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Política y gobierno

versão impressa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.25 no.2 México Jul./Dez. 2018

 

Ensayo bibliográfico

Variedades de capitalismo y sus contribuciones al estudio del desarrollo en América Latina

Varieties of Capitalism and its Contributions to the Study of Development in Latin America

* Aldo Madariaga es profesor asistente (Cátedra Conacyt) en el programa interdisciplinario sobre Políticas y Prácticas Educativas (PIPE) del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Carretera México-Toluca 3655, Lomas de Santa Fe, 01210, Ciudad de México, e investigador asociado al Centro de Economía y Políticas Sociales, Universidad Mayor, Santiago de Chile. Tel: 55 5727 98 00. Correo-e: aldo.madariaga@cide.edu.

Resumen

La literatura sobre variedades de capitalismo ha impulsado significativamente la investigación en economía política comparada a nivel global, y ha ido en aumento en América Latina como una manera de comprender los problemas y alternativas del desarrollo. Dadas las crecientes críticas, cabe preguntarse ¿cuáles -si es que existen- son sus contribuciones al estudio del desarrollo en la región? Revisando la adaptación de esta literatura a América Latina, y considerando críticas y limitaciones, argumentamos que ésta ofrece tres posibilidades significativas para impulsar el estudio de las alternativas del desarrollo latinoamericano: primero, abre nuevos frentes de investigación en políticas públicas comparadas; segundo, permite revitalizar viejos debates sobre el capitalismo regional; finalmente, vuelve a poner a la región en el centro del estudio sobre el capitalismo contemporáneo y su devenir.

Palabras clave: variedades de capitalismo; instituciones; desarrollo; América Latina

Abstract

The literature on varieties of capitalism has significantly advanced the research on comparative political economy globally. In Latin America, this has been cited increasingly as a way to understand the development problems and alternatives for the region. Now, given the growing criticism, ¿which -if at all- are its contributions to the study of development in the region? In reviewing the adaptation of this literature to Latin America and considering its criticisms and limitations, we argue it offers three ways of advancing the study of Latin American development. First, it opens new research avenues in comparative public policy; second, it allows a revitalization of old debates on regional capitalism; finally, it puts Latin America back in the study of contemporary capitalism and its future.

Keywords: varieties of capitalism; institutions; development; Latin America

Introducción

América Latina se encuentra en una encrucijada. El fin del superciclo de las materias primas y la crisis global pusieron en entredicho las expectativas depositadas en el‚ “giro a la izquierda” como posible alternativa de desarrollo (Calero, 2016), dando cuenta así del segundo modelo de desarrollo en dos décadas luego del auge y caída del Consenso de Washington en los años noventa. En tanto, los problemas experimentados por los nuevos gobiernos de derecha en países como Argentina, Brasil y Perú parecen reflejar una pérdida de rumbo y falta de nuevas ideas y modelos, en un escenario global marcado por la incertidumbre y la volatilidad (OCDE, CEPAL y CAF, 2016). En este contexto, cabe revisitar los debates suscitados en la región a raíz de la literatura sobre variedades del capitalismo (VdeC), que han intentado repensar la diversidad de posibilidades de desarrollo de la región en perspectiva comparada.

El estudio de las VdeC, esto es, de la diversidad de arreglos institucionales y modos de gobernanza económica presentes en el capitalismo contemporáneo y su desempeño, constituye uno de los ámbitos de investigación más fructíferos en ciencia política y economía política de las últimas décadas. Nacida del estudio de las trayectorias institucionales de las economías avanzadas en la posguerra, la literatura sobre VdeC recibió un potente impulso tras la publicación en 2001 del influyente libro Varieties of Capitalism. The Institutional Foundations of Comparative Advantage de Hall y Soskice.1 La introducción escrita por Hall y Soskice (en adelante HyS) para su libro sirvió para unificar teóricamente -bajo la interpretación particular de los autores- un vasto cúmulo de investigaciones sobre la variedad institucional del capitalismo contemporáneo. El auge se debió no sólo a la recepción positiva de la síntesis ofrecida por HyS, sino también a la respuesta crítica de autores que no se vieron interpretados por dicha publicación, pero que permitieron ampliar su fortaleza y rango de aplicabilidad (Coates, 2005; Ebenau, Bruff y May, 2015). Una etapa importante en la trayectoria de VdeC ha sido su ampliación fuera de los países avanzados. Esto implicó introducir nuevas “variedades” y profundizar críticamente los estudios sobre VdeC. Mientras algunos incorporaron a los países asiáticos (Amable, 2003), otros hicieron lo mismo con los países de Europa del Este (Lane y Myant, 2007; Drahokoupil y Myant, 2015). América Latina se incorporó a esta ola tardíamente, pero el interés ha crecido en los últimos años. Si bien algunos autores rechazan aplicar VdeC a la región con el argumento de que éste asume como dadas algunas condiciones, como la estabilidad institucional, el liderazgo de las empresas y el carácter virtuoso del capitalismo, que hacen difícil su apropiación en América Latina (Schrank, 2009; Ebenau, 2012), otros han intentado rescatar críticamente sus virtudes y capacidad para visualizar distintas trayectorias de desarrollo para la region (Boschi, 2011; Bogliaccini y Filgueira, 2011; Aguirre y Lo Vuolo, 2013; Schneider, 2013; Bizberg y Théret, 2014a; Gaitán y Boschi, 2015).

