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Migraciones internacionales

versão On-line ISSN 2594-0279versão impressa ISSN 1665-8906

Migr. Inter vol.7 no.2 Tijuana Jul./Dez. 2013

 

Artículos

 

Espacio e identidad en campamentos de refugiados: Experiencia del grupo musical Sierra Leone's Refugee All Stars

 

Space and Identity in Refugee Camps: Experience of the Sierra Leone's Refugee All Stars Band

 

Olimpia Montserrat Valdivia Ramírez

 

Maestría en Estudios de Asia y África, El Colegio de México.

 

Fecha de recepción: 6 de enero de 2012.
Fecha de aceptación: 16 de abril de 2012.

 

Resumen

En este artículo se analiza la experiencia del grupo musical Sierra Leone's Refugee All Stars como refugiados en los campamentos de Kalia y Sembakounya, en Guinea, África, después de la guerra civil de Sierra leona de 1991 a 2001. Los campamentos de refugiados se perciben como espacios precarios, cuyos habitantes son entes pasivos que se limitan a esperar y sobrevivir de la ayuda humanitaria internacional. Por medio de la experiencia de los Sierra Leone's Refugee All Stars se muestra una perspectiva distinta, en la que los campamentos son espacios dinámicos que encierran procesos de identificación, y donde los refugiados son participantes en el espacio, reconfigurando sus contornos y creando un sentido de la realidad que los circunda, mediante narrativas que legitiman su actualidad.

Palabras clave: migración forzada, campamentos de refugiados, identidad, violencia, Sierra Leona.

 

Abstract

This article analyzes the experience of the Sierra Leone's Refugee All Stars band as refugees in the Kalia and Sembakounya camps, in Guinea, Africa, after the civil war in Sierra Leone from 1991-2001. Refugee camps are perceived as precarious spaces, whose inhabitants are passive entities that merely wait for and survive on international humanitarian aid. The experience of the Sierra Leone's Refugee All Stars is used to show a different perspective, in which camps are dynamic spaces that involve processes of identity formation, while refugees are involved in the transformation and reconstitution of space, reshaping its contours and creating a sense of reality around them through narratives that legitimize their current circumstances.

Keywords: forced migration, refugee camps, identity, violence, Sierra Leone.

 

Introducción

¿Cómo se reconfiguran los espacios (simbólicos) al interior de los campamentos de refugiados? ¿En su interior hay procesos identitarios que les permitan a los refugiados asumir su situación actual? El objetivo del presente artículo es una reflexión teórica sobre estos cuestionamientos, tomando como ejemplo la experiencia del grupo musical Sierra Leone's Refugee All Stars, su formación y sus testimonios sobre la crisis y violencia que vivieron durante la guerra civil de Sierra Leona de 1991 a 2001.

El análisis se hará mediante la vivencia expresada por este grupo musical en la canción Living Like a Refugee, que se incluye en su primer álbum con el mismo título, realizado en 2006, y en la que se describe cómo es la vida de los refugiados dentro de los campamentos. Así mismo se usarán fragmentos testimoniales expresados en el documental Sierra Leone's Refugee All Stars, sobre la historia del grupo, realizado por Zach Niles y Banker White (2005). La banda cuenta con dos álbumes más: Rise and Shine (2010) y Radio Salone (2012). En sus tres álbumes hacen uso de seis lenguas distintas, entre ellas inglés y krio, combinando ritmos como dub, reggae, soul y afrobeat.

Partiendo de la concepción de los campamentos de refugiados como espacios liminales desde la perspectiva de Homi Bhabha (2004) -es decir, como espacios no desprovistos de dinámica social y procesos identitarios en su interior-, se busca destacar que los habitantes de estos espacios no permanecen pasivos; por el contrario, son participantes1 en el espacio, respondiendo y adaptándose a los cambios tanto internos como externos que devienen de su entorno.

Generalmente, los campamentos de refugiados son zonas cerradas y limitadas para los refugiados y las personas que los asisten, donde se proporciona protección y asistencia hasta que éstos pueden retornar sin riesgos a sus países de origen o ser reubicados en otro lugar. En teoría tienen un carácter temporal y se construyen en consecuencia; sin embargo, en muchos casos, los refugiados permanecen ahí hasta 10 años o más.

Al respecto de los campamentos de refugiados y sus habitantes, los discursos generados versan en dos sentidos: por un lado, la representación del refugiado como "víctima". Debido a la necesidad de abandonar su país por causas ajenas a su voluntad, y la dependencia de la ayuda externa, los refugiados son vistos sólo como receptores de ayuda, y los campamentos, como un espacio donde las únicas ocupaciones sociales son sobrevivir y esperar.

Por otro lado, se encuentra la representación de los campamentos como espacios peligrosos al concebirlos como un acumulado social carente de estructura. De los problemas más serios asociados a los campamentos se puede señalar la falta o deficiencia de protección a los refugiados, especialmente si se tiene en cuenta que a menudo estos espacios están ubicados en zonas de conflicto o en sus proximidades. A largo plazo, pueden convertirse en lugares peligrosos, acosados por el contrabando de armas y de drogas y la presencia de bandas de delincuentes organizadas (De Gruijl, 2000:137).

Idean Salehyan y Kristian Skrede (2006) argumentan que los movimientos de población son una explicación adicional para la difusión internacional de conflictos armados, ya que los refugiados y los campamentos facilitan la dispersión de redes de rebeldes y armas, además de causar efectos negativos en las condiciones económicas y cambios demográficos en los países receptores. Mientras que los campamentos de refugiados tienen acceso a la salud, educación y otros servicios, las poblaciones locales muchas veces no cuentan con ello, por lo que perciben a los refugiados como grupos privilegiados, lo que genera conflictos.

Para Gil Loescher y James Milner (2006), las estancias prolongadas en los campamentos de refugiados dan como resultado la militarización y politización de éstos, sumado a que los esfuerzos humanitarios no cumplen con la protección política, económica y de seguridad, por lo que estas poblaciones son una fuente de inseguridad regional. Con base en ello hay posturas críticas sobre los campamentos de refugiados que alegan que éstos son perjudiciales e innecesarios y que hay que buscar alternativas, como el asentamiento espontáneo, por medio del cual los refugiados se integran en la comunidad de acogida.

El estigma que recae sobre los campamentos, comúnmente considerados como espacio liminal y de condición precaria, tiende a desdibujar o subsumir el potencial humano que se encuentra al interior y las iniciativas de los habitantes de éstos para reconstruir y reclamar su agencia. Sin embargo, no se puede partir del supuesto de que los campamentos de refugiados son siempre sitios lóbregos y deprimentes llenos de víctimas dependientes y pasivas; también pueden ser espacios de actividad social, cultural y económica.

