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Política y gobierno

versión impresa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.15 no.1 México ene. 2008

 

Reseñas

 

Cuba: hoy y mañana, por Rafael Rojas (coord.)

 

Arturo López–Levy

 

Planeta/CIDE/Fundación Ford/Fundación Adenauer, 2005, 256 pp.

 

Universidad de Colorado en Boulder

 

Cuba: hoy y mañana, coordinado por el historiador Rafael Rojas, es resultado de un seminario en el CIDE que analizó los actores e instituciones de la política cubana en tres dimensiones: gubernamental, no gubernamental e internacional. El libro analiza la realidad cubana con una visión más integral que el modelo lamentablemente extendido de "Fidel al timón", más cercano al tipo de régimen sultanístico que al postotalitario que caracteriza al régimen cubano actual.

Tal mérito no exime al libro de dejar fuera temas tan importantes como los que aborda. Discutir la democratización de Cuba sin incluir el reto de preservar los indicadores sociales alcanzados en salud y educación en la isla es disertar sobre Hamlet sin mencionar al príncipe de Dinamarca. Claro que sin elecciones libres (con libertad de asociación y expresión) no hay democracia posible, pero conviene recordar los peligros de la falacia electoralista. Como Robert Dahl demostró, todas las democracias modernas son economías mixtas, donde el mercado se combina con un importante sector público para establecer una meseta mínima común social y económica1 sin la cual la necesaria equidad política para una democracia es imposible.

En su ensayo sobre el Partido Comunista, Marifeli Pérez–Stable reconoce correctamente que "contrario a Europa del Este, el nacionalismo favorece al gobierno cubano ante un sector amplio de la población para el cual la soberanía lograda por la revolución con respecto a Estados Unidos sigue siendo una razón de peso" (p. 25). Pérez–Stable, sin embargo, anuncia la "bancarrota del imaginario nacional" (idem). Si brindara evidencias que lo confirmen, tal argumento sería un aporte no convencional a los estudios cubanos. No ocurre en esta ocasión.

No es falta de "imaginación" patriótica sino cálculo racional (al defender la soberanía nacional y de paso sus privilegios o viceversa) lo que guía el comportamiento de las élites posrrevolucionarias. En contra de la aseveración de Pérez–Stable, ese cálculo estratégico ha estado enmarcado en fronteras políticas, que no por totalitarias son menos nacionalistas: ¿cuál es el contenido óptimo de la resistencia nacionalista para derrotar el intervencionismo de la ley Helms–Burton?, ¿democrático o totalitario?, ¿de economía de comando o de mercado? Es probable que actores racionales dentro del gobierno, pero también en la sociedad civil, prefieran una liberalización gradual económica y política, congelando la apertura democrática para mejores coyunturas.

En esa perspectiva son útiles los ensayos de Haroldo Dilla sobre los municipios y de Jorge Domínguez sobre los tres poderes nacionales cubanos. Ambos hablan de dinámicas en las que las instituciones del sistema vigente pueden lo mismo ampliar que reducir los niveles de participación y competencia política. Domínguez, por ejemplo, compara las instituciones existentes antes y después de la reforma constitucional de 1992, proponiendo escenarios en los que, aun sin cambio sistémico, puede haber mayor competencia (la comisión de candidaturas propone dos o más candidatos a diputados nacionales por ejemplo) o independencia judicial (designación de los jueces profesionales por vida o por un periodo más largo).

El ensayo de Rafael Rojas dedicado a la cultura y la ideología retoma la tipología para regímenes no democráticos que propuso Juan Linz en 1964 dividiéndolos en autoritarios y totalitarios. Hoy, las contribuciones de autores como Larry Diamond, el propio Juan Linz y su coautor Alfred Stepan superaron tal división. En su monumental obra Problemas de la transición y la consolidación democrática (1996), Linz y Stepan resaltaron el tipo postotalitario como régimen específico no democrático, sustancialmente diferente del autoritario y del totalitario en términos de liderazgo, ideología, pluralismo y movilización.2

Una pregunta obvia es ¿por qué Rojas ignora ese desarrollo cuando precisamente la liberalización que Cuba vive —y que él mismo describe— corresponde a las descripciones de Linz y Stepan sobre un cambio de régimen de tipo totalitario a uno postotalitario? Aun cuando no implique democratización en cuanto a competencia, el postotalitarismo se caracteriza por la relajación de controles no democráticos (de religión o viaje, por ejemplo, o el auge de la cultura paralela) y una mayor estabilidad política para las élites. Quizá la transición cubana es "invisible"—para usar el título de otro libro coordinado por Rojas— simplemente porque no es del tipo buscado.

