de la tierra como sucedáneo de la carencia de mecanismos formales de seguridad social, la reciprocidad y otras estrategias de la economía campesina explican mejor este tipo de movilidad en particular en periodos de crisis económicas. Las localidades de menos de 99 habitantes siguen aumentando, atrayendo o conservando poblaciones en mayor medida que las otras localidades rurales. Los pequeños pueblos, además del criterio poblacional, pueden ser definidos por una economía “real” (Viveret, 2012) que responde a las demandas locales, imbricada en el social (Fotolopoulos, 2001), de la misma manera que la ecología lo es en la democracia (Castoriadis, 1990, 1992). Una definición de esta participación y gestión local seria que:

debe corresponder a la capacidad de grupos de individuos para solucionar sus propios problemas. Naturalmente, este concepto no excluye en ningún caso la decisión de solicitar la intervención o colaboración de otras organizaciones o unidades de gobierno para satisfacer sus requerimientos (Gordillo y Wagner, 2005).

Según Robles Berlanga. (2013), la pequeña agricultura17 brinda 39% de la producción nacional y 57% de los empleos del sector, es decir un potencial productivo excluido de muchas políticas públicas. Los resultados anteriores subrayan el rol central de la agricultura familiar tanto en las estrategias rurales que para la producción nacional de alimentos. Frente a la pobreza, el problema persistente del hambre y la falta de oportunidades productivas en el campo, se requiere una reterritorialización de las actividades que permite retener las poblaciones jóvenes locales, así como reformas agropecuarias que fortalezcan la pequeña y mediana agricultura, hacia un sector capaz de producir alimentos de calidad de manera sustentable.

Este enfoque de desarrollo regional:

requiere un proceso de inversión social y productiva que complemente la capacidad de ahorro de los pobladores rurales y fortalezca el poder de negociación de sus organizaciones. La autonomía en la orientación del proceso exige que estén en capacidad de participar activamente en el proceso de desarrollo regional (Gordillo y Wagner, 2005).

Si se entiende la necesidad de pensar como un conjunto el desarrollo territorial, local y comunitario, René Dubos18 subraya la necesidad de actuar local pero de pensar global. Es decir por un lado incentivar una democracia y gobernabilidad local, proporcionar los recursos para que los pequeños pueblos decidan su trayectoria de desarrollo territorial y la naturaleza de sus relaciones con los centros urbanos, y del otro lado una mejor planificación urbana. Por ejemplo “pueblos urbanos” (Homs, 2006) definidos por una relocalización de la producción y del consumo así como por el amplio despliegue de la democracia local, además del mismo cuestionamiento sobre el impacto de las ciudades sobre el medio ambiente (Ibarra y Dosal, 2016), las lógicas de consumo (Bartra, 2016) y la movilidad de los habitantes en las ciudades.

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1INEGI, Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica, 2014.

2La región Sur incluye: Chiapas, Oaxaca y Guerrero. La región Este: Tabasco y Veracruz. La región Norte: Coahuila, Chihuahua y Durango. La región Noreste: Nuevo León y Tamaulipas. Vilalta, C., 2010.

3Base de datos consultada el 25 de agosto de 2016 en: http://www.internal-displacement.org/database/

4En su gran mayoría “jornaleros”, este grupo es vulnerable y experimenta la exclusión social debido a trabajos sin prestaciones, contrato, sin continuidad en la contratación y a veces sin descanso decente, además de un riesgo asociado a la exposición a agroquímicos sin protección (Barron, 2007). La movilización de jornaleros agrícolas dio más visibilidad a las demandas por mejoras sociales de sus condiciones. Grammont afirma que las luchas de jornaleros agrícolas para mejorar sus condiciones de vida y de trabajo “tienen una larga historia. Sin embargo hemos de reconocer que se trata de una historia casi olvidada” (Grammont de, 2015; Lara-Flores y Grammont de, 2003).

5Guanajuato, Aguascalientes, Querétaro y algunas regiones de Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí.

