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Economía UNAM

versión impresa ISSN 1665-952X

Economía UNAM vol.8 no.23 México may./ago. 2011

 

Artículos

 

Evolución reciente del empleo y el desempleo en México

 

Recent evolution of Mexico's enployment and unemployment

 

Pablo Ruiz Nápoles** Juan Luis Ordaz Díaz*

 

** Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. México. ruizna@servidor.unam.mx.

* Economista Senior del BBVA. juan.ordaz@bbva.bancomer.com.

 

Resumen

En este trabajo analizamos la evolución y las tendencias del empleo y del desempleo, en México en particular, desde la aplicación de las reformas económicas iniciadas en los años ochenta. La idea central es destacar que los objetivos de la política económica del gobierno mexicano en materia de empleo a partir de inicios de los ochenta, no sólo no se han cumplido, sino que el desempleo representa hoy el reto más importante en materia de política económica para el país. La capacidad de la economía mexicana para generar empleos productivos, al menos al mismo ritmo que crece la población en edad laboral, es uno de los principales retos que ha enfrentado el país desde principios de los ochenta. Se puede afirmar, sin duda, que se mantendrá como el principal reto del futuro si no se reactiva realmente el crecimiento económico y se emplea productivamente la creciente oferta de mano de obra.

Palabras clave: Empleo, Mano de obra y empleo, Política pública.

 

Abstract

In this study we analyze the evolution and tendencies of Mexico's employment and unemployment, in particular, since the application of the so called economic reforms initiated in the eighties. The central tenet is that the objectives of the government's economic policy regarding employment since the early eighties, not only have not been accomplished but unemployment is by far the most important challenge of economic policy in Mexico. The capacity of the Mexican economy to create productive jobs, at least at the labor force growth rate is one of the main challenges for policy makers since the early eighties and it will remain as such in the future if economic growth is not really activated and the growing supply of labor force is henceforth productively employed.

Keywords: Employment, Labor Force and Employment, Public Policy.

 

Journal of Economic Literature (JEL): E24, J21, J68.

 

I. Introducción

La pobreza en las sociedades modernas está asociada a la falta de oportunidades de la población en edad de trabajar para encontrar una ocupación adecuadamente remunerada en una economía cuya producción es cada vez más tecnificada. Es así que el crecimiento económico no conduce necesariamente a la utilización plena de la mano de obra disponible, la que en el caso de los países menos desarrollados es usualmente abundante y poco calificada. Si a ello añadimos que la competencia global y la apertura comercial de los últimos veinte años han implicado la reconversión de buena parte de los sectores de la industria y los servicios hacia el uso de nuevas tecnologías, ahorradoras de mano de obra -lo que, a su vez, ha ocasionado desplazamientos internos de mano de obra que no han sido cabalmente absorbidos por los sectores en crecimiento- tendremos una tendencia general al desempleo y al subempleo en todas las economías incorporadas al mercado global. Esta tendencia es más acentuada en aquellas sociedades con un nivel de desarrollo menor, lo cual se ve agudizado por la carencia de mecanismos de compensación por desempleo a cargo del Estado. Se trata, pues, de un problema social creciente asociado a la modernidad. El desarrollo más reciente de la sociedad industrial ha significado excluir de las actividades productivas a un número de personas que va en aumento, sobre todo en aquellos países cuya falta de recursos no permite una jubilación digna a los empleados viejos y la capacitación de los jóvenes en actividades con técnicas modernas.

Este trabajo intenta analizar las tendencias de corto y largo plazos de la oferta laboral, del empleo y del desempleo en México, en particular desde la aplicación de las reformas económicas iniciadas a mediados de los años ochenta. En la segunda sección se analizan diversos aspectos del comportamiento del empleo en México a lo largo de las últimas tres décadas aunque se enfatiza en el período 1995-2010. La disponibilidad de la información y su presentación nos obligan a analizarla en subperiodos diversos. No obstante lo anterior, la idea central es destacar que los objetivos de la política económica del gobierno mexicano en materia de empleo, a partir de mediados de los ochenta, no sólo no se han cumplido sino que el desempleo representa hoy el reto más importante en materia de política económica para el país. En la tercera sección se abordan con amplitud las conclusiones a que nos lleva el análisis anterior y se sugieren algunas medidas para enfrentar el reto del empleo.