Haciendo eco de los esfuerzos de éstos y otros autores por abrazar críticamente la literatura sobre VdeC (May y Nölke, 2015; Drahokoupil y Myant, 2015), en este artículo propongo una síntesis crítica de esta literatura y su asimilación en América Latina. Al mismo tiempo, ofrezco una evaluación del potencial que ésta tiene para aportar al estudio de la variedad de posibilidades de desarrollo en la región. Este ejercicio no pretende demostrar la superioridad de VdeC sobre otros enfoques del desarrollo en América Latina, sino más bien, al aprovechar el impulso actual y los debates sobre VdeC, analizar sus contribuciones a la agenda de estudios del desarrollo en la región. El argumento es que tomando en cuenta sus limitaciones, una asimilación crítica de VdeC ofrece tres contribuciones. Primero, abre nuevos frentes de investigación en política pública comparada, por ejemplo, el estudio de la formación de capital humano y los sistemas educativos, y provee nuevos ejes analíticos en el estudio de los Estados de bienestar y política sociales. Segundo, permite revitalizar y actualizar viejos debates sobre el carácter dependiente del capitalismo regional. Finalmente, la adaptación de la literatura sobre VdeC a la región permite superar la crítica de nacionalismo-metodológico que se le hace a VdeC, para contribuir al debate más amplio sobre el capitalismo contemporáneo, sus variedades y su devenir, y el lugar que cabe a la región en éste. Esto permite volver a poner a América Latina en el centro de la investigación sobre economía política a nivel internacional.

El artículo se estructura en tres secciones. En la primera sección se revisa brevemente la historia del análisis de VdeC en economías avanzadas, su síntesis por parte de HyS, y las principales críticas. En la segunda se analiza la manera en que ha viajado VdeC a América Latina. Se plantean tres enfoques: uno esencialmente inductivo, que intenta encontrar variedades a partir del uso de datos sobre configuraciones y resultados económicos sin incorporar claramente el marco analítico de VdeC; un segundo más deductivo, caracterizado por aplicar VdeC de manera más o menos directa a la región, y un tercero también deductivo, pero caracterizado por modificar VdeC y la búsqueda de la variedad adecuada para la región. En la tercera parte se muestran las contribuciones de VdeC al estudio del desarrollo en América Latina. Para finalizar, concluyo con una síntesis del argumento y algunos comentarios precautorios para quienes deseen avanzar en esta línea.

El capitalismo y su variedad en economías avanzadas

Entre la convergencia y la diversidad

Al menos hasta entrados los años sesenta, el estudio del capitalismo se caracterizó por resaltar su unidad. Desde el mismo Marx, pasando por los teóricos de la modernización y sus discípulos latinoamericanos, el capitalismo asumía unas líneas y un movimiento que tendía a la convergencia: de clases, de estructuras, de países entre sí. La importación del capitalismo norteamericano a la Europa de posguerra generó, sin embargo, distintas ramificaciones, y dio lugar a formas institucionales diversas que serían develadas por distintas corrientes de estudio. Mientras la escuela de la regulación francesa develó las diferencias institucionales entre el fordismo estadounidense y el francés (Boyer y Saillard, 2001), los estudios sobre intermediación de intereses llevaron a cuestionar el canon de la sociedad pluralista de Estados Unidos y a plantear la posibilidad de otras estructuras de participación empresarial y laboral en la gobernanza económica (Katzenstein, 1985). Asimismo, los estudios sobre sistemas sociales de producción cuestionaron la existencia de un único modelo productivo al interior del capitalismo avanzado (Hollingsworth y Boyer, 1997), mientras la literatura sobre Estados de bienestar destacaba la existencia de distintos patrones de cohesión y políticas sociales (Esping-Andersen, 1990). Con estas investigaciones como trasfondo, y en la medida que los países avanzados se diferenciaban aún más en su respuesta a la crisis de los años setenta y ochenta, comenzó a consolidarse la idea de una relación causal entre la persistente variedad institucional y la diversidad de resultados económicos y sociales. La ralentización del crecimiento en Estados Unidos y el rápido desarrollo de países como Alemania y Japón en los años ochenta parecía confirmar esto, planteando la existencia de alternativas igualmente eficientes que el capitalismo norteamericano, pero más deseables en términos sociales (Streeck, 2018).

Sin embargo, la recesión de estos países en los años noventa, el colapso de la Unión Soviética y la reactivación de Estados Unidos bajo los gobiernos de Clinton, trajeron consigo una renovación de las teorías de la convergencia hacia el modelo de capitalismo liberal. Hacia fines de los años noventa, la literatura sobre VdeC enfrentaba la disyuntiva de cómo poder dar cuenta al mismo tiempo de las presiones liberalizantes y los procesos de cambio, manteniendo la autonomía de las distintas alternativas al capitalismo anglosajón (Kitschelt et al., 1999; Bohle y Greskovits, 2009: 358359; Streeck, 2018).

Variedades de capitalismo á la Hall y Soskice

El volumen compilado por HyS constituyó tanto un intento por unificar teóricamente el conjunto de investigaciones sobre la diversidad institucional del capitalismo, como una apuesta política por defender la existencia de una “variedad” de capitalismo económicamente eficiente a la vez que socialmente inclusivo (Pontusson, 2005; Streeck, 2018). HyS propusieron un marco integrativo que daba una solución a los problemas de la convergencia y la divergencia.

En primer lugar, HyS propusieron que la base de las distintas variedades de capitalismo y su desempeño debía buscarse en los comportamientos de las empresas.2 Fieles a la tradición institucionalista que les precedió, pero con un tinte marcadamente micro, HyS propusieron que estos comportamientos son el resultado de instituciones que limitan a la vez que posibilitan la solución de diversos problemas de coordinación entre empresas y otros agentes económicos. Ámbitos clave donde éstos deben coordinarse son los mercados financieros y gobiernos corporativos, las relaciones con otras empresas, la fijación de estándares industriales, los sistemas de capacitación y educación, y las relaciones laborales, entre otros. Dichos ámbitos institucionales, proponen HyS, pueden inducir a las empresas a coordinar sus acciones a través de dos principios típicos ideales: los mercados o la coordinación estratégica. Los primeros operan en función de señales de precios y la competencia, y coordinan las acciones de agentes económicos anónimos en un momento específico en el tiempo; el segundo opera en función de la creación de lazos de confianza y cooperación, y coordina las acciones repetidas de agentes en el tiempo. Surgen así, dos tipos ideales de “variedades de capitalismo” según la mayoría de dichos ámbitos institucionales genere patrones de mercado (economías de mercado liberales, EML) o de coordinación estratégica (economías de mercado coordinadas, EMC).