Mediante la experiencia del grupo Sierra Leone's Refugee All Stars veremos cómo sus integrantes redefinen su realidad dentro del campamento. No limitándose a la suspensión de ésta, desarrollan poder y agencia, que no son normalmente relacionados con los refugiados, con lo cual rompen el estereotipo del refugiado pasivo. Igualmente se tensionarán los límites explicativos del concepto identidad en los refugiados por causa de la violencia en sus países de origen.

Antes de dar paso al análisis, es importante dejar claro qué se entiende por refugiado. Este tema pertenece al campo de la migración internacional y, de forma más específica, a lo que se conoce como migración forzada. Definir ésta es difícil, según William Wood (1994), debido a que está basada en diferentes factores causales, los cuales agrupa en tres campos: inestabilidad política, guerra y persecución; debacle económica y crisis ecológicas; conflictos étnicos o religiosos y limpieza étnica.

En primera instancia, el refugiado sería una persona o grupo que es forzado a desplazarse a través de los límites internacionales, aunque su concepción es una cuestión aún muy debatida, pues su estatus se relaciona con dos factores: el cruce de fronteras y la acogida de un gobierno receptor, generalmente en acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

De acuerdo con la Convención sobre el estatuto de los refugiados -Convención de Ginebra de 1951- (ONU, 1951), un refugiado es una persona que, debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no puede o no quiere, a causa de dichos temores, acogerse a la protección de su país; y que tampoco puede o no quiere, a causa de dichos temores, regresar a él (Ruiz de Santiago, 2011:130).

La definición resultó insuficiente para resolver el fenómeno de los movimientos masivos de personas en todo el mundo, ya que su creación respondía solamente a un contexto europeo en una determinada época, por lo que, en 1969, la Organización de la Unidad Africana (OUA) adoptó una "Convención por la que se regulan los aspectos específicos de problemas de refugiados en África" (De Gruijl, 2000). Posteriormente, en noviembre de 1984, en respuesta a una crisis de refugiados en Centroamérica, fue establecida la Declaración de Cartagena sobre refugiados (ACNUR, 1984).

Esta declaración se basa en la Convención de Ginebra (ONU, 1951) y en la Convención de la OUA por la que se regulan los aspectos específicos de problemas de los refugiados en África (OUA, 1969), ampliando la definición de refugiado para incluir a las personas que han huido de su país porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público (De Gruijl, 2000:137). Ésta es la definición más amplia que se tiene hasta el momento.

Para Alexander Betts y Gil Loescher (2011), los refugiados son una parte inherente de la política internacional que simboliza la falla de los Estados para otorgar seguridad y justicia, lo que es secundado por Jaime Ruiz de Santiago (2011), quien argumenta que el Estado es normalmente el agente de persecución de un refugiado, o bien, agentes que lo representan. Lo que cada vez es más frecuente es que los Estados son débiles y no pueden controlar a quien realiza la persecución. Aunque no están de acuerdo con ésta, no pueden hacer nada para impedirla. Así, los ciudadanos quedan desprovistos de la protección que el Estado les debería otorgar (Ruiz de Santiago, 2011:129).

El artículo se divide en tres partes, iniciando con la definición de conceptos que fundamentan el análisis: espacio social, identidad y violencia, tres variables interrelacionadas en la conformación del refugiado. En la segunda parte se establece el contexto de la guerra civil en Sierra Leona y el proceso que vivieron en ella los integrantes del grupo musical. Esta contextualización nos lleva a la tercera parte del artículo, la cual conjunta tanto conceptos como la experiencia del grupo en un análisis de su proceso de reconfiguración del espacio y de sí mismos, mostrando la posibilidad de acción que tienen los sujetos en estas situaciones de migración forzada por la violencia.

 

Espacio social, identidad y violencia

La población refugiada es vista como presencia física pero cognitivamente distante. A decir de Alejandro Castillejo (2000), no son vecinos pero tampoco extraños; es una población indistintamente llamada refugiados; no es una historia; es una multitud, un agregado donde la individualidad se diluye. El campamento de refugiados es el nuevo espacio que habitan, el cual se debe definir para entender cómo se conforma y cómo se establecen en su interior las relaciones sociales, puesto que partimos del supuesto de que la vida no se detiene al interior de estos espacios, sino que continúa.

Al inicio del artículo se estableció que el campamento de refugiados se analizaría como un espacio liminal no desprovisto de dinámica social y procesos identitarios, por lo que el análisis debe partir de la definición de espacio y, en segunda instancia, de la de espacio liminal. La concepción de espacio que se utilizará es la establecida por Alejandro Castillejo (2000) como espacio social, que se aleja de la abstracción del espacio definido en su tridimensionalidad y, como tal, anterior a la experiencia. El espacio social se define en la relación de éste con las cosas y los sujetos. Los objetos y las personas son incorporados al espacio y apropiados subjetivamente, por lo que el sujeto es espacializado. La espacialidad de los sujetos es relacional. Por lo tanto, el espacio social se constituye en el encuentro con el otro (Castillejo, 2000).

Al aplicar este concepto a la noción de campamentos de refugiados es pertinente también la conceptualización de Castillejo (2000) sobre los estadios-refugio, definidos como espacios depositarios diseñados para lo transitorio. Se ha señalado anteriormente que éste es el principio que da origen a los campamentos de refugiados: su carácter transitorio, que alberga a las personas en tanto hay un lugar más adecuado dónde reacomodarlas, o bien hasta que las circunstancias les permitan retornar a sus lugares de origen. En estos lugares no diseñados para ser habitados por largas temporadas, y tendientes al hacinamiento por el crecimiento poblacional, Castillejo (2000) señala que hay yuxtaposición de espacios y funcionalidades que van en detrimento de la subjetividad.

El carácter transitorio de los campamentos responde a un futuro incierto, ya que no se sabe cuál será el destino de los refugiados ni el tiempo que éstos permanecerán en ellos. Ésta es una de las razones por la que los campamentos de refugiados pueden ser considerados como un espacio liminal, debido a su esencia teóricamente transitoria. El problema de los lugares de refugio o campamentos es precisamente que atañen a la inestabilidad del orden administrativo, pues al ser espacios que no entran del todo en los límites del Estado, sus residentes tienen una condición indefinida respecto de éste, lo que se traduce en una situación desestructurada y estigmatizada como caótica.