 

II Empleo en México

La falta de empleo ha sido, por muchos años, el problema social más grave de México. La carencia de empleo es una de las expresiones más agudas de la pobreza. Este fenómeno de escasez de empleo, aunado a las diferencias salariales de México con Estados Unidos explica, en gran medida, el fenómeno migratorio de mano de obra mexicana a ese país. La oleada migratoria, aunque no puede considerarse un fenómeno nuevo, ha adquirido mayores proporciones y algunas características diferentes a las de las anteriores (véase CONAPO, 2005).

La Población Económicamente Activa (PEA) en México representa cerca de 60% de la población de 14 años y más, y si bien ha disminuido su tasa de crecimiento medio anual de 3.5 a 1.9% del periodo 1982-1993 al 1994-2010, ésta sigue siendo alta en comparación con el ritmo de crecimiento del empleo remunerado. En 2004, la PEA ascendía a 42 millones. El número de empleos requeridos para cubrir las necesidades del incremento anual de la oferta laboral era de poco más de un millón cien mil (Censos Nacionales de Población y Vivienda, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, México).

La economía mexicana no ha sido capaz de generar el número total de empleos formales requeridos en ninguno de los últimos quince años, para no hablar de la llamada "década perdida", de los años ochenta. Por ello, podemos inferir que, sin lugar a dudas, hay un déficit acumulado de empleo, difícil, sin embargo, de precisar.

En la década actual la economía mexicana ha estado lejos de generar entre uno y 1.2 millones de empleos, que exige el aumento anual de la PEA. Ni siquiera el creciente flujo migratorio de mexicanos a Estados Unidos ha evitado que la tasa de desocupación bruta aumentara entre 2000 y 2010. Y aunque entre 2004 e inicios de 2008 el empleo creció de manera importante como resultado del incremento del Producto Interno Bruto (PIB) real, sigue siendo insuficiente para cubrir rezagos, los cuáles se acentuaron con la reciente crisis económica. Al mismo tiempo, se presenta una nueva característica: el empleo formal se parece cada vez más al informal. La evidencia señala que no solamente ha crecido el desempleo sino que ha crecido la población ocupada sin prestaciones sociales, así como los empleos informales.

En efecto, en la primera década del siglo XXI, además del incremento de los niveles de desempleo, creció significativamente la informalidad en la economía y los ocupados sin protección social. Se observa, asimismo, un amplio vacío para generar puestos de trabajo en sectores industriales. En suma, según cifras oficiales actualmente hay cerca de 1.5 millones de desocupados más que en 2000. Además, en este mismo periodo la tasa de presión general (porcentaje que representa la población desocupada más la ocupada que busca trabajo, respecto a la población económicamente activa) creció en al menos 2 veces en 22 de las 32 entidades de la República.

 

1. Desocupación abierta

Las cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ubican a México en los últimos años como uno de los que tiene las tasas de desempleo abierto más bajas entre los países de América Latina y el Caribe. No obstante, a diferencia de lo que ha ocurrido en la mayoría de estos países, que han visto reducir sus tasas de desempleo de manera importante en la presente década, en México éstas han mostrado una tendencia creciente. En 2000 la diferencia entre la tasa promedio en la región y la de México era de 7 puntos porcentuales, en 2009 fue de 1.5 puntos porcentuales (véase cuadro 1).

Si calculamos el nivel de ocupación de acuerdo con el promedio que reportan las encuestas en México, el resultado en miles de personas aparece en la gráfica 1 e indica que el desempleo abierto afecta actualmente a alrededor de 2.5 millones de personas.

En efecto, como se advierte en el cuadro 2, el porcentaje de desempleo abierto que en promedio arrojan las encuestas muestra una tendencia a ubicarse entre 3 y 5% de la PEA, salvo los periodos de crisis económica en que se alcanzaron cifras mayores a 5% (1995, 1996 y 2009, véase gráfica 2).

