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Signos históricos

versión impresa ISSN 1665-4420

Sig. his vol.19 no.38 México jul./dic. 2017

 

Reseñas

Arturo Taracena Arriola (ed.), La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia, Guatemala, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa/Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales- Universidad Nacional Autónoma de México/Instituto de Estudios Humanísticos-Cara Parens-Universidad Rafael Landívar, 2015, 230 p.

José Santos Hernández Pérez1 
http://orcid.org/0000-0002-0368-0190

1Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Posgrado en Humanidades, santosdemound@gmail.com

Taracena Arriola, Arturo. La primera guerra federal centroamericana, 1826-1829. Nación y estados, republicanismo y violencia. Guatemala: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales-Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Estudios Humanísticos-Cara Parens-Universidad Rafael Landívar, 2015. 230p.

La presente obra, editada por Arturo Taracena Arriola , es la suma de una serie de artículos presentados en el marco del XI Congreso Centroamericano de Historia, celebrado en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en agosto de 2012. Los autores expusieron sus ensayos en la mesa “La Guerra Federal de 1826-1829”, con la finalidad de aportar elementos novedosos a la historiografía centroamericana en torno al proyecto federal y construcción del Estado-nación en el istmo.

En este contexto se analizarán los seis ensayos que componen la obra. El primero, “¿Guerra estatal o guerra de ciudades? Movilización militar, recaudación y discurso político, 1826-1829”, elaborado por Pedro Taracena Arriola, explora algunos elementos que permiten conocer las incidencias político-sociales ocasionadas por la primera guerra federal en los grupos sociales involucrados.

Uno de los elementos referidos por el autor es la guerra civil ocurrida en Centroamérica tras su independencia en 1823, la cual fue protagonizada por las élites de los estados de Guatemala y El Salvador para definir su territorialidad, así como su posición política y económica dentro del proyecto republicano que se trataba de instaurar.

Como bien lo destaca Pedro Taracena, la manifiesta tensión entre los grupos de poder y el interés por dominar el aparato estatal alteró el orden social y el espacio donde se escenificó el teatro de acción. En este sentido, el objetivo estratégico-militar de ambos bandos era la ocupación táctica de las ciudades-capitales principales. El autor describe atinadamente el papel protagónico de la ciudad, a la cual llama locus, por desarrollarse ahí la vida social, económica, cultural, religiosa y política de la élite política dominante. Por tanto, tomar la capital del estado rival era sinónimo de triunfo, como ocurrió en 1829, cuando las fuerzas armadas de los aliados federalistas -encabezados por Morazán- tomaron la ciudad de Guatemala, con lo cual se dio término a la primera guerra federal centroamericana.

La descapitalización de las ciudades y el reclutamiento de personas para el sostenimiento de la guerra forman parte de los elementos que Pedro Taracena analiza y relaciona con el concepto de ciudadano, el cual tenía como base fundamental los principios sociales expuestos por los constituyentes de Cádiz en 1812: igualdad, derechos y deberes. Tales principios, como lo asienta Pedro Taracena, implicaron que los ciudadanos se sacrificaran por la patria mediante la financiación de la guerra y el alistamiento militar. Todo ello dentro de un marco legal, avalado por los congresos y jefes de Estado, quienes utilizaron todos los recursos a su alcance para el sostenimiento de la guerra y la victoria sobre su rival. Así, este ensayo nos invita a reflexionar acerca de los efectos que a mediano plazo tuvo la primera guerra federal, a la vez que nos permite entender cómo predominan las continuidades entorno a las rupturas.

El segundo de los ensayos es obra de Arturo Taracena Arriola. El historiador guatemalteco nos presenta su artículo con base en los actores o protagonistas principales de la primera guerra federal. Así surgió “La mirada de tres actores guatemaltecos sobre la Guerra Federal de 1826 a 1829: Montúfar y Coronado, Córdoba y García Granados. Reflexiones metodológicas sobre un conflicto armado”. Desde la perspectiva de estos autores, Arturo Taracena analiza y sistematiza la información referente a las actividades castrenses y sus repercusiones, dada a conocer por Manuel Montúfar y Coronado, José Francisco Córdoba y Miguel García Granados en sus obras acerca de la historia de la revolución en Centroamérica.

