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Migraciones internacionales

versión impresa ISSN 1665-8906

Migr. Inter vol.4 no.1 México ene./jun. 2007

 

Reseñas bibliográficas

 

La historia de Marta. Vida de una mujer indígena por los largos caminos de la Mixteca a California

 

Bruno Lutz

 

María Dolores París Pombo México, Universidad Autónoma Metropolitana–Xochimilco, 2006

 

Universidad Autónoma del Estado de México. Dirección electrónica: brunolutz01@yahoo.com.mx

 

Este relato es el resultado del acercamiento de la autora con mujeres triquis inmigradas en Greenfield, pequeña ciudad agrícola ubicada al sur del Valle de Salinas, durante la realización del trabajo de campo para el proyecto "Cambios en la identidad étnica y en las relaciones de género durante el proceso de migración de los y las indígenas triquis a California". Pero ¿es posible hablar, en este caso, del sencillo resultado del proyecto de investigación, cuando esta obra, despojada del tedioso formalismo de algunos trabajos de ciencias sociales, hunde al lector en los meandros de una vida real? La historia de Marta es la reconstitución a la primera y la tercera persona del singular de la vida de una mujer indígena inmigrante en Estados Unidos. Vida itinerante en forma de tragedia, lo que podríamos llamar su "destino socioétnico" parece haber siempre alcanzado a Marta, quien migró para sobrevivir, se escondió para vivir y corrió para no morir.

Mujer triqui originaria de un aislado poblado de la Mixteca oaxaqueña, desde muy niña Marta se ha esmerado por estudiar a pesar de su triple estigma: ser mujer, ser indígena y ser de familia humilde. Le gustaba la escuela y siempre tuvo excelentes resultados. Destacada aunque errática, la trayectoria escolar de Marta fue sembrada por su propia familia y vecinos con las trampas de la incomprensión y las piedras de la envidia. Fue su tío, maestro bilingüe y destacado líder triqui, quien se encargó de la educación de Marta y de su hermana mayor. Gracias a esta protección avuncular, las pequeñas pudieron estudiar. Salieron tempranamente de la comunidad para ingresar en diferentes centros escolares. Esta oportunidad brindada por su generoso tío no las eximió de sufrimientos, como fue el que padecieron en un internado de la ciudad de Oaxaca, donde durante tres años pasaron hambre debido a que les daban de comer únicamente si lo pedían en castellano. El idioma fue un obstáculo, la soledad un dolor y el ser niñas una desgracia.

La emigración de las mujeres rurales, y aún más de las mujeres indígenas, no es solamente el resultado de contingencias personales enmarcadas en el contexto global de mayor movilidad de las poblaciones pobres de los países del sur, sino más bien es el destino común de quienes, por su condición de género y por la tradición de exogamia virilocal, emigran al domicilio de la familia del esposo al casarse. Lo que la literatura antropológica denomina el "precio de la novia" se refiere al proceso de negociación entre los varones de dos familias para dejar ir de la casa a una niña púber, por un lado, y adquirir una primera, segunda o tercera esposa, por el otro. Este intercambio de un ser humano por botellas de cerveza y cigarros es solamente un aspecto de los usos y costumbres de la etnia triqui, porque, como en muchos otros pueblos autóctonos que han conservado sus tradiciones, la jovencita es cedida a un hombre para su placer y a la familia de aquel hombre para el quehacer. Con sus ojos de 12 años llenos de lágrimas, Marta vio cómo su hermana, dos años mayor, fue vendida a un señor de la misma etnia y cómo la familia de este último la convirtió en esclava doméstica para cobrarse lo que consideraba como su "excesivo precio". Esta emigración femenina tradicional es el punto terminal de la infancia y el inicio de una pesadilla para la gran mayoría de las mujeres  indígenas.

Marta siguió estudiando, cambiando con frecuencia de escuela a causa de las maledicencias de su círculo  familiar y comunitario. Aunque Marta daba muestras de una autonomía excepcional a pesar de sus 14 años, viviendo sola y trabajando para sufragar sus gastos, su padre —sin informar siquiera a su tío protector— decidió casarla con un hombre mayor. Obviamente, la opinión de Marta no fue solicitada, ya que ni siquiera tenía derecho para opinar. Frente a la inminencia de una desgracia idéntica a la de su hermana, Marta huyó a la casa de una tía en la ciudad de México. Allí trabajó en una carnicería con un salario de miseria que le permitía apenas comer para seguir estudiando. Conoció a Javier, joven de la misma etnia, al cual acompañó a Sinaloa para trabajar ambos como jornaleros agrícolas. Pero una vez allí la vida de la pareja se vio afectada por los rumores y difamaciones de los demás miembros de la comunidad triqui inmigrada, al grado de que Marta y su compañero se separaron. Ella regresó con su pequeña hija a la casa de su madre, en la Mixteca oaxaqueña.