Una idea central de HyS es la existencia de “complementariedades institucionales”, esto es, que el acoplamiento de dos o más ámbitos institucionales puede generar sinergias positivas hacia el conjunto de la economía. Por ejemplo, en EML, las relaciones laborales flexibles incentivan la adquisición de competencias que permitan migrar de una industria a otra. Esta situación se ve favorecida por la existencia de sistemas de capacitación que ponen el énfasis en proveer capacidades generales y no específicas a cada industria, de modo que los trabajadores puedan adaptarse rápidamente a distintos requerimientos. En las EMC, en cambio, las relaciones laborales operan bajo sistemas neocorporativos que favorecen la estabilidad laboral y la negociación colectiva. En este caso, tanto empresas como trabajadores tienen incentivos para establecer planes de capacitación de largo plazo en habilidades específicas de cada industria. Esto, a su vez, se ve reforzado y beneficiado cuando existen sistemas educativos tendientes a la especialización y políticas sociales que protegen el empleo.

De acuerdo con HyS, estas complementariedades institucionales favorecen el desarrollo de determinados nichos de mercado y determinados patrones de innovación. Así, de acuerdo con los autores, el desempeño económico es maximizado cuando el conjunto de instituciones se organizan bajo un mismo principio de coordinación, ya sea el mercado o la coordinación estratégica. Gracias a las complementariedades que estos conjuntos institucionales generan, se producen “ventajas comparativas institucionales” que las empresas usan, demandan y defienden, para establecer sus estrategias productivas. Estos patrones de comportamiento también generan formas específicas de ajuste ante shocks externos, haciendo que las respuestas ofrecidas a las presiones puestas por la globalización y la liberalización sean más mercado o más coordinación estratégica respectivamente. De este modo, las EML y EMC presentan trayectorias dependientes (pathdependent) que las refuerzan en el tiempo.

A partir de su publicación, el volumen de HyS generó una marea de respuestas, tanto positivas como críticas. Entre éstas, cabe destacar:

De manera más general, se critica a HyS que su foco en la “variedad” llevó a dejar el estudio del capitalismo propiamente tal, y la manera en que su dinámica de desarrollo en el tiempo y en el espacio afecta dichas variedades (Bohle y Greskovits, 2009; Bruff, 2011; Streeck, en prensa). Como veremos más adelante, argumentamos que la asimilación de VdeC fuera de los países avanzados, particularmente en América Latina, ha permitido superar buena parte de estas críticas.

VdeC en América Latina

El estudio de la diversidad capitalista tiene un largo pedigrí en la región. Éste derivó de las críticas a la “vía única” al desarrollo ofrecida por las teorías de la modernización, y se materializó en las tradiciones estructuralista y dependentista en sus distintas variantes (véase Palma, 1978). El mismo Prebisch al hacer su distinción entre centro y periferia apuntó la existencia de diferencias al interior del capitalismo en virtud de la división internacional del trabajo entre países, y el hecho de que el desarrollo no siguiera necesariamente una misma ruta. Yendo un paso más allá, Cardoso y Faletto (1969) observaron diferencias al interior mismo de las economías dependientes latinoamericanas, entre economías de enclave y economías de producción nacionalmente controlada, con importantes variaciones en su estructura económica y de clases y, por lo tanto, con distintas perspectivas en términos de la conformación de alianzas desarrollistas y nacional-populares. Este énfasis en analizar la variedad de “situaciones concretas” de dependencia puede observarse también en los trabajos de la CEPAL en torno a los “estilos de desarrollo”, que distinguen distintas situaciones de subdesarrollo -y sus potenciales- en función de la combinación entre estructura económica, patrón de la demanda interna, y sus efectos políticos e institucionales (e.g.Pinto, 2008).

El interés por analizar la “variedad” de situaciones de dependencia en la región como base para comprender el desarrollo como una meta con muchos caminos se perdió hacia los años ochenta con el triunfo de la economía neoclásica y su relectura de las teorías de la modernización y del camino único. Sin embargo, la experiencia de los países de nueva industrialización en Asia y el auge de las teorías sobre VdeC en los países avanzados, ha llevado a revitalizar estas consideraciones (véase Huber, 2002).

Se pueden identificar tres enfoques a través de los cuales VdeC ha viajado a América Latina (véase también Arinci, Pessina y Ebenau, 2015: 190-191): a) un primer enfoque esencialmente inductivo en que se intenta identificar configuraciones de países sin una aplicación directa de VdeC; b) un segundo enfoque predominantemente deductivo, basado en una aplicación más o menos directa de VdeC y, c) un tercer enfoque también predominantemente deductivo, pero que ha intentado adaptar VdeC y encontrar las variedades específicas de la región. Nuestro argumento es que en cada uno de estos enfoques, el análisis de la diversidad y la necesidad cambiante y variable de adaptar VdeC han contribuido a ofrecer claves para superar varias de las críticas a la versión original.

Descubriendo la variedad

Un primer conjunto de trabajos se caracteriza por pensar modelos de capitalismo en la región inductivamente a partir de la identificación de países con trayectorias o resultados similares. Estos trabajos toman generalmente como antecedente la literatura estructuralista y dependentista y establecen una relación variable con la literatura de VdeC del mundo avanzado, desplegando un marco teórico flexible y poco sistemático para entender la especificidad regional y la variación al interior de ella. Incluimos también dentro de este enfoque aquellos trabajos que, al tener un uso menos intensivo en datos, utilizan a VdeC como una manera de pensar la existencia de distintas vías al desarrollo en la región, poniendo énfasis en la importancia de las instituciones y ofreciendo lecciones para la elaboración de políticas públicas (Boschi, 2011; Bresser-Pereira, 2012; Gaitán y Boschi, 2015). Como en a los trabajos más inductivos, estos autores también despliegan una conexión variable con VdeC y no existe un marco teórico estricto para el análisis.