La liminalidad, desde la perspectiva de Víctor Turner (1980), se define como un estado de ambigüedad al margen de un orden establecido. En esencia, es un estado transicional donde el pasado ha perdido su control y el futuro aún no toma su forma definitiva. Desde esta perspectiva, los momentos liminales dan paso a los sujetos para que entren de nuevo en la estructura social; sin embargo, como se señaló, la transición que sufren los refugiados no configura un estado final definido; lo único que se sabe de su naturaleza transitoria es del estado de donde han salido (Castillejo, 2000:80).

En este sentido, el refugiado, al entrar en este espacio transitorio, es forzado a convertirse en un sujeto fronterizo y liminal. Estos seres, según la visión de Turner (1980), están fuera de las definiciones estandarizadas. La persona refugiada sufre pérdida de territorio en sentido físico y simbólico, carece de un espacio que lo defina, no posee nada, ni un estatus ni una propiedad; los refugiados en esta situación son símbolo de pobreza y carencia (Castillejo, 2000:64).

La sensación de pérdida de relaciones, propiedad y sentido a causa del desplazamiento forzado se expresa en el siguiente testimonio de Reuben M. Koroma, integrante del grupo Sierra Leone's Refugee All Stars: "Un refugiado ha perdido sus relaciones, no tienes ningún contacto, no tienes un hermano, no tienes ningún poder sobre la tierra, no tienes ni siquiera el poder para votar, no tienes ningún poder aun para ser alguien respetado en la comunidad" (Niles y White, 2005).

Al ser confinados a vivir en un espacio reducido sin ser propietarios de una tierra que les dé sustento, se produce la pérdida de sentido en los refugiados, sobre todo en esta relación estrecha que se vive con la tierra, expresada en el testimonio de Reuben Koroma, donde el espacio físico deviene en territorio al ser depositario de relaciones simbólicas que se desarrollan sobre su base.

El sentido transitorio de los campamentos de refugiados no se cumple en la práctica, pues las personas permanecen ahí más de lo que se podría esperar: "En junio de 1997, fuimos registrados como refugiados, yo había pensado que sería sólo por un año o seis meses, nunca pensé que estaría tanto tiempo en Guinea" (Niles y White, 2005). Como vemos en este fragmento, los refugiados no son conscientes de cuánto tiempo permanecerán en los campamentos.

Al no cumplirse de hecho2 el carácter transitorio de los campamentos, éstos pierden su sentido de espacios-depósitos para ser apropiados por sus habitantes, pues el espacio no es independiente de quien lo habita. Según Castillejo (2000), es un entorno que se construye a partir de los encuentros con los otros, que van otorgándole sentido. Dentro de los campamentos se llevan a cabo relaciones y encuentros que van reconfigurando los límites, lo propio y lo ajeno.

El apropiarse de este nuevo espacio no es una cuestión de simple adaptación; implica que hay una historia que se construye mutuamente en la interacción; no hay un vacío semántico sino transformación por medio de la presencia y la interacción con el otro. En este sentido, Castillejo (2000:107) argumenta que "el fenómeno de desplazamiento, más que un movimiento de lugar, es una reconfiguración del espacio definido en función del otro como representación".

El refugiado no es, entonces, producto de un simple movimiento en el espacio, sino la reconfiguración de relaciones dentro de un espacio social que se conceptualiza como "espacio cognitivo definido en función del otro como representación correlativa al volumen de conocimiento intersubjetivo, y la posibilidad de co-construir versiones negociadas de lo real" (Castillejo, 2000:127).

Mediante la visión de Turner (1980) podemos entender al sujeto liminal en esa ambigüedad de perder sus relaciones pasadas y no tener un futuro firme en el cual sostenerse. Al perder su estabilidad y sus relaciones pasadas -que de cierta manera lo definían-, se produce en él la incertidumbre, tal como lo señala Alhadji Jeffrey Kamara: "En ese tiempo yo tenía once años, extrañaba a mi madre, no sabía dónde estaba mi madre. Vivo solo, sólo esta vieja mujer cuida de mí, ahora si yo viera a mi madre no creo que pudiera reconocerla" (Niles y White, 2005).

Sin embargo, si vamos más allá de la visión de los campamentos de refugiados como espacios transitorios, y atendiendo a la definición de espacio social, podemos tener una visión de éstos como espacios liminales en la connotación de Homi Bhabha (2004). Este autor señala que la liminalidad es una respuesta a un momento real del vivir diario de las personas que tratan de lidiar con los cambios ocurridos a su alrededor. En este espacio se da una intersubjetividad referida a un proceso dinámico, cuyo significado simbólico puede ser inferido por la conducta observable de los que participan en este espacio, cómo ellos responden y se adaptan a los cambios tanto internos como externos que devienen de su entorno (Bhabha, 2004).

Si bien para Bhabha (2004) lo liminal es un espacio de inquietud por la falta de certeza en el futuro, es además una extensión y un sitio de experiencia y empoderamiento. En esto radica la importancia de su perspectiva para el análisis de los campamentos de refugiados como espacios liminales, que representan una fase en la vida del sujeto o grupo que desmiente cualquier supuesto de la identidad, a causa de las contradicciones y la inestabilidad que los rodea.

Siguiendo con la perspectiva de Bhabha (2004), los campamentos de refugiados no son solamente un espacio cargado de ambigüedad, sino que representan un espacio donde las personas negocian su existencia, sus espacios de significado y su identidad. Desde esta perspectiva, se consideran los campamentos de refugiados como espacios liminales no carentes de significación y relaciones. En su interior hay oportunidad para la creación de nuevas formas de vinculación colectiva y producción de significados.

Los refugiados participan dentro de estos espacios buscando reconocerse nuevamente, lo que implica que los procesos de identificación pueden ser desarrollados en su interior, puesto que hay una paulatina resemantización del lugar y la experiencia vivida (Castillejo, 2000). De acuerdo con Gadea y Albert (2011), la identidad es un proceso de construcción, una manera de imaginarnos en función de las circunstancias y los contextos sociales y culturales. La identidad, como producto discursivo e imaginario, se construye a través de la práctica social (Gadea y Albert, 2011:14). Por ello preferimos hablar de procesos de identificación más que de identidad, y de este modo destacar el carácter procesual y construido de las identidades.

La identidad no es una esencia; no existe por sí misma; por el contrario, es un proceso social complejo que sólo cobra existencia y se verifica a través de la interacción. Los sujetos construyen modelos identitarios que reactualizan a través de determinados procesos, a menudo, como en este caso, mediante las experiencias de violencia y desplazamiento. Igualmente, para Étienne Balibar (2005:70) no hay una identidad dada, sino procesos de identificación que hacen un llamamiento a garantías simbólicas más o menos fuertes.

