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Migraciones internacionales

versión impresa ISSN 1665-8906

Migr. Inter vol.6 no.2 México jul./dic. 2011

 

Notas críticas

 

Migrantes marroquíes y desarrollo en su país de origen: El codesarrollo mediante un proyecto de turismo rural

 

Moroccan Migrants and Development in their Country of Origin: Co–development through a Rural Tourism Project

 

Zoubir Chattou* y Joan Lacomba**

 

* Escuela Nacional de Agricultura de Meknes, Marruecos. Dirección electrónica:chattou43@hotmail.com.

** Universidad de Valencia, España. Dirección electrónica:joan.lacomba@uv.es.

 

Introducción

La participación de los migrantes en el desarrollo de las sociedades de origen se ha convertido, en la primera década del siglo XXI, en un tema central en las agendas de muchos organismos internacionales y Estados, tanto de origen como de destino de los migrantes. La búsqueda de fórmulas para incrementar el impacto positivo de la migración en el desarrollo a través del papel de los propios migrantes ha llevado, en los últimos años, al diseño de programas específicos que, al menos en Europa, se han venido asociando al término codesarrollo.1 En realidad, la idea de que la migración y los propios migrantes puedan actuar como un factor de desarrollo local en los lugares de origen no es totalmente nueva, pero ha tomado una renovada dimensión y ha dado pie a nuevos dispositivos que se alejan de las formulaciones clásicas más vinculadas con la necesidad del retorno de los migrantes. En este estudio –basados en una investigación evaluativa y otros trabajos previos de investigación de campo realizados por los dos autores del texto–2 presentamos una de las nuevas experiencias que se inscriben dentro de la lógica del fomento del desarrollo de los países de origen de las migraciones a través del papel de los propios migrantes, como es el caso del programa de la Agencia Francesa de Desarrollo, titulado "Acompañamiento de la inversión de los marroquíes residentes en Francia en proyectos de turismo rural en el país de origen".

 

Orígenes y contexto del programade la Agencia Francesa de Desarrollo

A lo largo de la historia contemporánea, Francia ha sido el lugar de destino preferente para la emigración de los marroquíes (Chattou, 1998). En razón fundamentalmente de los vínculos coloniales entre ambos países, en la actualidad, Francia acoge a casi la mitad de los migrantes marroquíes en el exterior (cerca de un millón y medio de poco más de tres millones). La estrecha relación entre los dos Estados ha dado pie también a una importante cooperación para el desarrollo, de modo que Marruecos es, actualmente, el principal país receptor de la ayuda bilateral francesa. Así mismo, junto con Comores, Malí y Senegal, Marruecos es uno de los cuatro países con los que Francia ha firmado acuerdos oficiales de codesarrollo.

Ese convenio bilateral de codesarrollo con Marruecos constituye el marco en el que se inscribe el programa de la Agencia Francesa de Desarrollo (en adelante AFD), financiado por la Comisión Europea, a instancias de la Dirección General de Justicia y Asuntos Interiores.3 Este programa cuenta con dos proyectos: el primero de ellos –que aún no se ha puesto en marcha– se centra en el apoyo a los pequeños empresarios entre los inmigrantes marroquíes en Francia, en sectores económicos prioritarios como la electrónica, la bioingeniería, las tecnologías de la información y la comunicación, los multimedia y las tecnologías ligadas al medio ambiente y a la salud, con el objetivo de apoyar las inversiones individuales o colectivas de tipo técnico o financiero; el segundo proyecto –el que presentamos aquí– tiene como objetivo la promoción turística y el desarrollo local comunitario, mediante la creación de alojamientos turísticos a iniciativa de los migrantes marroquíes en Francia. En este último caso, la Agencia de Desarrollo Social en Marruecos (en adelante ADS) es el organismo responsable de la realización de las actividades, evaluando las propuestas de los migrantes y asegurando la ejecución y el seguimiento de los proyectos,4 mientras que un tercer actor de la sociedad civil –la organización no gubernamental franco–marroquí Migraciones y Desarrollo (Migrations et Développement)– se encarga de las labores de sensibilización y seguimiento sobre el terreno de los proyectos de los migrantes marroquíes localizados en la región del Anti–Atlas/Souss, situada al sur de Marruecos.

