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Política y gobierno

versión impresa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.20 no.1 México ene. 2013

 

Artículos

 

Iglesia, evasión e involucramiento político en América Latina

 

Church, Withdrawal and Political Engagement in Latin America

 

Alejandro Díaz Domínguez*

 

* Profesor de tiempo parcial, Departamento de Ciencia Política, Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), Río Hondo 1, Col. Tizapán, San Ángel, 01080, México D. F. Tel. 52 (55) 56 28 40 00. Correo electrónico: alejandro.diaz@itam.mx.

 

Artículo recibido el 6 de marzo de 2012.
Aceptado para su publicación el 25 de septiembre de 2012.

 

Resumen

Al explorar la relación entre religión, evasión e involucramiento en América Latina, se verifica la hipótesis de evasión que predice que el tiempo dedicado a la Iglesia disminuye el tiempo dedicado a la política. Se analizan 24 países encuestados por el Barómetro de las Américas en 2010, donde se estudian la asistencia a servicios religiosos, a grupos de la Iglesia, importancia de la religión, confianza en las iglesias y la presencia de la Iglesia católica a escala subnacional con datos del Anuario Pontificio de 2005. Se halla evidencia en favor de la hipótesis de evasión entre quienes asisten al culto y donde existe una mayor presencia de la Iglesia católica, mientras que el involucramiento aumenta entre quienes asisten a grupos de la Iglesia.

Palabras clave: Iglesia, evasión, América Latina, católico, interés político.

 

Abstract

In order to explore the relationship among religion, withdrawal and political engagement in Latin America, I test the withdrawal hypothesis, which predicts that time devoted to the church takes time away from politics. I analyze 24 countries surveyed by the 2010 Americas Barometer, in which I study the impact of church attendance, attendance to religious groups, importance of religion, trust in the church, and the Catholic Church presence at the subnational level, employing data from the 2005 Pontifical Yearbook. I find evidence that supports the withdrawal hypothesis among church goers and those who trust in the church, and an increasing presence of the Church also tends to favor withdrawal, whereas political engagement increases among those who attend to church groups.

Keywords: Church, withdrawal, Latin America, Catholic, political engagement.

 

¿Los ciudadanos religiosos en los países de América Latina se están apartando de la política? La pregunta no es trivial, puesto que la región presenta uno de los porcentajes más altos de población católica alrededor del mundo (Cleary, 2009, 1; Vaticano, 2005), una sólida organización eclesial católica (Hagopian, 2009) y altas tasas de asistencia a la iglesia entre diversos credos (Cleary, 2009). Dado que las iglesias pueden ser una fuente potencial de información política (Gilbert, 1993, p. 171; Smith, 2008, p. 25) y los ciudadanos religiosos pueden constituir la base social de ciertos partidos políticos (Lynch, 1991; Middlebrook, 2000; Mainwaring y Scully, 2003; Magaloni y Moreno, 2003; Morales y Poveda, 2007, y Hagopian, 2009), existen razones para creer que las iglesias y sus feligreses pueden representar un factor relativamente influyente en la política.

Algunos académicos han argumentado que los ciudadanos religiosos en zonas mayoritariamente católicas se interesan en la política ocasionalmente, pues ésta usualmente importa cuando se trata de alcanzar el bien común, pero cuando surge el conflicto, generalmente auspiciado por facciones, el involucramiento político es cuestionado (Mainwaring y Wilde, 1989, p. 35; Azevedo, 1993, p. 649). Si consideramos estas perspectivas opuestas, existen dos explicaciones teóricas diferentes sobre la consecuencia política de las actividades religiosas, las hipótesis sobre la evasión y el involucramiento político.

Este artículo propone analizar el involucramiento y la evasión de la política mediante seis variables dependientes que nos aproximen a dichos conceptos: involucramiento en general a través de la frecuencia con que se consumen noticias, se usa el Internet y los ciudadanos se interesan en política, involucramiento cívico a través del registro en la lista de electores, involucramiento cognitivo a través de niveles de conocimiento político e involucramiento partidista a través de la simpatía o identificación con cualquier partido.

Las variables independientes principales son la frecuencia en la asistencia a servicios religiosos, a grupos de la iglesia, importancia de la religión en la vida de la persona entrevistada, confianza en la Iglesia católica, confianza en las iglesias protestantes y evangélicas, cinco denominaciones religiosas (católicos, protestantes, evangélicos, mormones y testigos de Jehová y credos no cristianos) así como la presencia del personal e infraestructura de la Iglesia católica a escala subnacional, con el objeto de considerar la actuación religiosa de los feligreses en su contexto religioso inmediato. Las hipótesis se verifican con las encuestas del Barómetro de las Américas levantadas en 2010 y datos agregados del Anuario Pontifico (Vaticano, 2005).

El artículo se divide en cuatro secciones. La primera detalla las teorías de evasión e involucramiento político, la segunda discute las hipótesis específicas, y la tercera describe datos y métodos estadísticos. Finalmente, la última sección expone hallazgos, conclusiones y líneas para futuras investigaciones.

 

La información política

La información sobre política entre los ciudadanos es desigual, pero sobre todo es desigual entre los ciudadanos religiosos. Aunque los factores que incrementan la información política en Estados Unidos son bien conocidos (Zaller, 1992; DelliCarpini y Keeter, 1996), los determinantes de la información política entre los ciudadanos latinoamericanos han sido menos estudiados (Boidi, 2007).

Aunque no hay un consenso completo respecto a lo que implica el conocimiento sobre política (Luskin, 1987; Mondak, 2001), la mayoría de los académicos ha medido este conocimiento a través de preguntas sobre información objetiva acerca de la política. Entre otras preguntas, diversos estudios han incluido el reconocimiento del nombre de políticos importantes, los puestos de elección popular que ocupan y diversa información cívica (Zaller, 1992; DelliCarpini y Keeter, 1996; Mondak, 2001; Barabas, 2002; Prior y Lupia, 2008).

La conclusión principal de dichos estudios es que los ciudadanos en general apenas conocen uno o dos temas sobre política (Converse, 1964), y de hecho ese mundo político que se encuentra alejado de muchos ciudadanos puede ser entendido a través de vías alternas como, por ejemplo, las escuelas, las iglesias en ciertos contextos (Wald, Owen y Hill, 1988; Verba, Lehman y Brady, 1995), los medios de comunicación masiva utilizados por las élites para persuadir a los ciudadanos sobre ciertos temas (Zaller, 1992), o bien, a través de ciertos atajos informativos donde lo que menos importa es estar amplia y rigurosamente informado, sino únicamente utilizar las propias predisposiciones y valores políticos, el contexto y el grado de credibilidad de los emisores de la información, así como las señales, intencionales o no, que son enviadas por los partidos, candidatos y gobernantes (Prior y Lupia, 2008).

