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Signos históricos

versión impresa ISSN 1665-4420

Sig. his vol.15 no.29 México ene./jun. 2013

 

Artículos

 

Entre la universalidad y la región. La revista Occidente, 1944-1945

 

Between Universality and Region. The Journal Occidente, 1944-1945

 

Jesús Iván Mora Muro*

 

El Colegio de Michoacán. * jimmu@hotmail.com

 

Recepción: 28/09/2011;
Aceptación: 20/01/2012.

 

Resumen

En este artículo se analiza la revista Occidente, surgida en la Ciudad de México durante los años 1944 y 1945, haciendo énfasis en el papel que desempeñó como representante de un pensamiento universalista, pero, paradójicamente, a un mismo tiempo regionalista. Se destaca la participación de autores jaliscienses en la formación de la publicación, así como las líneas temáticas que éstos le imprimieron. Entre los colaboradores de Occidente se encontraban Agustín Yáñez, José Guadalupe Zuno, Emmanuel Palacios, José Clemente Orozco, José Luis Martínez, Mariano Azuela, José Cornejo Franco, entre otros. Los temas y preocupaciones de la revista se centraron en el pensamiento griego; en la cultura filosófica y literaria europea; en la historia y literatura regionales, principalmente la jalisciense, y en acontecimientos internacionales como la Segunda Guerra Mundial.

Palabras clave: Jalisco, Universalismo, Regionalismo, El Centro Bohemio, Bandera de Provincias.

 

Abstract

In this article the journal Occidente, which appeared in Mexico City between 1944-1945, is analyzed giving emphasis to the role it played as representative of a universalist thought yet, paradoxically, regionalist at the same time. We emphasize the participation of authors from Jalisco in the formation of the journal and the theme lines they printed in it. Among the collaborators of Occidente we can find Agustín Yáñez, José Guadalupe Zuno, Emmanuel Palacios, José Clemente Orozco, José Luis Martínez, Mariano Azuela, José Cornejo Franco, along with others. The subjects and worries of the review were centered in the Greek thought; philosophical and literary European culture; regional history and literature —mainly from Jalisco authors—, and in the world main events like World War II.

Key words: Jalisco, Universalist, Regionalist, El Centro Bohemio, Bandera de Provincias.

 

Introducción

Durante las últimas décadas, en México se han incrementado las investigaciones que analizan revistas literarias y culturales durante los siglos XIX y XX desde un enfoque historiográfico.1 La historia intelectual y literaria, con todos los campos que estas disciplinas incluyen, se ha interesado en las publicaciones periódicas que son un espacio privilegiado para conocer a los grupos y los vínculos que los intelectuales consolidan en el mundo de las letras y las artes, pero también, para conocer "velados arrepentimientos, desafectos, fobias u abjuraciones" que los autores manifiestan cuando se unen a un grupo literario.2

Un mirador prácticamente olvidado por la historiografía contemporánea es el caso de la revista Occidente. Ésta fue una publicación bimestral que surgió en la Ciudad de México durante noviembre de 1944 y que permaneció en el mercado cultural hasta octubre de 1945, año en el que salió a la venta el sexto y último ejemplar.

El formato de la revista era en tamaño y en diseño muy similar al de un libro, ya que algunos tomos llegaron a contar con 170 páginas. Occidente se componía de una sección general de ensayos en donde se presentaban temas diversos de literatura, política y filosofía. También contaba con dos apartados que complementaban número a número el contenido cultural: "Plástica" en el que, como su nombre lo indica, se reproducían trabajos pictóricos de reconocidos artistas, y "Dynamo" un suplemento cultural de noticias.3 El precio por ejemplar era de tres pesos, es decir, más económica y accesible al público que otras publicaciones de similar tamaño y calidad, como Cuadernos Americanos4 que costaba cinco pesos, o Ábside, Revista de Cultura Mexicana5 cuyo valor era de seis pesos.

La revista cultural se caracterizaba por integrar ensayos que exigían un mayor número de páginas que el comentario periodístico y buscaban ofrecer mayores alternativas que lo puramente literario: poesía, cuento y novela. Dicho de otra manera, los ensayos filosóficos, literarios y de teoría política fueron más y más recurrentes en las publicaciones desde la década de 1930, superando, de esta manera, a la revista literaria de finales del siglo XIX y principios del XX.

Pese a su breve tiempo de vida, Occidente es una muestra significativa de las propuestas culturales que permeaban al México de la década de 1940. La revista se publicaba en la Ciudad de México, con sede en Motolinia número 8; sin embargo, tanto el patronato como el consejo editorial eran, en su gran mayoría, jaliscienses.

Así, en primer lugar, en este artículo analizo la conformación de la revista Occidente bajo la influencia de dos generaciones de gran peso en Jalisco durante la primera mitad del siglo XX: la de El Centro Bohemio y la de Bandera de Provincias. Como segundo aspecto, sostengo que hacia la década de 1940 los intelectuales mexicanos intentaron la construcción de un proyecto cultural de alcances mundiales que superaría las discusiones nacionalistas de las décadas anteriores.

Estas discusiones aparecieron inicialmente en la polémica que se suscitó en 1932 entre dos bandos: los que defendían un nacionalismo cultural, como Ermilo Abreu Gómez y Héctor Pérez Martínez, y los que proponían una alternativa más universalista o cosmopolita, principalmente la generación de los Contemporáneos y Alfonso Reyes.6 Es claro que la revista Occidente, más que exaltar "lo nacional", se avocó a la región como una de las manifestaciones de la cultura universal. Por esta razón sus propuestas literarias no buscaron continuar la clásica dicotomía entre el nacionalismo y el universalismo, sino que la superaron del todo.

Se argumenta que de un americanismo antiimperialista, antiestadounidense y centrado en lo autóctono —manifiesto durante las décadas de 1920 y 1930—, se pasó a una concepción de América unificada, la cual figuraría, en un futuro próximo, como semillero de intelectualidad, cultura y civilización, tras el derrumbe y destrucción del mundo europeo después de la Segunda Guerra Mundial. En este proceso, la revista Occidente fue una pieza más en el establecimiento de un universalismo cultural; sin embargo, paradójicamente no se olvidaron de Jalisco, su patria chica —o matria como diría Luis González y González—. En otras palabras, la publicación abanderó un pensamiento que se posicionó sin conflicto aparente entre el universalismo y el regionalismo.

 

EL GRUPO JALISCIENSE DE OCCIDENTE

El patronato de la revista Occidente estuvo conformado por los políticos jaliscienses Jesús González Gallo (1900-1957) y Miguel Moreno Padilla.7 En el consejo editorial encontramos al novelista Mariano Azuela (1873-1952); al historiador, bibliógrafo y colaborador de las revistas Bandera de Provincias (1929-1930) y Campo (1930-1931), José Cornejo Franco (1900-1977); al escritor Francisco González Guerrero (1889-1963); al poeta Enrique González Martínez (1871-1952); al también colaborador de Bandera de Provincias, Enrique Martínez Ulloa; al pintor José Clemente Orozco (1883-1949); al ensayista regiomontano Alfonso Reyes (1889-1959), quien por esos años fungía como presidente de El Colegio de México; a los compositores José Rolón (1883-1945) y Manuel M. Ponce (1882-1948); al novelista Agustín Yáñez (1904-1980), y al político y escritor José G. Zuno (1891-1980).

El director de la revista fue Salvador Gálvez, personaje alejado del ámbito literario, ya que destacó más como político que como escritor;8 Emmanuel Palacios fungió como secretario,9 y el director de publicaciones fue Agustín Yáñez, quien, además de su faceta de escritor, destacó por su carrera política.10

En la revista Occidente, la alianza política se logró mediante las conexiones que Yáñez consolidó con el también jalisciense Jesús González Gallo, quien nació en Yahualica, donde cursó las primeras letras, posteriormente estudió Derecho en Guadalajara y se tituló en 1923. Fue senador (1934-1940) y en 1939 creó el "Comité pro Ávila Camacho" para apoyar la candidatura del general para las elecciones de 1940. Después, seguramente en reconocimiento por dicha labor, fue nombrado Secretario Particular del Presidente de la República y en 1947 tomó el cargo de gobernador de Jalisco.11 Durante este último periodo como servidor público, concretamente como Secretario Particular del Presidente, apareció la revista.