La zona seleccionada para poner en marcha el proyecto sobre turismo rural fue elegida precisamente por tres motivos esenciales:5 en primer lugar, se caracteriza por haber venido actuando, desde los años cincuenta, como una importante cantera para la emigración hacia Francia;6 en segundo lugar, la región tiene un potencial turístico considerable y está próxima a grandes centros de turismo como Agadir, Marrakech y Ouarzazate; en tercer lugar, es la cuna de la asociación Migraciones y Desarrollo, cuyo fundador y muchos de sus miembros la abandonaron en los años setenta para trabajar en Francia.

La asociación Migraciones y Desarrollo7 –actor clave en el proyecto– fue creada en 1986 por inmigrantes marroquíes reasentados en la región de Marsella, tras haber perdido sus trabajos en una fábrica de aluminio del norte de Francia. La organización ha movilizado, en su mayoría, a migrantes marroquíes originarios del Anti–Atlas/Sous y desde el principio ha orientado sus acciones hacia el desarrollo de las localidades de origen de estos migran tes.8 La asociación ha acumulado una notable experiencia en proyectos de desarrollo en las localidades del entorno rural de la ciudad de Taroudant, pero también había venido dando apoyo, en los últimos años, a pequeñas acciones de turismo rural antes de involucrarse en el proyecto de la AFD.9 Todos estos factores son los que han contado de manera decisiva a la hora de implicar a Migraciones y Desarrollo en el nuevo proyecto y de situar a Taroudant –lugar en el que la asociación tiene su oficina principal en Marruecos– en el centro geográfico de esta experiencia que se presenta como proyecto piloto.

 

Lógica, finalidad y objetivos del proyecto

La implementación del programa de codesarrollo con Marruecos, en el que se inscribe el proyecto de turismo rural, se sostiene en un convenio firmado entre la AFD y la ADS, en el que figuran los siguientes objetivos declarados: 1) apoyar las inversiones personales y colectivas, técnicas y financieras de los marroquíes residentes en el extranjero (MRE), en interés conjunto de Marruecos y los emigrantes; 2) contribuir al desarrollo local de las regiones de origen de los marroquíes residentes en el extranjero, así como a frenar la emigración y favorecer, de manera voluntaria, su reinserción en Marruecos. Estos dos grandes objetivos se concretan, en el texto del mismo convenio, en otros más precisos: 1) animar a los marroquíes residentes en el extranjero a invertir, en el país, en una actividad financiera y económicamente rentable para la familia y la comunidad; 2) mejorar la situación social de las poblaciones vulnerables en las comunidades implicadas como beneficiarias de los proyectos; 3) favorecer una política de desarrollo global e integrada que trate de fijar a las poblaciones en su lugar de origen mediante actividades que les procuren ingresos.

En cuanto a la actividad turística propiamente, el proyecto de turismo rural tiene, entre sus objetivos específicos, los siguientes: 1) favorecer las actividades turísticas locales mediante acciones de apoyo, la formación de guías locales y la sensibilización de la población sobre los beneficios que puede obtener del turismo rural; 2) ayudar a poner en marcha mecanismos de nivel nacional, tales como un sello de calidad y la creación de estructuras de apoyo a la comercialización y la formación; 3) incentivar el desarrollo de actividades similares en otras regiones, a fin de animar la constitución de una red de turismo rural.

La lógica del proyecto reside en que permitirá a los marroquíes residentes en Francia convertirse en actores del desarrollo en su región de origen, en un contexto de codesarrollo.10 El migrante toma así la figura de un actor económico y de un lazo entre los dos espacios de su movilidad transnacional: la sociedad de acogida y la sociedad de origen.11 Los objetivos del proyecto colocan al migrante residente en Francia en calidad de inversor, al tiempo que se trata de producir cambios significativos en materia de desarrollo local. En cualquier caso, el proyecto no tiene únicamente una vocación turística, sino más bien es un vector de desarrollo local creador de riqueza y empleos, y generador de dinamismo alrededor de estas pequeñas empresas turísticas rurales. Al mismo tiempo, el proyecto de turismo rural tampoco se plantea sólo como una actividad económica. La idea de fondo es que el inversor turístico va a introducir también una innovación en el seno de la comunidad, destacando las dimensiones simbólica, social y relacional del proyecto. Por ello, para ir más allá de la mera inversión individual, el proyecto requiere el consentimiento y la implicación de la propia comunidad. De hecho, la puesta en marcha de las actividades del proyecto y la construcción de los mismos alojamientos turísticos dependen de la aprobación de los órganos comunitarios locales, encarnados habitualmente en la figura de la jema'a o asamblea, a la que cada familia aporta un representante que toma parte en la discusión de las decisiones que afectan a la comunidad.