Al interior de este enfoque, la diferencia entre distintos modelos se de riva en general de la “naturaleza y grado de intervención estatal” (Bresser-Pereira, 2012: 24), que funciona sobre todo para “limitar el daño” de las fuerzas potencialmente disruptivas del capitalismo (Sheahan, 2002: 25). Así, Sheahan (2002) distingue entre un capitalismo liberal, caracterizado por descansar en la propiedad privada y la distribución a través de mercados relativamente libres, y un capitalismo dirigido por el Estado y, a su vez, al interior de cada modelo, distintas variantes según el régimen político en que se desarrollan y el grado u objetivos de la actividad estatal. Para MesaLago (2002) los distintos modelos suponen diversos objetivos en términos de desarrollo (crecimiento versus equidad) y distintos medios para alcanzarlos (mercado versus Estado), presentando resultados socioeconomicos típicos. Mientras Mesa-Lago (2002) utiliza tres países, Chile, Costa Rica y Cuba, como ejemplos de tres modelos (de mercado, mixto y socialista respectivamente), Sheahan (2002) utiliza sus categorías para identificar históricamente distintos modelos en diferentes países, con el resultado de que durante la segunda mitad del siglo xx, cada país analizado experimentó con un rango de entre tres y siete modelos de capitalismo diferentes (Sheahan, 2002: 36-37). El resultado es el descrubrimiento de configuraciones o trayectorias nacionales típicas (Mesa-Lago, 2002; Sheahan, 2002).

En este enfoque la noción de “modelo” es utilizada de una forma más bien laxa, sin dejar clara la relación entre los distintos elementos que lo componen: instituciones (económicas y políticas), estructuras (económicas y políticas), actores políticos organizados (empresarios, sindicatos, partidos políticos), fuerzas económicas internacionales, ideología de los grupos dominantes, etc. (véase Boschi, 2011). Probablemente la contribución más distinguida de este enfoque sea, en este sentido, la asociación inductiva de conjuntos de países con ciertas características, determinados desempeños y el valor heurístico de incorporar la región a la discusión sobre VdeC rescatando la posibilidad que éste ofrece de pensar distintos modelos de desarrollo de manera más articulada. Una segunda contribución es la reflexión acerca de la dificultad de aplicar de manera directa las categorías de análisis de VdeC a América Latina (véase Filgueira y Filgueira, 2002). Algunos temas importantes que surgen de ello y que han sido cruciales para las discusiones de los otros enfoques son reconocer la alta velocidad del cambio institucional en la región y la consiguiente dificultad de mantener ciertas orientaciones de política durante largos periodos (e.g.Schrank, 2009; Schneider, 2013).

Aplicando VdeC: ¿Qué país a cuál modelo?

Un segundo conjunto de trabajos se caracteriza por una entrada predominantemente deductiva y por aplicar de manera más directa las categorías elaboradas por VdeC a los países de la región. Esto hace que este enfoque sea más sistemático que el anterior, pues proviene directamente de un marco analítico más estructurado. En efecto, se hace uso de premisas básicas de VdeC como la importancia de las complementariedades institucionales y su capacidad para generar equilibrios sistémicos con una gran estabilidad en el tiempo.

Una de las primeras adaptaciones de VdeC a América Latina es la que proveen Bogliaccini y Filgueira (2011). Luego de revisar la literatura respectiva, los autores analizan la diversidad de “variedades” en el mundo avanzado y discuten en qué medida distintos países de la región pueden entenderse como “aspirantes” a estas variedades, al destacar un cambio de patrón desde uno más cercano a un capitalismo mediterráneo de los países de Europa del sur, a otro más cercano a la variedad liberal luego de las reformas neoliberales de finales de siglo. Cabe destacar también una serie de trabajos que, haciendo eco de la vertiente de VdeC que estudia la variedad de “sistemas de negocios” (business systems) en los países avanzados (Whitley, 1999), intenta caracterizar el entorno de negocios para las empresas latinoamericanas y cómo éstas responden a los estímulos institucionales que se les presentan (Miller, 2010; Friel, 2011).

Una perspectiva interesante la proveen Bizberg (2014) y Bizberg y Théret (2014a, 2014b), que aplican un marco VdeC proveniente de la escuela de la regulación francesa (véase también Quemia, 2001). Esta perspectiva puede caracterizarse como a medio camino entre el enfoque de aplicación directa de VdeC y la búsqueda de una variedad latinoamericana autóctona (véase más adelante). Respecto a la aplicación directa, los autores toman muy de cerca el marco teórico regulacionista, caracterizado por la distinción entre régimen de acumulación (el capitalismo) y modo de regulación (la manera específica en que se traduce institucionalmente), y la codificación de distintos modos de regulación a partir de la forma de integración a la economía internacional (mercado interno o externo), la relación entre el Estado y la economía, y la relación salarial, esto es, la manera de regular el conflicto entre capital y trabajo a través de sistemas de relaciones industriales y políticas sociales. Así, las variedades emergen al combinar elementos comunes asociados al carácter capitalista de los países y la diversidad ligada a su codificación institucional y a los grupos sociopolíticos dominantes en cada sociedad. Utilizando este marco, Bizberg y Théret analizan la trayectoria de cuatro países, Argentina, Brasil, México y Chile.

Este enfoque puede criticarse por aplicar el marco de VdeC de manera demasiado mecánica a la región, incluso en el caso de Bizberg y Théret que emplean la variante regulacionista. A diferencia del enfoque anterior, se aprecia una menor discusión acerca de si las categorías de VdeC son o no adecuadas para caracterizar una región como América Latina. En efecto, cuando los casos no encajan perfectamente con los modelos teóricos, se invoca la idea de que ciertos países o instituciones específicas se encuentran aún en transición hacia modelos más consolidados (Bogliaccini y Filgueira, 2011; Bizberg, 2014: 41-43). Asimismo, se asumen las complementariedades de una manera laxa, al pensar que dos ámbitos institucionales que coexisten son complementarios, sin llegar a estudiar si realmente éstos se complementan o no (Bizberg, 2014: 43).