El que se registre una tasa baja de desocupación abierta se debe a dos causas: 1) el denominador, la PEA, no aumenta tanto por la migración de las comunidades fuera del país y ha habido además un cambio en la edad mínima (de 12 a 14 años) que se considera para formar parte de ella; 2) la cobertura del numerador, todo el que declara realizar al menos una hora de actividad a la semana se le toma como ocupado en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

El porcentaje de desocupación abierta no es un indicador muy preciso del estado del mercado de trabajo en México. Hay indicadores de la ENOE que permiten apreciar mejor esto. En el mismo cuadro 2 se muestra la Tasa de Ocupación Parcial y Desocupación, que considera en su cálculo como desocupadas a las personas que no tuvieron ninguna actividad o que, si la tuvieron no fue más de 15 horas durante la semana de referencia. Del año 2000 a 2010, la población desocupada más la parcialmente ocupada pasó de 7.2 a 12% de la PEA. Esto significa que en 2010, 5.5 millones de personas estuvieron desempleadas o bien trabajaron menos de 15 horas a la semana. El desempleo ha afectado en mayor medida a los jóvenes. El Programa Nacional de la Juventud (PNJ) 2002-2006 resalta que históricamente el desempleo ha afectado más a los jóvenes pues las tasas de desempleo abierto de éstos duplican y hasta triplican las de los adultos. El número de jóvenes entre 14 y 29 años de edad desocupados ha aumentado en los últimos 5 años cerca de 50% de acuerdo con cifras de la ENOE. En 2010, 1.7 millones de desempleados tenían entre 14 y 29 años de edad. A este grupo habría que sumar el número de jóvenes que aún sin trabajar no se encuentran estudiando (5.8 millones), con lo que contabiliza a 7.5 millones de jóvenes en ese rango de edad que en 2010 ni estudiaron ni desempeñaron alguna actividad económica, representando 16% de la PEA.

Como ilustra la gráfica 3, las tasas de desempleo más altas en México se encuentran en los niveles educativos más altos y éstas han aumentado en años recientes. De igual forma, la distribución de desocupados según grado de instrucción revela que son mayoría aquellos con mayores niveles de escolaridad y que su porcentaje de participación se ha incrementado en los últimos años.

Suponiendo que el nivel de instrucción de la mano de obra refleja su nivel de capacitación, y que sean las empresas y ramas más dinámicas en la economía mexicana las que absorben mano de obra más calificada, resulta extraño que la desocupación general sea mayor a mayor nivel de capacitación. Ello nos mostraría que el mercado de trabajo presenta distorsiones que deben ser cuidadosamente estudiadas para corregirlas con una política pública específica adecuada. En particular esta información pone en duda la explicación convencional -por el lado de la oferta- que argumenta que la falta de capacitación es el mayor obstáculo a la generación de empleos.

 

2. Empleo Remunerado

En cualquier caso, la cifra de desocupación abierta que resulta no refleja cabalmente la gravedad del problema del empleo en México que implica un déficit de trabajo de 'calidad'. Una parte de ese déficit acumulado determina la corriente anual migratoria neta a Estados Unidos. Entre 2000 y 2009 el número de personas nacidas en México radicadas en aquel país aumentó en cerca de 3.8 millones de personas. Otra parte alimenta al empleo informal que comprende poco más de la mitad del empleo remunerado total. Es muy probable que el resto de la PEA no empleada de bajos recursos constituya una masa de la que se nutren los grupos dedicados a actividades ilegales de género variado, aunque de ello no hay información precisa.

A este déficit de empleo en México, se suma el desempleo derivado del cierre de empresas y organismos estatales y de empresas privadas desplazadas por la competencia externa, que las políticas económicas adoptadas desde 1983 produjeron por la vía de la liquidación o recorte de unas y la apertura al comercio de las otras. Pérdidas de empleos formales que no han sido suficientemente compensadas por la nueva inversión o por el aumento de las actividades de exportación. Un indicador más adecuado de ese rezago es la diferencia o brecha entre el crecimiento de la PEA y el nivel de empleos remunerados en las diversas actividades productivas según las Cuentas Nacionales del país que se aprecia en la gráfica 4.