En resumen, la adquisición de conocimiento político pasa por un proceso de socialización a través de determinados entornos en los cuales los ciudadanos se exponen a la política, utilizan vías de socialización en grupos como las escuelas e iglesias, o emplean otros recursos como el consumo de noticias en radio y televisión y el acceso a Internet, factores generalmente asociados con mayores niveles de ingreso y educación. Debido a la existencia de vías seculares y religiosas de socialización y a la variedad de recursos disponibles para ciertos segmentos sociales, al preguntar sobre información objetiva acerca de política, sobre interés en la política, involucramiento cívico o identificación con los partidos suele hallarse una considerable variación.

Las diferencias en el grado de información sobre hechos políticos en particular que posee el público latinoamericano sugieren que existen factores en el país que influyen en la habilidad de los ciudadanos para responder correctamente a preguntas sobre información política. Dichos factores pueden deberse a situaciones históricas y a las estructuras institucionales de gobierno, así como a las tradiciones de educación cívica y niveles de educación formal. Este estudio, sin embargo, se enfoca en determinantes religiosas en el ámbito individual y agregado al considerar la presencia de la Iglesia en 24 países que integran 133 regiones subnacionales, y se añaden, por supuesto, controles apropiados en el terreno individual.

 

El dilema: evasión o involucramiento

Por una parte, la hipótesis de la evasión establece que las personas religiosas no se interesan de manera central en la política debido a que el tiempo dedicado a la Iglesia reduce el tiempo que se puede dedicar a la política. Por otro lado, la hipótesis del involucramiento establece que las personas religiosas podrían estar interesadas en política debido al papel de la religión como ancla social. Más allá de los ya esperados efectos mixtos en los modelos econométricos, resulta importante delinear en qué condiciones las personas religiosas en América Latina se encuentran más propensas a involucrarse en la política.

La hipótesis de la evasión

La literatura relativamente reciente que ha sido publicada en Estados Unidos sugiere que la naturaleza jerárquica de la Iglesia católica establece limitaciones a los católicos para que aprendan y desarrollen habilidades y capacidades democráticas en la propia iglesia en comparación con las iglesias protestantes (Verba, Lehman y Brady, 1995, p. 323) dado que: "cuanto menos jerárquica y más participativa es la organización de la iglesia, es más probable que los feligreses aprendan y desarrollen habilidades y capacidades democráticas" (Verba, Lehman y Brady, 1995, p. 380).

Adicionalmente, otros académicos argumentan que los feligreses católicos no tienden a ver el involucramiento en la política como una consecuencia natural de la actividad religiosa (Djupe y Grant, 2001, p. 311). De hecho, pertenecer a la Iglesia católica tiende a reducir el interés por la política (Djupe y Grant, 2001; Campbell, 2004), puesto que es más probable que los feligreses se involucren en la política únicamente "en tiempos de crisis y oportunidad", al igual que las iglesias evangélicas (Djupe y Grant, 2001, p. 311).

En otras palabras, si algunos temas políticos no son relevantes para la Iglesia católica, entonces es menos probable que los feligreses católicos se involucren en asuntos públicos (Converse, 1964 y 1966; Campbell, 2004). De hecho, la falta de temas relevantes, desde la perspectiva de la Iglesia católica, puede llevar a una evasión consciente de la comunidad política (Campbell, 2004, p. 156) debido, entre otras razones, a la disyuntiva entre dedicar tiempo a la iglesia o a la política.

Si bien este entramado teórico se basa en la literatura para Estados Unidos, es posible observar ejemplos en América Latina. Véase el caso de México, un país mayoritariamente católico (84 por ciento según el censo de 2010): durante las elecciones intermedias de 1997, quienes acudían con mayor regularidad a los servicios religiosos seguían con escasa atención el desarrollo de las campañas políticas (Moreno, 1999, pp. 129-131), mientras que los ciudadanos religiosos eran quienes seguían con mayor atención las campañas electorales de 1991 (Domínguez y McCann, 1996, p. 34). Lo anterior podría sugerir una cierta evasión católica respecto del interés en las campañas políticas a través del tiempo. De hecho, mayores niveles de asistencia a la Iglesia tendieron a reforzar el voto por un mismo partido en elecciones consecutivas, esto es de 1994 a 1997 entre electores con bajos niveles de atención política (Moreno, 1999, p. 141). Todo ello parecería sugerir que la asistencia a la iglesia disminuye los niveles de conocimiento político entre los ciudadanos, porque el tiempo dedicado a los servicios religiosos compite en prioridades y tiempo con informarse sobre hechos políticos.

La literatura incluso parece empatar con la idea sobre el alejamiento de la política por parte de la Iglesia (al menos en el discurso), debido a que un involucramiento "excesivo" en política puede implicar potenciales desviaciones doctrinales desde la perspectiva de la alta jerarquía, como la afinidad de las comunidades eclesiales de base con posiciones de izquierda (Bruneau, 1986; Berryman, 1987; Vaticano-Propaganda Fide, 1984 y 1986; Hewitt, 1990). Adicionalmente, un involucramiento "excesivo" con la derecha podría minar los márgenes de maniobra de la propia Iglesia (Gill, 1998) y, en general, el involucramiento de la Iglesia en la política partidista podría minar su autonomía relativa e independencia política respecto a sus posicionamientos sociales (Camp, 1997; Mainwaring y Scully, 2003; Philpott, 2004). Por las razones anteriores se argumenta que la Iglesia prefiere mantenerse alejada de la política partidista.

La hipótesis del involucramiento

Hay razones, sin embargo, para explicar el involucramiento de los ciudadanos religiosos en la política. La religión puede desempeñar el papel de ancla social, donde el sentido de comunidad y pertenencia representan la identificación con un grupo y por ende los ciudadanos se podrían identificar con grupos políticos en general (Converse, 1966), mientras que los feligreses lo harían por movimientos sociales (Berryman, 1987) y determinados partidos políticos en particular (Magaloni y Moreno, 2003).

