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Política y gobierno

versión impresa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.20 no.2 México ene. 2013

 

Reseñas

 

The Politics of Authoritarian Rule

 

Por Gerardo Maldonado

 

Milan W. Svolik, Nueva York, Cambridge University Press, 2012, 228 pp.

 

División de Estudios Internacionales, Centro de Investigación y Docencia Económicas

 

En las primeras décadas del siglo xxi, dado el aparente éxito de la democracia frente a otros regímenes políticos, parece muy sorprendente que aún existan gobiernos no democráticos. Sin embargo, este consenso, discutible en todo, va aparejado a un afortunado crecimiento de la investigación sobre los regímenes autoritarios, a una discusión progresiva sobre los diferentes tipos de autoritarismos, sus causas y sus consecuencias. Esta discusión, que en su versión moderna comienza con Hannah Arendt, Juan Linz y Guillemo O'Donnell, en los últimos años se ha beneficiado del trabajo de Paul Brooker, Beatriz Magaloni, Bruce Bueno de Mesquita, Jennifer Gandhi, Barbara Geddes, Adam Przeworski, Andreas Schedler, Steven Levitsky y Lucan Way. A éstos se agrega ahora el admirable libro de Milan W. Svolik, que los discute a todos, y propone un marco teórico unificado sobre el autoritarismo.

El argumento principal de Svolik es que la política en los regímenes autoritarios se caracteriza por buscar la solución a dos problemas: el primero es el conflicto que existe entre el dictador y aquellos con quienes gobierna; el segundo es el conflicto entre el dictador y aquellos a quienes gobierna. Al primero lo llama el problema del reparto del poder autoritario entre la élite y al segundo el problema del control autoritario de la población. Además, todos los regímenes autoritarios deben hacer frente a estos problemas bajo dos condiciones ineludibles: por un lado, la ausencia de una autoridad independiente que asegure el cumplimiento de acuerdos en el gobierno y, por el otro, la solución violenta como árbitro último de los conflictos. Así, como bien lo dice el autor, "la política autoritaria tiene lugar a la sombra de la traición y la violencia" (p. 2).

El objeto de estudio del trabajo es la supervivencia de las dictaduras y, en tanto, se busca explicar la llegada y, sobre todo, la salida de los líderes autoritarios o sus coaliciones. Este tipo de salidas puede ser de dos tipos, que el autor distingue entre "constitucionales" y "no constitucionales". Las primeras son situaciones consideradas legalmente para poner fin a un gobierno, como el término de un periodo fijo, la renuncia del gobernante o la muerte de éste; las segundas son aquellas circunstancias que no están contempladas como un procedimiento constitucional. El autor muestra que menos de la tercera parte de las "salidas" son constitucionales (entre estas: 40% son causas naturales,1 24% por término del mandato, 22% por renuncia y 9% por elecciones anticipadas), el resto ocurre por vías no constitucionales. De esta gran mayoría de salidas de líderes autoritarios, de acuerdo con los datos del autor, 68 por ciento son producto de un golpe de estado y sólo 11 por ciento ocurren por revuelta popular y 10 por ciento por transición a la democracia. Así, Svolik demuestra que el problema del reparto del poder en el autoritarismo no es menor, pues muchos dictadores han dejado el gobierno como consecuencia de una rebelión de insiders del régimen.

¿Cómo se resuelve entonces el problema del reparto del poder? Una solución es precisamente el fracaso en el reparto del poder; dicho de otra manera, el surgimiento de una autocracia personal. El autor demuestra que la clave de la interacción y el balance de poder entre el dictador y sus aliados es que los segundos sean capaces de sostener una amenaza creíble al dominio del primero. Sin embargo, cuando el dictador tiene tanto poder que esa amenaza carece de credibilidad, entonces aparece un autócrata personal, quien a su vez suele hacer creíble esa superioridad de poder mediante el culto a su persona (vayan como ejemplos Josef Stalin y Mao Zedong). Aunque en la conclusión el autor señala que este tipo de regímenes suelen desarrollar malas políticas públicas. La otra solución analizada en el libro es el éxito en el reparto del poder, lo cual ocurre principalmente por medio de un cuerpo de alto nivel, deliberativo y de toma de decisiones, que suele ser una legislatura o un partido político. Cuando la élite o los aliados son capaces de amenazar al dictador, entonces es necesario establecer un mecanismo para monitorear su comportamiento. Así, este tipo de instituciones hacen visible el compromiso del dictador hacia los acuerdos con sus aliados, permiten el flujo de información entre la élite gobernante y, así, facilitan detectar la falta de ese compromiso y también poder castigarlo. El autor señala que aquellas dictaduras que establecieron una legislatura tienen menos probabilidad de sufrir un golpe de Estado y suelen sobrevivir más tiempo que aquellas que no la establecieron.

Ahora bien, ¿cómo remediar el problema del control autoritario? Existen dos soluciones genéricas: el palo y la zanahoria, es decir la represión y la cooptación. De acuerdo con Svolik, la represión implica un riesgo moral para cualquier régimen autoritario, pues los recursos de los cuales se sirve para reprimir pueden usarse en su contra. Cuando un gobierno autoritario se enfrenta a una oposición masiva, organizada y potencialmente violenta, la única fuerza capaz de contenerla son los militares. El problema es que, para mantenerlos a su favor, el gobierno debe darles varias concesiones y recursos, que podrían utilizarse también para derrocar al líder autoritario. Esta discusión le permite al autor analizar los regímenes militares, establecer las condiciones que provocan la intervención del ejército en la política y, en las conclusiones, ofrecer algunas previsiones sobre las democracias de la Primavera Árabe. La otra posibilidad para controlar a la población es la cooptación, que se produce mediante el uso de la estructura de un partido político que eficazmente mantiene leal la base popular del régimen. Los partidos autoritarios consiguen controlar los resultados electorales y ordenar el reparto no sólo de bienes, sino de oportunidades para la población al reclutar segmentos valiosos de la sociedad. Svolik muestra que estos partidos hegemónicos o dominantes están asociados empíricamente con una supervivencia mayor de los regímenes autoritarios.

