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Política y gobierno

versión impresa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.16 no.1 México ene. 2009

 

Reseñas

 

Political Disaffection in Cuba's Revolution and Exodus, por Silvia Pedraza

 

Velia Cecilia Bobes*

 

Nueva York, Cambridge University Press, 2007, 359 pp.

 

* Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede México.

 

Casi al final de su texto, Silvia Pedraza –experta en temas migratorios, ella misma inmigrante y exiliada en Estados Unidos desde la década de 1960– reproduce los resultados de una encuesta llevada a cabo dentro de la comunidad cubana de Miami en el año 2000. Los datos –que aparecen desagregados por año de inmigración de los encuestados–muestran una enorme diferencia de actitudes y opiniones hacia Cuba en puntos tan importantes como el embargo, la venta de medicinas y de alimentos a la isla, y la posibilidad de un diálogo entre los exiliados y el gobierno cubano. Uno podría preguntarse: ¿Cómo puede una comunidad que, después de tantos años, ha mantenido y mantiene su cubanidad en la ciudad receptora que los ha visto crecer y prosperar, y a la que sienten que han dado su perfil cultural y económico actual, sostener opiniones tan divergentes en cuanto a su patria de origen y la política hacia ella? En la lectura de este libro están las claves para comprenderlo.

El texto es el resultado final de una concienzuda investigación desarrollada desde 1995 y que incluye 120 entrevistas en profundidad a exiliados cubanos, observación etnográfica tanto en Cuba como en Estados Unidos y una ojeada a los grandes procesos históricos de la revolución cubana. Su objetivo principal –declarado al inicio– es estudiar el proceso de desafección política que llevó a miles de cubanos, muchos de ellos inicialmente ardientes defensores de la revolución, no sólo a dejar su patria, sino a convertirse en opositores de un régimen que prometía la justicia social y era visto por el resto del mundo como la gran esperanza para los pueblos latinoamericanos. ¿Cómo se produce el desencanto y por qué se entroniza en ellos un sentimiento de traición? La respuesta a esta interrogante constituye el hilo conductor del análisis de los cambios sociopolíticos y económicos que han tenido lugar en Cuba en los últimos 50 años. Desde esta perspectiva, este estudio relaciona revolución y exilio, no simplemente como causa y consecuencia, sino resaltando también su lado profundamente humano y social, lo que permite al lector entender más allá de lo político y lo económico, el lado subjetivo (cognitivo y emocional) de la experiencia de los participantes en este gran drama.

Así, mientras capta el proceso de desafección política, logra presentar una historia no contada de la revolución cubana. A través del uso de métodos etnográficos distingue las cuatro grandes olas migratorias, no sólo a partir de sus características sociodemográficas, sino principalmente como miembros de diferentes generaciones y comunidades políticas. Los modos de experimentar la desafección política sirven en este caso para hilar la historia de las diferentes etapas de la revolución, cada una de las cuales cosecha su propia migración y oposición, lo que –y ésta es una de las grandes contribuciones de esta propuesta– revela la importancia de la agencia para comprender los procesos sociales.

La primera ola incluye a los que migran inmediatamente después de enero de 1959 y está compuesta por aquellos que eran adultos o alcanzan su adolescencia y juventud en los cincuenta, incluye tanto a los batistianos como a las élites económicas afectadas por las medidas revolucionarias y otros que en un inicio apoyaron (o incluso participaron en) la revolución y vivieron su radicalización como una traición. Para entender esta ola y su proceso de desafección, la autora analiza la diversidad de fuerzas políticas que llevaron a cabo la revolución. A partir de las narraciones y opiniones de los entrevistados, se logra mostrar cómo un primer momento de júbilo y apoyo casi unánime culmina con las primeras contradicciones, las cuales enraízan en la conciencia de algunos la idea de la revolución traicionada; son los que expresan desencanto casi inmediato, ya sea a partir de la demagogia, la infiltración comunista o las nacionalizaciones. Este grupo veía su exilio como algo temporal y esperaba regresar muy pronto.

La segunda ola la constituyen los que huyeron, se trata sobre todo de una clase media, no tanto atraída por una sociedad mejor, sino más bien escapaba de una que veía deteriorarse. Desde la habilitación del puerto de Camarioca como punto de salida y la instauración de los vuelos de la libertad (hasta mediados de los setenta), la profundización de la revolución, el paso del nacionalismo al socialismo, la invasión de Bahía de Cochinos y la ofensiva revolucionaria, son narrados como generadores de un proceso masivo de desafección política entre la pequeña burguesía (pequeños comerciantes y trabajadores por cuenta propia), la cual había mostrado antes su lealtad, pero también entre obreros, intelectuales y artistas que ven en las nuevas políticas revolucionarias signos de depauperación económica y deciden abandonar el proyecto.

La tercera ola –la mayor en cuanto a su magnitud e impacto social– es la de los marielitos. Ésta es una ola de los hijos de la revolución; en 1980 salieron por el puerto de Mariel más de 120,000 cubanos de todos los estratos sociales, desde profesionales hasta delincuentes comunes, marginales, artistas y obreros, opositores y militantes del partido comunista, blancos y negros. Impulsados, según las opiniones de los entrevistados, por el gran tema de la libertad de expresión, constituyeron la generación de la doble moral –que asentía en público y disentía en privado–; muchos de ellos, marcados por los estigmas de sus opiniones políticas, su orientación sexual o sus creencias religiosas, se sentían marginados de la sociedad revolucionaria y buscaron refugio en el país donde sus compatriotas habían establecido "la segunda ciudad de Cuba". Para ellos se trataba de un camino de no retorno.

La última ola, que se produce con el periodo especial después del colapso soviético, aunque ha sido caracterizada por muchos analistas como un grupo de migrantes económicos, para esta autora constituye un proceso más complejo. Con la finalidad de desmontar el mito del exilio económico, destaca la profundidad de la crisis política que también se ha producido junto a la económica, así como las diferencias de expectativas, proyectos de vida y esperanzas entre la generación que hizo la revolución y sus hijos. Desde el punto de vista de estos migrantes, las motivaciones abarcan un rango que va desde consideraciones familiares, pasando por los que sostienen verdaderos motivos políticos y buscan superar la naturaleza autoritaria de la sociedad en que viven, hasta llegar a la gran mayoría, para quienes, en una sociedad donde los mismos actores toman todas las decisiones, lo político y lo económico están íntimamente imbricados. Se trata, entonces, de un grupo heterogéneo cuyo proceso de desafección tanto como su relación con el país que dejaron difiere de los anteriores.

El texto concluye con una reflexión en torno al regreso de la sociedad civil, el papel de la Iglesia católica y las asociaciones religiosas en los cambios de la subjetividad durante el periodo especial y el surgimiento de organizaciones independientes. Con todos estos elementos, este libro constituye una contribución invaluable a los estudios cubanos, ya que logra trascender las visiones maniqueas de la revolución cubana y su oposición para lograr un relato diferente desde la voz del actor. La relación Cuba/Estados Unidos/comunidad exiliada –"el triángulo imposible"– sin duda puede comprenderse mejor si se considera la diversidad de la diáspora y los cambios en los motivos de desafección.

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