En la publicación, el apoyo al régimen avilacamachista no fue obvio, sin embargo, no podemos pasar por alto estas manifestaciones de la cercanía de Occidente con el gobierno en turno. Es significativo que a la toma de posesión de González Gallo como gobernador del estado de Jalisco asistió el presidente de la República Miguel Alemán Valdés, quien fuera ex-secretario de gobernación de Ávila Camacho. Para algunos autores, esto significó la entrada definitiva de Jalisco en las nuevas posiciones más moderadas del nacionalismo revolucionario en oposición al Cardenismo.12

Lo cierto es que la revista Occidente es una fuente privilegiada para conocer las alianzas que se iban gestando entre la intelectualidad y el sector político, es decir, la consolidación del grupo que se perfilaba como firme poseedor del poder en Jalisco, con Jesús González Gallo y Agustín Yáñez como gobernadores del estado entre 1947 y 1958.

En 1946, cuando la revista Occidente había dejado de circular, Yáñez publicó un texto titulado Yahualica Etopeya, trabajo que, según sus expresas intenciones, preparó para mayor realce de las obras de carácter "material y moral" que había impulsado González Gallo en la región jalisciense, cuando todavía fungía como Secretario Particular de la Presidencia de la República. En palabras de su autor, dos objetivos motivaron aquella obra: primero, el antiguo deseo de consagrar un libro al genio y la figura de Yahualica; segundo, la gustosa obligación de responder al ejemplo constructivo de Jesús González Gallo, a quien con estricta justicia debía llamarse "joven patriarca del pueblo". Aquella tarea "emprendida por el entusiasmo de un hombre", según Yáñez debía ser tomada como "una cátedra nacional" en la que se demostrara cuánto podían hacer "en beneficio público quienes alcanzan el poder".13

Como se puede constatar, el grupo de Occidente se caracterizó por su marcada politización y por estar integrada por destacados miembros de la intelectualidad jalisciense de la primera mitad del siglo XX. Tanto el director de la revista como el patronato se destacaron como políticos en el occidente mexicano; asimismo algunos miembros del consejo editorial conjugaron la creación literaria y las artes plásticas con el ejercicio público. Como ya se advirtió, dos generaciones o grupos fueron pieza clave en la conformación de Occidente: El Centro Bohemio y la revista Bandera de Provincias.

 

EL CENTRO BOHEMIO Y BANDERA DE PROVINCIAS

Los vínculos entre el arte y el poder político en México durante la primera mitad del siglo XX son aspectos que explican, de manera general, el establecimiento del régimen posrevolucionario como una fuerza unificadora entre los intelectuales y el Estado. Con el gobierno obregonista se estableció notoriamente un proyecto cultural de tintes nacionalistas. José Vasconcelos, designado ministro de la Secretaría de Educación Pública durante el periodo de 1921-1923, fue uno de los grandes animadores de este renacimiento de las artes y las letras. Además del diseño de programas educativos y la reproducción masiva de los grandes clásicos del pensamiento universal, el movimiento vasconcelista fomentó la producción de imágenes pictóricas desarrolladas por muralistas y pintores de todos los rincones del país.

La estrecha relación entre el Estado y la cultura dio como resultado la alianza política del sector intelectual con el gobierno. David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Gerardo Murillo "Dr. Atl", Roberto Montenegro, Jorge Enciso, Gabriel Fernández Ledesma, Xavier Guerrero, Fermín Revueltas, entre otros, fueron los artistas más influyentes en la elaboración de obras cuyo fin primordial fue crear la representación de "la mexicanidad" en un sentido práctico y popular. En general, este plan educativo-artístico impulsó un desarrollo social y el conocimiento de las culturas indígenas como raíces identitarias.14

En este contexto artístico y político se desarrolló José Guadalupe Zuno, líder e importante animador del grupo artístico denominado El Centro Bohemio. Zuno nació en La Barca, Jalisco, e inició sus estudios en Guadalajara. Hacia 1908, "precisamente en los días en que la sucesión presidencial conmovía a la opinión pública", fue expulsado del Liceo de Varones junto con otros estudiantes como Rafael Buelna (1890-1924)15 por intervenir en "un mitin escandaloso" que apoyaba al general Bernardo Reyes.16

En ese tiempo, el escritor Heriberto Frías (1870-1925),17 quien había sido expulsado de Sinaloa, se trasladó hacia la Ciudad de México para dirigir El Constitucionalista, periódico que mostraba un franco apoyo a Madero y cuyo gerente era Rafael Martínez (1881-1949).18 Invitados por ellos dos, Zuno y Buelna aceptaron participar en dicho diario. Una vez establecidos en la capital, el pintor jalisciense entró en la Academia de San Carlos, donde se encontró con sus "amigos y paisanos" José Clemente Orozco (1883-1949) y José de Jesús Ibarra.19

Estos dos últimos tenían un estudio al aire libre en Xochimilco, en el que Alfredo Ramos Martínez (1875-1946)20 era el director y animador del grupo, "mientras llegaba de Europa el verdadero jefe" que era Gerardo Murillo, el "Dr. Atl" (1875-1964). Gracias al contacto con esta asociación, José Guadalupe Zuno afianzó una estrecha amistad con los artistas plásticos David Alfaro Siqueiros (1896-1974), Juan Fernando Olaguíbel (1896-1971),21 Rufino Tamayo (1899-1991) y Clemente Islas Allende (1892-1958).22

Después del triunfo maderista, Zuno regresó a Guadalajara, donde siguió practicando sus actividades artísticas, principalmente la caricatura. Durante 1912, junto a los pintores Carlos Sthal (1892-1984) —quien había regresado de Europa en esos días— y Xavier Guerrero (1896-1974)23 —recién llegado a Jalisco— decidió establecerse en un taller en la calle Tolsá (actualmente Enrique Díaz de León).24 Éste fue el nacimiento de El Centro Bohemio (1912-1918), organización cultural fundamental en el desarrollo de las artes en Jalisco.

Además de los ya mencionados, los miembros iniciales de este grupo artístico fueron Juan Antonio Córdova (1891-1920),25 Alfredo Romo, Joaquín Vidrio, Ramón Córdova; después se les unirían Ixca Farías (1874-1948), José Luis Figueroa, Amado de la Cueva (1891-1926), Carlos Orozco Romero (1898-1984), Enrique Díaz de León (1893-1937),26 Agustín Basave (1886-1961)27 y David Alfaro Siqueiros.28

En opinión de Zuno, El Centro Bohemio no se concibió como una asociación cultural local sino que buscó la colaboración de artistas y escritores de toda la República, como Diego Rivera o el novelista Heriberto Frías. El objetivo principal fue promocionar las tendencias de vanguardia en lo que a pintura se refiere, pues en general las artes plásticas tenían más importancia que la literatura y la música. Es notable que después de la disolución del Centro en 1918, su influencia continuara todavía varios años después. Por ejemplo, en 1919, por iniciativa de Agustín Basave y de sus discípulos, José Cornejo Franco, J. M. Chávez, Jesús Aguilar Villaseñor y David Flores, fue fundada la sociedad literaria "Enrique González Martínez", la cual logró canalizar las nuevas tendencias poéticas en el contexto jalisciense.29

Son notables los vínculos que estableció Zuno en el campo cultural-intelectual durante la década de 1920: estableció amistad con Diego Rivera, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet y Julio Torri como parte del movimiento liderado por José Vasconcelos.30 Los acuerdos con intelectuales cercanos al Estado, en conjunción con su carrera política, hicieron de Zuno uno de los actores sociales más influyentes en el Jalisco posrevolucionario.

Después de haber sido dos veces diputado en el Congreso de la Unión —la primera vez representando a Guadalajara y la segunda a La Barca— en 1921 ganó las elecciones municipales de Guadalajara y al año siguiente las de gobernador del estado. Sus compañeros del Centro Bohemio, los primos Manuel Martínez Valadez y Antonio Valadez Martínez, fueron un apoyo importante en su trayectoria política: "Todos estábamos ya en lugares prominentes. Manuel era el diputado local de Arandas y Antonio, senador por Jalisco".31 Fue durante su mandato como gobernador de Jalisco (1923-1926) cuando llamó a David Alfaro Siqueiros, Amado de la Cueva32 y Xavier Guerrero para que pintaran algunos murales en la recién inaugurada Universidad de Guadalajara (1925) —fundada por él mismo— y en su residencia personal.33

En general, su mandato como gobernador de Jalisco se caracterizó por su anticlericalismo y sus políticas agrario-sindicales.34 Sin embargo, pese a sus conflictos con la Iglesia, llevó muy buenas relaciones con Efraín González Luna y Agustín Yáñez, ambos muy cercanos al catolicismo.35 Es claro que las relaciones entre los actores culturales van más allá de la cercanía ideológica.