En el concepto clásico de identidad se asume una relación de continuidad entre el sujeto y el espacio que habita, por lo que la pérdida de éste o, en su versión subjetivada, el territorio, fractura una de las dimensiones de la identidad. El hecho de no tener un lugar dónde vivir y dónde morir constituye una tragedia; perder el territorio es perder una parte de los dispositivos de identificación. Sin embargo, estos últimos no se construyen de forma exclusiva con el territorio (Castillejo, 2000:182).

Castillejo (2000) cita los trabajos de Marita Eastmond (1996) y Liisa Malkki (1995), donde argumentan que los exiliados y los refugiados no entran en un proceso de reconstrucción de la identidad perdida, sino que resemantizan sus acciones diarias mediante narrativas que dan legitimidad a su estado actual y sentido al mundo. De esta forma, expresarse como sujetos depende de las relaciones y situaciones. En este sentido, Pablo Vila (1996) argumenta que la identidad social se basa en una continua lucha discursiva acerca del sentido que define las relaciones sociales y las posiciones en una sociedad y tiempo determinados. El discurso narrativo es uno de los sistemas de entendimiento más importantes que usamos para conferir sentido a la realidad, especialmente para entender la dimensión temporal de nuestra existencia.

Cuando narramos los episodios de nuestras vidas hacemos los hechos inteligibles para nosotros mismos y para los demás. Es relevante señalar este carácter narrativo de la identidad al tomar el ejemplo del grupo Sierra Leone's Refugee All Stars, pues veremos más adelante cómo, mediante la asociación con otros refugiados y al narrar su experiencia, los individuos vuelven a tener conciencia de sí como personas con una identidad social e individual dentro de los campamentos de refugiados.

Es importante resaltar los procesos de identificación, puesto que a los refugiados se les ve como una multitud homogénea, unida por la clasificación de "víctimas". En la conceptualización de refugiados, el sujeto es convertido en objeto y anclado al anonimato, a la generalización. De esta manera, su narrativa se oscurece. Visto desde fuera, en los campos de refugiados no hay individuos o narrativas particulares (Castillejo, 2000:116).

Esta generalización de los sujetos no se vive sólo en el campamento, sino que es una situación que se acarrea desde antes en el proceso mismo de la guerra civil. Según Castillejo (2000), el asesinato, el genocidio y la tortura plantean un primer momento de mutación y representan la cristalización de un régimen de oscurecimiento, de un proceso de deshumanización. El desplazado nace de un espacio incierto, del terror y la impunidad de la masacre. Es predefinido por la violencia que le dio origen y, de alguna forma, ésta se le impregna.

Según Juan Carlos Segura (2000:37), en el horizonte de la masacre, el cuerpo adquiere una posición preeminente, fundente, ya sea en relación con otros cuerpos o en relación con las implicaciones de la muerte y la violencia en la transgresión de su identidad. El cuerpo masacrado sufre un proceso de desintegración y disolución en tanto que es referente de identidad. El primer aspecto que sobresale en las masacres es la ausencia de identidad de las víctimas; es una suerte de identidad desplazada; es la de un territorio, la de un grupo políticamente orientado, la de una etnia; es una identidad resumida.

"Uno de los objetivos de la masacre justamente se realiza en este acto de desplazamiento de la identidad del sujeto, su finalidad no se dirige necesariamente a la anulación de un sujeto particular sino al conjunto de resonancias colectivas que la muerte de éste produce" (Segura, 2000:38). La masacre toma la identidad del sujeto y la transforma en el cuerpo de nadie. Todo aquello que presente matices de sentido, de socialidad, se desplaza. Las masacres asfixian estos intentos de sentido, y el miedo es su aliado (Segura, 2000:63).

No obstante, decir que el refugiado pierde su identidad implica prácticamente desaparecerlo. Antes bien, en contraste con sus recuerdos y sedimentaciones de la memoria, reconstruye el relato fracturado por el advenimiento de la violencia. Sin duda, el desplazamiento fragmenta una de las dimensiones de la identidad, pues lo que sucede es que el relato continuo sobre el cual se venía construyendo la persona se rompe, el desplazamiento genera fragmentación por el tipo de inserción dentro de nuevos espacios sociales y por la forma como el proceso se da. Sin embargo, como señala Castillejo (2000:227), esto crea la necesidad de dar a esa ruptura algún sentido, recreando, en el camino mismo, nuevos núcleos de significado.

Los refugiados realizan este complejo juego para generar sentido en un mundo disociado por la violencia; hacen del sinsentido parte de la narración sobre sí mismos, incorporando a su existencia aquellos elementos que la desfiguran y desequilibran.

 

La guerra civil en Sierra Leona (1991-2001) y los Sierra Leone's Refugee All Stars

Alejandra Díaz (2007) establece que la inestabilidad política en Sierra Leona después de su independencia (1961) se ha caracterizado por el continuo roce entre políticos del gobierno, comerciantes locales y extranjeros, y excavadores de minas de diamantes. En la Constitución de 1978 se institucionalizó el sistema unipartidista (Díaz, 2007) monopolizado por el All People's Congress (APC), dirigido por Siaka Stevens, del grupo étnico de los limba. El partido se apoyaba en su mayoría por miembros de la etnia temne, aunque sus seguidores y militantes eran de todos los grupos étnicos del país, especialmente población urbana. Los miembros de este partido aprovechaban su posición para explotar las minas de diamantes, la principal fuente de riqueza del Estado, usando fuerzas paramilitares, determinantes para proteger los yacimientos y establecer las rutas de comercio.

Las empresas extranjeras extractoras de diamantes que se encontraban en el país, dejaban ganancias considerables al gobierno, que, sin embargo, no se reflejaban en las condiciones de vida de la población, pues la acumulación de riqueza se encontraba en Freetown, la ciudad capital, y muy pocos recursos eran distribuidos entre la periferia. Paul Richards (2010) establece que en 1980 sucedió una debacle económica en el país, exacerbada por el final de la Guerra Fría y la reducción del presupuesto basado en la ayuda externa. Esta crisis aumentó el descontento de la población y alentó las protestas -sobre todo, de los jóvenes- respecto del mal manejo de los recursos, la falta de oportunidades educativas, el cierre de escuelas y la falta de empleo.

Durante el período del partido APC, personajes importantes que estaban en contra del gobierno fueron exiliados hacia las periferias del país y la vecina Liberia. De acuerdo con Richards (2010), en este período, el gobierno mantenía un escaso control en las zonas fronterizas, especialmente en la frontera con Liberia, área que estaba completamente abierta, ya que el bosque de Sierra Leona constituía un corredor que conectaba estos dos países dentro de la zona diamantífera.

