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Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos

versión impresa ISSN 1665-8574

Latinoamérica  no.50 México ene./jun. 2010

 

Reseñas

 

Enrique Dussel, Eduardo Mendieta, Carmen Bohórquez [eds.], El pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y "Latino" (1300–2000). Historias, corrientes, temas y filósofos

 

Roberto Mora Martínez*

 

México, CREFAL/Siglo XXI, 2009, 1111 pp.

 

* CIALC–UNAM

 

El trabajo coordinado por Enrique Dussel, Eduardo Mendieta y Carmen Bohórquez abarca algunos de los filósofos más importantes de América Latina y el Caribe, por lo que esta obra es importante para la historia de la filosofía latinoamericana.

La obra se compone de cuatro apartados fundamentales, cada uno de ellos subdivididos en acápites, empero, para dar una visión general de la obra, exponemos el título de cada uno de los apartados: 1) Periodos; 2) Corrientes filosóficas del siglo XX; 3) Temas filosóficos; 4) Filósofos y pensadores.

La primera parte, Periodos, se compone de tres épocas, la primera brinda un panorama de algunas filosofías de pueblos originarios, como lo son la náhuatl, la maya, la tojolabal, la quechua, la mapuche y la guaraní. Filosofías en las que se abordaron núcleos problemáticos universales, de acuerdo con las diversas culturas que han existido en la humanidad y las distintas narrativas racionales, que dan razones y fundamentos a través de los cuales se pueden explicar los fenómenos que aparecen en el nivel de esos núcleos problemáticos. De ahí que se considere que las formas de filosofar sean diferentes de acuerdo a las diversas culturas. Por ejemplo, respecto a la filosofía maya, Miguel Hernández apunta "el maya desarrolló su pensamiento por medio de su bek'tal (corporalidad); utiliza cada parte de su cuerpo para orientarse en el mundo" (p. 29). Por otra parte, Josef Estermann dice del pensamiento quechua que "tiene una racionalidad sui generis que se construye en torno a un concepto eminente, expresado por el término quechumara (quechua y aimara) pacha" (p. 37), que es polisémico, ya que implica a un universo ordenado en categorías espacio–temporales. Con base en la lectura sobre las diferentes concepciones de las filosofías indígenas, el lector puede enriquecer su pensamiento.

La segunda época de la primera parte, titulada "La filosofía colonial en la modernidad temprana", aborda el tema de la Conquista, invasión o como se le quiera denominar, a la llegada de los españoles a América. Por lo que comienza un filosofar entre los pensadores hispanos, quienes reflexionan a partir de la filosofía islámico–latina. Esto es desde la Escolástica, pero que no es medieval sino moderna. De allí que Enrique Dussel señale que "la manera más directa de fundamentar la praxis de dominación colonial transoceánica [...] es mostrar que la cultura dominante otorga a la más atrasada [...] los beneficios de la civilización. Este argumento, que está debajo de toda la filosofía moderna (desde el siglo XV hasta el XXI) lo esgrimió con gran maestría, por primera vez, Ginés de Sepúlveda" (p.57). Sin embargo, no todos los filósofos se dedicaron a pensar sobre la conquista, al cuestionar las críticas a la humanidad de los indígenas. Por ejemplo Walter Redmond abordó las características de los estudios sobre lógica en el virreinato. De los datos proporcionados por Redmond, destacamos la figura de Antonio Rubio, quien en su Lógica mexicana, explica cómo los científicos también empleaban la lógica, ya que ésta es "la construcción y el análisis como relaciones (compositorias) y sus conversas (resolutorias)" (p.91). Finalmente, la obra de Lógica de Rubio fue utilizada como texto de estudio en Europa, de ahí la gran importancia que se le debe conceder a los demás análisis de filosofía que se desarrollaron en nuestro continente.

En la tercera época, titulada "La filosofía ante la modernidad madura", se centra en la filosofía de la Ilustración, que significó el fin de la Escolástica de la primera modernidad y, por lo tanto, la novedad de una modernidad madura. Reseñar esta parte es una labor compleja debido a que los cerca de doce investigadores, que abordan el tema, destacan aspectos tan relevantes que es difícil reseñar las ideas, por lo que sólo atinamos a decir que se presenta un amplio recorrido de las corrientes de pensamiento que, del siglo XVIII al XIX, sirvieron para filosofar en América Latina, tales como la filosofía de la independencia, el pensamiento conservador, el romanticismo y el liberalismo, el krausismo, entre otras no menos importantes. Invitamos a que el lector consulte esta parte de la obra que es de una gran riqueza.

La segunda sección de la obra: "Corrientes filosóficas del siglo XX" presenta las diversas corrientes de pensamiento que se cultivaron en América Latina, como la antipositivista, la fenomenología, la analítica, la marxista, de la liberación y filosofía latinoamericana, el feminismo filosófico, se incluye el filosofar en Brasil, en el Caribe y la de los latinos en Estados Unidos, entre otras. De esta sección consideramos oportuno destacar que la práctica de todas ellas contribuyó a darle una rica e intensa orientación a la filosofía latinoamericana, por ejemplo el trabajo de Clara Jalife, quien hace un recorrido de la fenomenología y la filosofía existencial en la mayoría de los países de América Latina, tendencias que no se redujeron a una exégesis, debido a que "uno de los aspectos más fecundos se halla en la línea que resultó en la búsqueda de un pensamiento que se preguntaba por el ser de lo latinoamericano en general, o bien de acuerdo con los países donde estuvo presente esta preocupación" (p. 279). Por otra parte, el trabajo sobre la filosofía latinoamericana, escrito por Dante Ramaglia, se relaciona con ésta a través de la historia de las ideas. Para explicar esto, expone el trabajo sobre el romanticismo y el positivismo de Zea, con lo que logra comprobar "la singularidad de las ideas esgrimidas en el pasado, que conforma asimismo el motivo que guía el pensamiento latinoamericano contemporáneo" (p. 383).