Zuno fungió como punto de unión entre la generación de El Centro Bohemio y la de Bandera de Provincias, pero, además, no debemos pasar por alto los vínculos que logró consolidar con algunos miembros del Ateneo de la Juventud y el grupo de los Contemporáneos, los cuales se ven reflejados en los textos de la revista Occidente y muestran la manera en que se consolidó una relación de más de 20 años.

Hacia finales de la década de 1920, tras el paulatino rezago que el centralismo mexicano le había impuesto, la ciudad de Guadalajara permanecía a la sombra cultural de la capital. La revista Bandera de Provincias (1929-1930) fue una de las primeras iniciativas literarias para sacar del "marasmo y silencio" a las provincias de México.

Con la colaboración de Esteban A. Cueva, Alfonso Gutiérrez Hermosillo, José G. Cardona Vera y Emmanuel Palacios, Agustín Yáñez fundó la publicación, movido por el interés de descentralizar la cultura y romper el aislamiento de los escritores de Jalisco y de otras regiones del país. La revista se enmarcaba en una tendencia de vanguardia que impactó a publicaciones como México Moderno (1920-1923), Antena (1924), Ulises (1927), Forma (1926-1928), Contemporáneos (1928-1931) y Examen (1932). La reflexión característica de la época estuvo marcada por una dicotomía entre lo nacional y lo universal que impactó todos los campos: literatura, ensayo, plástica y música.36

Es notorio el papel "universalista" de Bandera de Provincias como divulgadora de la prosa de Kafka, Claudel y Joyce en las traducciones de Efraín González Luna.37 La publicación también tuvo una marcada cercanía con la revista Contemporáneos, con la cual compartía algunas preocupaciones literarias y colaboradores, como: Genaro Estrada, Bernardo Ortiz de Montellano, Gilberto Owen, Xavier Villaurrutia y Carlos Pellicer. En opinión de Agustín Yáñez, algunos de sus modelos fueron Gaceta Literaria, Revista Española de Madrid publicada por Jiménez Caballero, y Revista de Occidente de Ortega y Gasset.38

Bandera de Provincias estaba dividida en las siguientes secciones: "Índice" y "Examen de libros" (reseñas); "Noticias" y "Puntos y Rayas" (secciones culturalinformativas) y "Provincias de México", que, como su nombre lo indica, se conformaba de artículos que revaloraban las diversas tradiciones de los estados y regiones de México.39

La central de operaciones de la revista tapatía estaba instalada en el edificio Mosler, donde tenían su estudio los pintores José Guadalupe Zuno, Rubén Mora Gálvez, Jesús Guerrero Galván, Antonio Servín, Raúl Anguiano y el ensayista Enrique Martínez Ulloa, quien, a un mismo tiempo, era la conexión con "el grupo Ovoide", que tenía su sede en el Museo del Estado y cuyo presidente era el pintor Ixca Farías. A este grupo acudían el escultor León Muñiz, los pintores José Vizcarra, Francisco Sánchez Guerrero, Diego Rivera, el "Dr. Atl", Roberto Montenegro, entre otros.40

Otros colaboradores asiduos eran José Arriola Adame, Guillermo Gómez Arana, Efraín González Luna, Agustín Basave, Antonio Gómez Robledo y José Cornejo Franco. Gran parte del grupo de Bandera de Provincias estuvo claramente presente en la conformación de Occidente y, sin lugar a dudas, le transfirió su espíritu regional, pero a un mismo tiempo universalista.41

 

OCCIDENTE: MUNDO Y REGIÓN

Desde el primer número (noviembre-diciembre de 1944), como es costumbre, el consejo editorial advirtió los motivos y fines de la publicación. Para la revista, el Occidente significaba a un mismo tiempo "el gran mundo que viene de Grecia", pero también "la pequeña patria litoral", lugar progenitor donde se incorporaron "al espíritu clásico" y donde la República tenía "un alto faro de universalidad", es decir, el estado de Jalisco. Después se hizo un llamado a reconocer el papel de la región occidental americana como digna receptora de la cultura europea:

En esta hora de optimismo americano y de incertidumbre por las viejas provincias de la cultura occidental, conviene revivir más frecuentemente la memoria de lo que debemos de Europa, los orígenes milenarios de la utopía de América [...] meditación que no ha de negar ni desconocer lo nuestro, sea por naturaleza o por historia; ni renunciar a la entrañable aspiración de personalidad; aspiración y empresa cuyo testimonio se nos da en Occidente.42

Definitivamente fue una exigencia de la publicación incluir entre sus propuestas temáticas el pensamiento occidental, es decir, la filosofía y literatura griega, el humanismo, así como estudios sobre los autores europeos más representativos de aquellos años: Henri Bergson, Paul Valéry, Romain Rolland, entre otros. Respecto a la filosofía griega, Alfonso Reyes presentó un texto sobre Aristóteles y su mundo;43 Peter Frank de Andrea44 estudió en los clásicos el concepto de "gobernante";45 y Werner Jaeger (1888-1961) participó con un capítulo (traducido por el filósofo mexicano Wenceslao Roces) de su conocida obra Paideia.46 El concepto de humanismo fue abordado por Manuel Alcalá (1915- ?),47 que en síntesis se definía como "el deseo de ser hombre en perfección y en totalidad".

Esta definición, en general, no contrastaba con la que tenían la mayoría de los estudiosos del pensamiento grecolatino de la primera mitad del siglo XX. Aunque se pensaba que los periodos más importantes del Humanismo occidental fueron la etapa griega y el Renacimiento, se argumentaba que el Humanismo era "trascendente a todas las culturas particulares" y que había existido desde que el hombre era hombre. En consecuencia se creía en "un Humanismo eterno".48

El "occidente mexicano" también tuvo un papel preponderante, en particular se presentaron las historias de los hombres y los pueblos jaliscienses. El ex colaborador de Bandera de Provincias, Enrique Martínez Ulloa, escribió sobre la ciudad de Guadalajara de una manera literaria que buscaba describir los pormenores de la vida urbana:

Guadalajara es otoñal y a la vez femenina [...] De un feminismo combativo, a compás con el siglo, que suprimido la nota de virilidad fragorosa de los tranvías, sólo tolera los ómnibus [...] y los automóviles blandos, lentos a quienes la ciudad ha involucrado una especie de velada cortesía que mana también de gentes y de cosas. Reconoce sin reservas el derecho de vida a los peatones y les concede gentilmente la preferencia al cruzar bocacalles.49

El aspecto religioso de los pobladores de la "perla tapatía" también fue destacado por el autor, sin embargo, para él, éstos se encontraban en un estado de atraso porque estaban fuera de las "nuevas tendencias religiosas" que postulaban que las creencias espirituales eran "producto de la cultura" y no para que las practicaran "únicamente mujeres y niños".50 En primer lugar, entiéndase por cultura los aspectos intelectuales y de conocimiento que el hombre adquiere con base en el estudio y la instrucción; por eso el catolicismo practicado por los tapatíos requería modernizarse —por decirlo de alguna manera— y superar esa religiosidad tradicionalista que caracterizaba a la sociedad jalisciense.

En opinión de Martínez Ulloa, Guadalajara —dentro del panorama nacional y en relación con el destino de la cultura— estaba llamada a jugar un papel preponderante en el ámbito de las letras y la filosofía.51 Por eso, para él, la religión practicada de manera tradicionalista debía ser uno de los aspectos que superaron nuevas generaciones, caracterizadas por su mayor educación.

