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Política y gobierno

versión impresa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.18 no.1 México  2011

 

Reseñas

 

Overcoming Apartheid: Can Truth Reconcile a Divided Nation?

 

Por Cory McCruden

 

de James L. Gibson, Nueva York, Russell Sage Foundation, 2004, 456 pp.

 

Universidad de Yale

 

"¿La verdad ha llevado a Sudáfrica a la reconciliación?" es el tema de Overcoming Apartheid (Venciendo al Apartheid), una extensa evaluación sobre la South Africa's Truth and Reconciliation Commission (Comisión de Verdad y Reconciliación de Sudáfrica) del profesor James L. Gibson. El trabajo es uno de los análisis más ambiciosos y completos sobre un programa de justicia de transición. Se basa en una encuesta realizada en 2000–2001 con el fin de probar si la verdad ha llevado a la reconciliación a los sudafricanos y es una secuela del trabajo colaborativo de Gibson en 1996, el cual consistió en una encuesta de preguntas similares. Aunque se publicó tardíamente en 2004, este estudio arroja a la luz una parte importante de la historia nacional de Sudáfrica y su transición del Apartheid a la democracia. Se ha renovado el interés sobre el estudio debido a que en Sudáfrica tuvo lugar el Mundial de Fútbol 2010. Como se trata de un libro viejo que ha sido estudiado por muchos otros, me quedaré con un breve resumen y me referiré a otros para más detalles.

La South Africa's Truth and Reconciliation Commission (TRC) se estableció después del Apartheid en 1995 y fue diseñada para ayudar al país durante el periodo de transición hacia la democracia. El proceso consistió en una serie de audiencias sobre los violadores de los derechos humanos y testimonios de víctimas y sus familias. Comisiones similares han sido creadas en otros países posconflicto: Timor Oriental, Ghana, Nigeria, Perú y Sierra Leona.

Si la TRC ha llevado a la reconciliación, argumenta Gibson, es sólo cuestión de aplicar una prueba empírica, la cual intenta el autor con una encuesta masiva. Sin embargo, en su estudio no mide el alcance con el cual la "verdad" lleva a la reconciliación, sino que la compara con la TRC. Como otros (véase la reseña de Graybill, 2006), yo estaba preocupado por este supuesto. Gibson explica que mientras él considere que no hay un relato objetivo del pasado, seguirá creyendo que la TRC adoptó y propagó una versión específica de la historia. Esto es problemático porque acepta de manera poco crítica la presentación histórica de los hechos de la TRC y que la aceptación de estos hechos debe llevarnos a la reconciliación. En segundo lugar, no toma en cuenta que la TRC era un proceso político influido por figuras nacionales e internacionales. Finalmente, cuestiona la validez externa de los resultados de Gibson, ya que cada comisión de la verdad tendría su propia versión que puede o no conducir a la reconciliación. Hasta este punto, implementar la reconciliación puede estar más relacionado con la manera en que se produce la verdad que con la verdad misma o la TRC.

En cuanto a la reconciliación, Gibson es más sistemático y analítico. A nivel individual, identifica las siguientes características como indicadores de reconciliación: tolerancia a otras razas, creencia en la igualdad y los derechos humanos, apoyo a importantes instituciones políticas. La reconciliación está dividida en cuatro subconceptos, los cuales son el tema de un capítulo completo de su libro. Los capítulos versan sobre reconciliación interracial, apoyo a los derechos humanos, tolerancia política y legitimación de un nuevo núcleo de instituciones políticas. La cuestión de si la aceptación de la verdad (es decir, la TRC) conduce o no a cada una de estas dimensiones se comprueba en los capítulos 4,5,6 y 8.

Los resultados no proveen una rotunda afirmación de que la verdad lleve a la reconciliación. En breve (para un resumen más extenso, véase Graybill, 2006), Gibson encuentra, especialmente entre negros sudafricanos, que la TRC no ha mejorado la reconciliación racial, aunque también clama que tampoco la ha empeorado. En cuanto al apoyo a los derechos humanos con los que Gibson equipara al Estado de derecho, él encuentra que no hay mucho apoyo por parte de los sudafricanos. Comparado con las respuestas de la encuesta de 1996, el autor no encuentra diferencia. En cuanto a la tolerancia política, observa que entre los blancos la verdad y la tolerancia política están fuertemente relacionadas, mientras que entre los mestizos y negros es mucho más limitada, y entre los asiáticos no hay relación alguna. Finalmente, los sudafricanos no apoyan la legitimación de su Corte Constitucional y el Parlamento Nacional. Gibson comenta que esto podría deberse a que éstas son nuevas instituciones y que serán consideradas más legítimas con el tiempo y el ejercicio.