El texto de Arturo Taracena descubre una mirada distinta a la que nos presenta la historiografía tradicional, la cual analiza el proceso de la primera guerra federal como un enfrentamiento entre salvadoreños y guatemaltecos o entre liberales y conservadores. Este enfoque no convence del todo a nuestro autor, quien nos muestra su visión de los hechos desde la mirada de los actores implicados en el conflicto armado. Para ello resultó crucial el estudio que hace de las obras de Montúfar, Córdoba y García Granados, quienes dan testimonio no sólo de los acontecimientos que les tocó vivir, sino también de sus rivales (federalistas) y de ellos mismos tras la derrota del bando centralista, al cual pertenecían.

Con base en lo anterior, Arturo Taracena analiza los acontecimientos y dinámicas militares acaecidos durante la primera guerra federal (1826-1829), tomando en cuenta los espacios de acción y las faces en las que se desarrolló. De esta manera, el autor divide los espacios de guerra en cuatro etapas, detallando cada una de ellas y los resultados conseguidos, entre ellos la derrota o victoria del bando federal. Así, el testimonio de Montúfar, Córdoba y García Granados cobra vital importancia en este ensayo, en el entendido de que nos presentan la visión de los vencidos, así como el fracaso del proyecto federal y el inicio del éxito centralista como forma de gobierno.

El tercer ensayo trata elementos novedosos que no han sido tocados con profundidad en los estudios anteriores. Me refiero a la forma en la que se llevó a cabo la recaudación fiscal, el reclutamiento y los préstamos forzosos, exigidos a los guatemaltecos durante el transcurso de la guerra. Juan Carlos Sarazúa Pérez, autor de “Recolectar, gastar y reclutar en tiempos de guerra: finanzas públicas y servicio militar indígena en Guatemala durante la Guerra Federal de 1826 a 1829”, explica cómo los ritmos que marcaron los procesos de recaudación fiscal influyeron en la fragmentación de la sociedad civil, la cual expresó su descontento hacia las autoridades de Guatemala, encabezadas por el Ejecutivo Federal.

Sarazúa abre la discusión señalando la forma y capacidad con la que se llevó a cabo la recaudación por parte de las autoridades municipales de Guatemala. Para esto, efectuó un balance de las finanzas del estado que nos permite entender las motivaciones que conllevaron al cobro excesivo de impuestos, préstamos y contribución directa. Expuestas por el autor, las estadísticas indican que la región central de Guatemala fue la que aportó mayores recursos a la federación, y la élite local cargó con el peso de la exigencia económica.

Esto causó molestia y disgregación social, tal como sucedió con el alistamiento militar, que suscitó tensiones sociales en la ciudad de Guatemala. Sarazúa Pérez explica cómo fue el proceso de reclutamiento militar en Guatemala, los sectores convocados y las características que debían reunir los candidatos, según lo estipulado en la Constitución Política de 1825, la cual establecía la formación de una Fuerza Armada integrada por tropas de todos los estados.

La política de reclutamiento, analizada por Sarazúa, plantea la incorporación del indio al ejército federal. El autor puntualiza que la creciente amenaza de ocupación de la ciudad de Guatemala, por parte de las tropas salvadoreñas, llevó a ciertos líderes políticos, como Francisco de Córdoba, a proponer el alistamiento de los indígenas. Entre los resultados conseguidos a mediano plazo estaba contribuir al proceso de civilización y adiestramiento de los indígenas, quienes tuvieron la posibilidad de hacer valer sus derechos e interactuar con otros sectores sociales en torno a un objetivo común: la defensa del estado.