Por su parte, Agustín Yáñez, con la agilidad narrativa que le caracterizaba, de manera optimista enfatizó que Jalisco era "provincia rectora del espíritu mexicano".52 El medio físico, sin llegar al determinismo geográfico, era un factor importante "en la forja del espíritu" jalisciense:

Jalisco expone y hunde su costado en las aguas del gran océano [...] los valles van sucediéndose sin monstruosas dilataciones [...] no es un país lujurioso ni de ilimitadas riquezas. Predomina el agro, que da para vivir cómodamente; pero con esfuerzo, y este no desmedido [...] Tierras de temporal, ofrecen sobrios paisajes, tirando hacia lo árido en las postrimerías del otoño, en el invierno y hasta el principio de las aguas; pero nunca falta la verdura de árboles como puntos de referencia y acotación. Ignoramos el desierto.53

Estas características del entorno, en palabras de Yáñez, del "temple de la naturaleza", habían logrado moldear el carácter del habitante de Jalisco: ni tropical ni frío. El jalisciense, para el autor, era hombre de síntesis. "El primado agrícola lo arraiga y lo hace tradicionalista, pero si logra convencerse que lo nuevo es mejor, no resiste al cambio: en efecto, Jalisco ha sido el plantel de las inteligencias reformistas decisivas en la historia nacional".54 Aunque Yáñez no explicó quiénes eran esas inteligencias, seguramente se refería a los reformadores del siglo XIX como Valentín Gómez Farías, Manuel López Cotilla, Mariano Otero, Ignacio Luis Vallarta, entre otros. Sobre Prisciliano Sánchez, primer gobernador constitucional del Estado, mencionó que "fue una de las mentes más lúcidas de su tiempo, como lo revelan su obra y sus escritos, entregados lamentablemente a incuria y olvido".55

En cuanto a la vida y obra de los intelectuales jaliscienses, la revista Occidente fue una fuente en donde se revaloró a los autores consolidados y se dieron a conocer nuevas promesas. A manera de homenaje, los trabajos del poeta Alfonso Gutiérrez Hermosillo (1905-1935), quien fuera colaborador de Bandera de Provincias y amigo cercano de Agustín Yáñez,56 fueron rescatados por la revista.57 Mariano Azuela participó con un fragmento de su novela La Mujer Domada58 y con una semblanza del poeta jalisciense Francisco González León (1862-1945).59 En este último texto, Azuela rememoró el inició de su amistad con González León en los Juegos Florales de Lagos de Moreno en 1903, donde este último, con sus primeros versos, "ganó el máximo galardón: la flor natural y la elección de la reina de aquella memorable justa". Su amistad continúo en Guadalajara y ambos, en la cantina "La Fama Italiana", mantuvieron cercana relación con el grupo de literatos formado por Manuel Puga y Acal, Rafael de Alba, Victoriano Salado Álvarez y Jorge Delorme y Campos.60

Otros narradores y poetas cercanos a la revista fueron José Martínez Sotomayor (1895-1980),61 los miembros del consejo editorial Enrique González Martínez, Francisco González Guerrero y el secretario Emmanuel Palacios, quienes participaron con su poesía.62 Las nuevas promesas poéticas de aquellos años fueron tomadas en cuenta: el tapatío Jorge Hernández Campos (1921-2004)63 y el veracruzano Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013)64 publicaron sus primeros escritos en Occidente.65

De igual manera, las artes plásticas y sus representantes jaliscienses más notables estuvieron presentes en la revista. José Clemente Orozco publicó fragmentos de una autobiografía que posteriormente sería publicada por Ediciones Occidente.66 Asimismo, los pintores Carlos Orozco Romero (1898-1984), Roberto Montenegro (1885-1968), Ixca Farías (1873-1948), Raúl Anguiano (1915-2006) y Jesús Guerrero Galván (1910-1973) tuvieron su espacio.

Orozco Romero nació en Guadalajara y desde temprana edad se especializó de manera autodidacta en las artes plásticas. En su ciudad natal trabajó con los pintores José Vizcarra y el peruano José Sabogal, con el que perfeccionó su técnica de grabado. Sus primeros trabajos fueron como caricaturista, los cuales publicaba con el seudónimo de "Karikato" que se derivaba del apodo que le habían puesto sus compañeros de El Centro Bohemio quienes le llamaban "el Caricato".67

En la Ciudad de México comenzó a colaborar como ilustrador en El Heraldo de México, en el que sustituyó a José Clemente Orozco, y entabló amistad con el grupo de los Contemporáneos.68 Aunque incursionó fugazmente en la creación de murales, la forma de expresión que privilegió a lo largo de su obra fue la pintura de caballete. Se ha dicho que sus cuadros y su estilo pictórico, de características afrancesadas, entraban en oposición con las visiones nacionalistas y de retórica política muy en boga durante las décadas de 1920 y 1930.69 Su estilo era de una "modernidad cada vez más consciente" desligado de todo lo nacional y poseedor de un lenguaje de carácter internacional.70

En el caso de Roberto Montenegro la influencia europea del art nouveau y el sentido nacionalista convivieron en equilibrio, tanto que su estilo ha sido llamado "modernismo nacionalista".71 Montenegro realizó una importante obra mural cuyos orígenes conjugó "el modernismo simbolista" con elementos nacionalistas como los motivos marxistas, el indigenismo, pasajes históricos locales, que caracterizaron a la "Escuela Mexicana". Sin embargo, poco a poco fue abandonando el art nouveau y se dedicó "a retratar niñas indígenas, tehuanas, escenas mayas", es decir la cultura popular mexicana.72 La importancia de Montenegro en el muralismo mexicano fue patente para Alfonso Gutiérrez Hermosillo quien advirtió que fue uno de los primeros en realizar, durante 1921, grandes muros al fresco, al mismo tiempo que José Clemente Orozco y Diego Rivera.73

Otro destacado pintor tapatío fue el ya mencionado Ixca Farías quien estudió en el Art Institute de Chicago y después en París. Fue inspector de monumentos coloniales y, hasta su muerte, director del Museo de Guadalajara.74 Como parte de El Centro Bohemio fue un gran animador de las artes en el occidente de México. El propio Zuno relató la inserción de Juan Farías, quien cambió su nombre de pila a Ixca, en su grupo.

Un día, un instante como este, Guadalajara se sacude con el notición de que Juan Farías ha vuelto de los Estados Unidos [...] Es violinista y pinta [...] pinta paisajes por precios proporcionados para poder partir a París [...] Bueno, pues una vez enterados del arribo del músico pintor, nos dijimos: Convidémoslo a que se sume a esta palomilla, por apreciable conducto de Chema Lupercio, fotógrafo pintor, su viejo amigo, y Agustín Basave, que como él, es espiritista.75

Discípulo de Ixca Farías y también nacido en Guadalajara, Raúl Anguiano inició su carrera artística a los doce años cuando se inscribió en la Escuela Libre de Pintura del Museo de Guadalajara. Los de Bandera de Provincias le llamaban el "Niño Anguiano" porque "traía un alma sin malicia, virginal, al arte".76

En 1934, Anguiano decidió mudarse a la Ciudad de México. Al llegar a la capital contactó a Jesús Guerrero Galván, Roberto Reyes Pérez, Máximo Pacheco y Juan Manuel Anaya, con quienes formó la Alianza de Trabajadores de las Artes Plásticas, un grupo de pintores que tuvo la finalidad de apoyarse y procurarse trabajo.77

Por último, Guerrero Galván nació en Tonalá, Jalisco. Entró, en Guadalajara, al taller del pintor José Vizcarra y colaboró en 1929 en Bandera de Provincias. En 1930 se trasladó a la Ciudad de México y participó en la elaboración de murales en escuelas públicas y en el Centro Escolar Revolución.78 Agustín Yáñez, en un artículo que retomó la figura de Manuel Martínez Valadez (1893-1935),79 dejó testimonio de los años en que Guerrero Galván fue parte de su generación:

Hace muchos años, en el limbo de la primera juventud, inquietos en la sala de espera de nuestra provincia, los adolescentes de mi generación nos conmovimos ante el gesto radical de Jesús Guerrero Galván: no quería ser, no era sino un pintor, contra las limitaciones presentes y la inseguridad futura; cabalmente en el círculo estrecho de una capital de estado.80

Después destacó el papel de las dos publicaciones jaliscienses que rompieron con la sequía literaria que caracterizaba a la "provincia" con respecto de la capital:

Nuestra inquietud agitó el marasmo de la "provincia enana" (Gutiérrez Hermosillo) y aparecieron sucesivamente "Bandera de Provincias" y "Campo"; organizamos algunas exposiciones de artes plásticas; entre nuestros pintores, el nombre de Guerrero Galván comenzó a destacarse.81

Por otro lado, es interesante la descripción que hace Yáñez de los miembros de su generación donde incluye a Gutiérrez Hermosillo, Enrique Martínez Ulloa, Emmanuel Palacios, Antonio Gómez Robledo, Cardona Vera, Gómez Arana, los pintores Mora Gálvez, Guerrero Galván y Raúl Anguiano. Después se afianzarían las relaciones con la generación anterior, la de El Centro Bohemio que era más cercana a la Revolución. Este grupo, nos aclara Yáñez, "se preparó al triunfo político por la amistad artística". En conjunto, hicieron periódicos de combate y fueron entrando cada vez más en la lucha por el poder. A la caída de Carranza, "el antiguo grupo bohemio se hizo dueño de los destinos de Jalisco".82 En cuanto a la conexión entre el grupo de Bandera de Provincias y el de José Guadalupe Zuno, Manuel Martínez Valadez se muestra como "uno de los nexos directos" entre las dos generaciones jaliscienses más significativas de la primera mitad del siglo XX:

Su empeño [el de Martínez Valadez] hizo posible la Central de escritores y artistas donde estuvo nuestra redacción, nuestra biblioteca, los estudios de pintura de Zuno, de Servín, punto de impulso para la epifanía de dos considerables pintores: Rubén Mora Gálvez y Jesús Guerrero Galván; en los divanes del Mosler y en los equipales del Museo del Estado la ironía de Martínez Valadez era una perpetua pirotecnia de atracción irresistible.83

 

OCCIDENTE Y SU CIRCUNSTANCIA HISTÓRICA

Es difícil determinar con exactitud todos los aspectos históricos que impactan un proyecto literario como fue la revista Occidente, sin embargo, se puede establecer que entre 1944 y 1945, los acontecimientos más significativos fueron la Segunda Guerra Mundial, la "unidad nacional" frente al conflicto europeo y las preocupaciones inherentes a la reconstrucción, material e ideológica, del mundo occidental.