En las iglesias históricas protestantes se ha encontrado un mayor interés y conocimiento sobre la política, puesto que los feligreses de dichas iglesias tienden a ver el compromiso político como una consecuencia natural de la actividad religiosa (Djupe y Grant, 2001, p. 311). Incluso algunos autores argumentan que miembros de la Iglesia de los Santos de los últimos Días (mormones) en Estados Unidos y Canadá parecen estar dispuestos a ampliar su visión del mundo e interesarse en la política (Fox, 2003), aunque algunas experiencias latinoamericanas sugieren lo opuesto (Fortuny, 1996).

Desde la perspectiva latinoamericana, uno de los ejemplos emblemáticos en que la religión desempeña un papel de ancla social y el sentido de comunidad representa una característica central de la pastoral católica, es el papel social que tienen los grupos de la iglesia, como círculos bíblicos, grupos que organizan celebraciones patronales o las propias comunidades eclesiales de base (Bruneau, 1986; Mainwaring, 1986).1

Sin embargo, algunos autores sugieren que las expectativas teóricas sobre el efecto político inmediato de algunos grupos de la iglesia —como las comunidades eclesiales de base— generalmente no se cumplen (Chesnut, 2002; Levine, 2009; Hagopian, 2009). Adicionalmente, la jerarquía católica ha mantenido sus reservas a este respecto, como lo muestra la última Conferencia del Episcopado Latinoamericano realizada en Aparecida (Celam, 2007), donde los obispos destacaron la importancia de las comunidades eclesiales de base, pero también alertaron que "no pocos miembros de las comunidades eclesiales de base están perdiendo comunión con la Iglesia" (Celam, 2007, numeral 179).

Aun reconociendo los efectos políticos limitados de los grupos de la iglesia, hay razones para creer que las reuniones patrocinadas por las asociaciones religiosas y cofradías, los círculos de estudio bíblico y las propias comunidades eclesiales de base tienen por objeto dinamizar las parroquias y ofrecer espacios para deliberar sobre cuestiones logísticas, organizacionales, doctrina, creencias y quizá sobre la realidad social. De esta manera, dichos grupos podrían favorecer el involucramiento en la política, aprovechando el grado de autonomía relativa de las iglesias locales, donde algunas diócesis católicas utilizan la estructura relativamente descentralizada de la Iglesia para incrementar el aprendizaje y desarrollo de habilidades y capacidades democráticas.

Por ello, es necesario tomar en cuenta la organización interna de la Iglesia y cambiar el interés académico en la misma como una instancia monolítica hacia el papel relativamente autónomo y descentralizado que desempeñan las diócesis en el ámbito individual (Camp, 1997, p. 20).2 Cuando se analiza la variación subnacional a través del personal religioso en las diócesis de una región, se comienza a entender mejor cómo responde la Iglesia a la política, ya sea a través del involucramiento o a través de la evasión, de una manera que los análisis a escala nacional no permiten capturar.

La jerarquía descentralizada

La variación en la presencia subnacional de la Iglesia surge cuando se discute su grado de institucionalización interna. Para legitimar una visión (y deslegitimar otras) la religión a través de sus instituciones, adopta una serie de creencias y prácticas que le dan coherencia al cuerpo de creyentes, quienes en algún punto constituirán, por razones de especialización, entre otras, una organización relativamente jerárquica, es decir, una iglesia (Weber, 1993; Williams, 1973; Sota y Luengo, 1994; Gill, 1998).

En el caso de la Iglesia católica, mayoritaria en América Latina (58 por ciento de los entrevistados en 24 países se declaró católico en 2010), la organización vertical se basa en diferentes ministerios encargados a obispos, sacerdotes y feligreses. Las posiciones principales de la Iglesia descansan en una autoridad última, el papa, luego en los cardenales y en las conferencias de obispos de diversas regiones del mundo y en conferencias episcopales a escala nacional (Mainwaring, 1986; Gill, 1998; Hagopian, 2009). Abajo de las conferencias nacionales se encuentran los obispos en lo individual, cuya función es proveer acompañamiento y guía a las iglesias locales en concordancia con la serie de creencias y prácticas oficialmente sancionadas por la Iglesia (Camp, 1997).3

Con esta organización relativamente jerárquica, las acciones de los obispos se encuentran estructuralmente limitadas, pero siempre tienen márgenes de maniobra que les permiten interpretar y enfatizar determinados aspectos de las creencias y prácticas. Estos márgenes se extienden en el énfasis en políticas aperturistas (Mainwaring, 1986; Cleary, 2009), renovación de prácticas (Williams, 1973; Mainwaring, 1986; Mainwaring y Scully, 2003) y diferentes percepciones sobre las acciones pastorales que se requieren en un contexto determinado, casi forzándolas a definir prioridades específicas para las iglesias locales (Peritore, 1989; Ramos, 1992; Camp, 1997; Gill, 1998; Soriano, 1999; Hagopian, 2009).

Por todo lo anterior, resulta de interés verificar si las iglesias tienen influencia en la evasión o en el involucramiento político no sólo en el ámbito individual, sino a escala subnacional debido a que estudios sobre los efectos políticos de las iglesias en América Latina únicamente se han centrado en el ámbito nacional (Sota y Luengo, 1994; Muro, 1994; Camp, 1997; Gill, 1998; Philpott, 2004; Hagopian, 2009) con escasos ejemplos empíricos en el municipal (Trejo, 2009) y contados análisis en el ámbito individual, ya sea entre el personal religioso o los feligreses (Stein, 1998; Magaloni y Moreno, 2003; Patterson, 2004 y 2005).

Al emplear un análisis subnacional es más probable tomar en cuenta las disparidades, al reducir el sesgo del promedio nacional y al ofrecer comparaciones controladas entre y dentro de los países analizados, con objeto de construir inferencias menos imprecisas (Snyder, 2001).4 Además, escasos estudios han examinado el efecto de las variables religiosas en las actitudes políticas latinoamericanas como partidismo e interés en la política (Moreno, 2003; Magaloni y Moreno, 2003; Morales y Poveda, 2007).

Dado que teórica y empíricamente la Iglesia desempeña un papel relevante en el proceso de socialización religiosa (Jelen, 2003; Smith, 2008; Hagopian, 2009), resulta factible esperar que en aquellos lugares donde la Iglesia cuenta con una mayor presencia, es decir, donde cuenta con más recursos humanos (sacerdotes, hermanos y religiosas) e infraestructura (parroquias), la influencia de la Iglesia tendría mayores probabilidades de éxito.