Poco después, sin embargo, tenía que volver a emigrar hacia el noroeste del país para buscar trabajo y mantener a su niña, y allí se casó con Rafael, con el que tuvo cinco hijos. Aunado al duro trabajo en los campamentos de Sinaloa, Sonora y Baja California, Marta padecía las borracheras y los golpes de su esposo, quien desaparecía e, incomprensiblemente, reaparecía en su vida. La mujer triqui bilingüe logró ser contratada en una estación de radio de Ensenada. Después de algún tiempo, se vio obligada a renunciar con el objetivo de volver a Oaxaca con su esposo, casarse por la Iglesia con él y reunirse nuevamente con sus hijos.

En 1997 la familia se instaló en Cerro Tejón, llevando a cabo un colosal esfuerzo para construir su casa y trabajar su parcela en el monte; los materiales de construcción y la parcela habían sido gestionados por el Movimiento Unificado de Lucha Triqui (MULT). Los problemas agrarios, tal como lo menciona la investigadora Dolores París, forman parte de la identidad colectiva, junto con su hilera de racismo, pobreza, injusticias y "los eternos desacuerdos entre las familias, los barrios, las facciones y los grupos políticos al interior del pueblo triqui". Precisamente, este alentador proyecto de recuperación de tierras llevado a cabo por líderes triquis y destinado a familias de la misma etnia, fracasó. Los chismes, las envidias y los desacuerdos políticos provocaron el fracaso de este proyecto y el estallido, nuevamente, de la violencia. Marta y su esposo se vieron forzados a emigrar, pero esta vez a Estados Unidos, dejando a sus cinco hijos a cargo de la abuela materna.

Cruzar la frontera para los triquis es endeudarse y requerir del apoyo de una red de intermediarios mestizos y mixtecos en las ciudades de Putla Villa de Guerrero y Juxtlahuaca, así como de triquis que operan como coyotes bilingües en la frontera con Estados Unidos. En el primer intento para cruzar la frontera, Marta se dio cuenta de que su esposo la quería abandonar en el desierto, por lo que decidió separarse de él. Es solamente en el quinto intento que la mujer indígena, ya sola, logró pasar ilegalmente por el lado de Sonora–Arizona, evitando a los asaltantes, las milicias civiles estadunidenses y la Border Patrol. Con grandes dificultades, Marta alcanzó llegar al campo agrícola de Greenfield, donde está asentada una importante comunidad inmigrante triqui. Empezó de nuevo a trabajar, ahorrando cada centavo para mandar remesas a su madre para la manutención de sus hijos.

Pero su esposo la alcanzó después de haberse enterado de su presencia allí. Como si la historia de esta mujer indígena fuera una espiral de esperanzas y desolación que se repite sin acabarse nunca, volvió a sufrir de violencia doméstica hasta que logró huir de su marido. Tiempo después regresó a su comunidad de origen en el estado de Oaxaca, ya que se había enterado de que uno de sus hijos se había perdido o ahogado en el río. Abandonados por su abuela y lejos de su madre, en realidad los hijos de Marta sobrevivían por sí solos en la indigencia. Cuando por fin logró reunir a su prole esparccida, la mujer triqui se enteró de que su hermano la estaba buscando para golpearla —para reparar el honor de la familia supuestamente manchado por la conducta indebida de Marta—. Ella retiró de prisa sus ahorros del banco, pacientemente conseguidos vendiendo tejidos durante largos años, y huyó nuevamente hacia Estados Unidos. El viajar con cinco hijos hasta la frontera norte fue muy difícil, pero lo más trágico fue tener que abandonar al mayor porque no traía suficiente dinero para pagar a los coyotes el traslado de todos ellos. Luego, el cruzar la frontera con sus cuatro hijos fue una nueva prueba marcada por momentos de angustia, sufrimiento y también por esperanzas. Después de días y noches de incertidumbre en una lucha constante por su sobrevivencia, Marta y sus hijos llegaron finalmente a Greenfield, donde tuvo que reiniciar desde cero.

En suma, la historia de Marta muestra que la migración ilegal de los indígenas triquis hacia Estados Unidos es el fruto de la incesante búsqueda de mejores oportunidades de trabajo, cada vez más lejos de su región de origen. En este proceso, donde las trayectorias personales se asemejan pero no se confunden, las redes (familiares, comunitarias y étnicas) juegan un doble papel: aseguran menos riesgo para quienes desean cruzar la frontera y más posibilidades de encontrar trabajo, pero al mismo tiempo estas redes limitan seriamente la libertad de las mujeres al fungir como órgano informal de vigilancia de la desigualdad de género y canal de transmisión de informaciones más o menos verosímiles. Lejos de borrar una arraigada tradición androcéntrica, la migración triqui a California ha transportado casi intactas las reglas tradicionales de dominación total de los hombres sobre las mujeres, aunque estas últimas intentan resistir haciendo valer sus derechos como ciudadanas y como seres humanos.

 

Información sobre autor(a)

BRUNO LUTZ es profesor–investigador de la Universidad Autónoma Metropoliotana (UAM)–Xochimilco. Es maestro en antropología y doctor en ciencias sociales, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), nivel 1. Es autor de varios artículos publicados en diversas revistas latinoamericanas acerca de aspectos teóricos de la sociología, así como sobre las organizaciones campesinas. Actualmente trabaja las formas de dominación del campesinado, los programas de apoyo al campo y las migraciones transnacionales.