Es claro que Occidente se interesó por los acontecimientos mundiales que afectaban directamente al hombre en su conjunto. En cuanto al hispanismo que caracterizó al México de los años posteriores a la Guerra Civil española (1936-1939), dividido, básicamente, en dos grupos: el de los llamados conservadores mexicanos que apoyaron al general Franco84 y el de los que permanecieron cercanos a los exiliados (muchos de ellos llegados a México), en general, la revista Occidente se inclinó hacia los republicanos españoles.

Existieron pocos artículos con estas preocupaciones, uno de ellos fue el texto de Pedro de Alba (vicepresidente de la Unión Panamericana) quien hizo hincapié en el combate de la Universidad de México frente al "nazifalangismo" español: "El anacrónico y absurdo programa del Imperio y la Hispanidad no sólo es una ofensa al decoro de la Patria, sino una negación de la personalidad histórica de México".85

Por la misma línea estuvo el escrito del español y presidente de la República en el exilio, Juan Negrín (1892-1956), quien pidió a las naciones que no intervinieran en los asuntos internos de España. La ayuda vendría, según él, en no reconocer al gobierno de Franco.86 Otro indicador del apoyo hacia los exiliados españoles en México fue la participación de escritores como Víctor Rico; los filósofos José Gaos, Eugenio Ímaz y Joaquín Xirau.87

En relación con la Segunda Guerra Mundial, que entraba en su última etapa, era claro que hacia finales de 1944 la balanza se inclinaba más y más hacia los aliados; en este sentido las preocupaciones se trasladaron a la inminente posguerra: el reacomodo de fuerzas y la reconstrucción del mundo europeo que había terminado en escombros. Así lo imaginó José Guadalupe Zuno, en dos artículos en los que hizo hincapié en la crisis que vendría después de la contienda mundial, y criticó a quienes pensaban que todos los problemas se resolverían con el fin del conflicto. Para Zuno, una nueva organización de naciones debía formarse para garantizar la reconstrucción europea y la consolidación de la paz:

La organización que venga a ocupar el vacío [dejado por] la ridícula Sociedad de las Naciones de la pre-guerra, debe cubrir todas sus deficiencias, si quiere dejar amplia y cumplidamente satisfechos los anhelos de la humanidad destrozada por las agresiones, para entrar ya en una época de tranquilidad.88

Después, definió los términos de "Guerra agresiva, defensiva, civil, santa, progresista e imperialista". Las dos últimas definiciones me parecen las más pertinentes para destacar. Por "progresistas" el autor entendió a las guerras "que mediante su violenta acción, han destruido instituciones sociales que eran obstáculo para el desenvolvimiento de la cultura humana", es decir, las revoluciones.89 En cuanto a la imperialista: "se llega a través de la expansión capitalista, a expresar por cada Estado el sólo interés plutocrático capitalista, y no el de un pueblo o una raza determinada". En esta explicación el autor criticó al gobierno inglés y lo identificó como imperialista, antidemocrático y reaccionario por el sometimiento que durante largo tiempo había impuesto al pueblo hindú. "Se antoja estar escuchando a Hitler o a Mussolini, por boca de Eden o de Churchill".90

Es notable que la circunstancia internacional preocupaba más intensamente a los miembros de la revista que los sucesos nacionales. Continuando con las inquietudes que se habían despertado en José Guadalupe Zuno, Vicente Herrero se dedicó a las dificultades que las naciones europeas enfrentarían al término de la Segunda Guerra Mundial:

El europeo se encuentra no sólo con su patrimonio material destruido, sino con un triste escepticismo respecto al futuro de todo lo que parecía tener un porvenir halagüeño en 1918, y con una fe muy debilitada en todos los valores en que había creído.91

Ante la certeza de que se había hundido el sistema de seguridad colectiva que representaba la Sociedad de Naciones, Herrero se preguntó sobre el futuro inmediato: "La derrota del nacionalismo exacerbado que era una de las características del fascismo, debería conducir, también lógicamente, a un intento de organizar la cooperación entre las naciones".92

En cuanto al totalitarismo, Manuel Cabrera describió al "liberalismo democrático (burgués)" y al estado totalitario como dos formas de gobierno "no radicalmente diferentes". En su opinión, lo que caracterizaba a la época moderna era el escepticismo y la individuación del sujeto. En consecuencia, el totalitarismo era "una descomposición del individualismo moderno", en donde una sociedad de masas es guiada por un individuo o líder carismático.93 El texto del pensador católico Jacques Maritain, en el que describe la preocupante situación de los "creyentes" que han caído en un "turbio proceso de complacencia con respecto a las formas totalitarias", nos muestra el espacio que se les concedió a los críticos del totalitarismo mundial.94

Los acontecimientos bélicos y la confirmación de la decadencia de los valores occidentales, en gran medida liberales y capitalistas, abrió un abanico de posibilidades para reconstruir la cultura de la que el hombre moderno se sentía orgulloso. En este intento de renacimiento, el continente americano fue pensado como uno de los últimos reductos y fuente de salvación de la cultura. Así lo manifestaron autores como Alfonso Reyes, gran representante de las letras nacionales desde su retorno a México, en 1939.

Entre las revistas que el escritor regiomontano animó de forma importante estuvo Cuadernos Americanos, que surgió en 1942. Con motivo de la presentación del primer número de esta publicación, el 30 de diciembre de 1941, Alfonso Reyes dirigió un discurso alentando a los americanos a tomar la batuta del mundo occidental frente a la catástrofe europea:

La empresa que hoy se inaugura no es una empresa literaria más, sino que ha sido determinada por un sentimiento de deber continental y humano [...] Entendemos nuestra tarea como un imperativo moral, como uno de tantos esfuerzos por la salvación de la cultura, es decir, la salvación del hombre. La cultura no es, en efecto, un mero adorno o cosa adjetiva, un ingrediente, sino un elemento consustancial del hombre, y acaso su misma sustancia.95

En esta labor americanista también se puede incluir a la revista Occidente, ya que, finalmente, los autores de ambas publicaciones buscaron exaltar las raíces europeas en su pensamiento. Como he argumentado, la defensa de la cultura occidental, a pesar de sus tropiezos, se manifestó de manera recurrente en la publicación. Principalmente se exaltó a los pensadores franceses; en el tercer número se dio la ocasión para rendir homenaje al escritor y premio Nobel de literatura en 1915, Romain Rolland (1866-1944).