En el siguiente ensayo, “Apuntes socioeconómicos sobre la Guerra Federal de 1826 a 1829: la experiencia salvadoreña en clave regional”, Clara Pérez Fabregat estudia -territorialmente hablando- el caso de la región oriental del estado de El Salvador. La autora se plantea llevar acabo un examen de la primera guerra federal centroamericana, con énfasis en las implicaciones socioeconómicas del conflicto armado y en el proceso de construcción del estado salvadoreño como entidad autónoma de la federación. En este sentido, el artículo parte del supuesto de que la guerra originó cambios sustanciales en la configuración política y territorial de la región oriental de El Salvador, en especial de San Miguel, el cual se convirtió en el territorio que aportó mayores recursos económicos, materiales y humanos al estado salvadoreño.

De acuerdo con lo anterior, Pérez Fabregat divide su texto en dos bloques. El primero centrado en la guerra entre los estados de Guatemala y El Salvador, en las causas que la originaron y en las características del conflicto: duración, espacios y escenarios concretos de combate. Asimismo, analiza a los actores sociales involucrados, así como la formación de grupos militares y el reclutamiento. Para la autora, la disputa económica y política, sostenida en el plano institucional por los líderes centralistas y federalistas, fue el detonante de la guerra civil en Centroamérica, la cual se desarrolló en dos escenarios: el “frente occidental” (Guatemala y El Salvador) y el “frente oriental” (El Salvador y Honduras).

Las exigencias de la guerra hicieron necesario el reclutamiento de soldados en ambos estados antagónicos; en Guatemala se siguió el sistema de bandera, el forzoso y el de cupos, mientras que en El Salvador se escogió a un hombre por cada cien. En cuanto al reclutamiento y participación de los indígenas en la guerra, Pérez Fabregat señala que muy pocas veces eran utilizados en combate, debido a su desconocimiento en armas y estrategia, por lo que su papel fue de mano de obra secundaria.

Respecto al segundo bloque, Clara Pérez Fabregat analiza la situación financiera de la hacienda pública del estado salvadoreño, así como a los sectores y provincias que contribuyeron a financiar la guerra contra los guatemaltecos. La autora señala que las leyes y el procedimiento con los cuales se condujo la Hacienda bajo el gobierno aliado estaban predeterminados por las necesidades de la guerra, acontecimiento que acaparó los más de los fondos fiscales del erario público.

Ahora bien, el análisis de la estructura hacendaria permite conocer los componentes fiscales con los que se financió la guerra, los cuales salieron de contribuciones y empréstitos forzosos o voluntarios, así como de las rentas federales: alcabalas, tabaco, papel sellado y añil. De acuerdo con la autora, el rubro de contribuciones y empréstitos fue el que causó mayor impacto en la población civil salvadoreña, la cual expresó su molestia al gobierno por la excesiva carga económica impuesta y por la obligación de tomar las armas.

Un ensayo más de esta obra es el elaborado por Pablo Augusto Rodríguez Solano, titulado: “Aislada y en absoluta orfandad’, Costa Rica y la Guerra Civil Centroamericana (1826-1829)”. En éste se estudia la región costarricense y su participación en la primera guerra federal, pues, de acuerdo con el autor, el tema no ha sido analizado lo suficiente por la historiografía local, la cual se ha centrado más en los resultados de la guerra y en la formación de un discurso identitario o de aislamiento. A partir de lo anterior, Pablo Augusto Rodríguez analiza problemas que los estudiosos de la primera guerra federal han pasado por alto, como la influencia del conflicto armado en la creación de un discurso político y la intervención militar de Costa Rica.

Para desarrollar su investigación, Rodríguez Solano plantea tres momentos que definen la participación de Costa Rica en la primera guerra federal: el primero es la intervención de los diputados costarricenses en el Congreso de la Federación; el segundo es la participación de Manuel Aguilar en las negociaciones de paz entre los bandos implicados en la guerra, y el tercero se refiere al mandato del gobierno de Costa Rica de enviar un batallón de 200 hombres a Guatemala.