Así, y aun cuando existen objetivos generales definidos, el proyecto también deja entrever que cada uno de los participantes tiene sus propios objetivos particulares: la Unión Europea y la AFD con su deseo implícito de frenar la emigración; la ADS tratando de buscar la coherencia de sus procedimientos de lucha contra la pobreza a escala nacional; la asociación Migraciones y Desarrollo buscando ampliar su campo de acción integrando el turismo rural; los migrantes inversores con sus propias lógicas económicas y culturales; y los órganos comunitarios locales (la jema'a) otorgando su visto bueno a la construcción de los alojamientos, tras sopesar los previsibles trastornos y beneficios para la comunidad.

 

Las dificultades y resultados visibles del proyecto

En primer lugar, la ausencia de infraestructura de base en las zonas rurales de montaña (carreteras, agua potable, electricidad, etcétera), pero también la falta de orientación y apoyo de los poderes públicos a las posibles iniciativas de desarrollo, han venido desincentivando tradicionalmente las inversiones en regiones como en las que se centra el proyecto de turismo rural. La puesta en marcha del proyecto se ha visto obstaculizada por estas carencias, pero sobre todo por la percepción de esas dificultades entre los propios migrantes. La representación habitual de que el mejor lugar para la inversión es la ciudad, símbolo de la modernidad y el confort, constituye, de entrada, uno de los principales frenos para la participación. En efecto, los migrantes piensan muchas veces que "el dinero se desperdicia en las montañas", dando así por hecho que las inversiones económicas en el mundo rural no serán rentables.

Por otro lado, el proyecto de turismo rural parte de la constatación de que los migrantes marroquíes mantienen una importante relación con Marruecos a través de los lazos familiares y las transferencias e inversiones en el país de origen. No obstante, con frecuencia, esas inversiones han tenido como destino los centros urbanos, alejados de los lugares de origen de los migrantes, y fundamentalmente se han destinado a la construcción de viviendas. Este tipo de inversiones han sido criticadas por no generar más que un impacto limitado en el desarrollo duradero de las poblaciones rurales, al no tener una vocación productiva y mostrar efectos no necesariamente comunitarios.12 Sin embargo, la expectativa de financiar una construcción ha sido uno de los principales elementos que han motivado inicialmente la participación de los propios migrantes.

En realidad, la idea de invertir en una construcción no resulta algo extraño para los migrantes, acostumbrados a este tipo de iniciativas, de modo que muchos de los participantes han visto, en el proyecto, la posibilidad de construir una segunda residencia en Marruecos, pero la confusión entre el uso turístico y familiar de las nuevas construcciones ha dado lugar a debates y problemas en el interior del proyecto. Tan es así que el proyecto ha visto redefinir su formulación inicial para responder, en parte, a la visión y expectativas de los propios participantes. El convenio, que preveía, de entrada, la construcción de 21 alojamientos en hogares locales y 18 albergues o pequeños hoteles, se ha revisado para transformar los alojamientos turísticos en las casas de familias (habitaciones dentro de los hogares familiares) en otros tres albergues suplementarios. El resultado final ha sido la construcción de 21 albergues para turistas y ningún alojamiento dentro de viviendas familiares. Este cambio expresa la dificultad de los migrantes a la hora de integrar la idea de habitación turística e, incluso, la misma idea de turismo rural. Los migrantes han rechazado las habitaciones p ara turistas dentro de las casas por dos motivos principales: no corresponden con la dimensión del prestigio de su inversión ni con su idea del lugar del turismo en la sociedad local.

Igualmente, en las primeras reuniones se identificaron 70 migrantes que manifestaron su voluntad de participar en el proyecto, pero el grupo se redujo progresivamente a medida que el compromiso se iba concretando. La financiación parcial de los proyectos (sólo subvencionables en 30 % de su coste) y los procedimientos para la recepción de las subvenciones fueron las principales razones esgrimidas para el abandono del proyecto.

Como consecuencia de estos y otros obstáculos no previstos, el proceso de identificación de los inversores se ha prolongado mucho más de lo esperado, con una duración de casi tres años y medio, lo que ha retrasado considerablemente el inicio de las acciones y ha hecho que del plazo inicial de 24 meses para la realización del proyecto se haya pasado a los 48.