 

Hipótesis

Se espera que los ciudadanos religiosos tiendan a interesarse en la política de manera general e involucrarse para cumplir con su deber cívico de votar a través del registro electoral, debido a que "la política importa cuando se trata de alcanzar el bien común" (Mainwaring, 1986, p. 35). Sin embargo, no se espera que en promedio la presencia de la Iglesia incremente el interés de los feligreses en la política, sus niveles de información política o su involucramiento partidista debido a las enseñanzas de la Iglesia, pues en general trata de mantenerse alejada de la política de facciones, al menos en el discurso (Mainwaring y Wilde, 1989; Gill, 1998). Se asume que los niveles de la presencia de la Iglesia pueden representar el concepto de institucionalización religiosa y, por ende, mayores niveles de institucionalización podrían facilitar el cumplimiento de las enseñanzas de la Iglesia en esta materia.

Respecto a los feligreses, se espera que quienes asisten con frecuencia a los servicios religiosos tiendan menos a conocer sobre política y mantenerse independientes, pero de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, al menos en el caso católico, sí se espera que quienes asisten regularmente a actos de culto se muestren interesados en la política de un modo general y que sean los católicos quienes tiendan a empadronarse (Jelen, 2003).

En relación con los feligreses que acuden regularmente a los grupos eclesiásticos se asume que pudieran contar con oportunidades para practicar y desarrollar habilidades y capacidades democráticas a través de la deliberación y eventualmente desarrollar una mayor conciencia de la realidad (Bruneau, 1986, p. 111). Por lo tanto, se espera que estos feligreses comprometidos tiendan a interesarse más en la política, a registrarse en el padrón electoral e incluso a involucrarse en la política partidista (Berryman, 1987), pues se asume que en estos grupos los asistentes pueden desarrollar valores comunitarios, preocupaciones sobre justicia social y una perspectiva horizontal de la Iglesia (Mainwairing, 1986; Hewitt, 1990; Azevedo, 1993).

En síntesis, se plantea que sobre el interés en la política una mayor presencia de la Iglesia favorecerá la evasión, mientras que los feligreses asiduos al culto y quienes participan en grupos eclesiásticos percibirán la religión como algo muy importante en sus vidas y confiarán en las iglesias, por lo que tenderán a interesarse más en la política. Se espera que el involucramiento general se observe más entre protestantes, después entre católicos y menos entre evangélicos.

Respecto a los niveles de conocimiento político, se espera que una mayor presencia de la Iglesia favorecerá la evasión de los hechos políticos no relevantes para la religión, al igual que la asidua asistencia al culto, la importancia de la religión y la confianza en las iglesias, mientras que quienes participan en grupos eclesiásticos tenderán a conocer más sobre hechos políticos. Asimismo, se espera que el involucramiento cognitivo se observe más entre protestantes y menos entre evangélicos.

En relación con el involucramiento cívico, a través de la inscripción en el registro electoral o empadronamiento, se plantea que una mayor presencia de la Iglesia favorecerá el empadronamiento, al igual que la asidua asistencia al culto, la importancia de la religión, la confianza en las iglesias y la asistencia a grupos eclesiásticos. Se espera que el involucramiento cívico se observe más entre católicos.

Respecto al involucramiento en la política partidista, se espera que una mayor presencia de la Iglesia favorezca la evasión de la política partidista, al igual que la asistencia a servicios religiosos, la importancia de la religión y la confianza en las iglesias, mientras que los feligreses que participan en grupos eclesiásticos sí tenderán a involucrarse en la política partidista.

 

Datos y métodos

En la ronda 2010 de las encuestas del Barómetro de las Américas, efectuado por el Proyecto de Opinión Pública para América Latina (LAPOP, por sus siglas en inglés), se levantaron 40 990 entrevistas en viviendas con muestras representativas nacionales en 24 países de América Latina y el Caribe.5 El Barómetro de las Américas preguntó a sus entrevistados si sabían el nombre del presidente de Estados Unidos (gi1), el número de estados que tiene el país donde se levantó la encuesta respectiva (gi3) y la duración del cargo del Poder Ejecutivo (gi4). Las respuestas correcta, incorrecta y no sabe, fueron posteriormente recodificadas como "0" si la respuesta fue "no sabe/incorrecta" y "1" como "correcta", creándose un índice de conocimiento político del cero al tres. Adicionalmente, se incluyeron tres variables dependientes más: interés en la política (pol1), inscripción o no en el registro de electores (vb1) e identificación o no con un partido político (vb10).6

En las gráficas 1, 2, 3 y 4 se muestran las distribuciones por país del conocimiento político, el interés en la política, la proporción de ciudadanos que se reportaron como registrados en el padrón electoral y los niveles de identificación partidista, y se destacan las variaciones entre países. Respecto al conocimiento político, los resultados por denominación religiosa —según una reciente clasificación latinoamericana (Díaz-Domínguez, 2009) en la que se evalúan determinantes de conocimiento sobre política en América Latina en 15 países encuestados por el Barómetro de las Américas durante 2010— sugieren que la hipótesis de evasión se confirma entre católicos cuando sólo se utilizan países donde el índice de conocimiento político resulta similar, según el alpha de Cronbach (Díaz-Domínguez, 2011).

En el cuadro 1 se presentan los niveles de fiabilidad y el número de respuestas correctas sobre conocimiento político para los 24 países analizados, y se observa que el alpha de Cronbach (Manheim et al., 2006), que mide qué tan bien se agrupan las preguntas alrededor de un concepto, resulta mayor entre los ciudadanos haitianos, mientras que es menor entre los ciudadanos de Trinidad y Tobago, y se destaca que los países situados entre Haití y Perú se ubican por encima del promedio regional. Respecto a las preguntas contestadas correctamente, los ciudadanos hondureños y uruguayos en promedio respondieron acertadamente 2.6 preguntas de tres, mientras que los ciudadanos de Nicaragua acertaron en promedio 1.6 preguntas de tres, cuando el promedio regional es 2.1, datos desglosados por país que también se pueden observar en la gráfica 1. De este análisis se desprende que la relación entre respuestas correctas y el alpha de Cronbach es débil (correlación = 0.27) y aunque siete países no rebasan un alpha de 0.5, existen razones para pensar que el índice es útil pues en todos los casos se excede el mínimo convencionalmente aceptado de 0.35 (Manheim et al., 2006).