Según Rodríguez Solano, el resultado de la intervención político-militar en Costa Rica fue la separación de este país de la República Federal. Aunque en el ámbito administrativo seguían dependiendo de la República, los costarricenses hicieron momentáneamente uso de su soberanía y cumplieron la amenaza del gobierno de convertirse en estado autónomo de la Federación. El autor afirma que este aislamiento no era porque así lo quisieran los costarricenses, sino por la necedad de los estados de dominar el aparato de gobierno a costa del progreso de la nación.

Siguiendo con esta línea espacial y temporal, el último de los trabajos gira en torno al contingente militar enviado por el gobierno de Costa Rica para engrosar las tropas federales. En su investigación “Al servicio de la Federación: el Batallón ligero de Costa Rica en la Guerra Civil Federal, 1826-1827”, Esteban Corella Ovares reconstruye en dos bloques el escenario de guerra en el que participó la tropa costarricense. El primero describe el proceso de reclutamiento y adiestramiento de la tropa levantada en Costa Rica, mientras que el segundo analiza a este contingente armado en el campo de batalla. Ambos aspectos nos permiten comprender cuál era el sistema de alistamiento utilizado y la relación del gobierno federal con el estatal.

Así, Corella Ovares menciona que el reclutamiento de ciudadanos en Costa Rica era un procedimiento legal, enmarcado en el artículo 119 de la Constitución, el cual establecía la formación de un Ejército Nacional compuesto por hombres de cada estado miembro de la Federación. Con base en este reglamento, el gobierno federal solicitó al costarricense el alistamiento de cien hombres y su preparación, tarea que correspondió a las autoridades municipales que aplicaron un criterio despreocupado para seleccionar a los candidatos y cumplir con el cupo asignado al país. Dicho criterio, explica Corella Ovares, fue el de “enganches voluntarios” y reclutamiento de vagos, delincuentes y mal entretenidos.

El otro tema que le interesa explicar es el que corresponde a la participación del ejército costarricense en el campo de batalla. Bajo el nombre de Batallón ligero de Costa Rica, el contingente de 138 soldados partió a Guatemala a cumplir el servicio asignado por la Federación de resguardar la ciudad. Sin embargo, cuando inició el conflicto, el Batallón de Costa Rica participó en el arresto del jefe de Estado de Guatemala. El suceso no es confirmado por el autor, quien deja abierta la posibilidad de la acción del ejército que en esos momentos se encontraba en servicio. Lo que sí resulta claro para Corella Ovares es la intervención del Batallón ligero en los primeros enfrentamientos entre las huestes aliadas de El Salvador y de Guatemala, cuyo saldo fue de 23 bajas de soldados costarricenses y otro número menor de desertores.

La posición del gobierno de Costa Rica respecto al papel que desempeñó el Batallón ligero en la guerra era neutral. Sin embargo, a lo largo del texto, el autor deja ver la participación activa de este cuerpo de milicia como aliado del Ejército Federal, relación que llegó a su fin en 1827 cuando el gobierno de Costa Rica ordenó a los supervivientes de la guerra regresar a San José.

Después de analizar los ensayos que componen la obra, llego a la conclusión de que los trabajos expuestos son material valioso para comprender los elementos que conllevaron al estallido de la Primera Guerra Federal en Centroamérica. Los intereses políticos, económicos y territoriales de los dos bandos antagónicos -centralistas y federalistas- definieron la fisionomía de los estados como naciones independientes y soberanas. Desde esta perspectiva, es posible observar coincidencias analíticas y metodológicas de los autores, entre ellas la temporalidad, el espacio, el contexto y las fuentes consultadas, lo cual sin duda abre un parteaguas historiográfico en la manera de estudiar la primera guerra federal centroamericana y sus componentes políticos, militares y sociales.

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