Se reunieron los escritores Antonio Acevedo Escobedo, Francisco Giner de los Ríos, Julio Jiménez Rueda, Francisco Monterde, Bernardo Ortiz de Montellano, Gutierre Tibón y José Vasconcelos y, en resumen, se destacó el papel de Rolland como crítico de los estados totalitarios asumiendo enérgicas actitudes como en el caso de la Guerra Civil española. Los autores también hicieron énfasis en su obra Juan Cristóbal (1904-1912), como un ejemplo de humanismo, heroísmo y moralidad para la juventud. Julio Jiménez Rueda destacó otro aspecto del autor francés: su proyecto de un teatro cercano al pueblo "que no estuviera reducido a una sola clase social". Por su parte, Ortiz de Montellano centró su escrito en la calidad del pensamiento francés, en filósofos como Henri Bergson, quien buscó exaltar la "sensibilidad moral del hombre" para complementar su desarrollo intelectual. Finalmente, Vasconcelos aceptó la influencia de Rolland en la "vida espiritual de Hispanoamérica", sin embargo, le reprochó que hubiera caído en "la economía política" olvidándose de la moral cristiana para buscar la fraternidad entre los hombres.96

Continuando con la cultura francesa, José Luis Martínez (1918-2007), gran conocedor de la literatura universal, dejó una semblanza del poeta Paul Valéry (1871-1945) en la que destacó su liderazgo cultural:

Su breve y perdurable poesía es un esfuerzo destacado para fijar los pasos secretos de la inteligencia y revelar su drama frente al mundo; su obra en prosa es el andamiaje necesario de estas márgenes sutiles cuando no el análisis admirable de los frutos y el destino de nuestra civilización.97

Hay que recordar que años atrás la figura de Paul Valéry había sido destacada por Alfonso Reyes. En un texto fechado en mayo de 1938, el escritor regiomontano hizo notar que América era vista por el poeta francés como el lugar idóneo para el traslado de la cultura europea y su futura supervivencia:

La esperanza de que la especie europea se "fecundice" en América, de que ante "una destrucción bélica de Europa —presa, hoy de la brutalidad—, Europa, en cierto modo, siga sobreviviendo en América.98

Por su parte, el exiliado español Víctor Rico (1918-1974)99 alabó a Francia como semillero de intelectualidad pero también criticó las actitudes del pueblo francés ante la invasión nazi. En primer lugar, describió de modo puntual sus logros durante la ilustración (destacando principalmente al Conde de Mirabeau), después expresó sus opiniones de rechazo hacia la Francia de la Segunda Guerra Mundial que para él había mostrado un "derrotismo vergonzoso".100

Es importante hacer hincapié en el conocimiento y difusión del pensamiento francés en México. Esto no extraña en lo absoluto, ya que desde la generación del Ateneo de la Juventud, pasando por los Contemporáneos y Bandera de Provincias, hasta llegar a publicaciones como El Hijo Pródigo, los autores galos más significativos desfilaron por las páginas y revistas mexicanas.

En este sentido, el interés sin reservas por las letras europeas nos habla de la exponencial disminución de las antiguas disputas entre los que postulaban un cosmopolitismo y los que se acercaban más a lo nacional o lo autóctono. Así, hacia la década de 1940 muchas de las disputas nacionalistas se habían diluido y se construyeron proyectos cuyos fundamentos se anclaban en la cultura occidental renovada con los particularismos regionales de América.

 

CONSIDERACIONES FINALES

En el presente artículo he querido destacar el papel del grupo jalisciense conformado y liderado por Agustín Yáñez, José Guadalupe Zuno, Jesús González Gallo, Emmanuel Palacios, entre otros, en la conformación de la revista Occidente. Sin lugar a dudas, la publicación fue heredera del movimiento cultural orquestado por El Centro Bohemio y Bandera de Provincias con la colaboración de algunos miembros del Ateneo de la Juventud, del grupo Contemporáneos y, en menor medida, de los exiliados españoles llegados a México tras la Guerra Civil española.

El proyecto de la revista Occidente fue de corta duración, sin embargo, con una visión historiográfica de más largo alcance, es posible entenderlo como la culminación de tres décadas de lucha por parte de la intelectualidad jalisciense por insertarse en el espacio nacional e internacional. La publicación puede ser considerada como el culmen de un proyecto cultural heterogéneo que se caracterizó por su tono regional pero que, a un mismo tiempo, logró traspasar las fronteras jaliscienses.

No podemos olvidar que los escritores y pintores (muralistas en mayor medida) de la región occidental del país dejaron una huella muy marcada de lo característicamente mexicano. Las novelas de Azuela y Yáñez, las pinturas de José Clemente Orozco, del "Dr. Atl" e Ixca Farías, la música de José Rolón, la poesía de Enrique González Martínez, fueron, durante la primera mitad del siglo XX, referencia obligada de la "cultura" y las artes en México.

Aunque las circunstancias culturales y políticas habían cambiado desde la década de 1920, Occidente manifestó el mismo espíritu combativo de aquellos años. La guerra y el sentimiento de decadencia de la cultura occidental despertaron el deseo de enderezar el rumbo en un grupo de escritores, políticos y artistas. Ante este declive, América fue vista como un territorio de esperanza. Por ello, considero que Occidente se acercó plausiblemente al proyecto editorial propuesto por Cuadernos Americanos. Sin embargo, se debe hacer hincapié en que la defensa de la región hizo de Occidente una alternativa inusual hacia la década de 1940 en México.

 

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NOTAS

1 Textos pioneros en México son los dos tomos de Las revistas literarias de México, México, Instituto Nacional de Bellas Artes, 1963 y Las revistas literarias de México (segunda serie), México, Instituto Nacional de Bellas Artes, 1964; el trabajo de María del Carmen Ruiz Castañeda, Índice de revistas del siglo XIX: Ciudad de México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1999; el artículo de Javier Garciadiego, "Revistas revisitadas: ventana a la historiografía mexicana del siglo XX", en Historia Mexicana, vol. LI, núm. 2[202], octubre-diciembre, 2001, pp. 221-231; el libro de Fernando Curiel, Carlos Ramírez y Antonio Sierra, Índice de las revistas culturales del siglo XX (Ciudad de México), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2007; el volumen coordinado por Lydia Elizalde, Revistas culturales latinoamericanas 1920-1960, México, Universidad Iberoamericana/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2008; el estudio de Alexandra Pita González (quien, además de realizar un excelente trabajo en torno al Boletín Renovación, analizó las redes intelectuales en Argentina teniendo como eje a José Ingenieros), La Unión Latino Americana y el Boletín Renovación. Redes intelectuales y revistas culturales en la década de 1920, México, El Colegio de México/Universidad de Colima, 2009, entre otros.

2 Fernando Curiel, Carlos Ramírez y Antonio Sierra, op. cit., 2007, pp. 7-8.

3 "Dynamo" era una sección o suplemento dedicado a entrevistas, noticias culturales y reseñas que se encontraba en las últimas páginas de Occidente. Su misión fue "capturar las esencias de lo movible y auscultar las palpitaciones de la realidad mexicana y universal".

4 Revista cultural que surgió en la Ciudad de México en 1942 bajo la dirección de Jesús Silva Herzog y con la participación de intelectuales mexicanos como Alfonso Reyes (1889-1959), Daniel Cosío Villegas (1898-1976), Mario de la Cueva (19011981), Bernardo Ortiz de Montellano (1899-1949) y los españoles exiliados Pedro Bosch Gimpera (1891-1974), Eugenio Ímaz (1900-1951), Juan Larrea (1895-1980), Manuel Márquez (1872-1962), entre otros. Véase Liliana Weinberg, "Cuadernos Americanos: la política editorial como política cultural", en Carlos Altamirano (dir.), Historia de los intelectuales en América Latina, tomo II: Los avatares de la "ciudad letrada" en el siglo XX, Uruguay, Katz, 2010, pp. 235-258.

5 Ábside, Revista de Cultura Mexicana (Ciudad de México) fue una publicación de tendencia católica que surgió en 1937 bajo la batuta del sacerdote y humanista zamorano Gabriel Méndez Plancarte y con el apoyo de escritores como su hermano Alfonso Méndez Plancarte, los sacerdotes Octaviano Valdés y Ángel María Garibay, el poeta Alfonso Junco, Mariano Alcocer, Antonio Gómez Robledo, entre otros.

6 Véanse Guillermo Sheridan, México en 1932: la polémica nacionalista, México, Fondo de Cultura Económica, 1999, y Aimer Granados, "La literatura mexicana durante la Revolución: entre el nacionalismo y el cosmopolitismo", en Carlos Illades y George Leidenberger (coords.), Polémicas intelectuales del México moderno, México, Universidad Autónoma Metropolitana- Cuajimalpa/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2008, pp. 157-185.

7 Miguel Moreno Padilla fue senador durante la década de 1940 y formó parte del grupo de Jesús González Gallo y David Pérez Rulfo, de tendencias anticardenistas que apoyaron a Ávila Camacho en Jalisco. Durante la década de 1970 en la región de Jalostotitlán, en los Altos de Jalisco, también se le menciona como un actor político de influencia en aquella región. Jorge Alonso y Juan García de Quevedo (coords.), Política y región: los Altos de Jalisco, Guadalajara, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 1990, p. 178.

8 Fue secretario de educación en Jalisco mientras Everardo Topete (Etzatlán, Jalisco, 1890-1978) se desempeñó como gobernador; durante los años de 1935 a 1939.