En relación con el interés en la política, cuya distribución por país se muestra en la gráfica 2, se observa un mayor interés en Uruguay, Surinam, Costa Rica, República Dominicana y Argentina, mientras que se observa un menor interés en Haití, Chile y Guyana, principalmente.

Respecto al empadronamiento, que se muestra en la gráfica 3, las mayores proporciones se reportan en Panamá, Perú y Brasil, mientras que las menores se observan en Chile, Haití, Colombia y Guatemala.

Finalmente, la identificación partidista se muestra en la gráfica 4. ésta excede la mitad de los encuestados en Uruguay, República Dominicana y Costa Rica, mientras que en Chile, Ecuador, Guatemala, Argentina y Perú menos de 25 por ciento de los entrevistados reportaron identificarse con algún partido. En síntesis, existe una considerable variación entre las mediciones que servirán de variables dependientes y que giran alrededor de los conceptos evasión e involucramiento.7

Dado que una de las principales variables independientes de interés es la presencia de la Iglesia a escala subnacional, el análisis incluyó datos sobre la Iglesia para 133 regiones subnacionales en los 24 países.8 Aprovechando que el diseño muestral de las encuestas del Barómetro de las Américas se basa en estratos subnacionales, y que cada estrato es estadísticamente representativo de la región subnacional respectiva, se ubicó cada diócesis en el estado, departamento o provincia correspondiente, y éste a su vez se colocó en el estrato subnacional correspondiente, de forma tan precisa como fuera posible, donde el valor promedio de las diócesis involucradas representó el valor del índice para el estrato en cuestión, como se muestra en el cuadro 2, que detalla el número de diócesis y estratos regionales a escala subnacional que fueron analizados en cada país.

Para conocer el papel de la Iglesia como institución se empleó un índice a escala subnacional que intenta capturar la presencia de la Iglesia católica, como variable proxy, índice integrado por el número de sacerdotes, personal religioso masculino y femenino, y el número de parroquias, datos estandarizados por cada 10 000 católicos según lo publicado por el Anuario Pontificio (Vaticano, 2005), un libro anual sobre estadísticas de cada diócesis católica alrededor del mundo que compila datos del año inmediato anterior.

Estos indicadores fueron seleccionados porque los sacerdotes son líderes influyentes en la comunidad (Turner, 1971; Camp, 1997; Gill, 1998; Jelen, 2003; Smith, 2008), los religiosos y, especialmente, las religiosas desempeñan un papel relevante en las actividades pastorales (Butler y Bello, 1989), y las parroquias representan una medida de institucionalización (Hagopian, 2009), debido a que son el centro de culto (canon 528, párrafo 2 del Código de Derecho Canónico), el lugar más frecuente para administrar los sacramentos que vinculan a las personas con la Iglesia, tales como el bautismo y la confirmación (canon 530) y, finalmente, porque los sacerdotes residen en las parroquias (canon 533, párrafo 1).

En la gráfica 5 se muestra la relación entre la proporción de católicos de cada país y la presencia de la Iglesia a escala subnacional, donde se observa una relación negativa en toda la región, es decir, que la Iglesia católica parecería concentrar esfuerzos en zonas de mayor necesidad pastoral respecto al crecimiento de los protestantes y evangélicos.9 Sin embargo, si se excluyeran Surinam, Trinidad y Tobago, Guyana y Jamaica, países de tradición protestante y evangélica, se observaría una relación positiva entre la proporción de católicos a escala nacional y la presencia de la Iglesia en el ámbito subnacional. De lo anterior se infiere que la necesidad pastoral puede entenderse como una mayor presencia de católicos y por ello resulta más probable que el mensaje oficial de la Iglesia influya en las actitudes políticas de los ciudadanos religiosos en regiones mayoritariamente católicas.

La estadística descriptiva de todas las variables analizadas se muestra en el cuadro 3, donde se aprecia el número de casos válidos, su valor promedio, la desviación estándar y el rango respectivo. Respecto a los métodos estadísticos utilizados para verificar la relación entre las variables religiosas y las variables sobre evasión e involucramiento político, se estimaron cuatro modelos lineales y dos logísticos, todos multinivel (Rabe-Hesketh, 2009), con una veintena de variables individuales, una variable a escala subnacional y otra a escala nacional. Las variables independientes de interés individual fueron la asistencia a servicios religiosos (q5a), la asistencia a grupos de la iglesia (cp6), la importancia de la religión en la vida del entrevistado (q5b), la confianza en las iglesias (b20 y b20a) y cinco denominaciones religiosas: católicos, protestantes, evangélicos, mormones y testigos y credos no cristianos (q3c), mientras que la variable de interés a escala subnacional fue la presencia de la Iglesia católica y a escala nacional fue la proporción de católicos.

Además, se incluyeron otras vías de socialización política, como la asistencia a la escuela, es decir, si el entrevistado actualmente es un estudiante (Morduchowicz et al., 1996), y su nivel de educación (Prior y Lupia, 2008). Respecto a las variables relacionadas con la escuela se espera que tengan un efecto positivo en el involucramiento político.

También se incluyeron variables que miden la falta de exposición a estas vías de socialización política, como podría ocurrir con las mujeres (Bartels, 1996; Kam, Zechmeister y Wilking, 2008), las amas de casa (Prior y Lupia, 2008), y la población indígena (Boidi, 2007). En estos segmentos de la población se esperan menores niveles de involucramiento, dadas las escasas vías de socialización política en el interior de estos grupos. Finalmente, se incluyen variables que pretenden captar otros recursos a disposición de los ciudadanos (Mondak, 2001; Barabas, 2002; Boidi, 2007), como son los niveles de riqueza, residentes urbanos y edad (Kim, 2008).

Por último, en las representaciones gráficas de las regresiones multinivel, los valores a la izquierda de la línea vertical, línea que se sitúa en el cero, representan efectos negativos en la variable dependiente, mientras que los valores a la derecha representan efectos positivos. Cuando las variables cruzan completamente la línea cero significa que no tienen efecto estadístico alguno. Los valores de los coeficientes están estandarizados con objeto de comparar su respectiva influencia y los intervalos de confianza se estiman en 95 por ciento.10

 

Discusión

Los resultados de los modelos se presentan en las gráficas 6 a 11 (7-8-9-10). En el primer modelo, mostrado en la gráfica 6, se exploran los determinantes de la frecuencia en el consumo de noticias, donde se encuentra que las variables agregadas, es decir, la presencia de la Iglesia a escala subnacional y la proporción de católicos a escala nacional no influyen en dichos niveles de consumo, mientras que las variables en el ámbito individual que miden la participación religiosa, como la asistencia a servicios religiosos, a grupos de la Iglesia, la importancia de la religión y la confianza en las iglesias influyen positivamente en la frecuencia con que el público latinoamericano consume noticias. Destaca que todas las religiones cristianas no católicas favorecen la evasión. Este hallazgo contradice la teoría que predice un mayor involucramiento de las iglesias protestantes en la política.