6El Saldo Migratorio Neto se refiere a la diferencia entre el número de llegadas y salidas en la entidad, es decir, la población que en agosto de 2009 vivía en una entidad distinta a la de su residencia en 2014.

7La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) corresponde a las 16 delegaciones de la Ciudad de México, 59 municipios del Estado de México y uno de Hidalgo, cuenta con 20.1 millones de personas en 2010, representando 18% de la población del país. La definición y delimitación de la ZMVM puede variar según las fuentes.

8Esta enumeración excluye la Ciudad de México.

9También se excluye la migración de retorno de otro país. En el caso de la intercensal de 2015, se retira del análisis 11 municipios con muestra insuficiente.

10En particular Cancún, Puerto Vallarta, Zihuatanejo, Cozumel, Playa del Carmen, Cabo San Lucas y San José del Cabo.

11Sobrino clasifica los municipios en cinco categorías: 1) rurales (sin localidad de 15 mil y más habitantes); 2) pequeñas ciudades (con localidad entre 15 mil y 99 mil habitantes); 3) ciudades intermedias (con localidad entre 100 mil y 999 mil habitantes); 4) ciudades millonarias (con localidad de un millón y más habitantes); 5) Zona Metropolitana de la Ciudad de México. También se eliminó los flujos intrametropolitanos.

12Definidos en Consejo Nacional de Población (Conapo): Catalogo, Sistema Urbano Nacional, 2012.

13De acuerdo con el INEGI las localidades rurales son las de menos de 2 500 habitantes.

14Se refiere al porcentaje de la población rural en situación de pobreza moderada o extrema, Coneval, 2014.

15Definido aquí por localidades entre 2 500 y 10 mil habitantes.

16Cabe mencionar que los datos para el año 2005 emanan del Conteo de Población de 2005, el cual se diferencia de los Censos de Población y se define por una estructura operativa distinta. Por esta razón las cifras de 2005 son a matizar, sin embargo los datos del Censo de 2010 confirman la disminución del número de localidades de menos de cien habitantes entre 2000 y 2010.

17Unidades de producción menores a 5 hectáreas.

18Frase de René Dubos pronunciada durante la Cumbre de la Tierra de Estocolmo en 1972.

Anexos

Fuente: CONEVAL, 2014.

Mapa 9 Porcentaje de la población en situación de Pobreza, 2014  

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Mapa 10 Flujos superiores a 10 mil habitantes, cambio de lugar de residencia entre 1975 y 1980, Ciudad de México excluido  

Fuente: Censo de Población y Vivienda, 2010.

Mapa 11 Principales flujos de población hacia la Ciudad de México, entre 2005 y 2010  

Fuente: Censo de Población y Vivienda, 2010.

Mapa 12 Principales flujos de población saliendo de la Ciudad de México, entre 2005 y 2010  

Tabla 4 Saldo migratorio neto (en miles de personas de 5 años y ms) por entidad federativa 1930-2015 