De igual modo, la implicación de los órganos comunitarios locales, con el objetivo de articular las dimensiones privada y comunitaria en el proyecto, ha supuesto también una inversión importante de tiempo en reuniones y discusiones para determinar las fórmulas de participación y las responsabilidades de las partes. En el proyecto está previsto que la comunidad local –a través de la jema'a– reciba 20 dirhams –unos dos euros– por cada turista que se aloje en los albergues, un dinero que pasa a alimentar el presupuesto para desarrollar otros programas locales. Algunos de los obstáculos al proyecto han venido por este lado: uno de los inversores se ha negado a colaborar con la jema'a local, mientras que, en otro caso, la jema'a se ha opuesto a la creación de un alojamiento por parte de un migrante de la misma localidad, aunque también se ha dado el caso de un migrante que ha puesto en manos de la jema'a la gestión de su albergue.

En cuanto a las formas elegidas para la gestión de los alojamientos turísticos (el proyecto plantea la figura del migrante como inversor, pero no necesariamente como gestor), éstas también han sido diferentes: cinco de los migrantes ya jubilados han optado por la gestión directa, mientras que la mayor parte ha preferido delegarla en un familiar; en cambio, uno de ellos ha dejado la gestión en manos de la propia comunidad local.

En total, los propios migrantes han invertido 16 569 134 dirhams (alrededor de 1 600 000 euros), mientras que las subvenciones representan 3 378 399 dirhams (poco más de 300 000 euros), con lo que la aportación de los migrantes multiplica por cinco las propias subvenciones.

La construcción y preparación de los albergues también ha tenido un impacto considerable en el empleo local, con una estimación de 40 000 jornadas laborales de manera directa y otras tantas de manera indirecta, lo que supone un efecto importante en una región donde el trabajo asalariado no es frecuente y donde los jóvenes protagonizan una destacable migración circular interna a las ciudades de Agadir, Marrakech y Casablanca. Además se han creado entre 60 y 80 empleos permanentes para el funcionamiento de los albergues. Igualmente, la construcción de los alojamientos ha permitido la reactivación de algunos oficios artesanales prácticamente desaparecidos, como el trabajo de la piedra, el adobe o la forja. Otro efecto previsto para el conjunto de las economías familiares de las localidades es el incremento de los ingresos con la llegada de los turistas, a quienes se les venden productos locales agrícolas y artesanales, tales como el azafrán, las alfombras, el aceite de oliva y los frutos secos.

 

Puntos fuertes y débiles del proyecto

Las principales conclusiones de la evaluación realizada destacan que el proyecto de turismo rural ha contribuido de forma positiva a: 1) reforzar la posición social de los migrantes en sus lugares de origen; 2) fortalecer las capacidades de los jóvenes de las aldeas de la zona del proyecto; 3) crear y consolidar las asociaciones locales; 4) estimular una dinámica de desarrollo económico, social y cultural; 5) iniciar procesos de negociación, intercambio, organización y trabajo asociado; 6) desarrollar un interés en el patrimonio local, los recursos del territorio y la generación de actividades productoras de ingresos; 7) reforzar un sentimiento de pertenencia al territorio como condición necesaria para todo desarrollo duradero y solidario.

Sin embargo, estos "logros" no están exentos de cuestionamientos y aspectos contradictorios. Así, la evaluación del proyecto de turismo rural ha podido detectar también un sentimiento de frustración entre los jóvenes locales no emigrados, en tanto que éstos perciben que el proyecto ha venido a reforzar la posición social de un grupo que ya venía constituyendo de por sí una élite dentro de la jerarquía social local: "Han ayudado a los viejos migrantes marroquíes en Francia a acabar bien su jubilación en Marruecos, en lugar de apoyar los proyectos de los jóvenes de aquí que están en la precariedad", dice el presidente de una asociación local. "Los MRE son los notables de la aldea y el proyecto los apoya aún más", dice otro entrevistado durante el proceso de evaluación. La idea de que el proyecto refuerza el éxito de los migrantes se encuentra presente entre aquellos que no se benefician directamente de él e, incluso, de aquellos que lo hacen de manera indirecta. El tratamiento que el proyecto da a los migrantes como pequeños empresarios inversores refuerza posiblemente esta percepción.