El libro no ofrece una discusión específica sobre las comunidades religiosas, precisamente las organizaciones civiles que combinan mayor legalidad, membresía y autonomía del control estatal. La Iglesia católica cubana, por ejemplo, posee una capacidad de convocatoria que sobrepasa con creces a otros actores discutidos en el volumen, como el exilio o la oposición interna. En perspectiva comparada, la reforma cubana en el ámbito religioso ha sido mayor que en China o Vietnam.

Cubriendo ese vacío, Velia Cecilia Boves analiza la sociedad civil y algunos actores religiosos e identifica sus estrategias hacia el Estado tanto de resistencia como de colaboración para la ampliación de los espacios públicos. Es un buen punto de partida: para Boves, las relaciones del Estado comunista con las organizaciones no gubernamentales no son juegos de suma cero y la autonomía de esas organizaciones, incluidas las llamadas GONGOS, son más un espectro que una dicotomía.

En su distribución temática, el libro asume que los cubanos en el exterior son actores internos. Esa premisa requiere argumentación que brilla por su ausencia. Paradójicamente, la tesis central de Max Castro sobre el "bipartidismo asimétrico" colocaría a ese grupo como actor más externo que interno. ¿Qué sentido tiene considerar actor interno a un grupo cuya influencia en Cuba depende cada vez más de su inserción en la política estadounidense?

La unidad de la comunidad política —como estableció Dankwart Rustow— es la primera condición necesaria para el desarrollo democrático. ¿Son las notables diferencias de raza, ingreso, cultura y orientación política entre esa "más que una diáspora" y la población en Cuba irrelevantes o se trata de dos comunidades políticas distintas? Existe suficiente evidencia de que las diásporas en Estados Unidos adoptan concepciones sobre la democracia diferentes a las dominantes en sus países de origen. ¿Conciben los cubanos y cubanoamericanos la democracia de la misma forma?

Algunos ensayos repiten lugares comunes de la propaganda anticastrista. Joseph Colomber menciona la supuesta conspiración del general Ochoa en 1989 a favor de reformas del tipo de la perestroika, dando por hecho una entrevista entre Gorbachov y el general cubano que no aparece en ningún archivo ni en los libros escritos por el antiguo líder soviético. ¿Cuáles son sus fuentes?

El caso más crítico es el editorial de Antonio Elorza contra la política hacia Cuba del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Elorza elogia la política de José M. Aznar como modelo exitoso de presión sin acoso, pero las evidencias no respaldan su entusiasmo. Elorza ignora tanto los costos para los intereses nacionales españoles o europeos como el carácter contraproducente para los objetivos de apertura de sanciones adoptadas por el gobierno del Partido Popular (PP) y el corte de la cooperación cultural. Contrario a las propuestas de Elorza, la mayoría de la literatura de relaciones internacionales confirma la validez de la promoción democrática por interacción y los límites de la condicionalidad.

En conclusión, aunque se puede discrepar con ideas expuestas en Cuba: hoy y mañana, algunas sin sustento en fuentes duras, entrevistas o archivos, el libro es una contribución valiosa a los estudios cubanos. Al margen de sus carencias, como la ausencia de la opinión de los intelectuales que viven en la isla, el libro es útil referencia sobre los cambios y debates en Cuba y sobre Cuba.

 

Notas

1 Robert Dahl, "Why all democratic countries have mixed economies", en John Chapman y Ian Shapiro (eds.), Democratic Community, Nueva York, New York University Press, 1993, pp. 259–282.         [ Links ]

2 Juan Linz y Alfred Stepan, Problems of Democratic Transition and Consolidation, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1996.         [ Links ]