De hecho, aunque la PEA ha disminuido su tasa de crecimiento media anual de 1982 en adelante, el ritmo de crecimiento del empleo remunerado ha sido inferior (véase el cuadro 3).

Es por ello que una de las prioridades de la política gubernamental ha sido la de generar puestos de trabajo que compensen tanto la indudable pérdida de empleos ocasionada por la apertura y las crisis económicas, como el incremento de la oferta laboral producto del crecimiento natural de la PEA. Las reformas económicas de los ochentas parecían apuntar en esa dirección. No obstante, se dejaba el proceso de ajuste en manos de las fuerzas del mercado, en este caso el laboral. Se suponía que siendo México un país relativamente abundante en mano de obra, una vez abierta su economía, ésta se especializaría con ventaja en la producción de bienes intensivos en mano de obra, por las diferencias salariales y de dotación relativa con Estados Unidos. Dichos bienes al ser manufacturados, tendrían un efecto de arrastre importante en la generación de empleos en las ramas proveedoras locales. Estas ventajas se manifestarían en una mayor exportación de bienes intensivos en mano de obra.

Un factor adicional generador de empleos estimulado por las reformas fue la instalación de empresas maquiladoras, ya no restringida a la zona norte del país como inicialmente en los sesenta y setenta. Dicho factor por su propia naturaleza no tiene más que un efecto directo en el empleo y ninguna vinculación con el aparato productivo nacional, es decir, encadenamientos hacia atrás o hacia delante. Y su capacidad generadora de empleos asciende a no más de 6% del total remunerado.

Si bien las exportaciones mexicanas han crecido muy significativamente, en especial las manufactureras, de 1982 a la fecha, el empleo total no ha modificado su ritmo de crecimiento anual y la estructura del empleo total no se ha modificado en favor de las ramas manufactureras; incluso ha presentado un ligero descenso. En todo caso las que han tenido mayor participación relativa son la construcción y el comercio, actividades vinculadas esencialmente al mercado interno (véase el cuadro 4).

La capacidad de arrastre de la exportación respecto al empleo ha sido muy limitada por dos razones fundamentales: la ruptura de cadenas productivas resultado de la apertura y la tendencia natural de la producción hacia bienes intensivos en insumos o capital, más que en mano de obra. Los resultados de la aplicación del modelo de insumo-producto a México muestran que si bien el empleo total generado por las exportaciones aumenta significativamente a partir de 1994 su participación en el total del empleo, como éste no ha crecido mucho (1.7% anual en promedio entre 1982 y 2004), sólo ha podido absorber los empleos perdidos en los sectores no exportadores. Se ilustra lo anterior en el cuadro 5 aunque los datos estimados por la matriz comprenden sólo hasta 2000.

La industria maquiladora de exportación, después de cuatro años de expulsión de la fuerza de trabajo entre 2000 y 2003 y una tímida recuperación en 2004, incrementó su generación de empleo a una tasa de 5%, en 2005. No obstante esta recuperación, en 2005 el empleo de las maquiladoras se encuentra todavía por debajo del máximo logrado en 1999.

 

3. Empleo formal e informal

La expansión de la informalidad o subempleo es otro de los problemas que México comparte con la región Latinoamericana e incluso con otros países desarrollados y en desarrollo. En el caso de México un indicador del nivel de informalidad es la diferencia entre el número del personal remunerado y los inscritos en el seguro social. Esta diferencia ascendió en 2010 a poco más de 60% del empleo remunerado (véase gráfica 5).

Por su carácter de informal ha sido complejo definir y por ende medir este tipo de actividades. La OIT, en conjunto con otros institutos de estadística a nivel mundial ha conformado el Grupo de Delhi con el objetivo de unificar criterios a fin de poder contabilizar este tipo de actividades. Algunos de esos criterios han sido adoptados en las encuestas mexicanas. De esta forma, las encuestas de empleo en México indican que entre 1995 y 2010 el número de personas que participan en el sector informal,1 se estima, con fluctuaciones, entre 26 y 29% del total de personas ocupadas lo que se traduce en 2010 en cerca de 13 millones de personas en todo el país, 44% más que en 1995 (véase el cuadro 6).