Respecto a los determinantes religiosos sobre el uso de Internet, mostrados en la gráfica 7, se destaca que los vínculos con la comunidad eclesial favorecen su consumo, como la asistencia a servicios religiosos y a grupos de la Iglesia, pero la importancia de la religión y la confianza en las iglesias lo reducen, ya que ni las variables agregadas ni las denominaciones religiosas parecen tener influencia alguna. Al comparar ambas fuentes de información, las noticias por medios tradicionales (televisión, radio y periódicos) y el uso de Internet, pareciera que los primeros prevalecen para los feligreses asiduos, quizá porque existe relativa incertidumbre sobre los contenidos en línea, pues, excepto los sitios religiosos, el resto no cuenta con una implícita aprobación oficial.

Las variables religiosas que explican el interés por la política se muestran en la gráfica 8, donde se destaca que las variables que miden el actuar religioso favorecen el interés por la política como se había supuesto, pero la pertenencia religiosa a los diferentes credos, exceptuando los no cristianos, que carecen de impacto estadístico en este modelo, reduce el interés por la política, es decir, la mera pertenencia a una religión favorece la evasión, y serán las actitudes específicas sobre la actuación religiosa las que revelarán los mecanismos que expliquen la evasión o el involucramiento político. Finalmente, la gráfica 8 muestra que la presencia de la Iglesia, que no tuvo efectos en las vías para adquirir información, sí reduce el interés por la política, hallazgo que parecería orientarse hacia la línea eclesial tradicional que privilegia el alejamiento de la política.

En relación con el involucramiento cívico, la gráfica 9 muestra sus determinantes religiosos y destaca que el llamado a cumplir con el acto de votar, materializado en el primer paso para su consecución, es decir, registrarse en el padrón electoral, es un asunto fundamentalmente católico (Jelen, 2003), como la experiencia mexicana lo ha revelado (Ramos, 1992; Sota y Luengo, 1994; Magaloni y Moreno, 2003).

Quizá registrarse en el padrón electoral entre católicos sea una conducta razonablemente uniforme entre las diversas regiones y con diferentes grados de presencia de la Iglesia católica a escala subnacional, y por ello las variables agregadas carecen de efectos estadísticos, pero resulta revelador que tanto la asistencia a servicios religiosos, la importancia de la religión y la confianza en la Iglesia católica, así como ser católico en lo individual incrementan la probabilidad de registrarse en el padrón electoral. Destaca que ninguna religión, excepto el catolicismo, incrementa las probabilidades de inscribirse en el registro electoral, hallazgo que contradice las expectativas teóricas de la literatura que típicamente asocia evasión y catolicismo, dada la verticalidad de esta Iglesia.

Las variables religiosas que explican el conocimiento político se muestran en la gráfica 10 donde, conforme a la hipótesis de evasión, las variables agregadas, es decir, la presencia de la Iglesia a escala subnacional, a través del personal religioso y de un mayor número de parroquias, y la proporción de católicos de cada país reducen el número de respuestas correctas. La evasión también se observa entre quienes asisten semanalmente o más a servicios religiosos, posiblemente porque la información sobre cargos y personajes políticos no es enfatizada en los servicios religiosos, y entre quienes confían en la Iglesia católica.

Las denominaciones religiosas que se evaden en este modelo latinoamericano son las protestantes y las no cristianas, mientras que se involucran testigos y mormones, en contraposición con la expectativa teórica. Esto puede deberse a que, en efecto, la medición de conocimiento político no es tan acertada como debiera cuando se incluyen diez países más, pero también sugiere que las predicciones de la literatura merecen revisarse fuera del contexto estadounidense. Finalmente, sí hay variables que incrementan el conocimiento político, como la importancia de la religión y la asistencia a grupos de la Iglesia, grupos posiblemente creados y apoyados para dinamizar la pastoral, lo que sugiere que dichos grupos bajo ciertas condiciones, desempeñarían un papel distinto a la asistencia a servicios de culto, al menos en relación con la información sobre política.

Finalmente, el modelo sobre los determinantes religiosos de la identificación partidista mostrado en la gráfica 11 revela que la evasión tiende a observarse en regiones donde la Iglesia católica cuenta con más personal e instalaciones y donde los feligreses acuden semanalmente al culto. Debe destacarse que nuevamente la importancia de la religión y la asistencia a grupos de la Iglesia facilitan el involucramiento en la política partidista, al igual que la confianza en la Iglesia católica. Respecto a las denominaciones religiosas, destaca que sólo los testigos y mormones se evaden de la política partidista, mientras que los credos restantes no ejercen influencia alguna.

Respecto de las otras vías de socialización, como asistencia a la escuela y niveles de educación, éstas tienen los efectos positivos esperados. Además, la falta de exposición a las vías de socialización entre la población indígena, un mayor número de hijos, mujeres y, específicamente, amas de casa, se aprecia como un efecto negativo en los diversos modelos. Finalmente, quienes cuentan con riqueza y quienes viven en ciudades presentan mayores niveles de interés y conocimiento sobre política, como se supuso inicialmente.

En conclusión, si bien una mayor presencia de la Iglesia a escala subnacional no necesariamente reduce los canales de socialización para allegarse información política, pues no se observa efecto alguno en la frecuencia con que se consumen noticias o se usa Internet, la presencia de la Iglesia sí reduce el interés en la política, la información factual sobre política y el involucramiento partidista; es decir, parece que una mayor presencia de la Iglesia católica sí favorece la evasión.

Este hallazgo quizá confirma de manera general las expectativas teóricas que asumen que la organización vertical de la iglesia católica explica la falta de desarrollo de habilidades y capacidades democráticas de los feligreses y, por ende, se favorece la evasión (Verba, Lehman y Brady, 1995). Sin embargo, esta explicación no necesariamente ofrece los mecanismos específicos a través de los cuales se observan actitudes religiosas que sí favorecen el involucramiento en la política.