En esta sección, aparece el trabajo de Francesca Gargallo, sobre "El feminismo filosófico", donde aborda el pensamiento de pensadoras y poetas como Sor Juana, Eli Bartra Muriá, Ofelia Schutte, Vera Yamuni, María del Carmen Rovira, etc., de quienes señala, al inicio del texto, que "en el límite entre filosofía y literatura y entre práctica militante y teoría se ubica la mayoría de las experiencias de la cultura de las mujeres latinoamericanas" (p. 418), cuyo pensamiento ha enfrentado la dificultad de ser aceptado por el pensamiento hegemónico de transmisión de saberes y de creación de ideas y de arte. Otro ejemplo de la riqueza del filosofar latinoamericano se encuentra en el trabajo de Ricardo Roíz "La filosofía ambiental", el cual destaca la importancia de entender los vínculos de los paisajes regionales con las culturas amerindias, trabajo iniciado por Rodolfo Kusch, quien elaboró una etnofilosofía comparada con base en el estudio de diversas culturas, con lo que pudo introducir el término geocultura, y se logró que la "geografía sudamericana deja[se] de ser vista a través de una perspectiva colonialista como un territorio virgen para ser conquistado y utilizado, y comienza, en cambio, a ser comprendida como un territorio donde los significados culturales estaban arraigados" (p. 436). De éstas y otras ideas, los filósofos latinoamericanistas se nutrirán para contribuir con ideas a la filosofía ambiental.

En la tercera sección, titulada "Temas filosóficos", se encuentran trabajos que abordan temáticas como la ética, estética, ontología y metafísica, filosofía de la historia, de la economía, de la pedagogía, la intercultural, el indigenismo, así como el pensamiento decolonial y el pensamiento filosófico del giro descolonizador, entre otros apartados. Para exponer algunas de las ideas aquí vertidas, elegimos dos "La filosofía de la historia", de Yamandú Acosta y "El indigenismo", de Héctor Díaz Polanco. Respecto al trabajo de Acosta, es importante señalar que este filósofo indica que en la filosofía de la historia en América Latina, se encuentran versiones alineadas con las teorías de los centros de poder, pero que también hay perspectivas no alineadas en la orientación dominante, por lo que "analítica y críticamente proceden a la reconstrucción de sentidos y a la deslegitimación de relatos impuestos desde los centros dominantes" (p. 568). Por este motivo Acosta presenta un compendio de las ideas de Bartolomé de Las Casas, Simón Bolívar, Andrés Bello, Sarmiento, Lastarria, Bilbao, Montalvo, José Ingenieros, entre otros actuales, Arturo Andrés Roig y Franz Hinkelamert. Expone de estos autores, la denuncia del eurocentrismo de la ciencia social, por lo que considera a la filosofía de la historia como la disciplina que permite el proceso de descolonización, debido a que es "el campo principal a través del cual pasa el proceso de liberación, ya que la historia es el relato de la libertad" (p. 580).

En relación con el trabajo de Díaz Polanco titulado "El indigenismo: de la integración a la autonomía", se señala un punto interesante desde el inicio "hay dos formas de entender el indigenismo: como noción de sentido común y como categoría teórico–política" (p. 647). Utiliza la segunda definición para significar las propuestas de los gobiernos latinoamericanos, para tratar de resolver los problemas indígenas sin contar con su participación. Actitud proveniente de una aplicación de las teorías integracionistas en las cuales Occidente está a la cabeza, por lo que las sociedades consideradas precapitalistas quedan en situación de inferioridad. De ahí que nos tengamos que esforzar en emparejarnos con los líderes de la civilización. Con esta base, analiza la teoría evolucionista, el funcionalismo y el relativismo cultural. Teorías que no resuelven el dilema de la autonomía de las culturas autóctonas. Por este motivo analiza las propuestas de pensadores como Manuel Gamio y Aguirre Beltrán, para posteriormente dar paso a un análisis del indigenismo etnicista, que permitió cuestionar la tendencia homogeneizadora de los gobiernos latinoamericanos, en favor de un pluralismo como criterio válido para desvanecer esa tendencia. El texto de Díaz Polanco termina con un sugerente análisis sobre el tema de la autonomía y la autodeterminación de los grupos originarios.

La cuarta y última sección del libro está destinada al estudio de la obra de filósofos y pensadores, que van desde filósofos prehispánicos a los de la independencia, se hace un recorrido de las distintas corrientes que se cultivaron en América Latina en las diferentes etapas de nuestra historia. De esta última parte, es muy complicado reseñar las ideas, debido a que es tan rico el número de pensadores estudiados que es muy difícil la selección de referencias. Sin embargo, toda reseña sirve para presentar un panorama de la obra. Por lo que desde este momento, ofrecemos disculpas a todos aquellos compañeros, amigos y profesores que no tuvieron cabida en nuestro trabajo. Pero estamos seguros que en otras reseñas e investigaciones se llevará a cabo dicha tarea.