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Innovación educativa (México, DF)

versión impresa ISSN 1665-2673

Innov. educ. (Méx. DF) vol.17 no.75 México sep./dic. 2017

 

Ex-libris

Poética educativa. Artes, educación para la paz y atención consciente

Adrián Muñoz Garcíaa 

aEl Colegio de México

Martínez Ruiz, X.. 2016. Poética educativa. Artes, educación para la paz y atención consciente. México: Instituto Politécnico Nacional,

El volumen que nos ofrece el Dr. Xicoténcatl Martínez constituye una aportación valiosa a la discusión sobre los programas educativos y, por ende, contribuye decididamente con el debate sobre posibles reformas educativas. La mayor virtud del libro es el triple enfoque que apoya la argumentación, enunciado claramente en el subtítulo: Artes, educación para la paz y atención consciente. Para un público general, podría resultar curiosa la yuxtaposición de estas ideas, sobre todo si en el título encontramos la palabra poética como sustantivo principal, calificado por el adjetivo educativa. ¿Cómo se coordinan todas estas ideas?

Lo que llamará la atención de un estudioso de las religiones y cultura de la India será justamente las palabras del subtítulo. Allí se materializa la directriz del Dr. Martínez, a saber, buscar una forma de centralizar tres conceptos sánscritos, que se refieren a la atención consciente y meditación (dhāranā / dhyā̄nam), la contemplación creadora (bhāvanā ̄) y la no-violencia activa (ahimsā ̄). Ahora bien, el autor es muy cauteloso de no caer en exquisiteces filológicas o indológicas, todo lo cual podría enajenar al verdadero público destino del volumen: no los indólogos, sino los pedagogos, los filósofos de la educación y el público en general interesado en apuntalar sociedades más pacíficas y saludables. Todos ellos saben de la importancia de los programas educativos para construir dichas sociedades.

La apuesta que desarrolla Xicoténcatl Martínez se dirige a perfilar una poética educativa: una agenda de investigación interdisciplinaria, “con miras a que en un futuro estos elementos sean considerados en el diseño de políticas educativas y de salud con alcance nacional” (p. 16). Su interés, pues, no se detiene en únicamente dar una relación de ideas pasadas, sino que mira al futuro. Para ello, parte del presente y, sí, retoma proposiciones e iniciativas de un pasado. De manera particular, Martínez recurre a las figuras de Mahatma Gandhi, el gran baluarte de la independencia de India, y Rabindranath Tagore, primer escritor asiático -y no europeo- en recibir el Nobel de Literatura.

La agenda pacifista de Gandhi proporciona un telón de fondo para el proyecto que propone Xicoténcatl. De eso se trata en gran medida: lograr un programa que fomente la armonía, pero también la sensibilidad estética. El autor se acerca al literato bengalí, porque “Tagore propone el enigma de la creación artística, habla desde la mirada del poeta que enfrenta las necesidades de su tiempo; y así logra la base para la transformación educativa” (p. 15). Nuestro autor tiene muy claro que el proyecto de Tagore fue novedoso, pero que lo sigue siendo en la actualidad.

El Dr. Martínez está guiado por todas esas preocupaciones y, particularmente en Poética educativa, arropado por la indología, la filosofía de la educación y la educación comparada. Como él mismo apunta: “son pocos los casos de académicos en habla hispana que estudien perspectivas formativas del sur de Asia para aplicarlas en contextos iberoamericanos y traducirlas a lenguajes y problemáticas contemporáneos” (p. 16). Lo que hace es sin duda novedoso, loable y bienvenido. Una y otra vez hace hincapié en la médula de la propuesta: “La ‘poética educativa’ expresa una didáctica tejida a partir de la estética de las artes, en particular de la poesía, tal como la concibió Tagore, es decir, una pedagogía desde las experiencias creativas y resultantes del deleite estético producido por las artes.” (p. 24). Por eso en el título de este libro el sustantivo principal es poética y no educación; porque la pedagogía sugerida emana de una sensibilidad poética.

Xicoténcatl Martínez reúne aquí trabajos anteriores donde había comenzado su profunda pesquisa en el tema, pero al arroparlos por los otros textos y traducciones, se logra producir un volumen unificado. Supo bien evitar lo que podría haber sido una colección de textos cortos, disímiles y desligados. Esto fue posible gracias a que el Dr. Martínez Ruiz ha dedicado mucho estudio y ponderación en el tema, en el cual cree firmemente. Esa es una de las virtudes de la apuesta que se presenta en Poética educativa: el autor no solamente presenta el fruto de una investigación, sino que ofrece una propuesta concreta y real de cómo poder aplicar las proposiciones realizadas por Tagore. Esto lo logra en ocho capítulos y tres apéndices.

La visión educativa de Tagore se funda en una construcción dinámica donde las artes y la vida misma son las guías del aprendizaje, y, en particular, se privilegia el aprendizaje fuera de un aula. El contacto con la naturaleza, en esta visión, resulta no sólo importante, sino fundamental, pues permite al estudiante desarrollar una sensibilidad más natural, por un lado, y apreciar de manera directa las facetas y ritmos de la naturaleza, por el otro. Como telón de fondo, Tagore defendía “la búsqueda de la libertad y el movimiento como una de sus expresiones” (p. 48). Esto, en última instancia, deriva en una noción de respeto por el entorno. Esto se puede cultivar mediante tres actividades o “esferas” (pp. 49-50): la argumentación, la sensibilidad estética, y la interacción y armonía con nosotros mismos y el medio ambiente.

