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Política y gobierno

versão impressa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.17 no.2 México  2010

 

Reseñas

 

Savage Democracy: Institutional Change and Party Development in Mexico

 

Por Víctor Alarcón Olguín*

 

de Steven T. Wuhs, University Park, The Pennsylvania State University Press, 2008, 178 pp.

 

* Universidad Autónoma Metropolitana–Unidad Iztapalapa

 

Uno de los efectos que usualmente se espera con el advenimiento de un giro democrático en las instituciones políticas es la presencia de un sistema de competencia con partidos estables y capaces de generar, mediante sus acciones, el impulso para que la ciudadanía adopte buenas prácticas y sea reproductora de una cultura de la legalidad. Esto a la vez implica consecuencias directas en la acción eficaz de los partidos tanto en sus dimensiones de gobierno como en la producción legislativa y la vinculación social.

En la medida que dicha situación no se cumpla adecuadamente, el nivel de organización de las estructuras de poder legal se vuelve limitado, y por ello prevalece la improvisación, la contingencia y un campo fértil para la presencia de prácticas corruptas y clientelares, que terminan amparándose bajo el propio halo de la formalidad jurídica del sistema político y social, y acaban por ser consideradas incluso como las premisas normales del funcionamiento cotidiano de dichas instituciones.

Los elementos mencionados resumen de manera general los que Steven T. Wuhs encuentra en el contexto político mexicano actual, bajo la expresión (sin duda estridente) de que estamos ante una "democracia salvaje", esto es, ante la presencia de un entorno institucional y partidario que no dispone de una dirección clara y donde no se han podido hallar bases estables para su funcionamiento después de la alternancia de gobierno ocurrida a partir del año 2000 y la inestabilidad postelectoral de 2006, lo que obliga a poner en duda si existen diferencias plenas de operación del sistema partidario (cuestión distinta del esquema electoral) respecto a la presencia del modelo autoritario que caracterizó a la era del presidencialismo y la hegemonía del PRI.

El papel de la oposición partidaria en el marco del cambio político mexicano ha sido peculiar. La presencia de partidos de larga data como el PAN (70 años) y el PRD (20 años) significa la manifestación de las aspiraciones liberal–conservadoras y progresistas que han intentado proponer una alternativa democrática al sistema institucional que imperó durante décadas.

Sin embargo, el estudio de sus estrategias electorales y mecanismos organizativos son una de las preocupaciones a partir de las cuales Steven T. Wuhs intenta reflexionar para entender cuáles son las causas que les impiden ser entidades consolidadas y por qué se encuentran atrapadas en contextos de indisciplina e informalidad rampantes, lo cual define la idea de lo que el autor caracteriza como la base de la "democracia salvaje".

El propósito general del libro es ir adquiriendo consistencia al mostrar cómo dichos partidos dejaron de generar dinámicas racionales y apegadas a sus propias reglas, y cómo su papel en el marco institucional se encuentra muy acotado por las inercias y los compromisos basados aún en el corporativismo, las lealtades y la imposición de compromisos de facciones sobre la militancia.

Lo anterior deja entonces en un segundo plano las decisiones consensuales que podrían fortalecer su competencia interna en la búsqueda de opciones negociadoras, las cuales podrían acercarlos a buenos candidatos y dirigentes, que estén motivados para ir más allá de las prebendas de la coyuntura, y que sean conscientes de estar sujetos al escrutinio público y la rendición de cuentas dentro y fuera de la propia estructura partidaria.

Si bien el PAN y el PRD se han sostenido —desde sus respectivas matrices fundadoras— en la idea de mostrar que sus competencias internas son democráticas (sea mediante el uso de elecciones abiertas o convenciones), las designaciones de unidad por parte de las dirigencias terminan siendo un límite claro para su éxito electoral y organizativo. El autor plantea que los métodos de democracia interna en ambos partidos muchas veces han terminado por convertirse en simulaciones que poco aportan a la legitimidad y la buena imagen de los mismos ante su militancia y la ciudadanía. en general, esto explica en buena medida el declive en la participación política y la escasa repercusión real que dichos partidos han tenido para modificar el entorno y la cultura política de la población.

El fracaso del llamado "imperativo democrático" —concepto con que el autor explica las acciones que hicieron al PAN y al PRD ser partidos que sacrificaran sus posiciones ideológicas o su cohesión interna en aras de avanzar por los escasos resquicios que ofrecía el sistema autoritario— revela igualmente que dichos partidos no han podido escapar a las condiciones reactivas con que a veces el diseño institucional y electoral los obliga a mantenerse adheridos a la agenda marcada por el PRI, procurando entonces ser más sus interlocutores, sin ser capaces de articular opciones de reforma distintas que pudiesen colocar al sistema político mexicano dentro de una lógica diferente.

Por esto es muy explicable que los avances democráticos sean menores en sus niveles de influencia respecto de las expectativas formales que ambos partidos aducen promover, dado que, como indica el autor, los partidos opositores se dedicaron a sobrevivir y orientar su comportamiento con base en las dinámicas y opciones ofrecidas por la ley electoral, olvidándose paulatinamente de mantener su desarrollo institucional interno, aunque no dejaron de proponerse opciones de ruptura, denuncia y resistencia —como le ocurrió al pan entre 1985 y 1995, o al PRD especialmente en el año 2006—, e incluso de posibles candidaturas presidenciales conjuntas, como se buscaron sin éxito en los años 1994 y 2000; los intereses prevalecieron por encima del imperativo democrático abstracto. He ahí una de las causas que explican la dificultad de que estas organizaciones se desprendan de dicha mecánica de incentivos, dado que los espacios y recursos son muchas veces superiores a los argumentos de coherencia con que sus propias ideologías los deberían llevar a una transformación política más allá de sus propios límites.

El autor logra identificar muchas de estas tendencias a partir del reconocimiento que los propios militantes de estos partidos hacen en diversas encuestas y entrevistas de que existe una suerte de paradoja que impide avanzar en la democratización interna si ello afecta al poder de las corrientes y élites. Por otra parte, en ambos partidos ha terminado por reconocerse la necesidad de abrir y mejorar los vínculos con la militancia y la ciudadanía, lo cual implicaría que se descentralizaran territorialmente.

La situación se complica en la medida que ambos partidos han accedido a espacios de gobierno y representación, lo que explica también las crisis y rupturas estratégicas que han confrontado a los grupos intrapartidarios precisamente cuando se ha llegado al momento de atender o no al imperativo democrático, y cuyo resultado extremo incluso ya se mostró en el año 2006, con la confrontación directa entre el PAN y el PRD, misma que el autor analiza como el punto de inflexión que muestra el contenido "salvaje" al que está expuesta la frágil institucionalidad democrática y partidaria en México, en tanto las posiciones del avance rápido y purificador se toparon de lleno contra la lenta ruta pragmática del reformismo.

Organizaciones políticas como el PAN y el PRD han tenido que afrontar su profesionalización y democratización internas no sin la presencia de un fuerte desgaste y el desdibujamiento de sus principios fundadores. ¿Pero hasta dónde es plausible y permisible que dicho proceso tenga que ser pagado por el resto de la sociedad mexicana, sin exonerar en lo absoluto al PRI ni a los demás integrantes del sistema partidario? Un libro como Savage Democracy pone claro énfasis en este dilema central e impostergable, en su adecuada respuesta para el desarrollo institucional y democrático no sólo en México, sino incluso en otras realidades partidarias latinoamericanas.