A pesar de estas críticas, cabe destacar diversos elementos que permiten despojar a estos trabajos del funcionalismo y el determinismo histórico contenido en VdeC, especialmente en su versión HyS. En el caso de las complementariedades, por ejemplo, Bogliaccini y Filgueira (2011: 13) las entienden como “configuraciones problemáticas”, esto es, que plantean dilemas más que rutas claras de eficiencia y competitividad. Por otro lado, Bizberg y Théret (2014a, 2014b), muestran que aun cuando el cambio institucional es impulsado por un factor externo común (las crisis económicas), dependiendo de las configuraciones de actores y las instituciones nacionales, los países responden de manera diferenciada (véase también Quemia, 2001: 60). En este sentido, las coyunturas críticas interactúan de manera dinámica con los legados del pasado y las coaliciones políticas actuales para producir nuevas configuraciones o variedades. Así, mientras las relaciones institucionales dejan de ser funcionalmente complementarias, el proceso de cambio y consolidación institucional deja de ser mecánico y se sitúa en procesos políticos concretos.

Buscando la variedad adecuada

A diferencia del enfoque anterior, una serie de autores coinciden en que el análisis de las economías de la región requiere nuevas categorías adaptadas a la realidad regional, y no puede basarse en una aplicación más o menos mecánica de las teorías sobre VdeC por más heterodoxas que sean. En este caso, el análisis intenta buscar, también deductivamente, la existencia de mecanismos institucionales propios de un capitalismo subdesarrollado que reflejan una diferencia cualitativa respecto a los países avanzados y que no necesariamente conducen a resultados satisfactorios, poniendo en tela de juicio la noción de “ventajas comparativas institucionales”. En este contexto, se toma la inserción en la economía global como un factor crucial para explicar las variedades y las complementariedades institucionales que caracterizan a la región. Este enfoque está representado principalmente por los trabajos de Ben R. Schneider (2009, 2013), mientras que autores como Bizberg y Théret (2004a, 2004b) se acercan a él en la medida en que enfatizan la inserción internacional y por lo tanto el carácter endémico del capitalismo latinoamericano.

En el caso de Schneider (2009, 2013), las economías latinoamericanas se caracterizan por el rol que juegan las relaciones de jerarquía entre distintos actores, de ahí la etiqueta de economías de mercado jerárquicas (EMJ). Aquí, la jerarquía reemplaza el rol que los mercados o la coordinación estratégica juega en las economías avanzadas, y apunta al alto control que en América Latina ejercen sobre la economía las grandes empresas. Para el autor, este control se caracteriza por una suerte de “división del trabajo” tácita entre grandes multinacionales y grupos económicos domésticos. Mientras las multinacionales se concentran en los sectores más dinámicos de la economía, incluida la manufactura de punta, los grupos domésticos se encuentran diversificados en actividades extractivas, manufactura de baja tecnología (agricultura, minería y sus productos) y sectores no transables.

De acuerdo a Schneider, la gobernanza corporativa juega un rol central para entender el funcionamiento de las jerarquías. La mayoría de las empresas están controladas por sus propios dueños, ya sea empresas matrices multinacionales o familias prominentes. La concentración de la propiedad hace que las relaciones industriales sean particularmente sesgadas en favor del capital y de asociaciones empresariales, que se benefician de mercados de trabajo desregulados, amplios reservorios de trabajadores poco calificados y baja densidad sindical (Schneider y Karcher, 2010: 636; Schneider, 2009: 563). El papel de la jerarquía en los gobiernos corporativos genera complementariedades hacia los sistemas financiero, de innovación y de formación de competencias o educativo. En el caso de los primeros, las empresas multinacionales y los grupos diversificados domésticos internalizan el rol de los mercados financieros y organizan de esta manera la inversión y la transferencia tecnológica al interior de dichos grupos, lo que impide el desarrollo de ambos sistemas (Schneider, 2009: 566). A su vez, la concentración de la economía en sectores extractivos y de baja productividad, caracterizados por bajos niveles de innovación, y la existencia de mercados laborales flexibles que generan alta rotación y altos niveles de informalidad, producen lo que Schneider y Karcher (2010: 633) denominan una “trampa de bajas competencias y malos trabajos” (low skills, bad jobs trap). Así, surge la idea de que las complementariedades pueden también ser negativas y reforzar el subdesarrollo en el tiempo. En un artículo escrito con David Soskice, Schneider (2009) intenta explicar la continuidad histórica de estas complementariedades a partir del análisis comparado de los sistemas políticos, y la manera en que éstos interactúan con los ámbitos institucionales antes descritos.

Si bien este enfoque ha sido criticado por reproducir buena parte de las fallas de HyS, entre otros, la incapacidad por dar cuenta del origen de las instituciones, la mantención de cierto funcionalismo al momento de entender las complementariedades, o los problemas que significa subsumir la diversidad de la región bajo una misma variedad (Ebenau, 2012), cabe también destacar una serie de elementos que le permiten superar el análisis original de HyS. En primer lugar, en línea con el enfoque anterior, se vuelve a reducir el funcionalismo de VdeC al comprender la existencia de disfuncionalidades institucionales, y al explicar políticamente por qué, aun siendo disfuncionales, estas estructuras pueden sostenerse durante largos periodos por los intereses de grandes grupos económicos concentrados en sectores extractivos y la connivencia del Estado con ellos.

Por otro lado, estos trabajos intentan justamente rescatar el papel del Estado en el capitalismo latinoamericano. En el caso de Schneider, éste afirma -aunque no analiza- que el Estado tiene un rol fundamental en el diseño directo o indirecto de las instituciones asociadas a las EMJ, particularmente los patrones de diversificación de los grupos económicos (Schneider, 2009: 570). El rescate del papel del Estado es particularmente importante en el trabajo de Bizberg y Théret (2014a, 2014b), quienes reivindican con fuerza la importancia de la relación entre Estado y empresarios para comprender las variedades de capitalismo en la región. Cabe destacar, sin embargo, que este rescate del Estado no deja de ser problemático. Mientras en el caso de Schneider el análisis parece todavía muy apegado al “empresacentrismo” de HyS, y termina reduciendo al Estado a un canal de transmisión de los intereses del gran empresariado, en Bizberg y Théret se aprecia una tensión entre una definición marxista del Estado en tanto “materialización de coaliciones sociopolíticas distintas” (Bizberg y Théret, 2014a: 28) y otra weberiana-evansiana como mediador e interventor en el conflicto entre empresarios y sindicatos (Bizberg y Théret, 2014a: 29-30). Lo anterior hace pensar que, como paso previo a la incorporación del Estado como parte de la caracterización de las variedades del capitalismo en América Latina, debería reflexionarse sobre las características propias del Estado en la región, así como los problemas de variedad en la fortaleza institucional (véase Levitsky y Murillo, 2010). En efecto, América Latina se ha caracterizado históricamente más bien por la ausencia que por la presencia del Estado en materia de políticas públicas, así como por grandes disparidades de capacidad estatal entre países y al interior mismo de cada país, lo que se refleja en grandes problemas y diferencias al momento de cobrar impuestos y redistribuir, contrastando fuertemente con la situación en el capitalismo avanzado (Schrank, 2009; Urteaga Quispe, 2017; Ubasart-González y Minteguiaga, 2017: 221).