1930- 1940 1940-1950 1975-1980 1985-1990 2000-2005 2005-2010 2010-2015 SNM relativo1 2010-2015
Aguascalientes 7 -17 7 27 21 17 22 18.2
Baja California 17 85 6 180 110 26 48 15.7
Baja California Sur -4 -6 11 18 30 56 32 49.9
Campeche -7 -3 8 10 6 5 20 24.1
Coahuila 22 -6 7 -12 1 0 1 0.4
Colima 7 6 8 13 13 23 20 30.1
Chiapas 20 -5 -13 -28 -66 -55 -56 -12.2
Chihuahua 18 12 2 78 22 -27 -15 -4.7
Ciudad de México 300 605 -158 -738 -305 -499 -223 -26.6
Durango -10 -15 -13 -41 -10 -9 -16 -10.0
Guanajuato -85 -36 -17 3 8 17 20 3.8
Guerrero -27 -27 -53 -74 -46 -55 -92 -29.0
Hidalgo -23 -110 -19 -19 28 55 49 18.9
Jalisco -16 -74 23 40 4 9 7 1.0
Mexico -15 -62 300 515 116 251 98 6.6
Michoacán -55 -104 -23 -16 -11 -21 -48 -11.6
Morelos 19 26 9 52 26 33 25 14.1
Nayarit 16 3 -1 -3 11 32 18 16.5
Nuevo León 33 22 43 48 46 58 90 19.1
Oaxaca -56 -62 -51 -65 -28 -19 -34 -9.6
Puebla -25 -14 -27 -13 4 -5 -1 -0.1
Querétaro -23 -26 13 39 43 53 88 47.3
Quintana Roo 4 0 24 74 72 92 76 55.4
San Luis Potosí -18 -31 -20 -13 -6 -3 -19 -7.7
Sinaloa 8 -26 -5 -23 -40 -28 -17 -6.4
Sonora -8 21 6 18 6 20 18 6.7
Tabasco -7 -23 3 -7 -34 -29 -19 -8.8
Tamaulipas -35 78 -1 40 60 12 -42 -13.5
Tlaxcala -11 -1 -2 11 10 12 10 8.9
Veracruz -44 -79 -37 -73 -108 -30 -61 -8.3
Yucatán -19 -13 -10 -9 6 12 22 11.3
Zacatecas 4 -68 -20 -32 -7 -5 -17 -12.0

Fuente: Censos de Población y Vivienda y Intercensal 2015.

1 Por mil habitantes.

Tabla 5 Porcentaje de municipios de cada grado de marginación clasificados según categoría migratoria, 2005-2010  

2005-2010
Muy Bajo Bajo Medio Alto Muy alto
Expulsión 26.7 23.9 32.0 34.3 36.7
Recepción 45.0 42.1 38.3 26.2 21.5
Menos de 1% 30.9 33.2 29.7 39.5 41.7
Total 100 100 100 100 100
Número de municipios 262 401 944 908 441

Fuente: Censos de Población y Vivienda e Índice de marginación de CONAPO.

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Mapa 13 Saldo neto migratorio entre municipios por mil habitantes, 2005-2010  

Fuente: Intercensal 2015.

Mapa 14 Saldo neto migratorio entre municipios por mil habitantes, 2010-2015  

Fuente: Censos de Población y Vivienda.

Mapa 15 Saldo neto migratorio entre municipios de la ZMVM por mil habitantes, 1995-2000  

Fuente: Intercensal 2015.

Mapa 16 Saldo neto migratorio entre municipios de la ZMVM por mil habitantes, 2010-2015  

Tabla 6 Distribución de la población por tamaño de localidad, 1970-2010  

Millones de personas Porcentaje de la población total
1970 1980 1990 2000 2005 2010 2010 cumulado 1970 1980 1990 2000 2005 2010 2010 cumulado
Menos de 99 habs. 1.47 1.89 2.19 2.59 2.44 2.38 2.38 3.05 2.83 2.70 2.66 2.36 2.12 2.12
Entre 100 y 249 habs. 6.89 7.54 4.64 3.12 3.36 3.31 3.36 5.74 14.29 11.29 5.71 3.84 3.45 3.20 2.99 5.11
Entre 250 y 499 habs. 4.67 4.59 4.82 10.57 4.79 4.45 4.29 9.41
Entre 500 y 999 habs. 5.19 5.89 5.92 6.11 6.04 6.51 17.07 10.76 8.81 7.29 6.27 5.85 5.79 15.20
Entre 1 000 y 1 999 habs. 6.37 5.59 5.78 6.18 6.08 6.88 23.95 13.20 8.36 7.11 6.34 5.89 6.12 21.32
Entre 2 000 y 2 499 habs. 1.64 1.64 1.81 1.81 2.10 26.05 2.46 2.02 1.86 1.76 1.87 23.19
Entre 2 500 y 9 999 habs. 7.89 7.62 8.87 10.43 10.90 12.44 38.49 16.37 11.40 10.92 10.70 10.56 11.08 34.27
Entre 10 000 y 49 999 habs. 6.82 7.00 9.16 11.64 12.51 14.23 52.73 14.13 10.48 11.28 11.94 12.11 12.67 46.94
Entre 50 000 y 99 999 habs. 2.36 2.34 3.85 4.55 5.08 5.95 58.67 4.89 3.50 4.74 4.67 4.92 5.29 52.23
Entre 100000 y 499 999 habs. 5.71 11.35 18.23 20.43 21.37 22.47 81.14 11.83 16.98 22.44 20.96 20.70 20.00 72.23
Entre 500 000 y 999 999 habs. 5.54 9.16 8.88 12.46 14.40 16.36 97.51 11.48 13.70 10.93 12.78 13.94 14.57 86.80
1 millón y mas 6.83 8.96 13.24 14.72 14.83 112.34 10.21 11.03 13.58 14.26 13.20 100
Población total 48.23 66.85 81.25 97.48 103.26 112.34

