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Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos

versión impresa ISSN 1665-8574

Latinoamérica  no.51 México jul./dic. 2010

 

Reseñas

 

Adalberto Santana y Silvia Soriano Hernández [coords.], Poder y contrapoder: homenaje a Joaquín Sánchez Macgrégor, México, CIALC–UNAM, 2008,167 pp.1

 

Horacio Cerutti Guldberg

 

CIALC–UNAM

 

Creo que con este libro, nuestro Centro da cuenta de una deuda que tenía con Joaquín. Este homenaje que implica el libro viene a paliar, en parte, esa deuda. Y ¿cuál es la deuda? Me parece que la deuda es repensar todo lo que él pensó. Nada más y nada menos. Y ése es un esfuerzo muy grande que tenemos pendiente. Es un esfuerzo de contextualización. Es un esfuerzo de reconstrucción de su pensamiento y considero importante subrayar esto, porque ha perdurado la imagen de Joaquín como un joven rebelde. Y lo fue. ¡Qué bueno! Pero, también fue un acucioso investigador del día a día. Y eso se dice fácil, pero es difícil hacerlo. Sobre todo si es una reflexión profunda, rigurosa, pertinente, como la que Joaquín nos ha dejado. Se podrían establecer quizá en una primera aproximación, de manera diríamos provisional, dos importantes giros en su producción. Uno tuvo que ver con la Revolución cubana y el otro, con el zapatismo. Y creo que si hubiera que decir, si me pusieran así contra las cuerdas, cuál es el saldo de esas reflexiones a partir de esos acontecimientos tan relevantes, complejos, cargados de ambigüedad y de logros en nuestra América, diría que su noción de contrapoder. La noción de contrapoder no fue simplemente una propuesta así, una ocurrencia intelectual de Joaquín. Me parece que fue una verdadera reflexión surgida de las entrañas de esas experiencias y, por supuesto, de nuestra historia y, particularmente, de la historia de México. Joaquín siempre estuvo en la búsqueda de alternativas auténticas y se la jugó por completo en este esfuerzo. Por eso es bueno que este volumen recoja breves, pero sustantivos esfuerzos por recuperar parte de ese legado y por compartirnos también, de modo muy generoso, testimonios y anécdotas, permítanme que use este término, decidoras. Muy cargadas de sentido y que pintan a nuestro querido Joaquín de cuerpo entero.

No puedo dejar de mencionar aquí un punto, para quienes nos dedicamos de tiempo completo a la reflexión filosófica, es también un aporte y un desafío que Joaquín ha dejado pendiente y que debemos prolongar y debemos continuar con muchísimo cuidado. Me refiero a su inclinación por la Filosofía de la historia y por la Estética. Fue un interés casi obsesivo por ver cómo funcionaba la Filosofía de la historia, cómo no quedarnos con la Filosofía de la historia puramente especulativa y sí con un soporte empírico fuerte; permítanme que lo diga en esos términos. Y cómo hacer una inmersión en una Estética que no fuera sólo la estética superficial de lo bello, sino la estética de la sensibilidad colectiva, la estética de la expresión social, la estética de la vida cotidiana. Esto fue lo que Joaquín nos ha dejado, haciendo gala a veces de terminología, de enfoques, y de discursividades sutiles.

Fue un hiperión. El más joven de los hiperiones. Pero en general cuando se habla de ellos se habla de los mayores y se habla también casi en exclusivo de los varones integrantes del Hiperión pero no se hace referencia a distinguidas filósofas que estuvieron muy cerca de los hiperiones. Y respecto de quienes también habría que revisar qué puntos tienen de coincidencia con el pensamiento de Joaquín, qué puntos de interlocución tienen con sus planteos. Estoy pensando en colegas que lamentablemente ya no están con nosotros. Muy queridas amigas, como: Cecilia Frost, Vera Yamuni y Laura Mues de Schrenk, quien acaba de fallecer el año pasado. Y, también, la querida Carmen Rovira, que felizmente está con nosotros con mucha fuerza y energía. Ese estudio tampoco se ha hecho: ¿cuáles son esos puntos de colisión?, ¿cuáles son esos puntos de coincidencia o de convergencia entre el pensamiento de Joaquín y estas colegas? Hay en este libro colectivo indicios muy valiosos, que nos permitirían avanzar en estas investigaciones.

Recordemos que este joven hiperión se atrevió, nada menos que en aquellos años, a cuestionar a Heidegger. Hoy por hoy debatir a Heidegger ya parece casi un deporte, pero en aquel momento atreverse a cuestionar a Heidegger fue una muestra de gran valentía, sobre todo si le sumamos que eso implicaba cuestionar a su maestro y director de tesis José Gaos. Y se atrevió a hacerlo y lo hizo, me parece, muy bien, al dejar sugerencias importantísimas y preguntas para la lectura de Heidegger, que muchas veces quienes se especializan en la obra de Heidegger no han tomado en consideración. Ésa es también una tarea pendiente.

Joaquín apoyó la Revolución cubana y también se atrevió a cuestionar lo que para él fueron deficiencias y lo que él veía como limitaciones. Considero que esa valentía hacia un lado y hacia el otro, sin renuncia de su vocación revolucionaria, sin renuncia de su vocación progresista, sin renuncia de su vocación humanista es también un aporte valioso. Apoyó a los zapatistas y a la Otra Campaña y nos permitió, con muy sutiles observaciones, analizar coyunturas que parecían totalmente incomprensibles si uno lo hacía desde el sentido común o de la información disponible: no sé cómo le hacía, pero él estaba siempre rastreando qué pasaba en la cotidianidad.

Apostó por la no violencia. Se dice fácil, pero en un mundo como el de hoy, apostar por la no violencia, sobre todo al modo de Joaquín que no era una moralina, hay que ser buenito, hay que ser no violento. ¡No, no, no! A ver ¿cómo la no violencia puede operar políticamente? Ésa era su preocupación. Se puede estar o no en desacuerdo, pero no se puede dejar de valorar la actitud humana y la entrega intelectual con que lo hizo.

En fin, algo de lo que estoy diciendo aquí en mis propias palabras, está mejor dicho en el volumen colectivo que estamos presentando y hay, en cierto sentido, de estas tareas pendientes una probadita en el libro. Una incitación. Un convocar a ver si fuéramos capaces de estar a la altura de este legado tan importante.

Y también hay fotos muy significativas, que lo muestran como el gentleman y el yogista que fue, elegante siempre. Así fuera de traje, de sport o casual —que no era nada casual— porque siempre estaba todo pensado para ver cómo se tenía que ver. Se ve que la estética también iba por ese lado.

Si tuviera que resumir en seis palabras su verdaderamente potencia aventurera, yo me atrevería a sugerir lo siguiente, Joaquín se atrevió a desafiar el academicismo ramplón. Atreverse a desafiar el academicismo ramplón con sus rutinas, sus "burocracias", "papelitis", "informitis" y todo lo demás, eso puede costar muy caro. Lo bueno es que aunque sea así, después de su fallecimiento, nuestro Centro y nosotros estemos haciendo este reconocimiento y ojalá fuéramos capaces de asumir estas tareas pendientes, las cuales él nos ha dejado como inmenso desafío.

 

NOTA

1 Intervención en la presentación del libro en la XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, Salón de la Academia de Ingeniería, 27 de febrero, 2010.