La evaluación ha develado igualmente la incidencia que en ello ha podido tener la propia selección de los migrantes, quienes se implican en el proyecto, empujados más por la búsqueda del beneficio personal que del efecto comunitario de su acción. En realidad, la motivación inicial de los migrantes para participar en el proyecto ha sido –como ya hemos visto– la posibilidad de poder construir o preparar una vivienda que pueda servir para acoger a las familias durante sus vacaciones en el país de origen. Muchos de los migrantes no ven como un problema el posible fracaso del proyecto turístico, siempre que puedan, al menos, conservar la nueva construcción para darle un uso familiar, algo que se deja entrever en la misma forma en que muchos de los participantes conciben el diseño de los alojamientos. El tipo de construcciones y su decoración no siempre responden a las expectativas de los turistas, por lo que parece que, al menos inicialmente, los migrantes piensan más bien en la construcción de una segunda residencia en el lugar de origen, en vez de un alojamiento ideado para un uso turístico.

En buena medida, el resultado del proyecto se ha amoldado a las características del grupo de migrantes, una vez que una de las principales dificultades ha sido precisamente reunir a los candidatos a la inversión.13 Así, la localización de los albergues se ha producido en función de los lugares de origen de los migrantes, lo que no ha permitido una territorialización del proyecto en relación con los recursos turísticos de cada zona. Como consecuencia, la extensión del proyecto a cinco provincias lo ha hecho más complejo, al obligar a trabajar con instituciones territoriales con diferentes visiones e intereses.

En cuanto a la participación de las asociaciones locales, es cierto que el conocimiento del terreno y la experiencia previa en el desarrollo local por parte de Migraciones y Desarrollo, así como su elevado grado de inserción en las redes de los migrantes marroquíes, han sido fundamentales para el éxito del proyecto. Si bien éste se basa en la experiencia de una asociación que ya venía trabajando en este ámbito –por lo que no supone la puesta en marcha de un nuevo dispositivo que pueda entrar en competencia, sino que viene a reforzar y ampliar la escala de un trabajo previo–, sin embargo, el riesgo reside en que, al apoyarse en una gran organización preexistente, el proyecto refuerce el peso de ella en detrimento de otras pequeñas asociaciones locales que tratan de abrirse camino.

En el plano institucional, las tensiones también han estado presentes, aunque los organismos implicados en el proyecto han experimentado un proceso de adaptación. El hecho de poner en relación con la AFD (agencia francesa de cooperación oficial) la ADS (organismo público marroquí) y Migraciones y Desarrollo (organización franco–marroquí de la sociedad civil) –tres actores con procedimientos, finalidades y capacidades diferentes– ha supuesto una mayor dificultad para el proyecto (sobre todo los conflictos en torno de las competencias y la visibilidad de cada uno de ellos en el proyecto), pero también ha representado una oportunidad para reducir su distancia en la búsqueda de soluciones en común a los problemas con tal de avanzar en la ejecución del proyecto.

Incluso, yendo más allá, habría que señalar que las tensiones también revelan aspectos contradictorios del proyecto, vinculados a finalidades no expresadas. Así, los creadores de éste –la Unión Europea y el Estado francés– no ocultan totalmente su deseo de luchar contra la emigración y fomentar el retorno progresivo de los migrantes, mientras que estos últimos participan más bien con base en una búsqueda de signos de éxito económico de su proyecto migratorio.

 

Bibliografía

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Notas

1Además del programa francés analizado en este estudio, habría que hacer referencia a otros programas, como: Migración para el Desarrollo de Marruecos (Midma), impulsado por el Ministerio de la Cooperación belga; el proyecto Solidarité avec les Enfants du Maroc (SALEM), auspiciado por la Cooperazione Italiana allo Sviluppo; o el apoyado por la Organización Internacional para las Migraciones, denominado Migraciones para el Desarrollo en África (Mida), que contempla fi nanciación para proyectos de codesarrollo en la Región Tingitana de Marruecos, presentados por personas o colectivos marroquíes residentes en España.

2Los datos e informaciones en los que se basa este trabajo proceden, en su mayor parte, de la evaluación realizada por Zoubir Chattou (1998) a demanda de la Agencia de Desarrollo Social de Marruecos y recogida en el informe "Etude de capitalisation et d'évaluation du projet Tourisme Rural. Accompagnement de l'investissement des marocains résidents en France, dans des projets de tourisme rural dans leur pays d'origine" (Chattou, 2003), finalizado en marzo de 2008 (sin publicar). La evaluación se realizó a partir del análisis de la documentación del proyecto, entrevistas con las instituciones implicadas y visitas sobre el terreno para visibilizar los resultados y recoger la valoración de los beneficiarios. Así mismo nos basamos en trabajos anteriores de los autores, que se encuentran citados en la bibliografía.