De la combinación de conflictos políticos y económicos internos y la guerra civil que estalló en Liberia en 1989, se produjo, en 1991, la guerra civil en Sierra Leona, con la aparición del Revolutionary United Front (RUF), bajo el mando de Foday Sankoh. El RUF entró desde Liberia, donde tomó todas las herramientas aprendidas en el curso de la guerra civil, combatiendo al lado de Charles Taylor. Formado, en un inicio, con un grupo de exiliados en Liberia que eran testigos del estado de recesión del país y del contrabando y riqueza que conllevaban las minas de diamantes, este movimiento poco a poco fue integrando a profesores rurales, estudiantes, trabajadores y desempleados.

La intención inicial de este grupo era el derrocamiento del gobierno corrupto de Joseph Saidu Momoh y del APC, revivir la democracia multipartidista y terminar la explotación social (Miller, Ladouceur y Dugal, 2006). El grupo rebelde comenzó a obtener recursos para financiar su lucha mediante el control de las minas y el comercio de diamantes.

Después de 10 años de conflicto, la declaración oficial de su término se dio en enero de 2002, después de pasar por una etapa de desarme de los grupos en conflicto mediante la campaña Disarmament, Demobilization, and Reintegration (DDR), que comenzó en 1999, a partir del Acuerdo de Paz de Lomé en Togo (Hoffman, 2005).

El conflicto en Sierra Leona se considera como guerra civil, de acuerdo con lo establecido por Nicholas Sambanis (2004), debido a que causó destrucción en gran escala. En la lucha estaban involucrados grupos bien organizados, con agendas políticas que desafiaban la autoridad. La guerra tomó lugar dentro del territorio del Estado, y el gobierno fue un combatiente principal (Sambanis, 2004:820). Además, la guerra civil de Sierra Leona se inscribe en lo que Kaldor (2006), citado en Díaz (2007), establece como las nuevas guerras civiles, que son libradas por actores estatales y no estatales, donde la mayor parte de la violencia se dirige hacia la sociedad civil. Son conflictos armados donde se busca minar la constitución misma del Estado mediante la promoción del miedo. Los niños y los jóvenes se convierten en soldados, aparecen por doquier los mercenarios y las armas se tornan cada vez más rudimentarias. En realidad, casi cualquier elemento puede terminar siendo utilizado con fines bélicos (Díaz, 2007:151).

Estos conflictos se destacan por su particular crueldad. Las expulsiones constantes y el asedio a las ciudades son parte de la cotidianidad vivida (Díaz, 2007). Una de las características de esta guerra fue la presencia de niños soldados, que eran especialmente temidos, pues al estar bajo el efecto de alcohol y drogas, atacaban a la población civil, amputando miembros a machetazos.

En Freetown, la capital de Sierra Leona, se produjeron miles de estas mutilaciones arbitrarias desde 1999, cuando los rebeldes entraron en la ciudad. Wilkinson (2000) señala que los guerrilleros nombraron a su campaña "Ninguna cosa viviente". Los jóvenes que fueron reclutados se vieron forzados a matar a sus padres y mutilar a sus vecinos. Los integrantes de Sierra Leone's Refugee All Stars, Mohamed Bangura y Abdul Rahim Kamara, sufrieron estas mutilaciones: a ambos les amputaron una de sus manos.

Estos actos de violencia no responden a la irracionalidad. Por el contrario, son campañas de terror sistemáticas y bien organizadas. En Sierra Leona, los civiles no estaban al margen de la acción guerrillera porque las acciones tomadas en su contra eran una parte de la estrategia rebelde, ya que, finalmente, el control de la población es un factor clave para el resultado del conflicto. Mediante las acciones violentas contra la población civil se busca la destrucción de la estructura social vigente, usando diferentes formas de tortura y obligando a las personas a dejar sus posesiones y territorios. Así se destruyen las comunidades, desarraigándolas de sus referentes culturales, políticos y territoriales a través de los desplazamientos forzosos (Díaz, 2007:161).

En el siguiente fragmento de la canción Living Like a Refugee, del grupo Sierra Leone's Refugee All Stars, se puede expresar parte de la vivencia de los desplazamientos y la violencia que conllevan.

You left your country
To seek refugee
In another man's land [...]
You will be confronted
By strange dialects
You will be fed With unusual diets3
(Niles y White, 2005).

La violencia del desplazamiento forzoso se percibe en este fragmento, al señalar que el ser refugiado implica salir de tu país y entrar en una tierra que no te pertenece, un espacio que no es propio. Igualmente se refleja una ruptura en los referentes culturales del idioma y la alimentación, que son partes clave de la conformación de la cultura de los pueblos y representan, en conjunto con el territorio, elementos de identificación con un grupo social determinado. La ruptura con estos referentes y la entrada en contacto con otras personas que poseen una cultura distinta provocan, en los refugiados, la necesidad de reconfigurar sus límites de identificación y de ir poco a poco apropiándose y redefiniendo el espacio social en conjunto con esta nueva "alteridad" a la que se enfrentan.

Durante los primeros 18 meses de los ataques, la población fue internamente desplazada, mientras que cientos de esos miles se convirtieron en refugiados. Las estimaciones de la ONU señalan que hubo 2.5 millones de desplazados -tanto internos como refugiados- en campamentos establecidos en Guinea y Liberia (Costero, 2001). Alrededor del año 1999 había cerca de 300 000 refugiados de Sierra Leona viviendo alrededor de la ciudad de Guékédou, en el sur de Guinea, y otros 50 000 en Forécariah, cerca de Conakry, la capital (Loescher y Milner, 2006:52).

Reuben Koroma, Efuah Grace Ampomah, Francis John Langba, Mohamed Bangura, Abdul Rahim Kamara y Alhadji Jeffrey Kamara son los músicos que forman parte de la agrupación Sierra Leone's Refugee All Stars,4 quienes sufrieron el ataque del 6 de enero de 1999, cuando los rebeldes entraron en la capital, acometida que causó el éxodo de los habitantes en busca de refugio en el país vecino de Guinea.

Dos integrantes de la banda, Reuben Koroma y Efuah Grace Ampomah, se encontraban en el campamento de refugiados de Kalia en la frontera con Sierra Leona cuando decidieron unirse con Francis John Langba para formar el grupo. Dicho campo de refugiados no era seguro, pues era atacado por soldados de Guinea y milicias civiles que creían -como se señala al inicio de este artículo- que los campos eran sitios vulnerables para albergar rebeldes de Sierra Leona.

Los tres músicos fueron removidos hacia el campo de Sembakounya, cerca de la ciudad de Dabola, y ahí reclutaron a los demás músicos de la banda: Mohamed Bangura, Abdul Rahim Kamara -que trabajaba como maestro en el campamento y cuyo padre fue asesinado durante la guerra por los rebeldes quienes le amputaron el brazo- y Alhadji Jeffrey Kamara, el miembro más joven de la banda, quien quedó huérfano por la guerra, fue torturado por la policía local y acusado de ser un rebelde.