Fuente: ITER y Censo de Población por 1970 y 1980.

Tabla 7 Características de la población y material y servicios básicos de la vivienda. por tamaño de localidad, 1990-2010  

Viviendas parti culares con piso diferente a tierra Viviendas particulares con energía eléctrica Viviendas particulares con agua entubada Viviendas par ticulares con drenaje
1990 2010 1990 2010 1990 2010 1990 2010
Menos de 99 habs. 41.5 78.1 26.2 79.1 23.3 53.5 10.5 62.5
Entre 100 y 249 habs. 41.0 82.6 41.2 92.0 27.4 66.5 9.2 65.9
Entre 250 y 499 habs. 46.3 85.4 59.2 95.1 37.0 72.8 11.7 69.1
Entre 500 y 999 habs. 53.4 87.8 73.0 96.6 48.6 76.4 17.3 74.0
Entre 1 000 y 1 999 habs. 61.3 90.1 81.7 97.6 59.6 81.2 25.4 79.6
Entre 2 000 y 2 499 habs. 66.8 91.5 88.6 98.0 69.1 85.1 34.3 84.7
Entre 2 500 y 14 999 habs. 72.0 92.9 88.4 98.5 74.9 87.6 48.2 89.5
Entre 15 000 y 49 999 habs 85.2 95.8 92.2 99.3 83.1 92.0 73.6 97.0
Entre 50 000 y 99 999 habs 88.5 96.8 93.6 99.4 86.1 94.7 79.2 98.3
Entre 100 000 y 499 999 habs. 91.1 97.8 94.7 99.6 86.5 96.6 83.3 99.0
Entre 500 000 y 999 999 habs. 93.7 98.1 95.8 99.7 89.2 97.1 86.9 99.2
1 million y mas 95.7 98.4 98.3 99.8 92.3 98.2 92.0 99.6

Fuente: ITER.

Tabla 8 Características de la población, por tamaño de localidad, 2010  

Razón de dependencia juvenil Razón de dependencia viejez Población en hogares indígenas Población de 3 a 5 años que no asiste a la escuela Población de 15 años y más sin escolaridad Promedio de hijos naci- dos vivos Promedio de ocupantes en viviendas particulares habitadas Porcentaje de la PEA trabajando en el sector primario
2010 2010 2010 2010 2010 2010 1990 2010 1990
Menos de 99 habs. 58.5 18.4 18.9 56.6 20.4 3.2 2.2 4.1 78.3
Entre 100 y 249 habs. 61.7 13.9 24.4 45.5 17.8 3.1 2.3 4.4 73.7
Entre 250 y 499 habs. 60.0 13.0 25.3 43.1 15.9 3.1 2.2 4.3 70.8
Entre 500 y 999 habs. 58.1 12.3 23.8 45.6 14.4 3.0 2.1 4.3 65.2
Entre 1 000 y 1 999 habs. 55.8 11.7 20.6 47.4 13.1 2.8 2.0 4.3 58.2
Entre 2 000 y 2 499 habs. 53.4 11.2 17.8 48.7 11.7 2.7 1.9 4.2 49.3
Entre 2 500 y 14 999 habs. 51.4 10.3 15.3 47.2 10.2 2.6 1.8 4.2 37.8
Entre 15 000 y 49 999 habs. 47.4 9.0 6.6 44.2 6.9 2.3 1.5 4.0 13.9
Entre 50 000 y 99 999 habs. 45.5 8.2 4.6 44.1 5.7 2.2 1.4 4.0 7.4
Entre 100 000 y 499 999 habs. 40.5 8.3 3.9 42.0 3.8 2.0 1.3 3.7 2.7
Entre 500 000 y 999 999 habs. 39.2 8.6 3.7 41.0 3.4 2.0 1.2 3.7 0.9
1 million y mas 39.2 9.2 2.3 43.7 3.6 2.1 1.2 3.9 0.5