Tres contribuciones de VdeC al estudio del desarrollo latinoamericano

En esta sección detallamos tres direcciones en las cuales, a nuestro juicio, una incorporación crítica de la literatura sobre VdeC permitiría empujar la investigación sobre el desarrollo en América Latina y sus alternativas: a) el estudio de la política pública comparada, b) la revitalización de los estudios de la dependencia y c) una mejor comprensión del capitalismo en tanto sistema global y su desigual expansión e integración.

Política pública comparada

En América Latina existe una larga tradición de analizar las políticas públicas, especialmente las políticas sociales, pero raramente ha sido incorporada a debates globales. Tal como apuntara una de sus principales exponentes, Evelyne Huber, “poner a América Latina en perspectiva comparada es importante para extraer lecciones de política, pero eso se intenta muy raras veces” (citada en Martínez, Molyneux y Sánchez-Ancochea, 2009: 13, traducción propia). Incorporar la agenda de investigación sobre variedades de capitalismo a la región permite avanzar en dicho análisis comparativo en al menos dos ámbitos: abrir el estudio de los sistemas educativos y de formación de competencias y agregar dimensiones al estudio de las políticas sociales y los mundos del bienestar.

Existe un amplio consenso de que el mejoramiento de la educación y el aumento del capital humano son cruciales para que la región logre dar el salto al desarrollo (OCDE, CEPAL y CAF, 2016). Sin embargo, salvo excepciones, la investigación regional está atrasada en el análisis de los sistemas educativos y de formación de competencias, su relación con los mercados de trabajo, y su capacidad para impulsar el crecimiento económico.3 Mientras que por mucho tiempo la ciencia política tampoco puso mayor interés en el asunto, la literatura sobre variedades de capitalismo ha permitido un avance sustantivo (Busemeyer y Trampusch, 2011). Por una parte, diversas contribuciones han mostrado la complementariedad entre sistemas educativos y de formación de competencias, los mercados laborales y las políticas sociales al momento de estimular la demanda de competencias por parte de empresas y trabajadores, y de generar determinados patrones de especialización económica y de solidaridad social (Estevez-Abe, Iversen y Soskice, 2001; Iversen, 2005; Busemeyer, 2015). Por otra parte, una serie de autores ha mostrado la manera en que instituciones políticas, gobiernos, partidos políticos, empresarios y trabajadores organizados han interactuado históricamente para generar distintos sistemas educativos (Thelen, 2004; Busemeyer, 2015). Algunos esfuerzos aislados por incorporar estas ideas a la región sugieren que la incorporación de la agenda de VdeC podría permitir comprender mejor la relación entre oferta educativa, especialización económica y demanda de capital humano (Bogliaccini y Madariaga, 2017), la relación entre la segmentación de los mercados laborales y las competencias educativas (Schneider y Karcher, 2010) y los contextos institucionales y las correlaciones de fuerzas en la base de posibles coaliciones que pugnen por sistemas educativos más solidarios, más adecuados a los mercados laborales, y que permitan incrementar la complejidad de las economías de la región (Doner y Schneider, 2016).

Una segunda problemática fundamental en el estudio del desarrollo latinoamericano es la alta y persistente desigualdad y las formas de redistribución a través de políticas sociales y Estados del bienestar, aun cuando de manera tímida la región se ha ido vinculando con los estudios clásicos sobre modelos de bienestar en países avanzados (Ubasart-González y Minteguiaga, 2017). Caba destacar aquellos trabajos que analizan el welfare mix en la región y subrayan la importancia de las familias y la informalidad (Martínez Franzoni, 2008), así como aquellos que tratan de entender la economía política de la estabilidad y los cambio de estos sistemas, en general gracias a teorías institucionalistas y de recursos de poder (Huber y Stephens, 2012; Pribble, 2013). La literatura sobre VdeC ofrece una nueva arista de investigación, a saber, aquella asociada al rol de los empresarios en el desarrollo de las politicas sociales. Autores como Swenson (1991) y Mares (2003) han estudiado el rol de ciertos sectores empresariales en apoyar las políticas sociales. Los autores argumentan que bajo ciertas condiciones y en la medida que les permita potenciar sus estrategias productivas y competitividad externa, los empresarios están dispuestos a generar coaliciones policlasistas en defensa de beneficios sociales y la protección del empleo. Aun cuando el argumento ha generado reacciones críticas (véase Korpi, 2006), cabe plantearse la posibilidad que ciertos sectores empresariales en América Latina estén dispuestos a aceptar mayores niveles de gasto público en políticas sociales en la medida que esto potencie sus esfuerzos productivos. En este sentido, investigar las condiciones bajo las cuales el empresariado estaría dispuesto a financiar dichos esfuerzos, parece una dirección fructífera en la que podría moverse el estudio de la política social en la región. Del mismo modo, siguiendo la posibilidad de que existan complementariedades positivas entre políticas sociales, protección del empleo y alta inversión en capital humano, como en el caso de las economías coordinadas de Europa continental (Estevez-Abe, Iversen y Soskice, 2001), parece promisorio preguntarse si una combinación de este tipo podría también generar efectos sinérgicos en América Latina.