Particularmente se destaca que algunas variables religiosas favorezcan consistentemente el consumo de noticias por medios convencionales y el uso de Internet, incrementen el interés sobre la política, aumenten el conocimiento sobre hechos políticos, o incluso aumenten las posibilidades de identificarse con algún partido político, como parece ocurrir con la asistencia a los grupos de la iglesia y la importancia de la religión (excepto en el uso de Internet, que muestra un impacto negativo). En contraposición, la asistencia a servicios de culto, aunque influye positivamente en el consumo de noticias, el uso de Internet y el interés en política, es decir, favorece el involucramiento en la política, respecto al conocimiento sobre hechos políticos y la identificación con algún partido político, la asistencia a actos de culto reduce las oportunidades de socialización.

Por lo anterior es relevante destacar que este análisis ha intentado ir más allá de los análisis tradicionales que generalmente sólo utilizan denominaciones religiosas (Bartels, 1996). Se han agregado cinco medidas de la actuación religiosa, como asistencia a servicios religiosos, asistencia a grupos de la iglesia, importancia de la religión y confianza en las iglesias católica, protestante y evangélica. Además se agregaron cinco denominaciones religiosas: católicos, protestantes, evangélicos, testigos y mormones, y credos no cristianos para 24 países. Finalmente, se incluyeron dos variables contextuales: una a escala subnacional en 133 regiones; es decir, la presencia de la Iglesia católica, y una a escala nacional: la proporción de católicos, con objeto de explorar cómo las diversas facetas de la religión en lo individual, así como la presencia de la institución a nivel agregado influyen en las variables que intentan medir la evasión y el involucramiento político, en línea con la sugerencia de Frances Hagopian (2009, p. 452) respecto de la importancia de explorar las consecuencias de la asistencia a la iglesia en las actitudes políticas en América Latina.

En síntesis, y como se ha mencionado, la evasión quizá se presenta porque los servicios de culto no son utilizados para comunicar mensajes que contengan información política factual, dado que esta información específica no siempre es relevante para la Iglesia. Sin embargo, a través del proceso de socialización a pequeña escala, en algunos grupos de la Iglesia, la evidencia sugiere que probablemente los asistentes a dichos grupos se encuentren más motivados para incrementar sus niveles de información, interés y participación en la política como consecuencia de la deliberación, pues como se ha encontrado en otros estudios, la participación en grupos religiosos podría facilitar la cercanía de los ciudadanos a la política electoral y al sistema de partidos (Layman, 2001; Magaloni y Moreno, 2003; Hagopian, 2009).

Finalmente, se destaca el hallazgo de la influencia de la presencia de la iglesia en la evasión. Lo anterior parecería estar en línea con la literatura tradicional sobre religión y política en América Latina que explica, como ya se ha mencionado, que la Iglesia trata de mantenerse formalmente alejada de la política, dado que un excesivo viraje a la izquierda podría implicar desviaciones doctrinales (Bruneau, 1986; Berryman, 1987; Vaticano-Propaganda Fide, 1984, 1986; Hewitt, 1990), mientras que un excesivo viraje a la derecha reduciría sus márgenes de maniobra (Gill, 1998) y en general mermaría su relativa autonomía e independencia política (Camp, 1997; Mainwaring y Scully, 2003; Philpott, 2004).

Aunque la explicación anterior sólo discute una aproximación al argumento formal respecto del trato que da la Iglesia a la política más allá del "bien común", pues se ha documentado dicha participación en democracias y dictaduras latinoamericanas (Mainwaring y Pérez-Liñán, 2005, pp. 3940), la evidencia sugiere que en ciertos temas no relevantes para la Iglesia, el argumento formal parece cobrar vigencia, pues la Iglesia enfoca a los fieles en asuntos distintos al interés en la política, el partidismo y las fuentes para allegarse de información sobre hechos, cargos y personajes políticos.

Si bien el mecanismo causal específico no se ha verificado por completo, esto es que un mayor nivel de asistencia a actos de culto en conjunto con una mayor presencia de la Iglesia, ambas variables combinadas tenderían a reforzar la evasión; mientras que un mayor nivel de asistencia a grupos de la Iglesia en combinación con una menor presencia de la Iglesia tenderían a reforzar el involucramiento en la política. Con base en lo analizado, parecen existir razones para pensar que el fenómeno en América Latina es esencialmente más complejo que lo esbozado por la literatura surgida en Estados Unidos.

Lo anterior se desprende de la repercusión positiva de la asistencia a actos de culto en el consumo de noticias, el uso de Internet y la inscripción en el padrón electoral y, al mismo tiempo, el impacto negativo de dicha asistencia sobre los niveles de conocimiento político e involucramiento en la política partidista. Estos hallazgos de efectos mixtos difícilmente pueden ser explicados únicamente argumentando la verticalidad de la organización eclesial. Más aún, difícilmente el argumento de la verticalidad puede explicar el impacto positivo de la asistencia a grupos de la iglesia sobre el involucramiento político, o simplemente carece de sentido dicha explicación cuando se observa un mayor involucramiento cívico entre los católicos al registrarse para votar.11

La agenda de investigación en el futuro inmediato podría incluir entonces un mayor nivel de desagregación de la presencia de la Iglesia, los mensajes políticos específicos de las diferentes diócesis y una descripción más detallada del papel que desempeñan los grupos de la iglesia dentro de la pastoral católica, pues parecen influir positivamente en el involucramiento sobre política que se reporta en América Latina.

Un objetivo adicional sería explorar si la autonomía relativa de las diócesis y su nivel de institucionalización, según si el mensaje a enfatizar es justicia social o valores morales, explican por qué en algunos casos el personal religioso tiende a creer que las actividades políticas son una manera útil para mejorar las condiciones materiales de los pobres (Mainwaring y Wilde, 1989; Sota y Luengo, 1994; Camp, 1997; Jelen, 2003; Hagopian, 2009; Kahl, 2009), mientras que en otros casos tienden a pensar que las actividades políticas son una manera útil de llamar la atención de las élites políticas sobre amenazas a los valores morales (Jelen, 2003; Hagopian, 2009; Kahl, 2009; Levine, 2009). De este modo, el activismo de la Iglesia podría influir en las preferencias y actitudes de los feligreses hacia la política (Smith, 2008; Hagopian, 2009), específicamente en lo referente a temas relevantes en el plano religioso (Converse, 1966; Camp, 1997; Gill, 1998; Hagopian, 2009).