En agosto de 2002, con la ayuda del ACNUR, el grupo visitó otros campamentos en Guinea para realizar conciertos. En 2003, la guerra en Liberia se intensificó, por lo que la ACNUR buscó espacio para reacomodar a los refugiados liberianos, animando a los refugiados de Sierra Leona a regresar a sus hogares y así tener espacio para el reacomodo. En febrero de 2004, Reuben, Grace, Abdul y Francis deciden ser repatriados a Sierra Leona, y es en ese año, en Freetown, cuando el grupo lanza su primer álbum.

 

Living Like a Refugee is not Easy5

Para Yekutiel Gershoni (1997), la prolongada guerra en Sierra Leona tuvo algunas características similares a las de otros conflictos en varias partes de África -como Somalia, Ruanda, Angola y Zaire-, en el sentido de que los insurgentes lucharon por sus propias ambiciones de tomar el poder en sus manos con base en prácticas violentas contra la población civil. Estas guerras provocaron devastación administrativa, económica y social.

Lo que se marca en la memoria de las víctimas, más que la devastación económica y administrativa, es el daño social que se produce durante la guerra, como se refleja en el siguiente testimonio de una habitante de Sierra Leona: "Yo realmente no entiendo a nuestra gente africana. Ellos son muy duros; quieren destruir la vida de algunos niños, pero no saben cómo será su futuro mañana" (Niles y White, 2005).

Según Martins y Pocreau (2009), el objetivo de las prácticas de violencia es producir traumas tanto individuales como colectivos y coaccionar a los grupos a renunciar a sus libertades de acción, valores y convicciones. Estos actos violentos constituyen un emprendimiento deliberado de transformación de la persona por la destrucción de sus lazos permanentes y los universos de referencia. En el caso de los integrantes de Sierra Leone's Refugee All Stars y, en general, de los habitantes de Sierra Leona, al ser objetos de la violencia durante la guerra, y sabiéndose inocentes e impotentes de actuar en su defensa, se les deshumanizó.

Como señalan Martins y Pocreau (2009), el sujeto es despojado de su libertad de acción y sus valores. Además, en este caso es coaccionado a ejercer él mismo la violencia, como vemos en el siguiente testimonio de Mohamed Bangura:

6 de enero, los rebeldes entraron temprano en la mañana, tomaron a mi papá, tomaron a mi mamá, me tomaron a mí y me ataron por las manos. Les rogué que me dejaran pero no estaban de acuerdo. Dijeron que iban a cortar mi mano, y yo tendría que ir con el presidente Kabbah para obtener otra mano. No fui capaz de salvar la vida de mi papá o mi mamá. Ellos los mataron, junto con mi hijo. Mi bebé estaba detrás, en la cama. Ellos lo tomaron y lo pusieron en el mortero. Me dijeron que le pegara a mi hijo. Les dije que no lo haría, pero me dijeron que si no lo hacía me matarían. Así que ellos pusieron a mi hijo en el mortero y yo tomé la mano del mortero. Golpeé a mi hijo hasta que murió. Después ellos vinieron y me cortaron la mano (Niles y White, 2005).

Mohamed se ve obligado a ir contra sus principios y ejecutar violencia contra su hijo y, por consecuencia, hacia sí mismo. Es destacable, además de toda la violencia presentada en el relato, la mención que los rebeldes hacen de Ahmad Tejan Kabbah, quien en 1996 llega al poder en Sierra Leona por medio del voto ciudadano y, en 1997, recibe un golpe de Estado por parte de los rebeldes y es llevado al exilio. Durante la ejecución de la violencia es señalado como responsable indirecto de lo que sucede. Así, los ejecutores de violencia, por una parte, se deslindan de su responsabilidad, al mismo tiempo que castigan a la población por haber votado nuevamente por un sistema que ellos consideraban corrupto, reafirmando el supuesto cometido de su actuar: buscar justicia social y derribar el sistema establecido que consideran injusto y desigual.

Mohamed lleva en su cuerpo, al igual que muchas víctimas de la guerra, las marcas de la violencia. Los sobrevivientes tienen que cobrar sentido de ello y tratar de seguir adelante con sus vidas, como lo señala Reuben Koroma: "Aunque las cosas son difíciles, seguimos en pie y lo decimos con valentía. Podemos hacer que todo funcione de nuevo y volver a tener todo lo que hemos perdido" (Niles y White, 2005).

Después de semejantes experiencias de violencia, es válido cuestionarse bajo qué mecanismos estas personas pueden reconstruir sus lazos y su propia vida, si además a la violencia sufrida se suma su estancia en los campamentos de refugiados, que no son adecuados para vivir, lo cual se transmite en el fragmento de la canción Living Like a Refugee:

You got to sleep
In a tarpaulin house
Which is so hard
You go to sleep
On a tarpaulin mat
Which is so cold
Living like a refugee
Is not easy6
(Niles y White, 2005).

La incomodidad de entrar en un espacio de refugio es notoria en este fragmento: la falta de adecuación a los espacios que no buscan acoger a los habitantes de forma cálida, sino servir de resguardo hasta encontrar un lugar mejor. La condición de los sobrevivientes de la violencia -en este caso, refugiados- entra en una suerte de deterioro por esta pérdida de sus relaciones, de su entorno, pues, como vimos en la segunda parte de este artículo, el espacio social no se limita a sus características tridimensionales, sino que se forma en la relación que los sujetos establecen entre sí y con los objetos en el entorno, formando una subjetividad y creando espacios significativos.

Como se ha señalado, se tiende a asumir que hay una pérdida de representación en quienes habitan los campamentos. El individuo carece de rostro dentro de esa masa de víctimas. No obstante, en esta masa hay presencia de socialidad, que rompe la supuesta lógica asocial de ésta. Una de las estrategias para reconfigurar el espacio social en un contexto migratorio es la asociación, analizada por Gadea y Albert (2011).

La asociación en contextos de migración a través de modelos socializantes es un espacio de mediación social y cultural que posibilita procesos de identificación, ya que en su interior se negocian y articulan los sentidos de las identidades. En el caso de los Sierra Leone's Refugees All Stars, su asociación por medio de la música se convirtió en un nuevo referente de identificación, en una forma de expresión de la comunidad reconfigurada. Como señala Castillejo (2000:114), la vida de las personas gira en torno de aspectos relativos a la configuración de la comunidad, lo que se hace evidente en los siguientes testimonios de Francis y Grace, respectivamente:

Hablamos cada día y noche. A veces tocamos, olvidamos todo. Tú sabes, estamos traumatizados, por lo que debemos estar conectados. Cuando conectas entre sí debes olvidar un poco (Niles y White, 2005).