Aunque no fue el mismo caso, esto recuerda a un poema de William Wordsworth, el famoso poeta reconocido como el estandarte del romanticismo inglés. El poema comienza así: “Up! Up! My Friend, and quit your books” (¡De pie, de pie, amigo mío!, y deja atrás los libros). Un poeta que aconseja deshacerse de los libros. ¿Por qué? Responde el poeta:

Books! ‘tis a dull and endless strife:

Come, hear the woodland linnet,

How sweet his music! on my life,

There’s more of wisdom in it.

(¡Libros! Qué soso y sin sentido esfuerzo:

ven, escucha el ave de los bosques,

¡qué dulce melodía! Por mi vida:

hay allí más sabiduría.)

En estos versos, el poeta británico encomia al oyente a dejar atrás el aprendizaje en el escritorio y entre muros, y dejar “que la naturaleza se convierte en instructor” (Let Nature be your Teacher). Imagino que el poeta bengalí no podría haber estado más de acuerdo. Corresponde bastante bien con la “pedagogía de la libertad” de Tagore, como la llama el Dr. Martínez Ruiz (cap. 2). Desde luego, Wordsworth escribía desde la estética de la poesía romántica y no contemplaba en absoluto -ni siquiera como semilla- la posibilidad de un programa educativo. Aunque Tagore tampoco escribió como tal su agenda pedagógica, sí realizó esfuerzos reales y tangibles en esa dirección, sobre todo los fundamentos de lo que se convertiría en la Universidad Vishva Bharati, que comenzó en 1921 con parte del dinero recibido por el premio Nobel de literatura. El lema de la universidad reza así: “Donde el mundo urde su hogar en un mismo nido” (Where the world makes a home in a single nest), pero el lema fácilmente podría haber sido otra estrofa del mismo poema de Wordsworth:

Sweet is the lore which Nature brings;

Our meddling intellect

Mis-shapes the beauteous forms of things

(Dulce el saber que la naturaleza brinda;

nuestro intelecto entrometido

trastorna las bellas formas de las cosas)

Shantiniketan es la localidad bengalí donde se fundó la Universidad Vishva-Bharati. Allí mismo, en 1925 y 1940, Rabindranath Tagore recibió a Gandhi. El inicio de la segunda parte de Poética educativa inspecciona algunas consecuencias de estos encuentros. Se trató de una relación de matices: si bien había cosas que se admiraban mutuamente, también había puntos en los que divergían políticamente. De todo esto da cuenta una larga relación epistolar. Es curioso, pero de algún modo significativo, que Gandhi y Tagore residieran en los estados costeros opuestos del subcontinente asiático. Si los separaba la tierra, los unía el mar. Y ese mar eran las aguas de la no violencia. Dicho de otro modo: lo que conectaba a ambas figuras era una educación para la paz, tema central del capítulo 6 de este libro.

Xicoténcatl está consciente de que su programa no es ni puede ser unívoco, y por ello escribe que “la idea de poética educativa es polisémica”, en tanto procura fomentar “el dinamismo y la adaptabilidad creativa” (p. 90). Esta adaptabilidad lleva al autor a transitar de las nociones de paz y libertad, a nociones de atención plena, también conocida como mindfulness. Como explica, este tipo de atención y concentración está asociada con la memoria y “con una conciencia del presente que transforma a quien la desarrolla” (p. 100). Esta manera de atender plenamente se desarrolló primero en algunas escuelas religiosas de la India clásica, y Xicoténcatl Martínez regresa a algunas de ellas para recobrarlas y realizar una aplicación verdadera. En particular, sugiere que en textos sánscritos pertenecientes al shivaísmo de Cachemira, por ejemplo, podemos encontrar instrucciones sumamente útiles acerca de la atención consciente. Para ello, en los valiosos apéndices Xicoténcatl nos ofrece un extracto del Vijña ̄nabhairava (texto tántrico de circa el siglo VIII). El autor demuestra que la práctica de esta técnica ayuda no sólo a lidiar con el estrés y el cansancio, sino que también contribuye a mejores procesos de aprendizaje.

La apuesta de Xicoténcatl Martínez sugiere una capacidad interpretativa, novedosa e importante. Sin duda, no resulta tan obvio vincular a Tagore o a Gandhi con textos procedentes de la filosofía tántrica, pero Martínez Ruiz lo hace, y ello con una naturalidad sorprendente. Bien analizado, dicha estrategia es ya en sí misma un ejemplo contundente de lo que supone la contemplación creadora. Se trata no sólo de meditación profunda e introspectiva, sino de la capacidad de desarrollar maneras ingeniosas de proyectar las ganancias mentales, psicológicas, cognitivas y estéticas en proyectos concretos y realizables. Es también la capacidad de ingeniar modos de vincular ámbitos que los saberes mecanicistas han tendido a aislar y relegar; todo ello intercalado además con bellísimas imágenes que refuerzan el goce del libro y la intención implícita de la atención plena.

Llevado de la mano de una pluma lírica, el contenido del libro fluye como ave libre y entona dulces melodías, como en el poema de Wordsworth. Es un libro sumamente accesible, porque el autor ha procurado lograr un equilibrio sano entre el contenido y la forma. Este equilibrio es estético y responde a esa sensibilidad a la que aspiraba Tagore. Estoy seguro de que cualquier lector que se acerque a Poética educativa hallará solaz e inspiración. Esperemos que también lo hagan los pedagogos y reformistas educativos.

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