9 Poeta que colaboró en Bandera de Provincias y director de la revista Campo, continuadora de la primera. Véase Wolfgang Voght y Celia del Palacio, Jalisco desde la Revolución, tomo VIII: Literatura y prensa, 1910-1940, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1987, pp. 331-335.

10 Los cargos públicos de Agustín Yáñez se remontan a la década de 1930 cuando fungió como director de radio en la Secretaría de Educación Pública (1932-1934); a partir de 1935 fue jefe del Departamento de Bibliotecas y Archivos Económicos de la Secretaría de Hacienda. Durante la década de 1940 afianzó su relación con la Universidad Nacional Autónoma de México como profesor de filosofía y en 1945 fue designado coordinador de Humanidades. Posteriormente, como culminación de su carrera política, fue gobernador del estado de Jalisco durante el periodo de 1953-1959. Miguel León Portilla (dir.), Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México, México, Porrúa, 1995, p. 3798.

11 Véase Jaime Sánchez Susarrey e Ignacio Medina Núñez, Jalisco desde la Revolución, tomo IX: Historia política, 1940-1975, Guadalajara, Universidad de Guadalajara/Gobierno del Estados de Jalisco, 1987.

12 Ibid., pp. 37-38.

13 Agustín Yáñez, Imágenes y evocaciones, México, El Colegio de Jalisco/Alfaguara, 2003, pp. 229-230.

14 Alicia Azuela de la Cueva, Arte y poder. Renacimiento artístico y revolución social, Zamora, El Colegio de Michoacán/Fondo de Cultura Económica, 2005, pp. 27-65.

15 Nació en Mocorito, Sinaloa. Se desarrolló como periodista y en 1910 se unió a la revolución en Tepic, Nayarit. A la muerte de Madero se alzó en armas contra Victoriano Huerta. En 1923 se unió a la rebelión delahuertista, se incorporó a las fuerzas del general Enrique Estrada y perdió la vida en la toma de la Plaza de Morelia, Michoacán, el 23 de enero de 1924. Diccionario Porrúa de Historia..., op. cit., 1995, pp. 490-491.

16 José Guadalupe Zuno, Anecdotario del Centro Bohemio, Guadalajara, s.e., 1964, p. 1.

17 Novelista. Nació en la ciudad de Querétaro. Entró al servicio militar y obtuvo el grado de subteniente de infantería en 1889 y en 1892 fue ascendido a teniente. Ese año, el batallón de Frías fue enviado a sofocar la rebelión de Tomochic, en el estado de Chihuahua, que se levantó contra el gobierno porfirista. Sus impresiones fueron recogidas en su primera novela Tomochic. Dado de baja en el ejército se dedicó al periodismo. Diccionario Porrúa de Historia..., op. cit., 1995, pp. 1336-1337.

18 Periodista. Nació en la Ciudad de México. Se dedicó a la tipografía y en los comienzos del siglo XX comenzó a participar en el periodismo de oposición al gobierno de Porfirio Díaz. En la Ciudad de México publicó El Demócrata y colaboró con el seudónimo de "Rip-Rip". Ibid., p. 2135.

19 Periodista. Nació en Guadalajara, Jalisco. Muy joven participó en la Revolución mexicana y alcanzó el grado de capitán. Fue director de varios periódicos en su ciudad natal y editorialista de El Nacional. Murió en la Ciudad de México. Ibid., p. 1758.

20 Pintor. Nació en Monterrey, Nuevo León. Estudió en la Escuela de Bellas Artes en la Ciudad de México y fue su director desde 1911 hasta 1928. Ibid., p. 2887.

21 Escultor. Nació en Guanajuato, Guanajuato. Estudió en la Academia de San Carlos en la Ciudad de México. Becado por Venustiano Carranza, estudió en Nueva York. Entre sus obras más significativas se encuentran la Diana Cazadora, el Monumento a la Industria Petrolera, la Fundación de Tenochtitlán (en la Ciudad de México) y el Pípila (en Guanajuato). Ibid., p. 2532.

22 José Guadalupe Zuno, op. cit., 1964, p. 1.

23 Zuno realizó una breve semblanza biográfica del artista plástico: "Heredero de una antigua tradición familiar, porque muchos de sus antepasados habían sido pintores, indígena de raza pura, originario de Chihuahua, unía a sus conocimientos técnicos una larga experiencia personal y un resuelto espíritu mexicanista, advertible en toda su obra". Además destacó su cercanía con David Alfaro Siqueiros, así como la muestra de su muralismo en el Salón de Sesiones de Sutaj en Guadalajara. Ibid., p. 3; Diccionario Porrúa de Historia..., op. cit., 1995, p. 1610.

24 José Guadalupe Zuno, op. cit., 1964, p. 2.

25 Pintor. Nació en Guadalajara, Jalisco. Fue autodidacta y practicó el óleo. Su obra más conocida es un retrato que realizó de Agustín Basave. Murió en Guadalajara. Diccionario Porrúa de Historia..., op. cit., 1995, p. 957.

26 Nació en Ojuelos, Jalisco. Fue editorialista en el periódico El Informador (1917); director de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco (1912) y de la Escuela Preparatoria de Jalisco (1924); asimismo, se desempeñó como rector de la Universidad de Guadalajara (1925). Ibid., p. 1081.

27 Arquitecto y escritor. Nació en Guadalajara, Jalisco. Profesor de literatura y de arquitectura en varias instituciones educativas de su ciudad natal, así como en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue director de la Preparatoria de Jalisco desde 1913. Ibid., p. 391.

28 Wolfgang Voght y Celia del Palacio, op. cit., 1981, p. 30.

29 Ibid., pp. 31-34.

30 José Guadalupe Zuno, Reminiscencias de una vida, Guadalajara, Biblioteca de Autores Jaliscienses Modernos, 1958, tomo II, pp. 28-35.

31 José Guadalupe Zuno, op. cit., 1964, p. 38.

32 "Amado de la Cueva murió siendo aún muy joven, en 1924, cuando se preparaba para pintar sus obras maduras. Fue pensionado por el gobierno del señor Vadillo a iniciativa mía y por sus méritos artísticos, aunados a los esfuerzos político electorales que hizo para el triunfo de nuestro partido". Ibid., p. 4.

33 Alicia Azuela, op. cit., 2005, p. 69.

34 Leticia Ruano, "La secularización de la política", en Leticia Ruano et al., José Guadalupe Zuno Hernández, vida, obra y pensamiento, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1992, pp. 9-27.

35 De acuerdo con Alma Dorantes, José Guadalupe Zuno mantenía buenas relaciones con personalidades como Enrique Martínez Ulloa, Ignacio Jacobo, Alberto G. Arce y José Arreola, que no coincidían con sus ideas políticas o que en algunos casos eran diametralmente opuestas (El conflicto universitario en Guadalajara 1933-1937, Guadalajara, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Secretaría de Cultura, 1993, p. 102).

36 Luz Palomera Ugarte, "La noción de cultura a través de los textos publicados en la revista Bandera de Provincias (1929- 1930)", en Estudios Sociales, nueva época, núm. 1, julio, 2007, pp. 39-42.

37 Wolfgang Voght, "Agustín Yáñez", en Estudios Jaliscienses, núm. 59, febrero, 2005, p. 12.

38 Luz Palomera Ugarte, op. cit., 2007, pp. 44-46.

39 Ibid., pp. 43-44.

40 Agustín Yáñez, Genio y figuras de Guadalajara, Guadalajara, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, 1997, p. 23.

41 Véase anexo de colaboradores.

42 "Occidente: mundo y región", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, pp. 5-6.

43 Alfonso Reyes, "Contorno de Aristóteles", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, pp. 9-26.

44 De este autor solamente sabemos que escribió la obra, El pensamiento político iberoamericano, publicada por Ediciones Occidente.

45 Peter Frank de Andrea, "Antecedentes clásicos del Ars Gubernandi", en Occidente, núm. 2, enero-febrero, 1945, pp. 95-110.

46 Werner Jaeger, "El Fedro de Platón. Filosofía y Retórica", en Occidente, núm. 3, marzo-abril, 1945, pp. 97-113.

47 Nació en la Ciudad de México en 1915. Maestro (1944) y doctor (1948) en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México y se desempeñó como profesor en esta misma institución (1940-1964). Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Dirigió la Biblioteca Nacional (1956-1965) consultado en [http://www.bibliog.unam.mx/bib/lainstitucion/ dir24.html], fecha de consulta: 28 de septiembre de 2011.