Es interesante apreciar, como lo hace el autor, que "bajo una dictadura, las instituciones nominalmente democráticas sirven a fines esencialmente autoritarios" (p.13). Precisamente dos instituciones características de la democracia (parlamentos y partidos políticos) suelen aumentar la probabilidad de mantener el poder de un líder o coalición autoritaria. Este hallazgo le otorga al libro un valor teórico importante, pero también vale la pena detenerse en el desarrollo metodológico.

Por un lado, las propuestas teóricas están formalizadas mediante instrumentaciones con base en la teoría de juegos. Por el otro, la demostración empírica de estas postulaciones teóricas suele desarrollarse en dos etapas: en la primera, Svolik presenta para cada argumento al menos un par de casos concretos, que permiten al lector acercarse mediante información cualitativa (en algunas partes incluso anecdótica) al tema discutido. De esta manera, el autor reseña varios casos representativos del mundo del autoritarismo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad, entre los cuales destacan los gobiernos militares de Egipto y Uganda; el Iraq en los años de Saddam Hussein y la Siria de Hafez Al-Assad; los regímenes de Stalin en la Unión Soviética y de Mao en China; la Cuba de los hermanos Castro, el Chile de Pinochet y, por supuesto, el notorio caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México —que en varias ocasiones es comparado con el Politburó y al Partido Comunista chino de las últimas décadas. Hecho esto, en una segunda etapa, el autor presenta una serie de resultados de estimaciones estadísticas con información cuantitativa sobre todas las dictaduras y sus líderes en el mismo periodo.

Para hacer esto último, Svilok elaboró distintas base datos con información referente a los regímenes autoritarios entre 1946 y 2008 en tres ámbitos. La primera base de datos corresponde al ámbito del país donde, para cada año, establece mediciones sobre el tipo de involucramiento militar en política, las formas de restricción a los partidos políticos, la concentración legislativa del partido autoritario y la elección del poder ejecutivo. El segundo ámbito es el líder autoritario, del cual establece para cada año-líder la manera como asumió y perdió el poder. Y el tercer ámbito es la coalición gobernante donde registra, para cada una, las formas de entrada y salida del gobierno del líder de cada coalición.

Estas distintas bases de datos le permiten al autor poner a prueba empírica sus argumentos desde perspectivas variadas. Cabe decir que Svolik, además del notable uso que le dio a toda esta información, también hizo disponibles las bases de datos de manera gratuita en su página del internet (publish.illinois.edu/msvolik).

A pesar de estas virtudes, es posible poner reparos tanto teóricos como empíricos. El autor señala al inicio, valiéndose de una frase de Tolstoi, que "mientras todas las democracias se asemejan, cada dictadura puede ser no democrática a su propia manera" (p. 20). Sin bien esto lo demuestra con creces, lo contrario no es cierto: las investigaciones recientes también han avanzado en mostrar las enormes variaciones entre los regímenes democráticos; cada democracia también puede serlo a su propia manera. En ese sentido, cabe decir que los problemas de reparto del poder entre la élite y de control de la población tampoco es un argumento exclusivo de los autoritarismos, aunque en las democracias se resuelven de otra manera —mediante elecciones libres y competitivas y la división de poderes—. Así, las democracias se diferencian entre ellas precisamente por los déficits de representatividad, participación y rendición de cuentas. Respecto a los autoritarismos, el autor no considera en su argumento algunos resultados empíricos de su trabajo.

Por un lado, claramente las diferencias entre regímenes autoritarios (de su acceso y expulsión del poder) dependen del tiempo y de posibles efectos de aprendizaje y difusión (figura 2.1): no es lo mismo ser una dictadura en los años sesenta, cuando están en apogeo como consecuencia de la posguerra y la descolonización, que ser una dictadura en la década de 1990 u hoy día, cuando es más costoso internacionalmente sostenerse. Por otro lado, tampoco toma en cuenta las agrupaciones regionales de tipos de autoritarismo (figuras 2.2 y 5.3): mientras América Latina se caracteriza por regímenes militares de relativa poca duración, en Asia suelen concentrase regímenes con legislaturas y partido hegemónico mucho más duraderos. Finalmente, no hay una explicación para los cambios dentro de un mismo caso: por ejemplo, China y Rusia pasaron de ser dictaduras personales a un autoritarismo competitivo y un régimen de partido hegemónico, respectivamente; México se transformó en el siglo pasado de un partido hegemónico a un autoritarismo electoral y después en una democracia.

No obstante lo anterior, el libro es una contribución a la ciencia política. Además, Svolik no sólo propone una discusión teórica interesante y controvertida para analizar los regímenes autoritarios, también ha proveído los elementos para continuarla mediante el análisis empírico riguroso.

 

Nota

1 De las "causas naturales" la principal es la muerte del dictador, algo que ocurrió recientemente con el fallecimiento de Hugo Chávez en Venezuela.

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