Asimismo, el autor trata de buscar principalmente la relación entre la verdad y la reconciliación dentro de los cuatro grupos raciales más importantes: africano (negro), blanco (de habla inglesa y afrikáans), mestizo y asiático. De acuerdo con el Acta de Registro de Población de 1950, éstos fueron los principales grupos en los que los sudafricanos fueron divididos. La categorización se basó en los rasgos físicos, así como en la residencia, la profesión y el círculo social. Un medio particularmente atroz de determinación era usar un lápiz para medir el rizo del cabello de las personas —si el lápiz caía, la persona sería clasifcada como blanca y si no, el individuo sería clasificado como blanco o mestizo (The Economist, 2010a, p. 15).

El autor considera que la raza no es una construcción biológica sino social, y que debe tenerse cuidado de no percibir la raza como el factor determinante de las actitudes de la reconciliación. Él señala que "la raza es casi siempre un sustituto para algunas otras variables representando las experiencias o actitudes de los miembros del grupo". Sin embargo, Gibson agrupa las respuestas de la encuesta por raza, lo cual oculta importantes divisiones de negros entre los hablantes del Zulu y Xhosa, y divisiones de blancos entre los hablantes del inglés y el afrikáans. Quisiera que Gibson dijera más acerca de la raza que podría ser la base de una aculturación y en qué condiciones y con cuáles características específicas importaría más que otras. Por ejemplo, ¿cuándo la raza es un punto de aculturación para la educación contra el idioma o el estatus económico contra la cultura?

Gibson está consciente de los retos metodológicos del estudio si la verdad causa la reconciliación. Admite las limitaciones de la medición de actitudes en cierto punto contra el panel de datos, el cual evaluaría actitudes individuales antes y después de la exposición a la TRC. Aun cuando esto sea un problema, debido a que la exposición a la TRC no es un asunto azaroso, es posible que los individuos que han sido predispuestos a ciertas actitudes escojan también qué tanto quieren exponerse a la TRC.

Overcoming Apartheid es nada menos que un extremadamente ambicioso y completamente provocativo trabajo. Es mucho más interesante considerar el trabajo de Gibson hoy en día, a casi diez años de que concluyera la TRC y 16 años desde que terminó el Apartheid. Uno no puede perderse del entusiasmo de la Copa del Mundo que toma lugar en territorio sudafricano este verano. Hoy en día, en efecto, es un lugar diferente al que era cuando Gibson realizó sus encuestas (en 1996 y 2001). Ahora muchas cosas son diferentes desde el Apartheid y el inmediato periodo post Apartheid, Sudáfrica continúa enfrentando importantes obstáculos económicos y sociales.

El final del Apartheid y el respeto a los derechos de los negros, mestizos y asiáticos, entre otros, no han traído prosperidad económica y empleos. Esfuerzos por redistribuir la riqueza entre los negros a través del Black Economic Empowerment (BEE, Empoderamiento de la Economía Negra) ha tenido éxito al transferir una gran cantidad de riqueza sólo a un pequeño subconjunto de negros y haciendo a unos cuantos fenomenalmente ricos. De esta manera, las divisiones más preocupantes en Sudáfrica parecen ya no ser entre negros y blancos, sino ente ricos y pobres. De acuerdo con las autoridades, el desempleo abarca cerca de 25 por ciento de la población —el peor porcentaje del mundo—. A diferencia de otras economías emergentes, y de Brasil e India, que tienen un sector informal sustancial, Sudáfrica no tiene ningún otro mercado fuera del formal que absorba el desempleo (The Economist, 2010b, p. 21). La tasa de casos de VIH en Sudáfrica es más alta que en ningún otro país, y el índice de delincuencia es uno de los peores en el mundo. Claramente, Sudáfrica ha recorrido un largo camino, pero aún le falta mucho por andar antes de que "la nación arcoiris" alcance su mayor potencial.

 

Referencias bibliográficas

Graybill, Lyn (2006), Reseña a James L. Gibson, Overcoming Apartheid: Can Truth Reconcile a Divided Nation? HSAfrica, marzo, Sam Nunn School of International Affairs, Georgia Institute of Technology.         [ Links ]

The Economist (2010a), "Colour me South African", 3 de junio, p. 15, en: http://www.economist.com/node/16248631[consultado el 7 de junio de 2010]         [ Links ].

––––––––––. (2010b), "Jobless Growth", 3 de junio, p. 21, en: http://www.economist.com/node/16248641?story_id=16248641&fsrc=rss[consultado el 7 de junio de 2010].