Recientemente se han incorporado a la ENOE criterios que permiten medir el número de personas en ocupaciones en condiciones de informalidad, fuera o dentro del sector informal. De esta forma, se registran 26.4 millones de personas (60.6% de la población ocupada) al segundo trimestre de 2010 desempeñando al menos una actividad informal, 12.5 millones de ellas en el sector formal, tal como se muestra en el cuadro 7. Se estima que el tamaño de la economía informal en México representa entre 25 y 26% del PIB (UANL, 2001).

En cuanto a generación de empleo formal, el mercado de trabajo ha respondido con mucha lentitud a las reformas y de manera heterogénea en los años recientes. Como se muestra en el cuadro 8 entre 1995 y 1999 la generación de empleos formales mostró gran expansión, 3.5 millones de personas encontraron empleo en dicho sector, 3.5 veces más que en el informal; incluso el número de empleos creados fue superior al número de personas que se incorporaron a la PEA en esos años. Entre 2000 y 2004 se crearon más empleos en la informalidad que en el sector formal, 1.45 millones contra 1.07 millones. En los últimos años se han logrado incrementos importantes en el empleo formal. Entre 2005 y 2009 el número de empleos creados en el sector formal fue superior en 2.6 veces al creado en el informal. En estos años el número de trabajadores asegurados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) aumentó en poco más de un millón, aunque puede considerarse un avance esta cifra es inferior a los 2.3 millones de trabajadores adicionales inscritos al IMSS que se registraron entre 1995 y 1999, de acuerdo con las cifras oficiales.

Cabe señalar que buena parte de los nuevos empleos formales (los inscritos al seguro social) son de carácter eventual. La tendencia en años recientes ha sido de un incremento en la participación de los empleos eventuales y una reducción de los permanentes, en el total de empleos formales creados. La participación del empleo permanente inscrito al IMSS se ha reducido de 91% del total en 2002 a 86% en 2011. Bajo esta perspectiva, de 2005 a 2010 apenas si se crearon 1.1 millones de empleos inscritos al IMSS, de los cuales, 32% fueron de carácter eventual. A marzo de 2011, la proporción de empleos eventuales se encuentra en sus máximos históricos (véase gráfica 6).

Los resultados expuestos son de la mayor relevancia y reflejan una de las más profundas tendencias de la economía mexicana: su falta de generación de empleo formal y, en el caso de empleo inscrito al IMSS, su predominancia como empleo eventual o bajo otros rubros no permanentes.

Otros datos relevantes del empleo formal permanente registrado en el seguro social atienden a su estructura. En el periodo 2000-2005 la manufactura aunque sigue siendo, por mucho, el principal sector con empleo permanente registrado, perdió 18.2%. Destaca también un importante aumento del empleo permanente en Industrias Extractivas y en la Construcción, mientras que otros los sectores además de la Manufactura, como son el Agrícola y los Servicios Sociales y Comunales disminuyeron.

Finalmente, con respecto a la seguridad social debe señalarse que México, que fue de los pioneros en el establecimiento del sistema en los años cuarenta, ha visto disminuir la protección social a lo largo de los últimos años. De 2005 a 2010 el porcentaje de trabajadores subordinados y remunerados sin prestaciones ha crecido de 45 a 46%. De todos los empleos creados en ese periodo para este grupo de trabajadores, 1.7 millones fueron sin prestaciones, lo que significa que carecen de servicios médicos y otros servicios sociales. Actualmente, 13.5 millones de trabajadores subordinados y remunerados carecen de prestaciones.

 

4. Crecimiento y empleo a largo plazo

En un periodo de largo plazo, 1955 a 2009, se pueden observar cambios importantes en la relación del crecimiento del producto y del empleo que nos hablan de la elasticidad-empleo del producto. Primero de 1955-1970 a 1971-1981 se incrementó la capacidad de la economía mexicana para crecer con tasas altas de aumento en el empleo remunerado. De ese periodo se pasó al de 1982-1993, cuando hubo una coincidencia de tasas bajas de crecimiento del producto y del empleo. En la siguiente fase que corresponde al periodo de operación del TLCAN, de 1994 a 2009, se recupera un poco la tasa de crecimiento del producto pero empeora la del empleo. México parece estar en la peor de las alternativas ya que aunque mejora un poco el crecimiento del producto, la tasa de aumento del empleo decrece (véase gráfica 7). Es decir el leve aumento del PIB no trae consigo un aumento equivalente en el empleo, su capacidad de arrastre, por así llamarla, ha disminuido en esta etapa.