Revitalizar los estudios de la dependencia

A pesar de las advertencias señeras de Stallings (1992) respecto a la creciente importancia de los factores internacionales para explicar el desarrollo en un contexto de alta movilidad de capital, las teorías de la dependencia han sufrido un franco declive producto de cuestionamientos teóricos y empíricos, de manera más patente con el surgimiento de los tigres asiáticos. Sin embargo, en la última década han existido diversos intentos por revivirla y adecuarla a las condiciones actuales (véase Heller, Rueschemeyer y Snyder, 2009).

La adopción de VdeC fuera de los países avanzados ha sido importante en esta revitalización en al menos dos direcciones. Primero, la adopción de VdeC a Europa del Este ha permitiendo una reconsideración, relectura y reconceptualización de los enfoques de la dependencia, particularmente aquel asociado a Cardoso y Faletto (1969). En efecto, la necesidad de dar cuenta de la importancia de las relaciones transnacionales al momento de caracterizar las VdeC en Europa del Este, llevó a autores originalmente inspirados en VdeC ha entrar en diálogo explícito con la escuela de la dependencia, llevando incluso a clasificar estos países como “economías de mercado dependientes” (Nölke y Vliegenthart, 2009). Los análisis han mostrado que los países de Europa Central que pertenecieron al bloque socialista (República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría y Polonia, entre otros) presentan una situación paradójica: por un lado, tasas similares a los países avanzados en términos de empleo manufacturero y de exportaciones con alto contenido tecnológico; por el otro, una fuerte dependencia de estos países en términos de flujos de capital. Esto ha llevado a revisar el postulado de que los países dependientes necesariamente se especialicen en la elaboración de productos menos sofisticados o que el empleo se concentre en sectores de baja productividad (Bruszt y Greskovits, 2009). Así, se plantea que la dependencia tiene más que ver con la capacidad de actores externos de controlar la economía nacional, especialmente por la vía de flujos de inversión, lo que no necesariamente tiene un correlato en el atraso de la estructura económica de las economías nacionales (Nölke y Vliegenthart, 2009; Vliegenthart, 2010). Lo anterior ha llevado a centrar el foco en el lugar donde se toman las decisiones dentro de cadenas globales de valor, y el efecto de la concentración de las inversiones en determinados sectores por un puñado de empresas, lo que abre la posibilidad de pensar con nuevos ojos el rol de la especialización económica y de las empresas transnacionales en el desarrollo (véase Bruszt y Greskovits, 2009).

En segundo lugar, la adopción de VdeC en América Latina ha generado una reacción crítica que intenta rescatar los estudios de la dependencia como fuente original para comprender la diversidad del capitalismo en la región (Ebenau, 2012; Arinci, Pessina y Ebenau, 2015; Hernández López, 2017). Así, se destaca la necesidad de tener en cuenta la manera específica en que la dependencia externa moldea las configuraciones socioeconómicas y políticas locales, y la necesidad de analizar en conjunto las determinaciones externas y la manera como los actores locales responden a ellas (Ebenau, 2012: 218-219). Por ejemplo, aun cuando VdeC se centra en el papel de las empresas, ésta no captura adecuadamente el carácter transnacionalizado de la producción y la manera en que eso afecta las estrategias empresariales a nivel local (Fishwick, 2014: 116). En este contexto se subraya que también existe una relación desigual entre capitalistas de los países centrales y periféricos, donde la mayor explotación laboral ocurrida en la periferia se explica en parte por la necesidad de los empresarios de países dependientes de “compensar” sus desventajas en el comercio internacional vis à vis las empresas de países avanzados (Arinci, Pessina y Ebenau, 2015: 193).

La crítica a VdeC a partir de la reconsideración de los estudios de la dependencia ha permitido, a su vez, reenfocar y actualizar el estudio de la dependencia. Así, estas investigaciones se han volcado en el estudio concreto de cómo se produce la dependencia a nivel local, en tanto fundamento y reflejo de las formas estructurales de la dependencia a nivel más abstracto (nacional, global). En efecto, regiones y ámbitos locales constituyen instancias fundamentales para integrarse a las nuevas dinámicas económicas en un contexto de acelerada globalización y cambio (Fernández y Alfaro, 2011). En este caso, las VdeC se entienden en virtud de la variable institucionalización del capitalismo dependiente en los contextos locales, así como los patrones asociados de reproducción y protesta contra el mismo. Sobre esto último, Fishwick (2014) resalta la importancia de los repertorios de resistencia que despliegan distintos actores y su efecto en modificar las relaciones de dependencia en el ámbito local.

Siguiendo esto, una posible dirección para futuras investigaciones es el análisis de aquellas situaciones en las que la institucionalización del capitalismo dependiente a nivel local ha permitido generar círculos virtuosos de desarrollo económico para los territorios respectivos. Más aún, resulta interesante analizar la manera en que dichas situaciones de desarrollo local interactúan con un marco nacional dependiente, y las repercusiones que tiene a nivel agregado, esto es, en qué medida la existencia de “islas de prosperidad” terminan condicionando las estrategias de desarrollo a nivel nacional (Fernández y Alfaro, 2011: 84).

El capitalismo y sus variedades en distintas escalas

Una de las críticas más certeras a VdeC, especialmente en el contexto latinoamericano, es su nacionalismo metodológico y su falta de atención a las dependencias e interdependencias transnacionales que enmarcan los esfuerzos de los países menos avanzados por alcanzar el desarrollo. Como mostramos arriba, la sola asimilación de VdeC a América Latina y a las economías menos avanzadas en general, ha implicado reconocer la existencia de dichas relaciones y la estrecha interpenetración entre distintas economías nacionales, especialmente a través del rol de las empresas multinacionales. Ahora bien, incluso en su versión más elaborada para América Latina, como es el caso de las economías de mercado jerárquicas de Ben Schneider, VdeC no analiza el ámbito transnacional como un contexto en sí, pues termina atribuyendo los problemas de estas economías a la falta de sinergia entre instituciones del ámbito nacional (Ebenau, 2012: 203-204).