Fuente: ITER.

Tabla 9 Proporción de hogares con carencia por acceso a la alimentación según tamaño de localidad, 2010-2014  

Localidades con menos de 2,500 habitantes Localidades con 2,500 a 14,999 habitantes Localidades con 15,000 a 99,999 habitantes Localidades con 100,000 y más habitantes Estados Unidos Mexicanos
2010 2012 2014 2010 2012 2014 2010 2012 2014 2010 2012 2014 2010 2012 2014
No presenta carencia 82.54 70.49 69.71 78.58 73.78 73.90 73.55 76.98 78.16 68.84 83.87 83.92 77.81 78.56 78.57
Presenta carencia 17.46 29.51 30.29 21.42 26.22 26.10 26.45 23.02 21.84 31.16 16.13 16.08 22.19 21.44 21.43

Fuente: MCS-ENIGH 2010, 2012 y 2014.

Tabla 10 Número de localidades, Número de habitantes en términos absolutos y relativos, por tamaño de localidad. 1970-2010 

Número de localidades
1970 1980 1990 2000 2005 2010
Menos de 99 habs. 55650 78806 108300 148579 137515 139156
Entre 100 y 249 habs. 28055 31054 13103 13166 19140 20611 20449 20665
Entre 250 y 499 habs. 12965 13590
Entre 500 y 999 habs. 7473 8473 8515 8698 8608 9264
Entre 1000 y 1999 habs. 4232 4100 4216 4483 4397 4982
Entre 2000 y 2499 habs. 736 734 814 814 939
Entre 2500 y 9999 habs. 1740 1660 1972 2290 2379 2721
Entre 10000 y 49000 habs. 362 367 460 572 615 713
Entre 50000 y 99000 habs. 34 33 55 64 73 86
Entre 100000 y 499000 habs. 30 52 77 84 89 95
Entre 500000 y 999000 habs. 22 14 14 20 23 25
1 millón y mas 5 7 10 11 11
Total 97580 125300 156593 199391 187938 192247

Fuente: ITER y Censo de Población por 1970 y 1980.

Recibido: 29 de Julio de 2016; Aprobado: 18 de Noviembre de 2016

Gustavo Gordillo de Anda.

Es mexicano, fue dirigente del movimiento estudiantil de 1968 y activista en organizaciones campesinas. Fue Subsecretario en la Secretaría de Agricultura, y Subsecretario en la Secretaría de la Reforma Agraria en México entre 1988 a 1994. Al nivel internacional fue Director de Desarrollo Rural de la FAO en Roma y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. En años reciente ha sido profesor en las universidades de Indiana en Bloomington, Wisconsin en Madison, la Facultad de Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la Ciudad de México y en el cieestam de la Universidad Agrícola Chapingo. Ha publicado varios libros, artículos y es fundador de La Jornada y colaborador de la Revista Nexos. Economía rural. Actualmente se desempeña como consultor independiente.

Thibaut Plassot.

Francés, titulado de una Maestría en Economía del Desarrollo en la Universidad Bordeaux IV, así como de una maestría en Desarrollo y Medio Ambiente en el Centro de Estudios e Investigaciones sobre el Desarrollo Internacional (CERDI). Participó en los proyectos pesmix y selina del Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD). En 2014, colaboró en una consultoría del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático sobre el tema de adaptación y mitigación del cambio climático en sistemas de producción.

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