48 Manuel Alcalá, "Humanismo y Humanidades", en Occidente, núm. 4, mayo-junio, 1945, p. 88.

49 Enrique Martínez Ulloa, "Guadalajara. Fragmentos de una interpretación", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, p. 41.

50 Ibid., pp. 42-44.

51 Ibid., pp. 47-48.

52 Agustín Yáñez, "El clima espiritual de Jalisco", en Occidente, núm. 4, mayo-junio, 1945, p. 165.

53 Ibid.

54 Ibid., p. 166.

55 Ibid., p. 170.

56 Véase el artículo de Agustín Yáñez sobre la vida y obra de Gutiérrez Hermosillo ("Estimación de Alfonso Gutiérrez Hermosillo", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, p. 167).

57 Contamos con el cuento "Mi tío don Jesús", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, pp. 121-164. Y el escrito fechado en 1934 sobre el pintor tapatío Roberto Montenegro (1885-1968), "Roberto Montenegro", en Occidente, núm. 3, marzo-abril, 1945, pp. 133-139.

58 Mariano Azuela, "La mujer domada", en Occidente, núm. 2, enero-febrero, 1945, pp. 19-31.

59 Fue llamado "el poeta de Lagos" en honor a su tierra natal Lagos de Moreno, Jalisco. Estudió en Guadalajara, donde se tituló de farmacéutico. Regresó a Lagos y abrió una botica que se hizo famosa porque fue el centro de las tertulias literarias. En 1903 ganó el primer lugar y la flor natural de los Juegos Florales de aquella localidad jalisciense. Diccionario Porrúa de Historia ..., op. cit., 1995, p. 1529.

60 Mariano Azuela, "Francisco González León", en Occidente, núm. 3, marzo-abril, 1945, pp. 52-56.

61 Nació en Guadalajara. Fue procurador de justicia y secretario de gobierno del Distrito Federal, gobernador interino del estado de Nayarit y jefe del Departamento Legal del Banco Nacional Agrícola y Ganadero. Escribió textos en las revistas: Universidad de México, Letras de México, El Hijo Pródigo, América y Estaciones. Se le considera cercano al grupo de los Contemporáneos. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (1976). Murió en la Ciudad de México. Diccionario Porrúa Historia..., op. cit., 1995, p. 2148.

62 Enrique González Martínez, "3 poemas", pp. 109-112; Francisco González Guerrero, "Poemas", pp. 113-115; Emmanuel Palacios, "2 poemas", pp. 116-118, todos ellos en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944.

63 Poeta, periodista, narrador y traductor originario de Guadalajara, Jalisco (1921), Jorge Hernández Campos estudió contaduría y filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México; pintura en la Academia de San Carlos; filosofía hispánica en El Colegio de México, donde fue becario de 1948 a 1951, consultado en [http://www.arts-history.mx].

64 En el artículo "Patrias del Espíritu Mexicano" (Occidente, núm. 4, septiembre-octubre, 1945a, pp. 155-182), Agustín Yáñez narra el momento en que conoció a Bonifaz Nuño y la impresión que éste le dejó.

65 "Tres poetas jóvenes. Rubén Bonifaz Nuño, Jorge Hernández Campos, Joaquín Romero", en Occidente, núm. 5, julio-agosto, 1945, pp. 192-198.

66 José Clemente Orozco, "Páginas autobiográficas", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, pp. 69-106.

67 Arnulfo Eduardo Velasco, "El titiritero de la pintura mexicana: Carlos Orozco Romero", en Estudios Jaliscienses, núm. 72, mayo, 2008, pp. 19-20.

68 Ibid., p. 21.

69 Ibid., p. 22.

70 José de la Encina et al., "Sobre Orozco Romero", en Occidente, núm. 6, septiembre-octubre, 1945, pp. 93-97.

71 Carmen V. Vidaurre, "Roberto Montenegro: lo nacional y el modernismo", en Estudios Jaliscienses, núm. 72, mayo, 2008, pp. 5-6.

72 Ibid., p. 12.

73 Alfonso Gutiérrez Hermosillo, op. cit., 1945, pp. 133-139.

74 Arturo Rivas Sainz, "Ixca Farías", en Occidente, núm. 6, septiembre-octubre, 1945, pp. 87-89; y Diccionario Porrúa de Historia..., op. cit., 1995, p. 1261.

75 José Guadalupe Zuno, op. cit., 1964, p. 50.

76 Emmanuel Palacios, "El niño Anguiano", en Occidente, núm. 4, mayo-junio, 1945, pp. 143-146.

77 [http://www.raulanguiano.com/biografiacutea.html]

78 Diccionario Porrúa de Historia..., op. cit., 1995, p. 1611.

79 Nació en Arandas, Jalisco. Estudió en Guadalajara. Se afilió a la Revolución y colaboró en periódicos de combate bajo el seudónimo de "Chencho Pitarrillas". Miembro del Centro Bohemio de Guadalajara. Director de Educación Pública (19231925 y 1931-1934). Después de su muerte se publicó en Guadalajara una antología de su poesía, bajo el título de Villorrio quieto (1943). Ibid., p. 2148.

80 Agustín Yáñez, "Dos fisonomías", en Occidente, núm. 2, enero-febrero, 1945b, p. 125.

81 Ibid., p. 126.

82 Ibid., pp. 134-135.

83 Ibid., p. 136.

84 Para un conocimiento del hispanismo y el franquismo en México, remito al lector a los trabajos de Ricardo Pérez Montfort, Hispanismo y Falange. Los sueños imperiales de la derecha española y México, México, Fondo de Cultura Económica, 1992; e "Indigenismo, hispanismo y panamericanismo en la cultura popular mexicana de 1920 a 1940", en Roberto Blancarte (comp.), Cultura e identidad nacional, México, Fondo de Cultura Económica, 1994, pp. 343-383.

85 "Dynamo", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, p. V.

86 "Dynamo", en Occidente, núm. 2, enero-febrero, 1945, p. II.

87 Víctor Rico, "Notas para un Ensayo sobre Arte Escénico y Literatura Dramática", en Occidente, núm. 3, marzo-abril, 1945, pp. 171-186; José Gaos, "La vida en presencia y en ausencia de la muerte", en Occidente, núm. 4, mayo-junio, 1945, pp. 49- 83; Eugenio Ímaz, "Números cantan; o de la prosopopeya a la etopeya", en Occidente, núm. 5, mayo-junio, 1945, pp. 157-162 y Joaquín Xirau et al., "Los libros fundamentales de nuestra época", en Occidente, núm. 12, enero-febrero, 1945, pp. 3-16.

88 José Guadalupe Zuno, "La Guerra y la crisis", en Occidente, núm. 1, noviembre-diciembre, 1944, pp. 63-64.

89 José Guadalupe Zuno, "La Guerra y las crisis", en Occidente, núm. 2, enero-febrero, 1945, p. 117.

90 Ibid., p. 122.

91 Vicente Herrero, "Europa, 1945", en Occidente, núm. 4, mayo-junio, 1945, pp. 8-10.

92 Ibid., p. 14.

93 Manuel Cabrera, "El hombre moderno y su conciencia política", en Occidente, núm. 2, enero-febrero, 1945, p. 91.

94 "Dynamo", op. cit., 1945, p. II.

95 Alfonso Reyes, "América y los Cuadernos Americanos", en Cuadernos Americanos, núm. 2, marzo-abril, 1942, pp. 7-8.

96 "Homenaje a Romain Rolland", en Occidente, núm. III, marzo-abril, 1945, pp. 7-23.

97 José Luis Martínez, "Tumba de Paul Valéry", en Occidente, núm. 5, julio-agosto, 1945, pp. 85-87.

98 Alfonso Reyes, "Paul Valéry contempla América", en Obras completas, México, Fondo de Cultura Económica, 1960, tomo XI, pp. 103-105.

99 Llegó a México en 1940 como refugiado político a raíz del triunfo de Francisco Franco. En 1952 obtuvo el grado de maestro en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Inició sus actividades en México como periodista, escribiendo para las revistas Impacto, Sucesos, Política, Siempre y para el Diario de México. Tras estar preso (1966-1972), acusado de incitación a la rebelión y acopio de armas, toda su actividad la dedicó a promover la organización de los obreros. Murió en la Ciudad de México. Diccionario Porrúa de Historia..., op. cit., 1995, p. 2949.

100 Víctor Rico, "La Francia de los Derechos del Hombre y la Francia de nuestros días", en Occidente, núm. 6, septiembre-octubre, 1945a, p. 17.

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