Arriba hemos mencionado dos formas a través de las cuales el estudio de las VdeC en América Latina puede contribuir a mejorar nuestra comprensión de las distintas escalas en las que se institucionaliza el capitalismo contemporáneo y la variedad de situaciones que ello presenta para el desarrollo. En primer lugar, el análisis de las cadenas globales de valor, esto es, la manera en que se distribuyen los roles al interior de las mismas, el papel de los gobiernos y la regulación local para promover distintas formas de inserción internacional, y la relación que se desarrolla entre distintas variedades de capitalismo avanzadas y periféricas en la articulación de estas cadenas (véase Gereffi, 1995).

En segundo lugar, en línea con la literatura sobre “nuevo regionalismo”, el análisis de la región bajo una lógica de VdeC permite analizar las VdeC en el nivel regional, tanto subnacional como supranacional. En el nivel subnacional, cabe destacar el análisis de distritos industriales o polos de desarrollo al interior de los países, en tanto lugar privilegiado para la cooperación y la innovación, y su relación con el resto del territorio, tal como fuera el énfasis de la literatura sobre sistemas productivos locales y distritos industriales que precedió a HyS (véase Whitley, 1999; Hollingsworth y Boyer, 1997). Por otro lado, destaca el desarrollo reciente en cuanto a estudiar los modos de integración internacional a través de “regímenes de integración transnacional”, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Mercosur, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) o la Organización Mundial de Comercio (OMC), en tanto formas institucionales que median y canalizan la integración de los países y ofrecen diversas alternativas de desarrollo (Bruszt y Palestini, 2016).

Reflexiones finales

En este artículo hemos revisado críticamente la literatura sobre VdeC, especialmente su adaptación a América Latina, preguntándonos por las contribuciones que ésta ofrece para el análisis del desarrollo en la región. Un primer elemento a destacar es que, más allá de sus límites, la adaptación de VdeC a América Latina ha significado avanzar en varias de las críticas que se le hacen a la literatura original. Aquí destacamos tres: a) la reducción del funcionalismo, al entender que relaciones entre ámbitos institucionales no necesariamente producen sinergias positivas, y que los efectos negativos de los mismos se deben en buena medida a la existencia de coaliciones de actores que se benefician de ellos y que los sostienen en el largo plazo; b) la reducción del determinismo en la comprensión del cambio institucional al incorporar actores y coaliciones, así como shocks exógenos, que permiten explicar la alta variación de modelos de desarrollo y marcos institucionales en la región, y c) la superación del nacionalismo metodológico al avanzar en la conceptualización y comprensión del capitalismo en tanto sistema socioeconómico cuya expansión en el tiempo y el espacio es eminentemente desigual.

La respuesta a la pregunta que motiva este ensayo es positiva: la asimilación crítica de VdeC y su aplicación a América Latina ofrece importantes contribuciones para investigar el desarrollo en la región. Basamos este diagnóstico en el hecho de que permite avanzar en al menos tres ámbitos de investigación. En relación con el análisis comparado de la política pública, incorporar los conceptos e ideas de VdeC permite abrir el cada vez más fundamental estudio de los sistemas educativos y de formación de capital humano en la región, provee nuevas claves de análisis para analizar la política social, y permite pensar maneras en que ambos ámbitos puedan complementarse de manera positiva. Asimismo, se han revitalizado los estudios de la dependencia, que permiten no sólo rescatar las antiguas contribuciones que esta literatura hizo para el estudio de la diversidad del capitalismo dependiente de la región, sino también abrir la posibilidad de actualizar sus premisas, por ejemplo, las referidas al carácter de la dependencia y el rol que cumplen elementos como los flujos de capital y el desarrollo tecnológico. Por último, abre la posibilidad de incorporar de nuevo a la región al estudio del capitalismo contemporáneo y, en este sentido, contribuir al análisis de las múltiples escalas y variedades del capitalismo. Ejemplos de ello son el análisis de las cadenas globales de valor, los sistemas productivos locales o distritos industriales, y los regímenes de integración transnacionales.

Estas posibilidades no deberían dejar indiferente a los estudiosos del desarrollo en América Latina, pero tampoco deben asumirse de manera acrítica. Nos interesa, en este sentido, terminar con una reflexión sobre tres problemas frecuentes que evidencia la literatura sobre VdeC, y que es importante evitar. En primer lugar, resulta importante evitar el arte de clasificar por clasificar, cayendo en un uso de VdeC meramente para fines tipológicos. Una tras otra se han ido acumulando distintas tipologías y grupos de países, olvidándose el objetivo inicial de por qué es importante establecer dichas clasificaciones.

En segundo lugar, resulta fundamental no separar el estudio de las instituciones económicas y políticas, del estudio de las coaliciones que les dan origen y que están en la base de su reproducción y cambio en el tiempo. Al respecto, cabe destacar la importancia de notar no sólo la coincidencia entre coaliciones dominantes y conjuntos institucionales en un determinado periodo, sino también mostrar la manera específica o los mecanismos con que los unos afectan a los otros. Asimismo, resulta fundamental que al identificar el efecto positivo o negativo de un conjunto discreto de políticas e instituciones sobre el desempeño económico o social de un país, no se olvide con ello el contexto sociopolítico en que dicho desempeño tiene lugar.

Finalmente, resulta de suyo importante reconsiderar el papel que juega el Estado en las distintas variedades y su cambio en el tiempo. Al respecto cabe advertir que ésta es en sí una tarea de la máxima dificultad pues los países de la región difieren mucho no sólo en el grado o fuerza de la intervención estatal, sino también en la eficacia de dicha intervención.

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1 Para una traducción al castellano, véase Hall y Soskice (2006).

2 Ésta constituye una decisión analítica y no un juicio sobre el rol que cabe al Estado en las economías capitalistas. Siguiendo a Schneider (2013: 31) “el hecho de que los Estados sean cruciales para la emergencia y mantención de cualquier tipo de capitalismo, no implica en sí mismo un imperativo analítico de incorporación de aspectos del Estado o aspectos de la relación entre Estado y empresarios en la tipología del capitalismo” (traducción propia).

3 Para una excepción, véase Busso et al. (2012).

* El autor agradece los comentarios de dos dictaminadores anónimos y el apoyo del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) (Conicyt/Fondap/15130009).

Recebido: 12 de Julho de 2017; Aceito: 11 de Setembro de 2017

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