En síntesis, es más probable que los ciudadanos religiosos se involucren en política cuando existan oportunidades para practicar la deliberación, cuando las acciones en la esfera pública sean acordes con las enseñanzas religiosas y cuando los temas políticos resulten relevantes para las iglesias. En el caso contrario, se observará la evasión. Con ello, el centro del debate académico podría moverse de entender la estructura organizacional de las iglesias de manera monolítica hacia las actitudes religiosas de los feligreses y su relación con el contenido y énfasis de los mensajes ofrecidos por los líderes en un contexto relativamente descentralizado, de manera tal que se exploren nuevos mecanismos específicos que expliquen la evasión y el involucramiento en la política por parte de los feligreses en América Latina.

 

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Notas

Agradezco el apoyo del padre Luis Manuel Pérez Raigoza del Seminario Conciliar de la Ciudad de México y al Centro Católico de la Diócesis de Nashville, Tennessee, Estados Unidos. Asimismo, a Jon Hiskey, María Fernanda Boidi, Mitchell A. Seligson, Liz Zechmeister, Dominique Zephyr, Abby Córdova, Amy Erica Smith, John Hudak y al itam, mi casa académica, por su apoyo, y a los dos dictaminadores anónimos por sus comentarios. Sin embargo, la responsabilidad por lo aquí escrito es absolutamente mía.

1 Dichas comunidades son grupos religiosos pequeños que presentan seis características que incrementan las oportunidades para deliberar y despertar conciencia sobre la realidad: 1) un conocimiento inicial en la escritura social y política, 2) una nueva visión de la vida y la motivación para el compromiso, 3) la ayuda y el apoyo mutuo entre los feligreses y el desarrollo de un sentido de comunidad, 4) una experiencia de democracia directa, 5) en ocasiones el compromiso con las acciones concretas, y 6) dichas comunidades pueden producir efectos políticos directos (Berryman, 1987, p. 109).

2 Las diócesis se definen como los territorios eclesiásticos encargados a la autoridad de un obispo para atender a los feligreses que viven en ese determinado territorio, que corresponde, en la mayoría de los casos, a las divisiones políticas y administrativas subnacionales de cada país.

3 Al final de esta cadena de mando están los párrocos, sacerdotes y religiosos, quienes tienen encomendado atender las necesidades religiosas de los feligreses de manera más directa, pero carecen de oportunidades y margen de maniobra suficiente para cambiar dramáticamente las líneas oficiales (Sota y Luengo, 1994; Stein, 1998; Smith, 2008).

4 La presencia de la Iglesia católica ha sido típicamente asociada con la carencia de sacerdotes, donde una formación larga y académicamente demandante, la exigencia del celibato y un dogma relativamente rígido pudieran incrementar la escasez de personal (Gill, 1998, 180). Adicionalmente, dado que los sacerdotes católicos resultan más indispensables para el culto en comparación con las iglesias protestantes y evangélicas, la escasez de personal puede minar la influencia política de la Iglesia católica (Gill, 1998, pp. 181-182). Aunque las explicaciones sobre la carencia de personal parecerían teóricamente sólidas, estas visiones generales no explican las variaciones observadas en las regiones subnacionales.

5 Agradezco al Proyecto de Opinión Pública para América Latina (LAPOP) y a sus patrocinadores (la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID; el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas, PNUD; el Banco Interamericano de Desarrollo, BID y la Universidad de Vanderbilt) por permitirme acceder a los datos de las encuestas del Barómetro de las Américas en www.vanderbilt.edu/lapop.

6 En los 24 países de América Latina y el Caribe la tasa de no respuesta fue de 23.9 por ciento para gi1; 28.5 por ciento para gi3, y 14.4 por ciento para gi4. Algunos académicos argumentan que ofrecer explícitamente opciones como "no sabe" incrementa la propensión de los entrevistados a adivinar, por lo que recomiendan evitar dichas opciones (Mondak, 2001; Barabas, 2002). Las preguntas del Barómetro de las Américas no ofrecen explícitamente dichas opciones, por lo que parece razonable agrupar no respuestas y respuestas incorrectas en una misma categoría. Las no respuestas para el resto de las variables se muestran en el cuadro 3.

7 Todas las correlaciones entre las seis variables dependientes son significativas, y se destaca como valor mínimo Internet y empadronamiento (-0.04) y como valor máximo interés en la política e identificación partidista (0.36). Si se tuvieran que relacionar las seis variables en un solo índice, su nivel de confiabilidad sería 0.4338 (alpha de Cronbach).

8 Los 24 países analizados con datos del Barómetro de las Américas fueron: Argentina, Bolivia, Brasil, Belice, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.

9 Agradezco la observación de un dictaminador anónimo sobre este punto.

10 La implementación de los modelos en gráficas usando stata 10.1 se debe al diseño y programación desarrollados por Dominique Zephyr, autor de los comandos gráficos respectivos, basándose en las rutinas xtmixed y xtmelogit para modelos multinivel. Sin embargo, la adaptación para las escalas subnacional y nacional es completa responsabilidad del autor. La constante individual, en los ámbitos región y nacional, así como el residual para los casos lineales, no se muestran por razones de espacio, pero se encuentran disponibles con el autor.

11 El alto nivel de ciudadanos que se reportan como registrados en las listas electorales y el catolicismo podría explicarse no por el involucramiento cívico católico, sino por las legislaciones de voto obligatorio. Sin embargo, países sin sanciones por no votar con diferentes niveles de catolicismo se ubican por arriba del promedio regional en registro electoral: México con 83 por ciento de católicos, El Salvador con 51 por ciento y Uruguay con 38 por ciento de católicos. Destaca que un país muy católico y con regulación para obligar a sus ciudadanos a votar, como Paraguay (89% de católicos) se ubique por debajo del promedio regional en registro electoral, y Chile (71% de católicos) con una regulación restrictiva se ubica al final de la clasificación regional, como lo muestra la gráfica 3. En síntesis, no está claro que exista un patrón definido respecto a católicos y empadronamiento debido al voto obligatorio. Al incluir la variable de voto obligatorio en el modelo multinivel, todos los resultados aquí presentados se mantienen, mientras que el efecto de la regulación sobre voto obligatorio, aunque positivo, es apenas significativo (probabilidad = 0.1). De hecho, en todos los modelos sobre registro electoral, la variable sobre credos religiosos que resulta positiva y significativa no es la proporción de católicos a escala nacional, sino ser católico en lo individual, como se observa en la gráfica 9.

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