La banda es muy importante porque una persona sola no sería capaz de sobrevivir aquí, pero si tienes una familia, una persona, puedes obtener algo. Tal vez tú no tienes nada que comer y la otra persona tiene algo. Tú puedes poner algo en la olla y cocinarlo. Vivir como una familia es muy importante (Niles y White, 2005).

Es notable cómo la socialidad provee a las personas de una base estable en un contexto cambiante, lo que da sentido a su vida cotidiana y vence el aislamiento social. Más allá de los beneficios que esta asociación puede traer a los integrantes del grupo, su actuación dentro de los campamentos extiende su apoyo hacia los demás que están en esta misma situación, lo que genera solidaridad y la oportunidad de participación dentro de ese espacio.

Es precisamente en este testimonio, cuando Grace dice "La banda es muy importante porque una persona sola no sería capaz de sobrevivir aquí" (Niles y White, 2005), donde se indica que al interior de los campamentos hay dinámica, relaciones y procesos de identificación, porque gracias a esto, al encuentro con el otro, el espacio se configura y forma sus límites. A la vez, en este contacto se va sedimentando una base cognitiva compartida por una historia que los llevó a ese lugar por determinadas circunstancias, y también por el día a día, donde la socialidad es imprescindible para sobrevivir y negociar la realidad, que se construye en estas relaciones (Castillejo, 2000).

En este espacio liminal de los campamentos de refugiados hay una respuesta de los individuos a su momento actual, al diario vivir, que se traduce en conductas observables tales como la agrupación, que además extiende su agencia al generar un contexto de socialidad con los demás refugiados por medio de la música y la narrativa de su experiencia. Como el ACNUR ha señalado, las actividades artísticas al interior de los campamentos pueden proveer herramientas para mejorar la calidad de vida de los residentes, principalmente como un vehículo para dirigir cuestiones psicológicas y como una herramienta educativa. Además estas actividades no se limitan al tratamiento del individuo, sino viendo a éste como integrante que participa en un contexto más amplio (PDES, 2011).

Las asociaciones son también enclaves de seguridad, un espacio de encuentro con aquellos que comparten una experiencia vivida. Según Gadea y Albert (2011), frente a situaciones de desarraigo que la experiencia migratoria conlleva se crean nuevas formas de vinculación, por lo que las obligaciones de solidaridad se amplían hacia la comunidad que ha compartido esta experiencia, redefiniendo la identificación más allá de la localidad, la etnia o la nación:

Nosotros dijimos, "¿qué estamos haciendo?" La gente está confundida; aquí no pasa nada, no hay ningún club, no hay nada. Entonces, creo que deberíamos estar haciendo algo para entretener a la gente [...] Las personas que tienen problemas, que se sienten frustradas, se reactivarán si se enteran de la grandeza de la banda Refugee All Stars. Ellos dirán: "Sí, soy un refugiado, y sé que los refugiados pueden sobresalir" (Niles y White, 2005).

Vemos en este testimonio que mediante la asociación y el proceso creativo para afrontar las situaciones de crisis, se contribuye a que las personas recuperen sus recursos, significados y relaciones, y restauren su integridad personal y social, generando la construcción de redes y condiciones sociales que les permitan reorientar sus vidas, promoviendo vínculos sociales más allá del grupo de asociación.

La confrontación de la crisis de forma productiva sugiere que entendemos lo que ha sido nuestra historia personal, que buscamos construir nuevos significados que se han perdido a raíz del conflicto armado. Cuando las relaciones se pierden, también la capacidad de sostener una determinada forma de vida se ve mermada. Por eso esta confluencia de asociación, a través de un proceso creativo, da nuevas formas de relaciones y crea la posibilidad de que las personas transformen las perspectivas que tienen de sí mismas, de sus relaciones y contextos.

Este diálogo que se establece por medio de la música expresa experiencias y circunstancias en las que los refugiados han estado involucrados en el pasado y el presente. En este acto de compartir, las personas pueden reconstruir significados que dan sentido a sus vidas y a sus relaciones. Como propone Devalle (2000), la gente que experimenta la violencia tiene que cobrar sentido de ella para poder continuar viviendo: "los mecanismos de recordar y olvidar, describir y clasificar, contar y recrear, explicar y expresar, reflejados en el testimonio del sobreviviente, todos conducen al mismo tejido social y a los secretos de la vida colectiva de la cual ha servido como receptáculo" (Srinivasan, 1990, citado en Devalle, 2000:27).

Pablo Vila (1996) señala que la música es un tipo particular de herramienta cultural que provee a la gente de diferentes elementos que ellos utilizarían al interior de tramas argumentales, en la construcción de sus identidades sociales. De esta manera, el sonido, las letras y las interpretaciones, por un lado, ofrecen maneras de ser y comportarse y, por el otro, ofrecen modelos de satisfacción psíquica y emocional. Además, por medio de la narratividad que conlleva la música, se resemantiza el mundo del ahora, de la acción inmediata, y al compartir estas narrativas sobre la situación del refugiado, legitimizan su estado actual; es decir, se le da sentido a lo vivido.

Myriam Jimeno (2007) propone que el externar, de alguna manera, las experiencias de violencia que se han vivido -como es el caso de la música de Sierra Leone's Refugee All Stars- permite crear una comunidad que alienta la recuperación del sujeto que produce dicha manifestación, y va más allá, hacia la recomposición cultural y política, en el sentido de que la acción de la persona se restaura como partícipe de una comunidad.

La condición de víctima se sobrepasa cuando hay una recomposición del sujeto como ser emocional, lo que requiere la expresión de su vivencia (Jimeno, 2007:171). Compartir nos acerca a la posibilidad de identificarnos con aquellos que han pasado lo mismo. También permite restablecer las relaciones comunitarias y fortalecer o crear lazos para la acción. Por medio de estos actos, las personas comienzan a encontrar caminos para reconstruir el sentido de sus vidas, como lo vemos expresado por Reuben en el siguiente testimonio: "Todos estamos enfrentando la misma situación; somos refugiados y sabemos sus problemas. Pero la única contribución que tenemos es destraumatizar a la gente. Queremos distraer a la gente de las preocupaciones que tienen. Por eso, nosotros sugerimos la música" (Niles y White, 2005).