3En realidad, el proyecto de turismo rural forma parte del programa de codesarrollo elaborado inicialmente por la Misión Interministerial de Codesarrollo (Micomi) en 2001, y fue heredado con posterioridad por la Agencia Francesa de Desarrollo, tras la disolución de la primera institución.

4La Agencia de Desarrollo Social es un organismo oficial de reciente creación, que forma parte de la estrategia del Estado marroquí para acelerar el desarrollo humano del país a través de agencias y proyectos regionales. En este caso, la ADS se ocupa de la ejecución del proyecto, aunque no ha participado en la elaboración de éste.

5La ADS seleccionó esta región tras haber considerado otras dos zonas: la región norte de Chefchaouen y la este de Figuig.

6Thomas Lacroix (2005) nos cuenta, en su libro Les réseaux marocains du développement, cómo la zona del Anti–Atlas/Souss fue lugar de reclutamiento de mano de obra para las empresas mineras francesas que atrajeron a decenas de miles de campesinos en los momentos previos y posteriores a la independencia de Marruecos.

7Inicialmente se denominó Retorno y Desarrollo, aunque en 1988 adoptó el nombre definitivo de Migraciones y Desarrollo. Su experiencia es una de las más conocidas en el ámbito del codesarrollo. Uno de los relatos más completos acerca de sus orígenes lo podemos hallar en la obra de Zakya Daoud (1997), titulada Marocains des deux rives. La socióloga marroquí Fátima Mernissi (1998) también la ha popularizado a través de algunas de sus obras, como Les Aït Débrouille o Les Sindbads marocains.

8Los proyectos actuales de la organización pueden consultarse en <http://www.migdev.org>. Sus realizaciones se extienden desde el ámbito de las infraestructuras hasta los de la salud, la educación y la economía social.

9Migraciones y Desarrollo cuenta, desde el año 2002, con un proyecto denominado "Turismo solidario", con el que trata de favorecer la economía local a través del turismo, pero respetando los valores y tradiciones de la población bereber. El proyecto –extendido a 24 localidades de su zona de acción, y que cuenta con dos animadores turísticos sobre el terreno– atrajo, en el primer año de funcionamiento, a 172 turistas franceses de modo experimental.

10Sobre las posilidades y dificultades de una estrategia de codesarrollo en Marruecos, véanse los trabajos de Lacomba (2004a, 2004b y 2005) y con Berlanga (2006).

11Véanse, al respecto, las reflexiones contenidas en el artículo de Ali Amahan (1997).

12Véanse, por ejemplo, los trabajos de Lazaar (1993) sobre el empleo de remesas en la construcción de viviendas.

13Otro de los efectos del limitado proceso de selección y del marcado enfoque empresarial del proyecto ha sido la concentración de los beneficiarios entre hombres migrantes. De hecho, sólo uno de los beneficiarios formales es mujer, y se trata de la esposa de un migrante.

 

Información sobre los autores

ZOUBIR CHATTOU es maestro en so ciología por la Universidad de Nantes, Francia, y doctor en antropología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Es profesor de la Escuela Nacional de Agricultura de Meknès, Marruecos. Ha publicado artículos sobre el problema de la migración, en especial la marroquí, y libros como Migrations marocaines en Europe (L'Harmattan, 1998) y La double nationalité en question (Karthala, 2002), éste en coautoría con Mustapha Belbah.

JOAN LACOMBA es doctor en sociología y profesor del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Valencia. Ha publicado los libros Emergencia del islamismo en el Magreb. Las raíces sociopolíticas de los movimientos islamistas (La Catarata, 2000), El islam inmigrado. Transformaciones y adaptaciones de las prácticas culturales y religiosas (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, 2001), Migraciones y desarrollo en Marruecos (La Catarata, 2004) y ha coordinado los volúmenes La inmigración en la sociedad española. Una radiografía multidisciplinar (Edicions Bellaterra, 2008) y De las migraciones como problema a las migraciones como oportunidad. Codesarrollo y movimientos migratorios (La Catarata, 2010). Es director de la especialidad en movimientos migratorios y codesarrollo del máster en cooperación para el desarrollo de la Universidad de Valencia.