 

III. Conclusiones y recomendaciones

La capacidad de la economía mexicana para generar empleos productivos, al menos al mismo ritmo que crece la población en edad laboral, es uno de los principales retos que ha enfrentado el país desde principios de los ochenta. Se puede afirmar, sin duda, que se mantendrá como el principal reto del futuro, si no se reactiva realmente el crecimiento económico y se emplea productivamente la creciente oferta de mano de obra.

Otra característica es que, de los empleos que se crean, un porcentaje importante son informales y por tanto carecen de protección social. A su vez, de los formales un número importante que ha sido creciente, es de no permanentes. Estas tendencias no sólo no se han revertido con las reformas económicas sino que se han acentuado, haciendo cada vez más complejo el problema.

En conclusión, no se cumplieron las expectativas de una mejora del desempeño laboral despertadas por las reformas económicas de las últimas décadas. En este contexto, los retos laborales se pueden caracterizar desde dos perspectivas. En primer lugar, desde la perspectiva de la mano de obra como insumo clave del proceso de producción, cabe preguntarse cómo potenciar su aporte para acelerar el crecimiento económico. En segundo término, desde el punto de vista de los puestos de trabajo productivos como producto del crecimiento económico, la pregunta es otra: ¿cómo optimizar la generación de empleo, en términos de cantidad y calidad? A partir de esta doble perspectiva, los retos laborales pueden resumirse en cuatro:

a) Mejorar la productividad laboral, como base para realzar la competitividad y el crecimiento económico, a su vez prerrequisitos para mejorar las condiciones laborales.

b) Generar empleo productivo, esto es, que genera valor agregado y se rige por condiciones laborales "decentes".

c) Desarrollar mecanismos de protección ante la amenaza de posibles reducciones de empleo e ingresos en el contexto de la globalización, en los que se tomen en cuenta la heterogeneidad en el mercado de trabajo y la necesidad de que dicho mercado funcione eficientemente.

d) Fomentar la inserción laboral de grupos con problemas específicos de acceso al empleo productivo.

El reto premisa es, sin embargo, el crecimiento alto y sostenido de la producción nacional, especialmente la vinculada al mercado interno.

 

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Notas

1. El término de Sector Informal se refiere, a todas las empresas de hogares que se distinguen por la carencia tanto de una organización legalmente establecida como de una conducción de prácticas contables que permitan distinguir los flujos económicos y patrimonio del hogar de los del negocio. Así, el empleo en el Sector Informal será el que está vinculado a esas unidades económicas, más allá de cualquier consideración sobre condiciones laborales.

 

Información sobre los autores:

Pablo Ruiz Nápoles. Es licenciado en economía por la UNAM, maestro y doctor en economía, por la New School for Social Research de Nueva York. Desde hace 32 años es Profesor de Tiempo Completo en la UNAM. Actualmente es profesor Titular nivel C Definitivo en la Facultad de Economía adscrito al Posgrado con calidad de Tutor. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores con nivel II y es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Desde 1979 imparte cursos de licenciatura y maestría en Economía Internacional, Teoría Económica y Análisis Estructural. Ha publicado artículos de investigación sobre temas económicos de su especialidad y sobre educación en revistas nacionales e internacionales, así como capítulos en libros.

Jose Luis Ordaz Díaz. Es maestro en Economía por El Colegio de México y licenciado en Economía por la UNAM. Es economista Senior del bbva, en los temas sobre migración y desarrollo. Es también profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Fue economista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Ha sido consultor de la CEPAL y del Programa de Desarrollo Humano Oportunidades. Ha sido evaluador de diferentes programas sociales en México y cuenta con diferentes publicaciones sobre migración y desarrollo, efectos del cambio climático en la agricultura, efectos de la educación en los ingresos y en la pobreza, así como segmentación laboral.

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