Siguiendo a Jimeno (2007), lo importante sería resaltar este proceso y el mecanismo por el que los Sierra Leone's Refugee All Stars conectaron su experiencia con los otros, creando así una experiencia intersubjetiva y una comunidad emocional (un terreno común donde se comparten, además de lazos emocionales, una relación con lo cognitivo a través de las experiencias vividas) en la que se recobra su sentido de participación. Al recuperar de esta forma su experiencia, se transitó entre su experiencia como acto único y subjetivo hacia una experiencia social.

 

Conclusiones

Éste ha sido un análisis que trató de enfocarse en la experiencia de los sujetos y las dimensiones subjetivas de su vida transcurrida en un proceso de violencia, donde también se quiere recalcar la agencia de los sujetos a pesar de la intensidad de la violencia vivida, su capacidad de no ser pasivos ante estas acciones que buscan deshumanizar y denigrar. Hemos visto cómo los actos de violencia que resultan en desplazamientos forzados hacen que la persona pierda no sólo la seguridad externa por el exilio, sino también su cuadro cultural y de relaciones sociales fuertes, que le provocan inseguridad interna.

Un continuo sentido de temor se vive en la experiencia del desplazamiento, miedo que resulta de la vivencia del terror, amenaza y muerte previos al establecimiento en los campamentos, lo cual se continúa con la inseguridad y ansiedad que provoca entrar en un entorno desconocido. Si bien este miedo e inseguridad merman la capacidad de las personas para establecer redes sociales, también generan oportunidad para organizar estrategias que son cruciales en la organización de los grupos de refugiados y para el proceso de incorporación dentro de este nuevo entorno social que no carece de significación.

La memoria y la expresión de las vivencias es, en este contexto de desplazamiento y cambio, una acción vital, a través de la cual los individuos toman sentido de su pasado, presente y futuro. Mediante la externalización y el contacto con el otro dentro del espacio del campamento de refugiados, en el caso de los Sierra Leone's Refugee All Stars se creó un espacio social y una comunidad como factores de protección contra situaciones de violencia, inscribiéndolos en un universo de significados como sujetos activos y no víctimas u objetos.

Tomando en cuenta las limitantes de la información documental a la que se tuvo acceso, debido a que se trata de un solo caso de análisis dentro del gran universo de refugiados de este período, se considera que fue posible, sin embargo, exponer de forma clara la posibilidad de los refugiados de continuar con su existencia después de haber sido sometidos a experiencias de violencia, de ser portadores de un sentido, de un proyecto vinculado con su realidad y con un grupo social.

El proceso de identificación como individuo, y no como víctima, mediante la interacción social, es una reserva de significados que le sirven al refugiado para encontrar un sentido a sus experiencias. Esto lo protege de la confusión y la perplejidad, lo que torna su estancia dentro de este espacio en algo significativo y vuelve, igualmente, a delimitar las fronteras de dentro y fuera, mundo interno y externo, que se supondrían perdidas en los campamentos de refugiados.

La vida no termina en el campamento, no se detiene; los recuerdos de lo pasado siguen afectando y determinan las relaciones actuales. Dentro del campamento de refugiados, el mundo de la acción inmediata se resemantiza mediante narrativas acerca de cómo se conciben a sí mismos y cómo conciben su entorno y los procesos de incorporación de la violencia en la historia de vida de los refugiados, para dar sentido a su situación actual.

Cuando las personas se apropian de los espacios mediante la relación con los otros y la narrativa de sus experiencias, los espacios pierden su carácter transitorio y se integran al sujeto. De esta manera, el espacio se subjetiva; no está en un limbo carente de significación y relaciones. Si atendemos a la perspectiva de Bhabha (2004), como en un inicio establecimos, los campos de refugiados no resultan ser un espacio ambiguo, sino que representan un lugar donde las personas negocian día a día su existencia y van construyendo espacios de significado al interior, con base en su relación con los otros.

Mediante este análisis se buscó resaltar el potencial humano al interior de los campamentos y la generación de nuevas formas de vinculación colectiva mediante la experiencia de los Sierra Leone's Refugee All Stars. Gracias a ello se muestra que si bien los campamentos pueden tener un sentido liminal por su carácter teóricamente transitorio, las personas al interior no pueden considerarse sujetos totalmente liminales que pierden su identidad; al contrario, ésta se encuentra en constante producción, de acuerdo con la situación, el contexto y las relaciones.

Las narrativas de los refugiados no deben ser subsumidas en una masa sin rostro que constituye el término refugiado o víctima, pues cada uno actúa sobre el espacio y lo construye, al mismo tiempo que se resignifica y construye a sí mismo.

 

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Notas

1 El término participante se refiere a la capacidad que tienen los refugiados de ser agentes de sus vidas y ser conscientes de la situación en la que se encuentran dentro de los campamentos, planteando que las personas en su interior no se mantienen en estado vegetativo y asocial.

2 Señalamos que no se cumple de hecho atendiendo a la permanencia física por temporadas largas; sin embargo, el sentido liminal permanece, pues no se tiene la certeza de cuánto durará esta etapa y, al final de ésta, qué pasará con sus vidas: si regresarán a sus lugares de origen o serán reacomodados en otro país.

3 "Dejas tu país para buscar refugio en la tierra de otro hombre. Serás confrontado por dialectos extraños; serás alimentado con dietas inusuales" (traducción propia).

4 Ellos son los integrantes originales de la banda, cuando ésta se formó en los campos de refugiados de Guinea, quienes fueron cambiando al ser repatriados. Sólo Mohamed Bangura permaneció en los campamentos de refugiados.

5 Se trata de un fragmento de la canción Living Like a Refugee, del grupo musical Sierra Leone's Refugee All Stars.

6 "Tú tienes que dormir/en una casa de lona/lo que es difícil./Tienes que dormir/en una estera de lona/que es fría./Vivir como refugiado/no es fácil" (traducción propia).

 

INFORMACIÓN SOBRE LA AUTORA

OLIMPIA MONTSERRAT VALDIVIA RAMÍREZ: es estudiante de la Maestría en Estudios de Asia y África, con especialización en estudios de África, de El Colegio de México, y licenciada en antropología social por la Universidad de Guanajuato (México). Autora del artículo "Ejerciendo el destino. Acercamiento al proceso de formación de los ejecutantes de son arribeño", en Antropología. Boletín Oficial del INAH (núm. 20, 2010). Coautora del diagnóstico "Uso de la lengua mixteca en las comunidades migrantes del municipio de León, Guanajuato" y becaria del proyecto de investigación "Danzas de conquista", dirigido por Maricruz Romero Ugalde (enero-julio de 2008). Participó en el XVIII Verano de la Investigación Científica, bajo la asesoría del compositor y musicólogo Gonzalo de Jesús Castillo Ponce, realizando el proyecto "Identidad en la música sinfónica". Dirección electrónica: omvramirez@hotmail.com.

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