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Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos

versão impressa ISSN 1665-8574

Latinoamérica  no.53 México Jul./Dez. 2011

 

Reseñas

 

Arturo Ardao, Escritos trashumantes. Trabajos dispersos sobre filosofía de América Latina y España

 

Juan Carlos Torchia Estrada*

 

Pról. de Hugo Biagini, Montevideo, Linardi y Risso, 2009, 295 pp.

 

* Potomac, Maryland, EUA.

 

Sin lugar a dudas, Arturo Ardao encarnó una de las vocaciones más firmes y sostenidas en el estudio del pensamiento latinoamericano. Su obra, constante a lo largo de su vida, terminó componiendo un corpus de magnitud extraordinaria, y lanzó a su autor, más alá de Uruguay (cuya historia de las ideas, de hecho, creó y estableció) al reconocimiento pleno en el escenario de habla española en general. Su condición de clásico latinoamericano es indiscutible.

Este nuevo libro del maestro uruguayo se publicó póstumamente, pero había sido organizado por él. Se encontrará en sus trabajos la misma calidad del resto de su obra, y el mismo estilo preciso y preocupado por la intelección del lector, pero que también obliga al lector a seguirlo atentamente: la expresión es siempre austera.

También los temas recuerdan al resto de su obra. El contenido cae en dos grandes ámbitos: América Latina y España. La primera fue siempre su tema medular. En cuanto al pensamiento español, ya se había acercado a él con sus dos libros sobre Feijóo, pero también para complementar sus búsquedas entusiastas del origen del nombre "América Latina".

Hay trabajos de considerable densidad, como el dedicado al idealismo del 900. Es importante la caracterización de este idealismo, cuyo nombre le parece que viene más de "ideal" que de "idea", y que no estuvo reñido con el positivismo, como lo muestra el hecho de que Rodó e Ingenieros sean considerados por Ardao como los dos grandes maestros de ese movimiento. Y para el caso particular de Ariel, nuestro autor tiene, como casi siempre, varios malentendidos que deshacer. Otros artículos tienen la simplicidad de la buena síntesis. Dos dedicados a filosofía colonial: uno sobre la escolástica y otro sobre la adopción del atomismo en física, ambos permiten captar claramente lo esencial sin detale erudito. La misma virtud tiene un ensayo sobre la relación de Henríquez Ureña con la filosofía, en la época en que actuaba en el Ateneo de la Juventud, en México.

Muy oportunos son también los artículos incluidos sobre Unamuno y Ortega. Como todo en Ardao comenzaba y terminaba en su sentimiento latinoamericanista, Ortega es visto desde la perspectiva que Hispanoamérica desempeñó en su "circunstancia", tanto cuando el filósofo español sintió que América era parte de ela como cuando se encaminó por sendas más europeístas. De Unamuno se encontrarán expresiones de un marxismo juvenil que seguramente desconocen muchos lectores de El sentimiento trágico de la vida.

Hay varios temas más, pero la idea aquí no es dar un inventario, sino señalar la calidad, el acierto, la oportunidad de todos. Por ejemplo, una visión de un siglo de influencia de Comte en Latinoamérica desentierra nombres olvidados. Hay trabajos, de mayor o menor extensión, sobre Alberdi, Hostos, Lisandro Al-varado, Cruz Costa, Leopoldo Zea, Salazar Bondy, Joaquín Xirau y José Gaos, sin ser todos. (Aunque en el contexto de apreciaciones valorativas sobre la obra de Ardao, Hugo Biagini da una imagen general del contenido en el prólogo a la obra).

En verdad, estos escritos no son ni trashumantes (Ardao vivió sólo en dos ciudades) ni mucho menos dispersos (son de hecho una perfecta continuación de su obra); pero más que apuntar a ese detale hay que agradecer que hayan aparecido, en edición muy bien cuidada y con presentación gráfica muy digna. El acierto de haberlo hecho reside en que estos textos vienen a confirmar, ya ausente su autor de nuestro entorno, que Arturo Ardao fue —y por supuesto, sigue siendo— un extraordinario maestro de la historia de las ideas en América Latina. Inolvidable como compañero de camino, imprescindible en el estudio de lo nuestro.